Star Desiree por Aly Andrew

Capítulo cuatro

Cuando Al´bert regresó a su cabina vio a su compañera observando por la ventana, su curiosa mujer había estado revisando todo, por lo visto no era tan tímida o frágil como describían a su raza. Se alegró de que ya no estaba goteando por sus ojos, sinceramente eso lo desestabilizó, los desirianos no goteaban.

Tomaría de nota de eso para consultarlo con su sanador, seguramente tendrían que estudiar más sobre los humanos, ya que, en un futuro, si eran compatibles con pueblo, habría más de ellas en su planeta.

Por se concentró en observar a su "middle", le parecia increíble haber sido bendecido por Uxa para encontrar a su mitad consagrada, si la diosa los favorecía su pueblo se salvaría, debería pensar en cómo afrontar este descubrimiento, pero eso sería, después, mucho después.

Mientras más miraba a la curvilínea mujer en su cabina, más calor se generaba en su cuerpo, los desirianos solo tenían el calor del apareamiento cuando encontraban a su compañera, otra razón más para creer que sus razas combinarían.

Su pueblo había aceptado la idea de que los pocos nacimientos entre sus mujeres eran porque estas no entraban en el " calor ", ya que al ser tan pocas y estar bajo el cuidado de machos específicos, no tenían oportunidad de entablar conexión con los menos afortunados económica y socialmente.

Por lo visto buscar que reunir al consejo y tratar varios cambios para favorecer a sus mujeres también, darles la oportunidad de elegir su pareja, debían ceder si su raza iba a sobrevivir, y eso empezaba con esta bella humana.

Su cuerpo respondía al de ella, la vestimenta que le había dado en la arena apenas cubría sus pechos generosos y sus piernas torneadas, ahora que había conseguido actualizar el traductor, esperaba poder hablar con ella.

- ¿Cómo te llamas pequeña? - pregunto Al´bert

Ella se sorprendió y lo miró durante unos segundos.

―Puedes hablar español?

―Actualizamos los traductores para poder entendernos contigo, ¿dime entonces cuál es tu nombre? - inquirió mientras se dirigía hacia ella.

―Quédate quieto, no te me acerques - espetó con miedo ella.

―No voy a lastimarte pequeña, solo iba a sentarme al borde del lecho para poder hablar.

―No quiero hablar, quiero volver a mi planeta, quiero irme a casa - dijo temblorosa.

―Vamos a casa "middle", llegaremos en cuatro ciclos.

―Me llevaras a la Tierra? -Preguntó la esperanzada Candy.

―No, vamos Desiree, a casa, nuestra casa - aclaró Al´bert.

―Quiero ir a la Tierra, no a tu planeta, no quiero ser esclava de nadie, no quiero ser prisionera en tu casa - gritó.

―A que te refieres con esclava? No eres eso de ninguna manera, eres mi mitad consagrada - dijo, mientras fruncía el ceño ante la suposición de ella.

―No me mientas, escuche que las "recompensa" de esas peleas en la arena eran usadas como esclavas de placer, y yo no seré eso, ni para ti, ni para nadie.

Al´bert estaba comenzando a enfadarse, parecía que los rumores circulaban en ambas direcciones, él tenía una idea y ella tenía otra, debía armarse de paciencia y explicarle a su "middle" lo que esto significaba.

―Vamos a empezar de nuevo pequeña, mi nombre es Al´bert, príncipe de Desiree, y tú no eres, ni serás esclava de nadie- aclaró.

Más calmada Candy respondió ―Me llamo Candy, Candy White, enfermera titulada.

―Hermoso nombre "middle", suena perfecto para ti.

―Qué significa "middle" y por qué me llamas así?

- "Middle" es la compañera predestinada de nuestro pueblo, tu eres mi compañera - dijo orgulloso.

―Alto ahí, pon el freno a esa teoría, yo no soy la mi… lo que sea, de nadie, quiero irme a mi casa, a la Tierra.

Él se estaba enfadando y excitando a la vez, cada vez que ella negaba alguna afirmación sus mejillas tomaban un tono rosado intenso, sus ojos brillaban con furia y mentiría si dijera que eso no ponía a mil. Su mujer era una fierecilla a tener en cuenta, si ella supiera que su miembro estaba listo para reclamarla, de seguro lo atacaría. Aunque no tuviera con que hacer daño.

¡Sí!, La diosa Uxa lo había bendecido completamente, estaría sumamente complacido en enseñarle a su "middle" lo que significaba ser compañera.

Ella lo observaba desde la otra punta de la cabina, se había alejado de la cama como si esta la fuera a atacar, pero Candy no sabía la velocidad que él podía adquirir para conseguir su objetivo, y ese objetivo era ella, en su lecho sin ropa y dispuesta para su macho.

Tomaría las cosas con calma, por ahora, ya logró comunicarse y saber su nombre, ahora le ofrecería una ducha y algo de comida, después de todo, un verdadero macho cuidaba de su hembra.

―Debes estas cansada pequeña, porque no te das un baño y consigo algo para que comas, después podemos retomar la conversación, ¿te parece? - la engatusó.

―Está bien, solo porque huelo a estanque podrido voy a aceptar la ducha y algo de comida, no sé cuánto hace que me secuestraron y lo único que nos dieron en las jaulas fue un líquido asqueroso que no pudimos beber.

Al´bert tensó sus músculos apretando los puños al saber las necesidades y malos tratos que había recibido Candy, de los Sardor, se prometió acabar con esos piratas naranja, por ahora iba a procurar para su mujer.

―Ven pequeña, te enseñaré a usar el cuarto de limpieza, te dejare algunas prendas de mi uso personal, ya que no tenemos nada aquí para una mujer, mientras busco comida- le dijo.

Después de darle algunas indicaciones, fue hasta la sala de comidas y eligió algunos platillos que pensaron que podrían gustarle a su mujer, su tripulación lo miraba con esperanza en sus rostros, si todo salía bien con Candy, podrían buscar más humanas dispuestas a emparejarse con sus machos, su raza debería tener una oportunidad.

Mientras el intimidante alienígena salió a buscar comida, Candy aprovechó para meterse bajo la extraña ducha que proporcionaba en si misma elementos que reemplazaban al shampoo y al jabón, al principio dudaba de la experiencia, pero luego de un rato su cuerpo estaba limpio y relajado, ya no olía a mugre y su pelo parecía decente y no el nido de pájaros que tenía.

Se quedó pensando en Al´bert, era un ejemplar magnífico, su voz seguía siendo profunda a pesar de que ahora apodia entender lo que decía. Era asombrosa la tecnología que había fuera de la Tierra, lo sorprendente de la variedad de vida en el universo, estaba agradecida que no la ganó el alien azul de cuatro brazos, era espeluznante.

Tranquila Candy, deja de pensar en ogros, mejor concéntrate en cómo evitar babear al sexy rubio que dice que eres su compañera. ¡Si claro!, Sus hormonas estaban de fiesta, pero su cerebro trataba de sacarlas de la cuneta donde estaban festejando, no podía darse el lujo de pensar en eso, tenía que volver a casa, por más que allí no hubiera nadie esperándola, después de todo era una huérfana a la que nadie quiso, la única mujer que le había dado amor y cuidados había muerto hace años, la dulce Sra. Poni.

Lo mejor que podía hacer ahora era descansar, alimentarse y después pensar en su futuro, demasiado había pasado desde que despertó, una cosa a la vez Candy, una cosa a la vez.

Una mano callosa acariciaba suavemente su piel, Candy soltó un leve gemido y su cuerpo comenzó a despertar. La mano dejó un rastro tentador desde su muslo, cadera, cintura y estómago hasta descansar en su pecho.

―Hmmm- soltó un profundo murmullo, mientras la mano jugaba con su pezón.

Sentía un cálido aliento en su nuca que le producía escalofríos de placer. Candy salió lentamente de su neblina de sueño y sus ojos se abrieron de golpe.

Allí estaba él acostado a su lado en la cama, no sabía en qué momento se había quedado dormida. Sorprendida trató de alejarse. Pero él fue más rápido y apretó su fuerte brazo alrededor de su cintura, manteniéndola en su lugar. El continúo acariciando y olfateando su cuello. Ella extendió las manos tratando de alejarlo, pero no había forma de que pudiera mover su masivo cuerpo.

―Por favor, ¡suéltame! - chilló ella, el miedo mezclado con la cálida respuesta de su cuerpo, confundiéndola.

El levantó la cabeza para mirarla, su cabello largo y dorado caía sobre sus hombros, sus ojos brillantes la estudiaban, su torso estaba desnudo. Él tenía un infierno de cuerpo musculoso y era lo más sexy que Candy había visto.

―Tu cuerpo responde tan bien a mi toque - dijo mientras le pasaba la mano por su estómago en una suave caricia.

Candy solo llevaba una túnica que le llegaba a medio muslo, no había encontrado nada que le quedara bien, de lo que él dejó sobre la cama, por lo tanto, sus manos estaban en contacto directo con su piel.

―Por favor, ¿tienes agua? - trató de distraerlo.

―Disculpa "middle", olvide que tenías hambre y sed, tu delicada piel me tienta. Ahora te daré algo de comer y beber –le entregó una bandeja con un surtido de algo que parecían frutas y carnes - como no sé qué podía gustarte traje varias opciones, yo te iré diciendo cuando sean dulces o picantes hasta que elijas.

―Gracias, de verdad estoy hambrienta - dijo ella.

―El color de tu piel es más hermoso de lo creía, y eres tan suave - le dio su mejor sonrisa lujuriosa.

Candy tragó en seco y trató de desviar la conversación, ―la tuya también… supongo - dijo mientras seleccionaba de la bandeja algo para comer.

Al´bert le ofreció una selección de lo que parecían frutos violetas. El hambre la llevó a tomar uno, él vio la duda en ella.

―Muerde su piel - cuando abrió su boca ella pudo ver sus afilados dientes.

Tuvo que morder duro para atravesar la piel del fruto, pero fue recompensada con una carne tierna y jugosa, como miel corriendo por su garganta.

Ella gimió ante su sabor. No le llevó mucho tiempo devorarla, notó que el la observaba detenidamente mientras sus ojos brillaban.

―Puedo hacerte una pregunta Al´bert?

―Lo que quieras pequeña.

―Por qué participaste en la arena?

Por el momento su atención estaba en otra cosa que no fuera lo íntima de la situación.

Continuara ...

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