Como no sé si para la fecha de entrega estaré presente o no, quiero entregar ya este retillo al que me he apuntado =). Que últimamente me gusta escribir de estos, aunque se me van mucho de las manos y me quedan muy OOC.


En fin, al lío: este fic es para el concurso navideño de la página de Facebook: Fanfics de Gohan y Videl en español.


Disclaimer: DB y los personajes no me pertenecen. Los derechos a Akira Toriyama.


Navidad en el corazón de los recuerdos


La navidad olía a frío y comida. Desde siempre le había calentado el estómago y helado las manos. Aunque no fue un niño de preocuparse demasiado por dónde se metía, divertido por la nieve y la experiencia que otorgaba la montaña para él, en ese momento sí estaba preocupado.

La ciudad era más una jungla que donde se crío. La comida podía oler delicioso y, aún así, no se sentía como la de su hogar, las que su madre era capaz de crear con ingredientes naturales, cazados por ellos mismos y pocas especias conseguidas de pueblos cercanos, amigas o alguna tienda que visitara.

Gohan echaba de menos algunas cosas, pero eso era parte de la añoranza de crecer. Los recuerdos te llegaban de recuerdos amargos o felices y la navidad era una de esas fechas que, claramente, apoyaba a ese momento sentimental.

El motivo de su preocupación se basaba en los cambios de su nueva vida. En la calma que recorría el mundo y mantenía a su padre y vegeta en un estado latente de frustración de lucha amortiguada. Aunque su padre era capaz de marcharse por un tiempo para buscar peleas en otros mundos, Vegeta sí se mantenía junto a su esposa e hijos. Goten y él ya aceptaban esa parte de su padre y aunque su madre continuaba remugando a cuenta del comportamiento de su padre, Gohan no podía negar que entendía un poco esa parte de su progenitor, aunque no la compartiera del todo.

Fue gracias a su mundo que también conoció a su novia. Y era por ella por la que estaba preocupado y generando tal ansia de frustración que empezaba a sentirse más inquieto que nunca.

No es que Videl no pudiese hacer con su vida lo que se le antojara, es que para navidad no se le había ocurrido otra cosa que idear un juego divertido, —divertido para ella, claro—.

Le citó en su lugar predilecto para las citas. Ni muy lejos ni muy cerca de sus casas, donde solían buscar más libertad propia que preocuparse por sus familiares que no aceptaban que ya era hora de dejarles un hueco personal para ellos dos solos. Dios, era la mujer con la que claramente iba a casarse, no necesitaba una niñera. Y aunque era muy respetuoso con el señor Satán, pese a que Videl le recalcaba muchas veces que tendría que ser al revés después de sus diversos comportamientos, Gohan no quería tener problemas con movimientos indecorosos que provocaran que el ex luchador se enfureciera.

Y tampoco quería escuchar a su madre recordarle que antes de hacer nada deberían de estar casados. Si por su madre fuera, Videl y él no tendrían experiencias de noviazgo.

—Yo no las tuve con tu padre y no es el fin del mundo —solía decirle.

Videl y él estaban de acuerdo en experimentar sus momentos, vivirlos a sus pasos y no a ojos de los demás.

Sin embargo, su novia muchas veces era capaz de sorprenderle. Como el hecho de que fuera Ireza quien estuviera esperando en su lugar predestinado. La muchacha parecía enfadada con su tardanza, mirando el reloj mientras gesticulaba algo que prefería ignorar. Primero pensó que Videl podría haber equivocado las citas entre ambos, pero cuando sus ojos se encontraron, Ireza casi le tiró lo que llevaba en su mano a la cabeza.

Venditos reflejos Saiyan.

—¡Llegas tarde, Gohan! —regañó cruzándose de brazos—. Aunque te lo perdono por ser tan mono.

Gohan sonrió con cierto nerviosismo. Nunca estaba preparado para las directas más que indirectas de Ireza. Y aunque eso solía poner algunas veces de mal humor a Videl, quien en lugar de enfadarse con su mejor amiga lo hacía con él, no sabía bien cómo pararle los pies. Pareciera que el hecho de que estuviera saliendo con su mejor amiga no era suficiente.

—¿Qué es esto? —preguntó percatándose del papel enroscado que tenía en su mano.

—Un mensaje de Videl. Ah, yo no lo he arrugado así. Lo hizo ella. Dijo que deberías de ser capaz de encontrarla donde fuera que este. Y que sólo así te daría su regalo de navidad.

Gohan abrió apresuradamente el papel, intrigado. La letra de Videl se mostraba en formas arrugadas que le costó encajar en las líneas.

—¿Qué pone?

Levantó la cabeza para mirarla. Ireza se había inclinado sobre él en busca de más información. Gohan se rascó la nuca y empezó a retroceder.

—¡No te preocupes, que la encontraré!

Y echó a correr. Hasta volar.

Mantuvo la carta fija entre sus dedos con la suficiente fuerza para evitar que el viento se la llevase. Se detuvo, en el aire, cruzándose de piernas y oscilando en el cielo mientras meditaba.

La misiva decía lo siguiente:

Sé que navidad trae consigo muchos recuerdos, algunos dolorosos y otros felices. Es momento de que nosotros empecemos los nuestros, pero no podemos esperar que los viejos recuerdos se pierdan. Tus padres te dieron la vida y para mí, es un recuerdo importante. Hablé con tu padre acerca de qué recuerdo es más entrañable para él de cuando era niño y entre tantos que recordaba, éste fue el que casi logra sacarle unas lágrimas.

Así que te espero allí. ¿Podrás encontrarme?

Sé que sí.

Videl.

Suspiró.

Seguramente Videl se encontró a su padre en una de sus visitas a la Corporación Cápsula. Su amistad con Bulma era lo suficiente como para que ambas tuvieran largas charlas por horas. No le importaba, por supuesto. El problema es que su padre vivió tantas aventuras que era algo difícil calcular qué lugar exacto logró que se le saltaran las lágrimas.

Había visto a su padre llorar de emoción, a no rendirse, a sudar, pero pocas veces eran las que llegaba a esos extremos. ¿Quizás porque era Videl y ella era especial para sonsacar esas cosas es que su padre bajó la guardia?

No pudo evitar sonreír orgulloso.

—Sí, definitivamente es la mujer con la que me quiero casar.

Estornudo cuando el viento frío le recordó que volar no era lo más idóneo.

Bajó hasta los árboles para hacer memoria de las historias que vivieron juntos. Las que su madre le permitía que le contara y censuraba muchas para que su imaginación no provocase que deseara unirse a las batallas de su padre y no en convertirse en un prodigio mental.

Entonces, se le ocurrió.

Bulma debía de tener una respuesta.

Ni corto ni perezoso puso rumbo al hogar de la mejor amiga de su padre tras guardarse el papel. Bulma, como costumbre, estaba con la nariz metida en uno de sus tantos aparatos de investigación. Trunks dormía mientras que, su padre, entrenaba. Gohan procuró no cruzarse con ninguno de ellos, más interesado en lo que la mujer tuviera que contarle.

—Vaya. Eres la segunda persona que me pregunta por esto. Justo cuando tu padre estaba aquí para ver si convencía a Vegeta de ir con él a entrenar, Videl vino de visita. Estuvimos hablando de los viejos tiempos. ¡Qué recuerdos!

Bulma suspiró mientras buscaba una cajetilla de tabaco en el bolsillo. Tras encender uno, expulsó el aire lentamente.

—Nos acordamos de un lugar en especial. Allí conocimos a Baba, la hermana de Mutenroshi. Y bueno, también es un lugar muy importante para tu padre, pues se reencontró con alguien que creía muerto por muchos años.

—Espera —detuvo—. Algo me suena…

Su mente comenzó a funcionar a marchas forzadas. Recordaba a su madre arrodillada al lado de su cama, sosteniéndole la mano mientras le contaba un cuento. Su padre, a su lado, también. Cuando su madre terminó, les dejó un momento a solas. Fuera nevaba. No era nada importante en sí que lo hiciera, pero era curioso que fuera también estuviera nevando en ese momento.

—Era mi abuelo —recordó.

Su padre se lo contó con una sonrisa que marcaba su añoro a ese tiempo. Claro que ahora decía que verle no era tan difícil, dado su cantidad de muertes. Igualmente, esa añoranza quedaba en él con esa mueca tan dulce en su padre.

—¿Por qué te interesa, no, os interesa esa historia?

Gohan sonrió antes de echar a correr.

—¡Porque gracias a mis padres existo!

Por supuesto, Bulma no lo comprendió. No necesitaba hacerlo.

Ahora ya sabía dónde encontrar a Videl.

Ignorando la nieve que se enredaba en su pelo, el frío que le cortaba la piel o congelaba sus labios, voló hasta el Palacio de Uranai Baba. No podía asegurar que hubiera cambiado con el paso del tiempo, pero la nieve cubría muchas partes. Se concentró en sentir su presencia y la visualizó.

Estaba encogida en la entrada, mirando la nieve con una sonrisa. Se frotaba las manos tras extenderlas y coger algunos trozos nevados. Dio un respingo cuando él aterrizó a su lado.

—¡Gohan! —exclamó.

Él no pudo expresar palabras. La apretó contra sí. Videl temblaba de frío. Sus manos heladas se posaron sobre sus hombros y soltó una risilla cuando sintió sus labios contra su mejilla.

—¡Gohan, espera! —Ordenó con la risa en la voz—. Tengo que decirte lo que tanto he pensado o no servirá de nada.

—No puedo esperar —susurró—. Necesito…

No sabía cuánto. Cuánto la necesitaba. Si ella daba gracias a sus padres por existir, él no tenía suficiente agradecimiento para el hecho de que ella también existiera, de que no cesara de querer saber de él y la verdadera existencia de seres como él, su padre y hermano.

Pero cuando intentó besarla ella le detuvo con las manos. Frías, temblorosas. Sus cejas fruncidas.

Se rindió.

Se agachó para retener el calor y la miró desde su altura, observándola. Ella, ahora alta, firme, joven y hermosa.

—Sé que esto puede parecer una tontería —comenzó—, pero quería hacer algo. Nuestros propios recuerdos. Pero para eso necesitamos recordar cosas de qué somos y gracias a quien. Quería empezar esta navidad por tu padre. Gracias a él existes, junto a tu madre, claro. Doy gracias por eso.

Se arrodilló a su lado, quedando a su altura.

—Y ahora, sí quiero crear nuestros propios recuerdos. Especiales. Hermosos. Únicos.

Le rodeó los hombros y esa vez, sí permitió que la besara. De cuclillas ambos, sosteniendo en sus manos a la persona amada.

—Esta navidad es fría —le dijo ella acurrucándose contra él—. Siento hacerte venir hasta aquí.

Gohan lo sopesó antes de responder.

—Videl. No importa realmente en qué lugar estemos. Nuestra historia comenzó aquel día, en aquella calle o bien en nuestra escuela o bien en el momento en que nos miramos a los ojos.

Acarició su mejilla con dedos helados.

—No importa el lugar que fue, sino donde estás. Vine aquí por ti, no por los recuerdos no por mi padre. Fuiste tú.

Videl sonríe y esconde su rostro en su cuello. Se siente pequeña en sus brazos.

—No digas esas cosas o harás que me enamore más de ti —protestó en un regaño que él conocía bien.

—Pues hazlo —dijo, mirando al cielo, a las nubes que dejaban caer la nieve—. Una y otra vez.

Ella soltó un suspiro de felicidad que le llenó hasta el corazón. Después, rebuscó entre sus cosas y sacó su nave. Tomados de las manos, ella los devolvió a la civilización.

Ahí, donde estaban seguros de que comenzarían sus vidas. Crearían más y más recuerdos, que sí, serían importantes cada año, por esas fechas en especial llenarían sus corazones de recuerdos trémulos y sonrisas añorantes. Se tomarían de las manos y comprenderían que ahí, a su lado, estaba el lugar al que pertenecían.

Siempre se dirían las mismas palabras, las mismas promesas, los mismos te quiero que crecerían con el paso del tiempo a la par que el dulce afecto.

Y un día…

—Por favor, no vuelvas a usar a Ireza para tus mensajes…

Videl se reiría en medio de la noche, satisfecha, asiendo su mano más cálida y más repleta de sabiduría.

Las campanas de navidad brillaban en los techos de la ciudad. La nieve cubría el mundo de blanco y los cánticos navideños calentaban su corazón.

—Te quiero, Gohan.

Y ella, lo mandaba a volar.

Fin

29 de noviembre del 2020

Que el mes que viene sea un mes de magia y emoción.

Aún con pandemia.


Comisiones abiertas, por si alguien está interesado =)