Declaimer: Esta historia es completamente producto de la imaginación, una simple ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Me disculpo de antemano por cualquier malentendido que pueda causar.


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El mundo es un telón de teatro tras el cual se esconden los secretos más profundos.

(Rabindranah Tagore)

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Capítulo 23,

PLAN DE ACCIÓN

(POV Lutz)

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Las chicas eran lindas, iguales a las que había en casa de Luciano. Los edificios era idénticos, las góndolas flotaban igual, hasta los perros ladraban del mismo modo. Así que díganme, ¿debo creer que estoy en otro mundo? Yo no creo en esas cosas.

Luciano repito una vez más su plan de ataque sentados en la salita de la casa del otro Italia.

- Mañana me pasare de nuevo por la agencia de servicios sociales a ver si ahora si me dan razón de esos niños. Andrés seguirá investigando en las bibliotecas y tu Flavio…

- Iré a preguntar a alguna iglesia – acoto el tipo.

Luciano sopeso la respuesta un segundo.

- Bueno pero llévate a Lutz, no lo quiero solo en esta casa.

No quise ni mirar al italiano de lo cabreado que estaba, aun no le había perdonado lo del golpe. Por otro lado…no me malinterpreten, no tengo nada en contra de las religiones del mundo, pero pasar el día entero con Flavio no es precisamente lo que estoy buscando.

- ¿Andrés, puedo yo ir contigo? – puse ese cara de no rompo un plato, pero el español no se la trago del todo – dos manos son mejor que una - le recordé.

España me regalo una mueca pero accedió a que lo acompañara, ahora solo quedaba el tema de Reißend.

- ¿Y el perro? – lance al aire, para que no pareciera que preguntaba a Luciano.

- El perro se queda en la casa – me contesto este y yo desvié el rostro orgulloso.

- Puede ir conmigo – ofreció Flavio que para mí disgusto se llevaba cada vez más con el canino.

- Pues todo resuelto, nos disfrazaremos como ya dijimos para que no reconozcan nuestro físico. ¿Capisci?

- ¿Y si nos topamos con esos monstruos? – pregunto Andrés, que había decidió que no podía llamárseles de otro modo.

- Los reuimos y se avisa al resto con los radios portátiles que conseguimos.

- Coño, no me convence. Si nos los topamos podemos darnos por perdidos, yo digo que no nos separemos.

- Que no, no podemos quedarnos por siempre, debemos terminar esto a la brevedad, no sabemos cuándo vuelve este ti…esa cosa – se corrigió Luciano.

Y todos miramos las fotos amontonadas del otro Italia, un escalofrió me recorrió la espalda. Había sido ayer cuando me mostraron las fotos, un falso Alemania con mirada estoica me pareció muy mal chiste, hasta que me moestraron mas fotos. Si el suelo se hubiera abierto en dos no me habría horrorizado tanto. Gilen sonriendo locuaz a la cámara, ósea capten lo dicho, SONRIENDO. Luego un España también jocoso, como si no supiera yo que Andrés nunca en su vida ha sabido divertirse. También había un Flavio más moreno, como según las malas lenguas debería de ser su cabeza teñida. Y un Luciano cara de baboso, créanme, nada es más siniestro.

- Bueno, pues a cenar y a la cama, nos despachó Andrés estirándose – en la cocina estaba la despensa traída de un súper mercado. Y todo porque las latas que había en la despensa se las había pepenado Luciano en los primeros días.

- ¿Que se supones que cenaremos? – le pregunte a Andrés, que era de los tres el único con el que no estaba peleado.

- Olla podrida - me respondió atareado y solo el nombre me dio mala espina.

- A ver si comprendo, ¿se supone que debemos cocinar algo fresco para volverlo podrido? ¿Qué mierdas les pasa en tu casa?

La verdad es que todos los latinos son curiosos. Andrés me ignoro y comenzó su cocido. Yo me quede ahí solo para evitar estar con los italianos que ahora discutían en latín antiguo, porque según ellos nadie lo habla en la casa, nótese el sarcasmo.

- Y… ¿en qué te ayudo? – Andrés suspiro derrotado, si no me incluía seguiría jodiéndolo, siempre me funciona con mis parientes.

- Puedes ir cortando las carnes, coñazo.

- En eso soy experto - pero Andrés volvió a ignorarme.

Tome el cuchillo y filetee con gracia, porque eso de cortar carne se me da de perlas. Andres iba y venia por la cocina trasteando ollas.

- Menos ruido - nos reprendieron desde la sala - que se supone que estamos de incognito.

España bufo molesto. Pasado un rato la casa expedía un olor extraño, Reißend se coló en la cocina.

- Grff – nos pidió una probada y yo estaba a punto de lanzarle un chorizo.

- Saca ese perro de la cocina guarro, es antihigiénico – le espanto el tipo.

Maldito vejete amargado, como me joden estos ancianos.

- El perro solo tiene hambre, además deberías considerarlo un cumplido – pero la mirada de España era determinante, me recordó un pelín a mi hermano.

Reißend y yo salimos pitando de la cocina, no sin antes robarnos medio chorizo; botín de guerra señores, botín de guerra. Fuimos hasta la habitación de huéspedes a repartirnoslo, mitad y mitad como se debe, claro. Mientras comíamos observe mejor el lugar, estaba decorado diferente, con un gusto clásico pero cuidado. Recordé que en el baño había encontrado jabones aromáticos de figuras, cosa que no tiene Luciano y en la repisa había figuras chinas muy antiguas. Las paredes se cubrían con espejos dorados y pinturas firmadas por un Feliciano Vargas; eran hermosas lo admito, una de ellas me congelo. Era ese niño, el que todos conocían pero del que nadie hablaba…el Sacro Imperio Romano Germánico.

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Continuara…

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Mane: Si esa era la intencion. XD