SOUTH PARK ES UNA CREACIÓN DE TREY PARKER Y MATT STONE
Stan cerró con un portazo, haciendo que Randy gritara en el piso de abajo algo sobre que los ruidos fuertes interferían en el crecimiento de la maría.
— A veces odio a tu puñetero padre.
Stan se sentó sobre su cama dejando escapar un suspiro.
— Yo le odio a tiempo completo.
Estuvo a punto de enterrar la cara en sus manos, pero cambió de idea y en lugar de eso se tumbó en la cama.
— No tienes por qué hacer eso, ¿sabes? 'Puñetero'...Quiero decir, el lenguaje de adultos no me importa una mierda.
— A mis ojos sigues siendo un niño pequeño, así que seguiré con ello, no me importa.
— ...Ojalá hubieras sido tú mi padre.
— Vamos, no digas eso.
— ¿Por qué? A mi padre sólo le importa su estúpida granja. Tú has sido más un padre de lo que él ha sido y será nunca.
— Puede que tu padre sea un idiota, pero al menos él nunca se unió a un grupo de...
— Eh, no vuelvas a mencionarlo. Todos cometemos errores, ¿vale?—Stan se volvió para mirar a su amigo—. No fue culpa tuya, tú...estabas pasando por un mal momento...cosa que no tendrías que haberte guardado, por cierto...,y esa gente te engañó para que creyeras que molaba...No fue culpa tuya.
Hizo una pausa, rotando de vuelta a su postura anterior, abrazando la almohada.
— ...No fue culpa tuya...
— Sigue diciéndote eso a ti mismo. Yo sé lo que hice.
— ...Aun así, no importa lo que hicieras en tus últimos días, lo que importa es lo que hiciste antes de eso. Todas las veces en que estuviste ahí, que nos cantaste, que nos escuchaste...Eso es algo que nunca he hecho con mi padre.
— Bueno. Cuando quieras, chaval. Ya lo sabes.
— ...Gracias.
— Entonces, ¿terminaste la canción?
— Oh, sí, creo que puedo añadir alguna cosa, pero creo que ya está terminada. ¿Quieres escucharla?
— Claro.
— ¡Eh, mierdecilla!
La aparición de Shelley en la puerta fue inesperada, e hizo botar el corazón de Stan.
— ¿Qué haces ahí, hablando solo como un idiota?—le recriminó.
— ¿Hablando solo como un idiota?—respondió Stan con una ceja alzada.
— Dios, eres muy estúpido...—murmuró su hermana antes de irse a su cuarto.
— ...A ella no le vendrían mal unas pelotas de chocolate...—murmuró Stan. Esta vez Chef no respondió. El chico, sintiendo que en efecto estaba solo, cerró los ojos y dejó que el calor de las sábanas lo reconfortara, igual que un abrazo.
FIN
