¡Hola~! ¡He vuelto! No, no he muerto, todavía. No había subido nada de este fic desde el 28 de Marzo... ¡buf! Odiadme si queréis... Me lo merezco.
Seré sincera: no tenía ganas de trabajar(?). He traducido un par de cosas más además de éste fic, one-shots fluff y rositas de Shugo Chara!, y la verdad me han hecho mucho bien. Lo necesitaba. Era algo de oxígeno para la forma en que nuestra amiga RosieB escribe sus fics. Y eso que todavía no empieza lo mejor xDDD
Lamento que en este capi no haya mucha acción, pero es que no puedo hacer nada más. Yo no escribo este fic, sólo lo traduzco.
Por ello, la autoría del fic es de RosieB. Inuyasha tampoco me pertenece, es de Rumiko Takahashi.
Lady Indomitus, este capítulo está dedicado a ti.
Ánimo y buena suerte en tu vida. Te tengo presente en el pensamiento.
El Taiyoukai del Pasado y el Futuro.
Capítulo 3: La Sacerdotisa
Alguien estaba pinchándole en las costillas. Ella gruñó y se giró. "Vete, Sota." murmuró, las palabras arrastrándose más allá de la comprensión humana,
Los pinchazos continuaron y ella les dio un manotazo. Lo que fuese desapareció.
"¡Levántate, mujer!" siseó una voz.
Los ojos de Kagome se abrieron y la suave luz del Sol de temprano en la mañana saludó sus ojos. "Agh, ¿Sesshoumaru?" murmuró dándose la vuelta. La manta estaba enrollada en sus piernas y ella bostezó. "¿Qué pasa?" preguntó adormilada pateando las mantas. Había dormido con pantalones de pijama de franela, gracias a Kami. El aire frío de la mañana golpeó con saña los lugares donde su camiseta se había movido en medio de la noche. Ella la miró hacia abajo y miró al taiyoukai. Él estaba de pie bastante cerca, con su espada desenvainada y de repente, Kagome estaba mucho más despierta.
La miko miró a su alrededor. El claro estaba silencioso y ninguna criatura estaba al otro lado del arroyo, donde la mirada de Sesshoumaru estaba fija. Ella sabía suficiente sobre los sentidos de los demonios, así que se mantuvo quieta. "¿Qué hay allí?"
"El peligro del que hablabas anoche", susurró.
Ella se levantó tan lenta y silenciosamente como pudo. No podría evitar si muriese en sus pijamas, pero le jodería que muriese sentada en su trasero. Deseando otra vez tener su arco, volvió a poner su cabello tras sus orejas y se preparó para un asalto.
"¿Qué es?"
"Un demonio con el que me he encontrado," respondió con un deje de ira en la voz.
Kagome sintió un puño helado en su corazón mientras el aura de un demonio poderoso se acercaba. Se echó hacia atrás ligeramente, mirando a Sesshoumaru. En su rostro había un ceño fruncido y sus garras apretando la empuñadura de su espada. De repente, Kagome recordó que este Sesshoumaru tenía trescientos años menos de experiencia en batalla que el Sesshoumaru que conocía. Siempre lo había visto como un asesino perfecto y despiadado. Nadie podría verlo pelear y no observar la fluidez pura de los ataques de Sesshoumaru. No le costaban. Este Sesshoumaru ya se alejaba del controlado taiyoukai del futuro que había en su mente. Sus ojos eran un poco más abiertos y su respiración un poco más rápida y parecía más joven.
No es mucho más mayor que Inuyasha, se dio cuenta. Y no importaba cuántas veces se hubiese burlado de las técnicas de lucha de su hermano menor, él también tenía que haber estado en el mismo nivel en algún punto de su vida. Kagome tembló.
Una bestia apareció al otro lado del arroyo sin mover una hoja. Si Kagome hubiese parpadeado, podría haber pensado que se había tele transportado al terraplén. Era un lobo gigantesco con el enmarañado pelaje negro y ojos azules, un azul tan pálido que parecía muerto. Aunque poseía inteligencia en esos ojos. Kagome podía verlo en la forma en la que su mirada cruzaba el claro y se posaba sobre ella mientras estaba de pie junto a la mochila amarilla.
Dio un par de pasos hacia delante con patas del tamaño de platos y levantó su cabeza, su mirada moviéndose hacia el taiyoukai. "Señor Sesshoumaru..." siseó. Kagome pudo ver que acababa de desayunar porque la sangre se derramaba de su hocico mientras hablaba. "Es un honor verle."
"Imagina el honor de morir bajo mi mano" dijo el taiyoukai levantando su fina espada. El sol mañanero se reflejó en el filo fino como una hoja.
El lobo hizo un ladrido que Kagome reconoció como una carcajada. "La última vez que luchaste contra alguien de mi especie, casi ni sales vivo."
Los ojos de Kagome se agrandaron, pero Sesshoumaru levantó la barbilla. "He mejorado notablemente. Pruébame, si lo deseas."
"No estoy aquí para juegos. He sido llamado aquí por el objeto que hay en esa bolsa" dijo señalando la mochila de Kagome con el hocico. "¿Cómo puede un cachorro como tú poseer tal poder? ¿O quizás eres tú, pequeña humana?" Miró de reojo a la miko.
"No es asunto tuyo." soltó Kagome.
El lobo rió de nuevo. "Menuda imprudencia. Estoy sorprendido de que Sesshoumaru no te haya asesinado él mismo. No importa. Yo te mataré. Pareces mucho más suave que esos humanos de piel dura del pueblo. Serías una buena cena."
Sesshoumaru gruñó suavemente y los ojos como de muerto giraron de vuelta. "Sesshoumaru, ¿estás siendo protector con esta pequeña humana? Eres como tu padre en ese aspecto. Y menuda decepción. Por lo menos él tiene algo de poder y prestigio para compensar sus extrañas predilecciones." EL lobo sacudió la cabeza, jactándose cuando los ojos de Sesshoumaru se entrecerraron de ira. "Bueno, joven cachorro, supongo que debería dejarte el mismo trato que a mis cachorros cuando luchamos, ¿Preparado? ¿Listo?"
"No te atrevas a burlarte de mí".
"Ya"
El demonio se abalanzó hacia él mientras decía la palabra, saltando fácilmente el arroyo hacia el taiyoukai y la miko. Sesshoumaru saltó desde su lugar, tapando a Kagome con éxito pero no golpeó a su adversario. El lobo aterrizó girando sobre sus talones y cargó de nuevo. Sesshoumaru hizo arco grácil con su espada, pero el lobo poseía una agilidad que no encajaba con su tamaño y se las arregló para apartarse a tiempo.
Kagome sintió la mano de Sesshoumaru en su brazo. "Escóndete."
"Puedo ayudar."
"Vete o conseguirás que te maten" dijo sin mirarla. No quedó claro si se refería a bajo su mano o la del lobo.
Ella asintió y tomó su mochila, justo cuando el lobo se encaminaba hacia ellos de nuevo. Ella saltó echándose hacia atrás rápidamente hasta que llegó a un árbol fuerte y se escondió detrás del tronco.
Hubo un grito y Kagome miró alrededor del árbol para ver la oreja del lobo pender de un hilo. Una gota de sangre resbaló de la espada de Sesshoumaru. Kagome iba a felicitar a su protector cuando reparó en que sangre caía a la hierba desde el pecho de Sesshoumaru. El lobo sacudió la cabeza haciendo que su oreja saliera despedida con un sonido enfermizo. "Tan frágil" siseó la criatura. "Qué patético que seas el hijo que un gran demonio. ¿Está muy decepcionado?" Ladró otra carcajada.
Sesshoumaru tomó un respiro. "No hables sobre mi padre o de mí con ese ofensivo tono de familiaridad" dijo, la sangre salpicando con cada palabra. El rojo floreció en sus ropas blancas.
El lobo cargó de nuevo bajando su cabeza y esquivando el ataque de Sesshoumaru limpiamente. Kagome no se podía creer que alguna criatura se pudiese mover más rápido que el taiyoukai, pero el lobo lo hacía tan rápido que tenía suficiente impulso para arremeter contra el taiyoukai con suficiente fuerza como para hacerle salir volando. El lobo ni siquiera esperó a ver a Sesshoumaru aterrizar para girarse hacia ella.
"Patético." dijo de nuevo. Su boca se estrechó en una macabra sonrisa.
Ella comenzó a caminar hacia atrás de nuevo. "¿Qué quieres?" preguntó aunque sabía su respuesta a la perfección.
"Puedo sentir ese poder" gruñó el lobo. "Sea lo que sea, lo obtendré, niña. Me llevará a un nivel superior de poder."
La piel de Kagome comenzó a temblar mientras esos ojos muertos la recorrían. "No puedes utilizarlo. Nadie puede."
Él rió de nuevo. "Mientes, humana, Puedo oler la mentira en ti. Eres astuta, pero no tienes confianza en ti misma. Puedo detectar todo lo que sientes."
La miko frunció el ceño, enfadada debido a la intrusión en sus emociones. Cuadró sus hombros y fulminó con la mirada al lobo. "No creo que lo estés entendiendo. ¿Crees que el Señor Sesshoumaru es el único con poder aquí?"
"Débil. No posees más poder que un cachorro" Giró su cabeza ligeramente a la figura emergente de Sesshoumaru de la maleza. "Y él no puede proteger a una simple niña humana", bufó el lobo antes de mirar a Kagome.
Sesshoumaru comenzó a moverse, la sangre goteando de su herida, pero el lobo estaba mucho más cerca. Kagome se abrazó a sí misma y levantó las manos.
Un resplandor rosa llenó el claro forzando a Sesshoumaru a girarse y proteger sus ojos sensibles con su brazo. Cuando el sol de la mañana regresó, bajó su brazo y miró atrás esperando encontrarse con una chica muerta y un lobo con la boca llena de sangre.
Pero Kagome era la única de pie, mirando la masa de pelaje a sus pies. El cuerpo del lobo estaba soltando humo y el olor de cabello y piel carbonizada impregnó el claro. Su pata estaba contrayéndose mientras Kagome observaba aunque sus ojos no estuviesen viendo. Sesshoumaru fue hacia delante rápidamente y clavó su espada profundamente en el pecho del lobo. La bestia dio un último respiro y se mantuvo quieto. "¿Kagome?"
Su boca se abría levemente mientras temblaba, su respiración rápida contra sus pulmones. Sesshoumaru quiso sacudirla, sacarla de su estado, pero no quiso tocarla. ¿Qué había pasado? Su poder había incinerado a un youkai, eso estaba claro. El repentino cambio desde 'humana indefensa' a 'asesina de demonios' le aterrorizó. La pequeña niña ante sus ojos realmente le aterrorizaba. Era un concepto que no podía digerir del todo. "¿Kagome?" dijo de nuevo. Su duro tono cubría cualquier nerviosismo.
Ella parpadeó y cerró su boca. "Vaya... Eso fue... inesperado."
Sesshoumaru frunció el ceño. "¿No lo habías hecho antes?"
"No" contestó la chica firmemente. Finalmente bajó sus manos. "Vaya" dijo de nuevo. "¡Eso fue increíble!"
El humo ascendió desde el cadáver, nublando el aire entre la chica y él. Él tragó fuerte. "Deberías haberme dicho que eras una bruja."
Kagome rió, algo mareada por el exceso de energía y el alivio de estar viva. "¡No lo soy! No soy una bruja. Soy una miko. Más o menos. Aunque lo he purificado. ¡Tal y como una miko buena y apropiada debería hacer!" Levantó las manos. "Pero nunca había hecho algo como eso antes. Y lo he intentado desde hace siglos. ¡Menudo momento para el éxito!"
La quijada de Sesshoumaru se apretó y él trató de no da un paso hacia atrás. "¿Una miko?" No lo había sentido. ¿Cómo podría habérsele pasado tal poder?
Ella asintió no viendo su duda. "Sí, es una cosa de familia. ¡Vaya! Esto es... Quiero decir, ¡es impresionante! ¿Me pregunto si podría hacerlo de nuevo? Quiero decir, todavía puedo usar mis flechas, ¡pero es bueno saber que no soy tan indefensa cuerpo a cuerpo! ¡Espera a que le cuente a los demás!" Caminó hacia el cadáver, mirándolo fijamente, sudando, mientras levantaba su mochila. "¡Vaya!" dijo de nuevo poniendo la mochila en su hombro.
"Hm..." Él dio un paso hacia atrás mientras ella miraba el cuerpo del lobo de nuevo.
Kagome se giró rápidamente y lo miró, las esquinas de su boca bajando. "Oye, no voy a hacerte daño, Sesshoumaru" dijo intentando alcanzarle. Su frente estaba brillando del sudor. A la luz del Sol, parecía que estaba cubierta de muchos diamante pequeños.
Él esquivó su toque. "No sabía que fueses una miko."
Su ceño se mantuvo. "No voy a hacerte daño." dijo otra vez. "No hago daño a demonios que me han ayudado. ¿Qué sentido tendría?"
Sesshoumaru trató de no parecer que deseaba salir de su área inmediata. Por supuesto, a las miko de su calibre se les conoce por purificar demonios a varios metros de distancia. De repente tuvo la visión de su cuerpo carbonizado siendo llevado hasta su padre. "No tendría sentido. ¿Pero cuándo son los humanos lógicos?"
"Ahora eso es injusto" Mantuvo las manos en las asas de su mochila.
"Casi fallo al protegerte." dijo. "Si no hubieses purificado al lobo, habría fallado completamente."
Kagome sacudió su cabeza. "Eso no significa que vaya a purificarte".
"Estarías en tu derecho". Él entrecerró los ojos. "Y una miko no necesita motivos para librar al mundo de un youkai."
"Eso no es cierto", dijo ella enfadándose. "He conocido demonios que a los que nunca haría daño, incluso si fuese capaz de hacerlo."
Sesshoumaru giró su cabeza. "No deberíamos..." Dio un respiro dificultoso y se inclinó hacia delante, una mano apretando su pecho.
"Oh, Kami" Ella dejó caer su mochila y se movió hacia delante haciendo a Sesshoumaru moverse hacia atrás el doble de rápido. Kagome lo fulminó con la mirada poniendo las manos en su cadera. "¡Para ya eso! ¡No voy a hacerte daño! ¡A pesar de que necesites una buena bofetada justo ahora! Sólo quiero mirarlo, ¿De acuerdo? Te has hecho daño protegiéndome y voy a ayudarte a ponerte mejor. ¿Qué pasa si soy una miko? Sabemos cómo tratar una herida, ¿no?"
La sangre fluyó de entre sus dedos. "Me curaré yo mismo".
Kagome negó con la cabeza. "No tan rápido, no puedes. Te has sobre esforzado con todo eso de que te voy a purificar y ahora tu corazón está bombeando toda esta sangre. ¡Mira eso! ¡No estabas sangrando tanto cuando el lobo te lo hizo en un primer momento!" Dio otro paso hacia delante.
Esta vez Sesshoumaru no dio un paso hacia atrás, pero mantuvo un ojo alerta en ella. Desenvainó su espada haciéndola retroceder. "Te permitiré vendar la herida. Si siento que elevas tu poder, te mataré sin dudar."
La miko rodó los ojos. "De acuerdo. Es un acuerdo. Ven junto al arroyo."
Ellos caminaron por separado, pero tan pronto como Sesshoumaru se sentó en una piedra plana en el lecho, las manos de Kagome tocaron las suyas. "Vamos, necesito verlo." dijo suavemente quitando sus manos. Él gruñó por lo bajo, pero quitó su brazo.
Era una herida profunda. Podía ver el hueso blanco de su esternón. Pero también parecía que ya se estaba curando. Sus manos fueron a su clavícula. "Espero que no estés muy apegado a este haori," dijo, "porque está realmente estropeado. ¿Tienes otro?"
Él negó con la cabeza. "Planeaba regresar hoy. Era una patrulla corta."
Kagome frunció el ceño ligeramente y luego se encogió de hombros. No se podía evitar. "Quítatelo y buscaré algunas de mis vendas." Fue a su mochila mientras él se quitaba el haori, el dolor por la piel tirante evidente en su rostro, pero consiguió quitárselo del cuerpo. Dejó caer la ropa a un lado y se inclinó hacia delante para recuperar el aliento. Cuando Kagome regresó, sus ojos se agrandaron.
'Oh Dios', murmuró silenciosamente. Estaba sentado con los codos en sus rodillas y la cabeza gacha. El largo cabello colgaba por uno de sus hombros y la sangre goteaba hasta sus pantalones y al suelo. Su pecho desnudo y su espalda estaban pálidos como se esperaba, haciendo que el rubí de la sangre pareciese aún más dramático de lo que era. Era prácticamente doloroso ver sus anchos hombros y musculosos brazos. Kagome se dio cuenta en ese momento, más que en ningún otro momento de su vida, de que se había perdido ciertas partes de su vida.
Él levantó la mirada hacia ella y el dolor en sus ojos la devolvieron a la realidad. Levantó las vendas. "Aquí están." murmuró prácticamente corriendo hacia él. Poniendo un mano gentilmente en su hombro, lo empujó hacia atrás hasta que estuvo sentado recto de nuevo. El ensangrentado haori estaba junto a él, en otra piedra.
Dejó las vendas en el suelo y fue hacia el arroyo, sumergiendo la parte más limpia de la ropa destrozada en el agua. Regresando a su paciente, escurrió un poco la prenda antes de pasarla por su pecho. La sangre se esparció a una velocidad alarmante por la tela blanca. Chasqueó la lengua. "¿Dónde está tu peto? No te habría pasado esto si hubieses llevado armadura."
"Nunca he llevado un peto. Son incómodos."
Kagome sonrió manteniendo sus ojos en la herida mientras limpiaba la sangre. "Sí, son tan incómodos mientras salvan su vida y todo eso." Regresó al arroyo, enjuagó la tela y repitió el proceso. "Deberías tener uno" Tendrás uno, añadió silenciosamente.
"Lo consideraré."
Ella sonrió Y desenrolló el vendaje. "Bueno, ya se está curando, y eso es bueno. Y rápido."
Sesshoumaru miró a otro lado. "Habría sobrevivido sin tu ayuda".
Kagome asintió."Lo sé, pero podrías haber perdido mucha sangre si seguías hiperventilando así. Y estarías débil."
"No si no hubiese estado cuidándote."
Ella rió con suavidad. "¿Cuidándome? ¡Estabas asustado de mí! Y actuando como un niño."
Apartó las manos de la chica."Déjame estar, mujer."
Ella negó con la cabeza."No. Curaré tu herida, la cual te hiciste por mi culpa. Gracias, por cierto."
Sesshoumaru gruñó suavemente y un punto de sangre apareció en el vendaje que Kagome acababa de poner. Suspiró y lo reemplazó sin decir nada. "Te dije que no me agradecieras, miko". Sus ojos dorados se desviaron a cualquier lugar excepto sus ojos. "Prometí protegerte. Estaba atado por el honor y he fallado."
Kagome se encogió de hombros."No puedes salvar a todos a la vez, Sesshoumaru. La próxima vez, serás mi samurái de la brillante armadura, de eso estoy segura." Rió mientras él fruncía el ceño. "Sólo bromeaba. Necesitas relajarte Sesshoumaru."
Él alzó una ceja. "Estoy perfectamente bien como soy."
"Ha estado muuy gruñón toda la mañana." dijo mientras rodeaba su torso con las vendas. "Quiero decir, con motivos, ya que hubo un demonio lobo y fue herido en el pecho y descubriste que soy una miko que podría freírte con un toque; pero aún así, sólo eres un gran gruñón."
Sesshoumaru se sentó en posición vertical mientras ella se inclinaba hacia delante para rodear su cuerpo con sus brazos para vendarle bien. Olía a jengibre y naranjas. "Te tomas demasiadas libertades al hablar, Kagome."
Ella rió de nuevo. "¿Qué? ¿Miedo de las mujeres sinceras, Sesshoumaru?"
Él suspiró mientras ella anudaba los vendajes. "No. No le temo a nada."
"¿En serio? Eso es algo tonto. Hay muchas cosas de las que tener miedo en el mundo, y no tienes que ser un cobarde para temerlas." dijo mientras se levantaba. Mientras guarda sus suministros médicos, le lanzó una mirada sugestiva. "¡Estabas asustado de mí hace un momento!"
La indignación apareció en su pecho. "Nunca he estado asustado. Sólo me inquietaba tu poder. No tú, Kagome."
"Ah um. Por supuesto." Ella le guiñó y cerró su mochila. "¿Estás seguro de que estás bien?"
"Estoy bien." dijo apretando sus dientes. "Deja de molestarme, mujer. Y deja ya esa alegría innecesaria. Me ataca los nervios."
Kagome rodó sus ojos. "¿Ves a lo que me refiero? ¡Un gruñón!" Rebuscó en su mochila, sacando ropa nueva. "De todos modos, debería irme a vestir. No puedo ir por ahí con mis pijamas." Dijo señalando su camiseta de 'Bésame, soy irlandesa' que Eri le había traído de un viaje por Europa. Era una broma, por supuesto, y siempre había sido catalogada como una camiseta no abierta al público. Los pantalones púrpura de pijama también un poco demasiado. "Vuelvo en un segundo."
Sesshoumaru gruñó de acuerdo mientras examinaba su trabajo, dejando correr sus garras por las vendas. La miko había hecho un trabajo decente, decidió. Tampoco era como si lo necesitase, de todos modos. Ella era una criatura extraña, capaz de matar y curar con el mismo toque. Se estremeció libremente ante el pensamiento de ser purificado por su mano.
Kagome reapareció y echó la otra ropa en la mochila. "Necesito desesperadamente un baño, pero creo que tendrá que esperar." Puso la mochila en su hombro y lo miró, expectante. "¿Estás listo? Prometiste llevarme de regreso. Entonces te librarías de mí."
"Lo recuerdo. Te llevaré a tu destino."
Su corazón se encogió ligeramente y su respiración se detuvo. Ella se dio cuenta de que no sabía qué hacer después de que la dejase. ¿Saltar al pozo y esperar por lo mejor? Tal vez la lleve a su casa, o a la época de Inuyasha. O incluso más atrás en el pasado. Kagome no se inclinaba mucho por esa posibilidad. No conocía mucho a nadie más viejo que Sesshoumaru, en realidad. Nadie más podía ayudarla de todos modos. Podría buscar a Myoga... Estaba bastante segura de que era mayor que Sesshoumaru.
Negó con la cabeza ante esa idea ridícula. Ya pensaría en algo cuando llegase al pozo.
Sesshoumaru frunció el ceño ante la expresión distraída de su acompañante y se levantó. "Espero que ese poder secreto tuyo no nos traiga más emociones esta mañana." Hizo una pausa y la miró. "¿Requieres alguna comida?"
"No, la cena fue más que suficiente." dijo regresando a la realidad. A pesar de que Sesshoumaru había cogido la mayoría del ciervo, su parte había sido suficiente como para llenarla una semana. Caminó hacia el arroyo, una sonrisa en el rostro. "¿Listo?"
Sin esperar respuesta, Kagome saltó hacia una roca en medio del agua, delicadamente manteniendo el equilibrio mientras se encaminaba hacia la siguiente piedra. Sesshoumaru observó con interés el cómo ella se movía como un pájaro, saltando de un lugar a otro, hasta que se quedó sin piedras. Ella se quedó tambaleándose unos momentos sobre sus pies. "Sólo entra en el agua" dijo él, "No es tan profundo".
"¡Ni hablar! Tardé muchísimo en secar mis pantalones por lo de ayer!"
Él suspiró mientras ella se balanceaba sobre una piedra. Acuclillándose, se lanzó fácilmente al aire, atrapando a Kagome mientras pasaba junto a ella, y aterrizó suavemente al otro lado. "Ya está. Ahora no te quejarás sobre mojarte la ropa" dijo liberándola inmediatamente.
"Gracias." murmuró sintiendo sus mejillas arder involuntariamente. No te alteres, Kagome, se amonestó a sí misma.
"¿Vienes?"
Ella miró hacia arriba y se dio cuenta de que Sesshoumaru estaba ya bastante lejos. "¡Oh, claro! Perdona, sólo estaba pensando". Se dio prisa. "Creo que todavía estoy algo alterada por la liberación de mis poderes."
Sesshoumaru midió su brillante rostro rojo. "Hmm. Ya veo". Esperó a que ella le alcanzase y comenzó a caminar de nuevo. "¿Estarán tus amigos en el pueblo?"
Kagome se encogió de hombros, el color abandonando sus mejillas. "Intentaré encontrarles. Espero que lo haga."
"¿Y si no?"
La miko frunció el ceño y repentinamente su logro de esa mañana significó poco. ¿De qué serviría si nunca podría reunirse con la gente a la que protegería con ese poder? De repente se preguntó si ellos la echarían de menos ya, si Shippo habría engatusado a Inuyasha para que fuese a buscarla o si estarían esperándola junto al pozo para verla reaparecer. "No lo sé."
El taiyoukai frunció el ceño también dándose cuenta de que había importunado a su compañera temporal. "Estoy seguro de que Rin e Inuyasha te encontrarán."
"Inuyasha tiene sus propios problemas", respondió hoscamente. "Y Rin... bueno, estaría feliz de verme, espero, pero no sé si ella tiene la menor idea de cómo encontrarme." Sonrió suavemente ante el recuerdo de la pequeña niña. Había pasado mucho tiempo desde que Kagome la haya visto, tanto que seguramente Rin ya sería un par de centímetros más alta. La última vez que el grupo había visto a Sesshoumaru, él había estado solo, y por supuesto nadie estaba con él cuando se lo encontró junto al pozo unas cuantas noches atrás, trescientos años en el futuro.
"Pero ese Inuyasha, ¿te protege?"
Kagome se encogió de hombros de nuevo no sabiendo cómo responder. "A veces. No siempre necesito ser protegida." dijo con una pequeña sonrisa alzando sus manos. "Creo que si Inuyasha se entera de lo que hice hoy esperaría que lo hiciese siempre para protegerme a mí misma."
"Ahora que puedes protegerte tú sola, será más fácil para tus compañeros de viaje." dijo Sesshoumaru.
"Cierto. Es gracioso, pero nunca me había acercado a un poder como ese antes a pesar de todos mis esfuerzos." Kagome respondió. "Tal vez dependía demasiado de Inuyasha. ¿Sabes qué debería hacer? Debería conseguir un arco, algunas flechas y practicar mis poderes. Normalmente me preocupo tanto por mi puntería que quizá eso es lo que me está restringiendo. ¿Qué opinas?"
Él parpadeó. "No tengo la más remota idea de cómo funcionan los poderes de una miko. Si eres un arquero, es natural preocuparse por la puntería. Sé agradecida de que puedas defenderte con un arco también. Y sería mejor que le preguntases a otra sacerdotisa, no a un youkai. ¿Alguno de tus acompañantes en una sacerdotisa?"
Kagome arrugó la nariz. "Una de ellos. Pero no quiero preguntarle a ella. Es... difícil de tratar. Tenemos también un monje en el grupo, pero sería inútil hacerle preguntas referentes a mis poderes."
"¿Una miko y un monje?" preguntó Sesshoumaru. El pequeño pánico que surgió ante el descubrimiento de los poderes sagrados de Kagome regresó de nuevo. A diferencia de Kagome, el monje y la miko desconocidos sí que conocerían bien sus propias habilidades. "¿Entonces sería sensato que te acompañe? Pueden creer que soy un enemigo."
A veces lo eres, pensó ella con el ceño fruncido. "No, está bien. Cuando lleguemos al pueblo puedes irte. Has hecho más que suficiente, Sesshoumaru."
Sólo par de minutos después, emergieron del bosque no muy lejos de donde Kagome había sido atacada por el samurái. Kagome podía ver a los campesinos trabajar en el campo a sus pies, indiferentes al paso de los samurái el día anterior. Sonrió suavemente. Después de todo, ellos eran los ancestros de sus amigos, del pueblo que ella conocía y amaba. "Creo que ya llegamos. Supongo que es hora de decir adiós." dijo ella girándose hacia el demonio perro. "Ha sido toda una aventura, Sesshoumaru. No tienes ni idea."
El taiyoukai asintió. "Ha sido interesante. Adiós, Kagome." Se giró y comenzó a caminar de nuevo al bosque.
"Espera."
Él se dio la vuelta para observarla y a pesar de la luz de sol, Kagome recordó la noche oscura trescientos años en el futuro, cuando le había dado la misma mirada. Kagome intentó sonreír, pero salió muy forzado, así que lo dejó pasar. "¿Quieres algo de chocolate? Como un agradecimiento por todo lo que has hecho. Quiero decir, sé que no quieres que te dé las gracias, pero yo quiero hacerlo, así que pensé que quizás me dejarías." Dejó salir un suspiro ante sus desvaríos.
Se acercó lentamente a ella. "¿Qué es chocolate?" preguntó pronunciando la palabra con lentitud.
Ella se agachó y sacó una barra envuelta en papel de aluminio y su envoltorio de la mochila. El aire frío había evitado que se derritiera. "Chocolate. Dulce." Entrecerró los ojos unos momentos. El chocolate no era muy sano para perros, ¿Pero afectaría de igual modo a los demonios perro?
"Soy inmune a los venenos" dijo él malentendiendo la expresión.
Ella le ofreció una brillante sonrisa. "No intento envenenarle. Pero lo más probable es que nunca haya probado el chocolate. Me preguntaba si podría hacerle daño en el estómago. Pero Inuyasha lo ha comido antes, así que..." Se encogió de hombros y levantó la mochila. "Vamos a comer junto al pozo de allí. No quiero sentarme particularmente a la vista del pueblo."
Sesshoumaru asintió siguiéndola más por curiosidad que cualquier cosa. "¿Es el chocolate una delicia en tu pueblo?"
"Bueno, algunas personas lo creen," contestó, "pero es bastante común, así que no creo que califique como delicia. Pero está bueno. Ya verá."
El Pozo Come-Huesos llegó a la vista y ellos se sentaron cerca de la hierba bañada por el sol. Kagome alzó la cabeza y miró al cielo. Era inusualmente brillante para la época de otoño y ella respiraba el aire frío. "Es un día precioso. Un buen día para chocolate."
Sesshoumaru miró hacia arriba también y se encogió ligeramente de hombros. "Es sólo un día más. Únicamente tu tiempo de vida mortal te engaña al apreciar más un día soleado que uno lluvioso."
"Tal vez porque los días soleados son mejores que los lluviosos." replicó Kagome mientras volvía a doblar el brillante papel de aluminio que cubría el chocolate. "No es que no me guste una buena tormenta de vez en cuando, pero prefiero los días en los que puedo salir afuera sin mojarme." Rompió la barra en dos mitades y le dio una al demonio perro.
"Tienes una peculiar aversión al agua" dijo Sesshoumaru tomando la barra oscura con su mano y mirándola fijamente. El dulce olor subió hasta su nariz y observó a Kagome tomar un bocado de su mitad.
"Tienes una peculiar aversión al chocolate" respondió. "Vamos. Pruébalo. Prometo que no lo he envenenado." Rodó los ojos y se echó de nuevo en la hierba, tapando sus ojos del sol con su antebrazo.
Él lo olisqueó de nuevo y probó un bocado, sorprendido de lo rápido que se disolvió en su lengua. "Cubre mi garganta de una manera incómoda" dijo masticando con lentitud.
Kagome suspiró. "De acuerdo, aparte de eso, ¿te gusta?"
"Aceptable." respondió tomando otro mordisco.
Ella rió suavemente y se puso sobre las rodillas, inclinándose hacia el pozo hasta que pudo apoyarse en uno de sus laterales. Sus brazos doblados bajo su mejilla, y la cabeza girada hacia él. Mordisqueó la tableta de chocolate. "¿Puedo hacerte una pregunta personal?"
Sesshoumaru asintió. "Dependiendo de la pregunta, sí."
"¿Alguna vez has querido huir?" preguntó. "¿No querer regresar a casa? Quiero decir, probablemente hayas tenido muchas oportunidades en sus patrullas."
Sesshoumaru pasó su lengua por los colmillos llenos de chocolate. "Nunca deshonraría a mi padre al escapar cobardemente, sin importar las pruebas a las que me he enfrentado."
"Esa no era mi pregunta y lo sabe".
Él tragó fuerte. "Una vez. Después de que mi madre se fuera. Sólo tenía setenta y cinco años. Un niño, según tú. No mucho más de ocho años en edades humanas. No era capaz de patrullar yo solo por aquel entonces, por supuesto, pero recuerdo querer huir de allí."
Sus ojos brillaron con educada curiosidad. "¿Por qué no lo hiciste?"
"Sabía incluso entonces que podía traer deshonor a mi padre al tener a tal desagradecido heredero. También, él podía ir a por mí y encontrarme en poco tiempo. No tenía deseos de sus castigos." dijo, terminando su parte.
Kagome cerró los ojos. "Aunque eras joven."
Sesshoumaru lamió el chocolate de la punta de sus dedos mientras los ojos de Kagome seguían cerrados. "Soy mayor ahora y más sabio. No evitaría mis obligaciones."
"Eso es admirable."
Él la miró fijamente aunque ella todavía estuviese apoyada contra el pozo. "También tienes obligaciones" dijo. "Tienes el poder tras el que estaba ese lobo, el que sentí anoche. Es la carga que debes llevar, en tus propias palabras. No abandonarías esa obligación, ¿cierto?"
"No, no puedo, Eso lo sé." Abrió los ojos y esos estaban tan llenos de dolor que Sesshoumaru tuvo que mirar hacia otro lado. "Pero a veces, te sientes llamado a escapar. Te piden que dejes tus deberes atrás."
"¿Te han pedido que abandones tus obligaciones?" Sesshoumaru frunció el ceño."¿Quién? ¿Acaso él no posee honor?"
Kagome se deslizó del pozo, su cuerpo haciéndose una bola mientras suspiraba. Metió el último trozo de su mitad de chocolate en la boca y chupó lentamente lo que se había derretido en sus dedos mientras miraba al cielo. Sesshoumaru miró a otra parte. "Fue Inuyasha."
"¿Y quién es él para decirte que lo dejes?" preguntó el demonio perro, indignado ante la idea de renunciar al honor propio.
"Hace mucho tiempo, él era mi héroe." respondió ella silenciosamente.
"Heroísmo obsoleto no es motivo para tenerle tal respeto a un hombre." dijo Sesshoumaru.
Kagome alzó una fina ceja."Así que si alguna vez usted comienza a matar humanos sin motivo y se convierte en alguien frío de corazón y cruel, ¿no debería tenerle respeto nunca más?"
El puente de su nariz se arrugó por un momento ante sus palabras. "Si esas acciones realmente son sin motivos, entonces no existe honor en ellas. Pero al juzgar a otra criatura, debes entender que no puedes comprender todos sus motivos."
"Lo mantendré en mente." murmuró ella.
"Haces preguntas extrañas."
Ella asintió. "Me lo han dicho."
Se sentaron en silencio unos momentos y Kagome miró mientras los ojos de Sesshoumaru se paseaban por el bosque cada pocos segundos. Estaba listo para irse, pero ella no lo estaba para dejarle ir. No todavía, cuando no estaba segura de qué había en el fondo del pozo. "Sesshoumaru, ¿has escuchado lo que el lobo me dijo antes de que lo purificara?"
"No, estaba más ocupado con tu muerte inminente y mis propias heridas." contestó con acidez.
"Cierto. Bueno, dijo que quería el poder que yo poseía. Dijo que 'le llevará a un nivel superior de poder'. Dime que eso no suena a problemas."
"Obviamente, el lobo tenía un líder de manada al que planeaba entregar tus pertenencias."
Kagome lo miró. "¿Ese lobo? ¿Ese lobo no era el líder de su manada? ¡Oh, vamos, Sesshoumaru! He conocido a unos cuantos jefes de manada y eran debiluchos en comparación con ese demonio."
El taiyoukai frunció el ceño ligeramente. "He escuchado algunos extraños reportes de un demonio reuniendo seguidores en esta parte de las tierras de mi padre. Vine aquí en parte para averiguar si los rumores eran ciertos, pero no he encontrado pruebas."
"Yo creo que sí." contestó la chica poniéndose de pie. "Ese lobo definitivamente trabajaba para un demonio poderoso y considerando que casi te pica en dos, el lobo era lo suficiente poderoso por sí solo." Levantó las manos rindiéndose mientras él le gruñía."Oye, sólo estoy diciendo lo que ha pasado. Eres un buen luchador, lo juro, pero casi te mata. Seamos sinceros con ello."
"Aún así lo destruiste sonoramente." murmuró Sesshoumaru.
"Sí, exacto." dijo Kagome casi que disfrutando de sus refunfuños. "El asunto es que no deberías ser tan desdeñoso con la idea de que hay algo buscando influenciar por esta zona. Y si estoy en lo cierto y ese lobo era el líder de su manada, entonces tienes serios problemas. Cuando hay un lobo, siempre hay más. Créeme, lo sé. A veces no te puedes deshacer de ellos, sin importar lo mucho que lo intentes."
El taiyoukai arqueó una ceja. "Hablas desde la experiencia personal."
Ella se sonrojó de una forma muy bonita. "Sí, en una ocasión tuve un lobo que decía estaba enamorado de mí." Ella tragó y fulminó con la mirada al demonio perro sonriente. "¡No es gracioso! ¡Fue realmente embarazoso!"
"No me divierte tu vergüenza ante la situación. Me hace gracia el hecho de que seas una miko que purifica a un lobo con facilidad y seas el objeto de las atenciones no deseadas de otro lobo." La sonrisilla se amplió. "Tal vez si le dices que has asesinado a su igual te deje tranquila."
"¡No he asesinado a nadie! Fue en defensa propia."
"Por supuesto" Él siguió mirando al cielo.
Kagome gruñó con la garganta. "Oh, sólo está molesto porque la pequeña niñita le dio una paliza al lobo grande y malo cuando usted no pudo."
Sesshoumaru se mantuvo en silencio unos momentos. "¿Realmente crees que el lobo tenía algún amo a parte de su jefe de manada?"
Ella asintió. "Incluso si era el líder de su manada, era un demonio poderoso."
"Muy bien" Se levantó y miró al horizonte. "Debo irme."
"Sólo bromeaba." dijo ella frunciendo el ceño ante la repentina prisa. "Sobre mí siendo mejor luchadora que usted."
"Estoy al tanto de ello. Pero debo regresar ahora a casa."
"Mentiroso. Te he ofendido." El ceño se acentuó. "No estabas tan deseoso de irse a casa hace un minuto. ¿O es que sólo te estoy molestando?"
Sesshoumaru suspiró internamente. "Me has dado mucho que considerar en un sólo día, Kagome, que lo que un humano me ha dado en mi vida. Creo que eres demasiado interesante para mis gustos."
Kagome se incorporó y puso las rodillas debajo de su barbilla. "¿Sigues asustado de mí?"
"No. Pero debo ir. Si tienes razón sobre lo de este lobo teniendo un amo, debo reportárselo a mi padre."
La miko trató de sonreír. "Oh, de acuerdo. Lo comprendo." Se levantó y limpió la hierba y hojas que había en su parte posterior. "Adiós, Sesshoumaru." Ella hizo una reverencia y se estiró a tiempo de verlo inclinar su cabeza ligeramente.
"Adiós."
Por segunda vez, se dio la vuelta, pero ella no lo llamó esta vez. Su espalda desnuda, sólo envuelta en los vendajes, retrocedió hacia los árboles mientras ella pestañeaba. Se había ido. Se sintió sorprendentemente sola.
"Despiértate." murmuró para sí misma. "Ese era Sesshoumaru, después de todo. Sólo te irás a casa y olvidarás todo esto. No importa que haya sido tu único amigo en este lugar."
Kagome suspiró pesadamente y se dio la vuelta hacia el pozo, poniendo sus manos en el borde. Trató de sentir su poder antes, cuando hablaba con Sesshoumaru, pero su conversación la había distraído. No podía sentirlo.
Ahora sí que podía. Pulsaba silenciosa y débilmente bajo sus dedos. "De acuerdo, hagamos un trato." susurró. "Me voy a casa y averiguo qué pasa contigo, ¿de acuerdo?"
Decidió trepar abajo en vez de saltar ciegamente, sólo para estar seguros. Acomodando su mochila sobre el hombro, Kagome se sostuvo del borde del pozo y fue bajando hasta la enredadera. Sus zapatillas se deslizaban sobre la superficie arcillosa de las paredes y sus dedos se volvieron blancos debido a la presión mientras ella intentaba llegar hasta abajo. Cada lugar donde poner los pies lo conseguía con cinco minutos de búsqueda y ya estaba sudando antes de que estuviese a mitad de camino.
Su mano repentinamente se separó de la pared, con trozos de la arcilla enterrados entre sus dedos y dentro de las uñas. Chilló y cayó, aterrizando sobre un tobillo y sus manos en el fondo del pozo.
Un dolor repentino subió por la pierna que había caído primero y ella hizo una mueca, removiéndose hasta apoyarse en la cadera. "Hijo de perra" gruñó agarrando su tobillo.
"Un uso irónico de las palabras."
Kagome subió la mirada para encontrarse con el rostro de Sesshoumaru en lo alto del pozo, su trenza colgando hasta su hombro. Ella lo fulminó con la mirada. "¿Me vas a ayudar o sólo te vas a quedar allí?" gruñó.
"¿Por qué estás en un pozo seco?" preguntó en respuesta.
"Tenía sed." espetó.
Él rodó los ojos, se apartó de la vista y un momento después saltó hacia el fondo del pozo, aterrizando con una gracia que sólo hacía que su tobillo le doliese más. Él se inclinó hacia abajo y la tomó entre sus brazos acunándola hacia su pecho. Kagome no tuvo tiempo de darse cuenta de la proximidad. Otro salto grácil y él ya la estaba sentando en la hierba. "Si sigues llamándome hacia aquí nunca voy a poder escapar de ti." murmuró.
"Mira quién habla. Estuviste aquí en medio segundo. ¿Qué estabas haciendo, mirándome desde los árboles? Acosador."
Rodó los ojos. "No responderé a tal ridículo comentario. Por cierto, estás sucia ahora." dijo frunciendo el ceño ante la marca de la mano que había dejado en su hombro.
"Lo siento" ella murmuró mirando al fango negro y viscoso en sus manos. La ira sarcástica se deslizó fuera de su rostro. "Bueno, esto no me parece barro."
Sesshoumaru paró de quitar eso de su hombro y lo olisqueó. "No lo es. Es... sangre. Creo."
"¿Qué?" Chilló ella de nuevo y comenzó a frotar las manos contra la hierba. "Oh, ¡me voy a bañar durante una semana completa!"
"Está mezclado con hojas descompuestas y otro material de planta." continuó ignorando sus chillidos. Frunció ligeramente el ceño. "Es un demonio árbol. O al menos, una parte de ello."
"Ohhh, ew." gruño la miko dándose cuenta de que el lodo iba ya a medio camino de su pierna. "No había un demonio árbol muerto en el pozo ayer"
Él la miró. "¿Es algún tipo de hábito el saltar a este pozo en particular?"
"Cállate. Tengo que volver a cambiarme de ropa." Intentó ponerse de pie y puso presión en ambas piernas antes de caer de nuevo hacia la hierba. "O no." Ella chilló. "Eso duele."
Sesshoumaru se agachó y atraje su pie hacia él, ganándose otro chillido. Bajó sus calcetines y aplicó algo de presión en la articulación, provocando un siseo de dolor en Kagome. "Te has torcido el tobillo. Era de esperar teniendo en cuenta que saltas a pozos secos."
"¿Podrías dejar ya eso?" presionó. Tomó su mochila y comenzó a buscar en su interior. "Ya no me queda esparadrapo o vendas elásticas."
"¿Vendas elásticas?"
Ella suspiró. "Nada importante. Mira, ¿podrías llevarme al pueblo? Sé que se asustarán cuando te vean, pero probablemente tengan una miko. Obviamente no puedo ir a buscar a mis amigos todavía. O nunca." Lanzó una mirada fulminante al pozo. "Si no me llevas sólo me queda ir arrastrándome. Por favor, no me hagas arrastrarme."
"Te llevaré. No hace falta suplicar." La alzó en sus brazos de nuevo. Su mochila permaneció en sus piernas. "No preciso de chocolate para esto."
Kagome se relajó y se apoyó otra vez contra su pecho desnudo, las rodillas desapareciendo entre el tupido pelaje. Su tobillo le dolía, pero apenas le prestó atención. "Gracias." murmuró luchando contra el aleteo en su estómago y el sonrojo que subía por su garganta.
Él se encogió de hombros y comenzó a caminar colina abajo hacia el pueblo. "Me has causados muchos problemas, mujer."
"Es por lo que parezco vivir últimamente" murmuró. "Eso, y saltar en pozos." rió suavemente.
Él miró hacia ella y observó las gotas caer por su mano. "Soy…"
"Detén ya eso." ordenó echándose hacia atrás.
"Lo siento." masculló ella secando las gotas. Nuevas lágrimas reemplazaron las anteriores tan rápido como ella podía quitarlas.
"¿Te duele tanto?" Apretó ligeramente el agarre.
Ella se acurrucó contra él apoyando su cabeza contra su cuello. Sus lágrimas se deslizaron por su pecho formando pequeñas sendas plateadas en su piel. "Sí." dijo ella. Su corazón se estaba contrayendo repentina y dolorosamente, apretándose con cada respiración.
El pozo no funcionaba.
Era la primera vez que se daba cuenta, aunque había sido consciente de ello en el instante en que su pie se había torcido bajo el peso de su cuerpo. El pozo se había cerrado a ella. Incluso en ese estado de comprensión, no podía pensar el porqué. Había poder fluyendo en él. Lo había sentido. ¿Qué pasaba? ¿Por qué la había lanzado atrás en el tiempo unos siglos más y luego cerrado? No tenía sentido.
Podía sólo pensar que había tenido suerte al no saltar desde lo alto. Podía haberse roto una pierna por ello.
"Me han visto."
Kagome levantó su cabeza y se dio cuenta de que los pueblerinos estaban corriendo por los campos, lejos del taiyoukai, como cucarachas cuando enciendes la luz. Se limpió las lágrimas una vez más y se enderezó en los brazos de Sesshoumaru. "No te harán daño mientras yo esté aquí." susurró.
"O intentarán herir porque estás aquí." replicó. Observó con los ojos entrecerrados mientras los villanos se agrupaban al final del camino por el que iba caminando.
"Por favor, no mates a nadie"
Él bufó.
"Hablo en serio, Sesshoumaru."
Suspiró. "Lo intentaré."
Una última lágrima se deslizó por su mejilla. "Eres realmente distinto." Se sonrojó cuando él la observó con una expresión divertida. "Quiero decir, distinto de lo que la gente dice de ti."
"No me conoces tanto." murmuró.
"No tienes ni idea."
Él caminó por la vía entre plantaciones de arroz donde nada crecía. La multitud a las puertas del pueblo se agrandó. Blandían utensilios rústicos de arado y escucharon un par de murmullos sobre lo cerca que él mantenía a Kagome a su pecho. Y sobre cómo ella se recostaba cómodamente. Él quería golpearles, quitar esas sucias palabras de sus sucias bocas, pero no podía soltar a Kagome. Los villanos sólo se detuvieron cuando sus oídos podrían haberlos escuchado también.
Se detuvo en las lindes de los campos, mirando a los rostros enfadados y contorsionados de los pueblerinos. Kagome trató sonreír y falló. "Soy una curandera. Una miko." dijo. "Me he herido un tobillo."
Murmuraron entre ellos de nuevo.
"Por favor. Él no os hará daño." dijo.
"Los demonios no son bienvenidos aquí." gritó alguien desde atrás. Hubo una oleada de afirmaciones.
"Esto no tiene sentido." murmuró Sesshoumaru.
Kagome frunció el ceño. "Mirad, soy una miko, ¿de acuerdo? Creedme, si él fuese una amenaza, no estaría aquí, Sólo quiero a alguien con algunos suministros para que pueda vendarme el tobillo y entonces nos iremos."
"No puedes ser una miko" una mujer con el rostro parecido a una ardilla gritó. "No estarías tocando esa cosa si lo fueses."
Ella miró cómo los hombres acercaban a las mujeres a ellos, protegiéndolas con sus cuerpos, y Kagome se dio cuenta de lo que pensaban sobre el demonio que la sostenía. "Oh, por el amor de..."
La multitud se dividió repentinamente y una mujer apareció. Portaba el uniforme de las mikos y una espada en el costado. Alta y saludable, parecía empequeñecer a los aldeanos a su alrededor. Su rostro era hermoso y su cabello era negro y limpio, con un pico en "V" en su frente. Tenía el resplandor puro que sólo los verdaderos penitentes poseían. La miko miró fijamente a Kagome, sus ojos no se posaron en Sesshoumaru. "Es una miko." declaró. "Dice la verdad."
Los ojos de Kagome se agrandaron. "¿Midoriko?"
En las notas de autora, RosieB nos explica que buscó información acerca de Midoriko. Sobre ella sólo dicen que vivió "siglos atrás", pero no especifican el año. Como ella viste el traje de las mikos y posee armadura, RosieB juzgó que 300 años estaban bien y no era tanto tiempo.
Espero que os guste mi traducción y gracias desde lo más profundo de mi corazón a todas las que leen/marcan favoritos/amas/viven/lloran y etc. mi traducción. Os quiero. A todas.
Un beso muy grande.
