Nota: No me malentiendan, me gusta el Hyoga x Homura... Pero el Hyoga x Nikki fue y es inevitable.


Todo indicaba y probaba que era imposible.

Que algo entre ellos pasara o sucediera, era una idea remotamente improbable y descabellada. Porque sus personalidades eran abismalmente distintas, podrían tener como objetivo común el ayudar y colaborar en el Imperio de la ciencia.

Pero otras cosas en común, no había, no existían.

Sin embargo, Nikki supo que no debió haber dicho nunca. Porque bien decía la frase que: Más rápido cae un hablador, que un cojo.

Porque justamente de lo que ella creía improbable, imposible, terminó sucediendo.

Y para colmo, se cuestionaba a sí misma: ¿Cómo carajos terminó interesándose –sentimentalmente– por Hyoga?

Él quien no le importaba sacrificar a otros –a excepción de Homura– y que además, había tratado de matar a Tsukasa y Senku. Definitivamente, había algo mal.

Es decir, Hyoga era un tipo frío y cruel, despiadado también. Pero, si ella quitaba eso por un momento –6 segundos, no más–, admitía que él era apuesto y que su voz, no era ni muy varonil pero tampoco aniñada, aunque nunca la compararía con la voz de su angelical Lillian.

Suspiró, un poco cansada. ¿Por qué venía gustándole también un imposible? Sin contar además, que a Homura le gustaba mucho Hyoga; y si se comparaba con ella, Homura tenía muchas más chances de ser del agrado de Hyoga.

Era esbelta, femenina, bonita y tenía una voz agradable. Siendo todo lo contrario a ella, Nikki Hanada.

Una mujer tosca, fuerte, nada femenina –si no contaba que le gustaba hacer manualidades y las cosas tiernas–, y tampoco era bonita. (Y hasta lo admitía).

Espera, ¿se estaba comparando?

- ¿…Por qué de pronto me interesa Hyoga? ¿Qué está mal conmigo? – se cuestionó en voz baja, con una mano en la frente mientras miraba al suelo con el ceño fruncido.

- ¿Se siente bien, señorita Nikki? – la presencia de François la asustó, haciendo que la volteara a ver. ¿De dónde había salido?

- Me asustaste, François – fue lo primero que dijo, poniendo una mano en su pecho, tratando de tranquilizar su corazón.

- Una disculpa, señorita Nikki – se disculpó, como el excelente mayordomo que era –, no era mi intención. Solamente quería preguntar por su bienestar, la noté muy pensativa luego de que se terminó su bebida.

Nikki parpadeó unas dos veces, sintiéndose un poco avergonzada de haber sido vista en ese estado –. Oh no, François, estoy bien… Sólo, estaba pensando sobre… algo.

- ¿Quiere usted hablar de eso?

Muchas veces ahogó sus problemas y pensamientos en las canciones de Lillian cuando era joven. Pero ahora esas canciones no existían, y ya no era ninguna adolescente; era una adulta y también, había alguien dispuesto a escucharla sin criticarla o que se burlara de ella.

Además, François se notaba que era de confianza. Por algo Ryusui la elogiaba (¿o lo elogiaba?).

Suspiró, acomodaba los brazos en la barandilla del barco –… Creo que me gusta alguien, alguien que es bastante cuestionable.

François se puso a su lado, con tal de que la conversación quedase entre ellas. Habiendo dejado la barra un momento de descanso, aprovechando también que todos estaban enfocados en lo suyo (y eso también incluía a Ryusui).

- ¿A quién se refiere, señorita Nikki?

Otro suspiro salió, aunque esta vez, con un pequeño rubor –. Es… Es… Es que no lo entiendo, no entiendo por qué Hyoga comenzó a interesarme – frunció el ceño –. Es decir, ¿Por qué alguien como él? Es frío, insensible, es calculador y… Ahg, ¿por qué?

- ¿Es la primera vez que alguien le gusta?

-… No, pero… No siento que esto sea correcto. Él trató de matar a Senku y casi mata a Tsukasa… No es correcto, François.

- Entiendo… Los sentimientos no son fáciles, y más cuando aparecen por quienes menos creíamos. Lo sé – François sonrió levemente –. Pero, cada quién decide qué hacer con ellos… Unos los aceptan, otros los niegan, hay quienes los ignoran y hay quienes también se preguntan qué hacer con ellos o se preguntan el origen – su mirada se desvió al cielo estrellado –. Pero al final debes tomar una decisión, la que sientas que es correcta.

Nikki la miró –. François, ¿tú…?

Ella le sonrió –. Sí, yo también tengo alguien a quien quiero mucho. Y también tomé mi decisión. Ahora es usted, quien debe hacerlo, señorita Nikki.


- Hyoga.

Él volteó a verla, deteniendo sus pasos, pues ella era quién se quedaría en E.U mientras que ellos irían a Sudamérica a por el origen del rayo petrificador. Por lo que no lo vería en mucho tiempo (y era una gran oportunidad).

Había tomado su decisión.

- Me gustas.