Capítulo XI: Inmóvil (Leorio).
La puerta final se abrió. Al otro lado estaban aquellos que lograron pasar la tercera prueba. La última sala era circular, y sus paredes estaban cubiertas con múltiples puertas. Todas eran el final de alguno de los caminos que los participantes habían tomado para llegar a la base de la torre.
—Hay más gente de la que esperaba —dijo Killua.
—¿Más? Es menos de la mitad —dijo Leorio.
Killua se había recuperado muy rápido en los dos días que estuvieron encerrados, aunque su cuerpo aún estaba cubierto de vendas. Las serpientes le habían dejado agujeros por todas partes. Su ropa quedó hecha añicos. Por suerte en la sala de espera había un mueble con camisetas de la Asociación, que Leorio también tuvo que tomar prestadas.
—Son demasiados. Les debe haber tocado más fácil. —Killua comentó. Hubo un corto silencio—. ¿Qué?
—Pareces una momia.
—¡Cállate! ¡Tú estás igual, pelado!
Una voz anunció que quedaban diez minutos para que terminara la prueba.
—Quizás seamos los últimos —dijo Killua. Leorio lo miró serio—. Ahh, no me mires así. ¿Aún te preocupan tus amigos?
—Van a llegar —dijo Leorio, luego pausó—. Tienen que llegar.
Bourbon, que venía detrás de ellos a paso lento, cruzó la puerta por donde habían salido antes.
—Oh, ya pensé que te nos habías muerto, viejo —comentó Killua. El hombre sólo lo miró, sombrío, con su cara aún pálida por toda la sangre que había perdido. Luego siguió de largo—. Oye ¿A dónde vas?
—Nos vemos en la siguiente prueba, chico. —dijo Bourbon sin siquiera voltearse. Siguió caminando hasta el otro lado de la sala.
—Hmp. Traidor —Killua se quejó.
—Traidor. —dijo Leorio. Killua lo miró de reojo. —¿Qué? ¿Le salvamos la vida, y así nos agradece?
—Quizás se siente humillado porque unos chiquillos lo hayan salvado. Tú especialmente deberías entenderlo.
Leorio lo miró enojado.
—¿Qué sabes tú?
—Te enojaste con ellos porque te ayudaron a pasar la primera prueba, ¿no?
Leorio se mantuvo en silencio.
—Lo sabía.
—Intenté pedirle disculpas después de lo de la montaña partida, y me ignoró. Hizo como si no importara. Pero es obvio que está enojado. Arriesgó su vida por mi y yo le pagué con un puñetazo.
—Tienes que aprender a calmarte, viejo, o te vas a quedar sin amigos.
Leorio apretó su puño. Sabía que Killua tenía razón, pero no se lo iba a admitir.
—Tal vez debimos elegir a Sommy en vez de Bourbon.
—¿El del mono? Ni siquiera peleó. No se lo merecía.
—Pero habría sido un buen aliado.
Killua rió.
—Eres muy inocente, Leorio.
"¿Soy muy inocente?", pensó Leorio.
Un grupo de tres sujetos cuchicheaban cerca de ellos. De repente uno tomó a otro y lo montó en su espalda. Al parecer aquel sujeto no podía moverse por su cuenta, pero Leorio no recordaba haber visto a nadie en esa condición antes, por lo que supuso que algo debió pasarle durante la prueba que lo dejó en esa condición. El tercer sujeto también se paró, y los tres se acercaron hasta Leorio y Killua.
—Tú debes ser Leorio —dijo uno de ellos. Al estar más cerca Leorio pudo notar que los sujetos se parecían. Quizás eran familiares. El que le acababa de hablar no era tan alto ni robusto como el que estaba cargando al otro sujeto, y el que estaba siendo cargado parecía ser el menor de los tres. Entonces Leorio recordó que Tonpa se los había introducido como un grupo de veteranos que eran hermanos, pero no recordaba sus nombres.
—¿Cómo lo sabes? —Leorio le preguntó. Killua parecía no estar prestándoles atención, pero Leorio sentía que estaba escuchando la conversación de manera muy atenta.
—Bonty nos lo dijo —dijo otra vez el mismo sujeto de antes. Parecía que era el líder.
—¿Bonty? ¿Qué pasó con Kurapika? ¡¿Dónde está?! —les preguntó Leorio. Pero entonces, antes de que pudieran responder, Leorio conectó los puntos: Ellos eran tres, y Kurapika y Bonty dos. Los equipos de la torre eran de a cinco—. ¿Qué les hicieron?
—Nada. No es lo que piensas —dijo el líder, un poco irritado.
—Dime. Ahora.
—Te dije que esto iba a ser inútil —dijo el más grande, sin quitarle de encima los ojos a Leorio. El más pequeño lo miraba asomando su cabeza desde el hombro de su hermano.
—¡No! ¡Cállate! —le gritó el líder a su hermano—. Leorio. Kurapika estuvo en nuestro grupo durante la prueba.
—Ya lo sé. ¿Dónde está?
—Arriba —el tipo apuntó con su cabeza—. Está vivo. Bonty nos dijo que siguiéramos porque…
—¿Bonty? ¿Por qué él? ¿Kurapika estuvo de acuerdo?
—Kurapika no podía hablar. Estaba… Tuvo una pelea, me imagino que ustedes igual —miró de reojo los brazos de Leorio y Killua, que estaban cubiertos con vendas y yeso.
—Ya veo… —"O sea que no fue su decisión. Kurapika nunca se rendiría"—. ¿No les dijo nada más?
—Dijo que iba a llevar a Kurapika a un hospital.
—¿No les dijo dónde?
—No.
—¡¿Por qué no le preguntaron?!
—Oye, si yo fuera tú cambiaria un poco mi tono, no somos tus lacayos —dijo el más grande.
Leorio suspiró para calmarse un poco.
—Tienes razón. Perdónenme. ¿Cómo se llaman ustedes?
—Yo soy Amori—dijo el líder—, mi hermano aquí al lado es Umori, y el que está en su espalda es Imori.
—Amori, gracias por… Gracias por darme ese mensaje —dijo a regañadientes. A Leorio le molestaba agradecer—. En verdad alegra saber que Kurapika está vivo.
Leorio sintió que al abrirles su corazón de esa manera, había hecho que se calmara un poco el ambiente.
—Está bien. Kurapika… —Amori dudó unos segundos—. Nada. Sólo, si lo ves, dile que estamos a mano.
Leorio asintió, y después los tres se devolvieron hasta donde estaban antes.
—¿Entonces perdieron? —dijo Killua. Leorio no le respondió.
"¿Pero por qué tengo este sentimiento de que algo está muy mal?", pensó Leorio.
Se escuchó una voz anunciando que quedaba un minuto para que terminara la prueba.
—¿Por qué les creíste? —preguntó Killua. —Podrían estar mintiendo, sabes…
—¿Qué ganarían con decírmelo? —Leorio le respondió.
Killua sonrió.
—No eres tan tonto después de todo.
Luego de un minuto se escuchó una bocina. El marcador mostraba los cero segundos. Todas las puertas se cerraron. Todo el que no hubiera llegado a esa sala había reprobado.
Una puerta más grande que las otras se abrió. La luz del exterior inundó la sala y Leorio sintió sus ojos encandilarse.
Los participantes comenzaron a salir, uno a uno. Leorio se quedó sentado.
—¿Qué haces? Vamos —le dijo Killua desde el umbral de la puerta. La luz rodeaba su cuerpo, y su silueta parecía una sombra. Leorio vio por unos segundos la figura de Pietro, su amigo muerto. Recordó las palabras de su madre: "No puede pasar otra vez."
Leorio salió de la torre.
Al otro lado los estaban esperando dos sujetos. Uno alto, calvo y de rasgos faciales desagradables, y otro muy pequeño, con gafas circulares y un largo mohicano en su cabeza. Leorio supuso que eran los examinadores. Frente a ellos tenían un artefacto en forma de caja el cual estaba montado sobre un podio.
—Felicitaciones, lograron descender —dijo el tipo del mohicano con su voz chillona—. Ya sólo les quedan dos pruebas.
—¡¿Dos más?! —exclamaron unos cuantos participantes.
—¡Oye! —dijo Leorio—. Tengo una pregunta —todos lo miraron—. ¿Qué pasa con los que perdieron?
El sujeto del mohicano lo miró interesado.
—Una aeronave vendrá a buscarlos en unas… dos horas —le respondió—. A los que están vivos, claro —añadió, con una risita—. ¿Por qué?
—Uno de mis compañeros no pasó la prueba. Eso es todo.
—¿Quieres saber si está vivo? —le preguntó el sujeto.
Leorio no se esperaba que le diera esa posibilidad. Miró a Amori y sus hermanos, y pensó que confiaba en ellos.
—No, está bien.
—Bien —dijo el hombre del mohicano—. La siguiente prueba tomará lugar en una isla llamada Zevil, a unos kilómetros de aquí. Pero primero, debemos hacer un sorteo.
—¿Sorteo? —dijo uno de los participantes.
—¿Para qué? —dijo otro.
—Para decidir a quién van a cazar —dijo el sujeto—. Y quién los va a cazar a ustedes.
En esta caja hay veinte tarjetas con veinte números —continuó—, los números que tienen en sus placas.
Entonces todos entendieron. El número que sacaran iba a ser el número de su presa. Rápidamente todos guardaron sus placas. Todos salvo por Hisoka, que no le temía a nadie, y Killua, que quizás aún no se percataba.
—Oye, deberías esconder eso —le dijo Leorio. El examinador seguía hablando, Leorio vio cómo Hisoka se acercaba a la caja.
—Nah, no hay de qué preocuparse —dijo Killua, con una sonrisa y su confianza pedante típica.
—Bueno. —Leorio se encogió de hombros y volvió a mirar hacia Hisoka, que acababa de sacar su número.
Hisoka lo observó, después, con un gesto de su mano hizo desaparecer el objeto. Alguno se habría sorprendido por ese truco, pero nadie quería alimentar el ego de ese sujeto.
Se devolvió hasta donde estaban los demás, en silencio. Y así pasaron los demás, uno tras otro, hasta Bourbon, que fue el último en llegar al final de la torre. Todos se acercaron a la caja por sus propios medios, excepto por Imori, que necesitaba ir montado en la espalda de su hermano.
Leorio vio su número una sola vez antes de guardarlo, era el 198. Intentó ver si alguien lo tenía, pero ya era demasiado tarde, y no pensó que sería necesario recordar algo tan trivial.
—¿Todos tienen una? —preguntó el examinador—. Bien. Este tabulador registró el número que cada uno de ustedes sacó, así que pueden deshacerse de la tarjeta si lo estiman conveniente. Como ya supondrán, el número que les salió es el número de su presa. Su objetivo será recolectar las placas de los demás participantes. La placa de su presa valdrá tres puntos, y la suya, si es que aún la conservan, también valdrá tres puntos. El resto de las placas sólo valen un punto. Para avanzar a la etapa final deben obtener un mínimo de seis puntos. —Hizo una larga pausa mientras los miraba con una mórbida sonrisa—. Bien. Esas son las reglas de la cuarta prueba. Espero que disfruten su estadía en la Isla Zevil.
El enano le hizo un gesto al hombre que tenía al lado.
—Un barco nos está esperando en la costa —dijo el sujeto, que hasta entonces se había mantenido en silencio—. Síganme.
El tipo comenzó a caminar hacia el bosque y el grupo lo siguió en silencio.
Killua seguía a su lado. Leorio se comenzaba a preguntar por qué.
—Killua —le dijo Leorio.
—Dime.
—¿Por qué tomaste este examen?
—¿Hm? Qué raro que lo preguntes ahora. La verdad no lo sé. Parecía divertido.
—¿Divertido? Por qué un niño de tu edad querría arriesgar su vida. ¿No habías escuchado lo peligroso que era?
—Claro, por eso mismo quise venir.
Leorio dio una carcajada.
"Este chico es todo un personaje".
—¿Y tú? —Killua lo miró con curiosidad.
—¿Yo? Yo sólo quiero dinero.
—¿Dinero? Jaja, ¿en serio por algo tan tonto?
A Leorio no le causó mucha gracia su comentario.
—No lo entenderías. Ya, basta del tema.
—¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Qué dije?
—Te dije que basta.
—…Lo siento, tienes razón, no lo entiendo. Por eso quiero entender.
Leorio lo pensó unos segundos.
—Yo creo que ya lo supones, pero vengo de una familia muy pobre. Quiero tener dinero para estudiar medicina y tener una mejor vida.
—Sí, claro.
Killua lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
"¿Y a este qué le pasa ahora?"
El grupo llegó a la costa, donde los estaba esperando un gran barco de madera.
—Este barco los llevará a la Isla Zevil —dijo el examinador—. Les deseo lo mejor.
Subieron al barco a través de una plataforma. Arriba había una mujer, posiblemente otra examinadora, que los saludó cordialmente. Después Leorio caminó hasta el fondo del barco y se sentó allí.
—¿Y? ¿Quién te tocó? —le preguntó Killua. Por un momento Leorio había olvidado que tenía al chico a su lado.
—¿Por qué debería decirte?
—¿No quieres saber quién me tocó a mí?
—No, sinceramente…
—Agh, qué pesado. Bueno, espero que no sea tu presa al menos —Killua lo miró de reojo.
—Tal vez lo eres.
Killua puso una cara de niño malcriado irritado. Después se le arrojó encima para intentar quitarle la tarjeta.
—¡Muéstrame, no seas así! —Los dos forcejeaban.
—¡No puedo! ¡Compórtate… mocoso!
Los demás participantes los miraban con disgusto. Killua le metió la mano en unos de sus bolsillos.
—Esto no es la tarjeta… —dijo Killua con algo de repulsión. Había tocado su navaja.
—¡AJÁ! —exclamó. Leorio aprovechó su distracción para montarse encima de él y ahorcarlo en una llave.
—¡Suéltame! ¡Aaah! ¡Siento que se abrió una de mis heridas!
Leorio lo soltó por unos milisegundos al escuchar esa vil mentira, y Killua aprovechó para escabullirse de entre sus brazos y tomar la tarjeta que tenía en el otro bolsillo. Después saltó hasta estar en el borde del barco.
—Ahh —dijo mirando el número—, no sé quién es.
—¡Dame eso!
—Sí, sí. —Killua le arrojó la tarjeta y después saltó otra vez hasta quedar cerca suyo. Leorio volvió a guardarla, esta vez dentro de su maleta, donde también había guardado su placa.
—Maldito mocoso… —Se quejó—. ¡Ahora que ya sabes quién es mi presa, lo más justo sería que yo supiera la tuya!
—¿Eeeh? No gracias.
Leorio gruñó.
—No eres tú, idiota —le dijo Killua finalmente.
Pasaron cerca de dos horas y el barco arribó en Isla Zevil. La mujer de antes les indicó que se bajarían en el orden en que habían pasado la tercera prueba, con intervalos de dos minutos.
—Estarán aquí por una semana —les dijo—. Cuando terminen de recolectar sus seis puntos, vuelvan a este sitio, nos veremos entonces.
El primero en entrar en la isla fue Hisoka. Pasados dos minutos le tocó a Gitarakuru, después a Kenmi, y así hasta que sólo quedaron 4 en el barco: Leorio, Killua, Bourbon y uno más que Leorio no conocía.
—Participante Shishito.
—Sí, ya sé —dijo el sujeto mientras se paraba. Caminó hasta la plataforma que conectaba el barco con la isla y después corrió hasta ella para desaparecer entre su selva.
—Eres el siguiente —dijo Killua.
—Sí —le respondió Leorio. Killua hizo una mueca.
—Bueno, nos veremos al final de la semana, supongo.
—Eso espero. Oye chico —Leorio pausó—. Cuídate, ¿sí?
Killua rió.
—Gracias, papá.
Leorio lo miró con preocupación.
—Participante Leorio —dijo la examinadora—. Es su turno.
—Sí. —Leorio dio un paso al frente—. Nos vemos, Killua —le guiñó un ojo.
Leorio corrió por la plataforma hasta cruzar a la isla. Después caminó para entrar en el bosque. Escuchaba a personas que estaban ocultas. Quizás alguno de ellos era su cazador. Leorio simulaba estar caminando tranquilamente, pero la verdad es que estaba atento a cualquier ataque.
"No me van atacar ahora que puedo defenderme. Esta caza va a ser una batalla de paciencia".
Había sombras por todas partes, las ramas de los altos árboles tapaban los rayos del sol. Parecía un lugar confortable y silencioso, sin peligros aparentes, contrastando con los lugares en que habían tomado lugar las pruebas anteriores, que estaban llenos de trampas y bestias salvajes. Acá el peligro no estaría en el lugar de la prueba, sino en los otros participantes del examen.
Leorio se preguntaba si quizás debería esperar a Killua en algún lugar y hacer equipo con él, pero la verdad es que sentía que ya lo habían salvado demasiadas veces y que debía pasar al menos esta prueba por su cuenta. Pero antes debía encontrar a su presa.
Leorio no tenía idea a quién le pertenecía el número 198. Intentó deducir quién podría ser, pero la verdad es que tenía demasiadas pocas pistas. Quizás al ser un número más bien bajo podría pertenecer a uno de los veteranos, pero hasta Odry tenía un número más bajo y perdió en la segunda prueba. Era un dato irrelevante.
"Maldición. Lo único que me queda es enfrentarme con cualquier otro participante y rogar porque tenga esa placa. En el peor de los casos tendría que derrotar a tres que no sean mis presas y conseguir así los tres puntos, pero estamos hablando de los mejores de los mejores del mundo, seleccionados a través de duras pruebas. Es simplemente imposible. Tal vez debería tragarme mi orgullo y…"
Leorio escuchó unos pasos.
—¿Quién es? —preguntó. Pero no hubo respuesta. Entonces vio por el rabillo del ojo que algo volaba en su dirección. Un proyectil. Se movió instintivamente para esquivarlo, y escuchó cómo se clavaban dos cosas en un tronco cerca de él. Leorio se giró para mirar qué eran y vio que eran unas cartas. Era la primera vez que veía algo así en vivo. Antes de que quién sea que le hubiera arrojado eso lo volviera atacar. Leorio corrió en la dirección de donde vino el proyectil, pero entonces se encontró que iba a dar a un barranco, en un lugar rocoso desde donde se veía casi toda la isla.
Se asomó por la orilla e intentó ver si había algo allí, y entonces escuchó una risa detrás de él.
—Bon jour —le dijo una voz masculina.
Leorio se giró a mirarlo. No podía creer lo que veían sus ojos. La persona que había aparecido ante él, era…
"Hisoka…"
Leorio metió su mano en uno de sus bolsillos para tomar su navaja, pero antes de que pudiera sacarla ya tenía a Hisoka encima tomándolo de los brazos.
—Tranquilo, no es necesaria la violencia, sólo quiero hab…
Leorio le dio un cabezazo con todas sus fuerzas y se lo quitó de encima. Hisoka se tomó la cara con una mano y se apartó unos pasos. Leorio sacó su navaja y la levantó en una posición defensiva mientras escaneaba el lugar para ver si Hisoka no estaba acompañado.
—Vaya, eso me tomó por sorpresa —Hisoka se quitó la mano de la cara y reveló que comenzaba a correr sangre por su nariz—. Tienes coraje, me gusta eso —se limpió la sangre que le goteaba con la lengua.
—Esas cartas que me acaban de arrojar, ¿eran tuyas? —Leorio seguía en su posición defensiva.
—Tal vez. Deja revisar si me faltan —Hisoka sacó de uno de sus bolsillos una baraja y la comenzó a revisar a modo de burla; era claro que fue él.
—Ja ja, mira cómo me río, payaso.
—De nada —Hisoka le dijo como si fuera un cumplido.
—¿Qué quieres? —le dijo Leorio, que no bajaba su guardia.
—Ya te dije, sólo quiero… Ah, no me dejaste terminar, pero para allá iba —Hisoka revolvía su baraja mientras hablaba.
—Dijiste que no querías violencia, pero sin embargo me atacas.
—Era un saludo. Yo te ataco a ti, tú me atacas a mí, estamos a mano.
Leorio gruñó.
—Bien. ¿Y qué quieres?
—Hablar.
—¿Sobre qué?
—Kurapika.
—¿Kurapika? ¿Qué sabes de él?
—No mucho. Pero me cayó bien, esperaba verlo en esta etapa también.
—¿Cómo sabes su nombre? ¿Dónde lo conociste?
—¿Hm? No me acuerdo. Pero eso no es importante, lo que sí es más importante, y que podría interesarte, es que sé dónde está ahora. O dónde estará, más bien.
—¿Cómo? —Leorio estaba confundido.
—Ese otro tipo con el que estaba lo venderá como un esclavo.
—¿De qué estás…? ¿De qué estás hablando?
Hisoka rió.
—Los estaba viendo. Vi cuando Tonpa los intentó envenenar, cuando ese otro sujeto te ayudó con un antídoto, y todo lo que pasó después. ¿Crees que fue casualidad? ¿De verdad? —Hisoka dio otra risita—. Kurapika debería ser más cuidadoso con sus secretos.
"Secretos…", no pasó mucho tiempo para que Leorio conectara los puntos. ¿Qué fue lo que Kurapika mostró en ese momento que pudo despertar el interés de Bonty?
—¿Los ojos rojos…? —dijo Leorio, bajando los brazos.
—Bingo.
Leorio estaba sin palabras. En ese momento pensó que lo podría haber alucinado, pero había sido real después de todo. Nunca había visto algo así. ¿Podría ser que esa fuera… la razón por la que masacraron a su tribu?
"Esa maldita rata… Estaba esperando que Kurapika bajara su guardia para poder atacarlo. Y todo es por mi culpa. Por haber confiado en Tonpa, expuse a Kurapika. ¿Y ahora va a ser vendido como una mercancía? No puedo permitirlo. Tengo que saber dónde está. Ahora."
—Quizás te preguntas por qué te estoy diciendo esto —Hisoka continuó—. Bueno, la verdad es que ni yo lo sé muy bien. —Hisoka guardó su baraja.
—¿Sabes… dónde lo va a vender?
—¿Hm? Sí, pero… No puedo decirte.
—¿Por qué no?
—Porque no confías en mí.
Leorio guardó su navaja y caminó hasta donde él. Hisoka sonrió.
—Si te acercas un poco más podría decírtelo al oído —le dijo.
Leorio obedeció a regañadientes, pensó que si eso tomaba para que Hisoka sintiera que confiaba en él, entonces debía hacerlo. ¿Pero podría ser que estuviera mintiendo también para hacerlo bajar su guardia? Leorio no lo sabía, pero su relato tenía sentido. Bonty siempre le dio mala espina.
Se acercó hasta estar a sólo unos centímetros de Hisoka, y Hisoka acercó su cabeza hacia una de las orejas de Leorio, y le susurró.
—Caíste.
Hisoka le dio un pisotón en su pie derecho y después se impulsó hacia atrás. Leorio intentó correr hasta él, pero su pie estaba completamente pegado al suelo de roca, como si un imán muy potente los estuviera juntando.
—¿Qué es esto? ¡¿Qué me hiciste?! —Leorio intentó levantar su pierna otra vez, pero era imposible. Hisoka se reía como un payaso. En su mano tenía la placa de Leorio.
"¡¿En qué momento?!"
—Ahh, qué desilusión, no eres mi presa —Le arrojó la placa de vuelta. Chocó contra el pecho de Leorio, luego contra el suelo, y giró hasta alejarse unos metros. Hisoka comenzó a caminar hacia el bosque.
—¡Espera! ¡Dime dónde puedo encontrar a Kurapika, ahora! ¡Dime!
—¿Por qué lo iba a hacer? Oblígame. Au revoir, Leorio —Hisoka desapareció.
"¡¿Cómo sabe mi nombre?!"
Entonces Leorio se dio cuenta de la situación vulnerable en la que se encontraba. Si no lograba liberar su pie iba a ser presa fácil de cualquiera que lo estuviera vigilando.
Por mucho que intentó, no pudo despegar su pie de la roca. Parecía envuelto en alguna clase de sustancia invisible completamente impenetrable. Como una fuerza magnética que repelía todo lo que tocara. Finalmente tomó su navaja y comenzó a enterrarla en la roca, pero lo único que logró fue que se le rompiera la punta.
—¡Lo que faltaba! —exclamó con ira y la arrojó al suelo.
Cerró los ojos y esperó unos minutos a que uno de los sujetos que lo había estado siguiendo lo atacara, pero nadie lo hizo.
"Qué raro…", pensó. "¿Podría ser que todos se hayan alejado al ver a Hisoka?"
Intentó levantar su pie una vez más, pero no podía. Tampoco podía quitarse el zapato. Lo único que le quedaba era intentar romper el pedazo roca que tenía bajo sus pies. Pero primero tenía que hacerle una grieta. Se agachó y se estiró lo más que pudo para tomar su navaja rota, y comenzó a excavar alrededor de su pie, poco a poco.
De repente ya era de noche, y Leorio había excavado una línea de unos cinco centímetros de profundidad alrededor de su pie. Estaba exhausto. Miró a su alrededor para ver si había algo que pudiera serle de utilidad, pero no había nada. No cerca, al menos. Así que decidió que la mejor alternativa sería enterrar la navaja en una parte de la grieta, y darle una patada para que quitara la roca como una palanca. Pero si eso no funcionaba iba a ser su fin. Leorio pensó que no tenía otra alternativa. No había comido nada, y necesitaba buscar refugio. Enterró la navaja en la grieta, debajo de su pie izquierdo, y lo bajó con todas las fuerzas que le quedaban.
Escuchó un crujido. Intentó levantar su pierna derecha, y para su tranquilidad esta vez pudo, pero tenía unos 10 centímetros de roca debajo de la suela. Intentó quitárselo con unos golpes en la roca, pero no salió todo.
"No importa", pensó.
Buscó su maletín que estaba a unos metros de allí, y su placa, que le costó pillar un poco. Después dio un largo suspiro y se fue cojeando hasta algún árbol cercano. Buscó unas ramas para cubrirse del frío y de sus depredadores. Se juró a sí mismo que la próxima vez que viera a Hisoka lo obligaría a decirle dónde estaba Kurapika, y a quitarle lo que sea que le había puesto en el pie. Aprovechó el resto de la noche para improvisar un refugio, comer algunas bayas silvestres, y dormir, con un ojo siempre abierto. Mañana sería el segundo día de la cuarta prueba.
"Espérame, Kurapika."
