The Beast Overlord
No me pertenece Naruto, Overlord ni ninguno de los personajes y elementos de otras fuentes presentes.
Capitulo 1
Existía un hecho innegable. No importaba el día o la hora que fuera, el distrito comercial es el punto más concurrido de cualquier ciudad. Plebeyos, nobles, soldados, comerciantes, viajeros y aventureros. Todos ellos se reunían alrededor del mencionado lugar con el fin de ganarse su sustento o adquirir los bienes que necesitaban.
Era poco lo que no podía conseguirse en aquellas agitadas calles, por lo que naturalmente también existían aquellas personas que optaban por llevar estilo de vida menos honesto.
Tal era el caso de una figura encapuchada que caminaba por el sitio. La manta que llevaba estaba toda sucia y andrajosa, por lo que no debía ser confundido con un viajero queriendo evitar el sol. Quien lo viera fácilmente podría tomarlo como un vagabundo, pues su altura y envergaduras no eran suficientes como para ser visto como un bandido que trataba de encubrir su identidad.
Lastima para esas personas que eso era justamente lo que deseaba
El encapuchado camino entre las personas, cuidando de no hacer nada que lo hiciera resaltar. Evito tropezarse con los transeúntes y cualquier espacio demasiado abierto como para que se le divisara con claridad. Únicamente no caminaba por las sombras porque no tenía claro cuál era su objetivo. El todavía se encontraba buscando una presa idónea, que le representara un buen botín.
El puesto de un comerciante extranjero fue el sitio donde por fin encontró lo que buscaba. Un noble gordinflón que estaba en proceso de hacer una compra. Normalmente un sujeto como el compraría en una tienda de mayor prestigio, o que al menos tuviera un local propio. Sin embargo, dado que el comerciante tenía mercancía que otros no, el hombre se detuvo frente al puesto a un lado de la concurrida calle.
En realidad no era una presa fácil. El noble estaba escoltado por dos de sus guardias personales, quienes veían de reojo y con recelo a cualquiera que se les acercara. Por ello existía un área vacía el noble y el resto de los transeúntes.
Aun así, no había ningún inconveniente para el encapuchado, quien sonrió antes de cruzar los dedos de ambas manos para realizar una seña especial.
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-Señor, señor. Por favor denme algo de comida.
Un niño huérfano pidiendo algo de limosna no era algo que a las personas les extrañara ver. Sin embargo si les llamo la atención su temeridad, pues nadie en su sano juicio se acercaría a un noble como el que estaba presente. Él era el tipo de hombres que no temía en pisotear a cualquiera que considerada inferior y osara "manchar" su espacio personal.
Con solo un ademan de manos el noble ordeno a sus guardias que se deshicieran de la molestia y ellos sin dudarlo, rompieron su posición para sujetar niño y arrojarlo lejos de su patrón.
-Piérdete, mocoso. Estorbas.
-Vete antes de que hagamos daño.
Dijeron ambos guardias azuzando al chico con los postes de las lanzas que llevaban.
-¡Por favor! ¡Necesito llevarles algo a mis hermanos!-dijo el infante levantándose.
-Entonces busca en la basura.
-¡Se los ruego! ¡Ahhh!-dijo el chico acercándose solo para ser golpeado.
-No digas que no te lo advertimos-dijo el guardia.
-Tsk. El orden público de esta ciudad se pone peor cada día-escupió el noble mientras tenía su atención en la mercancía.
-Ni que lo diga. En las tierras donde vengo tomarían a ese mocoso y lo harían un útil esclavo.
-Tal vez le haga una visita a ese lugar. A mi mansión le hace falta algo de mano de obra.
-Mi gente le recibirá con gusto-respondió el comerciante con una sonrisa. Todo con tal de agradar a su cliente. -Ahora en cuanto a lo que va a llevar.
-Sí. Voy llevarme estas cosas que tienes por aquí. A mi mujer le encantaran.
-Esplendido. Serán dos monedas de oro y 10 de plata.
-Tendrá que facilitarme otras de sus mercancías para que le de tres monedas de oro. No tengo ninguna de esas otras monedas de bajo valor-dijo el noble para buscar en su cintura. ¿Eh? ¿Dónde está mi bolsa?-dijo con desconcierto para tantear el resto de su cuerpo y ver sus alrededores.
Tal acto fue lo que le hizo ver que un encapuchado cercano estaba guardando un bolso extremadamente similar al suyo.
-¿¡Pero cómo!? ¡Guardias!-reclamo el noble llamando a sus escoltas. -¡Ese sujeto me ha robado!-dijo señalando al mencionado.
Viéndose descubierto, el encapuchado no dudo en empezar a correr. Ya no le importo empezar a empujar a los que tenía enfrente y en cuanto tuvo oportunidad, ingreso a los callejones para perder a sus seguidores.
Los guardias sin embargo no detuvieron su persecución y siguieron a la perfección el paso de su objetivo. Ellos no eran simples matones que habían sido elegidos de la calle. Eran ex-soldados con un decente entrenamiento, que solo habían dejado sus guarniciones debido a que el noble que les contrato les ofreció mejores beneficios que el ejército. No eran el tipo de hombres que se permitirán ser burlados por un ladrón callejero.
La persecución se extendió considerablemente conforme los involucrados se metían mas y mas en los callejones. Mientras que el distrito comercial tenía un cierto orden urbanístico, el resto de la ciudad no lo era. Cada persona construyo su hogar conforme pudo, dando a lugar callejones irregulares y desorganizados.
Había cruces de todo tipo y en una bifurcación, los guardias se toparon con algo que no esperaban.
-¡Hey, idiotas!
Ante su desconcierto, el niño que se les había acercando pidiendo limosna se encontraba en uno de los extremos de la bifurcación. La contraria a la que había tomado el encapuchado que seguían.
-¡Es ese mocoso de antes! Debe ser su cómplice, así que hay que ir atraparlo-dijo uno de los guardias haciendo la conexión.
-En eso estoy-dijo el guardia yendo a por el pequeño, mientras que el otro fue por el encapuchado.
En este último sintió que ya tenía a su presa, pues el camino que tomo daba a un callejón sin salida. No obstante, quedo boquiabierto cuando vio como el encapuchado empezó a saltar entre las paredes. Golpeo cada pared paralela de forma ágil y certera, y con ello llego al techo del edificio cercano en un santiamén.
El guardia gruño, pero al ver una escalera se tranquilizo. Rápidamente la tomo y la uso para seguir al ladrón.
Ya en el techo, afilo la mirada para buscar indicios del encapuchado, el cual parecía haberse esfumado. Desconocido era para el que en el callejón una tapa de alcantarilla se cerraba con cautela.
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-Jajaja. Zopencos-se burlo el encapuchado conforme caminaba con toda tranquilidad por los túneles subterráneos a las que había escapado. –Esto fue más sencillo de lo que esperaba-comento mientras sacaba de sus ropas la bolsa, cuyo cordel desato para revisar superficialmente su contenido. –Oh sí. Parece que ese gordinflón tenía tanto dinero como aparentaba- dijo para volver a guardar la bolsa y concentrarse en su camino.
El encapuchado no volvió a la superficie en ningún momento. Por el contrario, se ahondo más y más en las profundidades, llegando a una cisterna abandonada que ya no formaba parte del sistema principal. Aun era funcional, pero fue secretamente aislada para permitir que existiera un refugio seguro en aquel nauseabundo lugar.
Oculta en la sombras se encontraba una puerta, cuya pesada cerradura solo podía ser abierta con una llave como la que traía el encapuchado consigo.
Antes de usarla, se aseguro de haber sido seguido y acto seguido saco el objeto con el podría entrar a su particular escondite.
Por razones obvias el encapuchado no se permitió un fuerte respiro al verse ya en su hogar, pero si procedió a quitarse la manta que le restringía.
Con ello quedo al descubierto un adolescente de regular estatura. Su cuerpo tenía una constitución flaca, casi rayando en lo famélica. Así mismo su tez tenía un tono pálido enfermizo. Sin embargo sus rasgos distintivos eran otros. Empezando por su cabeza, en medio de su cabello rubio puntiagudo, el muchacho tenía un par de orejas zorrunas asomándose, las cuales sustituían a las humanas que no estaban presentes. Su rostro también tenía una constitución bestial unas patillas especialmente extendidas, un par de "bigotes" se dibujaba en sus mejillas, siendo una marca de nacimiento más que vello facial, y finalmente unos caninos lo suficientemente largos como para asomarse aun con la boca cerrada. El resto de su cuerpo también tenía esta condición, teniendo matas de pelo repartidas en el reverso de sus brazos y sus piernas, así como en el pecho. Todo esto era evidente porque el joven no llevaba unas vestimentas especialmente elaboradas. Solo un maltrecho pantalón corto de tela gris y unos remendados zapatos negros.
Era fácil confundir al muchacho con algo no humano, cosa especialmente problemática debido a que se encontraba en una Estado donde la supremacía humana era la principal premisa con la que se guiaban los gobernantes.
Con ello presente, no era necesario preguntarse porque el joven rubio había elegido un lugar como las alcantarillas para vivir. No era un sitio donde nadie quisiera estar, pero el muchacho lo apreciaba por el sencillo hecho de que allí podía estar completamente solo.
Habiendo colgado su capa en un improvisado perchero, el joven prendió una lámpara de aceite cuyo cristal estaba cuarteado. Arrimo una silla a la única mesa presente en el recinto y se sentó, al tiempo que volcaba el contenido de la bolsa que recientemente había sustraído.
El siguiente rato se la paso contando las ganancias obtenidas. 2 moneda de platino, 64 monedas de oro y un par de que pequeñas piedras preciosas, que si bien no eran adecuadas para la orfebrería, si lo eran como instrumento de cambio. Era un botín muy bueno considerando que solo se trataba de una bolsa de mano, pero aun así, el muchacho dejo salir un bufido de fastidio ante el hecho de que estaba por debajo de la cantidad que esperaba obtener.
Por lo jactancioso que era el noble hurtado, esperaba que el tuviera una par de monedas más de platino, cuyo valor era equivalente a cien monedas de oro. Dicha cantidad era más de lo que podía esperar manipular un plebeyo en el lapso de cinco años, sin embargo, el necesitaba unas diez veces eso para lograr su objetivo. Salir del país y establecerse cómodamente en algún otro reino donde no fuera conocido.
Sus metas eran tal vez demasiado altas para ser alcanzadas en un simple robo callejero, pero el joven estaba cansado. No físicamente, sino emocionalmente. Aquello se evidencio en sus apagados azules, una vez que se dio cuenta que debería hacer otros robos más para alcanzar su deseo.
El muchacho recogió el dinero y luego fue a una de las esquinas del cuarto, donde se encontraban apiladas un montón de cajas de madera. Movió la tres primeras y puso atención en la siguiente, que estaba en mejor estado que las demás. Abrió el contenedor firmemente sellado y dejo caer allí su reciente botín, que sumado a lo que ya tenía, daba un total de 2 moneda de platino, 371 de oro, 29 de plata y 54 de bronce.
Dicha cantidad era suficiente para que una persona pudiera efectuar todo tipo de emprendimiento. Desde crear un pequeño negocio, hasta hacerse de una buena casa y mantener a su familia por un tiempo. También era posible ser osado y comprar equipo y armamento con los cuales ejercer la profesión de aventurero. Sin embargo todo eso estaba vetado para el joven su maldita apariencia. No era alguien que pudiera ser considerado como normal en ese país, ni tampoco alguien en quien los demás pusieran algo de confianza. Sus únicas opciones estaban un sitio lejano.
Para llegar allí debería atravesar al menos unos dos países que compartían condiciones similares al donde se encontraba. Por ello quería estar preparado y tener los medios para viajar todo lo posible sin hacer ninguna parada innecesaria. Tendría que pagar muchos sobornos, pues aun cuando su condición económica lo propiciara, el no podía darse el lujo de viajar fuera de una caravana y emprender su camino por una vía no regulada.
El muchacho no era un luchador. Aunque tuviera un par de buenos movimientos, el era un alfeñique al lado de cualquier soldado entrenado. El combate directo estaba descartado en la mayoría de las situaciones, sobre todo si era contra uno de los grandes monstruos que abundaban en la intemperie.
Tenía muchas cosas en contra, pero el muchacho creía que todavía no debía perder la esperanza de conseguir una mejor vida.
Por ello se puso a meditar un poco para decidir cómo debería ser su siguiente movimiento. Tenía que ser cuidadoso y no repetir la misma táctica, ya que era probable que ya se hubiera regado la noticia de lo que hizo y que las demás personas se pusieran en alerta. Además ese noble dudosamente iba a quedarse de brazos cruzados.
Con ello en mente, sello su "caja fuerte" y se dispuso a buscar su almuerzo dentro de otras las cajas del montón. Su comida consistió en carne seca y pan duro. Tenía el dinero para conseguirse algo mejor, pero optaba por guardar cada moneda que tenia para sus planes. En verdad deseaba alcanzar un mejor lugar que el país donde se encontraba, así que cualquier ahorro era válido.
Una vez satisfecho, el muchacho fue acostarse a su cama. Solo se trataba de catre con un poco de paja en ella, pero era mejor que dormir sobre el frio y maloliente suelo.
Aunque todavía era temprano, tenía la intención de trabajar por la noche, por lo que debía restablecer sus fuerzas hasta que fuera el momento de actuar.
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Sin ningún tipo de instrumento para medir la hora, el muchacho solo pudo basarse en sus instintos para suponer que ya era de noche. Las actividades económicas se reducían al mínimo, pero era la hora donde se aparecían aquellas personas de baja calaña, cuya desaparición solo le importaba a un muy reducido número de personas.
Tal vez no era un luchador, pero el joven sabía emplear un cuchillo y hacer buen uso de las sombras. Si se encontraba con una presa adecuada, que estuviera borracha o sola, podía hacerse de 10 a 50 monedas de plata con un solo corte. No era mucho, pero cada moneda anotada era un buen avance.
El tomo su capa y se la ato bien. No quería que nadie notara el menor de sus rasgos. Si aquello pasara podría ser confundido con el espía de una nación enemiga y allí sí que se iba a hacerse enemigo de todos los soldados de la ciudad. Un escenario que quería evitar a toda costa.
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La noche transcurrió sin mayores novedades. Como se encontraba en la capital del país, era mucha la actividad que había en las horas nocturnas. Muchos hombres salían a gastar el fruto de su trabajo de forma irresponsable y desenfrenada. No había tenido la suerte de encontrarse con un afortunado que había ganado alguna apuesta, pero al menos si pudo robar a algunos incautos que no habían perdido todo entre bebida y juegos de azar.
En total se hizo con una 1 moneda de oro y 50 de plata.
En serio debía efectuar otros robos como los de la mañana o nunca iba a conseguir la cantidad que necesitaba rápidamente. La otra opción era meterse en alguna tienda y robar algo valioso, pero entonces tenía el problema de que no tenía ningún sitio donde vender bienes que fueran reportados como robados. No tenía relación con los bajos fondos de la ciudad y dudosamente le aceptarían por su apariencia. El además estaba actuando sin "permiso", por lo que seguramente ya debía estar causando molestia a tales rateros.
El muchacho se perdió en sus pensamientos mientras se dirigía a su guarida, mas no estuvo lo suficientemente distraído como para no notar una conmoción que se daba en los túneles. No creía que fuera que lo hubieran descubierto, pero si se apuro en ocultar su presencia. Realmente no quería involucrarse en el asunto, pero la curiosidad lo venció y se acerco a una esquina para ver qué era lo ocurría.
La escena que encontró fue una por demás extraña. Se trataba de un grupo de ratas atacando a un alfeñique. No era un asunto de risa pues había que aclarar que las ratas eran tan grandes como un perro mediano, por lo que incluso un adulto no será la vería fácil. Sin embargo, eso no era lo relevante. Lo que era más extraño en la situación era el sujeto involucrado. No se trataba simplemente de una persona de baja estatura. El tipo no parecía en lo absoluto un ser humano. Para empezar estaba todo encorvado, su piel tenía un sucio color marrón y una contextura carrasposa, y para finalizar su rostro tenía un perfil afilado que junto con sus largas orejas, lo hacían ver como todo un Goblin. También cabía mencionar que el tipo era un anciano. Su demacrado aspecto y larga barba gris lo denotaban.
En fin. El extraño ser estaba siendo asediado por las ratas quienes seguramente lo veían como su cena. El muchacho quiso decirles a ellas que poco iba a sacar de ese saco de pellejos, pero ese no era su problema. Lo que intereso al joven fue el objeto que usaba el anciano para intentar espantar a los animalejos.
Era una simple rama de madera que ni siquiera era muy robusta. No era en lo absoluto valiosa, mas si parecía serlo la piedra que guindaba en su punta. No era una piedra preciso, no, era algo mucho mejor. Su brillo indicaba que se trataba de una piedra mágica. Un mineral lleno de energía cuyo precio ascendía conforme más grande era. Lo normal era que su tamaño no superara la marca de un pulgar, pero la presente era más grande que un puño. Cualquier arcano mataría por poner sus manos en algo así, por lo que el muchacho considero que se había ganado la lotería.
Entraba en discusión esperar a que las ratas realizaran su cometido, pero el joven considero que eso era poco sensato. El ajetreo podría hacer que la piedra se rompiera y no podía permitirse que ocurriera tal cosa.
Por tal razón se apuro en actuar.
Puso sus manos en una posición particular y con ello aparecieron al lado suyo dos copias de su persona. Era el truco que había usado para perder a los guardias, pero también servía para usar en combate. Si no lo aprovechaba como se debía, era porque su durabilidad era igual de mala que la suya. Solo servían para ataques sorpresa.
El muchacho y sus replicas dejaron rápidamente su posición, tomando camino por las paredes y el techo con el fin de pasar por encima del anciano, hacia sus objetivos. Las ratas. Los tres cayeron y con extrema eficacia mataron a cada roedor con una estocada a la parte superior de sus cabezas.
-Oh vaya. Pensar que iba a tener la fortuna de encontrar algo de ayuda en un lugar como este.
-¿Suerte?-dijo el muchacho retirando su cuchillo de su reciente víctima, al tiempo que las dos replicas se esfumaban en una nube de polvo. –Lo siento, amigo. Simplemente estaba asegurando mi próxima ganancia-dijo apuntando su arma contra el extraño. –Ese cristal tuyo se viene contigo.
-Oh mis sinceras disculpas, pero eso no va a posible. Necesito esto para buscar a alguien muy importante.
-¿Crees que me interesa? Ni siquiera te voy preguntar si quieres hacerlo de la forma fácil o difícil. Yo simplemente me voy a deshacer de ti-dijo el muchacho encapuchado dando un paso hacia el encorvado sujeto.
El anciano no se mostro intimidado. Sus ojos amarillos solo vieron de arriba a abajo la figura del tipo que tenía enfrente. Su atención fue entonces tomada por el brillo rojizo que empezó a emitir su cristal, cosa que también noto el muchacho.
-¿Sera posible?-dijo anciano acercándose al rostro para luego ponerlo en dirección del joven encapuchado. El resultado fue que el cristal asumió un completo color rojo sangre. -¡Si, si, si! Por fin lo he logrado. Ya le conseguido mi señor.
-….. ¿Cómo dices?
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El muchacho se la pensó más de una vez antes de aceptar la petición del no humano ser de que le guiara a su hogar. El deseaba hablar de unas cosas importantes con su persona y el lugar donde se encontraban no era el adecuado.
-Muy bien, tipo extraño. Tienes cinco minutos para explicarte. Si no me interesa lo que dices, considérate cadáver-explico el chico sentando en su cama, mientras jugueteaba con su cuchillo.
-Yendo directo al grano. No hay nada más adecuado-dijo el anciano con una siniestra risa. –Antes que nada, déjeme presentarme. Soy Gnarl, Maestro de Minion y principal consejero del Overlord.
-¿Entonces te envía alguien?
-No. He venido por cuenta propia, porque es mi responsabilidad encontrar a quien es sucesor de ese puesto. Usted.
-…Tienes que estar equivocado.
-Para nada. Usted es quien es heredero del poder para asumir esa gloriosa posición. Mi bastón me lo indica-dijo el anciano sujetando el mencionado artefacto. –Además, ¿acaso usted no es usted el joven de nombre Naruto?
-¿¡Como es que sabes mi nombre!?-dijo el muchacho parándose con tal ímpetu y enojo que su capucha se vino abajo y su rostro quedo al descubierto.
-Sí. Definitivamente eres el-dijo el anciano antes de corta su dialogo por un ataque tos. –He seguido la esencia del Overlord desde la caída del último y acontece que se encuentra en usted. Se dé su existencia incluso antes que naciera.
-Entonces…. ¿Tú sabes sobre mi familia?
-En efecto. Es parte de lo que tengo que contarle, así que le pido que me deje continuar con mi explicación. Ya el tiempo concedido esta por expirar.
-Continua.
-Bien, en ese caso procederé a explicarle lo siguiente que tiene que saber. ¿Qué es Overlord?-dijo Gnarl tosiendo de nuevo. –El Overlord no es otra cosa que el emisario de la oscuridad que se encarga de esparcir terror y maldad a lo ancho del mundo. Es dueño de incontables tierras y riquezas, que conquista con su puño de hierro.
-Nunca he oído de alguien como ese.
-Lastimosamente la figura del Overlord no he logrado alcanzar este continente en particular. Sin embargo, si nos vamos a aquellos que se encuentran al norte, encontrara que no hay figura con mayor reconocimiento.
-Como sea.
-El caso es que la última cruzada hecha por mi anterior señor no salió como debía-dijo el anciano soltando un suspiro de pesar. –Deseaba conquistar el continente cuyo sello distintivo son las artes shinobi que allí se practican.
-Shinobi. Si he oído sobre ese tipo de guerreros.
-Ellos en efecto son una fuerza respetable, cuyas tácticas en verdad son algo de temer. Sin embargo, ellos de todas formas eran nada contra el Overlord y sus fuerzas que estaban acostumbrados a asolar todo tipo de tierras.
-¿Entonces que salió mal?
-Mi anterior señor se topo con algo con lo que nunca había lidiado.
-¿Qué?
-Los Taimanin.
-Tampoco estoy familiarizado con ese término.
-No es de extrañar. Son el arma secreta de esas tierras y de haber sabido que existían, el anterior Overlord hubiera sido más cuidadoso con su ataque.
-¿Qué son ellos?
-Son guerreros especialmente entrenados para la caza de Demonios. En realidad no son los únicos de su especie que asumen esa labor, pero lo distintivo de ellos es que por sus venas corre sangre demoniaca. Eso les da habilidades sobrehumanas que superan a las de cualquier otro guerrero.
-Hmp. Eso me suena contradictorio. Tengo entendido que los humanos odian todo lo relacionado con los Demonios.
-Ellos suelen muy hipócritas, mi señor. Sobre todo si tomamos en cuenta su situación particular.
-¿A qué te refieres?
-Para ello tengo que aclararle su relación con el anterior Overlord. A pesar de lo que usted pudo haber pensado, el no fue su padre.
-¿¡Ah no!?
-No. El…..no era muy proactivo en esos temas. Aunque le interesaba expandir sus dominios, nunca se preocupo en establecer un legado. Por ello todo lo que una vez construyo, actualmente se encuentra en ruinas.
-Urgh. Y yo que pensaba que saldría ganado algo de esto-dijo el rubio con fastidio.
-Temo que sus posesiones actualmente son mínimas, pero no tiene las manos vacías. Tiene la esencia del Overlord que es lo más importante.
-¿Si no soy su hijo, como es que la tengo?
-Se trata de una maldición.
-¿Cómo?
-Fue el último acto que efectuó el anterior Overlord antes de morir. Castigo a la Taimanin que lo asesino con una maldición bastante particular. Le condeno a ser la madre del ser que se encargaría de conquistar y destruir lo que él no pudo. Básicamente le hizo contenedora de su poder hasta que ella diera a luz a un niño que fuera digno de la posición de Overlord.
-Yo.
-Es correcto.
-¿Entonces ella me desecho por eso?
-En parte. También hubo otro factor presente-dijo el anciano señalando la cabeza del joven.
-¿Esto?-dijo Naruto tocando sus orejas.
-Cabe mencionar que su madre es una de la Taimanin más fuertes de su tierra natal. No solo mi anterior señor cayó ante ella. También lo hicieron incontables demonios que habitaban por esos lares. Uno de ellos fue una criatura cuyo nombre era Yoko no Kurama si no me equivoco. Era un Demonio zorro tan grande como un castillo, cuyo poder nada tenía envidiarle a los Dragones. Según tengo entendido, ese Demonio no podía ser asesinado de forma absoluta, por lo que tenía que ser encerrado en el cuerpo de una persona.
-¿Eso está en mi?
-No. Al menos no de forma completa-siguió explicando Gnarl. –Su madre es quien tiene el alma de la bestia encerrada en su interior. Sin embargo, parte de su poder termino mezclándose con la maldición que había puesto el Overlord. Por ello cuando usted nació, lo hizo con las características de los Hombres Bestia, aun cuando usted no comparte ningún vínculo con ellos.
-Ya veo… ¿Entonces porque mis padres me hicieron a un lado a pesar de que ellos son Taimanin?
-Sucede que ellos se tomaron muy en serio las palabras de su adversario y lo vieron como su anunciada reencarnación. No tuvieron el valor de matarlo, por lo que decidieron desterrarlo a otra tierra, donde no pudiera hacer ningún mal.
-….. ¿Cómo sabes todo eso?
-Mi cristal me permite estar conectado con el Overlord. Pude mantener monitoreada a su madre mientras tuvo su esencia, así que como también pude estar al tanto de su nacimiento. Pude haberlo interceptado antes, pero sus padres sellaron sus habilidades y por ello mi conexión con usted se redujo al mínimo. Por años estuve buscando el continente del este, pero no tuve la fortuna conseguirlo de antes.
-Algunas cosas pasaron y fui forzado a ir a lugares que no estaban en mis planes-dijo Naruto arrugando la expresión. –De por si me encuentro en este reino solo por necesidad. Planeo abandonarlo en cuanto me sea posible.
-En ese caso déjenme asistirle. Permítame guiarle al sitio que es su autentico hogar.
-No tan rápido-dijo el muchacho cruzando los brazos. –Aun no me has dicho que es lo que exactamente quieres conmigo.
-¿Acaso no me explicado lo suficiente? Deseo que usted ocupe su legítimo puesto como Overlord. El mal necesita un nuevo maestro y no alguien más adecuado que usted.
-¿En serio me veo como un tirano en potencia?
-Eso solo puede decir usted. ¿Acaso no desea vivir en lugar mejor que este chiquero? ¿No quiere aplastar a aquellos que lo ven mal? ¿De casualidad usted no quiere vengarse de aquellos que lo pusieron en esta precaria situación?
-…. ¿Pero que tanto tendría que trabajar para ello?
-Mucho. Existe una infernal cantidad de trabajo que deben ser efectuados para que usted pueda asumir de forma adecuado su posición como Overlord. Sin embargo, usted no tiene que hacerlo todo solo. Yo comprometo a ayudarle en todo lo que me sea posible y usted tiene la habilidad de hacer que otros le sirvan. Esa habilidad que usted mostro en nuestro encuentro solo es una de muchas que usted tiene y desarrollara.
-¿Qué más puedo hacer?
-Déjenme primero deshacerme de aquello que lo restringe. Puede que no pueda quitárselo usted solo, pero con algo de apoyo externo, su poder como Overlord saldrá a flote.
Sintiendo que no tenía nada que perder, Naruto dejo que Gnarl se le acercara y que le tocara el estomago con su bastón. El resultado fue uno de los dolores más grandes que había experimentado en su vida. Sintió como el interior de su cuerpo se prendía en llamas y se sacudía con una descarga. Por un momento deseo que la muerte lo reclamara de una sola vez, pero cuando todo termino, se sintió mejor que nunca.
Con una dieta normalmente pobre, viviendas de naturaleza insalubre y trabajos siempre demandantes, Naruto nunca se había sentido particularmente lleno de energía. Ahora era diferente. Sentía que podía hacer de todo y solo su imaginación era el límite.
Con el fin de comprobar si solo era un asunto de percepción, el muchacho observo su cuerpo. Físicamente seguía casi igual. Continuaba teniendo una constitución menuda y pálida, pero ahora contaba con un tatuado de marcas espirales que relucían un brillo blanquecino. Además, aunque él no era consciente de este cambio, sus ojos habían asumido un penetrante color amarillo. En pocas palabras, ahora si parecía un autentico Demonio.
-Gnarl.
-Dígame, mi señor.
-Dime que camino debo seguir.
-Usted lo sabe muy bien, señor. En realidad es el único que hay-contesto el anciano antes de echar una siniestra carcajada.
Y con esto despido esta semana. Otra historia con un Naruto malvado, cuyas intenciones no son en lo absoluto las mejores. Se diferenciara del resto en que espero darle la suficiente atención a la parte de acción.
Aun así pueden esperar de un buen contenido lemon. Sobre todo porque una de las series involucradas en la historia es Taimanin Asagi y sus derivados. Si no sabes cual es serie, entonces eres demasiado puro para esta historia y se te recomienda no continuar. Si de todas formas quieres continuar, no me taches de corruptor.
Cabe mencionar que los padres Naruto son Minato y Kushina. No es necesario hacerse ideas más allá de eso. A lo mucho pueden imaginarse a la pelirroja con un traje de Taimanin, que es básicamente mi intención.
No revelare mas en este capítulo, pero si les diré que esperen un mundo con una cronología mezclada y con personajes de múltiples medios. Ya tengo un elenco en mente, pero siempre escucho sugerencias. Del igual forma usare más hechizos que los básicos del juego y estableceré varias bases para Naruto y no dependerá únicamente de un castillo en particular.
Sin más que decir, me despido.
