Cansados y decepcionados, decidimos volver a la reserva. Una vez llegamos, volvimos a nuestra forma humana. Cuando terminé de vestirme, decidí volver a casa, quería estar con Leah, y saber lo que había ocurrido. Pero parece que hoy no era mi día.

- ¿Quién diablos eres? -dijo Sam, cogiéndome de la camiseta y estampándome contra un árbol-

-Sam, ¿qué diablos te pasa? -dijo Jacob- suéltale

-No pienso hacerlo, hasta que nos diga, como es posible que sea un licántropo-dijo dando un puñetazo junto a mi cara-

Cabreado, apreté su brazo lo suficiente para que me soltara.

-Suéltame, ahora mismo-dije entre dientes-

-Sam, déjalo-dijo Seth-

-No, Sam tiene razón, se supone somos los únicos licántropos-dijo Paul-

-Pues ya veis que no sois los únicos, así que soltarme-dije apretando más el brazo de Sam-

-Mierda-dijo Sam, soltándome-

Ese fue el momento preciso, para cambiar las posiciones. Lo sujeté del cuello y lo estampé contra el mismo árbol, el cual crujió.

-Mira niñito, que sea la última vez que me tratas así y me hablas de esa manera, no eres el maldito centro del mundo. Y a tu pregunta, sí hay más licántropos aparte de vosotros, a la vista está. Ahora si ya habéis terminado, vuelvo a casa con mi mujer y mi hijo, más vale hagáis vosotros lo mismo-dije soltándolo al fin del cuello-

-Kyle….-empezó Seth-

-Ahora no, mañana hablamos-dije dirección a casa-

Cuando llegué a casa, ya estaba algo más relajado. Inspiré hondo y fui a ver a Halian, al ver que estaba durmiendo tranquilamente con su respiración relajada, fui a mi cuarto. Y allí estaba mi diosa azabache, me encantaba verla en nuestra cama, me puse un pantalón corto y me acosté a su lado, abrazándola.

-Te amo-le susurré-

A la mañana siguiente, cuando desperté vi que estaba solo en la cama, agudicé el oído para saber dónde estaban Leah y Halian. Por el olor supuse que ambos estaban en la cocina, aunque por un momento creí escuchar tres corazones a parte del mío, seguramente eran imaginaciones mías, aún estaba medio dormido.

Después de ir a hacer mis necesidades y darme una ducha, bajé a la cocina. Allí estaba Leah, preparando el desayuno de forma distraída, mientras Halian, tomaba su puré de manzana viendo la televisión. De forma sigilosa me acerqué a Leah, la abracé y besé su cuello, en el acto, pegó un pequeño salto.

-Buenos días preciosa, no tienes por qué asustarte-dije susurrándole en el oído-

-Buenos días-dijo mirando al infinito-

- ¿Qué ocurre preciosa?

-Yo…nada-dijo sacudiendo la cabeza, a la vez que lágrimas salían de sus ojos-

-Leah, como no va a ser nada, si estás llorando. Vamos preciosa, dime que te tiene así, estoy aquí para ti. Ocurrió algo ayer, ¿verdad? Noto tu sufrimiento.

-Anoche…tuve otra vez un fuerte dolor de cabeza, te llamé mentalmente antes de perder el conocimiento. Cuando desperté, estaba en casa de los Cullen, cuando Carlisle me dijo que iba a hacerme unas pruebas, él…-dijo con lágrimas en los ojos-

-Tranquila-dije con el corazón acelerado, por sus próximas palabras-

-Él, dijo que va a hacerme varias pruebas, para descartar un tumor en la cabeza-dijo lanzándose a mi pecho-

Yo la apreté a mí, reconfortándola, a la vez que asimilaba lo que acababa de decir. El pensar que podría perder a Leah, me hizo ver que necesitaba más aún de ella, quería todo con ella.

-Cariño, mírame-dije levantándole la barbilla-salga lo que salga en esos resultados, lo superaremos juntos.

-Gracias-dijo Leah, abrazándome con fuerza-por cierto, ¿qué tal con los ancianos?

-Todo fue bien, estaban en tu casa, me presenté como tu imprimación y todo fue como esperaba, solo…nada, todo fue bien.

-Kyle… ¿qué paso? mi madre hizo alguna de las suyas, ¿verdad?

-Con tu madre, todo bien, solo un pequeño altercado cuando le hablé de Halian, pero tranquila, Seth le paró los pies.

-Cuéntamelo todo

Finalmente le conté todo, incluido lo ocurrido con esos vampiros y mi discusión con Sam.

-No me puedo creer que Sam te dijese eso-dijo cabreada-ya se arrepentirá cuando sepa quién eres. Y ¿qué vamos a hacer con los vampiros que entraron aquí?

-No lo sé, esta noche en la fogata decidiremos y creo...es el mejor momento para contarles todo-dije con una sonrisa, pensando en la reacción de todos, cuando sepan quién era realmente-

Pronto llegó la noche y con ello, la hora para reunirnos con la manada, para hacer la fogata.