Hola!

Bueno, sí, tardo mucho. No, no lo voy a abandonar. Y sí, prácticamente subo un cap al año(?) como dijo alguien en un review recientemente (yo leo TODOS los reviews eh?) ; así que lo siento mucho. No lo hago a propósito. Es que cuando no es una cosa es otra, me distraigo fácilmente y traducir una historia requiere más tiempo que escribirla tú. Un fic cuando lo escribo hago página tras página; pero cuando traduzco si consigo una página o dos en un día hago el baile de la victoria junto con la danza de la lluvia xD

Este fic es increíblemente bueno y vale la pena leerlo con propiedad. Por ello, pido que no leáis el fic original en inglés si os veis obligados u obligadas a usar Google Traductor. No, eso no es buena idea. Un poco de paciencia y se os será recompensada C:

Inuyasha no me pertenece, la historia tampoco. Pertenece a Rumiko Takahashi y a RosieB, respectivamente. Yo sólo hago la traducción.


El Taiyoukai del Pasado y del Futuro

Capítulo 5: Mes Amis

Ella se sentó en la enorme piedra plana y miró hacia el valle. El sol se había puesto hace algunos minutos, dejando un tono naranja y rojo en las tierras verdes que había debajo de ella. Estaba más oscuro allí donde las colinas estuviesen más cercanas, dejando profundas marcas de sombras con cicatrices negras en la tierra. Había una aldea cerca del pie del acantilado donde ella se estaba sentando. El humo comenzaba a serpentear fuera de las casas mientras los adultos volvían de los campos. Ella incluso podía imaginar los chillidos de carcajadas de los niños que disfrutaban de los últimos minutos de juegos en las calles.

"Me queda bien"

La miko se giro para verlo de pie frente detrás de ella a pesar de que no lo había oído llegar. Sonrió al ver que estaba usando su regalo, el kimono que le había comprado antes esa tarde cuando pasaron por una aldea más grande. "Bien. Ya fue lo suficientemente difícil de conseguir."

Él asintió y se acercó. "El mercader se enteró de que era para un demonio."

"Sí. A Midoriko se le escapó." Ella rodó los ojos y se giró de nuevo hacia el valle. "Es buena persona. Sólo me gustaría que dejase esa actitud pasiva agresiva."

"No le veo nada de pasivo" murmuró él.

Ella intentó evitar que saliese una sonrisa mientras asentía. Los últimos dos días llenos de silencios fríos le habían recordado mucho al tiempo que pasó con Kikyo. La garganta de Kagome le dolía de tanto hablar, tratando de rellenar el silencio incómodo. Sus acompañantes sólo le contestaban a ella y no se hablaban entre ellos. Era cansino trabajar de mediadora, especialmente cuando se rehusaban a ser conscientes de la presencia del otro siquiera. "Ya sabes, realmente tuve que amenazar a ese hombre." Ella rió tratando de no pensar en Midoriko. "Le dije que te enviaría a buscar el kimono personalmente."

El taiyoukai la miró por el rabillo del ojo. "¿Y por qué pasarte por tantos problemas por mi?"

Kagome se encogió de hombros. "Has estado soportando a Midoriko por dos días. Conmigo por dos días. Y todo sin camisa y con sangre por todo el resto de tu ropa. Pensé que te lo merecías." Su sonrisa se suavizó cuando se encontró con sus ojos. "Además, en cuando lo vi supe que era para ti."

Sesshoumaru miró hacia los bloques de color rojo en los bordes de las mangas y del cuello. Había unos cuantos hexágonos en los bordes de cada estampado con pequeñas flores dentro, pintadas de blanco para que se notasen. "Es… adecuado para mí." Estuvo de acuerdo.

"Lo sé." Murmuró ella ampliando la sonrisa. Era raro verlo en su ropa usual, blanca y roja, aquí y ahora cuando en el futuro la misma visión la aterrorizaría en el sitio. Se preguntó de nuevo, por enésima vez, qué había pasado para cambiarlo tanto. "Todavía necesitas un peto."

Él asintió. "Lo tendré en cuenta".

Será este mi efecto en el futuro, se preguntó a sí misma. ¿Vestir a Sesshoumaru? Menuda idea tan ridícula. Pero era tan extraño, el ver ese kimono colgado en el mercado, y saber que le pertenecía a pesar de que no lo hubiese usado antes. "Me alegro." Dijo ella. "Me gustaría que te mantuvieses seguro."

Sesshoumaru sintió el extraño impulso de sonreírle, pero lo reprimió satisfactoriamente. "Soy tu protector. Tiene sentido que quieras que esté seguro."

"Sí. Ese es el motivo." Dijo Kagome rodando los ojos. "No es como si fueses mi amigo o algo."

Sus ojos dorados brillaron ligeramente. "¿Te consideras como amiga mía?"

"Bueno, sí. Supongo que sí." Dijo, la sonrisa convirtiéndose en un ceño fruncido. "¿Es malo?"

"No." Parecía algo inseguro.

"¿Qué? ¿No has tenido amigos antes?"

Él arqueó una delicada ceja. "Por supuesto. Tengo cerca de doscientos años. Me parece que podrías asumir que tengo amigos", dijo aunque pronunciaba la palabra sin ningún deje de gracia. "Aunque no creo que ninguna fémina se haya llamado amiga mía."

Kagome alzó una ceja de vuelta. "¿Ninguna? ¿Qué clase de vida es esa?"

"Una buena."

"¡Oh! ¡Eso es malvado!" gruño. Apartó un cabello de su rostro. "Ahora en serio. ¿Ninguna mujer con la que hayas hecho amigos? ¿Nunca te has sentido atraído? ¿No hablas con ellas? ¿Cuchichear sobre ellas? ¿Ligar con ellas?"

Su nariz se arrugó. "¿Por qué debería rebajarme a un comportamiento tan mundano? Ningún taiyoukai actúa tan estúpido."

"El amor no es estúpido. Sesshoumaru. Ni tampoco es que te guste alguien. Así es como se aprende" Ella le frunció el ceño. "¿Cómo vas a saber si está enamorado si nunca has sentido nada por alguien del sexo opuesto? ¿Cómo has vivido? ¿En un claustro o algo?"

Él soltó un gruñido bajo y prolongado, fuera del rango de ella, aunque si ella le estuviese tocando sentiría la vibración en el pecho. "Nunca he insinuado que me haya sentido atraído por una mujer" dijo al final. "Pero nunca le he visto sentido a perseguir ningún tipo de relación con una si no tendré opción en con quién me uniré al final."

"¿Entonces no eliges a tu compañera?"

"Por supuesto que no. Soy un señor taiyoukai, el único hijo de uno de los cuatro taiyoukai más poderosos. Mi compañera debe de ser de importancia estratégica y económica." Le frunció el ceño al valle mientras el color comenzaba a desaparecer. "Mi padre está probablemente eligiendo mi compañera mientras hablamos. Ya es hora de que tenga una."

"Oh. Lo siento."

Él se encogió de hombros. "No lo hagas. He aceptado este hecho en mi vida desde que pude comprender lo que era tener una compañera y lo que significaba ser un taiyoukai."

Kagome tragó fuerte, su garganta sintiéndola seca y dolorosamente cerrada repentinamente. "¿Tienes alguna idea de quién puede ser?" preguntó.

"No es importante," contestó, pero vio que ella realmente quería saber y suspiró. "Probablemente sea Touran, la hija mayor de un señor demonio llamado…"

"Oyakata-sama" terminó Kagome. El dolor por la separación de Inuyasha reapareció en su corazón cuando recordó la pelea contra la familia pantera. Había sido hace tanto tiempo, al principio de sus aventuras. Era de cuando ella todavía amaba a Inuyasha, cuando ella todavía tenía esperanza. Pero recordaba a Sesshoumaru también y la forma en que trató de luchar por el honor de la familia en aquel momento. Los dos hermanos habían vencido al líder pantera resucitado después del típico intercambio de insultos. "Lo conozco."

"Estás bien enterada de los taiyoukai de estas tierras" murmuró.

Ella se encogió de hombros. "Es solo una de mis habilidades. Siempre he sido buena con los hombres." Ella lo miró. "¿La amas?"

Ella sabía que nunca iban a emparejarse. Era muy obvio en sus recuerdos de la batalla contra los pantera. Pero Touran había mostrado especial interés en Sesshoumaru. Incluso cuando ella misma había estado muy ocupada con sus sentimientos por Inuyasha, había notado eso. Se preguntó si ese compromiso era el motivo del roce entre ambas familias. Y allí estaba ella, metiéndose con el pasado, quizás haciendo las cosas peores.

¿No podría ser más que irónico? Tal vez podría sin querer conducir a Sesshoumaru a aceptar el compromiso y cambiar el futuro. O tal vez Kagome ya ha hecho huella en el futuro con esa conversación, que llevaría al rechazo de Touran y a la pelea de familias. O tal vez se estaba poniendo demasiada importancia a sí misma al pensar que una conversación inocente con una niña humana podría repercutir tanto en los asuntos de un taiyoukai.

Odiaba esas paradojas temporales. Comenzaba a darle un dolor de cabeza impresionante.

"No." Dijo Sesshoumaru después de haberse mantenido callado un rato. No había notado las reflexiones internas de Kagome o las emociones bailar en su rostro. "Touran es una fémina bastante hábil y cualquier macho estaría orgulloso de tenerla como compañera, pero es simplemente un premio. No tiene nada que me atraiga. Es una buena luchadora y tiene una mente que me intriga, pero le gusta jugar a juegos y eso me cansa. Piensa que tiene sentido del humor, pero nunca me ha divertido. Pero, si debo tomarla, lo haré."

Kagome sonrió ligeramente ante el pensamiento de Sesshoumaru consintiendo algo que no deseara. "Estoy segura de que sin importar a quién elija tu padre, funcionará." Estiró los brazos por encima de su cabeza y suspiró mientras crujía la espalda. "Supongo que deberíamos volver al campamento. Midoriko se estará preguntando dónde estamos."

"Le dije que te encontraría."

"¿Oh? ¿Eso quiere decir que le has hablado?" Kagome le dirigió una mirada de duda. "¿Con palabras de verdad?"

Él frunció el ceño. "Bueno, supongo que pude haber escrito el mensaje con su sangre, pero no pensé que te agradaría."

Kagome negó con la cabeza sonriendo todavía. La violencia nunca estaba fuera de cuestión con Sesshoumaru, evidentemente, sea en el pasado o en el futuro. "Tienes razón. No me gustaría. Sigo sorprendida de que no haya empezado una guerra entre vosotros."

El ceño fruncido se acentuó. "Eso es totalmente innecesario." Encontraron sus miradas. "Si ella alguna vez decide matarme podría purificarme sin mucha pelea."

La miko joven suspiró profundamente. "Oh, Sesshoumaru, ella no haría eso. Porque entonces sí que tendría una guerra entre manos. No puede purificarme, después de todo." Le dio una sonrisa débil. "Supongo que te protejo tanto como tú me proteges."

"Puede," dijo él "pero creo que ella sería mejor que tú en batalla, Kagome. Dijiste que eras arquera, pero no puedes con una lucha cuerpo a cuerpo."

Ella asintió. Se había vuelto buena arquera con el tiempo, pero era prácticamente inútil en todo lo demás. "Tienes razón."

"Entrenar podría serte beneficioso. Estoy sorprendido de que ninguno de tus amigos se hayan tomado su tiempo en enseñarte." Dijo.

"Bueno, mis amigos son buenos con el cuerpo a cuerpo. Más o menos el asunto es que le dejo eso a ellos. Creo que era un error, ¿no?"

"Ciertamente", contestó. "Y no disponemos de tiempo en este viaje."

Kagome sonrió. "Está bien. Muchas de las cosas que intentan matarme son youkai de todos modos. Puedo purificarlos con un toque. Estaré bien." Ella vio que gruñía y negó con la cabeza. "Y aun cuando no me ayuda con lo de Midoriko, realmente dudo que se arriesgue a purificarte. Espero que no tengamos que llegar a una pelea de gatas."

"¿Pelea de gatas?"

Ella se sonrojó profusamente. "Sí. Una pelea entre chicas con muchos chillidos, como gatas. Normalmente es sobre un chico. Normalmente es cuando ambas están interesadas en el mismo chico. Obviamente, no es el mismo caso que aquí, pero pensé que la frase servía". Se frotó las mejillas para intentar quitar el color. "De todos modos, yo te defenderé. Nunca te purificará mientras esté alrededor."

"Hn."

"Confía en mí."

Se miraron mutuamente hasta que Sesshoumaru vio la sinceridad en sus ojos y lo olió en su aroma. "Confío en ti, Kagome." Dijo mientras disfrutaba silenciosamente del modo en su rostro se iluminó. Su aroma a jengibre y cítricos se agrandó con felicidad. Él se maravilló ante el cómo unas simples palabras podrían animar tanto a una mujer.

"Bien. Yo también confío en ti." Dijo ella, y eso también se lo indicó su olor. Se preguntó vagamente desde cuándo había estado prestando tanta atención al cómo olía ella y a sus cambios de emociones. ¿Desde cuándo ella le importaba?

Ella se levantó y se estiró de nuevo, su kimono azul moviéndose de modo que él pudo ver más de su cuello de lo usual. "Está oscureciendo," ella murmuró. "No deberíamos retrasarnos más."

Sesshoumaru asintió con la cabeza. "Yo te llevaré de vuelta y luego iré a cazar la cena."

"Suena bien." Kagome le dedicó una sonrisa brillante y alargó la mano, agarrando su mano entre las suyas. Comenzó a tirar de él hacia el campamento.

El taiyoukai se quedó mirando sus dedos con garras alrededor de las manos de ella por unos momentos antes de seguirla. Sus manos eran tan pequeñas. Podría romperlas como porcelana vieja si lo deseaba. Pero no lo deseaba y, en cambio, las agarró con gentileza para no hacerle daño ni con su fuerza ni con sus garras.

Ella era tan familiar con él. No podía evitar de darse cuenta del cómo ella se sentía cómoda con su presencia, como si fuesen viejos amigos, cuando en realidad no llevaban juntos más de un par de días. Sesshoumaru no era inocente. Sabía que no poseía la calidez o el encanto que la mayoría de sus compañeros tenían. No le había sido del todo sincero a Kagome, después de todo. Realmente no tenía amigos. Sólo un grupo de demonios jóvenes y débiles que lo seguían a ciegas y con adoración cuando iba por su casa. Pero eso era sólo porque era el hijo del Señor del Oeste, no por ninguna característica de su personalidad. Y ni siquiera eran sus amigos, sino agasajadores. No deseaba su compañía. Cuando los aliados de su padre visitaban el palacio, Sesshoumaru siempre escuchaba a gente de su edad y ellos sólo hablaban rudamente de bebidas, comida y mujeres. Nunca había experimentado nada como eso.

Se preguntaba si se había perdido algo. Se preguntaba cómo se las había arreglado para perdérselo. Cierto es que su padre siempre reía y contaba sus propias aventuras de su juventud, pero Sesshoumaru siempre se sentaba en silencio.

Tal vez fuera porque siempre se había dedicado a perfeccionar sus técnicas de lucha al completo. Siempre había superado a cualquier competidos durante los encuentros de su padre, incluso a aquellos mayores que él. El incidente con el lobo ha sido la primera vez en mucho, mucho tiempo que alguien lograba ponerle en un apuro. Hubo un tiempo en que mujeres se le acercaban y se le pegaban cuando ganaba estos duelos, después de que él y su contrincante intercambiaban palabras de cortesía. Pero las mujeres se iban cuando comprendían que le importaba más la pelea que la recompensa.

¿Acaso era eso a lo que se refería Kagome? ¿Realmente se había perdido tanto al evitar la compañía femenina? Bueno, se corrigió, no es que haya evitado del todo la compañía femenina. Eran útiles a veces. Pero cada mujer con la que se ha encontrado era una versión de Touran, posible compañera en un futuro. Jugaban a juegos, molestaban y actuaban tan altaneras, cuando él no deseaba nada de eso. A veces se preguntaba si todas habían ido a alguna casamentera que les había dicho que era buena idea comportarse así para conseguir un buen compañero. Menudo fracaso de táctica.

Tal vez Kagome no sólo era su primera amiga mujer, sino su primera amiga en general, como ella había adivinado. Sesshoumaru se dio cuenta de que no le molestaba para nada. Si tuviese un amigo, le gustaría que fuese alguien como ella. Ella no escondía nada. No estaba seguro de que Kagome pudiese tener ningún sentimiento sin que él esté enterado de ello al momento. Era reconfortante saber eso con seguridad. Ella era reconfortante.

Kagome miró hacia él mientras caminaban entre los aboles. Estaba empezando a preguntarse qué diantres le había poseído para tomar la mano de Sesshoumaru de ese modo. Rara vez lo había hecho con Inuyasha, y allí estaba ella, tomada de las manos como un youkai que un día trataría de matarla. Intentó ignorar el nerviosismo que la asaltó. Después de todo, él parecía contento tal cual como estaban. Su agarre se había incluso apretado en los últimos minutos. Pero no podía quedarse callada y disfrutar de ello. "¿Qué hay de cena?" preguntó repentinamente.

Él la miró de vuelta, parpadeando como si estuviese sorprendido. "¿Hay algo que desees comer?" preguntó.

"Esto, no. Bueno, tal vez pescado. No he comido de eso en bastante tiempo." Sonrió.

Sesshoumaru notó el modo en que su cuerpo estaba ligeramente de lado, el modo en que sus dedos se movían contra los suyos propios. Ella estaba nerviosa. Dejó caer su mano y ella le dedicó una mirada de ojos bien abiertos. "Entonces iré a conseguir pescado" contestó, confuso ante la expresión ligeramente herida de ella. ¿No había estado incómoda ante su proximidad? ¿O lo había disfrutado? ¡Era por esto que detestaba relacionarse con mujeres!

Se dio cuenta de que ella estaba temblando. "Toma", murmuró mientras se quitaba el pelaje de su hombro. "Está haciendo frío." Lo sostuvo para que ella lo cogiera.

Kagome parpadeó y alargó una mano para agarrarlo. "Gracias", contestó mientras se rodeaba el cuerpo con eso. Casi se ahoga, pero estaba sonriendo de nuevo. "Pensaba que esto era tu cola."

Él bufó. "No poseo cola, excepto en mi forma demoníaca."

"Ah, pero entonces que tienes cola." Ella tembló de nuevo recordando el terror que sintió cuando lo vio en su forma demoníaca por primera vez, en el estómago de la tumba de su padre.

Él malentendió ese temblor y se acercó, tirando del pelaje hacia arriba hasta su cuello, donde había piel expuesta. "La tengo," admitió, "a veces. Pero esta no es una de ellas, obviamente." Volvió a dar un paso hacia atrás y frunció el ceñí, sus ojos desviando hacia el suelo. Hubo un cambio en el ambiente y Kagome sintió el peso del cielo oscurecido sobre sus hombros.

"¿Qué pasa?"

"Acabo de pensar en una situación en la que la sacerdotisa puede tener que purificarme, independientemente de tu presencia." El ceño del taiyoukai se acentuó cuando la miró con unos ojos repentinamente preocupados. "O tú tendrás que hacerlo por ti misma."

"¿Qué? No, yo nunca te purificaré." Dijo ella convencida, casi sorprendiéndolo con su tono tosco. "Prometí que no lo haría y no lo haré. Sin importar qué ocurra."

"¿Y si me olvido de mí mismo? ¿Y si, algún día, te atacara? ¿Qué harías entonces?"

Kagome se mordió el labio y mintió. "Nunca me atacarías de todos modos. Eres mi protector. Tú mismo lo dijiste." ¿O quizás era una verdad? Se estaba confundiendo.

Él asintió. "Lo hice. Y seguiré siendo tu protector tanto como pueda. Pero esos fragmentos," murmuró asintiendo con la cabeza hacia su pecho, donde los fragmentos estaban escondidos tras la tela, "esos fragmentos poseen un poder tremendo y llamará a muchos demonios."

Habían sido atacados un par de veces en los últimos días por demonios débiles, tan enloquecidos que incluso se enfrentaron a un taiyoukai. No duraron mucho. "Lo sé. Podemos encargarnos de ellos. Purificados antes de que puedan decir 'boo', incluso si no está allí para ayudar, que por cierto siempre estás. ¿Pero de todos modos qué tiene esto que ver con que seas purificado?"

"Algún día, un youkai fuerte vendrá por ellos. Tal vez más fuerte de lo que yo soy. Tal vez sea ese demonio que podría haber enviado a los lobos", dijo. Inspiró hondo su rostro se arrugó en confusión. "Cuando la vida de un demonio está en peligro, se protegen a sí mismos a toda costa. Un día, un youkai podría forzarme hasta mi límite de modo que me convierta en mi forma demoníaca."

"No lo entiendo. ¿Qué importa eso? Eres más fuerte que ellos, ¿verdad? ¿Entonces no sería algo bueno?"

Sesshoumaru suspiró y miró hacia otro lado. "Cuando me transformo por voluntad propia sí, tengo el control de mis acciones. A veces, pero no muchas, es una ventaja táctica el tener el tamaño y el poder. Pero si me transformo por pura rabia o cuando mi vida está en peligro, pierdo la cabeza. No soy consciente de nada más que el salvar mi vida. Esos fragmentos son lo suficientemente poderosos como para atraer un demonio que pueda hacerme eso" le frunció el ceño. "¿Entiendes ahora?"

El conocimiento sobre el futuro de Kagome le falló en ese momento. Había visto a Sesshoumaru transformarse sólo una vez. A veces, sus ojos brillaban de rojo furia, pero siempre parecía poder controlarlo. No podía imaginar a Sesshoumaru perder el control, nunca. Por supuesto, había visto a Inuyasha transformarse para protegerse a sí mismo, pero esto era diferente. ¿Verdad? Además, Inuyasha podría ser un poco agresivo en su forma demoniaca, pero siempre era un poco consciente de su alrededor. Pero aun así había intentado hacerle daño un par de veces. "¿Estás diciendo que podrías hacerme daño?"

"Si", dijo con simpleza. "Sin dudarlo."

"Aun así no te purificaría", dijo ella con los ojos volviéndose de piedra. "Nunca. Eso te mataría. No importa cuán fuerte seas. Y también tengo mecanismos de defensa y no es que pueda controlarlos tampoco."

Él asintió. "Lo sé. Pero debes hacerlo, o morirás."

"Encontraré otro camino."

"No hay otro camino."

Ella gruñó. "¿Ha pasado alguna vez? ¿A ti? ¿A alguien que conozcas?"

"A mí nunca." Contestó suspirando suavemente. "Pero una vez le pasó a un tío, el hermano menos de mi padre. Fue hace mucho tiempo, antes de que yo naciera. Su compañera murió en batalla y se enfadó tanto que se transformó. Mató indiscriminadamente. A nuestro ejército, al ejército enemigo. Hizo estragos y mató a toda criatura que se cruzó en su camino."

"¿Cómo se detuvo?", murmuró ella.

"No lo hizo. Mi padre tuvo que matarlo para pararlo y que no matase a todos."

El silencio cayó en sus oídos durante unos buenos minutos. Nada respiraba y se sintió como si su corazón se hubiese parado. "Pero… ¡esa es la cosa más estúpida que he escuchado!" gritó al final. "¿Qué sentido tiene un mecanismo de auto-defensa si no puedes controlarlo?"

Sesshoumaru frunció el ceño. "Es el precio poseer una forma más poderosa, Kagome. Es el precio de poseer una verdadera forma. ¿Te crees que sea mi verdadera forma? Soy un demonio perro, no un humano y aun así podría pasar por humano si lo intentase." Se inclinó hacia delante y miró profundamente dentro de esos ojos marrones llenos de lágrimas. "La sacerdotisa te diría lo mismo. Soy una bestia, Kagome. Soy un animal. Esta forma es una mera ilusión. La voz es una ilusión. Los demonios perro no están hechos para andar en dos piernas, sino en cuatro. Con nuestra verdadera forma viene la mente de un animal. ¿Y qué hace un animal cuando está enfadado o si su vida corre peligro?"

"Arremeten contra el que tienen delante." Murmuró Kagome en una voz pequeña y lastimera. Su visión se fue nublando con lágrimas. "Pero Sesshoumaru…"

"Soy tu protector" interrumpió. "Pero más importante, yo protejo estas tierras con mi padre. Kagome, si me transformo y no puedo controlarme, debes purificarme. Mi padre es uno de los pocos demonios que pueden destruirme y le tomaría mucho tiempo para llegar hasta aquí. No puedes dejarme libre para destruir y matar en el reino de mi padre. Sé que quieres preservar la vida, Kagome. Si puedes salvar miles de vidas al matar a un demonio, lo hará."

"Pero no tú", lloró ella, las lágrimas cayendo en silencio.

"Entonces deja que lo haga la sacerdotisa", contestó con suavidad. "Lo haría encantada. Aunque me gustaría que lo hicieras tú."

Kagome se derrumbó y se lanzó hacia delante, rodeándole con los brazos y enterrando el rostro en su kimono. "¡No podría!" lloriqueó. Su mente trató de decirle que todo esto era ridículo, que ella debería saber que nunca lo mataría porque sabía que él viviría hasta el tiempo de Inuyasha intacto. Pero ella estaba cambiando el futuro, ¿no? Nunca podría saberlo y le dolía el pensar que lo que sabía del futuro no le serviría de nada. Y oírle hablar así, decirle que lo matara, era más de lo que podía soportar. "¿Cómo puedes pedirme eso? ¿Cómo puedo hacerle eso a un amigo?"

"Como amiga, deberías saber lo que hace falta." Contestó mirando hacia la cabeza morena que estaba presionada contra su pecho. Podía sentir sus cálidos brazos alrededor de su cintura y él levantó la mano, posándola encima de su cabello. Era suave y grueso y se colaba entre sus dedos como si fuese agua. Él suspiró y ella se quedó callada. "Preferiría que lo hicieras tú. Aunque entenderé si no lo deseas."

Ella sollozó y negó con la cabeza. "No", dijo con la voz amortiguada. "Yo lo haré. No quiero que lo haga ella, estaría demasiado preparada. Yo esperaré y me aseguraré. Me aseguraré del todo."

"Eso estaría bien." Dijo él y escuchó otro sollozo mezclado con una risa triste. Acarició su cabello una vez más y luego la sujetó por la barbilla, haciéndola mirarle. Sus ojos estaban colmados de lágrimas, pero se permitió a sí mismo darle una de sus poco comunes sonrisas. "Lloras por algo que probablemente nunca suceda. Muchos demonios perro viven toda su vida sin estar cerca de una transformación en contra de su voluntad. Sólo estaba avisándote. De otro modo sería injusto."

"Lo sé," murmuró ella. "Pero me estabas asustando."

"Me disculpo por ello" contestó, la débil sonrisa desapareciendo. "Intentaré no volverte a asustar de nuevo. Aunque he de admitir que estoy confundido; creí que los humanos gritan cuando se asustan, no lloran." Hubo un brillo en sus ojos que le dijo a ella que estaba bromeando para distraerla de sus penas.

Ella sonrió levemente. "¿Hubieras preferido que gritase?"

"Ciertamente no."

"Oídos sensibles," ella dijo y él asintió. "Así que sin gritos."

"También me gustaría que parases de llorar a su vez" frunció el ceño. "Siempre estás llorando encima de mí, mujer."

Su sonrisa se amplió y ella asintió. "He parado. Debes de pensar que soy un desastre que llora demasiado."

"Realmente no lo hago", dijo él. "Volverás a llorar encima de mí otra vez".

"Eres cruel", dijo riendo. Levantó su mano y limpió las lágrimas. "Pero he manchado tus ropas. Otra vez. No puedes estar limpio, ¿eh?"

Él miró hacia abajo para ver una gran mancha mojada en su nuevo kimono de seda. Se encogió de hombros. "Se secará. Es mejor que sangre." Podía oler las lágrimas y ellas olían a ella, como a jengibre y naranjas, llenas de tristeza. Aunque él había conseguido que sonriera. Era suficiente para borrar la tristeza y ahora sólo quedaba su esencia en sus ropas. Y eso no eran tan malo.

"¿Te sientes mejor?"

"Sí", murmuró ella. "Es sólo que es difícil acordar matar a uno de tus amigos"

"Comprendo" repentinamente se dio cuenta de que ella no se había movido. Estaba demasiado cerca e inundaba todos sus sentidos. Tenía que irse. Ahora. "Debería ir a por la cena." Dijo.

Kagome parpadeó y se apartó repentinamente, también dándose cuenta de que lo estaba abrazando. Le dio una sonrisa tímida. "Cierto. Peces. Los peces estarán bien." Inspiró hondo y la sonrisa ganó confianza. "Te veré luego, ¿No? Puedo encontrar el camino yo sola".

Sintió la pérdida como cuchillas afiladas. "No te pierdas."

"Si lo hago, tú vendrías a buscarme." Dijo ella todavía sonriendo. Acomodó su pelaje alrededor de su cuello de nuevo. Sin él, ahora sentía el frío. "Lo harías, ¿verdad?"

Se dio la vuelta antes de que él contestara y comenzó a caminar en dirección al campamento por sí misma, tratando de mantener sus pasos firmes y acompasados. No quería torcerse el tobillo de nuevo. Parecía completamente sanado pero Sesshoumaru había advertido de que estaría sensible y fácil de torcerse durante un tiempo. Estaba oscureciendo de verdad pero podía ver un destello lejano anaranjado. Midoriko obviamente había encendido una hoguera. Teniendo eso como guía caminó entre los árboles. Detrás de ella Sesshoumaru se había deslizado lejos usando sólo las estrellas y la luna para ver.

¿Qué acababa de pasar? Primero, admitían una amistad. Entonces, tomados de las manos y compartiendo el pelaje, el cual nunca había visto a Sesshoumaru quitarse, excepto cuando estuvo herido aquel primer encuentro. Finalmente, lloriqueos y un largo abrazo. Y además, ¿había estado acariciando su pelo? Puso su mano en su pelo y sintió la calidez de su toque. O tal vez había sido su imaginación. No podía estar segura.

El pensar que él podría haber tocado su pelo con tanto afecto le ponía el corazón en la garganta.

Oh no, se reprendió a sí misma en silencio. ¡No iras a enamorarte del hermano de Inuyasha, Kagome! ¿Cuán estúpida podía volverse? Lo único que podría ser peor, la traición definitiva, sería si de repente besaba a Naraku en medio de una batalla.

Pero… ¿no era este Sesshoumaru diferente? Este no era el Sesshoumaru que rechazaba a Inuyasha, o que intentó matarlo por Tetsusaiga, o el Sesshoumaru que usó una copia de la madre de Inuyasha para un vil truco. Este era su Sesshoumaru. Él no le haría nada de eso, ¿no?

Tenía que admitir que no lo sabía. Este Sesshoumaru no tenía un hermano pequeño. No había sentido la traición de su padre al escoger a una compañera humana o que prefiriese a Inuyasha que a él mismo. Y aunque le gustase pretender que este Sesshoumaru no era como el de la época de Inuyasha, el hecho era que algo había producido el cambio. No eran dos personas diferentes, sino que se trataba del mismo demonio que se tomó trescientos años para cambiar su personalidad. Si fuese sincera consigo misma— lo cual trataba de serlo— podía comenzar a ver atisbos de ese frío taiyoukai.

Pero entonces él tenía momentos como el que acababa de experimentar, donde él la llamaba su "amiga" y le acariciaba el pelo, sonriendo y reconfortándola.

Kagome se dio cuenta de que estaba difuminando los límites entre este Sesshoumaru y el del futuro. Era el mismo demonio y no debía olvidarlo. Podría ser mortal. Tenía que recordar distinguir el pasado del futuro. Debía hacerlo. El Sesshoumaru del futuro podría matarla sin pensárselo dos veces. Tenía que recordar el futuro.

Pero él le había hecho sonreír. Y eso la hacía más feliz de lo que debería.

Oh, esto podría ser malo.

Llegó al campamento, donde Midoriko estaba alimentando el fuego. La sacerdotisa mayor miró hacia ella e inmediatamente frunció el ceño. "¿Por qué llevas eso?" preguntó.

"Tenía frío."

"¿Has estado llorando?"

"Sí, pero ya estoy bien, gracias." Kagome le sonrió y se sentó cerca del fuego, aflojando un poco el pelaje para dejar pasar el calor de la hoguera. "¿Te las has arreglado bien sin nosotros?"

La sacerdotisa asintió. "Sí, aunque no creí que la bestia tardaría tanto en encontrarte." Frunció el ceño. "¿Te ha hecho llorar?"

Ella negó con la cabeza. "No. Yo misma me hice llorar. No te preocupes por ello."

"Kagome-san, ese demonio es…"

"No te preocupes", repitió Kagome lanzándole una mirada de advertencia. La miko mayor era una buena persona de verdad. Kagome lo sabía. Pero si estaban en compañía de Sesshoumaru rara vez hablaba. Y si estaban fuera de su rango de audición, comenzaba a hablar mal de él. Kagome había tratado constantemente de llevarla a un tema que no concerniera al youkai, pero era difícil evitarlo e, inevitablemente, su odio por Sesshoumaru reaparecía de nuevo.

"Bien", bufó Midoriko.

Kagome suspiró internamente pero trató de continuar. Midoriko estaba obviamente tocada por haber sido dejaba sola por tanto tiempo y por no decirle por qué había llorado. Kagome trató de entenderla. "¿Estaremos ya cerca de tu pueblo?" preguntó.

La sacerdotisa frunció el ceño de nuevo. "¿Cómo lo has sabido?"

"Dijiste que eras de un pueblo del norte. Estamos dirigiéndonos al norte, así que pensé que tal vez…"

"Oh. Sí, por supuesto. Lo había olvidado. Pasaremos por mi pueblo. Hace falta para llegar al paso por la montaña. Aunque preferiría no pararnos allí." Terminó de remover la madera en la hoguera y se sentó en la manta que ya había puesto previamente en el suelo.

"¿Por qué no? Debe de haber pasado mucho tiempo desde que estuviste allí. Ayer me dijiste que has estado viajando por mucho tiempo. ¿No quieres ver a tu familia?"

"No tengo familia", contestó Midoriko rudamente. "Murieron hace mucho."

"No me lo habías comentado" dijo Kagome, su voz suavizándose. "Lo lamento."

Midoriko se encogió de hombros. "Como he dicho, murieron hace mucho tiempo. Era apenas una niña y me enviaron lejos por mi entrenamiento cuando era muy joven con una sacerdotisa que dijo que yo tenía talento. Mi mentora fue más una madre para mí que la mujer que me dio a luz."

La boca de la miko más joven se puso seca. "¿Y qué pasó con tu metora?"

"¿Qué le pasa a la mayoría de nosotras?" preguntó la mujer mayor. "Murió defendiendo un pueblo cercano del ataque de los demonios. Aunque mató al demonio. Ella habría dicho que fue una buena muerte."

"Salvó un pueblo. Si yo tuviera que morir, así es como me gustaría hacerlo." Dijo Kagome alzando las rodillas y poniéndolas bajo su barbilla.

"Si todas las bestias de este mundo fueran destruidas ella no tendría que haber muerto desde el principio" respondió Midoriko con veneno en la voz. Sus ojos brillaron un momento y se inclinó hacia la mujer joven. "¿Qué hay del futuro, Kagome-san? ¿Hay demonios en tu época?"

"¿En mi época o la época de mis amigos?"

"Cualquiera. Ambos."

Kagome suspiró. "Dentro de trescientos años, hay tantos demonios como actualmente." Miró cómo la expresión de Midoriko se convertía en una de decepción. "Pero te encantará saber que nunca he encontrado un demonio en mi propia época. Bueno, al menos no uno que no haya traído yo misma."

Los ojos de la otra miko se agrandaron. "¿Entonces tuvimos éxito?"

"Tú. Tú podrías tener éxito." Respondió Kagome con el ceño fruncido. "No me incluyas en esos horribles planes de eliminar indiscriminadamente a todos los youkai del mundo. No me gusta nada de ello. Y no te emociones por ello. Podrían ser sólo imaginaciones mías pero, ¿quieres saber lo que pienso?"

"Sí". Una mirada escéptica sustituyó a la previa llena de alegría.

"Pienso que hay toda una red oculta de demonios. Creo que andan entre nosotros los humanos y no nos damos cuenta." Alzó la barbilla y sonrió. "Sólo son demasiado inteligentes, en serio. Podemos destruir a los que no tienen consciencia que destruyen todo a su paso sin razón. ¿Pero de verdad piensas que podemos destruir a los que tienen una inteligencia superior? ¿Los que incluso parecen humanos?"

Midoriko bufó. "Estás hablando de Sesshoumaru."

"De él," dijo Kagome lentamente, "y de los demás también. Es lógico. Lo más probable, incluso. No creo que Sesshoumaru o ningún otro de su calibre pudiese permitir el fin de su especie."

"Pienso que estás demasiado ligada a él" dijo Midoriko, profundizando el ceño. "Hablas de él como si fuese más que un amigo. Casi como un amante."

Kagome se atragantó. "¡No seas ridícula!" chilló, recuperando el aliento. "Él… él nunca…"

"¿No lo haría? Eres una miko poderosa. Piensa en qué podría hacer contigo."

La miko más joven rodó los ojos, tratando de apartar la vergüenza y el miedo de que Midoriko haya visto algo entre ella y el taiyoukai. ¿No sería eso ya maravilloso? "Estás siendo ridícula. Él no me haría nada de eso. Es mejor persona de lo que piensas. Y sí, pienso que sigue con vida en mi época, porque es inteligente y no toma riesgos innecesarios. No es porque… esté ligada a él de ningún modo."

"Estás usando su pelaje."

"¡Tenía frío!" inspiró hondo y bajó la voz. "Sólo estaba siendo amable."

Midoriko bufó y miró la hoguera. "Esa bestia no es amable. Y es una bestia. Tú lo llamas "persona", Kagome-san. Sólo estás confirmando mis peores miedos, el que creas que es algo como nosotros. En realidad, no es para nada como nosotros; es una…"

"Una bestia," interrumpió Kagome, asintiendo. "Lo sé."

Midoriko la miró con aire sorprendido.

"¡No te creas que me has convencido de tu punto de vista!" dijo Kagome, riendo sin alegría. "¡Para nada es eso! Pero sé que no es humano. Es un animal. Pero no como tú piensas que es. No está domesticado. Eso lo sé, pero es bueno. Al menos lo es para mí. Y eso es suficiente."

La miko mayor frunció el ceño. "Suenas como la esposa de un señor de la guerra. Una de esas mujeres que ignoran los asesinatos crueles de sus maridos mientras les traigan joyas bañadas en sangre."

"Sesshoumaru no es mi amante o mi marido. Es mi amigo." Respondió Kagome con frialdad. "Ahora me gustaría dejar de hablar de eso."

Se sentaron en un silencio incómodo durante unos minutos. El fuego chasqueó y Midoriko se removió en el sitio, alejándose de la otra miko en pequeños movimientos. Sesshoumaru falló en su usual sentido de impecable puntualidad y no había llegado a tiempo para la cena. Kagome se moría de hambre.

"Lo siento," murmuró Kagome. "Sé que tienes motivos para que odies de ese modo a los demonios y aquí estoy yo viajando con uno. Tiene que ser duro. Y yo sólo lo estoy empeorando."

"Kagome-san, tú facilitas las cosas" contestó Midoriko. "Aparte de este asunto — un asunto bastante importante, he de admitir— has sido una buena amiga y disfruto hablar contigo."

Kagome sonrió. Habían hablado muy poco en realidad. Pero parecía que se había hecho amiga de dos criaturas que nunca han tenido un amigo en sus vidas. Se preguntó cómo reaccionarían si les dijese lo mucho que se parecen entre ellos. Pero, por otro lado, no quería tomar ese riesgo.

"¿Cómo es el futuro?" Fijó la mirada en la sorprendida de Kagome. "A parte de los youkais."

"No sé…"

"No tienes que decirme nada que no desees, Kagome-san," dijo Midoriko, sus ojos agrandándose. "Sólo… me da curiosidad. Me gustaría saber. Estos tiempos son tan difíciles que a veces me sorprende que haya sobrevivido."

Kagome asintió, sonriendo suavemente. "Lo hacemos. Sobrevivimos. Bastante bien, de hecho. Aunque tampoco es como si no tuviésemos nuestros propios problemas. Todavía queda la guerra y las enfermedades. Los principales problemas se mantienen intactos, supongo. Y tenemos más por encima de ello. La gente no ha cambiado mucho. Siguen siendo cínicos y violentos y todo lo que son ahora." Suspiró y miró el fuego danzar, apretando más el pelaje hacia sí. "Pero aun así hay muchas cosas buenas. La gente es más saludable. Viven más tiempo y más gente va a la escuela y tienen educación. Te sientes parcialmente seguro en casa ahora, dependiendo de dónde estés. Al menos no vendrán soldados a tu puerta en muchos lugares."

"¿Y descubrís el origen de la plaga que azota los pueblos todos los inviernos?" preguntó.

Kagome suspiró. "Sí. En mi época lo llamamos gripe. Todavía mata personas, pero tampoco tantas."

"Y hay algún modo de que…" dejó la oración inacabada y negó con la cabeza. De repente hubo una lágrima bajando por su nariz. "No puedes contarme."

"No. Ni siquiera sé la respuesta de todos modos. No en alguna manera que pusas entenderlo." Murmuró. Se levantó y caminó hacia el lado de Midoriko, tocando el hombro de la miko mayor. "Esto es porque no quería hablar sobre ello."

Midoriko asintió y limpió las lágrimas en sus ojos. "Dime algo bueno, entonces. Dime algo maravilloso."

Kagome suspiró de nuevo, preguntándose qué podría decirle para animar a la pobre mujer.. Echó la cabeza hacia atrás, frotándose el cuello cuando dio con el tema perfecto. "Ya sé," dijo volviendo la vista hacia la mujer con una sonrisa. "Hemos llegado a la luna."

"¿Qué?" los ojos de Midoriko se volvieron grandes de nuevo, pero un toque de diversión danzaron en las comisuras de su boca. "Es imposible, Kagome-san. ¿Cómo se puede llegar a lo más alto del cielo?"

"¡Lo hacemos!" Kagome se sentó y apuntó hacia las estrellas. "Tenemos cosas llamadas cohetes. Son como barcos grandes de metal que son increíblemente poderosos. ¡Ponemos gente dentro de ellos y lo lanzamos hacia el cielo! Han flotado entre las estrellas. Han caminado por la luna. Bueno, fueron los americanos quienes lo hicieron, pero aún así son humanos."

La cara de Midoriko estaba ahora brillante con alegre incredulidad. "¡Es imposible!" dijo de nuevo.

Kagome sonrió recordando cuando una vez le contó a Inuyasha sobre los viajes a la Luna. Tampoco la había creído. "No es para nada imposible. La Luna no está tan lejos de nosotros, en realidad. Mucho más cerca que las estrellas. ¿Sabes cuando caminas entre las nubes cuando estás en una montaña?" preguntó.

"Sí. Haremos eso si encontramos a la bruja." Dijo Midoriko, sonriendo ahora.

Kagome asintió. "Pues es algo así. Cuando ves las nubes desde aquí no puedes imaginar siquiera tocarlas, hasta que estás en la cima de una montaña y están justo al alcance de la mano. Es lo mismo con la luna. Quiero decir, no es tan fácil como caminar montaña arriba, pero sigue siendo posible."

Los ojos de Midoriko se agrandaron. "¿Pero qué pasa con Tsukuyomi? ¿Cómo podría alguien caminar encima del rostro de una diosa lunar?"

La sacerdotisa joven frunció el ceño. "Bueno, realmente no vieron nada. Está vacío, como dentro de un volcán dormido". Captó una pizca de horror en el rostro de su acompañante. "Tsukuyomi no parecía importarle, de todos modos. ¿Qué es un humano ante un dios? ¿Incluso si el humano está caminando sobre su cuerpo?"

"No es más benevolente de los dioses" murmuró Midoriko.

Kagome miró hacia la Luna. Parecía casi luna nueva, la noche en que Inuyasha se convertía en humano. Trescientos años en el futuro, por supuesto. "No, no lo es. Pero supongo que se vuelve generoso con los años."

"Tal vez," la miko estaba asintiendo. "Si no lo enfadasteis ¡no puedo creerme lo que sería poder tocar los cielos! ¿Es maravilloso, Kagome-san?"

Ella rió. "¡Oh! ¡Yo no lo he hecho! Sólo unas pocas personas pudieron ir. Algún día, quizás, podríamos ir todos."

Midoriko negó con la cabeza. "No. No todo el mundo. Eso podría estropearlo. Después de que todo el mundo tocara el cielo, ¿qué podría quedar?"

Kagome sonrió decidiendo no contarle a Midoriko sobre el vasto espacio que había más allá de lo que se puede ver por la noche. "Tienes razón," se mostró de acuerdo. "No sería tan especial si todos pudiésemos hacerlo. Nunca lo había pensado de ese modo."

"Pero deberías ir. Eres una miko."

"Entonces tú también deberías ir. De otro modo no sería justo."

Ambas rieron suavemente. Era la primera vez que Kagome había escuchado a Midoriko reír, se dio cuenta. Era ligera y armónica. Kagome había casi esperado que fuese ronca por el desuso. Había hecho sonreír a Sesshoumaru y a Midoriko reír en la misma noche. Pensaba que se trataba de algún tipo de milagro.

Una leve presión en su corazón le indicó a Kagome que Sesshoumaru estaba regresando. Sonrió y giró la cabeza sabiendo que Midoriko lo sentiría también. Cualquier demonio tan poderoso como él irradiaba energía con la fuerza del Sol. ¿Cuántas veces había sentido a Sesshoumaru cerca y no le había dicho a Inuyasha, sabiendo que no podía ni siquiera oler a su hermano? Había perdido la cuenta en realidad.

El taiyoukai apareció al otro lado de la hoguera llevando tres carpas, cada una al menos dos metros de largo. La boca de Kagome llegó al suelo. "¿De dónde has sacado esas cosas tan raras?" preguntó. "Ciertamente espero que al menos dos sean para ti."

"Lo son," murmuró. "Deberías saber mis hábitos alimenticios para ahora, Kagome." Los giró en sus manos y Kagome vio que ya los había limpiado. Qué considerado, pensó con una sonrisa.

"Sí, supongo que sí. Sólo estoy celosa de tu delgada figura."

Pero Sesshoumaru parecía distraído mientras ponía el pescado en frente de la mujer y sólo gruñó ligeramente enfadado. La mujer comenzó a cocinarlos, pero él se puso de pie y se mantuvo quieto y en silencio. "¿Qué ocurre?" preguntó finalmente Kagome una vez que el pescado se cocía en el fuego.

"Hay algo aquí."

Los ojos de Kagome se alzaron para encontrarse con los suyos. "¿Lobo?"

"No. Algo más. Aunque no tan fuerte."

"Yo no siento nada" dijo Midoriko con un encogimiento de hombros.

"A pesar de ello, está aquí." Dijo él rodeando la hoguera, los ojos fijos en los árboles.

Kagome suspiró. "Bueno, me estás asustando al hacer eso. Si Midoriko y yo no sentimos nada tampoco tiene que estar tan cerca."

"Yo tampoco lo siento. Lo presiento."

Ella frunció el ceño de forma similar a la sacerdotisa mayor. "Eso no tiene nada de sentido." Suspiró de nuevo y sus ojos se encontraron con los de él. Estaba realmente serio. Demasiado para algo inofensivo, pensó. Y ella que estaba esperando a… bueno, realmente no sabía lo que estaba esperando. Una cena en paz, más o menos. Una conversación con Sesshoumaru que no implicara llorar sería genial también. Todavía podía ver el lugar en su kimono, aunque ya estaba algo desvanecido. "Si hay algo allí afuera vendrá a por nosotros. Por ahora, ¿podríamos relajarnos?"

Sesshoumaru asintió y se sentó al otro lado del fuego y contra el tronco de un árbol. Sus ojos continuaron estudiando el borde del campamento.

Kagome quitó el sudor de su frente con el dorso de la mano y se dio cuenta de que estaba sudando. Y todavía llevando el pelaje de Sesshoumaru. Giró el pescado en la parrilla casera y caminó hacia el vigilante taiyoukai, quitándose el pelaje mientras tanto. "Gracias," dijo mientras se lo ofrecía. "Ya he entrado en calor."

Él alzó una mano hacia ello y sus garras rozaron el dorso de su mano, in mediatamente enviándole a ella un estremecimiento espalda abajo. Arqueó una ceja.

"No te preocupes por mí." Le aseguró ella con una sonrisa tratando de calmar su corazón acelerado. "Y trata de no preocuparte sobre lo que sea que haya ahí fuera. Obviamente no quiere intentarlo con dos mikos y un taiyoukai."

"Obviamente." Repitió él aunque no sonara convencido. Pero Kagome había regresado a cocinar, así que ella le dedicó una sonrisa radiante y se giró. Estaba sorprendida cuando él la agarró por la muñeca y se encontró con sus ojos dorados. "Duerme cerca esta noche" dijo con suavidad.

Su boca se puso seca. "Lo haré" susurró.


Lamento haber tardado tanto para algo que en un principio parece relleno (quizá precisamente por ello tardé, porque no me gusta traducir relleno). Sesshy se nos pone romanticón(?) pero tranquis que no se pone OOC, lo que adoro de RosieB es que controla muy bien a los personajes.

En las notas de autora, RosieB dice que el título es Mes Amis (mis amigos en francés) porque le gustaba cómo sonaba. Y además dice que le pareció buena idea poner el porqué Sesshoumaru podría convertirse en su forma demoníaca, así que incluyó lo de perder el control como le pasa a Inuyasha.

¿Merece reviews?