Capítulo V: Amenaza en la Niebla (Kurapika).
Kurapika se detuvo. Luego gritó.
—¡¿Leorio?!
Su compañero Leorio estaba en el suelo. Kurapika se acercó hasta él. El niño de pelo blanco se apartó un poco para darle espacio.
Kurapika le tomó el pulso. Para su alivio, su corazón aún latía.
—No le hice nada —dijo el chico de pelo blanco, excusándose antes de que lo acusaran.
—Lo sé —le respondió Kurapika. "Si hubieras intentado hacerle algo… te habría detenido", pensó. Kurapika había estado observando muy alerta ese intercambio. El chico le había dado una mala impresión. Una persona normal no habría podido seguir participando luego de ingerir esos laxantes. Si es que realmente lo había hecho, podía ser alguien peligroso.
—¿Qué van a hacer? —preguntó el chico.
Recién en ese momento Kurapika se dio cuenta que Bonty también se había detenido.
—Llevaré a Leorio a un hospital —dijo Kurapika—. Tomaremos el examen el próximo año.
"Debí suponer que esto iba a pasar, pero no podía decírselo. Seguramente él también lo sabía, pero tampoco lo iba a admitir. Leorio no es ese tipo de persona."
—No creo que sea necesario —dijo Bonty.
—Lo es. Leorio no puede continuar así, y no lo voy a dejar abandonado. —Kurapika observó el maletín de Leorio, que estaba tirado en el suelo a unos metros de allí, junto con su navaja y otras cosas que se habían salido desparramadas al caer—. Agradezco tu ayuda de antes. Ojalá pases el examen, Bonty, si no… Nos vemos el otro año.
Comenzó a recoger las cosas y echarlas al maletín.
—Podrías cargarlo hasta la siguiente prueba, ¿no? —sugirió Bonty.
Kurapika se detuvo y se giró para mirarlo. No podía creer que le estaba sugiriendo algo tan estúpido, pero trató de responder con cortesía.
—Podría, pero, no sabemos por cuánto tiempo más tendremos que correr. Si lo que creemos es correcto, entonces esta prueba es una maratón. Tendremos que correr por horas. Con el peso extra de Leorio, tal vez pueda seguir por una hora más, si no me desmayo antes por el cansancio. No, no vale la pena.
—Tiene razón —dijo el chico de pelo blanco—. ¿Por qué arriesgarse tanto por algo sobre lo que no estás seguro? En el peor de los casos los dos perderían, y estarían a decenas de kilómetros de cualquier asistencia médica. Solos, en el túnel.
Bonty hizo una mueca como de estar tratando de entender lo que decían, pero sin lograrlo del todo
—Bien. —dijo Bonty—. Pero si tú no puedes, yo puedo hacerlo.
"¿Me puso atención en algo?"
—¿Hablas en serio? —dijo el chico de pelo blanco, riendo— ¿Por qué ibas a hacer algo así? ¿Cómo?
—Necesito compañeros —respondió Bonty—. Este examen no se puede pasar solo.
—Estoy seguro que puedes encontrar más compañeros.
—No lo sé, sinceramente, los participantes de esta prueba son de las personas más desconfiadas que he conocido. Si tengo la oportunidad de demostrar que merezco la confianza de alguien, generalmente la tomo. Además… Tú y Kurapika parecen sujetos fuertes. —Sus ojos marrones oscuro, que al parecer tenían siempre esa leve sonrisa, los miraban con una seguridad extraña. Su cabello, que parecía el de una muñeca recortado por tijeras infantiles, se movía de lado a lado cada vez que hablaba.
—A mí no me metas en esto —dijo el chico de pelo blanco—. Yo no los conozco. Ustedes me detuvieron para molestarme por mi patineta, y… Debo seguir. —El chico puso su patineta otra vez en el suelo y se montó—. Adiós. —Se impulsó con los pies y se perdió en la oscuridad del túnel.
—Bueno, él se lo pierde —dijo Bonty.
—Bonty —le dijo Kurapika—. Agradezco tu voluntad, pero, lo mismo que dije sobre mí corre para ti. No durarías demasiado tiempo.
—Je. Me subestimas. Puedo hacerlo. —Bonty parecía confiado—. En mi ciudad natal levantamos cerdos gigantes como deporte, el peso de Leorio no será nada en comparación.
Kurapika lo miró un par de segundos, dubitativo.
"¿Es oriundo de Las Tierras?" —Kurapika había leído sobre esa tradición de levantar cerdos. Era un deporte local en Las Tierras, un grupo de cinco pueblos al Este de Yorkshin. Lo llamaban así porque era un sector principalmente agrícola. Una vez al año hacían una competencia, la llamaban "Carrera con cerdo". Partían en El Pino, que era el pueblo más grande, y tenían que recorrer los otros cuatro pueblos, hasta llegar a El Abedúl. Si lograban llegar al último pueblo antes del anochecer, se ganaban el cerdo que habían cargado, y además el primero en llegar se ganaba una bolsa llena con el dinero que habían apostado.
"¿Qué haría Leorio en esta situación…?"
Kurapika lo pensó unos segundos más. "Lo que más odio es a los cobardes que se rinden", dijo Leorio en el barco.
"No querría rendirse."
—Bien. Acepto —le dijo—. Pero tenemos que turnarnos. Cambiamos cada media hora.
—No habría necesidad, pero bueno.
Bonty tomó el cuerpo de Leorio, lo levantó y posó sobre su hombro izquierdo.
Kurapika terminó de recoger las pertenencias de Leorio y una vez hizo eso reanudaron la carrera.
—Tenemos que apresurarnos.
—Sí.
Corrieron lo más rápido que pudieron. Bonty no parecía tener problemas por el peso extra.
Diez minutos después recién alcanzaron la cola del grupo, pero al llegar no quisieron adelantarse más, ya que hacerlo significaría un esfuerzo innecesario.
Pasaron cerca de tres horas. Kurapika y Bonty seguían corriendo al final del grupo de aspirantes. A Kurapika ya le habían tocado tres turnos. Su cuerpo ya estaba llegando a sus límites.
—Es mi turno—le dijo Bonty.
—Sí.
No quería admitirlo, pero sentía que ya no iba a poder eso por mucho tiempo más.
Bonty comenzó a quitarse la parte superior de su ropa.
—¿Qué haces? —le preguntó Kurapika.
—Está empezando a hacer calor. Deberías hacer lo mismo.
—Hmm… Tienes razón. —Kurapika se quitó su mantó y lo guardó en su bolsa.
—¿Sólo eso?
—¿Qué? ¿Me quieres ver desnudo?
Los dos rieron.
Pasaron unos minutos.
"Nadie se retira aún."
Kurapika no podía creer que, en más de tres horas, ni uno solo se hubiera retirado; el nivel de los aspirantes era sin dudas impresionante.
Pasaron tres horas más.
El cuerpo de Kurapika estaba cubierto de sudor. Pero ya no se sentía cansado, de alguna forma, se había acostumbrado al peso de Leorio.
Había un aspirante cerca de ellos. Era un joven obeso que en sus manos sostenía una computadora portátil. Apenas corría y se veía en muy mal estado. Ya había llamado la atención de Kurapika antes, cuando salieron del elevador junto a Leorio; parecía un chiquillo normal y sin entrenamiento físico, por lo que destacaba entre los demás aspirantes.
"Para ser así llegó muy lejos."
—No… puedo… perder… —decía el joven mientras se iba quedando atrás.
El chico soltó su computadora, que se hizo trizas al chocar contra el suelo.
Los hermanos Amori también estaban allí, en la cola de la maratón. Eran tres de los veteranos destacados sobre los que Tonpa les había hablado.
—¡Oye, novato! —le gritó al joven uno de los hermanos.
—¡Eres patético! —dijo el que parecía ser el más joven—. Sólo hemos estado corriendo por seis horas.
—Nunca había visto que alguien se cansara tan rápido —dijo el tercero. Un hombretón casi tan grande como Bonty—. Patético.
Continuaron lanzándole insultos y frases desalentadoras. A Kurapika no le gustó su actitud, pero no estaba en posición de entrometerse. Un conflicto en esas circunstancias seguro resultaría en su eliminación, por lo que soportó su molestia en silencio.
"Parece que Tonpa no es la única rata de este examen."
El joven obeso finalmente se detuvo, y cayó de rodillas, derrotado. Era el primer eliminado de la carrera.
Uno de los hermanos pasó por al lado de Kurapika y le dio un empujón con el hombro.
—Perdón —se disculpó, aunque su rostro no parecía arrepentido en absoluto.
—¿Qué le pasó a su a tu amigo, se quedó dormido? —dijo otro al pasar por su lado. Los demás hermanos se rieron.
Kurapika sólo los miró sin decirles nada. Los tres hermanos siguieron hasta perderse entre los demás aspirantes.
Kurapika miró a Bonty y él entendió que ya era su turno. Pararon unos segundos para hacer el cambio. Kurapika sentía que tenía la ropa pegada a su cuerpo.
—¿Estás seguro que no quieres quitarte ese suéter? —Bonty le preguntó.
—No. Estoy bien así. —Incluso en situaciones así Kurapika seguía siendo extremadamente tímido con su cuerpo.
—Bueno… Si tú lo dices…
Bonty se echó a Leorio al hombro y retomaron la marcha.
—¿Estás enojado? —Bonty le preguntó.
—¿Por qué lo estaría?
—Lo que hicieron esos sujetos. Vi tu reacción.
—Sí. No me gustó, pero no podía entrometerme.
—Eres una buena persona. No hay muchos como tú en este Examen. Si te soy sincero, yo estoy acostumbrado a que estas cosas pasen. Al comienzo me afectaban, pero, después de dar este examen un par de veces, te dejan de importar.
—¿Cuántas veces has dado este Examen?
—Me da vergüenza admitirlo, pero esta es mi décima vez.
—Vaya. ¿Por qué fallaste los años anteriores?
—No lo sé… Los demás participantes eran mejores, supongo.
Al final del camino se veía una vuelta. Cuando llegaron se encontraron con unas largas escaleras, empinadas, y con otros aspirantes que al ver eso habían parado a descansar, o tal vez se habían rendido. Sin embargo, no había tiempo para aquello; el grupo les había sacado demasiada ventaja, otra vez.
—¿Aceleraron más? —preguntó Kurapika.
—Así parece.
Mientras subían por las escaleras, los aspirantes que se encontraban descansando miraban a Bonty con extrañeza, probablemente preguntándose cuál era su motivo para cargar a otro hombre; una acción que parecía ilógica y difícil de creer hasta para el mismo Kurapika.
—Oye, ¿qué haces? ¿Estás loco? —le dijo uno de los que estaba descansando.
—¡Llévame a mí! —le dijo otro, entre risas, pero ni Kurapika ni Bonty se detuvieron por esos comentarios.
A lo lejos se veía una luz.
—¡Es la salida! —dijo Kurapika. Bonty asintió con una sonrisa.
Subieron y subieron escalones, hasta que por fin se encontraron afuera del túnel. Bonty bajó a Leorio, con el mayor cuidado que sus adoloridos músculos le permitieron, y Kurapika lo sostuvo de un abrazo. Bonty jadeaba; estaba visiblemente exhausto. El resto de los aspirantes miraba la escena con extrañeza. Kurapika puso su atención en el examinador, que estaba hablando.
—…estén alertas todo el tiempo. Si los engañan; están muertos —les advirtió.
"¿Qué? ¿De qué habla?"
Kurapika miró al resto de los aspirantes, buscando alguna pista de lo que pudo haber dicho el examinador, y entonces se fijó que estaban en medio de lo que parecía ser un gran pantano. El viento lo hizo refrescarse unos segundos. La puerta por la que salieron comenzó a cerrarse, dejando atrás a varias decenas de personas, algunos incluso ya estaban a punto de cruzar, y mientras se cerraba se lamentaron con gritos y llantos.
—Permítanme reiterarlo —el examinador siguió hablando, ignorando los lamentos de fondo—. Las criaturas de este pantano son astutas, y sus trucos son interminables… y mortíferos. Este lugar está lleno de bestias que engañan y se comen a sus presas, es por eso que lo llaman "El pantano de las estafas". Síganme de cerca, y manténganse concentrados, si no lo hacen, están perdidos.
Kurapika miró a Bonty, que parecía un poco más compuesto, pero seguía agachado, con los ojos cerrados.
—¡Es mentira! —gritó alguien—. ¡Les está mintiendo!
Todos se giraron a ver de dónde venían los gritos. Una persona apareció entre la niebla luciendo varias heridas en el cuerpo y arrastrando el cadáver de una bestia.
—¡Es un impostor! —siguió gritando el hombre— ¡No es un examinador! ¡Yo soy el verdadero examinador!
"¿Impostor…?" —Kurapika miró al que pensaba era el examinador.
—Se los demostraré —dijo el hombre herido, levantando el cadáver que traía a rastras y mostrándolo para todos—. ¡Es una de las criaturas de este pantano! ¡El mono con rostro humano!
La bestia ciertamente se parecía al examinador, pero Kurapika todavía no creía en las palabras del extraño.
—¡Les gusta la carne humana fresca —continuó—, pero son demasiado débiles como para capturar a presas por sí mismos, así que se disfrazan y guían a grupos de humanos a los pantanos en cooperación con otras criaturas para capturarlos vivos! ¡Esta vez quieren acabar con todos los aspirantes del Examen de Cazador!
Algo se escuchó, como cortando el aire, y de pronto el hombre tenía tres cartas clavadas en la cara. Se desplomó. Kurapika observó al examinador y vio que tenía cuatro cartas en las manos. En un principio pensó que el atacante había sido él, pero después escuchó el sonido de unos naipes revolviéndose, cerca del cadáver, y vio que era Hisoka quien tenía la baraja.
—Je je, ya veo —dijo Hisoka.
El cadáver que sostenía el hombre muerto de repente se paró y salió huyendo. Hisoka le lanzó una carta más que dio directo en la nuca de la bestia, mandándola al suelo.
—Ahora ya lo sabemos —continuó Hisoka—. Él es real —dijo mirando al examinador, que tiró las cartas a un lado—. Los examinadores son cazadores que hacen esto gratis, sólo bajo la petición del comité evaluador. Un cazador normal, que es lo que nosotros aspiramos ser, no tendría problemas esquivando esos ataques.
—Tomaré eso como un cumplido —respondió el examinador— Pero… cualquier otro ataque hacia mí resultará en tu descalificación inmediata ¿Entendido? —lo miró serio.
—Claro, claro. —Hisoka parecía mofarse.
Unas aves carroñeras de varios tamaños aterrizaron sobre los cadáveres y comenzaron a despedazarlos. Algunas salieron volando con las partes desmembradas en el pico, tal vez para llevar alimento a su familia.
—Como ven, perder no es bonito —comentó el examinador.
Bonty miraba la situación con cierta fascinación.
—¿Le creíste en algún momento? —le preguntó Kurapika.
—Nah. Ya sabía que estaba mintiendo —respondió Bonty con una risita.
—Examinador Satotz —dijo alguien—, ahora que aclaramos eso ¿Nos puede decir si lo que hacen ellos va contra las reglas? —el sujeto apuntaba al cuerpo de Leorio. Kurapika no conocía su nombre. Era un hombre calvo y con apariencia de asesino japponés, o al menos recordaba haber visto la ilustración de un personaje vestido de manera similar en un libro de historia de ese país.
"Sabía que harían esa pregunta tarde o temprano."
—¿Ellos? —Satotz miró a Kurapika y luego a Leorio, abriendo un poco los párpados al notarlo—. No, no veo problemas con eso, si alguien quiere llevar una carga y ser más vulnerable a morir, es su decisión.
—Pero, el sujeto que está inconsciente, si llegara al lugar de la 2da prueba ¿contaría como que ha pasado la prueba? —dijo otro. Era Todoh, el luchador, otro de los veteranos destacados.
—Si está ahí y es uno de los inscritos, técnicamente sí. No recuerdo haber especificado la forma en que debían llegar, y no había considerado encontrarme con una situación así tampoco ¿Alguien más tiene dudas? —nadie respondió—. Bueno, continuemos —finalizó.
Luego de decir eso reanudó la maratón. Bonty le dijo a Kurapika que le pasara otra vez el cuerpo de Leorio, y éste así hizo. Luego de esa larga interrupción parecía más recuperado.
—Será mejor que esta vez no lo perdamos de vista.
—¡Sí!
Trataron de adelantarse, pero la neblina se hacía cada vez más espesa, y los aspirantes tampoco cedían el paso. El examinador se perdió de sus vistas casi de inmediato.
Comenzaron a escucharse unos gritos y las personas desaparecían una tras otra. La última fila de aspirantes se hacía cada vez más pequeña. Después de unos minutos, Kurapika y Bonty ya no veían para dónde iban y tuvieron que detenerse.
—¿Escuchas eso? —preguntó Kurapika.
—No, ¿qué cosa?
—¡Cúbrete!
Bonty se echó al suelo, y Kurapika rechazó dos proyectiles con un movimiento de sus espadas gemelas. Eran las cartas de Hisoka. La niebla se dispersó y vieron la silueta del mago acercándose paso a paso, y a varios cuerpos de aspirantes heridos. También había otros aspirantes más. Parecía que estaban apunto de comenzar una pelea.
Kurapika recordó las palabras de Tonpa.
"Es un asesino. Va a matar a más personas."
—¡Muéstrate, cobarde! —le gritó Kurapika.
"Si esto es inevitable, mejor tenerlo a la vista."
—Je je je, interesante —dijo Hisoka, que por fin salió de entre la niebla, barajando sus cartas—. Quería aguantarme hasta la 2da prueba, pero la 1era está demasiado aburrida, así que pensé que podría ayudar con la selección y juzgar si merecen pasar.
—¿Juzgados? ¿Por ti? —dijo uno de los aspirantes—. ¡Idiota, perdimos al examinador en la neblina! ¡No tenemos idea para dónde se fueron él y los demás! ¡Lo que significa que todos los que estamos aquí fallamos, incluido tú!
—Equivocado. —Hisoka lanzó una carta, dando justo en la frente del sujeto—, tú fallaste, pero yo no. Como regalo de despedida les daré una lección: Un mago real nunca se queda corto de trucos.
Una docena de aspirantes lo rodearon, preparados para atacar. Kurapika y Bonty quedaron bloqueados de la vista del mago por unos segundos.
—¡Bonty! ¡Ahora! ¡Corre hasta el lugar de la 2da prueba! —dijo Kurapika—. Yo lo distraeré ¡Rápido!
—¡No puedo! ¡Quedarás solo!
—¡Idiota! ¡No pienses en mí, piensa en ti! ¡Es el último favor que te pediré, sólo…!
La risa maniaca de Hisoka los interrumpió. Ya había matado a casi todos los que se lanzaron a atacarlo, y seguía asesinando con sus cartas a los que quedaban, uno a uno.
—Tantos descalificados… —comentó Hisoka, con su sonrisa malévola y cuerpo ensangrentado—. Sólo quedan ustedes tres… ¿O cuatro?
Al lado de Kurapika y Bonty había otro sujeto. Cherry, el artista marcial, otro de los veteranos que mencionó Tonpa.
—Ja ja ja, pero qué situación más bonita —continuó—. ¿Quieren conservar el cadáver de su amigo para enterrarlo?
—Oigan —les susurró Cherry—, cuando les diga "Ahora" nos separamos.
—Oh, ya lo recuerdo, tú eras el que tuvo esa pelea al comienzo de la prueba, je je je —Hisoka se acercaba más y más.
—Sé que podría herir su orgullo —siguió Cherry—, pero no nos queda otra opción. ¡AHORA!
Los tres salieron corriendo en direcciones diferentes.
—Buen movimiento. Astuto —comentó Hisoka—. Sólo por eso les daré diez segundos de ventaja.
Hisoka comenzó su conteo y Kurapika se escondió tras un árbol, cerca de allí.
"Lo distraeré un rato. Más te vale que huyas, Bonty."
—Diez —finalizó Hisoka—, ahora… ¿A quién debería seguir?
Kurapika salió de detrás del árbol y se devolvió al lugar.
—¡Oh, ja ja ja, pero qué sorpresa, tenemos a un valiente!
—Yo pelearé contigo, bastardo —Kurapika sacó sus espadas de madera. Estaba preparado para la batalla.
—Bien… —Hisoka se pasó la lengua por los labios, mientras caminaba.
Kurapika estaba atento a su ataque, pero de repente desapareció de su vista.
"¿A dónde…?"
—¡Por aquí! —Hisoka apareció por detrás y le empujó la cabeza con la palma de su mano izquierda. Kurapika respondió con un golpe de su espada mientras caía, pero Hisoka ya había desaparecido otra vez. Clavó la espada derecha en el suelo para no caer.
"¿Está jugando conmigo?"
—¡Déjate de juegos y ataca!
—Si así lo quieres.
Apareció atrás otra vez, y le iba a dar otro golpe con la palma abierta, pero Kurapika ya se había anticipado; Esquivó el ataque moviéndose a la derecha y blandió su espada hacia el costado de su atacante. Hisoka agarró la espada con el otro brazo, desde un ángulo imposible.
"¡Ahora!"
Kurapika tenía un plan más; con la otra mano sacó uno de los tantos cuchillos que tenía escondidos en su ropa. Lo clavó en el vientre de Hisoka, aprovechando la apertura, y luego se impulsó hacia atrás como pudo, para alejarse.
Hisoka se tocó el área de la herida, y luego observó sus dedos ensangrentados. Miró a Kurapika, extrañado, y comenzó a caminar hacia él, lentamente, con las espadas de madera en mano.
Kurapika estaba preparado para reanudar la pelea, pero cuando Hisoka estaba a unos dos metros, paró y comenzó a hablar.
—¿Cuál es tu nombre, chico?
—Kurapika.
—Kurapika… No lo olvidaré. —le arrojó sus espadas, y Kurapika las recibió—. Nos veremos más adelante. —Hisoka apuntó a uno de sus ojos, como indicando que lo iba a estar vigilando. Se dio vuelta y comenzó a caminar.
—¿A qué te refieres?
—Bye bye —le hizo un gesto de despedida.
Kurapika estaba demasiado confundido como para reaccionar. Lo observó desaparecer entre la neblina.
"¿Ahora irá a por Bonty y Leorio? ¡Tengo que detenerlo!"
Empezó a correr, pero no tenía idea dónde se encontraba. Estaba perdido. Miró al suelo y vio un camino de sangre.
"¡Es de Hisoka!"
Siguió el rastro de sangre, corriendo entre la niebla. Un grito se escuchó más adelante. Después de unos minutos Kurapika descubrió de quién era. El cadáver de Cherry estaba colgado desde los pies. La sangre le goteaba desde el tobillo hasta la mandíbula. Una escena horrorosa.
Kurapika siguió el rastro de sangre hasta llegar a donde estaba el resto del grupo. Y entonces vio a Leorio, quien se acercó y lo recibió con un puñetazo en la cara.
