CAP.2. UN ÁNGEL DISFRAZADO.
Cientos de pensamientos recorrían la veloz mente de Lucifer mientras se alejaba más y más de su hogar. Una sonrisa sarcástica recorrió su sombrío rostro cuando notó en su propio cuerpo los efectos que el alejarse del ser que más amaba del mundo le provocaban. Su fuerza volvía a ser el equivalente de diez humanos, sus sentidos se agudizaban y el batir de sus alas era cada vez más y más veloz, más potente, más estable. Casi creyó que su respiración había vuelto a la normalidad cuando los gritos desesperados de Chloe llegaron a sus ahora celestiales oídos. "Otra ironía absurda de papá" se dijo así mismo, mientras cerraba los ojos y apretaba fuertemente los puños, haciendo un esfuerzo hercúleo por no dar la media vuelta y regresar junto a ella.
Era irónico que el alejarse de ella le devolviera toda su fuerza, cuando era con ella a su lado cuando más fuerte se sentía, por muy mortal que se volviera. Era absurdo que pensara que ella estaría más a salvo sin él protegiéndola y era cruel, cruel hasta la saciedad, que su padre hubiera puesto en su camino a Chole si sabía que al final iba a tener que abandonarla...Comprendía que el viejo Dios quisiera castigarle a él y romperle el corazón a él...eso, podía soportarlo, pero a su propio "Milagro"? por qué tenía que hacer sufrir a Chloe? POR QUÉ?
Sus lágrimas resbalaron por sus mejillas y se perdieron en el aire mientras sus ojos oteaban el cielo nocturno de su ciudad favorita. Había vivido tanto en ella, había descubierto tantas cosas, disfrutado de tanto...y de tanta gente. Era cierto que desde que había aterrizado en ella en el 2011, ya había notado que ésta no sería una visita al mundo de los mortales como tantas otras y que Los Ángeles no sería como las otras ciudades que había visitado en el pasado. Con cariño y tristeza, recordó las palabras que su querida amiga, terapeuta y ahora madre de su sobrino le dijo alguna vez:
-"Creo que la gente viene a L.A por dos motivos: o bien para huir de algo o bien porque buscan algo. Tal vez sientes que éste es tu hogar porque ya has encontrado lo que viniste a buscar".
"Mi querida Linda, cuánta razón tenías", pensó, sabiendo de sobras que Chloe había sido la que había calmado aquel anhelo eterno que sentía y llenado el enorme vacío que lo conformaba. Y gracias a ella conoció el verdadero compañerismo, la honestidad, la honradez, la bondad, la verdadera lealtad, la confianza mutua, aprendió a diferenciar entre el deseo sexual y el anhelo por alguien y, sin ni si quiera darse cuenta, logró que completara el recorrido que él mismo había iniciado sobre querer conocer a los humanos; incluso consiguió que quisiera, y mucho, a su cría. Esa enana chantajista que se atrevía a pactar con él, un ser puro lleno de ternura, bondad innata, inteligencia chispeante y una alegría desbordante...joder, también la iba a echar mucho de menos. A TODOS.
Y ese todos incluía a su demonio, a su "sexy matona" como él la llamaba. Esperaba que Mazikeen le perdonara por abandonarla allí y que comprendiera que él ahora valoraba que tuviera una familia humana. Ella sería ahora más feliz protegiendo al bebé Charlie, a Linda, burlándose del bueno de su hermano Amenadiel, enseñando a protegerse y a cazar demonios a Trixie (como si él o su madre fueran a permitir que la pequeña cría de su Detective tuviera que enfrentarse a alguno jamás), cazando a malvados sola o con Daniel y, pensando un poquito egoístamete, esperaba también que protegiera a Chloe.
Volviendo a sentir su corazón retorcerse de dolor, miró al cielo con agotamiento.
- "Cuando vas a cansarte de manipularme, padre? Hacerme sentir todas estas emociones humanas, hacerme creer que tenía el control de mi vida de nuevo para luego, después de hacerme pedazos, lograr que yo mismo tome la decisión de volver al infierno. Y qué pasa con Chloe? nos has empujado hasta el punto en el que se ha tenido que enfrentar al Diablo mismo sabiendo lo que le hace eso a una mente humana y justo cuando..." su garganta se apretó, medio asfixiando sus palabras, -" justo cuando logró aceptarme por quien soy, cuando por fin me dijo que me amaba, a mí, al ser más indigno de la creación, me apartas de ella..."
Un cambio en las partículas en el aire llamó su atención. El campo magnético de la tierra vibraba diferente, entrando en resonancia con el siguiente plano de existencia con el que colindaba. Pronto el olor a azufre y a ceniza inundaron sus fosas nasales y, con determinación, aceleró para atravesar el velo, la frontera entre mundos.
Era cierto que el infierno ardía, en eso no se habían equivocado los humanos, pero más bien era tan sólo una capa de aquel vasto mundo que incluso él mismo, en sus eones de vida, no había logrado explorar en su totalidad. Se preguntó si las llamas podrían afectarle en su apariencia angelical, recordando que la primera vez que las atravesó en esa forma, le quemaron por completo su piel, logrando convertirlo en un monstruo deformado. Pero luego recordó que no estaba emulando su caída. Ahora aquél descenso, aunque para él también era un suplicio, no formaba parte del castigo divino original y por lo tanto, no tenía por qué tomar su apariencia de Diablo y podría seguir con su forma angelical, tal y como hizo cuando rescató a Abel para ayudar a Caín.
-"Maldito Pierce, espero que estés ahí abajo", masticó entre dientes, cuando recordó que el bastardo casi mata a la detective.
Continuando con su descenso, contempló cómo miles de almas caían al mismo tiempo, todas llorando y gritando con auténtico terror, pasando por aquella fase infernal en la que tenían que arder. El fuego como limpieza y purificación inicial, para que luego sus incinerados cuerpos volvieran a su forma original.
Tras experimentar lo que -para sus débiles mentes humanas eran años- el absoluto pánico de estar cayendo sin fín, atravesando capas y capas de fuego, alquitrán, azufre y cenizas, asfixiandolos en pavor y agonía, en muerte y en regeneración; dejaban de caer, aterrizando en lo que para ellos, podía ser cualquier escena normal de un día en su vida cualquiera. Y así, El averno, con toda la crueldad con la que había sido diseñado, los dejaba respirar tan sólo unos segundos en sus propios infiernos, haciéndoles creer que todo había sido una pesadilla, hasta que los demonios iniciaban el ciclo. Un bucle eterno de tormento y miseria.
Sus alas cubrieron su rostro cuando tuvo que atravesar la última nube de ceniza, la más densa y caliente, la que provocaba aquella lluvia gris sin fin en el resto del paisaje que ahora se descubría ante él. Millones y millones de infiernos, creados y confinados en piedra, como una siniestra ciudad eterna, cuyos picos desestructurados y enrevesados se extendían en un horizonte infinito.
En el centro de todo, se alzaba su trono, esculpido por él mismo hace eones, lo suficientemente alto para que las asquerosas alas de un demonio no pudieran alcanzarle, pero lo bastante cerca como para poder oír los ruegos, las súplicas, las quejas, los gruñidos, las peticiones y las risas histéricas de los demonios y los seres de la noche que allí habitaban, desterrados a la eterna oscuridad, al igual que él, mientras disfrutaban del placer de poder proporcionar dolor a otros. El mismo placer del castigo que con los milenios, llegó a corromper su corazón hasta transformarlo en un demonio, dejando muy atrás la apariencia del Arcángel que alguna vez fue, antes de que su padre le despojara de la mayoría de sus poderes, dejandole tan sólo los suficientes para poder reinar en aquel páramo de desdicha y vergüenza, de olvido y humillación.
Con un último batir de sus alas y un ágil movimiento, se sentó en aquel maldito pedestal, manchando su traje de Armani de ceniza y suciedad casi de inmediato. Con evidente repulsión en su cara, se recolocó los gemelos de su todavía impecable camisa y extendió sus manos, ambas ahora elegantemente posadas sobre los rocosos reposabrazos. Dejó que su semblante mostrara tristeza por última vez, antes de volver a levantar todas aquellas barreras que había bajado en la tierra y protegiendo lo que ahora sabía que sería una debilidad detectable, de aquellos seres que ya habían sido alertados de su presencia. Y es que Lucifer no era tonto, sabía que ahora mismo ya no era el Diablo per se, aunque tampoco terminaba de sentirse ángel. Muy en su interior, había deseado ser simplemente un humano, un humano libre del gran titiritero. "Otra ironía" se dijo, al darse cuenta de que ahora deseaba convertirse en el mismo ser que le llevó a su perdición, a su caída, al sentir como hacía ahora, envidia de ellos.
-"Los viejos hábitos nunca mueren" se burló de sí mismo.
A lo lejos, pudo divisar el movimiento de cientos de demonios, todos armados y en actitud beligerante dirigirse hacia su trono, encabezados por el maldito Dromos.
Con un gruñido de satisfacción, sonrió de forma sardónica mientras que sus ojos se tornaban rojo fuego y su poder comenzaba a condensarse. Ahora, libre de las ataduras que rigen el mundo mortal, podría darle rienda suelta a su verdadera naturaleza y a sus verdaderas habilidades.
Y, con un íntimo y último pensamiento hacia Chloe, esperó que su propia actitud engañara hasta al mismísimo infierno, un ente que piensa por sí mismo y que, tal y como se equivocaban los humanos, no respondía a su voluntad y que no dudaría en atraparlo en su propio bucle de tormento, al detectar mínimamente su miedo y su culpa. Y no, no había abandonado a la mujer que amaba y a sus amigos para quedar atrapado de esa forma, no permitiría tampoco que los demonios volvieran a corromper su alma y no abandonaría a los humanos a su suerte, no ahora que comprendía cómo de especiales eran...
- "PONME A PRUEBA!" rugió hacia el tornado que giraba en furiosa espiral sobre su cabeza, antes de extender sus alas en magestuosa muestra de poder y lanzarse, con la velocidad de un misil, contra las hordas infernales que corrían hacia él.
Sin embargo, el antaño omnisciente arcángel, no pudo percatarse, envuelto en pura ira y deseo de venganza contra Dromos y su intento de golpe de estado, de que, muy arriba, más allá del velo, en otro plano de existencia, varios pares de ojos eran testigos de su épica y sorpresiva vuelta al infierno.
-"Estas seguro de que son las órdenes correctas, hermano? justo ahora que Lucifer vuelve a ocupar su trono" habló una de ellos, ataviada con una armadura de guerrera más que con las típicas túnicas a las que los mortales estaban acostumbrados a ver, muy a su pesar, pues odiaba estar en contacto con ellos.
Remiel* era una guerrera, una arcángel menor, más joven que sus hermanos, eso sí, pero había sido entrenada por el mismísimo Amenadiel, quien tomó el lugar de Lucifer cuando éste cayó. Sus alas representaban los patrones de un halcón peregrino. Varias anillas de plata decoraban sus mechones de pelo, colocados hacia atrás y enrevesados con frondosas trenzas de cuatro capas, algo que permitía su lustrosa y brillante melena castaña oscura. Su rostro era parecido al de una nativa americana, pues Dios, en su creación junto a la Diosa, decidieron que cada ángel representara a cada raza humana y que sus alas se parecieran al mismo tiempo a cada especie de ave, en honor al alto grado de supervivencia que éstas mostraron cuando diferentes tipos de cataclismos ocasionados por su madre, casi destruyeran la vida en el jardín de pruebas que fue el planeta Tierra en sus orígenes.
A su lado, otro de sus hermanos, con alas moteadas en gris y blanco, haciendo juego con sus rizos color plata, tan sólo le dedicó una mirada decidida, haciendo que sus irises color negro destellaran, como su única respuesta. Era extremadamente blanco y lucía como un hombre viejo, a pesar de que los ángeles no envejecían. Pero en su creación, obtuvo siempre una sabiduría extra que él aprendió a relacionar con la edad. Duma**, apodado "el ángel del silencio" era famoso por su acertado juicio, su obediencia y su paciencia ante las adversidades. Cansado de la impulsividad de muchos de sus hermanos, había cultivado la telepatía para no tener que molestarse si quiera en hablar con ellos. Siempre observaba y analizaba y parecía estar dos pasos por delante. Su aspecto no le importaba lo más mínimo, por eso se automaterializaba como un anciano. En sus encuentros con la humanidad, él fue el que extendió la creencia de que " más sabía el diablo por viejo que por diablo", haciendo que los humanos relacionaran la edad con el conocimiento y, en cierto modo, halagando a su hermano caído, pues Duma siempre había admirado la inteligencia de uno de sus hermanos más viejos. El tercero de la creación, aunque fuera un eterno adolescente, inquieto, rebelde, curioso, descarado, juguetón...
Duma siempre pensó que Lucifer era el Arcángel más humano que sus padres habían creado y de seguro Dios conocía su opinión con respecto al castigo que sufrió su hermano por su rebeldía. Duma no lo aprobaba en el fondo y, las órdenes recibidas, le habían hecho sentirse aliviado y agradecerle al Tiempo como propia entidad, pues sabía que éste siempre ponía las cosas en su sitio, donde debían estar, fueran quienes fueran. El tiempo y la Muerte eran lo único a lo que incluso un Dios omnipotente no podía escapar.
-"Por todos los santos! al menos podrías decirme algo por esta vez, Duma*. Significa a caso que nuestra misión nos va a convertir ahora en ángeles caídos? Ya sé que eres el ángel del silencio, pero...si tengo que pasar milenios ahí abajo contigo, si no me hablas, me volveré loca!" se quejó, moviéndose nerviosamente de un lado para otro, sobre el filo de una de tantas plataformas que adornaban La Ciudad de Plata. -"Crees que Padre me ha castigado por intentar matar a esa humana compañera de Amenadiel y traer al néfilim aquí?"
-"Su voluntad no es un castigo, Remiel. Deberías ya de conocer que los caminos que nuestro Padre escoje para nosotros son indescifrables y que todo lo hace por una razón. Nada puede discutir con su omnisciencia y su omnisapiencia" les respondió esta vez otro ángel, su voz poderosa resonando en sus cabezas, sin ni si quiera haber tenido que gesticular palabra alguna. Tras girarse ambos, se inclinaron ante el tercero, quien elegantemente, mantenía un vuelo sosegado sobre ellos, batiendo sus hermosas alas color miel. Siendo amable como era, procuró reducir él mismo su potente divinidad, para que su condición de Arcángel no afectara en demasía a sus dos hermanos más débiles.
-"Gabriel" contestó Remiel, abrumada por la presencia del mensajero de Dios. Era muy inusual que los ángeles de menor categoría coincidieran con los principales Arcángeles y, asombrada tras notar cómo sus propias alas temblaban bajo el poder que irradiaba su hermano mayor, se preguntó cómo sería encontrarse en la presencia de Miguel, el más poderoso de ellos, el guerrero de Dios, el único que pudo doblegar a Lucifer.
Gabriel era un arcángel único. Su belleza andrógina siempre parecía otorgarle rasgos femeninos en su dulce rostro de piel de porcelana, mientras que su cuerpo, definido, musculado e ilustrado en todas las artes de lucha, era masculino. Podía decirse que era el ángel más puro de la creación. Existió antes que la dualidad "masculino/femenino" y era completamente asexual.
Su pelo, de un rubio dorado, hacía juego con sus ondas que grácilmente flotaban sobre su túnica, siempre blanca e impoluta, pues él, además de ser el mensajero de Dios, representaba la pureza y la misericordia. En su cinto portaba la Trompeta del Apocalipsis, la que, para su alivio, aún no había tenido que tocar ni una sóla vez y era gracias a que su hermano Samael había logrado someter a los demonios y a las almas caídas desde que esta tarea le fue encomendada.
Sus centelleantes ojos naranjas, mostraron rápidamente piedad, al darse cuenta de que su abrumadora presencia divina estaba sometiendo, sin querer, a sus hermanos pequeños y, de inmediato, redujo el pulso de su divinidad y posó sus descalzos pies en el suelo.
Remiel y Duma agradecieron el gesto con una leve inclinación de cabeza y se arrodillaron ante él.
Se decía que él fue el que enseñó a los humanos a hablar. Era el patrón de las musas que inspiraban la música y la poesía y también fue el que enseñó a Lucifer a tocar el piano.
-"Padre lleva demasiado tiempo esperando este momento. Se avecinan cambios, hermanos y, así como Samael pronto ya no estará obligado a mantener el equilibrio reinando en el infierno, algunos tendréis que ocupar su lugar mientras termina de completarse su destino." Esta vez les habló utilizando palabras vocalizadas, su melodiosa voz femenina les habló en perfecto enoquiano***
Remiel y Duma asintieron, sin duda ni miedo, pues eran ángeles obedientes, pertenecientes a las huestes de Miguel.
-"Os volvéis a referir a él por su nombre de nacimiento...significa eso que PADRE le ha redimido? y cómo es que no nos da las órdenes nuestro propio caudillo?" cuestionó de nuevo Remiel, ganándose una mirada menos amable de Gabriel.
-"Mis palabras son sus palabras, hermana. Yo sólo transmito, no pregunto, no analizo. Y tú deberías hacer lo mismo, en vez de comportarte de una forma parecida a como hizo Samael eones atrás. Quizás sea por vuestra semejanza por lo que os ha elegido para ocupar su lugar". Su mirada, naranja intensa, brilló levemente, aseverando su discurso sin dejar lugar a réplicas.
Duma sin embargo entornó su impenetrable mirada, percatándose de que el referirse a Miguel había provocado cierta inquietud en su hermoso hermano.
-"Está bien, está bién, hermano Gabriel. Obedeceremos. Marchando un dos por uno, entendido" bromeó Remiel, dándose cuenta de inmediato de que sí, ciertamente, guardaba alguna semejanza con Lucifer al soltarle una broma a un Arcángel sin pestañear. Ella parecerse al traidor de su hermano mayor? jamás! y encima se vería obligada a "caer", porque eso es lo que significaba para ella ser el reemplazo de Lucifer en el infierno.
-"Aún no debéis emprender la marcha. Tomad" les entregó entonces dos ramas de Lirios, sus flores identificativas. Éstas irradiaban divinidad, sin dudas impregnadas por él mismo. -"Os ayudarán a atravesar el velo que separa el Averno del mundo mortal y os guiará hasta Samael a través de los nueve círculos"
Ambos ángeles aceptaron el regalo del Arcángel, pues sabían que tardarían un par de días en completar el descenso y en superar las siete capas de existencia que conformaban El Cielo.
-"Debéis daros prisa. El tiempo allí abajo es muy distinto y Samael estará al límite cuando vosotros lleguéis" les alentó.
-"Qué? crees que Lucifer someterá a toda una rebelión demoníaca en tan poco tiempo?" se asombró Remiel, mirando con asombro a Duma y a su hermano mayor. -"Sé que es muy poderoso, a pesar de que no está completo, pero eso..." puntualizó, con dudas
-"Para la tierra habrán pasado dos meses. Padre lo ha visto" sentenció, sin lugar a réplicas. Su verdad era absoluta, pues era la de Dios.
Duma entonces se despidió con otra reverencia y tiró de su hermana para iniciar el vuelo en descenso. Todo estaba claro para él, debía ser paciente para que las cosas encajaran, como siempre.
Gabriel plegó sobre su espalda sus hermosas alas. Con más conocimiento del que había expresado, sintió compasión por sus hermanos, que ahora marchaban hacia el averno. Sabía que eso también era parte del plan de Dios y que ellos no serían abandonados allí abajo, tal y como le pasó a Samael, hermano por el que aún sentía un profundo amor, a veces incomprensible incluso para él. Pero era absolutamente necesario, tal y como le había explicado su Padre, que Samael saliera del infierno de inmediato y recuperara su condición de Arcángel, puesto que el cielo no podía permitirse la pérdida de ninguno más de ellos, a fin de conservar el equilibrio entre mundos, ahora severamente amenazado.
En cuanto a su redención, aún seguía dependiendo del mismo Samael. Él había sido indultado por su autosacrificio y por años de piedad y bondad que había manifestado en la tierra, pero aún no había obtenido la Redención.
-"Cuando llegue el momento, comunícaselo a Amenadiel, hijo mio. Él es el guía de Samael en la tierra. Deben estar preparados para volver a recibir a un ángel dañado y confundido. Noto desde aquí cómo su sensible alma comenzará a castigarle, cuantos más y más demonios asesine y cuanto más y más eche de menos a su compañera. Ya me ha demostrado en mis visiones que no volverá a corromperse." Entonces Gabriel notó cierto tintinear en la voz de su padre, cierto afecto y orgullo disfrazados tras ellas. -"Debe volver al lado de Chloe Decker, pues ella sí que está ya rota. Nunca pretendí que soportara tanto dolor, pero de nuevo, era necesario" retumbó de pronto en su cabeza la omnipresencia de su Padre.
-"Debo pedirle a nuestro hermano Rafael que baje a sanarla? veo que tiene daños en su alma..." cuestionó, dirigiendo sus ojos hacia el plano terrenal y hacia donde Chloe se encontraba. Observó a la joven hecha un ovillo sobre sí misma, llorando de forma inconsolable. Los humanos habían sido creados para olvidar y superar el dolor mucho más rápido que los ángeles, debido a su corta vida; pero ella...ella no mejoraba.
-"Todo forma parte de su aprendizaje, Gabriel. Es normal que esté así. La creé con una voluntad inquebrantable. Ha probado de todo para sacar a tu hermano del infierno. Lo que percibes en ella es frustración y el desolador efecto secundario de creer que jamás volverás a ver a tu amor verdadero" retumbó de nuevo suavemente en su cabeza.
-"Jamás pensé que un amor semejante, del tamaño de nuestra eternidad, pudiera manifestarse en una mortal". Gabriel se apiadó de la joven, bueno y puro como él era.
-"Tenía que ser lo suficientemente poderoso como para provocar el cambio en Samael" explicó, como una excepción, su Padre.
-"Y para albergar dentro de sí un amor de tal magnitud, la creasteis" resumió Gabriel, ya sin percibir la presencia de su padre tras él.
Sin embargo, Gabriel suspiró descorazonado. Un alma humana no estaba preparada para sufrir semejante dolor emocional. Realmente Samael podría sacarla de su agonía? Sus gráciles ondas, de un dorado casi cobrizo, flotaron mecidas por la brisa matutina, si es que se pudiera decir que amanecía o anochecía en la Ciudad de Plata, estando constantemente recibiendo el destello de soles y cúmulos estelares...
Con empatía por su hermano caído, el creador de la Estrella de la Mañana -la primera que iluminó el universo- Gabriel observó tan magnánima creación, en donde "el portador de la luz" encendió sus divinas llamas por primera vez para complacer al ser que más quería en el mundo: A su Padre. Cómo fue posible que una creación tan pura como lo fue él, hubiese provocado tal desastre a posteriori? La auténtica maldad no podía nacer de un ser lleno de luz. Era antinatura. La Luz de Samael, que en su auténtica forma, era capaz de erradicar cualquier oscuridad ...
Girando su rostro hacia el palacio celestial, sonrió para sí, pues supo de inmediato que su Padre le estaba permitiendo reflexionar. De seguro todo lo que ahora bullía en su cabeza, ya había sido visto por Dios.
-"Padre...es esto, el pensar libremente, parte del Libre Albedrío?" cuestionó mentalmente, sabiendo que no obtendría respuesta alguna. Romper la conexión sin avisar era muy propio de Dios...
Él había oído las historias de Amenadiel cuando había vuelto de su periplo por la tierra. Había escuchado cómo su hermano mayor le habló del poder de los ángeles para "automaterializarse" lo que podía ser interpretado como que todos tenían libre albedrío...y esa afirmación, había sido justo lo que ahora les había conducido a esa situación. Sin embargo, Amenadiel no había sido reprendido ni castigado ni tampoco corregido en sus afirmaciones... Desde Luego, Gabriel no entendía algunas acciones de sus padre pero, a diferencia de sus hermanos, él tenía una confianza plena en su Padre y en su plan.
NOTAS DE LA AUTORA:
Hola de nuevo, si es que hay alguno de vosotros por ahí...jejeje. Pues bueno, en este episodios hemos visto algo del cielo, hemos conocido a otro Arcángel como es Gabriel y aquí vienen las aclaraciones:
*A Remiel ya la habéis conocido, salió en la cuarta temporada para llevarse a Charlie al cielo.
Un Néfilim, que así es como es llamada la raza resultante de la mezcla entre un humano y un ángel. Ése es su nombre despectivo. Su verdadero nombre en enoquiano sería "MERIFRI". En la serie, se ha dicho que Charlie es el primero, pero en la historia, se ha recogido testimonios de la existencia de esta raza hace miles de años, cuando nosotros éramos otra humanidad y los ángeles bajaban a la tierra y se mezclaban con nosotros libremente. Ser un néfilim adquirió connotaciones negativas al resultar ser seres a veces gigantes y otras veces monstruosos o peligrosos. La mitología griega adoptó mucha de estas historias de los néfilim para adaptarlos a sus semidioses, pero también a sus monstruos e incluso titanes... Todo por su puesto son suposiciones, palabras de religiones y textos antíguos, aunque yo, personalmente, pienso que tienen algo de verdad.
**Duma no ha salido aún en la serie, pero en el cómic, es otro de los hermanos de Lucifer. En la novela gráfica, Remiel y Duma son los encargados de sustituir a Lucifer en el infierno de verdad cuando él decide marcharse la los ángeles, así que eso lo he adoptado del cómic.
***Enoquiano, la lengua de los ángeles. Si buscáis en Internet, hay un diccionario en pdf de unas 371 páginas. Lucifer va a hablar en Enoquiano en el siguiente episodio, así que intentaré dejaros el link por si queréis mirarlo.
Se dice que el cielo se divide en 7 capas o planos y que el infierno en 9 capas o "anillos". Extenderé la explicación en los siguientes episodios.
Por último, os he dado un par de pistas en este episodio. Ya os he dado a entender que algo no va bien en el cielo y en el equilibrio a pesar de que Lucifer está haciendo su trabajo. Dios ha aparecido y debo deciros que no va a ser un ente impasible en mi fic, ya que yo creo en él como la energía creadora, creo en su bondad y en su luz y como padre que es, sabrá intervenir en los momentos adecuados...
"Sed Felices!"
