Draco Lucius Malfoy, príncipe de Slytherin, se mostraba asqueado ante la idea de celebrar el 31 de octubre. Su padre le había hablado sobre las costumbres mágicas y como, con el pasar de los años, fueron olvidadonse. Principalmente gracias el director Dumbledore, que parecía tener una pequeña obsesión con que los magos se comporten como tontos muggles.

Desde la mesa de Slytherin Draco miraba fijamente al trio dorado. La manera en la que siempre ellos reían y se divertían en aquel día donde hace muchos años personas como ellos morían a manos de muggles. Aunque claro, no le echaba toda la culpa en su totalidad. La mayor parte le correspondía a Albus Dumbledore, por poner a los hijos de muggles primero que la magia y su historia.

Por primera vez en cinco años Draco vio a Potter aquel día algo más triste. Asentía a todo lo que decían sus amigos, aunque estos parecían más estar coqueteando que otra cosa, removía su comida distraidamente y su mirada se encontraba en algún punto de la mesa.

Como si sintiera unos ojos sobre él, el Niño-que-vivió levanto su mirada para encontrarse con el gris plateado de Malfoy. Lo miro por unos segundos y regreso su vista a la mesa.

Draco fruncio el ceño. Aquella no era una actitud del chico. Lo miraria con odio o algo aún peor, dado que hace pocos meses Cedric Diggory habí muerto y todo era culpa de Lord Voldemort y sus mortífagos, grupo al que su padre pertenecía, pero el chico solo lo miro. Con un vació detrás de esos ojos, como si fuera un pedazo de cascarón sin sentimientos.

En el momento en que Harry pronunció algo que parecía una disculpa Draco se levanto para seguirlo por los pasillos de Hogwarts. Algo tramaba, el lo presentía. Era interesante como ahora los papeles se invirtieron. Como la vez en segundo año que entraron para descubrir si el era el heredero de Slytherin. De haberlo sido toda la escuela lo hubiera sabido desde el primer momento. Además, de que no el no fuese tan imprudente de dejar sus víctimas a la vista de todos con unas palabras echas en pintura roja.

El chico se detuvo en el pasillo del séptimo piso y comenzó a caminar frente a una pared. Draco se preguntaba si ya se le habían ido algunos tornillos aunque bastante fue su sorpresa al ver una gran puerta, como de tres metros de altura, aparecer. Harry entró en ella y antes de que pudiera cerrarla Draco la detuvo. Aunque el chico iba tan metido en sus pensamientos que ni cuenta se dio de aquel desliz.

Harry paseaba por la sala llena de artilugios raros. Desde ropa, zapatos hasta joyas y...¿qué hacia un sofá ahí?

Harry se detuvo frente a un espejo. Sus ojos estaban vacios, como si estuviera bajo la maldición imperius y hacia las cosas solo porque se las ordenaban. Eso era imposible, uno, porque durante el año pasado el falso Ojo Loco Moddy le enseño como no dejarse llevar por ella y dos, porque no tenía los ojos cristalinos, sino, simplemente vacios. Carentes de cualquier emoción.

-Dime Malfoy...¿por qué se supone que debería estar feliz el día que murieron mis padres? - el chico ladeo su cabeza viendose adorable.

Draco se maldijo por dentro suyo. A pesar de que el chico estaba en algún tipo de estado de depresión no podía escaparsele ni una. El rubio salió entre la montaña de baratijas para dirigirse al espejo junto a Harry.

-¿Qué es lo que ves Draco?

Aquello fue un susurro que puso los pelos de punta a Draco, pero aún así trago fuerte y miro su reflejo. No había nada. Solo ellos dos en aquella sala. Miro las letras que bordaban el espejo.

-Erised stra ehru oyt ube cafru oyt on wohsi...¿Qué significa eso?

-No has respondido mi pregunta Draco - dijo mientras rozaba con sus dedos la frase y luego posaba su mano en el espejo como anhelando tocar lo que había ahí.

-Solo estamos tu y yo...¿Qué más habría?

El chico le sonrio y, por primera vez en ese día, vio algun tipo de emoción en su rostro. Parecia feliz ante lo dicho por Draco, aunque sus mejillas se sonrojaron grandemente.

-Nos veo a ti y a mi...A mis padres, a Sirius y Lupin...y también a Cedric...Desearía que este vivo.

Draco no se consideraba una persona de compartir afecto, pero ahí no había más nadie, y no es como si Harry maldito Potter fuera a divulgar aquello. De hacerlo, nadie le creería. Draco Malfoy consolando a Harry Potter. Hasta El Señor Tenebroso moriría si leyera aquella notica.

-No fue tu culpa Potter - le colocó una mano en su hombro mientras miraba el espejo - Solo estuvo en el momento menos indicado.

-¿Tu me crees Draco?

Sus ojos brillaron como dos esmeraldas. Draco sintió su corazón palpitar mas rápido al ver los deseos que tenía de que alguien le creyese mas alla de sus amigos, familia y Dumbledore. Draco le creía, ¿quién no creería a ese niño indefenso y adorable?

-Te creo Harry

Ambos volvieron a mirar al espejo y Harry se sonrojo completamente. El rubio no entendía porque Harry veía a todas esas personas. ¿Por qué el no las veía tambien? ¿O a sus padres?

-Lee la frase de atrás hacia delante, Draco.

-I show not your face but your heart's desire.

Draco logro pronunciar la frase con algo de dificultad. Al principio se puso pálido como una hoja y luego el sonrojo se extendió por todas sus mejillas y cuello. Un beso en su mejilla empeoró la situación.

-Yo tambien te quiero, Draco

Con esas últimas palabras Harry se fue, aunque en el espejo el ojiverde seguía reflejado con una sonrisa juguetona y guiñandole un ojo. Invitandolo a realizar las mayores locuras. Por primera vez en su vida, Draco Malfoy quería romper las reglas sangre pura y ponerse a festejar, porque aquel 31 de octubre fue el comienzo de algo especial para ambos. Aquel 31 de octubre marco el principio de una historia de amor. Una historia de amor que seria contada a sus hijos y nietos por los obstáculos que tuvieron que pasar para ser feliz...Y todos empezo gracias al Espejo de Erised.