¡Feliz año 2020! mega atrasado, pero mas vale tarde que nunca.
Bueno ahora yo aquí participando con esta cosa en el reto 12 meses de motín fanfiction, que espero les guste.
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Enero: Amanecer
La décima generación de Vongola había optado por pasar el año nuevo en casa de la madre de su jefe, después de todo, tenían dos años sin pisar Namimori, por lo que la fiesta se hizo en grande, para alegría de Nana, los guardianes, algunos arcobalenos y Varia se había desatado después de que el reloj marcara las 12 de la noche. Tsunayoshi miraba a sus amigos y conocidos juguetear entre ellos.
—¿No piensas unírteles, Tsuna? — pregunto la mujer que se puso a su lado.
Tsunayoshi, ahora ya de veinticinco años miro a su progenitora y le sonrió. — No soy rival para ellos cuando se trata de alcohol — comento risueño mientras continuaba mirando como las botellas de diferentes licores ser vaciadas — además, prefiero estar consiente para ver el amanecer, se suponía ese era el plan — menciono dando un suspiro — pero por la manera en la que están tomando Yamamoto y Gokudera dudo que sigan consientes para acompañarme al templo.
Nana Sawada solo soltó una risa ante aquel comentario. — Me gustaría que Tsuyoshi este aquí para que viera a su hijo — dijo mientras prestaba atención a como el hijo del mencionado peleaba por una botella con Squalo.
—No pareciera que se tratase de un profesional del beisbol — menciono desganado al ver como su guardián de la lluvia arrebataba la botella a su maestro de la espada y comenzaba a beber de ella.
—Debieron estar muy estresados, por eso ahora se desquitan con esto — le dijo a su hijo mientras lo sujetaba de los hombros. — No hemos podido hablar mucho de este tema, así que disculpa si te incomoda, pero… Sigo preocupada por ti. — hablo con un tono maternal.
El castaño se tenso ante las palabras de su madre, dio un suspiro para tranquilizarse y se giro a mirarla, aquellos ojos color miel, tan parecidos a los suyos brillaban con verdadera preocupación. —No es que lo haya superado ya — menciono — pero si eres tú, supongo no me molesta hablarlo.
Nana abrazo a su hijo por la espalda, dándole todo el amor maternal que podía para su único hijo. — Estoy segura de que algún día conocerás a la mujer perfecta, aun si lo tuyo con Kyoko no pudo ser no le guardes rencor.
Tsuna rio ante esas palabras. — No odio a Kyoko, mamá. Soy muy consciente que también yo tuve la culpa de que la relación no funcionara, y ambos decidimos seguir siendo solo amigos, es mas hasta me invita a ver sus presentaciones cuando pasa su compañía de teatro en Italia.
La mujer sonrió. — Me alegra escucharlo. — dijo mientras se acercaba a unos ya casi inconscientes Belphegor y Gokudera. — ¿Y que tal va el trabajo? — pregunto casual
Tsuna se acerco y la protegió de un cuchillo que Belphegor había lanzado con dirección a su guardián de la tormenta. —¡Escandaloso! Como de costumbre— mencionó — Papá tendrá tiempo libre en unos meses, por lo que estoy seguro te vendrá a visitar.
La mujer asintió. —¿Y tú? ¿Te iras pronto? — pregunto curiosa, ya que aquella visita la había tomado por sorpresa no quería que acabara tan rápido.
El castaño negó. — Esteremos unos cuantos meses en Japón… Tratare de venir a casa lo más que pueda.
—No te preocupes, yo también podría ir a verte a la sede, me servirá para aprender más cosas de Vongola.
—Eres mas que bienvenida — comento.
Pasaron las horas y la mayoría de los invitados fueron perdiendo el conocimiento, quedándose dormidos en el piso o los sillones.
—Creo que es hora de que vaya a la cama— comento la mujer mientras terminaba de colocar diferentes mantas a sus invitados inconscientes — ¿Qué es lo que harás Tsuna?
El castaño miro a su progenitora y sonrió — Seguiré con mis planes, así que iré al templo de Nanimori.
—Esta bien, ve con mucho cuidado. Ahora recuerdo que iba a haber un festival en el templo, seguro encuentras a alguien conocido para pasar el rato.
—Es poco probable, pero igual iré, será un buen cambio de ambiente.
—En ese caso diviértete. — menciono antes de dirigir a su habitación en el segundo piso.
El castaño espero a que su madre abandonara la sala, después miro con o dio a sus subordinados quienes dormían plácidamente, como quería volverlos estatuas de hielo, pero ya pagarían con trabajo su desastre. Con su venganza en mente, salió de su por aquellas calles que tenia tiempo sin visitar, de pronto su mente se encontró viajando en sus recuerdos de instituto y todos los cambios buenos y malos que ocurrieron en u vida, sonrió con nostalgia mientras llegaba a las escaleras que dirigían al templo. Observo alrededor y mas recuerdos llegaron, especialmente uno donde había asistido al mismo festival y donde había tenido que participar en un puesto, soltó débiles risas mientras avanzaba en la multitud, mucha mas gente de la que podía recordar se paseaba por la zona de los puestos, miro la fila para ir a orar a la capilla y desecho la idea de hacerlo esa noche, oraría con los demás por la mañana. Camino entre el tumulto comprándose una orden de takoyaki en un de los puestos mas alejados, se acerco a la zona del viejo mirador, la cual para su suerte se encontraba vacía, tomo asiento en una vieja banca de madera y contemplo el horizonte, después de todo quedaban escasos minutos para el amanecer. Dio un suspiro. —Es bastante triste ver el primer amanecer solo — se dijo en un susurro.
—¿Tsuna? — escucho una voz dulce y femenina atrás de él, se giró rápidamente y sus ojos se abrieron de la sorpresa. Cercana al viejo árbol una joven de su edad aproximadamente estaba de pie, sus ojos mostraban sorpresa e ilusión, la chica vestía un hermoso kimono color azul rey con un hermoso estampado de flores de sakura, el obi era de un color amarillo que combinaba perfecto, su cabello se encontraba amarrado en un chongo y del lado lateral derecho posaba un hermoso adorno de una rosa blanca.
Tsunayoshi se levantó de su lugar asombrado. —¿Eres… de casualidad eres…Haru?
La chica sonrío ante la mención de su nombre, si honoríficos ni hostilidad. — Tsuna aun recuerda a Haru, saber eso hace a Haru muy feliz — comento mientras se acercaba — sin embargo, Haru esta sorprendida de verte aquí.
El joven se rasco la nuca un tanto avergonzado — Bueno, la razón es que venimos a atender unos asuntos y unas leves vacaciones — explico.
La chica aplaudió entusiasta — Significa que los demás también vinieron, me pregunto si…¿Haru puede ir a saludarlos? — menciono con algo de duda.
—Yo… no estoy seguro. — hablo mientras jugueteaba con sus manos.
La sonrisa de la chica se fue apagando, camino hasta colocarse al lado de la banca donde se encontraba el castaño. — Haru ama este lugar, aunque esta lleno de malos momentos… — hizo una pausa antes de continuar. —Aun así, Haru no puede olvidar, por que en este lugar fue donde Haru fue valiente por primera vez y se confeso a Tsuna — hablo mientras se acercaba al barandal del mirador. — Todos los años Haru viene a este lugar sola a ver el amanecer. Tsuna, no piensa que tal vez este encuentro es algo fortuito, no había muchas probabilidades de encontrarnos aquí, justo antes del amanecer.
—Haru… yo… sobre lo que ocurrió… yo lo sí…. — fue interrumpido.
—Haru comprende que Tsuna no sentía lo mismo que Haru — dijo mientras miraba al horizonte — pero aun así los sentimientos de Haru no cambiaron, ni siquiera en estos siete años. — se dio media vuelta justo en el momento en que el sol comenzaba a salir y comenzaba a iluminar el cielo. — Es el primer amanecer de un nuevo año, ¿Podríamos empezar de cero? — pregunto mientras extendía su mano.
Tsuna estaba sorprendido y maravillado, la tenue luz del sol volviendo naranja el cielo y envolviendo la grácil figura de la joven frente a el lo hizo hipnotizarse ante la vista, se sonrojo levemente de las mejillas y miro a los ojos a la chica a la que había rechazado y alejado de su vida, dejándola sola poco después de que se confesara, con pasos torpes se acerco a ella y le sonrío galantemente, como el caballero que era.
—¡Un placer conocerla señorita! Mi nombre es Sawada Tsunayoshi, seria tan amable de dejarme saber su nombre — pidió mientras daba un leve beso en su mano la cual había sostenido segundo antes.
Haru se ruborizo, pero asintió feliz. — Mi nombre es Miura Haru y es todo un honor conocerlo Sawada-san — contesto.
Ambos continuaron mirándose a los ojos mientras el sol continuaba envolviéndolos con su luz y calor para darles el inicio de un nuevo día y tal vez una nueva vida.
