Fandom : JoJo - Vento Aureo
Género : General
Personajes : Fugo (Principal), Mista
Trauma
...
¿Traumas de la infancia? Mierda, tengo un puñado. Que no te hable del piano o de mi vida no significa que te la esté ocultando.
¿No tienes un cigarrillo? Bien... Mi infancia fue solitaria.
No recuerdo juegos infantiles o cariño de padres a hijo. Desde que recuerdo mis padres me hacían estudiar día y noche, me trataban como a un objeto, no como un niño, debía cumplir sus más altas expectativas o era castigado con severidad. Con cinco años ya me autolesionaba con una navaja. Mi abuela, la única persona que me amó, cayó enferma. Pero... lo peor sucedió durante mi estadía universitaria.
Tuve un héroe. Justo como Narancia tenía a Buccellati. Él era un profesor universitario, uno de los más prestigiosos, respetados y reconocidos en su campo. Empecé a recibir su asesoría poco después de cumplir los trece años. Todavía era un niño, no sabia nada de la vida, no conocía más allá de la lujosa prisión donde crecí.
Sentí que él se preocupaba por mí, que él me valoraba de verdad, que él me aceptaba tal y cómo era. Yo no era bueno socialmente. Como sabes, mi ira es una bomba de relojería. Reprimir mi ansiedad y por lo tanto mi ira, era complicado, pero él me ayudó. Calmó con su bondad la ansiedad que sentía por la enfermedad de mi abuela.
Él me otorgaba libertad para investigar y llevarme los libros que quería al dormitorio, porque él confiaba en mí… así que yo confié en él. Yo estudiaba leyes, era bueno en ello. Él podía encontrar cualquier información que yo requería, siempre estaba allí para mí.
Mi profesor se convirtió en la única persona que parecía interesarse en mí además de mi abuela. Yo creí en su cuidado y cariño, supongo que lo comencé a ver como a un padre.
Así que, te puedes imaginar, cuando él comenzó a traspasar las barreras personales, no dije nada. ¿Qué podía hacer? Pensé que era sólo mi mente. Terminé acostumbrándome a su bondad, aprecié su cuidado para mí. Me gustaba cenar en su casa, me gustaba que él siempre estuviera dispuesto a escucharme.
Y luego, comenzó a tocarme. Un ligero roce al principio, su toque se hizo más pronunciado, hasta que un día me invitó a cenar como siempre lo hacía…
Y sí, él abusó de mí.
Maldita sea, recordarlo aún me provoca nauseas. No puedo creer que esté hablándote de esto.
Desde las primeras veces me lo callé, creí que él no lo volvería a hacer, creí que si lo negaba en mi cabeza ya no sucedería, creí que era mi culpa. No podía controlarlo. Él era muy respetado y, ¿Quién le creería a un niño que ya ha demostrado poseer problemas de ira?, Supongo que eso fue lo peor, fui condenado, rechazado y atacado por mis propios compañeros de clases. Me señalaron y dijeron que yo me lo busqué, que yo lo incité, que yo lo provoqué.
Nadie creyó en mí. Mis padres me condenaron y terminaron echándome de casa con sólo trece años de edad.
Yo nunca lo perdonaría...
Pero, eso no me excusa de lo que hice, ¿Sabes?
Porque… incluso ahora, que continúo sintiendo tanto asco de mi cuerpo como la primera vez que él... Incluso hoy... yo, lo lamento, lamento haberlo asesinado, lamento haber estallado en ira, yo lamento ser el monstruo que soy…
¿Mista? ¿Por qué estás llorando? … tú... idiota...,
