Capítulo VIII: Contra el Presidente (Killua)

Killua abordó la nave junto a los demás participantes. Esta vez el número se redujo a menos de 50. La segunda prueba de la examinadora había sido mucho más fácil, casi una broma comparada con la anterior. Killua apenas sabía de cocina, por lo que, incluso si hubiera logrado hacer que su plato tuviera la forma de un sushi o como fuera que se llamara, habría reprobado de igual manera. Como persona millonaria que era, había sido atendido toda su vida por sirvientes, además, en las pocas ocasiones que estuvo alejado de su hogar, tenía el dinero más que suficiente como para comprarse comida, así que nunca tuvo la necesidad de aprender a cocinar; lo único que había aprendido hasta entonces era cómo asesinar de manera efectiva.

La demostración de la examinadora sobre porqué las artes marciales y la cocina podían complementarse le llamó algo la atención, pero para Killua esto no era necesario ni nunca lo sería, y, aunque ahora lo había considerado por primera vez, pensaba que era muy poco probable que pudiera enfrentarse a una situación que requiriera de conocimientos culinarios en el futuro.

Los llamaron a reunirse para decirles unas palabras. Entre los 42 participantes estaban el chico delgado y alto que antes se había desmayado; los dos tipos que lo habían cargado hasta el lugar de la segunda prueba, que al parecer seguían alejados de él; Y el más interesante de todos, Hisoka, el que llamaban "El Mago". De entre todos los participantes, Killua sentía que el más parecido a él era ese sujeto, tanto en nivel de habilidad como en personalidad. Aunque él mostraba más abiertamente sus ansias asesinas. Mientras que Killua las reprimía cuanto podía. No es que le importara tanto que los demás supieran, pero, era un hábito que estaba tratando de dejar.

El Presidente de la Asociación se paró frente a todos junto a su asistente y comenzó a hablar.

—Creo que debería presentarme de manera más apropiada. Soy Netero, presidente del comité de selección del examen de este año. Se suponía que no iba aparecer hasta la prueba final, pero ya que estoy acá… —paró unos segundos para mirarlos a todos— …Supongo que los acompañaré por un rato y disfrutaré de este ambiente tenso, jo jo jo —bromeó. Estaban todos cansados y de mal humor. Había sido un día agotador. Para las personas normales como ellos, claro. Killua había recibido entrenamiento intensivo desde antes que dijera sus primeras palabras, así que aún le quedaba energía. Sólo una persona más parecía estar compuesto aún: Hisoka, que miraba al presidente con una gran sonrisa, como si lo saboreara centímetro a centímetro.

"Tal vez no somos tan parecidos."

Luego tomó la palabra el asistente.

—Llegaremos a nuestro destino mañana las 8 a.m, mientras tanto disfruten de las comodidades de la nave.

"Supongo que daré unas vueltas antes de ir a dormir."

El examen lo estaba decepcionando. Luego de escapar de su casa buscó en internet algo que pudiera entretenerlo y ayudarlo a hacer algo de dinero. Sin el apoyo de su familia tenía que vivir de alguna manera, y la tarjeta que le había dejado su padre seguramente también tenía la intención de rastrearlo, así que Killua se deshizo de ella lo más pronto que pudo.

No sabía qué iba a hacer con su vida exactamente, así que había pensado en distraerse un tiempo. Pensó en ir al Coliseo en el Cielo, pero ya había estado ahí antes, y sería uno de los primeros sitios en donde su familia lo buscaría. El examen parecía el lugar indicado, y la licencia de cazador le sería útil en más de una forma.

Ya había escuchado cosas sobre el examen, pero nunca había considerado tomarlo. Ni siquiera sabía que se iba a realizar tan pronto. Todo fue una feliz coincidencia. Quizás podría ser el primer desafío que enfrentaría en su gran aventura, o mejor, tal vez conocería a personas con las que compartirla, pero Killua nunca había tenido amigos y no sabía cómo hacerlos. Estar en soledad era mucho más cómodo, además, aparte de Hisoka, no parecía que hubiera alguien a su nivel. Tampoco quería ayudar a alguien y tener una carga siguiéndolo. Por suerte ningún zángano se le había pegado aún. En el peor de los casos habría tenido que deshacerse de él o ella.

Caminó por un pasillo de la nave hasta llegar al final, luego se devolvió. No había nada muy interesante dentro del dirigible, pero afuera se veía un espectáculo. Killua se asomó a una de las ventanas y vio cómo las luces de una gran ciudad se movían en la oscuridad; parecían estrellas en la tierra. Se quedó allí viéndolas un rato, hasta que un bostezo le avisó que tal vez ya era hora de ir a dormir. Dio unos pasos, pero un miedo intenso lo paralizó, como si lo hubiera golpeado una brisa muy helada. Se giró para ver de dónde venía, o qué había sido; no había nada, pero una voz desde atrás lo hizo volverse otra vez.

—¿Qué haces aquí solo, niño? —Netero le inquirió.

—Eres rápido, anciano —contestó Killua, dándose cuenta que lo que había sentido antes provenía de él.

—¿Tú crees? Sólo caminaba, sin apuro.

"Je. Engreído."

—¿Qué quieres?

—Ahhh, tan cortante. Sólo estoy aburrido, buscaba alguien con quien jugar. ¿Qué te ha parecido el examen hasta el momento?

—Decepcionante. Pensé que las pruebas serían más difíciles. ¿Llegará a pasar algo así?

—Veremos, je je.

—Bien. —comenzó a caminar, pasando de largo al viejo.

—¡Espera!

Killua se detuvo.

—¿Qué pasa ahora?

—¿Quieres jugar un juego? Si ganas… te daré una licencia de cazador.

—¿De verdad?

Caminaron hacia el final del mismo pasillo, detrás de la última puerta había una habitación vacía que, Killua supuso, Netero usaba para entrenar. Le dijo que lo esperara un poco, y Killua asintió, esperando en el umbral de la puerta. El anciano volvió a aparecer, con ropa más cómoda y con un balón en la mano. Le pidió que entrara y Killua lo hizo. Netero comenzó a jugar y hacer malabares con el balón.

—Entonces… ¿De qué iría ese… juego? —Killua preguntó.

—Es simple —le contestó—, sólo tienes que quitarme este balón, antes de que la nave llegue a su destino. Si lo haces, te daré una licencia. Puedes usar cualquier tipo de método o estrategia, no me importa, atácame si quieres, no te devolveré los golpes, sólo me defenderé.

—Sólo tengo que quitarte el balón, ¿verdad? —"Un juego de niños. Y podré salirme de este aburrido sitio de una vez por todas. Parece un buen trato"— Bien. Allá voy.

—Adelante.

Killua comenzó a caminar lentamente alrededor de él, como un león asechando a su presa. Netero se quedó quieto mientras Killua lo rodeaba.

"¿Va en serio? Ni siquiera me está mirando."

Killua apuró su paso. A los ojos de su presa debía verse como si 10 o 20 figuras lo rodearan, era una técnica secreta de los asesinos llamada "El Paso de Resonancia", su padre y hermano mayor le habían enseñado. Era mejor matar a alguien con un solo movimiento, cuando menos se lo esperara. Un asesino debía ser impredecible y preciso. Esperar el momento adecuado para atacar. Un solo movimiento…

Killua se aproximó desde un ángulo ciego. Netero seguía quieto, con el balón sobre el dedo índice. No sabía que el juego estaba a punto de terminar. Pero cuando Killua estuvo apenas a unos milímetros de alcanzarlo, el viejo se movió para esquivarlo.

"¡¿Cómo?!"

No había espacio para una reacción, pero de alguna forma, él sí podía. Killua volvió a esconderse entre sus imágenes remanentes, y atacó una vez más. El presidente volvió a esquivarlo en el último segundo. Una vez podría haber sido casualidad, pero luego de una segunda vez, Killua comenzó a pensar que en verdad tenía mucha habilidad.

Volvió a esconderse. Netero seguía quieto. Killua dio un salto y lo observó desde el techo, mientras sus figuras seguían rodeándolo. Iba a ocupar su siguiente técnica, una que nunca había tenido que usar hasta entonces. Uno de los clones atacó a Netero, el viejo volvió a moverse para esquivar, y entonces Killua se impulsó desde el techo para atacarlo mientras estaba distraído, pero Netero dio un salto justo antes de que Killua llegara a tocarlo, usando la cabeza de Killua como impulso, sólo para burlarse.

—Buen intento, jo jo jo— se mofó el anciano. Killua no le respondió y sólo se limitó a mirarlo algo irritado.

"Parece que este abuelo es más complicado de lo que estimé."

Se detuvo unos segundos, luego retrocedió unos pasos, y retomó su Paso de Resonancia. Esta vez con ritmo más acelerado, y combinando ambas técnicas. Lo intentó y lo intentó y lo intentó, pero el viejo siempre lo esquivaba, cada vez de manera más burlesca. Después se puso a jugar con el balón mientras Killua lo atacaba. Estaba perdiendo la paciencia.

"Bien, si no puedo con su velocidad tendré que detenerlo."

Mientras el viejo esquivaba una de sus múltiples imágenes, Killua se acercó por debajo y, con todas sus fuerzas, le dio una patada en las canillas. Lo que no sabía es que el viejo probablemente tenía las piernas más duras de todo el universo. La pierna de Killua recibió más daño por el ataque. Dio un grito de dolor y se alejó saltando en un pie.

—¡Ay, ay, ay! —chilló.

—Jo jo jo, eso debió doler.

—¡¿Q-qué tienes, una prótesis de acero anciano?!

—No, son mis piernas reales —el viejo sonrió—. ¿Te rindes?

—¡No! ¡Dame…! Dame unos segundos.

"Maldito viejo, tendré que pasar al plan B."

—Bien.

Pasaron dos minutos. El reloj mostraba casi las once de la noche. Killua se puso en pie, elongó un poco las piernas, se sacó el suéter y se dirigió hacia Netero, que no había parado de jugar con el balón.

—Ya. Continuemos.

—Cuando quieras.

Killua retomó su estrategia de antes, pero esta vez de manera aún más agresiva. Ya no iba a por el balón, sino directamente a dañar a Netero, quien se cubría de sus ataques de las formas más ridículas. Nada de lo que hiciera parecía tener efecto.

Luego de estar intentándolo por media hora más, Killua se rindió.

—Me… rindo —su cuerpo estaba lleno de sudor, y jadeaba al respirar.

—¿Tan pronto? Jo jo jo.

—Sí, ¡me molesta decirlo, pero no tengo oportunidad contra ti…!

—Pero ¿cómo? Si eres mucho más joven.

—Sí, claro —"Con esa energía cualquiera diría que estás en tus veintes. Si estuviera ciego, claro. Viejo maldito"—. ¡Ni siquiera has usado tu pierna derecha y brazo izquierdo!

—Jo jo jo, lo notaste.

—¡Claro que lo noté! Bien, suficiente, ya te reíste bastante de mí. Ahora voy a descansar.

Killua tomó su ropa y comenzó a caminar hacia la salida.

—Alto. Si te vas ahora quedarás descalificado del examen —Netero le dijo.

—…¿Qué dijiste?

—Eso. Esto era un examen especial. Dijiste que el normal era decepcionante, así que te propuse hacer este, y tú aceptaste. Si te retiras ahora quedarás descalificado.

—No, no me dijiste eso. —Killua estaba muy cansado, y las continuas burlas de Netero ya lo tenían de mal humor.

—Supuse que lo habías entendido —Netero hizo una mueca mientras miraba hacia el cielo.

Killua dio un suspiro. Luego se mordió el labio.

"Ya no hay vuelta atrás."

Había despertado su parte más violenta e instintiva. Sin decir una palabra se abalanzó contra Netero a toda velocidad. Sus manos estaban transformadas en garras filosas como diamantes. Netero abrió sus ojos de par en par, lo había tomado por sorpresa. Las garras de Killua chocaron contra el pecho del presidente, que no alcanzó a cubrirse, y de pronto el piso se llenó de sangre.

"No quería hacer esto. Tendrías que haberme dejado ir…"

Killua miró su mano, y tenía todos los dedos torcidos. Podían verse algunos huesos y tendones a través de las heridas. Salía mucha sangre. Miró a Netero, y su pecho no tenía ni siquiera un rasguño. Su visión comenzó nublarse, y el mundo se empezó a distorsionar.

—Uuups, no quería hacer eso —la voz de Netero se escuchaba como un susurro—. ¿Niño? ¿Estás bie…. n…? ¿N… iñ….?

Killua abrió los ojos. Estaba acostado en algún sitio que no conocía. Sintió un dolor. Levantó su brazo derecho, y tenía la mano completamente vendada y enyesada. Se escuchó una voz.

—Hemos llegado a nuestro destino —dijo.

Killua levantó la mirada y vio un reloj colgado en la pared. Eran casi las ocho en punto. Se levantó y vio que cerca de la cama estaba su ropa, lavada y planchada, y había un baño. Pensó en bañarse, pero por su olor se dio cuenta que alguien ya lo había lavado mientras dormía.

"Espero que no haya sido ese viejo…"

Alguien abrió la puerta de la habitación.

—Vaya, veo que ya despertaste —Era la examinadora de antes. Una tal Menchu o algo así, vestida con una bata y pantuflas, y esta vez llevaba el cabello suelto. En sus manos tenía una bandeja llena con comida.

Killua asintió. Estaba sin palabras. Seguramente con la boca abierta.

—¿Por qué me miras así? —le dijo la muchacha—. ¡Oye, no te vayas a hacer la idea equivocada! ¡No dormimos juntos ni nada! ¡El presidente me despertó ayer en la noche contigo en brazos y me ordenó que te prestara mi cama y te hiciera curaciones! ¡El médico de la nave me ayudó! ¡Y tuve que dormir en el sillón…! —Tomó un poco de aire—. ¡Ahora estarás pensando que te vi desnudo al bañarte, y claro!, ¡¿qué esperabas?! ¡Pero no es porque quisiera, ¿eh?! ¡Además, no me gustan los niños pequeños! —Estaba roja como un tomate— ¡Ahora come y vístete, tienes que dar la tercera prueba!

Killua asintió otra vez sin decir nada. Menchu dejó la bandeja encima de una mesa y se retiró rápidamente, dando un portazo.

"¿Tercera prueba? ¿No estoy reprobado…?"

Killua miró la bandeja, se acercó, y luego comió lo que había en ella. Estaba delicioso. La comida de sus sirvientes ni siquiera se le acercaba. Esa Menchu era muy impresionante. Después se arregló, tomó sus cosas y salió. Cerca de allí estaba el chico alto junto a su compañera, la que había reprobado la prueba anterior.

—¡Despertaste! —le dijo la chica—, te estábamos esperando.

Killua se apuntó a sí mismo.

—Sí, tú. La prueba aun no comienza. Pero ya están todos afuera. Nosotros estábamos aprovechando de estar unos minutos más juntos —la chica miró al chico alto, que parecía algo triste.

—Bueno, Odry, fue un gusto conocerte —le dijo a la chica—. Tienes mi número, nos reuniremos cuando salga de este examen; ¡La próxima vez que nos veamos ya seré cazador, ja ja ja!

"Está fingiendo."

—¡Sí! —le respondió ella. Luego se miraron unos segundos en silencio. Killua no sabía por qué estaba ahí viendo toda esa situación, pero si comenzaba a caminar ahora sería extraño, así que se quedó ahí sin saber qué hacer.

—Antes de que te vayas, tengo algo para ti —la chica rebuscó dentro de su cartera y sacó un frasco—. Toma. Pensaba ocupar esto en las siguientes pruebas, pero ya no lo necesitaré.

—¿Qué es?

—Hierbas medicinales. Por supuesto —dio una risita coqueta—. Pero no son cualquier hierba, estas sólo las encuentras en mi país. Se toman como un té, ¡y ayudan a tu cuerpo a regenerarse hasta tres veces más rápido! Si las tomas antes de dormir, igual hacen que puedas dormir menos horas sin sentir cansancio. Son muy útiles. Pero no abuses de ellas, ¿sí?

—Está bien —le prometió él.

—¡Oh! —Odry se fijó en la mano vendada de Killua—¿Qué te pasó?

"Sí, ¿Qué me pasó…? —pensó Killua—. Estaba seguro que ese ataque había herido al presidente, pero el herido fui yo. Eso es imposible, por muy dura que sea su piel, mis garras deberían poder cortarla. Pero se sintió como si chocara con un bloque de concreto. Eso definitivamente no fue normal. Hay algo que no sé. Mi familia también tiene poderes que desconozco. ¿Podría estar relacionado?"

Killua no respondió.

—Ahm, bueno, supongo que será algo personal, pero Leorio, dale un poco a este chico también, ¿quieres?, se nota que lo necesita.

—¡Oigaaan, los estamos esperando! —Alguien gritó desde afuera.

—¡Cállense, ya voy! —Les respondió Leorio.

Odry rió. Luego se acercó a Leorio y le dio un gran abrazo. Killua no podía entender cómo habían desarrollado ese nivel de amistad tan rápido. Después pasó algo aún más extraño. La mujer se acercó a Killua y le dio un abrazo también. Se puso tenso como un gato asustado y no supo qué hacer.

—Cuida a Leorio por mí, ¿sí?

"¡Pero si apenas lo conozco!"

—Bien. Vamos —le dijo Leorio. Y Killua lo siguió, aún muy confundido por todo lo que había pasado. Mientras Odry ondeaba su mano en señal de despedida.

Salieron de la nave. Afuera estaban los participantes junto al pequeño asistente del presidente.

—Los estábamos esperando —dijo el enano.

Los participantes parecían molestos por haber tenido que esperar, pero a Killua no le importó y simplemente los ignoró.

—Estamos en la cima de Trick Tower, aquí tomará lugar la tercera prueba. Y sobre la prueba en sí… Los examinadores me dijeron que consistía en llegar hasta la base de la torre en menos de 72 horas. Vivos, por supuesto, je je… Ahora, me despido. —Caminó hacia la puerta del dirigible. Las hélices de la nave se pusieron en marcha mientras el pequeño abordaba, y luego empezó a elevarse por los aires—. ¡Comiencen su descenso! ¡Buena suerte a todos! —les gritó, mientras se alejaba.

Killua miró a su alrededor. No parecía que hubiera formas de bajar. La azotea era tan plana como una pista de aterrizaje, salvo porque tenía muchas hendiduras que parecían ser parte de su diseño, como si estuviera compuesta por muchas placas separadas de cemento.

Leorio parecía igual de confundido que él.

Un participante se acercó a una de las orillas y comenzó a descender, usando las hendiduras para sujetarse.

Killua se acercó a mirarlo. Estaba bajando muy rápido.

"Wow."

Se oyeron unos aleteos. Miró hacia el horizonte, junto a los demás, y vieron cómo se acercaban volando un grupo de bestias gigantes. Por un momento pensó que venían a por ellos, pero fueron directamente a atacar al tipo que estaba bajando. Una lo mordió en la pierna. El hombre quiso defenderse, pero no podía soltarse, o caería. Gritó por ayuda, pero nadie arriesgaría su pellejo por un desconocido, además no había cómo, simplemente observaron cómo las criaturas lo despedazaban y luego se iban con sus partes colgando de las mandíbulas y las patas.

"Uno menos. Quedamos cuarenta y uno."

Se volteó a mirar al resto de los participantes, y vio que había unos cuantos menos.

"¿O no?"

Algunos estaban agachados buscando entre las hendiduras. Killua supuso que algo debía haber. Quizás alguna puerta secreta, y se puso a investigar. Luego de varios minutos tanteando por aquí y por allá, seguía sin encontrar nada. Miró al resto de los aspirantes, y ya quedaba casi la mitad. Leorio daba vueltas mirando hacia el piso, cerca de allí. Sus ex amigos ya habían desaparecido.

Siguió buscando, hasta que sintió un leve crac en su pie izquierdo. Tocó en ese sitio, y vio que se abría una puerta, lo suficientemente grande como para una persona, pero no más. Supuso que habría una puerta por persona. Muy cerca del lugar que había descubierto, había dos puertas más. Pensó en lanzarse sin más, pero vio que Leorio seguía sin encontrar nada. Sin pensarlo mucho le dio un grito.

—¡Leorio!

El chico lo miró, y Killua le hizo una seña para que se acercara.

—Mira, son puertas secretas —le explicó, tocando una de ellas de modo que se abriera un poco—. Parece que una vez que las abres se cierran para siempre. Sólo permiten una persona.

—Ya veo… Supuse que habría algo así, ya que los demás han estado desapareciendo… Pero, si sólo permiten a una persona, ¿por qué me llamas?

—Idiota, es obvio, tengo más de una.

—¡No es tan obvio!

—Como sea. No me hagas arrepentirme de… —Recordó las palabras de Odry: "Cuida a Leorio por mí, ¿sí?". "¡Gah, ya está grande para cuidarse solo, yo no tengo nada que ver!", pensó—. Mira, ahí está. Bien. Ahora estamos a mano.

—¿Por qué?

—Me ayudaste, en la prueba pasada, ¿no te acuerdas?

—Nop.

—¡Ah, como sea! —se puso rojo— ¡Ahora voy a entrar, nos vemos abajo!

—¡Claro, enano! —le dijo Leorio sonriendo.

Los dos se lanzaron por las puertas. Killua aterrizó, y cuando miró hacia el frente se dio cuenta que Leorio también estaba allí, y había aterrizado de cabeza. Dio una carcajada.

—Por fin —dijo alguien desde atrás—. Ya nos estábamos aburriendo de esperar… —era un hombre delgado y casi tan alto como Leorio, sólo que con el pelo más largo y castaño. En su hombro tenía un pequeño mono, que chilló cuando Killua lo miró—. Ah, ¡pero si son ustedes! ¡Quién iba a pensar que tendría que esperar a los mismos idiotas dos veces en un mismo día!

—¿Y tú quién eres? —preguntó Killua.

—Me llamo Sommy. Este pequeño es Kamuri —el animal hizo un gesto con una de sus manos, saludando como si entendiera las palabras de su amo—. Ese de allá atrás es Bourbon. No habla mucho.

En una esquina de la habitación estaba sentado un hombre de unos cincuenta años, vestido con ropas largas como manteles que le cubrían casi todo el cuerpo.

—Soy Killua —se presentó Killua—, y él es…

—Leorio —dijo Leorio, interrumpiéndolo—. Y yo sí hablo.

—Bien, ahora sólo nos falta uno.

—¿Para qué? —dijeron los dos chicos.

Sommy apuntó a un letrero que había en una pared. "La regla de la mayoría", decía, "Las cinco personas que lleguen a esta habitación tendrán que decidir su camino juntos, a través de un consenso".

—¿Cinco…? —vio hacia abajo del letrero; había tres brazaletes.

—Sí —dijo Sommy—, tienen que ponerse uno de estos —les mostró que él ya se lo había puesto—. Una voz nos explicó que… —se escuchó algo por el altavoz— Ah, ahí está otra vez, mejor escúchenlo ustedes.

—Es verdad —dijo la voz, de quien posiblemente era un examinador—, deben usar estos relojes y presionar "X" u "O" para decidir por mayoría lo que van a hacer. Pero antes, les falta una persona más.

—¿Entonces estaremos aquí hasta que baje alguien más? —preguntó Leorio.

—Así es. Una vez que eso pase, podrán salir. Existen muchas rutas para llegar al fondo de esta torre, pero para hacerlo, la cooperación es clave. Nadie puede llegar hasta el final por su cuenta. Les deseo buena suerte —se escuchó un clic.

—Entonces estamos atrapados —comentó Killua, que se sentó a esperar. Leorio y Sommy lo imitaron.

Pasaron dos horas.

—¡Ya van dos malditas horas! —gritó Leorio—, ¡Estoy perdiendo la paciencia!

—Dijiste lo mismo hace media hora —comentó Killua.

Leorio iba a responder, pero un crujido lo interrumpió. Todos miraron hacia el techo y vieron abrirse una puerta, y de allí cayó alguien, la última persona del grupo.

El sujeto estaba gordo como una vaca, y tenía la nariz ancha y cuadrada. Killua creía haberlo visto antes, pero no recordaba su nombre.

—¡¿Tonpa?! —gritó Leorio.

"Ah, sí, así se llamaba."

Leorio se paró, se acercó hasta él, y le dio una patada con todas sus fuerzas, arrojándolo contra una de las paredes.

—¡Eso es por lo que me hiciste antes, hijo de puta!

"Este día va a ser muy largo."