Yuuri no había alcanzado a pensar en nada, su cabeza no había logrado analizar bien siquiera que era lo estaba delante de sus ojos. Su corazón fue el único en reaccionar instantáneamente y latir con fuerza, apresurado como si quisiera salir a encontrarse con el de aquel hombre de hermosos ojos azules; pero no alcanzó a hacer nada, porque en el momento justo en que su cerebro no pudo procesar la información, se fue a negro.
En un acto reflejo, los brazos del rubio alcanzaron a sostener el cuerpo de su novio antes de que cayera al piso, sintiéndose aliviado de no dejarlo a la deriva y a la vez preocupado por la situación.
Por su parte Víctor se acercó asustado, el encontrarse a Yuuri de frente había sido una sorpresa y más aun el verlo descompensarse de aquella manera. Estiró su mano derecha en un intento de alcanzar a quién le producía tantos sentimientos, pero fue apartado bruscamente de un manotazo por parte del de ojos verdes quien parecía mirarlo con furia.
— ¿No nos dejarás pasar? —preguntó con un claro tono molesto en su voz, no era como si realmente quisiera entrar a esa casa ahora que veía a aquel sujeto frente a frente, pero no tenía opción; no dejaría a un Yuuri desmayado a la intemperie.
—¿Qué pasó? —se escuchó la voz de una mujer, para luego aparecer tras el platinado observando la situación. Podía sentir la tensión en el ambiente, pero ahora lo más importante era que el azabache había perdido el conocimiento— Vitya, déjalos pasar. Vamos muévete, cariño —la voz dulce que utilizó, logró hacer reaccionar a su hijo quien dejó espacio suficiente para que la pareja entrara en la casa. Se sentía extraño, quería ser él quien sostuviera en sus brazos a aquel que fue su novio… aquel que aun le generaba intensos sentimientos que se arremolinaban en su interior.
Yuri levantó con un poco de esfuerzo el cuerpo de su novio y se adentró en el lugar— buenas tardes —saludó intentando sonar amable, queriendo separar lo que sentía de sus modales, pero le era bastante complicado con su personalidad tan explosiva ¿Por qué tenía que pasar esto justamente ahora?
—Buenas tardes, lindo —respondió la mujer— por aquí —indicó para guiar al rubio hacía la sala donde estaba el sofá, con la intención de que acomodara a Yuuri en aquel lugar. Sabía que debía haber sido un shock bastante grande para el chico el hecho de ver a Víctor en la entrada, después de todo no había logrado contactarlo para avisarle sobre la recuperación de su hijo.
Yuri dejó el cuerpo de su pareja recostado sobre el sofá, cuando se percató que Víctor quería acercarse, se interpuso como una barrera. Iba a decir algo, pero Yuuri comenzó a moverse poco a poco y en su distracción, el rubio no pudo detener al platinado quien pasó por su lado, agachándose rápidamente junto al azabache y tomando su mano mientras lo miraba con preocupación.
―Yuuri ―lo llamó con cariño y el otro levantó sus parpados lentamente, para luego abrir grandes sus ojos por la impresión, sentándose con rapidez mientras apretaba la mano que sostenía la suya.
―Vitya ―susurró. No entendía que pasaba, pero si era un sueño no tenía ganas de despertar.
―De algún modo parece que está vivo ―comentó el rubio refiriéndose a Víctor, ganándose por fin la atención de su novio. Entendía que esto debía ser difícil, pero no se dejaría apartar.
― ¿Vivo? ¿Cómo…? ―balbuceó sin entender, su mente era un caos, había sido más fácil pensar que era un sueño, pero claramente esta era la realidad. La calidez de esa mano no podía ser una ilusión y mucho menos esa voz que a pesar de que parecía haber madurado, podía reconocerla con facilidad.
Yuuri miró nuevamente al platinado y estiró su mano libre para tocar el flequillo de este, observando esos hermosos ojos azules que recordaba con claridad, como si solo ayer se hubiesen visto por ultima vez. Como si el día anterior hubiera sido el momento de su ultimo adiós y ahora el tiempo hubiera retrocedido para darles otra oportunidad, pero la vida no era un cuento de hadas y si así fuera, quien escribía su historia parecía no querer verlo vivir tranquilo.
―Desperté poco después de que fuiste a verme… escuché tu voz ―el platinado besó la mano de aquel que había sido su pareja, pero el contacto no duró mucho tiempo antes de que Yuri le arrebatara la mano que sostenía, rompiendo la atmosfera que se había creado entre él y su Yuuri.
―Si fue hace tanto tiempo ¿Por qué no lo contactaste? ―preguntó al tiempo que tomaba a Víctor desde la camisa y lo levantaba confrontándolo― Si tanto te importaba, lo hubieses buscado o llamado… ¡Algo! ―estaba enojado, dentro de él también se mezclaba todo. Estaba asustado de perder a la persona de quien se había enamorado, estaba furioso por aquel sujeto que pudo haberle dado felicidad a Yuuri y no hizo nada, apareciendo ahora como si nada.
― ¡Yura, suéltalo! ―Yuuri estaba alarmado, no sabía si el platinado estaba bien de salud o podía tener alguna secuela, le asustaba perderlo de nuevo ahora que lo había encontrado nuevamente― ¡Basta!
―Intentamos llamar, pero Yuuri había bloqueado mi numero ―aclaró la señora Nkiforov. Ella se encontraba de pie, observando, pero sin intención de interceder en nada. No sabía que estaba bien hacer y que no, por otro lado, sabía que su Víctor no estaba débil ya que se había rehabilitado casi por completo― pensé que ya no quería más de esta situación y era justo dejarlo vivir su vida, así que tampoco dejé que Víctor lo contactara.
Yuri soltó al platinado mientras chasqueaba su lengua, miró a Yuuri quien comenzó a llorar silenciosamente en su lugar y lo abrazó enseguida. No podía ser egoísta en ese momento y pensar en él, ya que quien tenía la situación más difícil en ese instante era el azabache― lo siento ―se disculpó mientras su novio se refugiaba contra su pecho.
Víctor no sabía que decir, no sabía tratar con las personas cuando lloraban, además Yuuri ya estaba siendo consolado por su pareja actual y él ya era parte del pasado. Por mucho que quisiera no podía retroceder el tiempo, si tan solo hubiera despertado un poco antes, cuando su amado le había hablado despidiéndose; sí hubiese tenido la fuerza suficiente en ese momento de agarrar su mano, tal vez la historia ahora sería distinta. Sinceramente no le importaba el tercero de esta situación, solo le preocupaba el azabache y su tendencia a decaer con facilidad.
―Yuuri, si sigues llorando tu rostro se inflamará y te veras feo ―fue lo único que se le ocurrió decir mientras se ganaba una mirada amenazante del rubio y otra de aprehensión de su madre, pero nada de eso le importó luego de escuchar la suave risa del más bajo― ¿Qué tal un chocolate caliente? ―ofreció y pudo ver como el rostro de este se asomaba desde su escondite.
― ¿Crees que eso arreglará…?
―Me encantaría ―respondió Yuuri interrumpiendo al rubio, pero sin separarse de él.
―Entonces iré a preparar todo.
Víctor se retiró con una sonrisa por su pequeña victoria, había logrado que el azabache riera y eso ya era un avance para él.
—Discúlpenlo, aún es un poco inmaduro —dijo la señora Nikiforov mientras su hijo se retiraba y ella aprovechaba de sentarse en un sillón.
Los Yuris volvieron al sofá y se acomodaron, el rubio no dejó de abrazar a su novio en ningún momento, como si repentinamente pudiera aparecer el platinado a robárselo— no se preocupe —comentó el de ascendencia japonesa y se acomodó mejor, evitando que su pareja lo abrazara, pero dándole la mano ya que estaban en una casa ajena y sentía que estar tan pegados era una falta de respeto— yo realmente lamento esto, tomé una decisión apresurada.
—Tú no podías saber que esto pasaría —dijo Yuri firmemente— solo hiciste lo que creíste mejor para ti.
—Y eso está bien, Yuuri. Estuviste mucho tiempo junto a Vitya, merecías dejar esa etapa atrás y seguir adelante —la mujer sabía que esto era parte de la vida y, aunque seguramente sería doloroso para su hijo y hubiera arrepentimientos de por medio, no se podía cambiar el pasado— mírate ahora, te veo feliz y este jovencito parece que te cuida bien.
Yuuri asintió con una sonrisa, no era mentira aquello, definitivamente estaba mejor que en la temporada donde el platinado se hallaba en coma y no sabían que pasaría con él.
—Listo —la voz animada de Víctor hizo acto de presencia, llegando a la sala con una bandeja donde llevaba las tazas con el chocolate caliente y un par de platos con galletas— aquí tienen —dejó las cosas sobre la mesa de centro y el azabache recordó que habían traído algunos pasteles.
—Yuri ¿Dónde está la bolsa con lo que trajimos? —preguntó.
—Debieron caerse afuera —dijo el rubio recordando que se le había resbalado de la mano al sostener a su novio cuando este se desmayó en la entrada.
—No pasa nada, después limpio —habló la madre de Víctor quitándole importancia al asunto— con lo que pasó, creo que eso no es prioridad. Ahora coman, el azúcar los animará.
—Ten, Yuuri. A ti te gustaban mucho estas de canela —el de ojos azules levantó el plato con las galletas nombradas y se las extendió al azabache.
—Ahora prefiere las de limón —dijo el rubio antes de que su novio pudiera tomar una— las cosas cambian.
No le importó ganarse una mirada de regaño por parte de Yuuri, con esas palabras quería dejarle en claro a su "rival", que, así como el gusto de su chico por los dulces ya no era el mismo, pasaba igual con sus sentimientos románticos. Yuuri había cambiado con el tiempo, estaba seguro de que lo que ahora sentía era solo debido a los recuerdos.
—Eso no significa que no me gusten estas, Yura —aclaró enojado por la actitud del otro, mientras tomaba una de canela y se la comía. Entendía los celos, pero le era difícil aceptarlos cuando ya tenía bastante con que lidiar. Una pareja no debía dar más problemas cuando él ya tenía uno.
El ambiente se tornó tenso y nadie sabía cómo aligerarlo, era una situación complicada de la que tal vez la pareja debería haber huido apenas el azabache había recobrado el conocimiento.
—Él tiene razón, así que me gustaría conocerte de nuevo, Yuuri ¿Crees que podamos mantener el contacto? —Víctor preguntó directo mientras le pasaba su celular al otro— puedes anotar tu número aquí.
Yuuri no se esperaba aquello, en realidad no se había esperado nada ese día ya que todo era nuevo. Miró al rubio como si este pudiera darle una respuesta, pero fue completamente ignorado; Yuri miró en otra dirección y el azabache lo tomó como un "haz lo que quieras" y eso hizo. Tomó el teléfono y anotó su número a la vez que entendía que había sido un error quedarse a compartir como si nada hubiera pasado, estaba haciéndole mal a Yuri y a sí mismo.
—Aquí tienes —devolvió el aparato y se puso de pie, tirando de la mano de su pareja y sorprendiendo a Víctor con su acción— disculpa, pero creo que por ahora es mucho para mi… para nosotros —explicó sin especificar si con ese "nosotros" se refería a Yuri y él o a Víctor y él.
—Lo entendemos, lindo —intervino la señora Nikiforov, ya que sabía que su hijo podía actuar con imprudencia, después de todo su mente se había quedado detenida en su adolescencia de cierto modo— es mejor que vayan a casa y conversen bien.
—Gracias.
Los Yuris caminaron hacia la puerta, siendo el rubio quien salió primero— gracias por recibirnos, adiós —dijo soltando la mano de su novio y dejándolo atrás. No quería oír que palabras usaría para despedirse.
—Nos vemos. Espero que mantengamos el contacto, Vitya —Yuuri sonrió contento de saber que esta no sería la ultima vez que lo vería— hasta pronto, señora Nikiforov —le dio un beso en la mejilla a la mujer y caminó hacia afuera.
No pudo avanzar mucho antes de que el platinado lo detuviera tomándolo de la mano.
―Yuuri, no me daré por vencido solo porque encontraste a alguien más ―la convicción en su voz le mostraba al azabache que Víctor hablaba en serio― sé que tu amor por mi aún está aquí ―dijo mientras ponía sus dedos sobre el pecho del más bajo logrando que este se sonrojara.
CONTINUARÁ…
