EDITO: No olvidéis mi twitter ^^ Es Gilbirda (incluís el arroba y ya está. Buscando en google sale).
Hola! ^^ Aquí estoy yo otra vez. Tampoco he tardado tanto, ¿verdad? Desde San Valentín... bueno, sí. He tardado milenios D: Lo siento! No era mi intención T-T
De este capítulo quiero decir que me he cansado del estilo de diálogo español. El original del inglés es infinitamente más fácil de traducir porque no hay que adaptar nada jajajajaja xDDD Pues eso.
Disclaimer: Inuyasha no me pertenece, sino a Rumiko-san. La trama del fic tampoco, ya que es para su auténtica dueña: RosieB ( fanfiction u/38149/), quien amablemente me ha dejado su permiso para traducir.
Aquí dejo el link hacia el fanfic original :) - fanfiction s/3153922/1/The_Once_and_Future_Taiyoukai
El Taiyoukai del Pasado y el Futuro.
Capítulo 2: Borra Mi Pasado
Sota se apoyó en el marco de la puerta de su hermana, mirándola empacar. La había visto hacer eso cientos de veces— no, más de cien— pero esta vez parecía distinto. Tal vez fuese el aspecto vidrioso de sus ojos o las lágrimas que caían de ellos. Había visto eso también. Todo junto era algo extraño y se preguntó si Inuyasha había hecho por fin algo inteligente o algo muy, muy estúpido. "¿Empacando ya? Pensé que te ibas a quedar un par de días"
"No" dijo suavemente. Suspiró, se enderezó y se echó hacia atrás haciendo crujir sus articulaciones. "Tal vez, no lo sé. Sólo quiero estar lista"
"¿Sobre qué peleasteis Inuyasha y tú esta vez?", preguntó.
Ella cerró sus ojos un poco. "Nada. Sólo por las cosas usuales"
"Ya no tengo once años"
Los ojos de Kagome se abrieron abruptamente y miró hacia él, una ceja alzada. "Buen punto. Vamos a buscarte algo de alcohol y prostitutas. Entonces ya estarás listo"
Su hermano rodó los ojos y entró del todo en la habitación sentándose en el borde de su cama. "Eso era algo que no hacía falta que lo dijeses. Sólo estaba señalando que ya no soy un niño"
Ella suspiró de nuevo, echándose hacia delante y alborotó sus cabellos. "Lo siento. No quería sonar crasa" Sonrió y sacó un suéter fino del fondo de su mochila."¿Cómo te va en el colegio?"
"Bien. Ya sabes, pareces diferente últimamente, Kagome"
"De acuerdo, así que aparentemente estamos hablando de mí." Lanzó un par de calcetines y puso las manos en sus caderas. "¿Qué pasa, Sota?"
"Ya nunca estás feliz cuando regresas a casa", dijo pasando la mano por su cabello. Tenía quince ahora, así que su pelo estaba grasoso a pesar de las duchas que tomaba dos veces al día. Aún así su piel no tenía imperfecciones. Desafiaba la razón y Kagome estaba celosa. Su piel había sido bastante perfecta también, pero él se lo podría enseñar a más gente que a un medio demonio, a una caza demonios, a un monje pervertido y a un niño zorro. Su madre había dicho algo antes acerca de una novia. "Solía gustarte volver a casa"
Ella se encogió de hombros. "Todavía me gusta"
"¿Entonces por qué te comportas así?"
Kagome le sonrió. "¿Estás diciendo que no te gusta el alcohol y las prostitutas?"
Él suspiró casi a punto de hacer un gruñido. La sonrisa de Kagome se esfumó. "Eso no es lo que quería decir. Cada vez que estás en casa no hablas con nadie y pareces un fantasma. ¿Qué está haciendo Inuyasha contigo?"
"Nada", replicó inmediatamente. Percatándose del gesto irritado de su hermano, se relajó un poco."No es realmente él, Sota. No directamente. Eso sólo que le pidió a su antigua novia que vengar con nosotros. Ha estado con nosotros desde hace tiempo. Todavía no estoy acostumbrada a eso. Te puedes imaginar los momentos divertidos que estamos teniendo."
"Pensaba que ya no lo querías", dijo en voz baja.
Ella dejó de empacar sus cosas y se sentó en la cama, derrotada. "No lo hago. Por lo menos no de ese modo. Sólo porque no lo ame románticamente no significa que haya dejado de quererle". Kagome empezó a jugar con sus uñas nerviosamente. "Creo que Kikyo todavía piensa que lo quiero más que un amigo. Joder, creo que Inuyasha también lo piensa."
"Has estado diciendo que ya no lo quieres, pero quizás todavía lo ames.", dijo él apoyándose en sus manos. Se encogió de hombros cuando su hermana le echó una mirada sorprendida."Está bien si lo haces, no te culparé. Pero no tienes que mentir sobre eso, porque lo entenderé".
"Después de años esperando por él, mi corazón se rindió, Sota. Creo que no es posible para mí amarlo nunca más. Di todo lo que podía dar." Ella sonrió suavemente y se levantó para seguir empacando. "Sólo es Kikyo. Simplemente me molesta. Inuyasha es todavía mi amigo. Ella no lo merece después de lo que ha hecho. Y él no merece el dolor de que ella esté con nosotros."
Él hizo una mueca. "¿Necesitas su opinión? ¿Para reunir todos los fragmentos?"
"Ella ayuda", admitió Kagome con un gruñido. "Pero incluso Myoga ayudaría si permaneciese más de dos segundos en una batalla."
"Sólo ignórala, entonces, hasta que hayáis terminado y se vaya". Sota frunció el ceño. "Se irá cuando todo termine, ¿no?"
"No lo sé. Inuyasha tiene que tomar sus propias decisiones sobre eso." Arrojó un par de camisetas a la mochila con más fuerza de la necesaria. "Y no puedes ignorarla. Es imposible. A veces simplemente sientes esa desagradable sensación recorrer tu columna a su alrededor; y piensas, ¿puede ser que vaya a por mí?"
Él se rió. Era un sonido raro en su habitación. "Creo que estás ligeramente paranoica"
"Sí, probablemente", respondió pensando en todas las veces que salvó la vida de Kikyo. ¿Cómo podría su encarnación previa hacerle algo después de eso? Puso su mochila en los hombros. "Voy a buscar algo de ramen y me voy, creo"
Sota asintió y se levantó, siguiéndola al salir. Era algo familiar esta incertidumbre de cuándo regresar a la época de Inuyasha— quería decir que habían tenido una pelea. De vuelta a terreno conocido. "Oye, hermana, ¿Alguna vez vas a terminar esas solicitudes de la universidad?"
Kagome se río, vacío y burlón. "Han estado en mi escritorio casi un año. Creo que no. ¿Por qué? ¿Los quieres? Ya he rellenado un montón de ellos."
"Sí, pero sólo quería echarles un vistazo. Para estar eh... ya sabes, preparado" Su voz se suavizó.
Su hermana sonrió y desordenó sus cabellos de nuevo. "Está bien, Sota. Estoy bien con lo de no ir a la universidad" No había luz en sus ojos. "Ve y cógelos. No los he ni mirado en mucho tiempo"
Él la iluminó con una sonrisa brillante y regresó a su habitación. Kagome siguió hacia la cocina y encontró una gran montaña de ramen esperando en la mesa. "Genial. Gracias, mamá"
"No hay problema, querida", respondió su madre de pie junto al fregadero y limpiando una tetera. "¿Necesitas algo más?"
"No, ya tengo las cosas para primeros auxilios y ropa limpia, así que creo que estoy bien."
"¿Cuánto tiempo crees que estarás fuera esta vez?" preguntó su madre. Su voz siempre sonaba cansada cuando decía esa pregunta. Eso había desaparecido hacía mucho tiempo.
Kagome sacudió su cabeza. "No lo sé" Era una respuesta igual de desgastada.
Su madre saltó rápidamente otra vez hacia su alegría usual. "Bueno, si puedes, intenta volver para las fiestas de invierno. Tus antiguos compañeros de clase han estado llamándote un par de semanas sobre eso. Quieren verte ahí"
"De acuerdo. Lo intentaré"
Sota entró en la habitación con una pequeña montaña de papeles "Hay unas cuantas solicitudes aquí. ¿Los has terminado todos, hermana?" Preguntó poniendo los papeles en la mesa y sentándose.
Ella se encogió de hombros. "No, no creo. Me parece que me he perdido"
"Deberías. Deberías rellenarlos", dijo su madre señalando a la mayor con la cabeza.
Kagome sonrió tristemente y se sentó junto a su hermano. "Ni siquiera estoy preparada para los exámenes de admisión, mamá. Ni siquiera sé si lo estaré. Cada día es como si los conocimientos se escapasen de mi cerebro" Se rió suavemente, sus manos entrecruzándose. "Parece que Sota será el universitario de la familia. Un hijo por familia es más que suficiente."
La señora Higurashi se dio la vuelta, el jabón de sus manos cayendo al suelo. "No te vendas tan mal, Kagome. Sé que puedes si te lo propones" Asintió a sus propias palabras. "Es diferente si no quieres hacerlo. Pero no quiero oír excusas sobre conocimientos que se desvanecen o el coste porque eres muy inteligente y nos las arreglaremos bien. Así que para eso."
"Sí, mamá" Un corto silencio cayó mientras su madre regresaba a su tarea.
Sota frunció el ceño y le dio la vuelta a los papeles. "¿Hasta dónde has llegado en estos, Kagome?"
"Ya te lo dije. No los he terminado. Creo que sólo tengo el perfil personal de cada uno por hacer" Se encogió de hombros y miró por encima de su hombro. "Sí, ¿lo ves? Incluso lo he firmado para verificar que es cierto."
"Pero no hay prácticamente nada aquí", murmuró desdoblando la solicitud. Estaba lleno de espacios en blanco. Ni posiciones de liderazgo, ni voluntariado, ni experiencia laboral o actividades extra-curriculares. Incluso el espacio de las notas de los exámenes estaba en blanco.
Kagome suspiró. "Bueno, ¿qué esperabas? No hice nada en el instituto excepto pasar media vida en el Sengoku Jidai. ¿Debería poner 'purificar demonios con mis poderes de sacerdotisa' en el sitio de voluntariado o experiencia laboral? Quiero decir, sólo me pagaron con fragmentos después de todo. ¿Y qué tal sobre 'vencer al hanyou más malvado que ha pisado la Tierra'? Creo que cuenta como una actividad extra-curricular." Sonrió a su hermano. "La competencia es horrible, Sota. No entrarías sin explicar lo que haces en tu tiempo libre. Desgraciadamente, no tengo nada que pueda explicar y que siga sonando cuerdo. Y también están mis ausencias"
"Podrías escribir un apéndice. Explicar tus ausencias. Podría explicar por qué no has podido hacer nada extra", dijo Sota.
Ella se levantó y fue a la nevera sacando algunas tabletas de chocolate que habían estado enfriándose. Shippou necesitaría mucho consuelo después de irse tan abruptamente. "No voy a mentir. Ya he aceptado mi situación, Sota"
"Kagome..."
La chica miró a su madre. "Mira, mamá, ¿qué voy a hacer incluso si me aceptan gracias a algún milagro? Ya lo pasé bastante mal llevando mis estudios en el instituto. Casi ni me gradúo. Sé que dices que no tiene nada que ver con el dinero, pero no quiero desperdiciar tus ahorros en mí. No iré a las clases. No me saldrán bien los exámenes. Será todo un nuevo nivel de fracaso"
La señora Higurashi cruzó la habitación y envolvió a su hija en un abrazo. "Has dejado mucho atrás por esta vida, Kagome"
"No he dejado atrás nada que yo no quisiera", murmuró Kagome. "Soy feliz." Pudo ver a su hermano fruncirle el ceño sobre el hombro de su madre.
"De verdad eso espero" Su madre se separó de ella, lágrimas corriendo por su rostro. "Es tu destino. Eso lo he aceptado, pero a veces me pregunto qué está planeando Kami."
Kagome asintió, el peso de las esperanzas de su madre posándose sobre sus hombros. "Yo también".
La señora Higurashi limpió sus lágrimas con el borde de su mano. "¿Estás segura de que quieres irte hoy?", preguntó.
Ella asintió. "Creo que me estoy retrasando mucho aquí. Shippou debe estar echándome de menos"
"Claro. Deberías irte yendo. Inuyasha debe estar preguntándose dónde estás". Se abrazó a sí misma ignorando el jabón en sus manos. "Estoy sorprendida de que no haya venido a por ti todavía"
Kagome se encogió de hombros. "Sólo es tozudo", murmuró juntando sus cosas.
"Se preocupa por ti", dijo su madre con una sonrisa indulgente.
La chica sonrió de vuelta, pero su corazón se apretaba en su pecho. Odiaba mantener a su familia en la oscuridad. Estaba segura de que hablaban de ella cuando no estaba. ¿Seguiría Kagome enamorada de Inuyasha? ¿Algún día Inuyasha despertará y se dará cuenta de lo maravillosa que era su hija, hermana o nieta? ¿Exactamente en qué tipo de peligros de habrá metido? ¿La salvaría siempre Inuyasha?
A veces Kagome se planteaba cuándo él la había salvado.
"De acuerdo. Os quiero chicos. Decidle adiós al abuelo de mi parte" Tomó su mochila, besó a su madre y le dio un medio abrazo de lado a su hermano.
"Adiós Kagome. Ten cuidado."
"Sin problemas, mamá. Adiós." Les dio una rápida sonrisa mientras salía de la habitación, una sonrisa que sólo su madre devolvió.
Tan pronto como Kagome puso un pie afuera la brisa revoloteó a su alrededor, enfriándola a ella y a su falso estado de ánimo. Pensó en su cama calentita, con el agradable edredón encima. Del otro lado del pozo, Inuyasha estaría esperando con su arrogancia e impaciencia perpetua. Se preguntó si la dejaría quedarse o la enviaría de vuelta al pozo. Se preguntó si lo habría hecho trizas en su ausencia. El frío empeoró.
Kagome suspiró y fue hacia la casita del pozo pisando la capa de hojas dejadas en el suelo. Era el trabajo de Sota limpiar eso, pero su madre lo había relevado en consideración de sus clases extra. Tampoco es que fuera mucha gente al templo en otoño de todos modos.
La casita del pozo estaba húmeda por las lluvias que habían caído en los previos días. Caía sobre su cabello y sus ropas, y ella apretó más la chaqueta en torno a su cintura. La humedad pesaba en sus hombros, la tristeza adhiriéndose a ella. Trató de pensar en la limpieza del aire en el periodo Sengoku, sin la contaminación o el ruido de Tokio, que podía escuchar desde donde estaba en la casita del pozo. Pero no podía imaginárselo. Su memoria le estaba fallando.
"Sólo debo estar cansada", dijo en voz alta entrando del todo en la casita del pozo. El gris del mundo exterior significaba que estaba rodeaba por la completa oscuridad, pero Kagome podía ver el Pozo Come Huesos sin luz. Dio un paso hacia delante él y puso las manos en el borde. A pesar de la humedad, la madera del portal temporal estaba seca, y sus dedos se encontraron con bastantes astillas. "Ay" murmuró echándose un poco para atrás.
El clima frío y húmedo se estaba filtrando en su corazón."Ay" dijo de nuevo, más alto. Pegó sus manos a su pecho. Se dio cuenta que estaba sudando. Tenía fiebre.
Por un momento se dio la vuelta. Kagome se detuvo con una mano en la puerta de nuevo, recordando el chocolate que había empacado para Shippou y el ramen que Inuyasha estaría esperando pronto. Sólo necesitaba un gran plato de la sopa de Kaede, decidió dándose la vuelta hacia el pozo. Entonces se sentiría mejor. Levantando un poco su mochila, puso un pie en el borde teniendo cuidado de no tocar la madera con la piel desnuda. Se equilibró unos momentos y dio un paso hacia la nada.
Nada.
Entró en pánico.
Oscuridad.
Frío.
Kagome intentó alcanzar las paredes del pozo, rezando para poder encontrarse a sí misma a tiempo. Pero no había nada a lo que agarrarse.
Tembló mientras se movían entre la oscuridad. El pensamiento de romperse ambas piernas se desvaneció. Debería haber tocado el fondo ahora. El miedo, crudo y sin forma, se mantuvo.
Por supuesto, debería estar muerta. El cuello roto. El cerebro aplastado.
Un rayo de luz. Tan brillante que Kagome alzó sus brazos. Se acercó a ella, girando a su alrededor. Luz brillante y rosa. Suspiró y se dejó caer. El silencio de las luces giratorias llenó de miedo sus pensamientos. Parecía que luchaban por sobrevivir.
Intentó alcanzar algo de nuevo y tocó la luz. Esta tembló y la luz se intensificó.
Ella se relajó ahora. El viaje fue más largo de lo usual, pero había reconocido que no era un viaje por el tiempo común. Debería relajarse ahora. Algo iba mal al otro lado. Ahora sería el único momento de relajarse.
Sus pies tocaron suelo antes de que se diera cuenta de que había llegado al final del camino. Las paredes familiares del pozo la rodeaban de nuevo, y cuando miró hacia arriba vio un trozo del celo azul. No se veía una sola nube.
Eso esperaba.
Los pulmones de Kagome se tensaron y ella se dio cuenta de que había estado aguantando la respiración. Puso sus manos en la madera y se impulsó hacia arriba y fuera del pozo, lanzando primero su mochila. Pasó por encima y se puso de pie escaneando el área con ojos agudos. "¿Inuyasha?" llamó suavemente. "Vamos, tengo suficiente comida como para alimentar a un ejército. ¿Dónde estás?"
Tomó su mochila amarilla y la alejó del pozo. Se detuvo casi inmediatamente. Algo iba mal, definitivamente. No importaba que Inuyasha estuviese allí para su regreso, era algo más profundo. Más profundo, pero justo frente a sus ojos.
Sus ojos se movieron a su alrededor de nuevo buscando algún signo de que dijese 'normal'. ¿Sonidos normales del bosque? Pájaros, la brisa, insectos. Comprobado. ¿Olores normales? Bueno, ella no tenía la nariz de un demonio perro, pero todo parecía bien. ¿Parecía todo lo mismo?
Se detuvo, su aliento atrapado en su garganta. ¿Dónde estaba el Goshinboku?
El pánico se extendió de nuevo, golpeando su corazón. ¿Cómo podría haberse ido? El Árbol Sagrado era antiguo y adorado. Estaba bien en su época. Había pasado junto a él hacía unos minutos. ¿Qué había pasado?
No, razonó tratando de calmar su corazón que había padecido tanto ese día. Tenía que estar ahí. ¿Cómo podía ocultársele?
Regresó al pozo y se quedó con él a su espalda y sus ojos cerrados. Imaginó que estaba otra ve en su época, con la casita del pozo rodeándola. Dio cinco pasos al frente imitando la acción de subir el pequeño tramo de escaleras. "Aquí está la puerta" murmuró en voz alta sintiendo la puerta imaginaria en la punta de sus dedos. La empujó para abrirla y dio un paso hacia afuera. Podía ver el templo en los ojos de du mente y se mantuvo caminando hacia delante. Su casa estaba en ese camino, pensó. El Árbol Sagrado estaría a su izquierda. Cuando estuvo segura que estaba en el lugar correcto, se dio la vuelta y abrió sus ojos.
Era joven, la mitad de la altura que tenía en su época. Todavía era más grande que los árboles de su alrededor, pero definitivamente no era bastión de fuerza que quería ver. Sus hojas se estaban volviendo rojas y marrones, haciéndolo más insignificante de lo que en realidad era. Caminó hacia delante y recorrió sus dedos por el tronco. Estaba entero, sin ninguna de las marcas que Inuyasha había dejando en él. Era definitivamente el Árbol Sagrado aunque no podía sentir el poder sagrado ahora.
Kagome se giró hacia el pueblo decidida a encontrar a alguien que pudiese explicarle esto. ¿Cómo podía el gran Árbol Sagrado encogerse en algo poco más que un pimpollo?
No quería pensar en ello, decidió. Pero sus pies comenzaron a correr y pronto estaba corriendo a toda velocidad colina abajo, sus ojos humedeciéndose por el aire.
Al final de la colina se detuvo. En el pueblo que no parecía su pueblo para nada, un regimiento de soldados marchaba por las calles. Los pueblerinos que no eran sus pueblerinos corrían hacia sus casas. Los soldados perseguían a las mujeres, asustándolas hasta hacerles gritar. Cualquier hombre que protestara era físicamente amenazado o abatido contra el suelo. Los niños eran pateados fuera del camino. Los soldados parecía estar pasándoselo muy bien. Pero se movían por el pueblo rápidamente, su entretenimiento no disminuía la urgencia que poseían. Los líderes los llamaron, haciendo balancear sus brazos para conseguir que todos los soldados los siguiesen fuera del pueblo. Iban hacia ella. Tenía la ligera impresión de que no quería encontrarse con ellos.
"Este no es mi día", refunfuñó mientras saltaba hacia los arbustos, ponía su estómago hacia el suelo y se acostaba recta. Forzó a que su respiración irregular se detuviese para mantener el silencio. Podía escuchar los sonidos de las armas de los soldados golpear sus armaduras.
Kagome se movió hacia lo más profundo de los árboles.
"Y entonces le dije, 'Cariño, no puedes negarte ante un viejo soldado enviado a luchar contra esos mongoles, ¿verdad?'"
Los soldados se unieron en una especia de risa estridente. "Oh vamos, capitán. ¿Estás diciéndome que esa chica se creyó ese viejo truco?"
"Diablos, sí que lo hizo. Oye, es la verdad, ¿no? Y ella era dulce también." Más risas.
"¿Creéis que de verdad conseguiremos a algunos de esos bastardos?"
"Espero que sí", dijo otra voz. "Conseguir algo de acción".
"La única acción que quiero es con una mujer y algo de sake".
Kagome se enrolló fuerte en el suelo, ahora segura de que no quería encontrarse con esos hombres. Pasaron de largo cansadamente. Podía ver sus botas bajo los arbustos en los que se había escondido de su vista. Eran al menos un centenar de hombres, tal vez más.
Muchos de ellos pasaron de largo. Fragmentos de sus conversaciones flotaban sobre su cabeza. Mujeres, geishas, prostitutas y alcohol. Algunos mencionaron algo de luchar en la costa. Kagome sólo se relajó cuando los intervalos de alargaron.
De repente, sus omóplatos se movieron en su espalda cuando tembló. El suelo estaba frío, pero su corazón comenzó a ir más rápido, calentando sus mejillas. Se dio la vuelta lentamente para ver a un soldado de pie cerca con una sonrisa amenazadora y su mochila amarilla en la mano. Su armadura negra tenía la marca del sello imperial. Era un samurái. "Hola, monada", ronroneó. "¿Buscabas esto?" Levantó la mochila. "Sabía que el dueño tenía que estar cerca. Olía como a mujer."
Ella comenzó a levantarse, pero él apuntó su pica hacia ella. La hoja estaba algo oxidada, pero afilada. "No, no. Yo te diré cuándo levantarte. Tal vez prefiere que estés acostada primero, ¿hm?"
"Gritaré", ella susurró.
"¿Por qué?", dijo él todavía sonriendo. "¿Quieres que compartamos? Excepto el capitán, no hemos tenido descanso en semanas"
Kagome tuvo repentinamente la imagen de docenas de soldados rodeándola con esa mirada maníaca y lujuriosa. Su cuerpo se tensó.
"¡Oi! ¡Oshiro-san! ¿A dónde has ido, bastardo?"
El samurái se giró su cabeza hacia la voz y Kagome echó a correr. "¡Oye!" gritó hacia ella.
Kagome lo ignoró, corriendo por el bosque tan rápido como podía. Años en el Sengoku Jidai la habían entrenado bien. Podía escuchar gritos a su espalda y sonidos de metal rascando metal. Esperó que ninguno de ellos fuera arquero, pero no podía atreverse a mirar. Las armaduras de los samurái eran ligeras y si ellos la querían, podían atraparla.
El bosque la arañaba y mordía con las ramas y espinas. Irrumpió contra una tela de araña, escupiendo y quitando la telaraña que cubría su rostro. Tropezó y se cortó las manos cuando trataba de detener su caída. Pero aún así, los sonidos del samurái la perseguían. Kagome se levantó y siguió corriendo, su corazón y pulmones advirtiéndola de que no podrían soportar mucho más tiempo el flujo de adrenalina que circulaba por su cuerpo.
Los árboles se abrieron y ella corrió por un arroyo empapando sus piernas con el agua fría. Quemaba contra su piel caliente. Mientras cerraba los ojos en agonía, colisionó contra algo cálido y suave. Chilló mientras caía hacia atrás, de vuelta al arroyo, pero un par de manos la atraparon y la pusieron de pie.
La respiración agitada de la miko no se calmó, pero ella ya no podía correr más. Su salvador o agresor tenía una agarre fuerte. Su visión se nubló mientras los gritos de los samurái se acercaban. Podía escuchar sus pasos.
La persona con la que se había topado todavía no la soltaba, pero dio un paso hacia delante, frente a ella. Kagome se mantuvo de pie con las piernas mojadas mientras los sonidos de los soldados llegaban a ellos. Ella sabía que estaban ahora del otro lado del arroyo.
"Danos a la chica", exigió uno de ellos.
"¿Por qué?"
Kagome respiró un par de veces para calmarse, pero su visión seguía nublada, sólo mostrándole manchas de color verde, azul y blanco. Podría haber colapsado sin el apoyo.
"¡Esa zorra me ha robado!" Era la voz de su agresor, Oshiro.
"¿Y qué te ha robado?"El agarre se su protector de aflojó ligeramente. Kagome trató de sostenerse.
"Dinero."
"¿Así que a cambio le has robado todas sus pertenencias y perseguido con otros veinte hombres armados?"
Oshiro bufó. "Las zorras consiguen lo que se merecen. Estamos en una misión del Emperador. Cualquiera que interfiera será tratado inmediatamente. Eso te incluye a ti."
El protector de Kagome dejó ir su brazo completamente, pero no la mostró. La miko cerró sus ojos al escuchar una espada siendo desenvainada. "Ninguno de vuestros hombres sobrevivirá a cruzar el río. Si fueseis algo inteligentes, habríais dejado su bolsa y regresado al regimiento. Vuestras intenciones contra ella me repugnan. Estoy seguro que vuestro capitán no estará complacido si escuchara que uno de sus hombres trataba de violar a una joven cuando debería estar concentrado en su misión del Emperador"
"Dijiste que era una ladrona, Oshiro" Los soldados murmuraron entre ellos.
"Cerrad el pico. Ella me faltó al respeto. Merece esto."
"Deja el bolso y regresa, u os aniquilaré a todos."
Uno de ellos se burló. "¿Qué crees que haces, demonio? ¿Tratando de ganar algo de honor?"
"Tengo más honor que los hombres que persiguen jóvenes asustadas", respondió el escudo de Kagome. "Demonio es un término muy relativo"
"¡Bastardo!" soltó Oshiro.
Hubo una salpicadura de agua. Kagome pudo ver un rayo de luz aún con los ojos cerrados y nada pudo bloquear el grito de agonía. "Ahora que este ha pagado por irritarme, sugiero que todos se retiren."
Las palabras apenas habían salido de su boca cuando los samurái echaron a correr. El sonido de su retirada hizo a Kagome suspirar. Sintió a su protector mirarla. "Gracias", murmuró.
Sus manos la dirigieron hacia una roca, donde fue forzada a sentarse. "No abras tus ojos."
"He visto hombres muertos antes. Está muerto, ¿verdad?"
"Sí". Hubo otro chapoteo y, un par de segundos después, el golpe seco de su mochila cayendo junto a sus pies.
Kagome abrió sus ojos parpadeando ante la luz brillante. Una bolsa de agua fue llevada hacia sus labios antes de que pudiese adaptarse. "Bebe. Estás deshidratada. Hambrienta también, puedo imaginar". Él suspiró. "No deberías haber abierto tus ojos. Te asustarás."
Ella terminó de dar un gran trago, secándose la boca con su manga. Finalmente, miró a su protector. Vestido de blanco, con un fajín verde alrededor de su cintura y su pelaje envolviendo su hombro, estaba Sesshoumaru. Extrañamente, su cabello estaba recogido en una larga y apretada trenza que caía hasta su cintura. Kagome sonrió suavemente, más por delirar que por la visión del taiyoukai. Esperaba esto desde que él había hablado en su defensa aunque no tuviese sentido para ella. "Señor Sesshoumaru", dijo inclinándose en su posición sentada. Estaba asustada, para decir la verdad, pero dudaba de que él hubiese salvado su vida para después asesinarla en medio de bosque. Era el único pensamiento que evitó que se desmayase justo ahí. Después del samurái llevado por la lujuria, Sesshoumaru casi era bienvenido.
Él parpadeó. "¿Me conoces?"
Kagome frunció el ceño, su boca abriéndose un poco. "Por supuesto. Viajo con Inuyasha. ¿No lo recuerda? Le vi hace poco tiempo"
Sesshoumaru se sentó junto a ella. "No te he visto antes. Y no sé de ningún Inuyasha."
"Él es su..." Ella se detuvo y miró el cadáver de Oshiro en el agua. No había sangre, sólo muerte. Mordió su labio recordando el día extraño que la había traído a ese punto. Sería mejor no irritar al asesino se sangre fría, pensó. "No importa. Supongo que me habré equivocado. Pensaba que conocía a mi amigo."
"¿Dónde está ese amigo tuyo?", preguntó. "Debe estar buscándote."
Kagome sacudió su cabeza. "No, no lo creo." Lo miró fijamente, dándose cuenta de lo que le había preguntado. Realmente se había olvidado de su propio hermano si pensaba que Inuyasha estaba buscándola. Comenzaba a dolerle la cabeza horriblemente. "¿Dónde está Rin?"
Su frente se arrugó por un momento. "¿Rin? ¿Es otra amiga tuya?"
"Ah, sí. Lo siento. Pensé que podría haberla visto. ¿Más joven que yo? ¿Cabello negro y un kimono naranja a cuadros?"
Él sacudió su cabeza. "No. Nadie como ella se ha cruzado en mi camino". Él la miró, sus ojos recorriendo su forma por primera vez. "Una chica humana no debería estar vagando sola por estas tierras".
Kagome le dio una sonrisa débil. Su corazón estaba latiendo rápidamente y su cabeza estaba dando vueltas de la confusión, pero sentía que explicarse la llevaría a encontrarse con graves sospechas. "Bueno, obviamente, estoy acostumbrada a estar cerca de demonios", dijo. Ella no consiguió una sonrisa en respuesta y ella se puso seria. "Puedo cuidar de mí misma."
"Claro", dijo.
Ella señaló a Oshiro. "Sólo es que no me esperaba eso"
"Las guerras han forzado al emperador humano a llamar a todo samurái disponible, incluso a aquellos que no poseen honor. No deberías haber dejado a ese amigo tuyo."
¿Tiene amnesia o me estoy volviendo loca?, se preguntó. "Parece que me he tropezado con todos los deshonorables de un golpe", murmuró mirando al cadáver. "¿Puedo tener unos momentos para pensar?"
Sesshoumaru asintió y se levantó. "Se está volviendo tarde. Antes de encontrarme contigo estaba planeando ir a cazar algo y comer pronto. Debería hacer eso ahora".
Algo en su tono le hizo mirar hacia arriba. "¿Me está ofreciendo quedarme con usted?"
Él levanto una ceja y Kagome se dio cuenta que este era definitivamente el mismo Sesshoumaru que conocía. Si su pérdida de memoria significaba que no moriría por su mano, a ella no le importaba por el momento. "Para cenar, sí. No puedes encontrar a tus amigos y no tienes armas" Frunció el ceño ligeramente. "Y tu manera de vestir es cuando menos, extraña. Si lo deseas, te conseguiré algo de cenar y no permitiré que nadie te cause daño mientras duermes. Mañana, te llevaré al pueblo para así puedas encontrarte con tus amigos."
Ella suspiró. "Eso es... bastante ayuda, en realidad. Gracias. De nuevo." Ella lo miró y trató de sonreír.
El demonio perro asintió una vez y se dio la vuelta empujando algunas ramas con su antebrazo.
"¡Oye!" Ella saltó sobre sus pies y él se detuvo girando su cabeza para mirarla. "¡Tiene los dos brazos!" Ella miró fijamente el par de brazos blancos con rayas que llenabas sus mangas.
"La mayoría de las criaturas los tienen", respondió lentamente levantando una ceja de nuevo.
Ella sacudió su cabeza tratando de improvisar. "Bueno, quiero decir... Escuché que sólo tenía una. Que había perdido una en batalla o... o algo así."
Él se dio la vuelta de nuevo. "No deberías creer ninguno de los rumores que oigas sobre este Sesshoumaru.", dijo antes de desaparecer entre los árboles.
Kagome se volvió a sentar en la piedra, su barbilla entre sus manos. "Buen intento en parecer cuerda, Kagome. ¿Qué está pasando aquí?", murmuró. Se había confundido lo suficiente cuando Sesshoumaru la había ayudado para librarse de esos samuráis, ¿pero ofrecerle comer con él en serio? ¿Dormir cerca, bajo su protección? Eso sin mencionar el extraño olvido de Rin, Inuyasha y ella misma.
Miró al samurái en el agua de nuevo. Sesshoumaru no lo había movido todavía. Se preguntó si se esperaba que se moviese en su ausencia. Al Sesshoumaru que conocía no le importaría comer en medio de un reciente campo de batalla. Esperó que esta versión del taiyoukai comiera al menos lejos del cuerpo.
Cenar con Sesshoumaru. Ahora era un pensamiento que nunca la había entretenido. Pero tampoco era un pensamiento que la entretuviese ahora. Kagome tenía que intentar averiguar lo que había pasado.
"De acuerdo", murmuró. "Vayamos lento en esto."
"El Árbol Sagrado es más pequeño, pero no se ha ido. Sesshoumaru no recuerda nada y los samuráis que querían violarme hablaban sobre mongoles, lo que es raro porque..."
Sus ojos se agrandaron mientras miraba al cielo. "¡Tienes que estar bromeando! ¡Qué te he hecho!" soltó apuntando su dedo hacia los cielos. "¡Me has enviado trescientos años más atrás en el pasado! ¿Qué demonios?"
Pero tenía sentido ahora que lo pensaba. El Árbol Sagrado debería haber sido la mayor pista, en realidad. No se había vuelto más pequeño, sólo era más joven. Y Sesshoumaru nunca había escuchado sobre Inuyasha o Kagome o Rin porque no se habían conocido todavía. No estaba segura cuándo Inuyasha había nacido, pero sabía que no era tan viejo. Y lo de los mongoles era sólo la guinda del pastel. Historia había sido su mejor asignatura en la escuela y recordaba con claridad las dos semanas que habían tratado sobre los invasores mongoles a finales del siglo trece. Había escrito un trabajo sobre ello, por el amor de Kami. Si no hubiese estado tan cerca de un ataque al corazón ese día se hubiese dado cuenta antes.
Por supuesto, todo esto la dejaba con una cuestión importante. ¿Cómo iba a regresar con Inuyasha? O mejor, ¿cómo iba a regresar a su época?
"¿Cómo ha pasado esto?" murmuró poniendo su cabeza entre sus manos. "¿Cómo pudo el pozo cambiar así?"
Tenía que admitir que no sabía casi nada de la magia del Pozo Come Huesos, pero siempre había sentido que era estable y seguro, al menos hasta que completase la perla de nuevo. El cambio repentino la intrigaba.
Toda la situación era terrorífica, mucho peor que cuando llegó por primera vez al Sengoku Jidai. Aún con todo lo desorientada que estaba, esta vez sabía a la perfección del peligro en el que estaba y que no obtendría nada de la ayuda de sus amigos a la que estaba acostumbrada. A no ser que contase a Sesshoumaru como un amigo, lo que realmente era una pregunta perturbadora en sí misma. El hecho era que había sido enviada hacia atrás trescientos años más atrás en el pasado sin tener ni idea del porqué. Regresar podría ser peligroso, si no imposible. Hasta entonces, estaba sola con ejércitos y demonios por todas partes, y sólo con unos pocos fragmentos de Shikon en los que depender.
Sus ojos se posaron en su mochila y caminó hacia ella, abriendo el bolsillo con manos temblorosas. Los más o menos doce fragmentos que tenía tintinearon hacia ella, brillando con un rosa suave. Se preguntó si los youkai en el área podían estar todavía atraídos por ellos, incluso si la Shikon no Tama no existía en esa época. Apostaba a que sí.
Kagome suspiró mientras miraba su penosa colección. ¡Cuatro años y esto es todo lo que conseguían! Naraku poseía el resto, excepto los dos que tenía Koga y el que pensaba estaba en la espalda de Kohaku. Hubo una época, hacía más de tres años, en la que su grupo sólo tenía una y Naraku casi toda la perla completa. Era un tango sin fin, hasta que Naraku decidió ir a por el último fragmento del grupo de Inuyasha. Kagome tuvo que fragmentar la Perla para salvarlos a todos. Tampoco era que la parte de 'salvarlos a todos' haya detenido a Inuyasha de repetirle el teatro del motín durante días.
Desde el segundo fragmentado (o el 'Día del Juicio' como lo había llamado), el progreso había sido infinitamente más lento. Naraku había desaparecido, silenciosamente recolectando sus propios fragmentos. Inuyasha y los demás habían continuado su búsqueda inútilmente. El poder de Kagome se había vuelto más fuerte que la primera vez. Había volado los fragmentos más lejos que nunca. Y después de un año de batalla entre su grupo y Naraku, cada demonio decidió meterse en la acción.
La mejor parte, pensó amargamente, fue cuando se dio cuenta de que Inuyasha nunca la amaría. Y en ese mismo momento, se dio cuenta de que ya no lo amaba. Le había dicho a Sota la verdad, después de todo. Había dado todo lo que podía dar. Inuyasha la culpaba de todo y después del 'Día del Juicio', se había vuelto peor. En algunos aspectos, la llegada de Kikyo había hecho las cosas más fáciles. Inuyasha se concentraba más en su encarnación previa en vez de a sí misma.
Sin duda su vida apestaba.
Los árboles crujieron y Sesshoumaru emergió de los arbustos con un ciervo muerto en su hombro. Kagome lo miró fijamente. "¿Planea invitar a Oshiro?" preguntó señalando con la cabeza al cadáver.
Sesshoumaru dejó caer el gran animal a sus pies y fue hacia el humano muerto, picándolo con su pie cubierto con una bota hasta que el cuerpo comenzó a ser llevado por la corriente. Él se giró y alzó una ceja. "Yo como bastante"
"Claro."
El demonio perro buscó en su hakama y sacó un cuchillo de cazar antes de llevar al ciervo al arroyo. "Asumo que lo prefieres sin la piel", dijo.
"¿Usted no?", preguntó. Levantó una mano cuando él iba a responder. "¿Sabe qué? No quiero saberlo. Encenderé una hoguera."
"¿Cocinado también?"
"Eso ya es desagradable," murmuró. Kagome miró hacia arriba para ver una pequeña sonrisa en su rostro. "Espera. ¿Estaba bromeando?"
Sesshoumaru se encogió de hombros dejando caer cualquier signo de diversión de su rostro. "Me han conocido una broma o dos."
Los ojos de Kagome se agrandaron. Sentía como si hubiese dado un paso y se habría encontrado con nada más que aire. "Cierto" murmuró maravillándose de la extrañeza de ese mundo donde Sesshoumaru tenía sentido del humor. (No exactamente un buen sentido del humor, pero decidió que sería indulgente hacia eso. Después de todo no la iba a dejar morirse de hambre.)
Se giró hacia un arbusto marchito cercano y comenzó a romper ramas para encender. Se estaba poniendo oscuro muy rápido y no tenía ganas de dejar la protección de Sesshoumaru, especialmente con la esencia del ciervo muerto flotando por la zona. Incluso ella podía oler el óxido con su nariz humana.
"No conozco tu nombre".
La miko parpadeó. "Lo lamento. Lo había olvidado. Mi nombre es Kagome".
Él miró sobre su hombro hacia ella. "Kagome. Es un placer conocerte."
Ella lo miró fijamente. Él regresó a su trabajo, sus hombros rígidos. Claramente estaba tan incómodo como ella con las cortesías. El hecho de que lo intentase equivaldría a que Inuyasha se pusiera sobre una rodilla y pidiese su mano en matrimonio. "Gracias. Igualmente".
El Sol se estaba poniendo rápido, y una especie de brillo naranja era todo lo que quedaba por el oeste. Kagome se aseguró de que siempre pudiese ver el blanco de las ropas de Sesshoumaru mientras se adentraba en los árboles, recolectando madera para un fuego. Cuando estaba segura de que no estaba mirando, sacó un encendedor y prendió las ramitas.
"Eso es un trabajo rápido", dijo, sus ojos fijos en las llamas.
Kagome se encogió de hombros escondiendo el encendedor usado en su mochila. "No es un gran problema. Lo he hecho millones de veces." Se sentó junto a él y observó mientras despellejaba al ciervo con facilidad. "¿Son los mongoles un problema para los youkai también?"
Sesshoumaru negó con la cabeza. "No. No nos inmiscuimos con los asuntos de los humanos. No nos añadimos a ninguna frontera humana. Después de varias batallas empezadas por los humanos, creo que finalmente han aceptado este hecho. Ninguna fuerza de tamaño considerable se ha establecido contra mi especie durante mucho tiempo, desde que era muy joven."
"¿Cuántos años tiene?", preguntó. "¿Si no le importa que pregunte?"
"Doscientos treinta y seis" respondió sin dudar. "Podría considerarse que tengo dieciocho años humanos".
Kagome sonrió. "Es más joven que yo. Tengo diecinueve".
Sesshoumaru resopló."Cuando un youkai sobrepasa los doscientos años, disminuye su envejecimiento. No es por falta de años que sea más joven que tú. Soy considerado un adulto."
"Sólo bromeaba. Estoy segura de que es muy maduro", dijo tratando de no ser condescendiente. Por su ceño fruncido, intuyó que no había tenido mucho éxito. Era surrealista lo expresivo y parlanchín que Sesshoumaru era en esta época. Todavía era un poco frío, pero sentía que tenía más que ver con que eran extraños más que otra cosa. Se preguntó qué pasaría en trescientos años para cambiar eso.
Siguió un poco más. ¿Qué pasaría si, de algún modo, su contacto con ella lo cambiaba en el futuro? Podría cambiar irreparablemente el pasado en la época de Inuyasha, así como la suya. Kagome repentinamente se dio cuenta de que debía ser cautelosa. Tenía que vigilar bien sus palabras y no tener esas salidas repentinas, como la del brazo.
Sesshoumaru terminó de limpiar el ciervo y lavó su cuchillo en el arroyo. Sus garras resplandecieron en el crepúsculo. Kagome quiso recorrer sus manos por su brazo derecho, convencerse de que realmente estaba allí. Parecía que era la única evidencia física de su extraño viaje en el tiempo. Verlo allí, donde usualmente estaba un brazo, era extraño en Sesshoumaru. No más extraño que el cambio de personalidad, se dio cuenta.
"Lo prepararé para cocinarlo", dijo el taiyoukai levantándose con el ciervo despellejado en sus manos. La piel ya estaba flotando arroyo abajo. Kagome lo siguió estirando sus piernas frente a la hoguera mientras él preparaba la carne. Sus vaqueros todavía estaban secándose de su carrera por el arroyo mientras el Sol se estaba ocultando por el horizonte, sus tobillos mojados se estaban poniendo fríos.
Un par de minutos después, el olor de la carne del ciervo asándose llenó el aire y ellos se sentaban uno junto al otro, mirando la comida cocinarse.
"¿Entonces por qué está en medio de la nada?" ella preguntó desatando sus zapatos para que el calor llegase a sus pies. "Quiero decir, tuve mucha suerte al encontrarle. O correr hacia usted, más bien".
"Este es el perímetro de las tierras de mi padre. Hago la patrulla regularmente." Sus ojos titilaban con el fuego.
"Su padre", murmuró Kagome obteniendo una mirada extrañada de Sesshoumaru. Ella se sonrojó. "He escuchado mucho sobre él."
Los labios de Sesshoumaru se arquearon ligeramente hacia abajo. "Es un gran señor demonio perro. Muchos han escuchado sobre él."
"¿Se parece a él?" preguntó. Siempre había asumido que Inuyasha y Sesshoumaru tenían que parecerse a su padre, porque se parecía mucho entre ellos. Pero no podía perder la oportunidad de preguntar sobre un asunto que Inuyasha obstinadamente evitaba.
"Se dice que sí." respondió Sesshoumaru, el ceño volviéndose más acentuado.
Kagome se dio cuenta de que de algún modo había encontrado un tema del que ambos hermanos era sensibles. Tenía que conocer a ese padre, ahora que tenía la oportunidad, y averiguar por qué causaba tales sentimientos en sus hijos. "Lo lamento, Lord Sesshoumaru. No es justo que esté preguntándole sobre su familia cuando ya me es conocido lo básico. Usted no sabe nada sobre mí por otro lado." dijo con una sonrisa apaciguadora.
Él se echó hacia delante y giró la carne. "Puedes hablar de tu familia si lo deseas, pero no tengo un gran interés en ella." dijo.
La miko tomó su desinterés como un gran desarrollo frente a sus usuales amenazas de muerte y desmembramiento. Tenía que tener cuidado, por supuesto. "Bueno, vivo con mi madre, mi abuelo paterno y mi hermano pequeño. Vivimos en una ciudad grade lejos de aquí llamada Tokio."
"¿No tienes padre?"
Kagome sonrió. Esperaba esa pregunta. "No. Murió cuando yo era pequeña en un... esto, accidente. No lo recuerdo muy bien. Sota, mi hermano, acababa de nacer y yo no entendía muy bien." Recordó el día en que el jefe de la policía vino a la casa, diciéndole a su madre que un coche había atropellado a su marido cuando cruzaba un paso de cebra, pero esa era el recuerdo más nítido. Vagamente recordaba el hombre de cabello negro que era su padre. Recordaba darle besos babosos cuando se iba a trabajar y a su madre murmurar mientras cuidaba de su hija pequeña, mirando el reloj hasta que la puerta se abría de nuevo. Y ya está. A veces, recordaba un día con su padre en una feria, tan surreal y sus recuerdos que pensaba que fue un sueño.
Se sacudió dándose cuenta que se había quedado en silencio. "¿Dónde está su madre?" preguntó olvidándose de su promesa de no entrometerse.
"Dejó a mi padre hace mucho tiempo" respondió Sesshoumaru, sus rasgos no decían nada. "Ya no son compañeros".
Kagome frunció el ceño. "No sabía que los demonios tenían divorcios".
"Los lazos de apareamiento son más fuertes que los matrimonios humanos," respondió, "pero pueden romperse. Mis padres eran compañeros por una alianza política, y nada más. Después de que fui capaz de valerme por mí mismo, ya no había necesidad de que permaneciesen juntos."
"¿No llegaron a amarse?"
"No."
Kagome asintió. "¿Ha visto a su madre desde entonces?"
"No." Movió los ojos hacia ella.
Ella se mordió el labio intentando no mirar a otro lado. "Así que, ¿No hay nada que quiera preguntarme? ¿Nada sobre la chica que valientemente ha salvado?" Kagome trató de sonreír de nuevo y eso se sintió raro.
"Vistes muy extraño", dijo.
Kagome levantó una ceja, pero decidió tomar eso como una pregunta. "Sí, creo que sí. Un nuevo estilo. ¿No es bueno?" Miró mientras los ojos de Sesshoumaru pasaban por su figura y regresaban a su rostro. Llevaba una expresión de ligero desagrado. "Creo que no. Bueno, realmente no tengo nada más que usar de momento, pero estaré fuera de su vista para mañana. Así que no tiene que poner esa cara de nuevo."
Él asintió y regresó hacia la carne, pinchándolo. Cayó sangre. Él suspiró ligeramente y regresó a su sitio de nuevo. Sus ojos cayeron el su mochila y se la quedó mirando por unos momentos. "Me he estado preguntando una cosa. ¿Por qué tu bolsa exuda tal poder?"
Ella lo observó alerta. El Sesshoumaru de la época de Inuyasha no tenía interés en nada sobre la Shikon no Tama. Lo consideraba inferior a él. Este Sesshoumaru podría no tener ese pensamiento. "Es parte de la carga que debo llevar", ella respondió. Él la miró y ella levantó una mano. "Lo siento, no puedo decir nada más que eso. Aunque tampoco le es de utilidad" No es útil para nadie que desee mantenerse cuerdo, añadió silenciosamente.
"Nos traerá peligro esta noche." observó.
Kagome suspiró y asintió. "No atrae peligro cada noche pero sí, puede. Lo siento sobre ello. Y he olvidado mi arco con mis amigos."
Él se encogió de hombros. "Destruiré cualquier criatura que irrumpa en las tierras de mi padre, sin ayuda."
"De algún modo sabía que esa sería su respuesta." dijo con una sonrisa brillante. "Gracias por protegerme."
"Para de agradecerme", dijo. "Me he atado a mí mismo a tu seguridad cuando maté a ese humano. Sería deshonorable abandonarte ahora".
Es tan maniático con eso, pensó Kagome con diversión. "¿Por qué me ha ayudado?" preguntó. "Sé que los sentidos de los demonios perro son bastante buenos. Sabía que iba hacia usted mucho antes de que apareciese. Y sabía quiénes me seguían"
Sesshoumaru frunció el ceño. "Me desagradan los samuráis que marchan por las tierras de mi padre sin respeto."
"¿Odia a los humanos?" ella preguntó.
El demonio perro la miró intensamente. "Si me desagradaran los humanos, ¿Por qué compartiría mi caza contigo?"
"¿Porque está atado a mí por honor?" sugirió.
Frunció el ceño. "No odio a los humanos, pero no poseo cariño hacia ellos tampoco." Se giró hacia la carne de nuevo. "Sois criaturas ilógicas con una confianza excesiva. Vivís una vida corta y por ello parecéis juntar tanta estupidez y comportamiento irritante como es posible en ese período de tiempo. Y habláis demasiado."
Kagome rodó sus ojos. "¿Era una comentario hacia mí?"
"Hablas mucho."
"Estamos conversando. Eso es diferente".
Sesshoumaru agregó un par de ramas al fuego. "Me agradaría sentarme en silencio. Para los humanos, eso parece ser un imposible."
Kagome negó con la cabeza mientras pensaba en Rin parloteando hacia el estoico y silencioso taiyoukai del futuro. "Estoy segura de que, algún día, tendrá tanto silencio que no podrá soportarlo. Le gustará tener humanos alrededor. Le divertirán." dijo expresando su opinión personas sobre la extraña relación entre Sesshoumaru y su pupilo.
"Puede ser." dijo mirando al fuego de nuevo. "Pero lo dudo."
La miko sonrió. Ser arrastrada incluso más atrás en el pasado no era tan impactante con un rostro familiar cerca. Un rostro extraño para considerar 'familiar', pero de todos modos era familiar. Mañana, volvería al pozo, descubriría lo que había ido mal y quizás tomar unos riesgos. Hasta entonces, Sesshoumaru permanecería siendo su guardián. Estaba extrañamente cómoda con eso.
Notas de Traductora: Adoro a este Sesshy. Tiene un no se qué que lo hace irresistible. Lo amé cuando leí este fic por 1º vez y lo amo más ahora que lo traduzco. Ya veréis en los próximos capítulos. Si no lo amáis todavía, lo amaréis xDDD
En las Notas de Autora, RosieB habla sobre la edad de Sesshoumaru. Oficialmente él tiene 19 años en maduración humana en la época de Inuyasha, así que vio correcto poner 18 en esta época.
Pues ya sabéis, escribid reviews!^^ Haced feliz a esta traductora que se pasa la tardes durmiendo xDDDD
