Como Yui había decidido el día anterior, hoy quería evitar el contacto con Kyouko a toda costa. Para empezar no fue a recogerla a su casa, lo cual al principio extrañó a Kyouko. Tras esperar un tiempo suficiente, Kyouko entendió que al igual que la otra vez, Yui no vendría a buscarla, por lo que fue a la escuela sola. Llegó a clase pocos segundos antes que la profesora, por lo que al igual que la otra vez no pudo hablar con ella.
Cuando llegó el descanso, Kyouko quería hablar con ella, pero Yui salió corriendo antes ni siquiera de que Kyouko se pudiera levantar de su silla, sorprendiendo a la profesora y las demás alumnas. Cuando Kyouko salió del aula Yui ya no se veía por ningún lado. Era realmente rápida, no por nada el Club de Atletismo quería ficharla.
Lo mismo se repitió en la hora de comer, y cuando las clases terminaron Yui volvió a utilizar esa capacidad suya de correr para irse rápidamente a su apartamento. Una vez allí, Yui se sentía segura de Kyouko, pero se equivocaba. Kyouko no es tonta, y sabía que si Yui la había estado evitando todo el día, no iba a ir al Club del Entretenimiento, sino que se dirigiría directamente a su apartamento, por lo que Kyouko fue directamente allí.
Kyouko llamó al timbre de la puerta. Al no obtener respuesta, siguió llamando más veces. Y más. Y más. Y más…
–Yuiiiii, ábreme. ¿Por qué no me abres? ¿No quieres hablar conmigo? ¿Sigues enfadada por lo del viernes? Yuiiiii, ¿por qué no me contestas?
Yui, harta de Kyouko, queriéndose librar de ella, le pidió ayuda a Akari.
Yui: Akari, ¿puedo pedirte un favor?
Akari, que sí que estaba en el Club del Entretenimiento, junto con Chinatsu, sacó el móvil al notar que le vibraba por a ver recibido un mensaje.
–Ah, es Yui-chan.
Akari: ¿De qué se trata?
Yui: Quiero que le envíes un mensaje a Kyouko diciendo que hemos decidido ir a ver el nuevo centro comercial que han inaugurado en Toyama y que hemos quedado en la estación de Toyama.
Akari: Pero Yui-chan, eso no es verdad.
Yui: Claro que no es verdad, pero está en la puerta de mi apartamento y no para de llamar al timbre, y quiero hacerle creer que no estoy en casa. Y he pensado que tú podrías decirle eso. Tú nunca mientes, por lo que no sospecharía de ti.
Akari: ¿Y por qué simplemente no le dices que no quieres hablar con ella?
Yui: Estamos hablando de Kyouko. ¿Crees que me haría caso?
Akari tardó unos segundos en responder.
Akari: Tienes razón. Pero también es cierto lo que has dicho antes, que no miento nunca. Se me da mal mentir, y además, hacerlo no está bien.
Yui: Kyouko nos ha hecho participar en ese estúpido reto, ha hecho que lleves semanas sin poder tocarte aunque sé que tienes ganas de hacerlo. ¿De verdad crees que está mal mentirle a alguien así?
Yui había podido notar que Akari estaba algo intranquila esos días, por lo que pudo suponer que ella también tenía dificultades para aguantar. Akari, tras unos segundos en blanco, abrió el contacto de Kyouko.
–¡Yuiii! ¡Sé que estás aquí! ¡Vamos, ábreme!
En ese momento Kyouko recibió un mensaje de Akari. Al leer el mensaje se sorprendió.
Akari: Kyouko-chan, Yui-chan, Chinatsu-chan y yo hemos decidido ir a ver el nuevo centro comercial que han inaugurado en Toyama. Acabamos de subir al tren. ¿Quieres venir? Si quieres te esperamos en la estación de Toyama.
–… ¿Realmente Yui no está?
Kyouko: Está bien, Akari. Ahora voy.
Akari: ¡Yay! Te esperamos en la estación.
Una vez enviado ese mensaje a Kyouko, le envió otro a Yui.
Akari: Se lo ha creído, Yui-chan.
Yui: Gracias, Akari.
Akari estaba algo emocionada. Había hecho algo malo, había mentido a su amiga. Pensar en eso hacía que su corazón latiera más rápido.
–He hecho algo malo… He dicho una mentira… Oh… Soy una chica mala. Sí, qué mala que soy, je je je…
Akari no era una persona vengativa, pero por alguna razón estaba demasiado entusiasmada por el simple hecho de haber mentido. Tal vez le tenía algo de rencor a Kyouko por impedirle masturbarse y sentirse bien.
Con Kyouko lejos, Yui ya podía estar tranquila el resto de la tarde. Haría sus deberes y jugaría videojuegos para pasar el rato. En todo ese rato le entraron ganas de masturbarse varias veces. Yui sabía que solo tenía que aguantar unas pocas horas más, y eso hacía que estuviera más ansiosa que nunca.
Tras poco más de una hora, Kyouko llegó a la estación, donde nadie la estaba esperando, quedándose con cara de tonta.
–¿Are?
Akari, estando en su escritorio haciendo sus deberes, notó que su móvil vibró. Al abrirlo vio que había recibido un mensaje.
–¡Es de Kyouko-chan!
Akari sabía qué diría el mensaje. Seguro que diría que allí no había nadie esperando, que dónde estaban, que por qué no las veía, y cosas similares. Sabiendo eso, Akari decidió ni siquiera leer el mensaje. Tras un rato, Kyouko le envió otro mensaje. Como no contestaba, al cabo de unos segundos le envió otro. Y después otro. Y otro. Y otro, y otro… Pero Akari, lejos de ponerse nerviosa, sonreía cada vez más, como si disfrutara cada vez que Kyouko le enviara un mensaje y pasara de ella.
–Ujujú… No le estoy contestando. Estoy ignorándola… Soy una chica mala, je je je…
Al ver que no contestaba, le escribió a Chinatsu, pero esta tampoco contestaba, y la dejaba en visto.
23:52. Yui estaba estirada en su futón, mirando la hora. Estaba ansiosa. Quería que se terminara el día de una maldita vez para poder masturbarse. Finalmente, tras un rato que le pareció una eternidad, pasó… El reloj avanzó un minuto…
–¡Maldita sea! ¡¿Por qué el tiempo pasa tan lento?! – Yui estaba abrazada con fuerza a su almohada, reprimiendo los impulsos que tenía de masturbarse. – Calma… Debo calmarme… Ya falta poco, falta muy poco… Solo unos minutos más y podré volver a masturbarme…
Yui cerró los ojos y respiró hondo unas cuantas veces, tranquilizándose un poco. Tras un rato, abrió los ojos.
23:54.
–¡¿Solo ha pasado un maldito minuto?! ¿Por qué… ¿Por qué el tiempo pasa tan lento… Aún tengo que esperar 6 minutos… Espera, un momento. ¿Por qué tengo que esperar? Nadie sabrá si me masturbo ahora o espero 6 minutos. Solo son 6 minutos… Nadie lo sabrá…
Yui quería hacerlo ya mismo. Tenía razón, nadie lo sabría si decía la verdad o no. Además, de que casi no había diferencia entre cinco o seis minutos, pero su conciencia y su orgullo le impedían hacerlo. Yui tenía las manos en su entrepierna, y con movimientos involuntarios de su cadera estaba estimulándose el clítoris… Estaba masturbándose.
–No… Tengo que aguantar… Solo faltan 6 minutos… He aguantado 30 malditos días, voy a poder aguantar solo 6 minutos. Solo 6 minutos…
23:55.
Yui respiraba agitadamente. Nunca lo había pasado tan mal. Hasta le salían algunas lágrimas de frustración. Para Yui, esos minutos fueron eternos. 23:56… 23:57… 23:58… 23:59…
Solo un minuto, solo quedaba un minuto… Menos. Cada segundo que pasaba era un segundo menos para poder masturbarse, aunque inconscientemente Yui ya lo estaba haciendo moviendo sus caderas sobre la mano que tenía en su entrepierna.
–Ha… Ha… Un poco más… Solo… Un poco más…
Yui ya no podía pensar con claridad. La parte racional de su cerebro que le decía que tenía que aguantar hasta que el reloj marcara las 00:00 cada vez estaba más diluida. La mayor parte de la mente de Yui estaba en blanco, y no podía sentir nada más que el poco placer que se estaba dando frotando sus caderas contra su mano, y pensar en cómo de bien se sentiría al llegar al orgasmo. Ya poco. Faltaba muy poco. Muy poco…
23:59…
00:00.
–¡Aaaaaaaaaah!
Yui se sacó el pantalón de golpe y metió su mano en su vagina bruscamente, haciéndole soltar otro grito. Dolía, pero al mismo tiempo se sentía increíble. Yui no perdió ni un segundo y empezó a mover rápidamente su mano en su vagina, sacándola y metiéndola con fuerza, haciéndole soltar fuertes gemidos. Seguro que la iban a oír desde los apartamentos de al lado, así como los de arriba y abajo, pero en ese momento ya todo le daba igual. Yui no podía pensar, solo podía seguir masturbándose esperando llegar al clímax.
Yui movía sus caderas con fuerza, bruscamente, de la misma forma que Yui movía su mano, con tal fuerza que en un momento casi llegó a meterse toda la mano entera dentro.
–Ah, Ah… ¡Aaaaah…!
Yui notó como su cuerpo empezaba a temblar y como una sensación como de electricidad bajaba por su vientre. Estaba a punto de llegar, solo faltaba un poco más…
Finalmente, en una penetración con su mano, llegó. El cuerpo de Yui empezó a convulsionarse con fuerza. Tan fuertes eran los espasmos producidos que el cuerpo de la chica hasta se levantaba todo él, expulsando grandes cantidades de flujo con cada contracción, con una potencia suficiente para lanzarlos a casi medio metro de distancia.
La mente de Yui estaba completamente en blanco. No podía pensar en nada. Lo único que sentía era ese inmenso placer que le estaba produciendo ese orgasmo que todavía duraba. Casi un minuto duró, hasta que la chica se dejó caer sobre su futón, completamente derrotada. Yui respiraba rápidamente, mientras su vagina seguía produciendo algunas contracciones y dejando salir pequeñas cantidades de fluidos.
Yui estaba completamente agotada. No podía pensar en nada. El placer le inundaba por completo la mente. Tras poco más de un minuto, la respiración de Yui recuperó su ritmo normal y la chica pudo ir aclarando su mente. Lo único que podía pensar es que aquel había sido el mejor orgasmo de su vida. Con diferencia. La chica se dio unos segundos para recuperarse y para que le pasara el dolor en la vagina, pues se había masturbado con tanta fuerza que ahora le dolía. Cuando se incorporó para ponerse el pantalón pudo ver que había mojado buena parte de la sala con sus fluidos. Yui se quedó boquiabierta. Desde hacía tiempo que Yui sabía que experimentaba eyaculación femenina y que expulsaba fluido cuando se corría, pero nunca antes había eyaculado una cantidad tan grande. De hecho, no sabía ni de dónde había salido tanto líquido, pues a simple vista parecía que había más líquido en el suelo del que Yui había bebido en el transcurso del día.
Con ese misterio sin resolver, Yui suspiró y se fue a buscar la fregona, para limpiar el suelo de todo el flujo que había expulsado.
