Vale, hay un par de cosas que me gustaría decir antes de subir el capítulo.

Primero: hago esto porque quiero. Es muy molesto y agobiante escribir o traducir algo con la presión de que estás tardando mucho y que hay gente esperando. Mientras que los comentarios de "continua por favor" realmente me animan a seguir y a saber que hay gente que sigue ahí al otro lado, hay algunos que se ponen exigentes que... bueno, siendo sincera, tienen el efecto contrario. Tuve ganas de dejar la traducción del tirón pero pensé que nadie era quién para dictar lo que hago con mi tiempo libre.

Segundo: No traduzco la historia para tengáis al día los capítulos y para que "no haga falta leer el original". Leedlo, por favor. La autora orginal necesita saber que tiene el apoyo incondicional de todos en el fandom; pero que me lo digáis a mí en tono de reproche francamente no sé qué es lo que queréis decir con eso. Adelante, leed el fic entero. Los 29 capítulos. Yo ya lo he hecho unas tres o cuatro veces (me parece que una lo dejé sin acabar). Hago esta traducción para futuras lecturas, para que cuando alguien abra FF vea el fic entero traducido y no tenga que leer el original si el idioma le cuesta. Intento pensar más allá del presente, gentes.

Ahora mismo estoy tan trastocada que creo que he terminado de traducir el cap para enviar un mensaje: hago lo que me da la gana, porque esta traducción es porque me gusta hacerlo y lo hago gratis. Si alguien quiere que haga las cosas en un plazo, que me pague. Yo encantadísima.

Lamento el tono agresivo, pero es que es precisamente un tema que me toca mucho la moral.


El taiyoukai del Pasado y del Futuro

Capítulo 8: Confesionario.

"Odio mentirles."

"No puedes decirles la verdad. No podrían entenderlo."

"Creo que entenderían esto más que el hecho de que Kagome no ha vuelto todavía," contestó Inuyasha sintiéndose miserable. "Shippo ya no me dirige la palabra."

"Hubo un tiempo en que eso te habría encantado," dijo Kikyo fríamente. Se sentaba en el suelo frente al hanyou en mitad del claro. Estaba reatando su arco. Era una tarea complicada, pero no parecía haber comenzado a sudar. Inuyasha se preguntó siquiera si podría sudar.

Se encogió de hombros. "Ya, quizás. Pero no está bien. Debería ser un mocoso inmaduro, pero solamente está sentado vigilando el pozo."

"Hubo un tiempo en que tú harías eso."

Frunció el ceño ante su recuerdo. ¿Cuántas veces lo había espiado mientras esperaba el regreso de Kagome? "Pero eso era antes."

Kikyo finalmente alzó la mirada hacia él. "¿Antes de qué, Inuyasha?"

"Antes de que perla se volviese a romper." Gruñó hacia sus manos. "Solamente quería decirles que Kagome todavía tiene los fragmentos. Nunca la completaremos sin ella. Pero eso quiere decir que Naraku tampoco puede completarla."

La miko fallecida observó a su acompañante durante unos momentos. "¿Y qué van a decir, Inuyasha? Todavía querrán enfrentarse a Naraku. El túnel de viento del monje sigue amenazando contra su vida y cualquier esperanza de casarse con la caza demonios. La cazadora quiere su venganza, como hacemos todos. Completar la perla es sólo una responsabilidad añadida."

"Igualmente creo que deberían saberlo." Dijo Inuyasha suavemente.

Kikyo se encogió de hombros. "Si crees que debes decirlo, entonces adelante. Simplemente creo que es muy pronto para hacerlo, ha pasado apenas una semana."

Él se giró a mirarla con unos ojos penetrantes que jamás le había visto, pero casi inmediatamente la mirada se suavizó. "¿Has tenido algo de suerte con lo de volver a abrir el pozo?" preguntó.

"No." Contestó la miko. Había ido periódicamente al pozo por la noche, cuando los demás dormían, pretendiendo encontrar un modo de recuperar a Kagome. Sabía que a veces Inuyasha la vigilaba mientras caminaba alrededor del pozo así que había montado un espectáculo de hechizos sencillos. Él no notaría la diferencia y Kikyo sólo completaba el cierre del pozo. Ninguna miko del calibre de Kagome podría pasar a través de ello, había decidido, a no ser que ella lo permitiese.

Inuyasha se rió de repente, una risa vacía y triste. "Shippo quiere hace mil grullas de papel. Quiere pedir que Kagome regrese a los dioses."

"Entonces déjale. ¿Qué daño podría hacer?" preguntó Kikyo con poco interés.

"Mucho daño," murmuró. Miró hacia el cielo. Estaba comenzando a ponerse naranja con el atardecer. Miroku estaría regresando de ayudar a los hombres en los campos y Sango estaría haciendo la cena con Kaede. Kagome era la mejor cocinera, pero nunca le había dicho eso. No le había dicho muchas cosas.

Kikyo lo observó mientras el hanyou jugueteaba con sus manos. "Esto es imprudente, Inuyasha."

"Es imprudente ocultarles esto," respondió. Sabía que se pondrían furiosos, Miroku le golpearía con su bastón, dejando marcas de los anillos en la piel de su espalda. Sango se quedaría en silencio después de un par de palabras sobre su cobardía y Shippo se echaría a llorar. Quizás simplemente debería acabar con esto de una vez.

Se movía por los árboles vagamente registrando que Kikyo lo estaba siguiendo. Cazadores de almas flotaban por el aire, llevando almas de mujeres fallecidas. Odiaba ver eso. Se preguntaba cómo Kagome podía vivir sin toda su alma. Y no por primera vez, se preguntó si el alma compartida de Kikyo y su reencarnación tenía algo que ver por sus sentimientos hacia él.

Sentimientos que mucho atrás se habían desvanecido, pensó. Era injusto de su parte querer que Kagome lo amase cuando él no le correspondía, pero era muy doloroso. Sus ojos ya no le mostraban la misma calidez que antes, cuando ella estaba enamorada y llena de esperanza. Después de que la perla volviese a romperse, esos ojos se habían ido.

Tal vez era mejor que se quedase atrapada en el futuro.

Suspiró cuando la densidad de árboles bajó. Estaba llegando al poco Come-Huesos. Quiso mirar una última vez antes de ir con los demás, aunque sabía que solo estaba atrasando lo inevitable. El pozo no iba a funcionar.

Inuyasha se detuvo y entrecerró los ojos. "¿Qué es eso?" murmuró intentando ver el claro a través de los árboles.

Parecía humo, pero no olía a quemado. Anduvo hacia delante un poco más lento. Kikyo lo estaba alcanzando.

Cuando pasó el último árbol sus ojos se abrieron como platos. Niebla negra salía del pozo, esparciéndose por todo el claro y colina abajo hacia el pueblo. Mientras caía, pudo escuchar los gritos de los aldeanos allá abajo. Ya lo habían visto. Miroku y sango estarían aquí pronto, Kaede también. Y entonces el pozo hablaría por él— no había ninguna manera de que Kagome volviese pronto con aquella nube de aspecto amenazador.

"¿Qué es?" preguntó sabiendo que la miko estaba detrás de él.

"No estoy segura," fue su respuesta. Parecía más sorprendida de lo que nunca le había visto jamás.

"No parece nada bueno" musitó.

Kikyo dio un paso adelante y se posicionó en su visión periférica. "No, ya te aseguro yo que no." Frunció el ceño. "No puedo saber si es demoníaco o… no lo sé, Inuyasha." Se mantuvo en silencio.

Inuyasha bajó la mirada. No, Kagome no iba a volver. Era tan extraño, reflexionó silenciosamente mientras observaba el humo rodar colina abajo. Podía recordar un tiempo en que, a pesar de Naraku, a pesar de Sesshoumaru, a pesar de los cientos de youkais que constantemente intentaban matarlos, él era feliz. Kagome reiría, Shippo, Miroku y sango sonreirían y él se sentiría contento con verles así. Sus amigos.

Pero el humo lo llenó de pavor y desasosiego. Incluso con las voces de sus amigos que se acercaban parecían huecas y temerosas. Se preguntó si seguirían siendo sus amigos cuando viesen esto, cuando supiesen lo que les había ocultado.

"Espero," murmuró, "que Kagome esté bien."

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Se había desmayado por un momento, pudo darse cuenta. Un segundo antes, su padre estaba de pie en las escaleras observándolo con sorpresa y de repente, el gran general perro se encontraba frente a él. Los sirvientes corrían de un lado a otro, buscando cosas para revivir al joven amo. Y Sesshoumaru estaba en el suelo, con la nariz presionada contra el cuerpo de Kagome. Se echó hacia atrás y limpió la sangre de su rostro con una manga también manchada de sangre.

"Ya veo que te has desviado de tus deberes," el taiyoukai mayor lo reprendió con voz seca. Estudió el cadáver por un momento antes de desviar sus ojos dorados hacia Sesshoumaru. "¿Dónde has estado? Estaba a punto de enviar exploradores a buscarte."

"Sálvala y responderé tus preguntas."

Toga pudo ver que su hijo estaba a punto de desmayarse. No lograba enfocar la vista y sus manos temblaban. Si alguna pregunta iba a ser contestada, tenía que ser ahora. "¿Quién es ella?"

"Sálvala primero" exigió Sesshoumaru, asustando a los sirvientes que se habían acercado a él. Sus músculos se relajaron y se destensó un poco, suavizando su tono de voz. "Ha estado muerta durante horas."

"Entonces puede ser demasiado tarde," respondió Toga con el ceño fruncido. ¿Era dolor lo que había en el rostro de su hijo? ¿Dolor de corazón?

"Inténtalo."

El taiyoukai miró a su hijo durante un instante más antes de detener a un sirviente. "Tráeme a Tenseiga. Inmediatamente." Esperó a que el sirviente echase a correr, observando mientras los demás intentaban que agua pasase a través de los labios secos de Sesshoumaru. "¿Qué ha pasado? ¿Quién es esta chica? ¿Dónde has estado?"

A pesar del agua y de la calidez de las mantas que lo rodeaban, el taiyoukai más joven seguía tambaleándose del agotamiento. "Kagome" dijo simplemente.

"Kagome" repitió Toga suavemente. "¿Y quién es, Sesshoumaru? No habrás… Hijo mío, he encontrado una compañera para ti. Si esta chica es tu nueva amante…" dejó la frase sin acabar y frunció el ceño.

Sesshoumaru sacudió la cabeza. "Es Kagome. Es una amiga." Sus ojos se cerraban solos y se sacudió para espabilarse, llenando a los sirvientes a su alrededor de sudor y sangre. "Creo que me he enfermado, Padre."

"Muy suspicaz de tu parte. ¿Es sangre de dragón lo que huelo?" el taiyoukai mayor miró mientras su hijo tardaba unos segundos en asentir. "Los dragones son conocidos por llevar enfermedades, Sesshoumaru. Deberías haberlo sabido."

"Mis disculpas, Padre."

"Bueno, ahora sabemos con certeza que estás enfermo si me pides disculpas a mí" dijo Toga con un suspiro exasperado. "Llevadlo adentro. Buscad a la curandera, limpiadlo y que alguien se deshaga de sus ropas."

"El haori no," apenas pudo decir Sesshoumaru.

Toga alzó una ceja hacia ambos su hijo y la prenda de ropa que ahora se daba cuenta que no reconocía. Pero su hijo enfermo tenía sus antojos y no tenía ningún motivo para negarse. "Muy bien, el haori no. Eso que lo limpien."

Los sirvientes comenzaron a levantar al taiyoukai con fiebre, pero éste se resistía, empujándolos por todas partes y enseñando los dientes. "No puedo irme hasta que Kagome…" de repente expiró, sus ojos rodando hacia atrás, y se desmayó por completo.

"Ahora ya no dará problemas," dijo Toga con una sonrisa sombría. "Llevadlo a su habitación."

Los sirvientes se apresuraron fuera de ahí, el cuerpo inconsciente de Sesshoumaru en brazos, y dejaron al amo del castillo solo con la chica muerta. Toga se arrodilló junto a ella y apartó el pelaje completamente mojado de sangre que estaba rodeándola. Se había desangrado por completo, se dio cuenta cuando vio sus heridas. Ningún humano podría haber sobrevivido esto más de un par de minutos, pero Sesshoumaru parecía haber corrido durante días. Curioso, reflexionó el amo.

Había una ligera traza de magia a su alrededor, a su vez. Magia sagrada, pudo reconocer, haciéndole echarse hacia atrás. O esta chica era una miko o una miko había usado magia en ella. ¿Qué estaba haciendo Sesshoumaru llevándose con sacerdotisas?

Suspiró. Probablemente era bueno que planease resucitar a la chica humana, si es que se podía. Sesshoumaru no sería de gran ayuda al responder las preguntas hasta dentro de un tiempo. Quizás ella podría responderlas.

Kagome. Un nombre interesante. Y si Sesshoumaru se había encariñado de ella lo suficiente como para traer un cuerpo muerto todo el camino, Toga podía imaginar que ella en sí misma sería una persona interesante.

El sirviente que había enviado regresó, jadeando con Tenseiga en sus manos. Toga se giró y rodeó la vaina con sus garras, sus ojos abriéndose como platos cuando inmediatamente la espada comenzó a latir con urgencia. Nunca había estado tan intensa en sus manos.

"Bueno, esto que es interesante," murmuró desenvainando la espada, la hoja siseando por el roce. "Este es un fantástico comienzo entre nosotros, mi querida muchacha."

Miró y vio que los buscadores de almas casi habían acabado con su trabajo. El orbe de su alma estaba ya en sus manos y se giraron para mirar aterrorizados al taiyoukai. Otro minuto más y habría sido demasiado tarde. Les sonrió. Siempre le había gustado engañar a la muerte.

Tenseiga realizó un arco de luz al caer. Los diablillos se desvanecieron en medio de grititos silenciosos y el orbe cayó de nuevo hacia el cuerpo de Kagome. Toga observó el cómo entraba en su ser y se dio cuenta de que no era completamente esférico, que le faltaba un trozo como si estuviese roto. Pero no estaba seguro de lo que había visto ya que fue demasiado rápido.

Ella abrió los ojos mientras envainaba Tenseiga. Dejó irse al sirviente con un gesto de la mano y se inclinó sobre la joven. Parecía confundida y algo mareada, pero completamente saludable. "Buenos días, Kagome. Soy el Señor Toga. Y tú y yo tenemos mucho de qué hablar."

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"¿Y qué pasó entonces?", preguntó ella riendo tan fuerte que su copa de vino amenazaba con derramarse.

"Mi hijo de ocho años estaba enfrentándose a uno de los demonios más crueles y poderosos de estas tierras. ¿Qué crees que pasó?" rió Toga. "Lo insultó de vuelta."

Kagome se tapó el rostro. "¡Oh no! ¿Qué dijo?"

"Si no recuerdo mal, creo que dijo algo sobre la madre del otro Señor." El taiyoukai sonrió con facilidad y rellenó su copa. "Tuve que castigarle por eso después, evidentemente. Un chaval como él no debía decir esa clase de cosas. Pero no fui muy cruel porque fue lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo."

"Bueno, Sesshoumaru ni siquiera había empezado la pelea." Razonó la joven con una enorme sonrisa.

Toga negó con la cabeza. "No, no lo hizo. No podía creerme que el Señor gastase aliento en meterse con un niño de esa manera, pero bueno, quizás fue una señal sobre el futuro."

"¿Qué quieres decir con eso?" preguntó Kagome apoyando su vaso en la mesa. Se sentía caliente y la cabeza estaba muy ligera, aunque no estaba segura de que fuese por la comida o la bebida.

"Sesshoumaru lo asesinó en batalla muchos años después," respondió Toga encogiendo los hombros.

"Kami…"

El taiyoukai rió. "Creo que eso fue lo que dijo." Alzó la vista cuando más sirvientes trajeron una bandeja. "¿Quieres algo de oshiruko?" le preguntó.

Kagome parpadeó y observó la sopa de pastelillo de arroz y alubias situada frente a ella. "Oh. Claro, muchas gracias" dijo comenzando a comerse el postre. "¿Puedo hacerle una pregunta sobre Sesshoumaru?"

"Por supuesto," respondió el señor demonio, sus ojos dorados fijándose en ella unos momentos.

"¿Ha matado a mucha gente?"

Toga hizo una pausa. "¿Quieres decir humanos?"

"Sí. Bueno, demonios también." Bajó los ojos cuando apareció un ligero ceño fruncido en el rostro de su anfitrión.

"Cuando Sesshoumaru era muy joven su madre nos abandonó. ¿Te ha contado sobre ello?" miró el cómo la chica asentía una vez, en silencio. "No creo que haya sido muy frontal sobre estas circunstancias, ¿verdad?"

Kagome se encogió ligeramente de hombros. "Dijo que su ella y tú erais compañeros por una alianza política y que cuando él pudo valerse por sí mismo, ella se fue. No parecía querer hablar sobre ello."

El demonio perro mayor alzó una ceja. "Eso es mucho más de lo que le haya dicho a nadie. Por supuesto, el hecho de que sigas viva después de preguntarlo es ya un milagro en sí mismo." Se permitió sonreír ligeramente cuando ella abrió mucho los ojos. "Sesshoumaru era capaz de valerse por sí mismo, pero seguía siendo muy joven. La ida de su madre fue perturbadora para estas tierras, cuando todavía luchaba por asegurarlas. Otros señores demonio intentaron aprovecharse de lo que pensaron fue un momento vulnerable. Estaba un poco atado de manos."

El rostro de Kagome se derrumbó. "Sesshoumaru luchó por ti" susurró.

"Desgraciadamente, fue algo necesario. Era suficientemente bueno y suficientemente adulto, pero apenas. Pero lo más importante fue que necesitaba probarles a mis tropas que el Oeste no iba a caer. Sesshoumaru era mi único heredero, necesitaba estar ahí y enseñarles que aunque la Señora del Oeste nos había abandonado, mi hijo seguía aquí."

"¿Cuántos años tenía?"

Toga suspiró. "¿En años humanos? Unos trece o catorce. En años reales estaría alrededor de una centena." Frunció el ceño ante su expresión horrorizada. "Pensarás que soy un monstruo por hacerle pasar por todo ello a mi hijo, pero fue necesario. Si hubiésemos perdido la guerra, habría sido tomado prisionero y hecho esclavo para uno de mis enemigos. O algo peor." Dejó que la palabra permaneciese suspendida en el aire, dejándole a Kagome imaginar la alternativa a esclavitud. "Así que, para responder a tu pregunta, sí, ha asesinado a muchas criaturas a lo largo de los años."

"Lo entiendo, Señor Toga" dijo finalmente. "Tuviste que tomar una decisión complicada, y probablemente hiciste la correcta. Es sólo que… me pregunto cómo ha sobrevivido a todo esto."

"Sesshoumaru es más fuerte que lo que la gente se piensa. Incluso yo," respondió Toga volviendo a su postre. "¿Por qué querías saberlo?"

Kagome frunció levemente el ceño. "Cuando me reviviste, dijiste que tendría problemas para recordar mi muerte." Se estremeció y miró al taiyoukai al otro lado de la mesa. Le dio la misma mirada expectante que tenía cuando despertó esa mañana. Se sentía extraña pensando en si misma como muerta, pero el frío en su cuerpo le decía que algo no natural le había sucedido. "Y todavía no recuerdo mucho sobre ello, pero tengo esta imagen de Sesshoumaru matando a un hombre. Apretando su cuello. Veía la vida escapar de su cuerpo."

"Y eso te inquieta," murmuró Toga.

"Bueno, ¿no debería? Como miko, debería preservar la vida." Sonrió con suavidad. "Pero me estaba protegiendo. O al menos, vengando mi muerte. Ese hombre me había clavado una espada y Sesshoumaru lo había asesinado por ello. Tengo sangre en mis manos."

"La única persona con sangre en las manos es aquel que te ha asesinado," dijo el inuyoukai con firmeza. "La venganza puede traer más problemas que beneficios, pero mi hijo estaba en lo cierto al buscarla."

Kagome asintió. "Lo sé. Ese es el problema. No creo que haya hecho nada malo tampoco. En realidad, no creo que nunca me haya sentido tan segura como me sentí entonces." Su sonrisa se amplió. "Sabía que todo iría bien porque él estaba ahí."

"Me alegra escuchar que tienes tanta fe en mi hijo," dijo el taiyoukai.

La joven se sonrojó bajo la mirada del padre de Sesshoumaru. Se parecía mucho a su hijo, en realidad. Era difícil pensar en ellos como padre e hijo en vez de hermanos. Había sus diferencias, como que por ejemplo Toga tenía la nariz más recta y ojos más grandes, además de no poseer la luna creciente en su frente; pero esas eran pequeñas diferencias que servían para decirle al mundo que no eran gemelos. Y, por supuesto, sus personalidades eran totalmente opuestas. ¡Pero kami! Incluso se vestían parecido. "Bueno… confió en él. Eso es todo."

"Hmm. Por supuesto," dijo Toga con una pequeña sonrisita.

"¿Cuándo crees que despertará?" preguntó con rapidez tratando de desviar la atención de Toga.

El demonio perro se encogió de hombros. "Está enfermo. Se ha agotado más de sus propias capacidades, y no creo que el baño en sangre de dragón le haya ayudado demasiado. Te aseguro que serás informada tan pronto como despierte."

"Ha estado teniendo pesadillas esta tarde cuando fui a visitar," dijo Kagome con suavidad. "Estaba con fiebre."

"Los inuyoukai destacan por una buena salud. Estará bien," respondió Toga enmascarando su propia preocupación. La verdad es que Sesshoumaru no había tenido una pesadilla desde que era pequeño. Cuando Kagome fue a visitar a su hijo, el demonio perro más joven estuvo llamando a la chica, a su madre, y pidiendo la sangre de cualquiera que le haya hecho perjuicio, estuviese vivo o no. No era muy reconfortante.

"Aun así, creo que voy a ver cómo sigue," dijo ella poniéndose de pie. Se inclinó. "Gracias por la cena y su hospitalidad. Sé que estará muy ocupado, Señor Toga, y se ha tomado su tiempo en cuidar de mis necesidades."

Negó con la cabeza. "No ha sido nada, querida. Buenas noches."

"Buenas noches," respondió y salió de la habitación con su suave kimono de seda detrás de ella.

Realmente tenía mejor aspecto después de un baño y un cambio de ropa, reflexionó el taiyoukai mientras terminaba su postre. Aunque Kagome actuaba más bien tímida, podía ver el fuego en sus ojos. Entendía perfectamente por qué su hijo se sentía tan atraído a ella.

Toga se estiró y suspiró. Se estaba poniendo viejo, decidió. Hubo un tiempo en que quedarse despierto hasta tarde no le habría molestado, pero ahora apenas podía permanecer despierto después de oscurecer. El papeleo tendría que esperar hasta mañana.

Cuando los sirvientes vinieron a limpiar la mesa, el taiyoukai paseó pasillo abajo hacia sus aposentos. Mañana sería un día muy largo. El mensajero de Ryukotsusei debería llegar a media tarde con la propuesta de los dotes de la novia. Toga esperaba que Touran y los demonios pantera se adaptarían a sus términos, pero su padre había enviado una propuesta que rayaba con lo ofensivo. Ryukotsusei tampoco es que dejase ir a su hija con buenos deseos, tampoco, pero era mejor que el padre de Touran. Tampoco es que importase mucho. A Sesshoumaru no le importaría mucho si lo emparejase con un dragón o una pantera.

¿O sí lo haría?

El sonrojo de Kagome le vino a la mente y el taiyoukai sonrió. Sí, la joven miko tenía sentimientos por su hijo. Y por el espectáculo que Sesshoumaru había hecho esa mañana, estaba seguro que esos sentimientos eran correspondidos. Pero Toga dudaba que su hijo sería lo suficientemente humilde como para admitirlo, y mucho menos actuar en consecuencia. Los ideales de Sesshoumaru de cómo debía ser alguien respetable era emparejarse con otro youkai, no una miko.

El señor demonio esperaba que Kagome se diese cuenta a su vez. Le molestaría muchísimo si su hijo hiciera daño a la jovencita de cualquier manera.

Se giró para ir al pasillo que le llevaría a su habitación, un camino que pasaría por delante de las habitaciones de Sesshoumaru y Kagome, y se detuvo a olisquear el aire. Sí, confirmó silenciosamente. Kagome definitivamente no estaba en su propia habitación.

Se acercó a los aposentos de su hijo y notó que la puerta estaba ligeramente abierta. Aunque normalmente le permitía a su hijo su privacidad, el taiyoukai mayor dio un paso hacia adelante y miró al interior.

Estaban durmiendo. La respiración acelerada de Sesshoumaru era más fuerte y potente dentro de la gran habitación, casi estruendoso comparado con los suaves suspiros de Kagome. Ella estaba completamente vestida y hecha una bola en el borde del enorme futón. Si Sesshoumaru alargase la mano en sueños, podría rodear sus brazos entorno a la chica, pero de momento no se estaban tocando. Por primera vez en todo el día, Toga pudo notar el agotamiento en las facciones de la chica.

Si la curandera no hubiese planeado venir a revisar el estado del joven demonio perro en un par de horas, Toga los habría dejado estar hasta el amanecer. Pero tal y como estaban las cosas, era mejor no comenzar rumores innecesarios y las especulaciones, sobre todo cuando estaba en medio de las planificaciones del compromiso de Sesshoumaru.

El señor demonio abrió la puerta lo suficiente como para poder pasar y fue hacia la cama de su hijo. El aroma a fiebre pesaba en el aire. "Kagome," murmuró, "despierta."

"No."

Toga casi echa un brinco y miró con ojos bien abiertos a su hijo. "Pensaba que dormías. ¿Cómo te sientes?"

Sesshoumaru abrió sus ojos dorados, aunque estaban algo nublados por la enfermedad, todavía podían brillar en la oscuridad. "Estoy bien," dijo simplemente. Parecía que le costaba muchísimo decir esas pocas palabras.

Su padre rodeó la cama y puso una mano en la frente del inuyoukai más joven. "Sigues demasiado caliente. Buscaré a la curandera."

"No. No será necesario. Estaré bien por la mañana" dijo.

"No puedo dejar a la chica aquí," dijo Toga. "No es apropiado."

"Entonces que lo sea," respondió su hijo. "Quiero que esté aquí."

El taiyoukai mayor frunció el ceño. "Sesshoumaru, ¿no lo recuerdas? Estarás comprometido a una compañera muy pronto. ¿Qué dirá Ryukotsusei si le llegan rumores de su yerno con otra mujer en su cama?" el ceño se profundizó mientras se cruzaba de brazos. "¿Qué sientes exactamente por esta chica?"

Sesshoumaru bufó y giró la cabeza para mirar a la chica durmiendo silenciosamente junto a él. "No lo estás entendiendo. Simplemente quiero protegerla. No puedo hacerlo en estas condiciones si está lejos de mí."

"Ha estado bien toda la tarde, Sesshoumaru. Y "esta condición", como lo llamas, podría limitarte hasta el punto de no poder hacer más que ver a alguien asesinarla mientras duerme, si el atacante quisiera. No puedes hacer nada en este estado." Suspiró. "Dile la verdad a tu padre, Sesshoumaru. He estado todo el día con esta joven. Es inteligente, encantadora, poderosa. No te culparía si la quisieras, pero debo saberlo. El mensajero de Ryukotsukei llega mañana."

Sesshoumaru frunció el ceño. "Tomaré a la compañera que elijas para mí, Padre."

"No te elegiré ninguna si ya tienes alguna en mente," respondió Toga. "Solamente hago esto por ti porque no mostraste ningún interés en participar. Pero no te ataré a un compromiso sin sentimientos como mi padre hizo conmigo. Ahora bien, ¿quieres a Kagome?"

"¿Me dejarías tomar a una humana como compañera?" preguntó el inuyoukai más joven.

"Eres mi hijo, sólo quiero tu felicidad."

Sesshoumaru cerró sus ojos unos momentos. "Debes pensar en los súbditos, Padre. Nos darían la espalda. Otros territorios lanzarían un ataque. Nos percibirán como débiles," dijo suavemente.

"Ya lo hicieron una vez, cuando tu madre se fue, y fuimos capaces de estar a la altura. Y no creo que nuestros súbditos estén muy en contra cuando vean el poder que tiene esta chica. Sale de ella a montones." Pausó unos momentos y miró a la miko. "En realidad, me siento bastante pequeño a su lado."

"Sería una gran fuerza imparable en el campo de batalla," dijo el demonio más joven estando de acuerdo, pero negó con la cabeza. "Pero es una miko. Su sitio no está en el campo de batalla, o entre demonios. La llevaré con sus amigos tan pronto como pueda."

"¿Por qué tanta prisa?" preguntó el mayor. "Creo que la subestimas."

"Jamás," respondió Sesshoumaru. "Pero, ¿no has sentido el otro poder que viene de ella? ¿Del frasco alrededor de su cuello?"

Toga asintió. Había sido lo primero que había preguntado tras la resurrección. "No dijo una palabra sobre ello, aparte de que estaría a salvo mientras estuviese lejos de manos demoníacas. Debo vivir en la ignorancia bajo mis propios muros." Dijo mostrando algo del enfado que le causaba el asunto.

"Tampoco me dijo mucho sobre ello," dijo Sesshoumaru, "pero es importante. Y debe volver con sus amigos."

"Ella te quiere, Sesshoumaru."

El youkai más joven estuvo en silencio unos momentos que se hicieron eternos. "Creo," comenzó, "que le recuerdo a alguien a quien solía amar."

"No, es a ti. Deberías ver sus ojos cuando habla de ti, hijo mío," dijo Toga. "¿Acaso no la quieres? ¿De verdad has corrido hasta aquí, casi muriendo de agotamiento, por alguien a quien no quieres?"

"No, no la quiero," dijo Sesshoumaru haciendo énfasis, consiguiendo un ataque de tos. Cuando por fin terminó, se recostó en las almohadas de nuevo.

"Te estás mintiendo a ti mismo," dijo Toga con hielo en la voz. "Echaría la culpa a tu madre, pero no es honorable acusar a alguien que no puede defenderse. Desearía haber participado más activamente en tu crianza, Sesshoumaru. Creo que no estaríamos tan en desacuerdo si lo hubiese hecho."

Sesshoumaru gruñó. "Quieres que sea como tú, entonces."

"Sería una mejora a tus capacidades emocionales, ciertamente," dijo Toga.

Su hijo miró a Kagome una vez más. Seguía durmiendo profundamente a pesar del alzamiento en los tonos de voz. Se preguntó cómo conseguía dormir después de haber tenido el sueño más profundo posible la noche anterior. "¿Es por eso que estás presionando con ideas tan ridículas, Padre?" preguntó. "Quieres que sea como tú. Quieres que nuestras ideas sobre el Oeste coincidan. Quieres que haga lo que es apropiado, en vez de lo que es prudente para la protección de Kagome. Quieres que tome a mujeres humanas como tú haces."

Sus últimas palabras le atacaron como un rayo. Toga se irguió en el sitio, sus cejas juntándose en enfado. "No debes hablarle así a tu padre nunca más," gruñó. "Lo que hago o las compañías que tengo son mis propios asuntos. No voy a permitir que mi propio hijo me reprenda por ello. Soy consciente de que no te pareces nada a mí y lo acepto, Sesshoumaru. Creo que lo acepto mejor que muchos padres harían. Acepto que mis súbditos se consideren frío y despiadado, detestable. Pero si yaces junto a esta mujer esta noche y te dices a ti mismo cualquier cosa que no sea que es la criatura más importante para ti en el mundo, no sólo eres detestable, sino que además eres un insensato."

Se dirigió hacia la puerta y la deslizó dejando pasar una columna de luz proveniente de las lámparas de aceite del pasillo. "Que te mejores, hijo" dijo sonando agotado y derrotado. "Mañana, aceptaré la propuesta de Ryukotsusei en tu nombre. Ahora, duerme."

Toga salió por la puerta y la cerró detrás de él, dejando a su hijo sumido en la oscuridad.

Pero los ojos de Sesshoumaru eran muy sensibles y podía todavía percibir la figura de la chica acostada y silenciosa a su lado. El demonio se acercó unos centímetros y puso una mano en su hombro, notando la seda en sus dedos. Todavía llevaba el kimono que usaba en la cena. Podía oler el aroma de la comida unida a su única esencia. Jengibre y naranjas.

Ella se giró un poco y él retiró la mano, observando el frasco de los fragmentos deslizarse fuera de los pliegues del kimono. Por acto reflejo, curvó sus piernas y rodeó sus dedos alrededor del frasco, moviendo los labios en silencio.

Su padre tenía razón, pensó Sesshoumaru no con poco fastidio. Kagome era encantadora, inteligente y poderosa. Pero Midoriko también tenía razón y eso le hacía mucho más daño.

¿Qué te hace pensar que una miko como ella podría estar interesada en una bestia como tú? Eres escoria comparado con ella. ¡Tu alma está tan manchada de sangre que ni siquiera deberías poder tocarla! Sólo puedes acercarte porque su corazón es tan noble, más que cualquier miko que haya conocido. Debe tenerte lástima. Es la única explicación que le veo.

Era escoria comparado con las miko. Todos lo eran. Quizá por eso muchas miko vivían y morían solas.

Pero ella también se equivocaba, y Sesshoumaru estaba agradecido por ello. Apoyó su cabeza en la almohada de Kagome, poniendo su nariz en su hermoso cabello. Su brazo alrededor de su cintura y el grueso obi que había ahí. Ella suspiró y se relajó. Podía tocarla. Podía hacerlo.

Sesshoumaru se dio cuenta de que todavía estaba enfermo y probablemente seguía delirando. Nunca habría retado de esa manera a su padre si no fuese el caso. Y Kagome no estaría en sus brazos. No debería disfrutar tanto esto.

Ya hablaría mañana con su padre, decidió. Se disculparía como un buen hijo debe.

Mientras que con Kagome, quizás disfrutaría un poco más de su delirio, pensó. La atrajo más a su pecho y acercó sus labios hasta su oreja. "Eras la criatura más importante en el mundo para mí, Kagome. No soy un insensato."