Capítulo IX: Confianza (Kurapika).
Estaban en la terraza de Trick Tower, una gigantesca edificación en forma de cilindro, forrada completamente de cemento. Medía por lo menos unos 400 metros de alto, y era tan ancha como un estadio profesional de beisbol. Se encontraba casi al final de un acantilado, que a su vez iba a dar al mar, y detrás tenía una densa selva que parecía no tener fin. No había forma de llegar allí por mar o por tierra, sólo por aire. La tercera prueba del Examen de Cazador consistía en descender por la torre y llegar hasta su base.
Luego de que algunos participantes comenzaran a desaparecer, Kurapika dedujo que en el piso del lugar había puertas secretas para ingresar a la torre. Más tarde su deducción se confirmó, cuando vio a uno de los participantes caer a través de una ellas. Se acercó allí e intentó abrir la puerta otra vez, pero había quedado sellada. Al parecer sólo se podían usar una vez, y por su tamaño sólo cabía una persona.
—Kurapika —Bonty lo llamó—, mira, encontré algo.
Kurapika caminó hacia donde él.
—¿Es lo que creo que es?
—Sí —Bonty le respondió en voz baja. Se agachó y tocó una parte del suelo en donde se cruzaban dos grietas. Un rectángulo de un metro y medio de largo y cincuenta centímetros de ancho se delineó frente a sus pies.
—Bien, ya tenemos una.
—Je je —rió Bonty. Dio unos pasos a su derecha, y con mucho cuidado, tocó otra parte del suelo; Ocurrió lo mismo—. O dos.
Kurapika miró a su alrededor.
"¿Dónde está?"
—¿Vamos? —preguntó su compañero.
—Sí… Pero, ¿qué hay de Leorio?
—Sólo encontré dos puertas.
—Eso es malo.
—¿Qué pasa? ¿Quieres volver a hablar con él?
Kurapika había tenido la oportunidad de reconciliarse con Leorio cuando éste se acercó a pedirle disculpas, pero su corazón aún estaba herido. No pensó que Leorio reaccionaría de esa forma por su decisión de ayudarlo a llegar a la segunda prueba. Kurapika arriesgó su vida al enfrentarse contra Hisoka para darles tiempo de huir, y antes de eso lo cargó por horas. Podría haber muerto por él. Pero Leorio no pudo verlo, y eso no era algo que iba a olvidar tan fácilmente.
—No —respondió finalmente—. Vamos.
"Además, no querrías nuestra ayuda, ¿verdad, Leorio?"
Se pararon junto a las puertas, y a la cuenta de tres, los dos saltaron encima de ellas. Al pasar al otro lado Kurapika resbaló por un tobogán hasta caer en una sala hecha casi completamente de bloques de concreto, como si fuera un calabozo. Bonty cayó allí casi al mismo tiempo que él.
—Je je je je —Bonty parecía contento de haber terminado en la misma sala, aunque ya le había comentado que era bastante probable que eso pasara, ya que en pruebas de otros años se requería mucho trabajo en equipos.
—Vaya vaya —dijo una voz—, ustedes otra vez —era un chico delgado, igual de alto que Kurapika, con un suéter de mangas largas y un gorro azul en la cabeza. En su rostro tenía dos marcas negras que bajaban desde sus ojos hasta sus mejillas. Detrás tenía a dos sujetos más, muy parecidos a él. Eran los Hermanos Amori—. Pero no veo a cenicienta por ninguna parte, ¿no pasó la prueba anterior?
—Hermano, sí lo vimos, ¿no lo recuerdas? —dijo uno de los que estaba atrás. Era el más grande. Tenía una gorra hacia atrás, una camiseta de beisbol y en su rostro destacaba una frente bastante prominente.
—Cállate Umori, déjame molestarlos un rato.
Kurapika observó que en sus muñecas tenían puestos unos relojes que, aparte de mostrar lo que parecía ser la cantidad de tiempo restante para llegar abajo, tenían dos botones. Luego se dio cuenta que en una de las paredes había dos relojes más, debajo de un letrero que ponía "La regla de la mayoría".
—¿Qué es eso que llevan en las muñecas? —preguntó Kurapika, ignorando la pregunta del sujeto.
—¿Esto? —le respondió él, apuntando el artefacto mientras se lo enseñaba—. Es un reloj.
Los hermanos rieron. A Kurapika no le causó gracia.
—Amori, te está preguntando para qué sirve —dijo el otro hermano, que también llevaba una gorra, pero hacia adelante, y por su apariencia más menuda parecía ser el menor.
—¡Ya sé, idiota! —le respondió Amori—. H-hm. Muestran el tiempo que queda. Ustedes también tienen que ponérselos. Los botones son para decidir qué haremos. A partir de ahora todo lo que hagamos se hará por votación. En eso consiste la regla de la mayoría.
—Kurapika, creo que dicen la verdad —le susurró Bonty—, si fuera algo perjudicial no los estarían usando ellos.
—Es verdad —dijo una voz metálica por un altoparlante—, para seguir en esta prueba deben usar esos relojes y votar, tal como lo acaba de explicar el hermano mayor.
—Bien —dijo Kurapika. Él y Bonty tomaron un reloj cada uno y se los pusieron en las muñecas. Una pared comenzó a subir, revelando que detrás había una puerta. Tenía un letrero que decía "Abrir la puerta: O= Sí. X= No."
—Ahora tenemos que votar para decidir si abrirla o no —comentó Amori—, me imagino que todos estaremos de acuerdo en que tenemos que abrirla.
—Imaginas bien —le dijo Kurapika.
Todos votaron. El resultado fue unánime. La puerta se abrió inmediatamente.
—Bien —dijo Amori—, a partir de ahora se hará lo que yo diga.
—¿Por qué íbamos a hacerlo? —le dijo Bonty.
—Porque somos mayoría —miró a sus hermanos—, no hay nada que puedan hacer —rieron—. ¿Lo entienden? Bien —dijo antes de que pudieran responder.
"Es verdad, estamos jodidos."
Pasaron por la puerta, y al otro lado había un largo pasillo en sentido horizontal, pero unas rejas limitaban el paso; había una a la izquierda y otra a la derecha.
—Parece que hay que votar por cuál dirección tomar —dijo el menor.
Frente a ellos había un letrero: "O= Izquierda. X= Derecha".
—Tomaremos el camino de la izquierda —dijo Amori.
—Creo que… —Kurapika intentó hablar.
—Sshhhh —lo hizo callar Amori—. No, no quiero escuchar tu opinión. Hermanos, votemos —Los tres hermanos votaron por la izquierda, pero la puerta no se abrió aún.
—¿Qué pasa? ¿Por qué no votan? —Amori parecía irritado. Pero Kurapika lo estaba aún más. Lo miró desafiante, y luego votó X. El resultado fue cuatro O y una X. La reja izquierda comenzó a levantarse.
—Muy bien, sigamos adelante —dijo Amori, que comenzó a caminar por el pasillo junto a sus hermanos. Kurapika miró a Bonty enojado.
—Bonty —le dijo Kurapika a su compañero—, ¿qué haces?
—Ah, creo que tienen razón, el mejor camino es el de la izquierda, porque es el que uno tomaría instintivamente, ¿verdad?
—Precisamente por eso no es bueno. —suspiró, luego tomó aire—. Pero supongo que da igual.
Siguieron a los hermanos a través del pasillo. Al final había que doblar a la izquierda otra vez, y después de otro pequeño pasillo había una apertura. Al cruzarla, llegaron a un gran salón, tan grande como un pequeño estadio de basquetbol. En medio tenía una arena cubierta de baldosas de unos dos metros cuadrados cada una, que estaba sostenida por un enorme pilar que se perdía en las profundidades de la sala; alrededor no había nada más que un vacío, tan negro que parecía no tener fondo. El portal de la entrada donde estaban ellos, y la arena, estaban desconectados. Frente a ellos, al otro lado de la sala, había otra apertura, igual a la de ellos, y parados allí estaban cinco sujetos, todos encapuchados.
—Los estábamos esperando —dijo uno de ellos. Se puso frente a los demás. Luego levantó la cabeza para mirar a una cámara. Las esposas que tenía en sus muñecas se abrieron y cayeron al suelo. Se quitó la capucha. Era una chica de pelo rubio claro, casi blanco, tan largo que le llegaba hasta los tobillos. Era un poco más alta que Kurapika. No parecía tener más de 20 años.
—Je… —dijo Amori—, ¿Esos son los examinadores?
"No. No lo creo. ¿Qué no ves que estaba esposada, estúpido?"
—No —dijo la muchacha, que lo escuchó a la distancia—. Somos sus oponentes. Deben pelear contra nosotros si quieren continuar.
—Kurapika, creo que la conozco —comentó Bonty desde atrás.
—¿Sí? ¿De dónde? —le preguntó Kurapika.
—No recuerdo, pero su cara se me hace familiar.
El menor de los hermanos estaba con su mirada fija en la mujer, quizás le había gustado. Pero no lo culpaba, la chica parecía más una diosa que una humana. Como la Venus de Botticelli; una criatura celestial.
—Deben decidir —continuó la muchacha—, O: Se enfrentan a nosotros. X: No se enfrentan a nosotros.
—¿Es una broma? —dijo Amori.
—¿Deberíamos decir que no? —comentó Umori.
"¿Qué opción tenemos? Tal vez si votamos que no…"
—¿Qué pasa si votamos que no? —preguntó Kurapika en voz alta. Amori lo miró molesto.
—Tendrán que tomar otro camino, pero les advierto, en todos se encontrarán a personas como nosotros, tendrán que luchar tarde o temprano para seguir avanzando por esta torre—respondió la chica.
—Entonces deberíamos votar que sí —dijo Kurapika a su grupo—. No tenemos elección, realmente.
—¿Y a ti quién te pidió tu opinión? —Amori le recriminó—. Si voy a pelear preferiría no tener que hacerlo contra una chica bonita. Voto por no. —presionó el botón de su reloj, luego Umori hizo lo mismo, pero el menor de los hermanos no lo siguió.
—Imori —le dijo Amori, algo irritado—, ¿por qué no presionas el botón?
El joven miró su reloj, luego hacia la chica que tenía en frente, y después a Kurapika.
—Creo que tiene razón. Si votamos que no… No ganamos nada, si lo que dice ella es cierto, terminaremos en una situación similar a esta, hermano.
—Hmmm… —Amori gruñó—. Bien, bien, como quieras, traidor.
Kurapika, Bonty e Imori votaron. Fueron tres votos a favor versus dos en contra.
—Muy bien —comentó la muchacha—, las reglas de las batallas son muy simples. Ganará la primera persona que mate a su oponente o que logre hacer que se rinda, o que gane el enfrentamiento de acuerdo a las reglas acordadas. Una vez que ambas partes están de acuerdo con las reglas éstas no pueden modificarse. Siempre que no infrinjan alguna regla pueden usar cualquier método para ganar. El primer grupo que gane tres enfrentamientos ganará este juego. Yo iré primero. ¿Quién de ustedes me enfrentará?
"Cualquier método. Ella no parece ser una luchadora. ¿Cómo planea ganar?"
Amori, que estaba un poco más adelante, se giró hacia Kurapika.
—Tú —le dijo—, el rubio, pelearás con ella. ¿Tienes algún problema?
—Ninguno, pero, creo que sería un desperdicio. Si vamos a pelear debería enfrentarme al oponente más fuerte.
Amori lo miró de arriba a abajo.
—¿Fuerte? No me parece que seas muy fuerte.
—Es difícil para las personas de menor habilidad el juzgar correctamente la habilidad de los demás —le respondió Kurapika.
—¿Qué dices, bastardo? —Amori estaba echando humo.
—Yo —dijo Imori de repente—. Yo quiero pelear contra ella.
Amori lo miró, aún enojado.
—Hermano —Imori le puso una mano en el hombro—, déjame encargarme de ella.
—B-bien —aceptó Amori, a regañadientes. Entonces una plataforma se extendió desde debajo de donde estaban hasta la arena, conectando así los dos sitios. Imori elongó sus piernas y brazos, y luego cruzó el puente.
—Tenemos que decidir cómo nos vamos a enfrentar —le dijo la chica.
—¿Cómo? —Imori estaba confundido.
—Como puedes ver, no soy una luchadora.
"Tal como supuse."
—Qué tal esto: Cada uno dirá algo sobre su vida, y la otra persona debe decir si es cierto o no. Si su respuesta es correcta, entonces la persona que perdió debe dejar que le den un golpe en cualquier parte del cuerpo, sin defenderse —la chica sonrió de manera maliciosa. Imori se veía un poco nervioso.
—¿Y cómo sabremos si lo que dices es cierto o no? —dijo Kurapika en voz alta.
La chica apuntó hacia una de las cámaras.
—El examinador que nos está viendo sabe todo sobre mí. Pueden preguntarle por algo si no me creen. No tendría razón para mentirles, ¿verdad?
"Tiene razón."
—Bien. ¿Y cómo sabrás que lo que decimos nosotros es verdad? —Preguntó Amori.
—Uhmmm, los relojes —dijo Kurapika.
—¿Cómo?
—Los relojes deben estarles dando información sobre nuestro pulso. Si mintiéramos el examinador lo notaría. ¿Estoy en lo cierto? —Preguntó a la chica. Ella rió.
—Es verdad. ¿Entonces?
Imori miró hacia atrás, para ver si el grupo lo aprobaba. Amori asintió.
—De acuerdo —dijo Imori.
—Bien. Yo parto —dijo la muchacha—. Tengo más de 30 años —miró directamente a Imori.
—¿Eeeh? —exclamó el chico—, ¡Imposible! ¡Digo que es mentira!
"Es verdad, parece mucho más menor, pero…"
La chica dio una carcajada.
—Lo siento, cariño, es verdad. Pero no te diré mi edad exacta —dio una risita.
—¿Quéeeee? —dijeron todos, menos Kurapika.
—Ja ja ja. Como ven, las apariencias engañan… —La chica dio unos pasos hasta estar a menos de un metro de Imori. Empezó a girar la muñeca de su mano derecha, preparándola para dar el golpe—. Allá voy. —Tomó vuelo. Imori se quedó inmóvil, y el puño de la chica aterrizó en su pecho, delicadamente—. Ja ja ja —rió—. Tranquilo, niño, me voy a tomar esto con calma. —Imori parecía aliviado.
"¿Calma? —Pensó Kurapika— Claro, su trabajo debe ser retrasarnos, pero… —Recordó los grilletes que tenía puestos—, deben estar ganando algo más… ¿Tal vez…?"
—¿Ahora es mi… turno? —dijo Imori con una voz temblorosa. La chica asintió. Imori se puso a pensar.
Pasó un minuto, luego otro más, y al tercero Kurapika se dio cuenta que algo estaba yendo mal.
—¡Oye, chico, apresúrate! —gritó Bonty.
—¡No le grites a mi hermano! —le contestó Amori. Luego se giró hacia su hermano menor—. ¡Apresúrate, idiota!
—¡Sí! —dijo el chico—. Ahmm. Entre mis dos hermanos, yo soy el mayor —dijo.
"Qué mentira más mala…"
—Asumo que tus dos hermanos son esos dos con gorra, ¿verdad? —dijo la chica.
—Sí, ellos.
—Entonces digo que es mentira.
—¡Ja, te equivocas, sí es el mayor! —le gritó Amori.
Un zumbido se escuchó desde uno de los parlantes.
—Es mentira. El participante Amori está mintiendo —dijo el examinador.
—¡Rayos! —dijo Amori.
—No mientas, es inútil —le dijo Kurapika. Amori le frunció el ceño.
—Bien, allá voy otra vez —dijo la chica. Le dio un beso a su puño y luego lo lanzó con delicadeza a una de las mejillas de Imori. Imori estaba muy sonrojado.
—¿Qué está tramando? —Dijo Bonty.
—No lo sé —dijo Kurapika—. ¿Recordaste ya quién era?
—Creo que la vi en la televisión una vez, pero no sé dónde…
—¿Televisión? ¿No era una cantante? ¿Modelo? ¿Idol?
—¡Eso! —dijo Bonty.
—¿Idol?
—¡No, no, lo otro! Modelo, aparecía en un comercial de perfumes o labiales…
—¿En qué año fue eso? —Preguntó Amori—, a mí no me suena para nada.
—Eso fue… No sé, yo tenía como 15. En el 83, tal vez.
—Ah, con razón, yo era aún un bebé.
—Con que es ella… —dijo Kurapika.
—¿La conoces? —le preguntaron los dos.
—Sí, pero no de vista. Leí sobre ella una vez; Es una asesina.
—¡¿Cómo?! —dijo el resto.
—Es un caso famoso. "La masacre de Miss Universo 83", ¿No lo han escuchado?
—No… —dijo Amori.
—Creo —dijo Bonty—. Ah, sí, parece que sí, pero no recuerdo los detalles.
—Bueno —dijo Kurapika—. La participante favorita de ese año era Julia Nor Valamis, del Reino de Gonko, una joven de 17 años que había cautivado a todos con su cuerpo perfecto de color tierra y su gran sentido del humor. De hecho, ganó la competencia, pero la chica que obtuvo el segundo lugar, Vernika Sheridan de los Estados Unidos de Saherta, no quedó muy contenta. Envenenó a todas las "misses" en el banquete que se celebró luego de la premiación, y la condenaron a cadena perpetua.
—Asesina… —dijo Amori, mirando a la mujer impresionado—. Pero entonces… ¿Qué hace aquí?
—¿Aún no te das cuenta?: Esto es una cárcel de alta seguridad. Nuestros oponentes son prisioneros.
Los dos hermanos se miraron, impactados. Bonty sonrió emocionado, por alguna razón.
—Es mi turno —dijo la mujer—. Veamos si puedes deducir esta: Te acabo de envenenar con mi último golpe —sonrió otra vez, su apariencia angelical de alguna forma lo hacía más terrorífico.
—¿Veneno? —Imori se tocó la cara. Se miró la mano, y luego cayó de rodillas.
—¡HERMANO! —gritaron los dos hermanos.
La mujer dio otra carcajada.
—Ups, parece que es cierto. Ahm, tendré que dejar que me des un golpe. Vamos, párate.
Imori no decía una palabra.
"El veneno debía de estar en la saliva. ¿Pero cómo actuó tan rápido? Quizás fue porque tuvo contacto con la sangre de sus mejillas ruborizadas, aparte de su alta toxicidad. Qué mujer más peligrosa. Si Imori no se rinde ahora vamos a perder todas las horas en este encuentro."
—¡Chico, ríndete! —gritó Kurapika.
—¡Hazle caso Imori! —le gritó su hermano mayor.
—Ja ja ja —rió Vernika—, no gasten su aliento, ya no puede responderles. Mi veneno paraliza principalmente la parte con la que tuvo mayor contacto, en este caso, los músculos de la cara. No podrá hablar por un buen tiempo. Está respirando sí, tranquilos, no va a morir, no tengo intenciones de que muera, ja ja ja.
—¡Escúchame, zorra! —Le gritó Amori—, ¡Más vale que te rindas y dejes a mi hermano o te juro que apenas termine esto te mataré!
—Je je, no es como que puedas… —dijo ella.
Pasaron los minutos. Imori yacía en el suelo, inmóvil, y Vernika estaba a unos metros de allí, sentada con las piernas cruzadas. Kurapika y compañía sólo podían mirar con impotencia cómo se les acababa el tiempo poco a poco.
Luego de casi 3 horas Kurapika notó algo fuera de lo normal en el cuerpo de Imori y tuvo una idea.
—¡Oye! —le dijo a la mujer.
—¿Sí?
—Si Imori está muerto entonces habrás ganado, ¿verdad?
—Correcto. Sí se rinde, gano, y si muere, también, pero no pienso matarlo, ¿a qué quieres llegar?
—¿Cómo sabemos que no está muerto?
—Por su pulso, obvio. Si está muerto o vivo, el examinador puede decirnos, ¿verdad?
—El participante Imori está actualmente con vida —dijo el examinador por el parlante—. El duelo continuará hasta que muera, se rinda, o acabe el tiempo.
—Bien. En ese caso… ¿Qué pasa si… lo matamos nosotros? ¿Estaría eso en contra de las reglas?
—¡Oye, ¿qué estás diciendo?! —Umori tomó a Kurapika por el cuello y lo levantó.
—T-tranquilo… tengo un…gg, pla…n —Kurapika lo susurró entre dientes. Bonty le puso una mano encima del hombro a Umori, como amenazándolo. Se veía muy distinto de repente. Umori entrecerró los ojos y lo bajó.
—Ffuuu… —suspiró Kurapika—. Señor examinador, responda por favor, ¿lo está?
—No… Técnicamente no está en contra de las reglas. Sin embargo, si lo hacen, lo voy a contar como una derrota.
—¿Incluso si la matamos a ella?
—…Sí. Cualquier tipo de intervención haría que perdieran el encuentro.
—Excelente —dijo Kurapika—. Bonty. Cuando yo te diga acabas con ella de un solo tiro. ¿Puedes hacerlo? —Kurapika miró a Imori directo a los ojos.
—No hay problema —dijo Bonty.
—¿Quéee? —La mujer gritó—, Lippo, esto no es lo que acordamos ¡¿Cómo es esto legal?! ¡Lippooo!
—Bonty… —dijo Kurapika— ¡AHORA!
—¡NOO! —gritó la ex modelo.
Imori, que estaba en el suelo cerca de ella, empujó a la mujer hacia el vacío, de una patada en las piernas. Vernika cayó y cayó, hasta que sus gritos ya no se escucharon. El marcador sonó y cambió a 1-0 a favor del equipo de Kurapika. La plataforma que estaba debajo de ellos se extendió una vez más hacia la arena. Los dos hermanos corrieron a auxiliar a su hermano menor. El más grande lo tomó en brazos y lo trajo hasta el grupo.
—Hermano… ¿Estás bien? —le preguntó Umori.
—¡No puede responderte, idiota! —le gritó el otro.
El más joven de los hermanos miró a Kurapika, con los ojos llenos de lágrimas.
"Nunca habías matado, ¿verdad? Perdón por obligarte a hacerlo."
—Gracias, chico —le dijo Kurapika a Imori—, si no te hubiera visto mover esa pierna, no habría tenido esa idea. Contaba con que entendieras el mensaje, y veo que no me equivoqué —Imori no pudo responder. Kurapika le puso una mano en la cabeza sin saber por qué.
—¿Y tu arma? —le preguntó Amori a Bonty.
—No tengo ningún arma. Son un peso innecesario —dijo el grandulón.
—Ah… —dijo Amori—. Oye, mmm, tú, el rubio, ¿cómo te llamas?
—Kurapika —le respondió Kurapika.
—Gracias, Kurapika. Si no hubieras hecho eso habríamos estado aquí hasta que se acabara el tiempo, y hubiéramos perdido. Te… te debemos una.
—Descuida, lo hice por el equipo.
Otro de los prisioneros se puso delante de los demás y se sacó la capucha. Esta vez era un hombre de unos 50 años. Tenía el pelo gris, largo, amarrado en una cola de caballo. Era igual de corpulento que Bonty, pero de estatura similar a Kurapika. Su cuerpo color cobrizo estaba cubierto de cicatrices, especialmente los brazos. En su mejilla izquierda tenía el tatuaje de un escudo.
—¿Quién sigue? —dijo el hombre.
—¿A este no lo conocen? —preguntó Kurapika.
—Ni idea —dijo Bonty. Los dos hermanos se encogieron de hombros.
—Bien —dijo Kurapika—. Yo —le dijo al prisionero que estaba al otro lado. Los dos caminaron hacia la arena. Cuando llegaron, las plataformas que los llevaron hasta allí volvieron a esconderse entre los muros.
—¿Te parece bien una pelea hasta que uno de los dos se rinda o muera? —le preguntó el hombre.
—Claro, no hay problema.
Los dos tomaron posiciones. Kurapika se quitó su manta y tomó sus espadas de madera. Y entonces comenzó la batalla.
El hombre puso sus puños debajo de su barbilla, como si fuera un boxeador, y llegó hasta Kurapika dando unos pequeños saltos.
"A juzgar por el tamaño de sus brazos, esos golpes deben doler. Más vale que los esquive."
El hombre lanzó un jab con su puño izquierdo, y Kurapika lo esquivó en el último segundo. Sintió como si una bola de cañón hubiera pasado cerca suyo. El hombre retrocedió, luego se acercó otra vez y le lanzó dos jabs seguidos. Kurapika los esquivó agachándose, primero a la izquierda, luego a la derecha. El hombre volvió a retroceder.
—Veo que eres rápido —lo complementó el prisionero, mientras seguía moviéndose—, pero no podrás huir por siempre.
—No planeo hacerlo.
De nuevo, el prisionero se acercó dando unos saltos, pero esta vez era más rápido que antes. Lanzó tres jabs seguidos. Kurapika logró esquivar dos, pero el tercero desapareció de su vista, como si nunca lo hubiera lanzado, y antes de que se diera cuenta, tenía un puño en su cara, y luego otro, y otro. Kurapika cayó al suelo. El hombre pudo rematarlo ahí mismo, pero en vez de eso retrocedió y le dio tiempo para reponerse. Kurapika se sintió humillado.
—Pudiste terminarlo… ¿Por qué no lo hiciste? —de su nariz caía sangre como si fuera un río. Su ojo izquierdo comenzó a cerrarse, y su labio superior se estaba hinchando.
—No es honroso golpear a una persona cuando está noqueada.
"Tal vez sí sea un boxeador después de todo. Me pregunto qué habrá hecho para estar aquí…"
Kurapika lo miró unos segundos, después se arremangó las mangas de la camiseta, estiró uno de sus brazos y le hizo un gesto para que se acercara.
El prisionero dio sus saltos cortos hasta Kurapika, lanzó tres jabs otra vez, y el tercero volvió a desaparecer, pero a Kurapika no le iban a hacer el mismo truco dos veces. Movió la cabeza hacia un lado, sintió la bola de cañón rozándole una de las orejas, y extendió su espada derecha hasta azotarla en el vientre del sujeto. La espada se quebró al instante, como si hubiera chocado contra una estatua.
"¡¿De qué está hecho este tipo?!"
El sujeto levantó una pierna para patear a Kurapika lejos, pero Kurapika alcanzó retroceder.
Miró su espada rota, y recordó lo que le tomó hacerla. Hizo una mueca de tristeza. Luego se giró y se las arrojó a Bonty, que la recibió en la cara.
—¡¿Y eso por qué?! —le recriminó el gigante.
—No van a servir —respondió Kurapika, luego se dirigió a su oponente—. Oye tú, peleas muy bien, pero no pareces un criminal. ¿Qué te trajo aquí, si se puede saber?
El hombre dio una carcajada.
—Eso no es de tu incumbencia, chico —pausó—. Pero bueno, ya que tienes curiosidad. Si logras hacerme eso —apuntó a la nariz con sangre de Kurapika—, te diré.
—Trato.
Kurapika corrió hacia el sujeto. Saltó. Giró dos veces en el aire e intentó acertar una patada. El hombre la bloqueó de un manotazo. Kurapika escuchó algo crujir en su pierna.
"Diablos…"
Con la otra pierna intentó aterrizar otra patada, pero también fue rechazada por un antebrazo del sujeto. Kurapika se impulsó otra vez por el aire, tomó uno de los shurikens que tenía escondidos en su cintura y se lo arrojó al hombre. El metal se clavó directo en su frente, y el hombre giró sus ojos hacia arriba para verlo. Pero en vez de morir en ese momento, levantó una de sus manos y se lo quitó del lugar, haciendo que le cayera un pequeño hilo de sangre por entre los ojos. Kurapika aterrizó en el otro lado de la arena, con una sola pierna.
"Ya no podré utilizar la pierna derecha, tendré que recurrir a métodos desesperados si quiero ganar esto."
—Eso fue cobarde —le dijo el sujeto.
—Nunca dije que no tenía otras armas.
El hombre rió.
—Bien, chico, cumpliré mi promesa. Me llamo Butch "el Escudo", soy un ex militar, boxeador profesional y guardaespaldas privado. Durante mi carrera maté a unas 200 personas, pero estoy aquí por haber matado a un líder político, en verdad. Me decían "el Escudo" porque protegí exitosamente la vida de J. Heras, el mayor narcotraficante del mundo, por casi 20 años. Nadie me pasaba, siempre cumplí mi trabajo. Bueno, hasta que pasó eso. Pero ese hijo de puta se lo merecía, se metió con quién no debía —una pizca de ira se notó en su forma de hablar por un instante—. H-hm. El jefe de esta cárcel me atrapó unos meses después. No es ni de cerca tan rudo como yo, pero…
—Butch —dijo una voz por el altoparlante—, no hables más de la cuenta.
—Lo sé, lo sé, tranquilo jefe.
"¿Atrapó a esta bestia? El examinador debe ser alguien muy fuerte."
—Muy bien, continuemos la pelea.
—Oye, oye, espera. ¿No me vas a contar sobre ti? Es de mala educación no presentarse cuando la otra persona se presenta.
—Soy Kurapika. Vengo de Lukso. No me dedico a nada en particular. ¿Continuamos?
—Bueno, Kurapika de Lukso.
El hombre se abalanzó contra Kurapika, sin sus saltos característicos, mucho más veloz. Hizo un arco en el aire con su brazo derecho, e iba dirigido directo a Kurapika, pero justo antes de que lo tocara, Kurapika dio un salto, y luego aterrizó con la pierna izquierda en la cabeza del sujeto, que cayó de cara al suelo. Kurapika aprovechó el impulso para saltar otra vez hacia atrás, aterrizando en esa misma pierna. Esperó a que el tipo se parara. La herida que le había hecho en la frente se abrió aún más luego de que su cabeza chocara contra el piso. El hilo de sangre que le corría ya parecía más un pequeño río, pero como boxeador seguramente estaría acostumbrado a que le abrieran la cara.
—Con que eres cosa seria. Tendré que pelear en serio entonces —le dijo.
Kurapika se agachó y se sacó dos cuchillos que tenía escondidos en su pierna buena.
"Estoy listo."
El boxeador desapareció de su vista. Kurapika se cubrió el torso con ambos brazos. De pronto sintió dos fuertes manos apretando sus muñecas, y sus brazos abrirse hacia los lados contra su voluntad. Sintió unos golpes en el estómago, rodillas que parecían bloques de cemento. Trató de cubrirse con su pierna buena, pero no la podía mover, una bota estaba aplastando su pie izquierdo, no había nada que pudiera hacer.
—JE JE, ¿Pensabas que no iba a notar que no podías usar la otra pierna? Novato.
Tres. Cuatro. Seis. Diez rodillazos. Y con cada uno Kurapika sentía que se le quebraba alguna costilla. De su boca corrió sangre como una cascada. El sabor del metal lo distraía un poco de la paliza que estaba recibiendo. Entre golpes de repente podía oír los gritos de sus compañeros de equipo, pero no podía distinguir quién era quién. De repente los golpes cesaron, y Kurapika cayó otra vez al suelo. Levantó la vista y vio un demonio parado frente a él, lo observaba de brazos cruzados. Su presencia era imponente como una gran montaña. "¿Eso es todo lo que tienes?", creyó escuchar.
"No. No puedo perder así… Pero no tengo oportunidad contra este tipo. No así, tal vez si pudiera… Pero no lo puedo controlar. Maldición. ¿Por qué soy tan débil? Maldición."
—¿Qué pasa? ¿No eras tan rudo? Qué decepción.
—¿Eso es… todo lo que tienes… Puto? —Kurapika se paró como pudo—. Ni siquiera sentí… Esos golpes —le mintió. El hombre dio una carcajada.
—Me caes bien. Tienes bolas, chico, eso te lo otorgo, pero… —El sujeto lo observó con cuidado—. Creo que se me pasó la mano —hizo una mueca—. Así no puedes seguir peleando. No voy a golpear a una bolsa de arena. Ríndete.
—¿Qué…? ¿Ya te acobardaste…?
El hombre volvió reír, pero su sonrisa se apagó de a poco al ver que Kurapika lo decía en serio.
—¿Me estás tomando el pelo? Mírate, apenas puedes estar en pie. Esto se acabó. Un hombre también debe saber cuándo rendirse, chico, esto no tiene por qué terminar mal, me caes bien, no quiero tener que matarte, no me obligues a hacerlo.
—No voy a rendirme, si me rindo, entonces… —Kurapika miró a su equipo. Bonty y Amori estaban viendo la pelea, pero Umori estaba atendiendo a su hermano menor.
—¡Kurapika, ríndete ya! ¡Está claro que este sujeto está fuera de tu liga! —le gritó Bonty.
—Gracias… por… el apoyo.
—¡Vamos ganando, si pierdes sólo quedaremos empatados, necesitamos dos victorias más, pero podemos hacerlo, confía en nosotros!
—¿Confía…?
"Confía en mí, Kurapika" —las palabras de su amigo muerto resonaron en su cabeza.
Kurapika miró sus piernas, estaban temblando. Necesitaba tener energía para seguir bajando la torre. Todo parecía indicar que lo más racional sería rendirse, ya que seguir en la pelea era demasiado riesgoso, y en el peor de los casos quedaría con graves secuelas por absolutamente nada.
—¿Y? ¿Qué dices? —le preguntó el sujeto.
—Me… me… —"Confía en mí, Kurapika…"— Me rindo —el contador sonó. Kurapika sintió su cuerpo pesado. El tic tac del reloj que tenía en su muñeca resonaba por los confines de su cerebro, lentamente, hasta que todo se apagó. Algo chocó contra el piso.
"Confío en ti, Bonty."
Kurapika abrió los ojos con cuidado. El lugar era oscuro. De repente entraban unos flashes de luz.
"¿Dónde estoy?"
—…no es nada personal. Como te decía, Kurapika, nunca he buscado pasar ese examen —la luz mostraba la mitad de su rostro, cada un segundo. El lugar temblaba. Se escuchaban las ruedas de una locomotora—. Voy, tomo lo que necesito, y luego lo vendo en algún mercado negro. Ese es mi trabajo —El hombre estaba sentado frente a Kurapika, con las piernas cruzadas, y una pistola sobre su regazo—. Ah… De sólo pensar en el dineral que me darán por ti… —El hombre sonrió un buen rato con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia el techo. Su cara era familiar—. Jajaja, no puedo creer la suerte que tengo. Quién iba a pensar que me iba a topar con un kuruta real, ¡vivo!, impensable. Y todo se lo debo a ese idiota de Tonpa, si no te hubiera hecho enojar, nunca hubiera visto esos preciosos ojos escarlata. Sabes, deberías esconderlos un poco más, nunca- nunca sabes cuando te vas a topar con alguien como… Bueno, como yo, básicamente.
—¿Bo… Bonty?
"Debe ser una mala pesadilla…"
—Oh, ya puedes hablar. Se acabó el efecto de la droga. Ahm, pero tranquilo, para eso tengo esta preciosa —levantó el arma y la cargó con un dardo—. ¿Te gusta? La usan para dormir animales en los zoológicos, espero que no te ofenda, pero pensé que sería adecuada para ti, después de todo, eso es lo que serás de ahora en adelante. —Apuntó el arma y disparó a Kurapika en el muslo. Kurapika no sintió nada—. Nos veremos, ahm, no, creo que nunca. Adiós, Kurapika.
La vista de Kurapika comenzó a nublarse otra vez, mientras veía a Bonty abrir una puerta y salir de la habitación.
"Bonty… No… No… No debí confiar en nadie otra vez. Soy un imbécil. Soy un…"
La oscuridad se hizo más y más densa. El sonido de la locomotora fue desapareciendo, hasta que los sentidos de Kurapika se apagaron completamente.
