Declaimer: Esta historia es completamente producto de la imaginación, una simple ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Me disculpo de antemano por cualquier malentendido que pueda causar.
.
.
La rabia no es más que su expresión externa de dolor, miedo y fustración
(Dr. Phill)
.
Capítulo 24,
RAZONES PARA ODIARTE
(POV Gilen)
.
Lo que nos faltaba, el coche no arrancaba, pero que esperaba si es robado, como me pone de los nervios. Roland pateo el vehículo.
- Nos robaremos otro – y enseguida se dirigió a un coche viejo y desabrido.
No me malinterpreten, no juzgo a los coches eso sería esnobismo y nada más terrible….Pero si igual se lo iba robar, ¿porque tiene que ser uno feo?, mejor un deportivo.
- Gilen, Gilen, Gilen – repitió en soniquete – cuando aprenderás que si se roba un coche debe carecer de GPS y no notarse mucho, este carro es muy similar a casi todos y nos perderemos entre la muchedumbre.
Yo preferí ignorarle, la noche se cerraba sobre nuestras cabezas y aunque no existiera, escuchaba el sonido de las sirenas. Al primer intento el auto se abrió sin alarma, lo que me dio mala espina.
- ¿Cuantos autos dices que has robado? – le pregunte a mi primo.
Roland solo sonrió zorruno, luego porque no quiero que Lutz se le acerque.
- No sé si me gusta hacer esto – le comente medio en reproche.
- ¿Tienes una mejor idea? – Me miro a los ojos irritado. Pero no, no se me ocurría nada.
Arrancamos el coche en relativo silencio, alejándonos más y más de Manarola donde nos habían perseguido tras presentarnos en la comisaria y solo por preguntar por Lutz y los otros tipos. Ahora como fugitivos de Italia teníamos que llegar cuanto antes a la frontera, ya me las pagaría Luciano cuando le pusiera una mano encima.
Pasamos la noche en medio de la nada sin detenernos, al amanecer había recorrido cientos de kilómetros y la gasolina no daba para más, nos detuvimos en un motel de paso y rentamos el cuarto más barato solo para echarnos a dormir.
- Me preocupa que reconozcan las placas del auto – le comente al austriaco.
- Cambie las placas antes de arrancar.
Me asombra la malicia de este tipo, cualquiera diría que le sobran colmillos. Me dormí en el acto acurrucado por el ventilador de techo que chirriaba rítmicamente. Al despertar Roland aun reposaba a mi lado, había sido el quien manejara. Lo observe medio absorto, su rostro antes tan bello y elegante ahora estaba surcado de marcas imperceptibles para el ojo humano. «Como llegamos a esto primo» suspire en silencio. Hacía años que casi no nos dirigíamos la palabra antes incluso de las grandes guerras. Antes incluso del nacimiento de Lutz. Antes incluso de la muerte de Gerhard, el Sacro imperio Romano Germánico.
Roland se agito entre sueños acomodándose más en la almohada. Yo aproveche para ducharme, porque en este sitio el clima caliente me sofocaba. La ducha era chica aunque limpia, el agua fría y el espejo chico e inconveniente. Mire reflejo en la superficie, lucia demacrado por las preocupaciones y mis ojos azules topacio se hundían un poco en sus cuencas, mi pelo rubio platino parecía muerto y labios cada vez mas resecos. «Yo también me hago viejo»
La ropa con la que contaba era exactamente la misma, nada de repuestos de emergencia, no habíamos planeado esta huida, pero se había dado.
- Dios, no permitas que fracasemos – susurre despacio, Roland entreabrió los ojos - Iré a buscar comida - anuncie dejándolo solo.
Afuera la luz aclaraba lastimaba mis ojos, odio la excesiva brillantes del sol mediterráneo. Hubiera preferido perderme en Islandia.
- Son un litro de agua, dos vasos desechables, y un paquete de salchichas. ¿Es todo? -pregunto la cajera, una señora aburrida de su empleo.
- Ja – fue mi parca respuesta, nada interesado en hablar el idioma.
Cuando ya me iba mire las noticias, las autoridades de la Spezia denunciaban el uso de billetes falsos en Manarola, específicamente en un café.
«Son pequeñas diferencias, hasta están hechos con materiales oficiales, pero estos billetes tienen dibujos diferentes» A continuación el hombre enseño los billetes. La cajera observo la pantalla y luego saco de su caja registradora los billetes. Sabía que era cuestión de tiempo, me esfume de la tienda directo a la habitación y dando voces.
- Levante Ronald, es una emergencia.
Roland se acurruco molesto, pero no había tiempo para contemplaciones. De una patada lo baje de la cama directo al suelo.
- ¡¿Se puede saber que rayos te pasa?! – me espeto furioso.
- Lo sabe, la cajera sabe de nosotros.
- ¿Cuál cajera?
- La de la tienda, tenemos que irnos.
- Como que la de la tienda, no estoy entendiendo nada.
Pero ya le explicaría más tarde, lo cargue como costal de papas y lo subí al auto con todo y comestibles, ni tiempo me dio de cerrar la puerta, porque mi oído sensible detecto las sirenas. Arranque el auto a la mala y derrapando, como en los filmes estadounidenses que le encantan a Lutz. Apenas de la vuelta y divise a las patrullas, pero no estaban buscando este coche y no me persiguieron. Aun así recuerdo el corazón a galope, como en plena guerra.
Lo siguiente que recuerdo es perderme entre los caminos rurales lejos de los retenes. El auto no contaba con GPS y el mío tampoco servía. Pero los mapas - dios bendiga a los mapas - siempre sirven sin electricidad. Y me fui guiando de apoco. Roland dormitaba en el asiento, pero se despertó con ganas para tragarse medio paquete de salchichas. ¡Gordo de closet!
- Hubieras comprado cerveza, así el wurst no sabe.
- Nada de eso, estamos en una misión casi suicida y lo último que ocupamos es deshidratarnos y emborracharnos.
- Que amargado.
- Pues que inconsciente – ahí estaba mi mueca de disgusto.
- Lutz hubiera preferido cerveza.
- Lutz es un mocoso inmaduro.
- Mucha mejor compañía que tú, plasta chocante. Al menos no se la pasa queriendo controlar a la gente.
- Si algunas personas fueran consecuentes, no necesitarían que les controlaran.
- Como yo supongo, pero nunca eh ocupado de ti que yo recuerde.
- Excepto claro contra Napoleón de Francia. Te recuerdo que fui yo quien nos sacó del embrollo.
- Pues me lo cobraste con creces, bastardo.
- No voy a discutir este tema, vuélvete a dormir y no me fastidies.
- ¡A no!, lo hablaremos hoy mismo, estoy harto de tener que fingir que no te desprecio.
Lo cierto es que pare el coche, no supe por qué entonces, pero me detuve.
- ¿Tú me desprecias?, ¿tú a mí?...¡Y una mierda! – así es, mis primeras malas palabras en…bueno en bastante tiempo.
Salí del coche furioso y corrí, casi flote hasta su puerta.
- ¡Sal del coche!
- Ni loco, a saber que pretendes.
- ¡Dije que salgas!
- Y yo digo que te jodes – Roland puso el seguro y me miro indignado.
- Baja ahora cobarde, vamos a arreglar esto aquí y ahora, ¡QUE BAJES!
De acuerdo, si yo hubiera sido Roland no bajo, pero él lo hizo. Abrió la puerta con violencia y me dio en el pecho, caí de espaldas contra el suelo; pero no me quede a contemplarlo. Mi furia acumulada salió a borbotones y ambos fuimos a dar al suelo. Quien sea que nos viera diría que éramos un par de perros callejeros peleándose por algún jamón. Golpes arriba y abajo. Gancho a la mandíbula, patada al estómago.
Debimos molernos durante un rato, pero no importaba, porque aunque bizarro los golpes decían más que nuestras palabras. Quería matarlo, quería desfigurarlo y sé que él deseaba lo mismo; pero en el fondo, en el mismo fondo solo quería que volviéramos a ser niños, quería estar de nuevo en esa cabaña donde nos refugiábamos del frio, quería que el abuelo estuviera vivo, quería que peleáramos por juguetes en vez de haber peleado por Hungría, quería que el tiempo se hubiera detenido hace mil años cuando aún podíamos ser amigos…cuando aún vivía Gerhard.
El cielo lloro por nosotros, pero no nos dimos cuenta. La rabia acumulada por siglos estaba casi tatuada y no se iría en un solo día. No podía cambiar el pasado, ni los errores ni las pérdidas, todo se queda para siempre a no ser que lo superes y ya no sabia si eso era posible, entre nosotros solo existía el vació.
Nos quedamos tendidos en el suelo mirando a otro lado, como saber si podíamos seguir con esto, tal vez sería mejor ir cada cual por su lado.
- Luciano…- escuche que decía y me incorpore a buscarlo, pero lo único que había era un veloz Lamborghini amarillo con…
- ¡Rayos, si es Luciano!
.
Continuara…
.
.
Abisag Freiheit: Si y no, como puedes ver en este capitulo. Y me alegro que leas las frases, gracias. Lutz, Lutz, Lutz, no sabes en que lio se han metido, jeje.
MoChI-oOkAmI: Gracias n_n ¿Que piensas que diria Gilen de su 1P?
