Star Desiree by Aly Andrew

Capítulo 7

Con un hombre así, ¿Quién podría quejarse realmente? El reclamó su boca como un profesional, apenas era consciente de que la había puesto sobre su espalda, debajo de él. Podía sentir su dureza en su entrada.

Ella le preguntó ― ¿Siempre tienes que estar arriba?

― Así le mostramos a nuestras mujeres nuestro dominio.

Ella suspiró, paciencia Candy, hay mucho que enseñarle.

― ¡Ooohhh! - su sexo empujó en un largo golpe. Ella levantó sus caderas para que fuera más profundo, envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas, una mano de Al´bert en su pecho jugando con su pezón, y la otra en su clítoris.

Él había tomado todo lo que ella le había mostrado y lo estaba controlando y dominando como experto. Que alguien me ayude cuando le muestre el sexo oral.

Él gruñía golpeando su cuerpo una y otra vez, rugió cuando llegó, colapsando sobre ella. La agarró y rodó para colocarla a su lado y poder respirar.

― Mi pequeña, nunca te dejaré ir, ni dejaré que nadie te aleje.

Agotada, se acurrucó a su lado, disfrutando de su calidez. Extrañamente se sintió segura. Satisfecha y contenta, se quedó dormida. Después de la larga sesión de sexo, Al´bert le trajo una abundante ración de comida para los dos. Mientras la alimentaba con otro trozo de carne, Candy pensó que definitivamente podría ser mucho peor su situación, podría haber terminado con ese otro alienígena de cuatro brazos y dientes filosos. Pero aquí estaba, siendo atendida por un sexy alienígena de brillantes ojos, él no la había lastimado, ni obligado sexualmente. El solo dijo que quería cuidarla, aunque era un poco terco.

Eventualmente ella querría volver a casa, pero podía tomarse este tiempo para experimentar algo más fuera de la Tierra. Una única oportunidad de vivir en otro planeta. Claro que tenía reservas, después de todo no podía ignorar que era un príncipe guerrero… algo que procesaría en otro momento.

Extrañamente confiaba en él, se sentía segura y sin amenazas, en su corazón sabía que no dejaría que nada le hiciera daño.

Una sola cosa de las que había dicho la dejó desconfiada.

― ¿Qué quisiste decir con vivir contigo como tu desiri´an? – preguntó ella mirándolo comer.

― Ya estuviste de acuerdo, middle – señaló.

Ella sospechaba más cada vez que decía la palabra en cuestión, ¿Qué significaba en su cultura?

― Dime – exigió.

Continúo masticando, sin romper el contacto visual. No le gustaba que le ordenaran, dedujo. Obviamente si era un líder, él era quien siempre daba las órdenes.

Algo sexy.

― Por favor – añadió.

― Compartirás mi casa y mi cama, pequeña.

― Esta bien – dijo ella lentamente.

― Vamos a aparearnos regularmente. A los desirianos nos gusta aparearnos tres veces por ciclo.

― Esta bien – dijo de nuevo, aunque esta vez su voz salió más ronca. ¿Tres veces? ¿la necesitaba tres veces al día? Debería estar horrorizada corriendo hacia la puerta y escapando, pero ya lo había sospechado. ¿Qué está mal conmigo? Se preguntó, sus mejillas calentándose.

― Y vamos a pasar por la ceremonia de apareamiento de Uxa, en las Sire, las montañas sagradas. Le pediremos que bendiga nuestra unión.

― Espera … ¿Qué? – preguntó ella. ― ¿esa ceremonia…? No me voy a casar contigo.

― ¿Casarse? – preguntó con expresión desconcertada.

― Si, cuando dos personas se unen legalmente, prometiendo pasar su vida juntos.

― ¿y eso es… para siempre? – ella hizo una pausa.

― Bueno, no. La gente puede separarse.

― ¿separarse?

― sí, dejarse el uno al otro, seguir con sus vidas por separado. Incluso juntarse con otra persona. – frunció el ceño.

― Entonces no. La ceremonia de Uxa no es como eso, tu concepto es de parejas de reproducción.

― Umm…

― Las parejas de reproducción pueden terminarse – dijo – los compañeros de unión son para siempre, tendremos un vínculo de sangre.

― ¿Vinculo de sangre?

― Si. – dijo.

― No voy a hacer eso contigo – gritó.

― Lo harás – le informo con calma – ya aceptaste.

― Si, pero… no sabía lo de la sangre. Además, quiero volver a mi casa.

― Serás mi desiri´an. Serás mía por completo por el tiempo que pueda tenerte, no voy a ceder en eso, pequeña.

― ¿esto es importante para ti? – preguntó.

― Si, Candy – dijo él, acercándola.

― Esta bien – susurro ella – lo hare.

Tal vez ella se sintiera como una esclava sexual, pero la atracción entre ellos era real, estaba experimentando algo loco y diferente.

De alguna manera había terminado en el regazo de este sexy alien, y tenía que sacar provecho a esta experiencia.

Después del desayuno, Candy fue con Al´bert al comedor. Se sentía expuesta; lo que daría por tener sus pantalones de pijama de ositos y sus pantuflas. Aunque no le devolvería la camisa a Al´bert, ya que tenía su aroma y eso la excitaba y la hacía sentir segura a la vez. Candy tenía muchas preguntas revoloteando, pero las dejaría estar por el momento. Simplemente iría con la corriente.

― A dónde vamos? – pregunto.

― A entrenar – dijo, acercándola más.

― ¿entrenar?

― Si, somos guerreros, debemos entrenar.

Ella miro sus abultados bíceps y se imaginó un gimnasio con esteroides.

― Pequeña – gruño. Apretó sus muslos y se mordió el labio. ¿Por qué tenía que tener nariz de sabueso?

Llegaron al gimnasio, que estaba dividido en áreas de combate, en cada una había dos hombres desirianos enfrascados en combates brutales.

Ella estaba horrorizada por lo que veía y Al´bert pregunto ― ¿qué pasa?

― Esto… ¡Esto es bárbaro! – grito ella, mientras miraba las peleas.

― Así son las batallas – respondió – prefiero que mis hombres estén preparados, además sanamos rápido.

― Eso no importa – protesto ella – esto es… esto es… - no podía encontrar las palabras para describir lo que la rodeaba.

Al´bert se detuvo en una zona más grande que la anterior, allí había otro alienígena de la misma altura y complexión que él, tenía el torso desnudo e igual de musculoso.

― Archi´e – dijo Al´bert – él es uno de mis generales de guerra.

Archi´e inclino la cabeza hacia ella.

― Es agradable verte la cara, esta vez.

Candy frunció el ceño sin entender… hasta que recordó. El debió haberla visto cuando Al´bert la traía colgando sobre su hombro.

― Archi´e – dijo Al´bert, con un tono de advertencia.

― Mis disculpas, desiri´an. No quise faltarte al respeto.

Candy se aclaró la garganta asintiendo.

― Puedes llevarme de vuelta a tu habitación? – preguntó en voz baja.

Al´bert frunció el ceño ― Te quiero aquí conmigo.

― No quiero verte pelear – admitió – me pone nerviosa.

― Las mujeres desirianas disfrutan viendo las peleas.

― Entonces ve a buscar a una des-iria-na – respondió.

Al´bert dio un paso atrás, quitándose la camisa, Candy trato de no dejar que su mirada vagara… pero era difícil. Demonios que sí.

― Mira – ronroneo – veremos qué tan húmeda terminas.

Su boca cayo, siempre lograba desestabilizarla, vio como él de un salto llego hasta donde estaba Archi´e y comenzaron a luchar. Los desirianos luchaban sucio. Siguieron y siguieron. Ella fue transportada de vuelta a la ardiente arena, recordó la forma en que elimino a su oponente. Era letal, mortal. No supo cuánto tiempo paso viéndolos luchar, pero Candy no podía dejar de mirar a Al´bert. Sus músculos parecían crecer más definidos, ella dejo escapar un gemido, fue pequeño, pero inhalo bruscamente cuando él se concentró en ella. Salto de vuelta a donde estaba ella, sudando y despeinado. ¡oh Dios mío!

El inhalo profundamente, respirando rápido y ella sabía que olía su intensa excitación.

― Vamos, pequeña – gruño Al´bert, la cargo sobre su hombro y comenzó a caminar. A Candy no le importaba, se había ido su amable alienígena. En su lugar había un hombre que quería devorarla.

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