El decidir visitar a la señora Nikiforov no fue fácil, sobre todo ahora que estaba viviendo por su cuenta al ya no estar estudiando, pero sentía que le debía demasiado y para retribuirle un poco necesitaba decirle que estaba bien y asegurarse de que ella también lo estuviera. El cambio de lugar había puesto bastante carga sobre sus hombros, después de todo ahora trabajaba momentáneamente en un lugar donde no tenía una gran remuneración, pero con la cual podía llegar a fin de mes y a la vez rentar un pequeño lugar para vivir.
Yuri lo visitaba seguido, al rubio aún le quedaba un año en la universidad y por lo tanto se mantenía en los dormitorios. No vivirían juntos aún puesto que solo llevaban dos meses como pareja, aunque llevaran más tiempo como amigos, ambos sentían que debían cimentar su noviazgo con tiempo y dedicación para luego poder compartir un techo. Además estaba el hecho de que quedaban cosas del pasado por superar.
—Necesitas cerrar un ciclo, lo entiendo —le había dicho Yuri un día, cuando tímidamente le confesó lo que quería hacer, estaba asustado de que este se enojara pensando que él aun no dejaba ir el pasado.
—Algo así —respondió mientras movía nerviosamente su pierna izquierda. Estaban en su habitación, ambos sentados sobre la cama— me gustaría que me acompañaras. Sé que tienes cosas que hacer también, pero…
—Pero te sentirás más tranquilo si vamos juntos.
—No —con esa última palabra se atrevió a mirar a Yuri a los ojos— no es por eso, es porque creo que debes verme cerrar ese ciclo para que nuestra relación vaya bien.
Yuri se sintió aliviado de saber aquello, por alguna razón siempre sentía que estaba compitiendo con ese tal Víctor a pesar de que no debería. Yuuri era el único que podía hacerle perder un poco la confianza en sí mismo, aunque jamás se lo diría, ni se lo demostraría; era demasiado orgulloso para ello.
—No necesitas probarme nada, pero iré —tomó las manos de su novio entre las suyas, estaban frías, seguramente porque se sentía nervioso— estamos juntos, no te dejaré solo.
Yuuri sonrió y se atrevió a acortar la distancia para darle un suave beso en los labios a su novio, Yuri había logrado que él volviera a tener confianza en sí mismo ya que nunca le dejaba las cosas fáciles, pero si lo acompañaba en cada pequeño obstáculo que atravesaba a la hora de estudiar. Esa noche durmieron juntos ya que era fin de semana, habían acordado que solo esos días compartirían su tiempo ya que de lunes a viernes ambos tenían responsabilidades que atender y terminaban cansados.
El día en que Yuuri visitaría a la madre de Víctor, llegó más rápido de lo que hubiese querido, causándole una enorme ansiedad que solo pudo ser aplacada por la firmeza con la que Yuri sostenía su mano en todo momento, mostrándole que estaba ahí para él.
—Solo es una visita, no es nada del otro mundo —intentó suavizar la situación el rubio mientras caminaban por una calle poco transitada. Yuuri observaba todo a su alrededor, obviamente reconocía el lugar a pesar de estar tan cambiado— hey ¿Me estás escuchando? —preguntó cuando notó que el otro no le respondía.
—Esa fue mi escuela —dijo Yuuri a su pareja mientras le mostraba el edificio que había cambiado con el tiempo, ahora a su parecer lucía más como una cárcel. Observó el lugar con nostalgia, le traía tantos recuerdos, cosas que jamás volverían aunque quisiera, pero que lograban que se preguntara que hubiese pasado si Víctor no hubiera tenido aquel accidente o si de algún modo existiera el milagro de que estuviera despierto aquella vez que fue a visitarlo; tal vez no estaría con Yuri ahora, estaría en los brazos de aquel platinado que le robo el sueño tantas veces.
—Se ve bastante desagradable —el rubio lo sacó de sus pensamientos con aquellas palabras.
—Sí, tienes razón —admitió con una sonrisa leve y volvió a caminar, tenían cosas que hacer y era mejor terminar rápido.
Yuri sabía que era lo que pasaba por la cabeza de su novio, no era tonto. Entendía bien que este debía estar rememorando los momentos que tuvo con otra persona, con alguien que ya no existía en este mundo y en cierto modo se sintió aliviado por ello, porque estaba seguro de que si no hubiese sido de esa manera, Yuuri y él no estarían juntos ahora. Se sintió un poco mal por pensar de esa manera, su novio estaba nostálgico y él estaba siendo egoísta, no estaba bien.
Él había conocido al azabache con aquella carga, aunque no se enteró de ella hasta mucho después, aún así se hicieron pareja y con ello Yuri estaba aceptando todo de su compañero. Jamás se había sentido de esa manera por alguien, tan entrometido en la vida de alguien más, tan interesado en otra persona además de sí mismo o su abuelo… tan enamorado. Yuuri le generaba muchos sentimientos nuevos, entre ellos estuvo el miedo de ser rechazado cuando se decidió a declararse, pensando que los fantasmas del pasado harían que el azabache se negara a dar un paso hacia adelante.
—Compremos unos pastelillos ahí —dijo el de ojos verdes mientras apuntaba a una tienda cercana a la escuela— no es bueno llegar con las manos vacías —pudo ver como el azabache sonreía ampliamente por la idea, logrando que él se sintiera aliviado haber podido cambiar aquella expresión dolorosa en el rostro ajeno.
—Eso sería perfecto.
—Todas mis ideas lo son —respondió y se adelantó a la tienda a paso rápido, dejando a su pareja atrás. A veces le gustaba ser perseguido por Yuuri, lo hacía sentirse importante.
— ¡Yuri! —gritó su novio cuando ya se habían distanciado un poco.
—Eres muy lento, me aburro —dijo el chico a la vez que estiraba su mano hacia atrás para que el otro la tomara.
Yuuri caminó más rápido, alcanzando la mano que se extendía hacia él, tirando de ella para luego alcanzar los labios de su rubio y besarlo. Sabía que de algún modo Yuri se ponía celoso de que él pensara en Víctor, pero no podía evitarlo, lo único que estaba en sus manos era demostrarle lo mucho que lo amaba, que el platinado era su pasado y el rubio su presente.
—Que pesado —dijo en un fingido tono molesto mientras fruncía el ceño.
Por un momento Yuuri sintió algo extraño, una necesidad de voltear como si alguien lo llamara en silencio. Giró su cabeza, pero solo vio algunas personas paseando por la misma calle y un hombre de cabello corto y canoso que llamaba la atención por el color de su cabello. Volvió a mirar hacia adelante y se adentraron en la tienda, comprando algunos pasteles para luego ir a visitar a la señora Nikiforov, esperaba que ella aún viviera en el mismo lugar o el viaje habría sido en vano.
Mientras tanto Víctor se dirigía a casa, su corazón latía rápidamente por el encuentro reciente ¿Realmente había sido Yuuri? Tal vez se había confundido… No. Era imposible que él, quien pensaba constantemente en los días ya pasados, se equivocara en algo como eso. Aquel había sido Yuuri, su Yuuri… el Yuuri de aquel rubio. Tras ese pensamiento su pecho se oprimió, aunque pensaba en que debía estar feliz por él, era obvio que había seguido hacia adelante y rehecho su vida.
—Lindo ¿Qué ocurre? —la voz de su madre lo hizo darse cuenta de que había llegado a casa, sin siquiera saber cómo y que debía traer un rostro extraño, ya que ella lucía preocupada.
—No es nada, mamá —la tranquilizó y sonrió. No le diría que vio a su ex novio, menos que este ya tenía una nueva pareja, porque si lo decía en voz alta se haría más real para él y no necesitaba aquello en ese momento— solo estoy un poco cansado, mientras caminaba recordé muchas cosas.
—Entiendo ¿Quieres un té o algo? ¿Tal vez ir a dormir? —el platinado negó con la cabeza y se sentó en el sofá un momento— está bien, entonces conversemos un poco —si instinto de madre estaba alerta, sabía que algo andaba mal, pero no podía obligarlo a externalizar sus sentimientos, por lo que solo le quedaba esperar a que su Vitya quisiera conversar sobre el asunto.
Víctor se sintió más tranquilo una vez que empezaron a hablar de varias cosas que no tenían nada que ver con lo que había en su cabeza en ese momento, lo ayudó a despejarse un poco y dejar de darle tantas vueltas al asunto. En medio del chisme sobre la vecina que engañaba a su marido, el timbre sonó logrando interrumpirlos.
—Yo iré —dijo el platinado, al mismo tiempo que se levantaba a abrir. No hacía mucho durante el día ya que se había enfocado en recuperarse por completo, además que pasaba en controles médicos y ejercitándose para recuperar por completo el estado físico que debería tener un hombre de su edad y estatura; por eso mismo le gustaba hacer cosas pequeñas como ir a abrir la puerta, regar las plantas y ayudar en la cocina.
—Está bien, lindo —respondió dejándolo hacer lo que quería.
Víctor abrió la puerta rápidamente— ¿Si? —preguntó antes de enfocar su mirada, dándose cuenta que frente a él estaban las persona en las que menos quería pensar en ese instante. Sintió nuevamente su pecho oprimirse y unas terribles ganas de salir corriendo de ahí.
Yuuri por su lado había estado nervioso en todo momento, incluso al tocar el timbre. Cuando la puerta se abrió por fin sintió como si su corazón se detuviera en ese instante, estaba viendo un fantasma.
—Vitya —murmuró el azabache para luego desvanecerse, siendo atrapado instantáneamente por el rubio que lo acompañaba.
— ¡Yuuri! —gritó el platinado mientras avanzaba preocupado hacía aquel que había sido su pareja.
Continuará…
