El esperado día llegó, todos estábamos listos en nuestros puestos, para la batalla que se avecinaba; fue cuando se ocultó el sol cuando los primeros vampiros aparecieron en el claro que vio la vampira Cullen. Nada más entrar en nuestro límite de visión, la batalla comenzó.
El estar juntos al fin haciendo lo que todos los lobos deseábamos nos tenía eufóricos. Todo lo tenía controlado, el vampiro frente a mí estaba acorralado, pero no sé cómo desapareció ante mis ojos, en el mismo instante que notaba unos brazos helados agarrarme por las patas.
El maldito vampiro estaba intentando morderme, así que empecé a esquivarlo como podía, el resto de la manada estaba disfrutando aniquilando vampiros y yo ya sabía la forma de quitarme de encima al mío, cuando de repente este salió disparado contra un árbol y de allí alguien detrás de mí.
Cuando vi quien era, me enfadé.
-¿Se puede saber, qué haces Jacob? Tú dijiste que estarías con Seth.
Me acerqué de nuevo al vampiro para morderlo, pero de pronto vi a otro acercándose por detrás de Jacob y me abalancé sobre él.
Y sin esperarlo yo estaba volando por los aires y Jacob aullando de dolor.
Eran los únicos vampiros que quedaban, me acerqué deprisa a los árboles y salí de fase para ver cómo estaba Jacob.
-Maldita sea Jacob, lo tenía todo bajo control. ¿Por qué te entrometiste? -dije ayudando a los demás, llevando a Jacob hasta la reserva-
Una vez en la reserva, dejamos a Jacob en su casa, mientras llegaba el doctor Cullen para curarlo.
Tan rápido como pude salí de la casa dirección a la playa.
No entendía por qué Jacob se metió en medio, sé defenderme, los chupasangres nos enseñaron a luchar contra esos neófitos y sabía lo que hacía. Ya no era ninguna cría para que me protegieran.
-Leah, ¿se puede saber a qué jugabas hace un rato?, si no hubiera intervenido Jacob, ahora mismo estarías muerta-me gritó Sam agarrándome del brazo-
-Suéltame Sam, todo lo tenía bajo control, si Jacob no hubiera aparecido habría terminado con ese chupasangre-dije enfadada-
-No digas tonterías, te tenía acorralada, sino llega a aparecer, estaríamos velándote en estos instantes, y ya bastante ha sufrido tu madre, Emily y Seth con la pérdida de Harry. Además, le prometí a tu madre y a Seth que te cuidaría durante la batalla.
-Se cuidarme sola, lo que pasa es que, al ser la única mujer de la manada, pensáis que podéis hacer conmigo lo que os venga en gana y creéis que soy más débil que vosotros, pero no es así. Ahora si no te importa me voy a casa a descansar.
Una vez en casa, cogí ropa limpia y me fui a la ducha, para quitarme el pestilente olor a chupasangre, y de ahí a dormir un rato en mi cuarto.
Acostada ya en mi cama pensé en lo ocurrido en la batalla, todo había salido muy bien y todos habíamos disfrutado mucho matando chupasangres, no había habido ninguna baja en la manada exceptuando las costillas rotas de Jacob, pero en un par de días él estaría como nuevo. Si el idiota no hubiera intervenido, seguro nada de esto hubiera ocurrido.
Segundos después caí al mundo de los sueños.
A la mañana siguiente desperté como nueva, saludé a mi madre.
-Buenos días mamá
-Buenos días hija, me alegra que ayer terminaseis con esos monstruos, lástima lo de Jacob, aunque me siento agradecida, porque si no hoy no estarías aquí. Ya me acerqué a darle las gracias; pero según Billy había salido a ver a la hija de Charlie.
-Lo primero mamá, es que lo tenía todo controlado y lo segundo, no entiendo la manía de Jacob de acercarse a Isabella si sabe que ella quiere al chupasangre Cullen. Cambiando de tema, ¿dónde está Seth?
-Me fastidia decirlo, pero se fue temprano con esos…
-¿Está en casa de los chupasangres? No me lo puedo creer.
Después de ayudar a mamá con las cosas de casa y recoger un poco mi cuarto, decidí dar una vuelta hasta la parte más alta del acantilado para saltar.
Después de saltar y nadar un rato, decidí correr un poco para soltar más adrenalina. Una vez entré en fase, los pensamientos de Jacob aparecieron en mi mente; en su mente solo aparecía la escena del chupasangre pidiéndole matrimonio a Isabella y el dolor que él sintió al aceptar ella.
Después de enterarse Jake de la boda y aún en fase corrió sin un rumbo fijo.
-Jacob, espera-dije corriendo detrás de él-
-Lárgate Leah
-¿Dónde vas? Entiendo cómo te sientes, ahora que entiendes parte de mi dolor, quédate conmigo o al menos déjame irme contigo, ya no aguanto más estar aquí-contesté-
-No soy la mejor de las compañías en estos momentos, prefiero estar solo, a partir de ahora seré un lobo solitario.
-No puedes ser tan egoísta, te prometo que si me dejas ir contigo, no interferiré ni te diré nada, ni si quiera me notarás.
-No vas a venir conmigo Leah, no quiero tener en mi conciencia la pena de tu madre y los reclamos de Sam, tu lugar es estar con el resto de la manada. Además, no somos amigos y no quiero seguir aguantando todas esas imágenes sobre lo que te hizo Sam.
Sus palabras me dolieron, pero tenía que convencerlo, no podía seguir viendo lo feliz que es Sam en mi mente.
-Te juro que no te molestaré, por favor Jake.
-Basta Leah, he dicho que no y es no, vuelve a la reserva ahora.
Cabreada paré y di media vuelta dirección a la reserva.
-Te odio-dije antes de empezar a correr dirección a casa-
Antes de llegar a un radio cercano a donde solíamos hacer las guardias, decidí salir de fase. No tenía ganas de escuchar a nadie en mi cabeza y menos que Sam me empiece a recriminar mi comportamiento y la marcha de Jacob.
De camino a la reserva pensé en cómo abordar el tema de mi marcha, ya todos los problemas con los chupasangres habían terminado y la boda de Isabella con el Chupasangre Cullen no me interesaba para nada. Ya era hora de retomar mi vida y marcharme como tenía planeado, aunque primero tenía que hablar con Sue para que no se hiciese ilusiones de mi estancia aquí en la reserva. Y ya cuando llegase la hora de la boda de Sam y Emily volvería para hacer el papel de prima feliz y me volvería a marchar.
Después de dos meses preparando todo lo concerniente sobre la universidad y buscando un lugar para vivir, decidí salir a dar una vuelta, por el camino me encontré con Jake, que había vuelto hacia dos semanas.
