Disclaimer: HxH pertenece a Togashi. La historia es mía. Enjoy. Gracias por leer y comentar.
Notas: 1) Probablemente los personajes serán muy ooc, lo lamento, pero fue una idea impulsiva.
2) El uso de los símbolos se basa en los comentarios de Ishida en su entrevista junto a Togashi, pero interprétenlos con libertad. Como ffnet no permite uso de unicode, utilizaré sus nombres en inglés entre asteriscos para representarlos. Ej: *club* corresponde al trébol; *diamond* a diamante; *heart* a corazón; *spade* a pica.
.
.
.
Telaraña
.
.
Capítulo 2: Acechar
.
.
El poco tiempo que Hisoka estaba junto al Ryodan lo pasaba vigilando a Chrollo, que de manera desesperante solo se enfocaba en sus libros. Veía, por momentos, cómo se relacionaba de manera especial con los demás. Eran una barrera de protección. Y él un guía, un padre, un cura, un hermano mayor. Un líder. Cuyo mayor creyente era Machi. A veces también parecía un amigo.
Aquel día no quería jugar. Terminó su misión rápido simplemente matando a todos quienes se cruzaron y volvió con la dirección que le pidieron averiguar. Pudo ser un trabajo limpio y simple. Estirar la bungee gum, robar un papel. Las cartas en plena yugular cubiertas por sangre fueron innecesarias.
Llegó antes que todos a la guarida. Utilizó zetsu y comenzó a acechar a su presa, el corazón apurado. Tenía sed de sangre ese día, pero de una que pudiera defenderse. Que pudiera pelear por su vida y que pudiera ser vengado por más juguetes. Se relamió cual gato después de comer y comenzó a acercarse.
Por supuesto que Machi estaba ahí. Vigilando a Chrollo. Ella fue la última en irse, ¿Cómo pudo regresar tan rápido si su trabajo era seguir a unas personas? Eso tomaría como mínimo un día.
Hisoka no había amanecido con ganas de manejar sanamente su frustración y la número tres estaba colmando su paciencia poco a poco. Siempre alerta. Siempre desconfiando de él. Comenzó a relajarse. Tampoco era tan malo ser considerado una amenaza por la araña que jamás expresaba sus sentimientos.
Pero ahí estaba, riendo. Hisoka se sobresaltó y casi revela su presencia. La risa de Machi fue extremadamente breve y suave. No iba con ella. Después de hacerla reír, Chrollo volvió a su libro. La mujer estaba otra vez impasible, caminando a su sitio habitual.
"*diamond*".
Procedió a actuar como si hubiese llegado recién de su misión, entregó la dirección a Chrollo y comenzó a jugar con sus cartas. Con una gran sonrisa se acercó a ella.
- Ma-chi *heart*
Las ofreció en un abanico para hacer un truco o distraerla. Ella lo ignoró. Cuando pronunciaba su nombre tan lentamente se le erizaban los cabellos de la nuca haciendo que se pusiera alerta. Sus instintos no fallaban, Hisoka no era de confiar, pero Chrollo lo había aceptado en el grupo.
- ¿No quieres que adivine tu carta?
- Pensé que los payasos hacían reír.
Hisoka regresó a su sitio en lo alto del lugar, cerca y lejos. Los demás volvieron. Machi bromeaba un poco, pero había algo distinto en su relación con Danchou.
Meses después se reunieron en Yorkshin. Chrollo buscaba algo, aunque no había revelado qué. La ciudad estaba controlada por la mafia, pero el robo era minúsculo comparado a la preocupación que el líder del grupo mostraba. En ese momento no lo sabían, pero de ahí conseguirían información para una importante subasta a futuro.
Al terminar, Chrollo los reunió y permitió que cada uno hiciera lo que quisiera hasta su próximo llamado la semana siguiente.
- ¿Dónde está Machi? - preguntó Nobunaga mirando alrededor.
- Salió hace quince minutos, tiene cosas que hacer.
- ¿Una misión especial sin nosotros? Tssch.
- No una misión -repitió Pakunoda - cosas.
La rubia arrastró la última palabra con una sonrisa mientras lanzaba una carta al centro de la pila. La cara de Nobunaga se relajó.
- Es cierto, estamos en Yorkshin... bien por ella. ¡UVO, SIN TRAMPAS!
"Cosas". Quince minutos no era demasiado e Hisoka confiaba bastante en su rapidez y capacidad para espiar a alguien. Le costó encontrarla, un par de horas de hecho, a veces la sentía cerca y a veces se perdía, pero logró hacerlo justo cuando iba a rendirse.
La reconoció saliendo de una tienda de hilos con una gran bolsa. No llevaba su traje habitual, vestía una sudadera rosada que tapaba su pelo con la gorra, sobre este una chaqueta de motociclista roja y brillante, jeans oscuros, con razón no la reconoció. La observó de lejos. "Aburrido", pensó, cosas era en realidad compras, había pasado dos horas buscándola para descubrir que le gustan los hilos, algo fácil de deducir.
Machi esperó en una esquina a que los autos terminaran de pasar mientras una sustancia rosada salía de su boca y formaba un globo que luego volvía a masticar. "Ma-chi... así que te gusta la goma de mascar *heart*". La chica había recuperado toda la atención del mago.
Decidió acechar un poco más hasta que llegaron a un sector alejado del centro de la ciudad. Departamentos abandonados, pocas personas, vidrios rotos. Lo que a la mafia no le interesaba cuidar, pero tampoco lo que le interesaba esconder. Un buen equilibrio.
Hisoka podría ser muchas cosas, pero no alguien que escatima en comodidades cuando pueden tenerse. La ciudad estaba llena de hoteles a los que él podía acceder con su licencia de cazador. El gusto del Ryodan por estar en basurales era incomprensible.
Esperó a que Machi llegara a un edificio y luego buscó su ventana. No daba a la calle, sino a un espacio interior bien protegido, pero de fácil escape. También notó que estaba completamente rodeado de hilos protegiendo todas las entradas. Un departamento cubierto con una telaraña de nen.
Hisoka se acomodó gracias a su bungee gum mientras ella quitaba las redes. Dejó la bolsa en una pequeña mesa y se estiró en la cama, sin dormir, por largo rato, masticando lentamente. El mago se encontró a él mismo esperando los segundos en que reventaba los pequeños globos con los dientes, concentrado en mirar la punta de la lengua que quedaba atrapada al centro de la burbuja. Él podría hacerlo también. Apretar su cuello con su nen, llenar su boca de bungee gum, ahogarla lentamente, ojos de terror y no de calma.
Se estaba emocionando demasiado y sabía que ante cualquier descuido, Machi lo descubriría. Prefirió regresar a su hotel, simple y cómodo, con servicio a la habitación y una ducha fría.
