Capítulo VII: La Intervención (Kurapika).

La sala quedó en silencio. Algunos soltaron sus platos y se quebraron en el piso. Otros no podían ocultar su indignación y sacaron sus armas. Parecía que iba a comenzar una guerra. El peor de todos era Hisoka; Kurapika lo había estado vigilando, ya que se sentía vigilado por él también. Al parecer, el tema de la segunda prueba no le había gustado para nada. Ni siquiera intentó participar en la segunda parte, sólo se fue al fondo de la sala y revolvió su baraja con su mirada fija en la examinadora; su aura asesina se sentía en el aire. Estaba preparado para atacarla en cualquier momento. Además, parecía bastante compuesto para alguien que acababa de recibir una puñalada y perdido tanta sangre. El ataque de Kurapika perfectamente podría haber sido mortal, y no podía entender cómo podía seguir en pie sin realizarse un tratamiento. A Kurapika no le gustaba tener que usar la violencia de esa forma y se sentía un poco asqueado de sí mismo, pero se justificaba pensando que lo había hecho en defensa propia. Hisoka sin duda no habría dudado en matarlo a él si le daba la oportunidad.

Un teléfono comenzó a sonar. La examinadora lo sacó de su bolsillo y contestó con rapidez, sin bajar su guardia ante los participantes irritados que tenía en frente.

Todos escucharon la conversación. Parecía que alguien la estaba regañando, pero, ¿cómo se había enterado? Kurapika miró hacia afuera y alcanzó a ver una sombra esconderse entre las ramas de un árbol.

"Satotz."

—¡No la voy a hacer otra vez! —los gritos de la mujer resonaban en la sala—. ¡¿Cómo que no estoy cumpliendo con lo que establecí?! ¡La regla era que cualquiera pasaría siempre que dijera que su plato estuvo "delicioso"! ¡¿verdad?!

—En parte —Buhara intervino—, pero lo de fondo era juzgar sus habilidades de observación y de deduc…

—¡Tú no te metas! —Le respondió ella. El gigante se encogió y bajó la mirada.

—Hubo un imprevisto —siguió su conversación por teléfono—, uno de los participantes conocía el plato. ¡Y ese estúpido pelado terminó revelándoselo a todos! —Hanzo se agitó ante su mención. A diferencia del resto no estaba enojado, sino desmoralizado. El sushi era un plato típico de su país, y la examinadora lo había humillado al decir que el suyo no era bueno—. Mantengo mi decisión, fin de la discusión. —Cortó la llamada. Guardó su teléfono y se dirigió a los aspirantes a cazador—. ¡Está decidido, todos reprobaron!

Se escucharon muchos murmullos. Todos estaban tensos. No podían creerlo.

—¿Qué deberíamos a hacer? —preguntó Bonty, que por primera vez parecía serio.

—No lo sé.

Kurapika miró hacia la multitud y vio a Leorio, que estaba junto a una chica que él no conocía.

"Sigue con ella..."

No entendía qué era lo que había hecho mal. Pensaba que Leorio habría querido continuar, pero al parecer el que lo hubieran cargado hasta la segunda prueba lo había hecho sentir humillado. De todas formas, cómo no pudo ver que arriesgó su vida por él. Kurapika no lo entendía. Sentía rabia y pena.

De repente alguien rompió los murmullos con un estruendo. Un participante rompió la mesa que tenía en frente de un puñetazo. Era Todoh, el luchador. Uno de los veteranos destacados por Tonpa.

—¡No puedo aceptarlo! —la rabia se notaba en sus palabras—. ¡No me iré así de esta forma!

El silencio se hizo gélido, todas las miradas se posaron en él. La examinadora se acomodó en su sillón, estirando sus brazos y posándolos de modo que quedaran detrás del respaldo; dejó su guardia completamente abierta, quizás a propósito, para provocarlo.

—¡No vine aquí a cortar pescados o apanar arroz! ¡Vine a ser un cazador! ¡Un cazador de listas negras! ¡Quiero una prueba real, no esta estupidez de cocineros!

—Pues qué mal por ti—Le respondió ella.

—¿Qué?

—Porque este año nos tocó juzgar a los estúpidos cocineros, más suerte el otro año.

La ira se veía en los ojos de Todoh.

—¡Mal… ¡Maldita bastarda, no te metas con…

Antes de que pudiera acercarse, Buhara lo apartó de un manotazo, lanzando por los aires al luchador de más de cien de kilos como si fuera un muñeco de unos cuantos gramos. Kurapika apenas pudo seguir el movimiento.

"¡Esa velocidad! ¡Con ese cuerpo! ¡Imposible!"

Todoh cayó afuera del edificio, luego de pasar a través de una ventana.

—Buhara… ¿Por qué te metiste? —preguntó la examinadora al gigante.

—Porque si no lo hubieras matado, Menchi.

—Tal vez. —La examinadora se paró, revelando que detrás del sillón tenía ocultos dos cuchillos de cocina—. Con que quiere ser un cazador de listas negras, ¿eh? —dio un par de pasos—. Cuando despierte recuérdenle que fue noqueado de un solo golpe por un estúpido cocinero. —Comenzó a hacer malabares con sus cuchillos, lanzándolos hacia arriba—. No importa qué tipo de cazador quieran ser. —tomó los cuchillos mientras caían, y ahora ya no eran dos, sino cuatro—. Deben manejar las artes marciales —Los cuchillos danzaban por sus brazos como si estuvieran vivos—. Los ingredientes más raros usualmente están en los lugares más inhóspitos. Y a veces tenemos que pelear contra cazadores furtivos. —Tomó los cuatro cuchillos y los apuntó hacia los participantes— ¡Al hacerse cazadores tendrán que aprender a pelear! ¡Lo que quiero ver en ustedes es su espíritu para desafiar lo desconocido!

—Aun así… —Se escuchó una voz metálica que venía desde fuera— ¿No crees que reprobarlos a todos es un poco excesivo? —Menchi parecía reconocerla. Su expresión cambió dramáticamente.

Todos corrieron hacia afuera.

Allí estaba Todoh, inconsciente. Nadie se acercó a verificar si seguía vivo. En el cielo había un enorme dirigible con el logo de la Asociación de Cazadores.

De pronto, una figura comenzó a divisarse. Alguien había saltado del dirigible.

—¡¿Qué demonios?! —comentó alguien.

Los participantes se apartaron. La figura aterrizó de pie en el suelo, levantando algo de polvo en el aire. Cuando se disipó, reveló que la persona era un anciano, con ropas largas y sueltas, y una barba gris también larga. En la cabeza tenía un solo moño de cabello largo y gris. Aun sin conocerlo, Kurapika sintió que estaba ante la presencia de alguien legendario.

—Presidente Netero… —comentó la examinadora Menchi—, Es… Es el director del Examen de Cazador. —Ya no estaba enojada, ahora parecía nerviosa, por primera vez.

—Sólo soy la cara visible —dijo el anciano—, lo único que hago es estar sentado, y de vez en cuando aparecer para encargarme de algún que otro pequeño problema.

El anciano miró de reojo hacia un lado, lo suficientemente rápido para que sólo Kurapika lo notara, y luego mirara en esa dirección. Allí estaba Hisoka, con una sonrisa de oreja a oreja, pero pronto su atención volvió hacia el viejo.

—Menchi —Le dijo el presidente a la examinadora.

—¡Sí! —respondió ella.

—¿Los reprobaste porque encontraste que carecían del espíritu para desafiar lo desconocido?

—No… —se encogió de hombros. Ahora ya no parecía una autoridad, sino una niñita siendo regañada por su padre—. Todo comenzó cuando un participante le reveló al resto cómo hacer el plato. Todos parecían subestimar la cocina, así que me enojé… Entonces me llené, luego de probar todas sus muestras.

—Entonces, básicamente, ¿reconoces que hubo un problema en tu manera de juzgar?

—Sí… ¡Lo siento! Tiendo a ponerme de mal humor cuando se trata de cocina. Soy un fracaso como examinadora. Voy a renunciar a mi puesto, así que puede descartar estos resultados.

Todoh despertó y se puso en pie a duras penas. Estaba sangrando de la nariz y la boca. El presidente lo miró de reojo, después miró a Buhara, y luego volvió a dirigirse a Menchi.

—Continuar con esta prueba comprometería los resultados del examen, parece que es demasiado difícil —se tomó la barba en gesto meditativo— ¿Qué tal sí continúas siendo examinadora y les haces otra prueba, demostrándoles antes cómo se hace? De esa forma les será más fácil aceptar los resultados.

—Ya veo… —Menchi lo pensó unos segundos. Su expresión volvió a tomar el tono que tenía al comienzo de la prueba. Parecía que las palabras de Netero la habían llenado otra vez de ánimo—. Entonces, harán… huevos cocidos —sonrió—. Presidente, ¿puede llevarnos hacia esa montaña de allá? —en el horizonte se veía una gran montaña, que parecía como cortada en dos.

—Comprendo —el anciano parecía complacido por sud idea—. Por supuesto.

El dirigible aterrizó cerca del lugar donde estaban y los participantes subieron uno a uno, calificados y descalificados por igual. Mientras subía, Kurapika sintió una mano en su hombro; Era Leorio.

—Kurapika, quería disculparme por mi actitud de hace un rato, creo que…

—Descuida. No pasa nada —se quitó la mano de Leorio de encima—. Bonty, vamos.

—¡Sí! —dijo el grandulón, mientras dejaban atrás a Leorio, que los miraba confundido.

—Kurapika… —se lamentó Leorio—. Bien, cómo quieras. ¡Bien…!

"¿Por qué hice eso? ¿Qué es esto que siento? ¿Rencor…?"

Kurapika aún tenía el corazón roto por lo que le había hecho Leorio. Quizás habría sido mejor reconciliarse, pero, todo el tema de la segunda prueba lo había dejado de mal ánimo.

"Quizás esté mejor sin mí."

Ya todos estaban en el dirigible. Desde allí arriba se podía ver todo el bosque y el pantano. Era un lugar enorme. Ningún humano vivía en varios kilómetros a la redonda. Al ser un sitio tan peligroso se había aislado naturalmente.

Unos minutos más tarde llegaron a La Montaña Dividida.

Los aspirantes que pasaron la prueba de Buhara se bajaron de la nave, los demás se quedaron arriba. El Presidente prometió darles un aventón.

Todoh estaba a unos metros de Kurapika y Bonty, parecía ya mucho más recuperado. Menchi se adelantó, acercándose a la orilla.

—Es aquí. —Comenzó a quitarse las botas—. Tranquilos, hay un río abajo. Pero si se caen, las corrientes los arrastrarán hasta el mar. —Elongó los brazos y las piernas, y luego se paró justo en el borde—. Yo iré primero. —Sin mucha ceremonia se lanzó hacia el vacío, dejándolos a todos boquiabiertos. Varios se apresuraron a mirar su caída.

"¡¿Está loca?!"

—Aquí están los nidos del águila-araña —comentó el presidente—, Menchi fue a buscar uno de sus huevos. —La examinadora se agarró de unas telarañas gigantes que habían tejidas entre los dos lados de la montaña—. Los cuelgan aquí para protegerlos de los depredadores. Deben agarrarse de uno de los hilos, tomar un huevo y luego regresar hasta acá arriba.

Todos miraban cómo Menchi hacía exactamente lo que el presidente acababa de describir, pero ella lo hacía ver más fácil de lo que parecía.

Cuando terminó de escalar se asomó por la orilla del acantilado con una gran sonrisa y un huevo en una mano.

—Ya está. ¡Lo único que tienen que hacer es cocer uno de estos huevos!

Los participantes se miraron, a ver quién se atrevía primero.

—¡Ah, qué alivio! —dijo el niño de pelo blanco que los había molestado antes. Se aproximó a la orilla— Esto es pan comido. —Se lanzó al vacío.

Kurapika miró a Leorio, que estaba junto a la chica de antes. Ella estaba temblando de miedo, y le negaba con la cabeza. Leorio la tenía sostenida de una mano, y alternaba entre mirarla a ella y la orilla del acantilado.

—¿Qué dices, Kurapika, te atreves? —Bonty parecía confiado.

—Claro. Si ese niño puede, yo igual.

Kurapika y Bonty hicieron carrerilla y se lanzaron también, junto a otros participantes que al verlos se hicieron de valor.

Mientras caían el viento le rozaba todo el cuerpo. Kurapika cerró los ojos unos segundos.

"Sólo debo relajarme."

Estiró ambos brazos y se aferró fuertemente a una de las telarañas, que extrañamente no eran pegajosas. Se balanceó un poco, y cuando dejó de moverse, ubicó el lugar donde se encontraban los huevos. Bonty ya estaba encima de uno de los nidos.

—¡Kudapika, mida, acá! —le dijo el grandulón, que tenía colgando entre sus labios una telaraña con un huevo al final de ella— ¡Ed údtimo que lleda a da cima ed un idiota! —se movió entre los hilos como un mono y comenzó a trepar la montaña.

—¡Ah! ¡Los que llegan segundos comen mierda! —le dijo el chico de pelo blanco, que iba un poco más arriba.

"Niñatos."

Kurapika se balanceó hasta donde estaban los huevos, tomó uno, y antes de empezar a trepar, miró hacia atrás buscando a Leorio. No estaba.

"Bueno, este es el adiós, supongo." —Comenzó a trepar.

De repente vio entre sus ojos una silueta familiar; era Leorio, que se había lanzado después de todo.

"Je…" —Aunque seguía enojado con él, en el fondo se alegró por su ex compañero.

Cuando llegó arriba había varios participantes alrededor de una gran olla, cociendo los huevos que habían conseguido. Bonty y el niño estaban intercambiando insultos infantiles.

—¿Esos son todos? —dijo Menchi, mirando a los que no habían saltado. Se veían derrotados.

—No hay vergüenza en aceptar tus límites —les dijo el presidente Netero—, pueden intentarlo otra vez el año que viene.

Leorio se asomó por el acantilado. Fue el último en subir. Bonty se acercó a mirar que no faltase nadie más.

—¡Perdiste! ¡Eres el idiota!

Leorio lo empujó a un lado, y Bonty cayó de trasero.

—…Uuh, qué amargado —le dijo Bonty desde el suelo. El niño de pelo blanco lanzó una carcajada.

Leorio se acercó a la olla y depositó su huevo. Luego fue a donde estaba su compañera, que estaba sentada alejada del resto, decaída.

"¿Qué habrá pasado?" —La curiosidad comía a Kurapika, pero no podía preguntarle. No después de la indiferencia que le había mostrado antes.

Menchi sacó dos huevos desde dentro de la olla con un colador. Uno era blanco y el otro marrón.

—Este es un huevo de gallina, y este otro es de águila-araña. ¡Pruébenlos!

Cada uno de los participantes sacó un huevo de cada uno. Kurapika los probó ambos.

"¡Delicioso! ¡Simplemente no se pueden comparar!"

El resto de los participantes estaban igual o más impresionados, y lo hacían saber con las exclamaciones más sonoras.

—¿Pueden apreciar lo que es descubrir algo delicioso? —Menchi le dijo al grupo— Este es el tipo de trabajo por el que arriesgo mi vida.

Todoh, que no había saltado, se acercó a uno de los aspirantes y le pidió que le compartiera un huevo para probarlo.

Menchi se acercó hasta él.

—¿Y?

—Está bien, me derrotaste. Pero estaré aquí el próximo año —le respondió el luchador.

El cielo ya comenzaba a oscurecer. El presidente invitó a los participantes a entrar otra vez al dirigible. Al final, sólo 42 personas pasaron la segunda parte de la segunda prueba. Parece que por fin iban a poder descansar.