Star Desiree por Aly Andrew

Este minific es escrito con el solo propósito de entretener, los personajes son propiedad de Mitzuki e Igarashi, del anime Candy Candy.

Advertencia :

el presente texto puede contener escenas calientes, ya que está escrito para un público adulto, su lectura queda bajo tu responsabilidad, desde ya gracias.

El Príncipe Al´bert

Sinopsis

Candy no sabía que existían otros seres fuera de nuestro planeta, hasta que despierta esposada en lo que parecía ser una nave alienígena. Cuando sus captores determinan que no es de utilidad para ellos, la llevan junto a otras mujeres a una plataforma espacial, donde serán puestas en subasta o utilizadas como "recompensa" para la diversidad de aliens que van a participar en peleas oa adquirir esclavas de placer .

Al´bert es un príncipe en Desiree, está en busca de hembras compatibles con su raza, ya que, al ser más machos, su especie está en peligro de extinción. Después de recorrer casi toda la galaxia, termina en la plataforma Orión, donde hay una subasta de hembras y además las famosas peleas en la "arena", que tienen como recompensa a las compañeras de placer.

Lo que no se esperaba encontrar es a su mitad consagrada, y piensa reclamarla de inmediato.

Capítulo Uno

Candy miró hacia abajo, sabía que si levantaba la mirada vería el mismo terror que ella sintió, en el rostro de las demás mujeres.

- " Esto no puede estar sucediendo, esto no es real ", pensaba mientras estaba sentada en el frío piso de metal, de lo que ella suponía era una nave alienígena. Todavía estaba en shock, después de que se despertara atada en una pequeña jaula que compartía con otra mujer, que aún estaba inconsciente. Su vida había cambiado para siempre, estaba segura de un momento a otro sucumbiría en este sucio infierno, quería despertarse de esta pesadilla.

- " Extraterrestres".

Los gritos histéricos de las demás mujeres que iban despertando, la hicieron plenamente consciente de que esto no era un sueño. Había sido secuestrada de "su" casa, de "su" cama, su último recuerdo fue haber visto un capítulo de su serie favorita, mientras comía palomitas, y luego encontró ido a dormir.

Oyó pisadas acercándose a las jaulas y el miedo la asaltó ¿"y ahora qué?". Aparecieron ante ella unas horribles criaturas de color naranja con escamas, ojos rojos con boca de reptil, eran como monstruos sacados de una terrible alucinación. Observaba como sacaban a las mujeres de sus jaulas y las colocaban en línea, una a una fueron encadenadas. Una vez alineadas, uno de esos asquerosos remedos de reptiles, pasaba por delante ellas y las inspeccionaba, separando en un grupo las más jóvenes, chicas que de seguro no superaban la veintena, y Candy estaba excluida debido a sus 25 años.

Cuando la hubieron seleccionado, la enviaron a otro lugar fuera de la maldita embarcación, allí la separaron por raza. Junto a ella quedaron dos mujeres, una pelirroja, que parecía demasiado resignada, y otra morena más bien tímida. Candy no sabía de dónde estaba salido, ni cuánto tiempo llevaban en este infierno.

Lo primero que notó, dentro de todo el caos reinante, es que podía entender a los alienígenas, sintió una leve molestia detrás de su oreja, supuso que le He puesto un traductor, aunque bastante pobre, ya que no podía entender del todo lo que decían, estuvo dispuesto que las mujeres más jóvenes fueron subastadas, se pagaba un buen número de créditos por las humanas, y más cuando eran "tiernas".

En cambio, ella, como las otras dos humanas, puestas como "recompensa" para la pelea de la "arena". Candy nunca había sido propensa a los ataques histéricos, era más bien práctica, por lo tanto, no lloraba, ni gemía, ni suplicaba, sabía que todo eso era en vano.

Fueron conducidas por un túnel hasta la zona cercana a la "arena".

- ¿Qué está pasando? - preguntó en un susurro a las otras mujeres. - ¿A dónde nos llevan?

A su lado, la pelirroja que parecía tranquila, miraba todo sin mostrar la menor emoción al respecto, si bien era delgada y hermosa, tenía una enorme cicatriz en su muslo derecho.

―No te preocupes, te acostumbraras después de un tiempo - murmuró en voz baja.

- ¿Acostumbrarme? ¿Has pasado por esto antes? -preguntó Candy

―Oh sí. Esta es mi segunda vez.

- ¿Dónde estamos? - Casi gritaba Candy, no podía creer lo que ocurría.

―Baja la voz, o vendrán a golpearte.

"Lo siento, yo… estoy confundida y aterrada.

―Solo la otra chica y yo hemos regresado - señaló hacia la otra mujer - las demás fueron subastadas o vendidas a burdeles, hemos sido seleccionado para la pelea y el ganador elige su "recompensa".

- ¿Recompensa? ¿Qué tipo de recompensa? - casi gritó Candy.

La pelirroja la miro un rato como si dudara de la cordura de Candy - Una de nosotras será elegida por el ganador del combate.

Candy palideció, dejo de pensar y de sentir y solo logró articular - Pero son aliens.

―No me digas Watson, ¿en qué lo notaste? - se burlaba la pelirroja - Como te dije… te acostumbrarás con el tiempo. En mi primera vez, enloquecí. Intenté escapar, pero no llegue más allá de esos lagartos naranja, y como castigo me regalaron esta hermosa cicatriz - dijo, señalando su muslo.

Candy quería despertar de todo esto.

- ¿Qué pasa después? ¿Qué sucede cuando el ganador te… lleva?

―No lo sé, pateé al que intento llevarme, así que eligió a otra chica, tus suposiciones son tan factibles como las mías.

" Como puede estar tan tranquila " pensaba Candy. Luego lo asimiló, de nada servía enloquecer, eso no la sacaría de allí, sus opciones eran limitadas.

De repente hubo silencio, Candy vio al horrible reptil que las arrastraba de las cadenas, detenerse, había una gran cantidad de alienígenas de distinto tamaño, forma y colores, asomados a un gran cráter. El asqueroso reptil empujó a los demás para abrirse paso y ellas tuvieron que seguirlo, bajo las desagradables miradas de los allí presentes.

Cuando llegaron a una plataforma, las hicieron subir junto a otras hembras alienígenas, también encadenadas, las exhibían para que los que combatían se sintieran estimulados a luchar.

Las compuertas se abrieron en la "arena" y Candy pudo ver como un extraterrestre corpulento emergía de allí, tenía dos piernas y cuatro brazos, su piel era azul y tenía enormes dientes afilados. Mostraba unas enormes garras mientras caminaba y soltó un rugido ensordecedor.

Si este alien era una muestra de los que peleaban por ellas, había muchas razones para querer defenderse o escapar. No iba a dejar que asqueroso ser se le acercara o la tocara ..., prefería morir.

Del lado opuesto, salió a la arena otro espécimen, parecía un hombre. No, no era humano, era otro alien. La multitud se volvió loca cuando este apareció.

Cuando Candy lo vio, algo que hizo vibrar sus huesos. El alien era inmenso. Montañas de músculos se alineaban en su cuerpo. Su piel era de un tono extraño, que parecía oscurecerse según le daba la luz, pero eso no era lo más extraño, sus labios eran gruesos y tenía afilados dientes, su cabello era largo y de color dorado. Sus ojos eran de un celeste eléctrico, brillante, un color que nunca había visto.

Aterrada Candy comenzó a hiperventilar, este alien era brutal, mortal e intenso. No podía dejar de mirarlo, tenía una especie de poder nato.

El alien miro alrededor de la "arena", haciendo una breve recorrida del lugar. Sus ojos se fijaron en la plataforma donde estaban las mujeres y de repente la estaba mirando directamente. No había duda, su expresión no cambio, pero algo en su cuerpo si lo hizo. Por un momento Candy se preguntó si algo de ella lo contrariaba.

Del lateral de la arena, la voz estridente de un alienígena anuncio:

- "El ganador de esta pelea podrá elegir una de estas hembras como esclava de placer". Ante la ovación de todos, los combatientes tomaron sus lugares. "que gane el mejor".

La pelirroja la miró por unos segundos, como si sintiera pena por ella, mientras su corazón latía fuertemente - ¡Buena suerte! - susurró.

Eso era todo, hasta aquí su suerte estaba echada, para bien o para mal, su destino no estaba en sus manos, ya nada sería igual, la realidad volvía a golpearla otra vez.

Continuara…

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