-Buenos días Leah, ¿qué te ha pasado en las manos?-preguntó mi padre preocupado-

-Nada papá, solo son rasguños, salí a dar una vuelta temprano por el bosque y me caí.

-¿El bosque?, Leah no quiero que vuelvas a ir tú sola al bosque, es peligroso.

-¿Bromeas?, papá conozco este bosque como la palma de mi mano, no pasará nada-dije tomando algo de beber-

-Leah, el bosque ahora no es seguro, no vayas y menos sola-dijo de pronto Sam-

-Lárgate de aquí ahora-dije cabreada-

-No me pienso ir, hasta que prometas no ir al bosque.

-No pienso prometerte nada.

-Leah, basta, no iras al bosque y punto.

-Tú ya no me mandas, así que cállate.

-Siempre lo supe, eres una cría.

-Pues felicidades, porque a esta cría no la volverás a ver más. Ya te lo he dicho, desaparece de mi vida-dije saliendo de casa otra vez-

Lo odiaba cuando se ponía mandón.

Los siguientes días fueron lo mismo, no nos dejaban ir a ningún sitio, según mi padre y el cabeza dura de Sam, había lobos salvajes por el bosque y no era seguro, por lo que nadie podía ir al bosque.

Por las noches los hombres junto a Sam hacían guardia para que los lobos no entrasen en la reserva.

Y muchas noches se escuchaban disparos por cada sitio. Las cosas con Sam y Emily no iban bien, parece ser que todo el mundo ha aceptado a ella como la nueva pareja de Sam sin rechistar y eso me dolía demasiado. Entre eso y el no poder ir a ninguna parte, me tenía agobiada, necesitaba tomar aire fresco.

Una noche sin hacer ruido salí de casa, y me interné en el bosque, una vez adentrada en la profundidad, comencé a caminar sin un rumbo fijo, me quité las zapatillas y noté el frescor de la hierba entre mis dedos, después me recogí el pelo en una coleta y empecé a correr.

Estar al fin así me hizo sentir liberada, el ruido de las hojas bajo mis pies, el aire fresco rozando mi cara y agitando mi pelo….lo había echado tanto de menos. Cerré los ojos e inspiré el aroma del bosque.

Cuando volví a abrir los ojos un enorme lobo negro estaba en frente de mí, intenté mantener la calma, pero realmente estaba asustada; con cuidado empecé a caminar de espalda lo más lejos posible.

La espesura empezó a desaparecer a mi alrededor, y el lobo estaba lo suficientemente lejos, como para empezar a correr, por lo tanto conté hasta tres y corrí como si no hubiera un mañana.

Sin darme cuenta llegué hasta el acantilado más alto, paré de forma brusca y miré a mí alrededor, el gruñido del lobo me hizo tensarme y saltar sin mirar atrás; una mala idea estando el mar revuelto.

Antes de llegar al agua, creí escuchar a Sam llamarme.

Una vez en el agua, las olas me llevaban a las rocas del acantilado, nadar en contra corriente era difícil, súbitamente algo me golpeó en la cabeza haciéndome expulsar el aire. En un instante, perdí el conocimiento.

Cuando desperté ya era de día, me dolía todo el cuerpo y no sabía dónde estaba. Supongo que en alguna isla de First Beach. Observé a mí alrededor para saber hacia dónde tirar para volver a casa, pero no reconocía nada.

La pequeña isla estaba desierta, y parecía que allí no vivía nadie; pues la isla mantenía su aspecto natural, lleno de árboles y sin un camino hecho por el ser humano.

Me acerqué al agua para refrescarme, y ahí fue cuando vi en mi reflejo, una gran brecha en mi frente con sangre seca, la camiseta estaba hecha girones, tenía varios moratones en los brazos y costado y lo peor de todo, parecía que estaba empezando a tener fiebre.

Seguí caminando por la isla hasta el mediodía; la isla era redonda porque estaba en el mismo sitio que donde empecé, la niebla tampoco ayudaba a ver dónde estaba First Beach.

A las dos de la tarde al fin se empezó a aclarar el cielo y pude ver mi casa; se veía mucho revuelo lo que significaba que me estaban buscando.

Respiré hondo y entré al agua, esperaba no tardar mucho en llegar porque realmente no tenía muchas fuerzas para aguantar mucho rato nadando.

Quince minutos después no podía nadar más, aún me quedaban al menos quince minutos para llegar a la orilla, paré, respiré una vez más y volví a nadar otro poco, al fondo creí escuchar mi nombre.

-Leah-gritaban las voces-

Intenté responder pero estaba demasiado cansada para hacerlo, además aún tenía fiebre y tenía cada vez más sueño.

Antes de que todo se volviera negro, noté unos brazos a mí alrededor y una voz llamándome.

Cuando abrí los ojos el silencio reinaba por todo mí alrededor, miré para saber dónde me encontraba. Según parecía estaba en mi habitación, tal vez fue mi padre quien me cogió cuando perdí el conocimiento en el agua.

Me levanté de la cama y aunque en un principio todo empezó a darme vueltas, pronto todo volvió a la normalidad; crucé el pasillo y lo primero que hice fue ir a ducharme.

Una vez limpia y fresca, además de mirar las heridas que me hice, me vestí y bajé a por algo de comida.

Cuando llegué a la cocina todos estaban allí.

-Leah Clearwater, ¿qué te dije de ir al bosque sola y de noche?-rugió Sam-

Su ataque me enfureció y sin pensarlo me acerqué a él, hasta que su barbilla dio con mi nariz, y lo abofeteé.

-No vuelvas a hablarme así y menos aún a darme ordenes, tengo 19 años, no soy una niña-le dije enfurecida-

-Podrías haber muerto-dijo empezando a temblar-ya te dijo tu padre que hay lobos de un gran tamaño y peligrosos ahí fuera.

-Estoy harta de estar encerrada entre estas cuatro paredes, porque vosotros penséis que los lobos van a entrar aquí a atacarnos, soy libre y como tal puedo ir donde me plazca de este lugar.

-Maldita sea Lee-Lee deja de comportarte como una cría y haznos caso-gruñó por última vez antes de salir dando un portazo-

-¿Tenéis algo que decirme?-dije aún enfadada-

-Hija, solo queremos protegeros y si te saltas las normas no podemos hacerlo; ya has visto lo que te ha ocurrido por salir al bosque, podías haberte matado al saltar de esa forma por el acantilado, Sam te llamó para que no lo hicieras, pero ya habías saltado, entre todos te buscamos durante dos días, hasta que te encontramos en el mar herida y débil.

Leah no quiero que vuelvas a ponerte en peligro, sé que no estás pasando un buen momento por lo de Sam y Emily, pero es algo que nadie puede cambiar, es el destino el que lo ha querido así; estoy seguro de que encontraras a la persona indicada para ti.

-Él es la persona indicada para mí, teníamos planes de futuro, nos íbamos a ir de la reserva este otoño, yo para ir a la universidad y el para abrir un negocio, y ahora no estamos juntos por culpa de Emily; nunca tenía que habérsela presentado.

-Leah, el que los presentases tú no tiene nada que ver, se habrían conocido de cualquier forma, es mejor que lo hiciesen ahora, que no cuando tú y Sam ya tuvieseis una familia, es el destino y nadie lo puede cambiar.

-Yo no creo en el destino, en realidad ya no creo en nada, nada es para siempre y para sufrir por ello, prefiero no tenerlo nunca ya sea el amor o la amistad-dije volviendo a mi habitación-

-Eso no es cierto Leah, estoy seguro que con el tiempo todo estará bien-contestó mi padre antes de cerrar la puerta de mi habitación-