SU ÚLTIMO GRITO (LOVE LIVE!)
Capítulo 3: La crisis de la mikan (parte II y final)
Ya han pasado dos semanas y los esfuerzos han resultado infructuosos, por primera vez esta madre comenzó a albergar en su mente la posibilidad de perder para siempre de su hija. Ahora está sumida en los recuerdos y como un rito de mágico acercamiento, ha vuelto a la habitación de la pensión para contactarse con la atmósfera y el entorno de Chika. Siempre esta mujer ocultó sus penas para no mostrar debilidad ante los suyos, pero hoy, con el alma destrozada se consume en las llamas del dolor. Esta es su hija querida, a la cual se resigna a decirle adiós.
Kasumi: ¡Señora Takami, ¿escuchó?!
Sra. Takami: No, ¿qué pasó?
Kasumi: En la radio dijeron dónde esta Chika-chan.
Sra. Takami: ¿Cuándo? ¿Ahora?
Kasumi: Recién, dice que está presa en la cárcel de Yokohama.
Sra. Takami: ¿Presa? ¿por qué?
Kasumi: No sé, pero ahí está.
Sra. Takami: Dile a la señora que vuelvo, ¡voy a avisarle a Riko! ¡Puede que esté encima, hija!
De inmediato, se dirigió a la cárcel de Yokohama donde según las informaciones se encontraría detenida Chika, la noticia se dejó traslucir al fragor de la inquietud universitaria. Sin cuestionar antecedentes ni razones, la señora Takami llegó hasta aquí con su vecina Riko, ella sabía que su intención de madre no estaba errada: su obrada Chika vivía. Han sido días duros y difíciles, de noches de insomnio, de búsqueda permanente; hoy ha vuelto a renacer la esperanza aunque ruega a Dios que se trate efectivamente de su hija. Cómo anhela tenerla cerca, cómo quisiera abrazarlo para decirle que la quiere más que nunca y que aunque no sabe los motivos de su encierro, luchará tanto más para sacarla de aquí.
Sra. Takami: Pobrecita, ¿cómo pudo llegar hasta aquí?
Riko: A lo mejor la pillaron borracha.
Sra. Takami: No digas tonterías, tu amiga no toma.
Riko: Quizás la pillaron en la calle y lo trajeron por fragancia.
Sra. Takami: Lo que no entiendo es porque no dijeron antes que estaba aquí, sus compañeros dicen que se perdió el 24 (de diciembre).
Riko: Allá parece que lo trae.
Gendarme: Tienes visitas.
La madre de la mandarina y Riko reciben a brazos cruzados a la protagonista desconsoladas.
Sra. Takami: Mira cómo te tienen. ¿Cómo estás?
Chika: Ay, pensé que nunca más lo iba a volver a ver.
Sra. Takami: ¿Desde cuándo estás aquí?
Chika: No sé, hace un tiempo parece.
Sra. Takami: ¿Por qué te trajeron aquí, hija? ¿Qué hiciste?
Chika: Ay mamita, es todo tan largo de explicar, no tengo toda la vida muy clara.
Sra. Takami: Tienes cara de no haber comido, ¿no estás enferma, no?
Chika: Yo creo que sí.
Sra. Takami: ¿Y por qué no fuiste a Uchiura para la Navidad? Te estuvimos esperando, hija.
Chika: Bueno mamita, ya empieza todo: tuvimos que ir con unos compañeros de la universidad a Yokohama, a la vuelta yo perdí el autobús; entonces como no tenía dinero porque se me quedó la tarjeta en la casa, pensé en venir a Kawasaki a la casa de un amigo. Bueno, me fui por la línea del tren para no perderme, caminé como seis horas y tenía mucha hambre y frío. Entonces fui a un río y me puse a tomar agua ahí, entonces habían unas canchas de tenis y dicen que no sé cómo yo salté la reja y entré, me saqué la ropa y me puse a gritar como una loca.
Sra. Takami: Pero Chika, tú no eres así. ¿Tomaste trago?
Chika: No mamita, te juro que no.
Sra. Takami: Y de nada que te de esa cosa que tienes en la cabeza.
Chika: Bueno, tiempo esta parte yo no me siento nada de bien.
Sra. Takami: ¿Y qué te pasó, hija? ¿Por qué te trajeron acá?
Chika: Porque dicen que yo en las canchas de tenis llamaron a la policía, entonces de ahí me llevaron a un hospital. En el hospital me pusieron una inyección porque creí que estaba loca, cuando me dejaban sola yo me arranqué, me tomé una camioneta que la robé, entonces la choqué. Dicen que me encontraron inconsciente, dicen que le pegué al conductor y lo dejé tirado al suelo.
Sra. Takami: ¿Y ese tajo en la cabeza?
Chika: Es del choque.
Riko: ¿Y el chofer?
Chika: No sé, no lo conozco. Mamita, perdóname ya, yo no quiero que pase más vergüenzas por mí.
Sra. Takami: No seas tontita, lo importante es que estás viva, hija. Y yo voy a hacer todo lo posible por sacarla de aquí.
Chika: *Entristecida* ¡Gracias mamita!
A pesar que el clima estaba gris, para esta familia había ahora una luminosidad que permitía ver el futuro con más optimismo. Acostumbrados a navegar en el mar de las carencias y las necesidades constantes, la señora Takami entendía que los próximos pasos no eran tan difíciles; con Chika viva y virtualmente a su lado, sólo cabía pedir una oportunidad para liberarla de prisión. De verdad aun tenían muchas dudas sobre lo acontecido y el verdadero protagonismo de su hija, pero de lo que sí estaba segura era que Chika no se había convertido en una delincuente. Esta antesala para hablar con la jueza que ve su caso fue larga, pero necesaria para reflexionar cómo se podría enfrentar a ella, ya esta madre estaba masticando el amargo diagnóstico de una enfermedad neurológica que en ciernes envolvía peligrosamente la personalidad de su hija.
Sra. Takami: Con permiso.
Jueza: Sí, adelante. Tome asiento.
Sra. Takami: Gracias, señora. Soy la madre de la joven Takami Chika.
Jueza: Sí la ubico, su hija está en problemas.
Sra. Takami: Por eso vine. Mire, yo soy de Uchiura, Numazu y Chika, mi hija está aquí hace tres años estudiando sola.
Jueza: Pero eso no tiene nada que ver con el delito que cometió.
Sra. Takami: ¿Qué delito cometió? ¿Es cierto que la niña ha tenido algunos pequeños trastornos, pero ella no es una delincuente.
Jueza: Mire señora, eso lo estamos investigando, la verdad su hija está enferma.
Sra. Takami: Eso es lo que estoy tratando de explicarle que yo necesito que le dé la libertad porque así lo podemos poner en tratamiento.
Jueza: Pero señora, usted no entiende. Su hija cometió un delito grave.
Sra. Takami: Si usted conociera Chika, se daría cuenta que es una buena muchacha, es que no merece estar en la cárcel. Ella tiene que hacerse un tratamiento.
Como verdaderos molinos de viento han aflorado los obstáculos, pero estaban para vencerlos según ella, volvió con la actitud de Quijote a Uchiura para luchar con trabajo y dedicación ya que necesitaba dinero para estar cerca de Chika.
Las cosas no marcharon bien, pero igual se consiguió dinero para ver a Chika.
Chika: ¿Fue a hablar con la jueza?
Sra. Takami: Bueno, fui a hablar con ella antes de irme a Numazu tal como te dije. Hay que esperar un poco. ¿Cómo estás, hija?
Chika: Para estar encerrada, bien. ¿Y usted?
Sra. Takami: Bien, se coparon todas las reservaciones del ryokan. Por eso pude venir.
Chika: Eso quería hablarle. Mamá, no es necesario que gastes dinero en venir tan seguido.
Sra. Takami: Yo no te dije que tenga problema.
Chika: Pero yo sé que en la casa hace falta. Mejor guárdela y venga cuando yo salga en libertad.
Sra. Takami: Yo no te voy a dejar sola, menos ahora. Además tengo que traer los certificados a la jueza.
Chika: Ojalá funcione.
Sra. Takami: Sí, la señora Mai te mandó saludos. Dijo que no te preocuparas, que tu cuarto va a estar esperando.
Chika: Dice que se acabó la hora de visitas.
Sra. Takami: ¿Necesitas que te traiga algo, hija?
Chika: Nada, mamita. Lo único que me prometas es que no vengas si es que no es necesario, pero prométalo porque yo la conozco.
MÁS TARDE
Sra. Takami: Buenas tardes, señora Jueza. Estuve esta mañana con mi hija y como aun no se resuelve su situación quería saber en qué va.
Jueza: No muy bien. Además, la empresa dueña de la camioneta que ella robó presentó una querella.
Sra. Takami: Pero si mi hija está enferma, ¿cómo lo pueden juzgar? No quiso hacer eso.
Jueza: ¿Usted sabe lo que es un robo con violencia?
Sra. Takami: Señora Jueza, usted no me quiere entender, mi hijo necesita la libertad. Mire, yo hablé con unos psiquiatras que conocen su diagnóstico y ellos están dispuestos a atenderlo allá en Tokio en una clínica que tienen. Les traje unos certificados y unos exámenes, véalos que usted sabe que son tantas. Qué le cuesta darle una oportunidad, Chika no está bien y está empeorando en la cárcel. ¡Se lo imploro! ¡Mi hija no es una delincuente! ¡No merece estar ahí!
DE NOCHE EN LA CÁRCEL
Chika: ¡NO! ¡NO!
La realidad del proceso que le negaba sistemáticamente la libertad impactó a Chika. De pronto, salir de prisión se transformó en una obsesión para esta joven que no lograba entender porqué la justicia dilataba su caso. Efectivamente, luego de salir del hospital había sido acusada del robo de una camioneta; de acuerdo al chofer Chika se la habría quitado a la fuerza, ella no recuerda las circunstancias, pero aquella figura de robo con intimidación requiere de una consulta a la Corte para una posible libertad, pero ya no le interesa. Su desesperación pudo más y ahora está intentando escapar.
La huida de Chika no fue muy afortunada.
Alcaide: ¡Alto ahí!
La presión que ejerció el general alcaide lo obligó a saltar y en el intento se fracturó su pierna, lógicamente hasta aquí llegó su deseo de libertad. Chika estaba martirizada con el encierro. Su madre lo presentía, pero ya no tenía recursos para buscar una pronta salida, no le recriminó su intento de fuga y evitaba mostrar sus sentimientos para no desalentarla.
25 DE JULIO
Chika: ¿Cómo están Mito y Shima?
Sra. Takami: Bien. Te mandaron saludos. No pudieron venir porque están dando sus labores.
Chika: Mamá, ¿habló con la jueza?
Sra. Takami: Sí, le llevé los exámenes de la clínica.
Chika: Y, ¿me dará la libertad? Pensé que no iba a venir.
Sra. Takami: Cómo se te ocurre, hija, menos ahora que viene tu cumpleaños.
Chika: Pero demonios, mamá. Mire todo el tiempo que ya llevo acá.
Sra. Takami: ¿Cómo está tu pierna, hija? Los gendarmes me dijeron que esta semana te sacaban el yeso.
Chika: Mamita, sáquenme de acá, ya no doy más.
Sra. Takami: Tranquila, mi amor. Yo te voy a poner un abogado, pero con calma todo va a salir bien.
Chika: Pero usted le dijo que yo no puedo perderme los exámenes de la universidad.
Sra. Takami: Si va a terminar esta pesadilla, hijita. Mira, tus hermanas te mandaron este regalo y es del mío.
Chika: ¿Va a venir para mi cumpleaños?
Sra. Takami: No creo que pueda, hija, pero te prometo que voy a estar aquí la primera semana de julio.
Días después, la jueza mandó a llamar a Chika, su caso había llegado de la Corte y quiso darle personalmente a la noticia.
Chika: ¿Hay alguna novedad?
Jueza: ¿Cuánto tiempo lleva detenida?
Chika: Desde diciembre. Yo sé que cometí un error, estoy arrepentida de eso. Créame, no quise hacerle daño a alguien. ¿Cuándo salgo en libertad?
Jueza: La Corte te negó tu libertad.
La chika mikan empezó a llorar ante esta determinación jurídica.
Chika le escribió una carta a la jueza para decirle que quería continuar estudiando y ser una buena profesional.
Esta mujer lleva siete meses en prisión y en rigor desconoce la trascendencia de su delito, probablemente la separación de sus padres, la presión a los estudios y un cuadro psicótico que aun no lo abandona la tienen sumida a una profunda depresión. ¿De qué le ha valido Chika Takami ser una hija ejemplar al haber obtenido la beca gubernamental y ser una alumna aventajada en agronomía si hoy se consume el dolor y estar privada de libertad. ¿Qué será de su existencia? Sólo estas cuatro paredes lo saben.
3 DE AGOSTO
Chika estaba sola y necesitaba ayuda porque la prisión le estaba carcomiendo el alma, precisamente casi por su intuición sus mejores amigas decidieron ir a visitarla. La comunidad universitaria había luchado fuertemente su búsqueda, pero a partir de ahí no hubo más afecto solidario. Ahora, debido al término de clases se concretaba una visita largamente postergada.
Ese día, llegan a la prisión sus amigas Kasumi, Tsuki y Anju muy expectantes al recibimiento del cumpleaños atrasado de la protagónica dos días atrás.
Estos jóvenes habían pedido permiso especial para ver a Chika fuera de la hora de visitas, traían un cargamento de saludos de sus compañeros y la congoja generalizada por su larga ausencia a la universidad.
Un gendarme abre la celda de la mikan y sorpresivamente pasó lo inesperado: ella murió colgada antes.
Chika Takami no soportó la soledad y el encierro, se quitó la vida como el último grito de auxilio contenido que escapó de su humanidad quebrantada. Probablemente su cuadro de esquizofrenia se acentuó esta determinación, pero aquella carta que le escribió a la jueza prometiendo cambiar y pagar sus deudas con la sociedad, entre otras cosas, nunca llegó a destino. Pegó solo en su camarote como un mudo testimonio de una oportunidad que imploró, pero que nunca llegó.
Quizás no existan pruebas para buscar culpables ya que todo parece haberse hecho en rigor a las leyes, pero esto no exonera a aquellos que pudieron haber tenido un poco más de comprensión y humanidad a la hora de evaluar sus antecedentes. Quisimos entrevistar a la jueza que aun ejerce, pero se negó a hablar. Entonces, fuimos hasta Uchiura para conversar con la madre de Chika.
Su relato fue desgarrador para aquella mujer, toda la familia y el resto de Aqours quedaron destrozadas dada a la injusticia que imperó y recibió a esa joven pelinaranja. El 3 de agosto no solo será recordada la muerte de la promisoria ex school idol, sino por mera coincidencia, el cumpleaños de Honoka Kosaka (que no aparece en esta trama). Qué ironía.
El delito de robo con intimidación fue la figura que dilató la libertad de Chika Takami y que llevó su caso a la corte.
Hoy un testigo no identificado, dice que en aquella época para ayudar al chofer de la camioneta, declaró en contra de Chika, dando un testimonio falso.
Esta historia es real. Sin embargo, la mayoría de los nombres y lugares han sido cambiados para proteger la identidad de los verdaderos protagonistas.
Como en la mayoría de las obras publicadas es una adaptación inspirada en un episodio del programa de crímenes chileno Mea Culpa como único crédito, con varios cambios de género en los roles versionadas en la franquicia de idols escolares ya como adultas en el tiempo alternativo.
Bien, nos estaremos sintonizando con otra historia.
