Star Desiree by Aly Andrew

Capítulo seis

―Hueles tan dulce, pequeña – decía Al´bert mientras la acariciaba.

Luchando para contener las lágrimas ella oculto su rostro en su pecho, no queriendo que él viera su tristeza. Había perdido tanto en tan poco tiempo, y aquí estaba teniendo el más alucinante sexo de su vida, con un extraterrestre, como si eso fuera normal.

No podía estar más confundida y estresada, nada tenía sentido, por momentos estaba asustada y nerviosa y por otros Al´bert lograba calmarla y excitarla con tan solo estar cerca de ella y diciéndole cosas dulces.

―Será bueno, Candy ¿Qué costumbres tienen en tu planeta cuando se casan? – pregunto él sin tapujos.

Ella echó la cabeza hacia atrás y lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza.

―Nada como esto, pero supongo que estas no son circunstancias normales. Por lo general pasamos un tiempo conociéndonos antes de considerar el matrimonio. El amor es una gran parte del matrimonio.

― ¿Tienes un compañero en la Tierra? – preguntó pronunciando cada palabra claramente.

Ella cruzó sus brazos disgustada.

―no tengo novio, ni compañero, ni nada, y es un poco tarde para preguntar eso, amigo!

Entonces su hembra tenia garras, sus labios se curvaron en una sonrisa, aliviado de que no tuviera pareja, aunque eso no hubiera hecho diferencia alguna, él no la dejaría ir.

― Porque estas sonriendo? – preguntó, su tono de voz como una espada.

― Ven – dijo, se acercó a ella. ―déjame alimentarte, discutiremos en otro momento.

― Quiero discutirlo ahora – dijo firmemente.

― Acepta que estarás conmigo siempre "middle" – dijo, necesitando que ella entendiera – en mi cultura la mitad consagrada hace eso, tendremos un nuevo comienzo.

―Al´bert, ¿entiendes lo realmente loco que suena esto? Quiero irme a casa.

Se sintió como si hubiera tragado una piedra, se preguntó cómo sería saber que nunca volvería a su casa, a Desiree, y apretó la mandíbula. Era egoísta, pero ella era su esperanza, no perdería a su mitad predestinada.

Su mujer tenía miedo al cambio de su vida, el debería ayudarla con paciencia y convencerla de que era su destino.

― Te adaptarás – dijo mirándola – te protegeré a ti y a cualquier descendencia que tengamos. Voy a proporcionar para ti, tengo riquezas y no necesitaras nada más Candy.

― Tendré todo, menos mi libertad, mi casa, mi mundo – dijo obstinada.

― Aprenderás a someterte a mi voluntad y te gustará.

Ella emitió un resoplido. Su compañera tranquila y dócil había desaparecido, reemplazada por este demonio que ponía su sangre a fuego.

― ¡No te hagas ilusiones, amigo!

Increíblemente jodida. Este tipo era el hombre más prepotente y arrogante que había conocido en su vida. ¿y tenía el valor para decir que ella se inclinaría a su voluntad? Si claro. No gracias.

Anoche la había consolado, le había dado el placer más increíble, y la había complacido, y por un breve momento se había preguntado como sería la vida como su compañera.

Pero a la luz de otro día se había transformado en un déspota, … sexy, pero aun así un mandón que pretendía que ella fuera sumisa… ya me viste obediente muchachote, en tus sueños.

― ¿Son todos los alienígenas tan duros de entendimiento, o estás haciendo mérito ahora mismo?

― Solamente cuando una compañera desafía la autoridad de su macho – dijo tan fresco.

― Eres imposible! – farfulló enfadada.

― No "middle", soy todo posible para ti, me deleitas más de lo que podía soñar, eres mía ahora y yo soy tuyo – se movió mostrando su espectacular cuerpo frente a ella.

Para no babear delante de él busco un tema neutral y así poder tener tiempo de pensar sin tanta distracción.

― Necesito algo de ropa, no puedo estar todo el tiempo con una de tus camisas – señaló. Ella ajustó su túnica para que sus pezones no asomaran.

― Te conseguiré ropa adecuada cuando lleguemos a Desiree.

Mientras decía esto se acomodaba su pantalón, que, si no está mal decirlo, no dejaba nada a la imaginación, ya que perfilaba su miembro semi erecto casi a la perfección.

Ella no estaba babeando, NO. De acuerdo, tal vez un poco, admitió para sí misma.

― Pequeña – dijo Al´bert mirándola a los ojos – ten piedad de mí.

― ¿Qué? – preguntó inocentemente.

Se acercó de nuevo inclinándose hacia abajo, acariciando la punta de su nariz en su oreja.

― Si sigues mirándome así voy a tumbarte otra vez en mi cama, me gusta cuando peleas contra mí, tienes garras mujer. Pero saber que tu sexo se moja por eso, será mi perdición.

Su boca se abrió no te sonrojes, no te sonrojes, no… maldición, pensó resignada mientras se sonrojaba ― Yo- yo no estoy…

Él la interrumpió ― Soy un príncipe guerrero, debo tener más control… ¿o deseas que tengamos otro encuentro íntimo? - Decía esperanzado.

― No! No… creo que quiero conocer tu nave y tu gente – dijo apresuradamente.

― Esta bien "middle", iremos a recorrer la nave y así te acostumbraras a tu nuevo hogar – recalcó.

― No es mi hogar y solamente me gustaría que me consigas algo para ponerme debajo de esta túnica, no voy a andar por ahí con corrientes de aire en la zona baja.

― A mí me gusta verte así, pero tienes razón, mataría a cualquiera que si quiera pueda ver tus hermosas piernas, tendrás que usar uno de mis pantalones y subir un poco el largo – especulaba.

― ¿Un poco?, ¿solo un poco? Creo que deberías cortarlo a la altura de tus rodillas y quizás así me quede bien… no importa, lo que sea con tal de no andar semi desnuda. Le pasó uno de sus pantalones después de cortarlo y ella se vistió.

― No te preocupes, pequeña, nadie va a faltarte al respeto aquí.

La sala de comidas de la nave estaba cerca del centro de mando, Al´bert sabía que la noticia de su mitad predestinada había llegado a sus hombres. La mayoría miraba a su mujer con curiosidad, sus celos hacían que su cuerpo hormigueara en posesividad y celo.

Ter´ry estaba saliendo de la plataforma de comida, justo cuando ellos llegaban a la entrada.

― Alteza – saludó su amigo antes de volver su atención a su mujer, el inclinó la cabeza respetuosamente y la saludo ―Desiri´an.

Al´bert se enorgulleció del título que Ter´ry había usado para saludar a Candy, desde la muerte de su madre que nadie lo había portado.

Ella trató de repetir la palabra, pensando que era un saludo.

― Desiri´an es tu título Candy. Ter´ry te está mostrando respeto, ya que eres mi "middle". – ella lo miró enojada.

― Deberías decirle que no soy tu des… lo que sea, porque volveré a casa.

Una fuerte exhalación salió de Al´bert… su obstinada mujer seguía pidiendo volver a su planeta.

― Puedes decírselo tu misma, el entiende tu es-pa-ñol.

Candy se dirigió a Ter´ry.

― ¿Tú hablas español?

― Si Desiri´an.

― ¿Puedes ayudarme a volver a casa? – preguntó acercándose a él, lo que provocó un gruñido de Al´bert y un paso atrás de Ter´ry.

― Vamos a casa, Desiri´an – cambio el idioma y le preguntó a Al´bert ― ¿ella no quiere ir a Desiree?

― No se lo está tomando muy bien, pero se ajustará.

La preocupación toco a Ter´ry ― Estaremos en casa en dos ciclos. Espero que sea suficiente para que se ajuste. Si ella no acepta su lugar, nuestra gente la rechazará.

― Lo sé – gruño Al´bert – ella es mi "middle". Va más allá de mi impulso.

― Con derecho de nacimiento o no, puedes ser desafiado. Será más fácil que desee ser reclamada públicamente.

― Si me desafían, entonces los encontraré. Ha pasado demasiado tiempo desde que mostré mi derecho a gobernar.

― Me mantendré contigo – dijo Ter´ry – al igual que Tom´as, Ste´ar y Arch´ie.

― La diosa Uxa nos cuida, mi amigo – lanzó una mirada hacia su mujer, que lo miraba atentamente.

― Ven - le dijo a ella.

Apenas se movió cuando el dio la orden, ella no era un perro faldero para que él le dijera cuando saltar o no.

Viendo que ella estaba por poner a prueba otra vez su mandato, él la tomó de la mano y la llevó al puente de mando. Solo algunos de sus hombres estaban allí y se levantaron para saludarlo correctamente.

― ¿Por qué se ponen de pie cuando entras? – preguntó Candy, tan curiosa que parecía haberse olvidado de su enojo.

Al´bert se sentó relajado en su sillón de mando y la acomodó en su regazo.

― Se ponen de pie para mostrar su respeto – respondió.

― ¿Por qué?

― Porque soy el príncipe en mi planeta, el guerrero más fuerte entre mi gente – dijo orgulloso.

Al´bert se inclinó hacia ella, sus fosas nasales se dilataron y apretó los dientes cuando percibió los débiles rastros de su excitación.

― Déjennos – dijo con voz ronca.

Candy frunció el ceño, pero luego se quedó sin aliento él la colocó a horcajadas en su regazo.

― ¡Oye!, ponme de vuelta.

Su miembro reaccionó hinchándose aún más y la empujó contra él, ella al sentirlo se quedó quieta.

Al´bert deslizó sus palmas hacia sus caderas, maravillándose de lo pequeña que era. La diosa Uxa lo había bendecido con una compañera exuberante. Candy tembló contra su voluntad cuando la mano de él se encontró con su humedad, y busco su pequeño brote entre sus pliegues.

Envolvió un fuerte brazo alrededor de ella presionándola contra su sexo, su calidez y su delicioso aroma lo rodeaban.

― Eres mía, pequeña – el movió sus caderas y la volvió a presionar – tengo que tenerte de nuevo.

Respirando contra su cuello, su propia lujuria no podía ser negada.

― ¡Bésame, por favor ¡– le dijo ella.

Levantó la cabeza, mirándola con confusión.

― ¿Qué es besar?

― No sabes lo que es un beso?

― No – respondió Al´bert con curiosidad.

― En la tierra, cuando un hombre y una mujer se "aparean" o tiene sexo, usan el beso como una forma diferente de dar placer el uno al otro, es una forma de placer "oral".

Parecía intrigado, una sonrisa pícara adornando su sexy boca.

― ¿Placer oral? Me mostraras eso ahora.

La tomó en brazos y la llevó a su cabina de nuevo. Cuando la puerta se cerró, se sentó en la cama mientras ella se arrastraba otra vez a su regazo y acariciaba su rostro.

― Presiona tu boca contra la mía – le instó Candy.

Ella no era una experta en besar, pero mentiría si no dijera que había querido probar sus carnosos labios desde que lo vio. Sus ojos seguían abiertos mientras sus labios se encontraban.

Separó lentamente sus labios, permitiendo que su lengua jugara con los suyos, y él lentamente abrió su boca con un gemido, entonces aprovechó para empujar su lengua en su boca.

Al´bert era un estudiante rápido y su lado dominante quería tomar el control, no siempre eso era malo, pero esta humana no lo toleraría.

Él jugó y experimentó, probó y exploró hasta que ella estaba tan excitada que estaba a punto de saltar sobre sus huesos para completar lo que habían empezado.

Por un instante el dejó de besarla y pronunció con una voz ronca.

― Por la diosa Uxa, pequeña, las cosas que me haces. Debo aprender todas las formas de placer que tienen los humanos. Eres verdaderamente mi única.

Las siguientes horas pasaron en un interminable viaje de conocimiento que ella pensaba disfrutar a fondo, después de todo… cuantos aliens sexy podías encontrar en tu camino.

Continuara…

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