— ¿Hola? —dijo con un nudo en la garganta, Yuuri sabía que si ella lo estaba llamando solo podían haber dos razones. Víctor había despertado o decidiría desconectarlo.
—Yuuri, cariño. Lamento molestarte —la voz al otro lado intentaba sonar fuerte, pero el temblor en ella denotaba que estaba cerca de llorar— tomé una decisión y creo que es justo comunicártela.
Yuuri a pesar de haber dejado de visitar al que fue su novio, seguía contactándose de vez en cuando con la madre de este para saber alguna noticia. Todos los años en el cumpleaños de Víctor, esa era a fecha donde se enteraba de que no había ningún cambio en el platinado y solo por eso ahora ella se sentía con el deber de comunicarle de su decisión.
¿Qué si le dolía? Por supuesto que sí, sentía como si le arrancaran el corazón de un solo tirón, porque aun el sentimiento de amor estaba instalado en su pecho, esperando por alguna señal positiva. Quería verlo, aunque fuera una última vez, quería ir y decirle cuanto lo amaba todavía, disculparse por no ser más fuerte y seguir a su lado visitándolo, acompañarlo en su último momento.
Se decidió a ir, comprometiéndose con la madre de Víctor a que estaría ahí el mismo día en que lo desconectarían y así ella tampoco estaría sola. Le debía mucho, ella siempre lo había apoyado en su relación con Víctor, dándole un hogar al cual pertenecer ya que sus padres vivían en Japón y él estaba ahí, en estados unidos con su hermana, en busca de un mejor futuro. La señora Nikiforov lo acogió en su hogar y fue como una madre para él cada vez que necesito conversar, cuando se sentía menos, cuando quería desahogarse y cuando necesitó un abrazo cariñoso. Su hermana trabajaba mucho para mantenerlos a ambos, además de ser joven y tener sus propias metas, por ello no podía estar pendiente de Yuuri al cien por ciento y Yuuri decidía no dar problemas sacando buenas calificaciones y no diciéndole todo lo que ocurría en su vida.
Respiró hondo y arregló su mochila para poder ir a la que fue su ciudad con anterioridad, sentía que el aire se le escapaba rápidamente de los pulmones, obligándolo a inhalar y exhalar con mayor frecuencia. Tal vez estaba teniendo un ataque de ansiedad, no lo sabía y tampoco quería saberlo, ahora tenía otra prioridad porque el tiempo estaba en contra. Debía llegar a ver a Víctor una última vez.
—Hey ¿Donde vas tan apurado? —preguntó una voz conocida cuando chocó con él, Yuri era algo así como su amigo, alguien con quien hablaba de vez en cuando y que lo regañaba cada vez que lo veía nervioso o triste.
—Ah, tengo algo que hacer —respondió rápidamente, iba atrasado por lo que no podía quedarse conversando, ni dar explicaciones— te cuento más tarde —le dijo y se fue dejando al otro intrigado.
Tomó el bus que se dirigía a su destino y se sentó en uno de los asientos de en medio, al lado de la ventana, quería ir mirando el paisaje para así poder pensar. Se puso sus auriculares y reprodujo en su celular su lista de canciones en modo aleatorio, saliéndole una que era de aquella época, una que solía escuchar seguido con Víctor e incluso cantarla. Podía escuchar la voz de este en su cabeza, las risas al inventar la letra en las partes que no se la sabía e incluso sentir aquel calor que le llenaba el pecho cada vez que estaban juntos y sin preocupaciones; pero esos días habían quedado atrás.
Víctor le había enseñado muchas cosas, lo había dejado mostrarse tal cual era y él también se había mostrado de la misma forma. Si bien el platinado le gustó desde la primera vez que lo vio, se enamoro de él luego de conocerlo más; no era perfecto, a veces incluso parecía superficial, tenía su lado triste y los problemas familiares en ocasiones lo agobiaban, pero jamás dejaba que su sonrisa se desvaneciera, menos para Yuuri. Víctor era una persona sensible y preocupada, fuerte y amable, incluso podía mostrarse idiota en ocasiones, destruyendo por completo la imagen de perfección que tenía Yuuri sobre él.
Ni cuenta dio cuando su parada estaba cerca, si no hubiese sido porque era la última, de seguro estaría dos calles más lejos de lo que debería. Se bajó apresurado y desorientado debido a que su mente aun estaba sumergida en los recuerdos, pensando en si tan solo tuviese otra oportunidad, si Víctor despertara milagrosamente en el momento en que le hablara, pero esas cosas solo ocurrían en las películas y no debía ilusionarse.
Caminó unos cuantos metros hacía una calle que ya conocía bien y encontró el hospital, entró de inmediato dirigiéndose al piso donde sabía que ella se encontraría, después de todo, conocía el lugar bastante bien al haber pasado casi un año ahí cuando todo comenzó.
—Yuuri ¿Cómo estás? —preguntó la mujer al verlo llegar, lo abrazó con cariño para luego mirarlo a los ojos— has crecido ¿Cómo ha ido todo? —quería hacerle todas las preguntas ahora porque de seguro el chico querría irse apenas pudiera despedirse adecuadamente, sabía que Yuuri nunca había sido bueno confrontando situaciones complejas.
—He estado bien, falta un año para graduarme —respondió mientras sonreía levemente, quería darle tranquilidad a la madre del platinado.
—Eso es genial, cariño.
Hablaron unos minutos más, el azabache dejó en claro lo que ella ya sabía, que se iría apenas terminara su visita. La mujer habló con el doctor y luego de eso Yuuri pudo entrar, viendo como nada había cambiado en aquella habitación desde la última vez que la había visitado, solo las facciones del platinado que se veían más maduras debido al pasar del tiempo, después de todo ya era un adulto, aun si no había despertado. Los años pasaban incluso si el otro no despertaba.
Yuuri se acercó lentamente y lo observó unos segundos antes de inclinarse y besar suavemente los labios de Víctor, sintió como los propios temblaban y cerró los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas cayeran, no quería que fuera una despedida triste ya que sabía que la persona frente a él estaría mejor si lo dejaban marcharse, si dejaba de estar en una constante lucha por su vida. Por fin podría descansar.
—Es bueno poder verte, aunque sea una última vez —dijo bajito, para que solo él lo escuchara y se alejó. Esto era todo lo que podía soportar, necesitaba irse de ahí pronto por su `propio bienestar.
Intercambió un par de palabras con la señora Nikiforov y se retiró del lugar casi corriendo, aun con más rapidez que con la que había llegado. Tomó el autobús sin saber siquiera como había llegado hasta la parada, se puso sus auriculares, pero no encendió la música, su mente estaba en otro sitio. Aquellas palabras habían sido las ultimas, realmente no lo volvería a ver nunca más y eso le dolía, antes tenía la certeza de que estaría en el hospital y que tal vez podría visitarlo si le daba la gana, pero ahora ya no tendría esa oportunidad nuevamente. Lo había perdido del todo.
"Puedes pasar por mi?"
Escribió en un mensaje impulsivo que envió a Yuri, la única persona cercana que tenía en ese momento. Si bien le había contado sobre Víctor, se había guardado para él los detalles del coma, hablándole solo de una separación repentina y no ahondando en detalles. Ahora necesitaba de su apoyo, así que le diría, aunque tenía miedo de que este lo regañara por ser un cobarde y huir.
"No"
"Hay problema"
Respondió el otro, logrando que el primer mensaje dejara a Yuuri con un nudo en la garganta que solo duro el segundo que tardó en llegar el siguiente mensaje. No estaba para bromas, pero Yuri no lo sabía, así que no podía culparlo por como lo hacía sentir en ese instante.
Al bajar del bus se encontró de frente con el rubio, una vez abajo su cuerpo reaccionó solo, lanzándose a sus brazos y llorando en su hombro sin darle ninguna explicación; esperando que el otro lo apartara y le preguntara algo, cosa que no sucedió. Yuri solo correspondió el abrazo y se quedó en silencio a la espera de que el azabache dejara de llorar y se calmara.
—Gr- gracias —dijo Yuuri de manera entrecortada una vez que las lágrimas pararon y el nudo en su garganta se deshizo.
Caminaron lado a lado hasta llegar al complejo habitacional donde residían los estudiantes de la universidad a la que asistían, sentándose en el suelo del pasillo, fuera de la puerta que daba a la habitación de Yuuri—ahora dime —exigió el rubio al ver que su amigo ya podía hablar con un poco de normalidad. No entendía que sucedía, pero no podía simplemente dejarlo así o tratarlo mal cuando ya se veía bastante desdichado.
El de lentes dejó que las palabras salieran de su boca una tras otra, sin pensarlas demasiado, dejando que su voz expresara todo aquello que sentía, todo lo que había sucedido y lo que se había guardado tanto tiempo. Le dejó saber al otro sobre sus preocupaciones que ya no tenían cabida al no estar Víctor en este mundo y lloró de nuevo, esta vez con más ganas y esperando que fuera la última.
Yuri se mantuvo en silencio nuevamente, era extraño en él, pero realmente quería ayudar. Necesitaba ser empático y estar como soporte, eso era lo que implicaba ser amigo de alguien y Yuuri era el primero que hacía en ese lugar. Entendió lo complicado de todo, creyó que si hubiese sido él, tal vez habría abandonado antes porque no podría haber vivido en la incertidumbre de no saber qué pasaría y fríamente hubiese pensado que sería mejor desconectar al sujeto luego de un año.
El rubio soltó un suspiro y apoyó su cabeza en el hombro de un acurrucado Yuuri en medio del pasillo, quien abrazaba sus piernas y sorbía su nariz en un intento de despejarla luego de haber sacado toda su tristeza y frustración entre llanto y palabras— ya no tienes que pensar en eso, ahora es una etapa cerrada, porque no se puede hacer nada al respecto —comentó mientras dejaba que el otro apoyara la cabeza sobre la suya— tú estas vivo y debes seguir, completar tus metas y luego tener nuevas.
—Seguramente él habría querido eso…
— ¿A quién le importa? Tú quieres eso, me lo has dicho. Eso es lo único que importa ahora —aclaró, no quería que el azabache se quedara con la sensación de que le debía algo a ese tal Víctor, ya bastante había hecho manteniéndose a su lado.
Yuuri soltó una pequeña risa, no porque le pareciera gracioso el comentario, sino porque así era Yuri realmente, directo y frío la mayor parte del tiempo. Esa parte del rubio lo ayudaba a ver las cosas con mayor claridad cuando sentía que todo se nublaba a su alrededor, era como un golpe de realidad. A veces, literalmente venía acompañado con un golpe.
—Gracias —volvió a decir y por fin se estaba sintiendo un poco en paz, hasta que su teléfono sonó, mostrando en la pantalla el nombre "Señora Nikiforov".
Por la mirada de Yuuri, el rubio entendió quien era. De seguro sería por el funeral y esas cosas, el problema era que estaba seguro que Yuuri no soportaría otra despedida, así que le quitó el celular, colgó la llamada y bloqueó el numero de todos lados— no es necesario que sigas en contacto —le dijo firmemente y le devolvió el aparato.
—Pero si ella necesita ayuda ¿Y si se siente mal? —preguntó preocupado.
—No puedes ayudarla si tu también estas mal, primero debes mejorar tú y luego podrás ser útil —Yuri miró fijamente a los ojos de su acompañante, dándole a entender que esto era más como una orden que una sugerencia. De todos modos sabía que Yuuri haría lo que quisiera, porque si bien parecía tímido, tenía su carácter debajo de toda esa timidez.
—Tienes razón —admitió mientras ambos se levantaban del piso. Iría a verla cuando estuviera listo, la visitaría para saber si estaba bien en vez de llamarla. Por ahora se dedicaría a sanar él, aunque sonara egoísta.
Aproximadamente un año había pasado desde que Víctor había sido desconectado y muchas cosas habían pasado en la vida de Yuuri. Logró graduarse, aunque aún no encontraba un trabajo relacionado con su carrera; Terminó en una relación con Yuri, que si bien al principio parecía extraña, termino por formalizarse hacía un par de meses y ahora estaba en camino a visitar junto a su novio a la señora Nikiforov para saber sobre ella. Esperaba que se encontrara bien.
