Bueno, veo que ha habido recepción a la nota del último capítulo. Muchas gracias a todo el mundo por las palabras de ánimos, me animan a seguir traduciendo este fic. Y me han animado a dar el empujón para acabar esto mientras mi vida me pertenezca.
He empezado clases de uni otra vez y me absorbe por completo. Agradezco que tengáis paciencia conmigo.
Adicionalmente, intento utilizar un español neutro pero comprendo que me cueste ser imparcial y no pasarme con el español de España, que es el que yo uso. Si estoy utilizando demasiado dialecto, agradezco un aviso o correcciones. No me ofendo.
Nota: he cambiado de "señor" a "lord". Consideré que quedaba horrible decir señor y usar lord y lady es mejor, para mí.
El Taiyoukai del Pasado y del Futuro
Capítulo 9: Por el bien de un hijo.
Se despertó lentamente, arrastrada fuera de sueños sobre fragmentos de la perla, seda azul y pelajes plateados. La habitación estaba iluminada con la luz de la mañana y ella se estiró lánguidamente antes de darse cuenta de que esta era su habitación. Su corazón pegó un brinco. ¿Cuándo había ido hasta su habitación? Lo último que recuerda es acostarse junto a Sesshoumaru y el modo en que su presencia parecía calmar sus murmullos febriles. Incluso ella había estado bastante cómoda.
Alguien tiene que haberla encontrado, se dio cuenta, y se la había llevado de vuelta a su propia cama. Todavía estaba vestida con el kimono que se había puesto para la cena, y ahora éste estaba arrugado y plegado donde se había recostado. Probablemente había sido el mismo Toga quien la había traído, o tal vez uno de los guardias bajo las órdenes del lord. Qué vergonzoso.
Levantándose, Kagome se deshizo del kimono tan precioso, aunque arrugado, y lo dobló sobre e pie de cama. Las doncellas no estarían muy contentas, pero algunas de las arrugas más profundas comenzaban a suavizarse. Para ser más justa con ellas, eligió un kimono de primavera de algodón del armario, el cual no se arrugaría tan fácilmente como los de seda. Habría preferido algo más casual, pero era consciente de que estaba en el castillo de un lord y que debería actuar adecuadamente como un invitado.
Intentó ponerse más presentable antes de dejar la habitación totalmente descalza y cruzar hasta la puerta de Sesshoumaru, la cual estaba abierta. Dentro, la curandera y su personal hacían un escándalo encima de su paciente, intentando que bebiese algo de una sopa que, en realidad, parecía y olía horriblemente. "Estás despierto," exclamó alegremente haciendo que todos se girasen a verla.
"Buenos días," saludó el joven taiyoukai con un asentimiento de cabeza. Su voz estaba algo áspera y sus ojos rojos, pero al menos estaban abiertos.
"Buenos días. ¿Te sientes mejor? ¿Ha bajado la fiebre?"
"Lo estoy y sí, lo ha hecho." Hizo un gesto a la sopa frente a él. "A no ser que sigan intentando forzarme esto bajo mi garganta. Me enfermaré una vez más si siguen insistiendo."
Kagome sonrió mientras la curandera le fruncía el ceño a su paciente. "Estoy segura de que hay un montón de cosas buenas que hacen que un joven lord demonio se sienta mejor."
"Sabe a meado."
"¡Sesshoumaru!" Sus ojos se abrieron como platos mientras miraba hacia un lado hacia la curandera que le echaba una mirada asesina al notar diversión en su tono de voz. "¡Eso no está bien!"
"Solamente digo la verdad." Empujó el bol lejos de sí mismo, haciendo que uno de los sirvientes se lanzase a rescatarlo antes de que se esparciese por todo el suelo.
Kagome negó con la cabeza. "Estás comportándote como un niño malcriado," lo regañó todavía riendo. Apenas se fijó en los demonios en la habitación que se giraron a mirarla fijamente, pero a Sesshoumaru no pareció molestarle su comentario.
"Solamente pido algo comestible, eso es todo." Se echó sobre sus almohadas mientras los sirvientes recogían sus cosas y se iban de la habitación. La conversación sería repetida palabra por palabra por todo el castillo, pero en ese momento a Sesshoumaru apenas le importó. Kagome iba a ser la fuente de muchas preguntas, especialmente después de la llegada espectacular. "Debo salir de esta habitación. ¿Deseas ofrecerme algo de compañía?"
"Hn. De acuerdo. ¿Qué tal un paseo por los jardines?" preguntó. "Aunque hace algo de frío."
"Los jardines me aburren, pero al menos es el exterior. Ya que no me siento suficientemente bien como para entrenar, supongo que es todo el aire fresco que obtendré por hoy. Así que, los jardines pues."
"¿Ha dicho la curandera que está bien?"
Sesshoumaru frunció levemente el ceño. "No permaneceré aquí encerrado cuando estoy perfectamente bien."
"Sesshoumaru, no voy a contribuir a tus fechorías," dijo negando con la cabeza. "¿Qué tal si solo damos un paseo por el castillo?"
"Necesito aire," insistió. Le devolvió la mirada con firmeza. "Puedo ir sin ti perfectamente."
"No," dijo Kagome rápidamente. "Iré. Aunque solo sea para asegurarme que te portas bien. Supongo que un paseo no puede hacer mucho mal. Solo no dejes que la curandera se entere. No me gustaría oír historias sobre la malvada niña humana que consiguió hacer enfermar al joven lord otra vez."
Sesshoumaru sonrió levemente. Sabía que ella no podría negarse. "Olvidan lo que significa ser un youkai de verdad. No tenemos las debilidades humanas." Alzó una ceja. "Tú habrías fallecido por una enfermedad que a mí apenas me afecta."
Kagome rodó los ojos. "Ahora ya sé que te sientes mejor. Estás siendo ofensivo."
Se encogió de hombros. "No estoy ni inconsciente ni agotado hasta el punto del desmayo. Y no estoy delirando."
La joven sonrió ampliamente. "Lord Toga dijo que estabas delirando cuando llegaste aquí y que dijiste muchas cosas interesantes. ¿Realmente le pediste que me salvara? Eso es muy dulce."
Sesshoumaru la miró unos momentos con el ceño fruncido. "Me agrada tenerte con vida, Kagome. Si no me importase, no te habría traído desde tan lejos."
"Es agradable ser apreciado," respondió con una tímida sonrisa. Un sonrojo subió por su cuello cuando sintió su mirada sobre ella.
Se miraron mutuamente unos momentos, una incomodidad inexplicable sobre sus cabezas. "Si esperas que me vista, yo esperaría fuera si fuese tú," murmuró Sesshoumaru finalmente rompiendo el silencio.
Kagome parpadeó. "Cierto. Perdona." Se dio la vuelta y salió, apoyándose en una de las vigas y presionando las palmas de sus manos en las mejillas. Su piel seguía muy caliente y no estaba del todo segura del porqué. Aunque era agradable escuchar que estaba contento de que estuviese viva. Sí, era agradable.
Escuchó crujidos y ruidos de la madera. Presionó una oreja contra la puerta cuando Sesshoumaru justo suspiraba. "¿Estás bien?"
"Perfectamente", dijo con voz agotada, seguido de un golpe y una maldición en voz baja.
Kagome frunció el ceño. "¿Necesitas ayuda? Quiero decir… podría buscar a alguien," se encogió de hombros.
"No," respondió con brevedad.
Tiene que tomarle horas vestirse con un solo brazo, pensó secamente. Tozudo idiota.
Sesshoumaru emergió un par de minutos después, ligeramente sin aliento, pero al menos vestido con suficientes ropas para mantenerlo caliente hasta febrero. "Uno se da cuenta dolorosamente de cuántas capas debes ponerte cuando estás enfermo," dijo cuando Kagome arqueó una ceja.
"No estoy segura sobre todo esto," respondió ella. Alzó una mano hasta su cabeza. "Ya estás bastante pálido. Solamente te pondrás peor."
"Sólo necesito aire."
Kagome suspiró. "¿Por qué es que no te creo?" murmuró.
Él miró pasillo abajo. "¿Dónde crees que está mi padre?"
Kagome negó con la cabeza. "Ni idea. No lo he visto desde esta mañana. Y estás intentando cambiarme de tema. ¿Qué pasa con tu salud?"
"Debería buscarle, debo hablar con él."
La chica suspiró y lo dejó estar. Sesshoumaru se iría sin ella de todos modos si se negaba. "Te encontrará. Estoy segura de que los sirvientes le habrán dicho ya que estás despierto. Vendrá cuando no esté ocupado. Ayer pospuso un montón de trabajo por nuestra culpa."
Sesshoumaru frunció ligeramente el ceño. "Supongo. Está bien, entonces. Vamos a los odiosos jardines que tan aburridos son."
Ella sonrió. "En teoría deberías tener buen humor si no estás enfermo."
"¿Quién ha dicho que estoy de buen humor?"
Kagome rodó los ojos. "Por supuesto. Bueno, me alegro que estés mejor. Tu padre dijo que no estarías tan enfermo si no hubieses peleado contra ese dragón. ¿Sueles ser tan desordenado al matar a un dragón?"
Él bufó ligeramente. "Estaba salvando tu vida," dijo antes de hacer una pausa. "O lo intentaba."
Su sonrisa despreocupada se esfumó. "Y salvaste mi vida, estuviste genial."
"Fue ese el momento en que moriste," dijo sobriamente. Su expresión era casi completamente neutra excepto por la ligera curva hacia abajo en su boca.
Kagome se giró, plantándose frente a él y obligándole a detenerse. Deslizó sus brazos alrededor de su cintura y reposó su cabeza contra su pecho. Podía sentir la calidez de su cuerpo debajo de las tantas capas de ropa. "Lo sé," murmuró. "Recuerdo algo, más o menos. No es mucho. Sólo trozos de recuerdos aquí y ahí. Pero te recuerdo luchando ese dragón. Recuerdo el sentimiento de la vida escapando de mi cuerpo. Pero me salvaste. Estuve muerta durante un tiempo, es verdad, pero solamente tú podrías asegurarte de que no sería permanente." Se echó hacia atrás para mirarle. "Te debo una."
Lo dejó irse, pero tomó una de sus manos entre las suyas. "Espero que no nos veamos en una situación en la que haya que devolver el favor," dijo él.
"Oh, pero si soy yo la de los problemas. Tiendo a atraerlos." Se rió, comenzando a andar de nuevo con la mano todavía entrelazada con la suya. Por algún motivo, no quiso estar muy lejos de él y estando en contacto se sentía mejor. Sus peligrosas garras rozaron la piel de su mano.
"¿Tiendes?" repitió.
"Cállate," rió. Llegaron hasta la puerta y ella la deslizó hasta abrirse, temblando por el soplo de aire frío que entró. "Brr. Definitivamente se acerca el invierno."
"No hace frío," murmuró Sesshoumaru adelantándose y soltando su mano de entre la de ella. Echó de menos el calor casi inmediatamente, pero no debía tocarla demasiado tiempo. No vio el leve ceño fruncido en el rostro de ella.
"Idiota. Sí que lo hace." Cerró la puerta y echó a correr tras él. "No deberías ir tan rápido. Tómatelo con calma. Tu padre no estaría muy contento si te vuelves a enfermar."
Tenía razón, pero Sesshoumaru se encogió de hombros. "Mi padre encuentra erróneas muchas cosas que hago, sin importarle los resultados," dijo.
Ay madre, pensó Kagome. Aquí está esa extraña relación amor-odio que ambos hijos de Inutaisho parecían tener con él. ¿Cuál era el problema? "Creo que tu padre es encantador" dijo de manera casual.
Sesshoumaru de repente sintió un pinchazo de dolor similar al que tuvo cuando se despertó sólo en su cama. Kagome había estado ahí, estaba seguro. Su olor estaba en sus sábanas. Pero el de su padre también estaba ahí y un ramalazo de enfado surgió en el pecho del taiyoukai. "Mucha gente de tu especie lo encuentra así."
Ella abrió mucho los ojos en sorpresa. "¿A qué te refieres? ¿Qué es "mi especie"?"
"Eres mujer. Y humana. Ambas son cosas a las que mi padre parece muy apegado."
Kagome parpadeó. No era exactamente una gran revelación. La madre de Inuyasha había sido humana, así que se había imaginado que Toga al menos tenía cierta tolerancia con su raza. Pero la frialdad en el tono de Sesshoumaru la sorprendió. "Es una persona muy agradable, Sesshoumaru. Y tu madre no está por aquí, ¿así que cuál es el problema de que, um, busque a otra compañera?"
"Sinceramente dudo que esté buscando una compañera," respondió el joven demonio perro. "Disfruta te las atenciones que recibe de tu especie. Estoy seguro que te habrás dado cuenta."
"Oye, ya sabes, soy una invitada aquí. No voy a juzgar con quién, em, pasa su tiempo libre."
"No me has entendido. Quiero protegerte." Frunció ligeramente el ceño. "Como bien has dicho, es encantador."
De nuevo abrió los ojos como platos. "Espera un segundo. ¿Realmente piensas que me acostaría con tu padre? ¡Sesshoumaru!" le dio una bofetada en el brazo, y no uno suave. "Es asqueroso. Soy tu amiga y él tendrá… ¿cuánto? ¿Seiscientos años?"
"Más de mil."
"Es un poco mayor, incluso si no parece tener más de cuatrocientos. ¿Qué diantres te pasa?" Sesshoumaru se dio la vuelta, pero ella lo agarró del brazo. Todavía estaba muy enfermo como para poder defenderse. "Um, no, no tienes que irte de esa manera. Dime qué te ha poseído para pensar esas cosas."
"Estuviste en mi cama anoche," dijo suavemente.
Su mano se deslizó y lo dejó ir. "Oh. No pensé… que estuvieses despierto." Se mordió el labio y miró su expresión desamparada. "Pero no entiendo qué tiene que ver el que estuviese en tu cama, completamente vestida, si he de añadir, con tu padre."
"Vino poco después de que lo hicieras tú." Alzó una mano hasta su cabeza. "No recuerdo mucho. Tenía mucha fiebre. Pero quería llevarte lejos. Me quedé dormido y a la mañana siguiente ya no estabas."
"Eso no quiere decir que haya pasado algo. Creo que solamente me llevó hasta mi cama. Todavía completamente vestida. No creo que quisiese que me descubrieses en tu cama. Estoy segura que es todo lo que pensaba entonces."
Él asintió. "Sí. Por supuesto." Soltó una respiración inestable.
"Sesshoumaru, ¿estás bien?" Se acercó a él y presionó una mano en su frente. "Estás ardiendo otra vez. No deberías exaltarte tanto. Tienes que volver adentro y a la cama."
"Estoy bien."
Kagome chasqueó la lengua. "Estás descubriéndome tu alma por aquí. Definitivamente cae dentro de la categoría de "comportamiento inusual de Sesshoumaru". Vuelves a la cama." Lo agarró del brazo y sintió su peso completo en su hombro.
"Debo disculparme."
Ella negó con la cabeza. "Me has dicho muchas veces que no tengo que disculparme. No tienes hacerlo conmigo. Venga, vamos."
Él se soltó de su apoyo. "No, solo necesito sentarme un momento."
Kagome suspiró, pero lo guió hacia un asiento de piedra cercano, apenas suficientemente grande para ambos. "De acuerdo, pero sólo porque no soy capaz de llevarte en brazos. Pero si empiezan a congelarse mis pies o si empiezas a toser o si algo se empieza a poner feo, nos volvemos dentro. Ya he estado muerta lo suficiente para una vida entera."
El taiyoukai apoyó los codos en las rodillas y dejó caer su cabeza. Su cabello era tan largo que casi rozaba el suelo. No lo había atado en su trenza usual, se dio cuenta. Casi se le hacía extraño ahora. Los cabellos libres colgaban de sus hombros y sobre su rostro, ocultándolo completamente. Impacientemente, él se echó el pelo detrás de las orejas.
"Te lo puedo trenzar, si quieres." Propuso ella.
"Nunca lo trenzo cuando estoy en casa," respondió. Su respiración no era pesada pero su voz sí que temblaba un poco.
Kagome frunció el ceño en confusión. "¿Por qué?"
"Puede dar lugar a confusión."
"¿Por qué tu padre lo hace?"
Sesshoumaru suspiró suavemente. "Sí."
Ah, pensó ella. Por eso había dejado de trenzarlo del todo en el futuro. Estaba dispuesta a apostar dinero a que era confundido por Toga tantas veces, incluso años después de su muerte. Debió de haber sido muy molesto, ser constantemente comparado con el gran lord demonio. Obviamente intentaba imitar su poder, ¿pero tener a todo el mundo juzgando, buscando fallos en esa imitación? Qué desolador.
"De acuerdo, lo dejaré estar," dijo ella. Pero aun así se dejó llevar por el impulso de pasar sus suaves cabellos por sus dedos y alargó una mano hasta poder agarrar el cabello suave como la seda. Esto parecía tranquilizarlo, así que continuó haciéndolo un rato hasta que volvió a hablar. "¿Por qué te inquieta tanto el pensar en tu padre con una humana?" preguntó con suavidad.
"No me inquieta a mí personalmente. Pero podría hacerlo a varios de nuestros súbditos," murmuró mientras cerraba los ojos. Había olvidado su decisión anterior de no dejar que lo tocase. Sus dedos pequeños trabajaron por su pelo, rozando suavemente su cuello y las puntas de las orejas. Tuvo que suprimir un escalofrío. "Cualquier hijo de un humano y un youkai sería hanyou."
"¿Y?"
Él se giró ligeramente. "Incluso yo puedo notar las debilidades de un niño hanyou."
Sus dedos se detuvieron. "Mi mejor amigo es hanyou. Y no es débil."
"No quise decir debilidad física o mental. Solamente es…" se detuvo y negó con la cabeza. Los dedos de Kagome rozaron su cuero cabelludo al moverse. "No sé qué quería decir exactamente."
"Tienes prejuicios," susurró. "Incluso ahora, tienes prejuicios."
Frunció el ceño ante sus palabras. "No veo qué importancia tiene si tengo prejuicios o no." Miró hacia abajo. "Nunca tendré hanyous."
Su mano se dejó caer. "¿Y qué pasaría si… si te enamorases de una mujer humana? ¿Negarías a sus hijos? ¿Tomarías una concubina?"
Sesshoumaru recordó el calor reconfortante del cuerpo de Kagome contra el suyo. Recordó las palabras que le había susurrado y el cómo ella se había acurrucado. Recordó a su padre dando su consentimiento para tomar a Kagome como su compañera. Y el cómo lo había rechazado. Pero le habría dado hijos, fuesen hanyou o no. "No veo qué importancia tiene. Mi padre está negociando mi compañera mientras hablamos."
La piel de Kagome se volvió como la tiza. "No sabía nada." Lo miró fijamente a sus ojos vacantes y lejanos. "¿Qué vas a hacer?"
No le contestó por unos momentos. "Respetaré la decisión de mi padre, evidentemente," murmuró.
"¿Pero no tienes ninguna autoridad sobre ello? ¿No es también decisión tuya?"
Y, de repente, sintió la furia llenar su cuerpo. Furia hacia su padre. Furia hacia su vida. Furia hacia ella. ¿Cómo no podía verlo? ¡Por supuesto que no tenía opción! Esto era lo que hace un buen líder- aceptar lo que es mejor para sus súbditos, aunque fuese doloroso para él. Incluso si lo único que quería hacer ahora mismo era besarla y decirle que ella era su decisión, no lo haría. No había otra opción. El Oeste caería si el hijo del lord tomase a una humana como compañera. Realmente creía eso. Y estaba muy cerca de llevársela lejos de ahí.
Pero nada de esto sería un problema, razonó todavía furioso, si ella no lo hubiese metido en su viaje. ¿Por qué no lo había dejado tranquilo? ¿Por qué no había dejado de meterse en su vida tan rápido como había llegado? Odiaba el hecho de que su simple presencia había convertido un asunto sencillo en algo doloroso y difícil. Casi era capaz de odiarla.
"¿Por qué es importante?" preguntó con sequedad girando sus ojos dorados hacia ella. El movimiento repentino consiguió nublarle la vista, pero lo ignoró.
Kagome se echó hacia atrás por el tono. "Es importante," dijo recuperándose rápidamente, "porque era chica será tu compañera de por vida. No me creo el que no te importe."
"¿Por qué debería importarme? No hago esto por amor. Solamente es por poder." Espetó.
"No tiene por qué serlo. No deberías apresurarte. Deberías tomarte tu tiempo y hacer tus propias decisiones," insistió.
¡Hacer sus propias decisiones! Casi suelta una carcajada fría, pero en vez de eso entrecerró los ojos. "¿Y entonces piensas que me decidiría por ti?" rugió.
El aire se le escapó de los pulmones durante unos momentos, no pudiendo respirar. Cuando por fin lo hizo, tomó aire de manera violenta y asfixiada. "No," dijo ella. "No."
Sesshoumaru sintió un pinchazo en su corazón. "Bien, porque no tengo ninguna intención de ser padre de un hanyou bastardo que solamente envenenará mis posibilidades en estas tierras," gruñó dejando salir todos los malos pensamientos en sus palabras.
"Creí que eso no te importaba," dijo ella, sus ojos abiertos como platos.
Le dedicó una mirada mordaz. "Mentí."
"Tú… tú nunca mientes."
"Obviamente no me conoces tan bien como crees que haces," dijo.
Ella se levantó, las manos en puños. "¿Por qué estás siendo tan malo? Sesshoumaru… no creí que… nunca me esperé…" calló sin saber qué decir.
"Y en el futuro," continuó sin escuchar sus protestas. "Espero que encuentres tu propia cama y te mantengas alejada de la mía."
Ella comenzó a llorar. "Estás enfermo," dijo. "Dices cosas que no piensas en realidad."
"Nunca me había sentido tan despejado en mi vida," dijo levantándose también. De nuevo, su cabeza protestó y sintió una oleada de náuseas y vértigo atacar su cuerpo. Estaba enfermo. Debería parar. ¿Qué diablos estaba haciendo? Pero no pudo detener las palabras que salían de su boca. "Tomaré a la hija de Ryukotsusei como compañera, como desea mi padre, y el Oeste será más grandioso por ello."
"Ryu…" Kagome alzó la cabeza. "¿Ryukotsusei? Sesshoumaru, no debes…"
"Puedo y lo haré. No dejaré que te entrometas en el futuro de estas tierras con tus ideas de corazón débil. Sólo los demonios de sangre pura pueden mandar." Hubo una finalidad en su tono de voz que los golpeó a ambos. Y mientras Sesshoumaru la observaba, se dio cuenta de que probablemente ella jamás lo perdonaría por sus palabras.
Ella se irguió repentinamente, firmeza en su mirada. "Bien. Me parece bien," espetó. "Toma a la hija de Ryukotsusei. Si puedes. Y que el destino que te corresponde caiga solamente sobre tus hombros."
Kagome se giró sobre sus talones y se alejó, de vuelta al castillo. Sesshoumaru se sentó de nuevo sintiéndose mareado. Un escalofrío sacudió su cuerpo que poco tenía que ver con su enfermedad.
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"Sé que estoy pronto, mi lord, pero lord Ryukotsusei espera que tenga usted respuesta."
Toga estaba de pie junto a la ventana de su oficina. Kagome y Sesshoumaru acababan de salir del castillo y paseaban por el camino. Interesante, la manera en que andaban tan cerca. "Sí," dijo girando la cabeza de vuelta al mensajero del lord dragón, quien era un youkai lagarto de piel verdosa. "Tengo una propuesta. Veamos si podemos llegar a un acuerdo, ¿no? Está justo aquí." Señaló a un pergamino en el centro de su escritorio.
El mensajero se acercó y leyó la lista. "Lord Toga, mi lord no posee ganado," murmuró.
"¿Solamente cazáis?" preguntó el taiyoukai.
"Sí, mi lord."
Toga suspiró. "Muy bien. ¿Qué propone tu lord?"
"Podemos proveer buenas pieles. Nuestros cazadores son los mejores de las tierras," contestó el mensajero.
"Oh, ¿en serio?"
"Algunos de los mejores, mi lord," el mensajero se corrigió. "Por supuesto, mi lord reconoce la grandeza en caza y guerra del Oeste…"
"Ahórratelo," interrumpió Toga. "Me quedo con las pieles. No es tampoco tan importante."
El mensajero escribió el cambio en ambos pergaminos. "Muy sabio de su parte, mi lord." Ojeó la lista de nuevo. "Ah, estas joyas, mi lord…"
"No me digas que tampoco podéis proveerlas," dijo Toga mirando de nuevo por la ventana. Kagome parecía algo enfadada y se preguntó qué habría dicho su hijo. Por supuesto, su hijo parecía algo enfadado a su vez. Ese par definitivamente tenía genio. "Vuestro clan viene de las montañas. Ciertamente, no seréis ladrones en vez de mineros."
El youkai lagarto parecía bastante ofendido, pero sabía que era mejor no decir nada. "Tenemos las joyas, mi lord, ¿pero perlas? No estamos cerca del océano."
Toga lo fulminó con la mirada unos momentos antes de mirar de nuevo por la ventana. Kagome dirigía a su hijo hacia un banco. Por supuesto, Sesshoumaru debía de hacerse sobre esforzado en muy poco tiempo. Aunque, si no recordaba mal, la curandera había ordenado al menos tres días de reposo en cama para su hijo. "No me mientas. Soy consciente de que Ryukotsusei tiene una provincia grande en la costa. Sé que recibe largos cargamentos de perlas regularmente. Ahora escribe las perlas o te arranco los dedos uno en uno."
"Sí, mi lord," murmuró el mensajero, su piel volviéndose de un verde enfermizo.
Observó cómo la pareja se sentaba juntos, con Kagome acariciando el cabello de su hijo. Mientras el youkai lagarto escribía los cambios en el acuerdo, Kagome se había echado hacia atrás. Toga suspiró en exasperación.
"¿Cualquier otra cosa que desee de nuestras tierras costeras?" preguntó el mensajero con cautela. Obviamente había sido ordenado mantener en secreto esas tierras lo máximo posible. Toga intentó sentir algo de simpatía por el youkai, pero sólo fue capaz de ofrecer algo de lástima.
"No. Así está bien."
"Muy bien, mi lord."
Ahora Kagome estaba de nuevo de pie. Parecía que estaba gritándole algo. O llorando. No podía apreciarlo desde ahí. ¿Qué le habría dicho Sesshoumaru? "¿Qué pasa con las necesidades de la mujer?" preguntó Toga de manera distraída. "No quisiera tener que preparar un vestuario completo para mi nuera. Ya tiene uno, ¿no es así?"
"Pasa la mayoría del tiempo en su forma de dragón," dijo el lagarto. "Pero consta de sus propias pertenencias, al menos para comenzarlo."
Toga suspiró. Sesshoumaru estaba ahora de pie. No parecía tan enfermo. Igualmente, ¿desde cuándo mostraba él emociones cuando estaba enfadado? Toga consideró brevemente llamar a los guardias para que fuesen al jardín, pero lo reconsideró mejor. Sesshoumaru nunca haría daño a la chica. "De acuerdo. ¿Qué más requiere ella?"
"Su propia habitación. Traerá a sus propios sirvientes y estos necesitarán habitaciones también. Espera de vuestro personal que limpien y cocinen por ella, aun así."
"¿Y qué hará su personal? ¿Desordenar y comer?" murmuró Toga.
"Um… Igualmente, también pide un entrenador personal. Su padre no le deja traerse al general." Recorrió un dedo por la lista. "Y quiere saber la opinión del lord Sesshoumaru sobre mascotas."
Toga observó cómo Kagome se alejaba de su hijo. Sesshoumaru se dejó caer en el asiento antes de poner la cabeza entre sus manos. Había sido la pelea del siglo, decidió mientras se giraba hacia el youkai lagarto. "¿Sabes qué? Creo que he cambiado mi opinión sobre todo esto."
El mensajero parpadeó. "No comprendo, mi lord. No… No tiene por qué traerse su mascota," tartamudeó.
"No, he cambiado mi opinión sobre todo el asunto. Mi hijo no va a unirse con la hija de vuestro lord." Sonrió sombríamente. "Puedes retirarte."
Le tomó unos momentos al otro youkai para procesar las palabras de Toga. "Esto es… increíble, mi lord. ¡Debo al menos volver con una razón de por qué!"
"Ah, sí. Puedes decirle a Ryukotsusei que he encontrado otra compañera para mi hijo," dijo Toga acercándose al demonio lagarto.
El mensajero se puso de pie. "¿Puedo preguntar de quién se trata, mi lord?"
"Una chica muy encantadora. Se hace llamar Kagome. Dudo que la conozcas. Es humana y proviene de una familia de la que no tengo ni idea." Su sonrisa se amplió. "Pero mi hijo está profundamente enamorado de ella y me temo que no puedo decepcionarle."
"Lord Toga… estoy sin palabras."
"Ayudará a tu rápida escapada de aquí," respondió Toga.
"Pero, ¡y mi lady!" el demonio lagarto daba un paso atrás tan rápido como avanzaba el taiyoukai.
Toga alargó el brazo y abrió la puerta, pidiendo sin nada de delicadeza al lagarto que se fuese. "Estoy completamente seguro de que es un encanto. Y estoy seguro a su vez de que no tendrá dificultad en encontrar otro compañero."
"Mi lord, ¿pero ha visto cómo es?" preguntó el mensajero mientras le cerraban la puerta en la cara.
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La encontró con relativa facilidad. Estaba sentada en una de las habitaciones vacías, sentada en uno de los tatamis mirando con ojos vacíos a una pared. Se había limpiado las lágrimas pero todavía podía oler la sal en el aire.
"Deberías vestirte para la cena," murmuró haciendo un gesto hacia el kimono casual que llevaba. "Tengo otro invitado. Esta vez inesperado, pero mucho más bienvenido que el anterior. Es uno de mis súbditos y un buen amigo mío. Él y su familia querrían conocerte, estoy seguro."
"No, gracias. No tengo hambre," respondió.
Toga se balanceó hacia delante y hacia atrás sobre sus talones. "Sesshoumaru no viene a cenar." Hizo una pausa cuando ella se estremeció. "Está enfermo de nuevo. De alguna manera, se ha ofuscado y le ha vuelto la fiebre. He tenido que poner guardias en su puerta para que no salga otra vez de la cama."
"¿Estará bien?" Kagome preguntó con suavidad.
"Sí, estará bien. Necesita sólo unos días de descanso, aun así. Entonces podrá acompañarte en tu viaje una vez más."
Finalmente, ella se movió y se giró para mirarle. "Si fuese posible, quisiera irme mañana."
"No está suficientemente bien mañana," respondió Toga.
Kagome asintió. "Lo sé."
Es peor de lo que creía, pensó. "No puedo dejarte pasear sola por mis tierras, Kagome. Hay muchos demonios ahí fuera, muchos de ellos mis propios súbditos, que fácilmente podrían derrotarte. Podrías morir en cuestión de horas."
"Puedo defenderme sola," respondió sin entusiasmo.
"Sí. Me dijiste sobre el lobo, pero discúlpame el comentario, no pareces tener mucho control de ese poder que posees." Toga se irguió y frunció el ceño. "Y con ese poder que llevas, no confío en ningún guardia a tu lado. El único otro que puede acompañarte soy yo, pero no puedo dejar mi hogar. No ahora. Tu mejor apuesta es Sesshoumaru."
Kagome dobló las rodillas debajo de su barbilla. "No creo que se ponga muy contento de andar conmigo."
Toga se sentó junto a ella, observando la misma pared, y esperó.
"¿Por qué lo fuerzas a tomar como compañera a alguien que no ama?" preguntó después de unos momentos.
"No lo estoy forzando a nada. Mi propio padre lo hizo y me niego a continuar la tradición." Se giró y la miró. "Le dije a Sesshoumaru que tenía que buscar una compañera pronto. Fue él quien me dijo que le buscase una. Nunca le había importado tener una compañera que amase, a pesar de mis intentos de convencerle de lo contrario."
"Dijo que habías escogido," murmuró.
"Y lo he hecho. Espero que Sesshoumaru tenga compañera en una semana más o menos."
Los ojos de Kagome se abrieron como platos. "¿Tan pronto?"
"Necesita un heredero. Con sólo un hijo, mi linaje y liderazgo están constantemente en peligro. Hay lords que han perdido hasta seis hijos. He sido afortunado hasta ahora, pero no desearía forzar mi suerte."
"¿Por qué la hija de Ryukotsusei?"
Toga alzó una ceja. "Veo que Sesshoumaru te ha contado. Bueno, Kaida podría proveerle a mi hijo descendencia fuerte y una alianza beneficiosa. ¿Por qué?"
"Es sólo que… Ryukotsusei es conocido por ser… violento," tartamudeó.
"Muchos dragones lo son," dijo Toga con suavidad.
Kagome quiso decirle. Quiso confesar todo para que pudiese saber el peligro que corría al tratar con Ryukotsusei. Quiso avisarle, para que nunca se acercase al dragón, para que nunca tuviese que morir y estuviese ahí para Inuyasha. Y Sesshoumaru. Sabía que ambos hijos habían sentido la ausencia de Toga.
Pero no podía decir nada. Podría cambiarlo todo, pero ¿quién garantiza que el cambio sería para bien? Si decía algo, podría prevenir el nacimiento de Inuyasha y cambiar su propia historia.
"Sólo… ten cuidado," murmuró finalmente.
"Siempre lo tengo, mi niña."
Kagome sonrió tristemente. "Por supuesto que sí." Suspiró. "Espero que Sesshoumaru esté contento con su nueva compañera. Espero que Kaida te dé muchos nietos."
"Oh, no lo va a hacer."
La chica parpadeó. "¿Qué quieres decir?"
Toga se encogió de hombros. "Me habría dado muchos nietos fuertes. La alianza habría sido muy beneficiosa. Pero, de algún modo, creo que es más problema de lo que vale. He rechazado la oferta de Ryukotsusei y he devuelto al mensajero." Se acercó a la chica sorprendida. "Para serte sincero, pienso que todos hemos evitado una flecha con esa decisión. Parecía horrible. En más de un modo."
Por primera vez en horas, Kagome sonrió con sinceridad. "¿Así que Sesshoumaru no tiene compañera?" preguntó intentando, y fallando, mantener la voz neutra.
"Oh, sí que tiene una. Necesita una igualmente."
La sonrisa se desplomó. "¿Touran?"
"No." Él sonrió, sus colmillos asomándose. "Alguien a quien ama."
"No ama a nadie," dijo Kagome, su sonrisa desvaneciéndose del todo.
Toga se encogió de hombros. "Bueno, no es como si jamás, en un millón de años, yo fuese capaz de escuchar a escondidas a mi hijo cuando una mujer honre su cama. Pero suponiendo que lo hiciera, quizás haya escuchado a Sesshoumaru decirle a cierta chica humana que era la criatura más importante en el mundo para él." Notó la sorpresa en su rostro y sonrió. "Creo que esas fueron sus palabras exactas. Quizás podrías preguntarle su versión."
Kagome negó con la cabeza. "No, no ha dicho eso."
"Te aseguro que sí."
"No puede. Tienes que haber escuchado mal."
Toga frunció ligeramente el ceño. Había esperado más sonrisas y risas que esto. "Estas no son sólo por estética," dijo señalando sus orejas. "Un demonio perro tiene la mejor audición de toda la raza youkai. Escuché lo que te dijo."
"Entonces estaba delirando. Porque me dijo que solo tendría hijos de sangre pura. Dijo que nunca enfadaría a sus súbditos al tomar una mujer humana. Que nunca me elegiría a mí." Lágrimas se acumularon en sus ojos una vez más, asustando al taiyoukai junto a ella.
"Ah, ¿así que es eso lo que te dijo?" se encogió de hombros y la miró. "Al parecer también espío a mi hijo enfermo desde la ventana de mi oficina. Sólo cuando tengo sus intereses en cuenta y estoy intentando encontrarle una compañera."
Kagome empezó a llorar, las gruesas lágrimas bajando por sus mejillas, ensuciando su piel con la sal. Cuando las gotas comenzaron a caer de su barbilla, Toga atrajo hacia sí a la chica en un abrazo a medias, dándole palmaditas en el hombro. "Perdóname, Kagome," murmuró. "Quiero que mi hijo sea feliz, a pesar de lo que él piense. Estoy seguro de que lo que sea que dijo fue un estúpido intento de hacer a un lado sus sentimientos por ti. Pensó que iba a unirse a otra mujer. Anoche le dije que debería elegirte a ti, pero se negó por el bien de nuestras tierras."
"Entonces… no me quiere. Tal y como dijo," logró decir.
Toga suspiró. "Hay muchos que podrían enfadarse, lo admito, pero se rindió demasiado fácil. Tiene miedo por ti, no por sí mismo, Kagome. Lo dejé pasar entonces porque pensé que quizás tendría razón. Pero cuando os vi en el jardín me di cuenta de mi gran error. Y el suyo. Eres demasiado fuerte, incluso para una compañera youkai. Se dará cuenta de ello." Escuchó cómo sus sollozos comenzaban a disminuir. "Kagome, ¿tomarías a mi hijo como su compañero?"
Ella aspiró por la nariz. "Yo…" Se detuvo y se apartó del taiyoukai, frotándose los ojos y rodeando sus rodillas con el brazo. "Ni si quiera estoy segura de que lo ame," murmuró.
"¿No lo haces?" preguntó Toga con gentileza.
Kagome respiró profundamente. Recordaba morir, a Midoriko inclinada sobre ella y a Sesshoumaru acercándose a su cuerpo caído. Había preocupación en sus ojos. Se había arrodillado junto a ella y había tratado de reconfortarla. Y aunque sabía que no era posible recordar nada de su viaje para salvarle la vida, creía recordar sentirse segura, querida y calentita. Él era el único que quería ver. Y él fue quien vino a por ella.
Pero también recordó lo que le dijo mientras moría, sus palabras disculpándose por cosas que no iban a pasar hasta dentro de trescientos años. Casi había revelado una parte importante del futuro de Sesshoumaru, sólo porque se estaba muriendo. Si lo quería, le contaría todo.
"No puedo amarle," contestó.
Toga frunció el ceño. "No comprendo. ¿Te peleaste con él porque no te elegiría como compañera y ahora lo rechazas de todos modos?"
"Sí," respondió Kagome, derrotada.
"¿Por qué? ¿Es porque no te sientes cómoda con el que esté preguntando por él?" Pausó. "Admito que no estoy familiarizado con los rituales de cortejo de los humanos, pero me parece que los padres frecuentemente ayudan a sus hijos a conseguir compañero."
"No es eso. Tampoco es el hecho de que me haya dicho cosas tan crueles. Sé que está enfermo y que solamente intenta protegerse a sí mismo y a su reino." Suspiró y volvió a quitarse las lágrimas. "No dijo nada que no me esperase. Intentaba conseguir una excusa para odiarle."
Toga alzó una ceja. "Eres la primera en necesitar una excusa."
Kagome sonrió suavemente y reposó la barbilla contra sus brazos. "Sólo lo conozco, realmente conozco, desde hace un par de días. Es muy extraño que considere abandonar mi vida para quedarme aquí con él."
"Así que lo elegirías como tu compañero," respondió Toga.
"Sí," dijo ella inmediatamente. Puso una mano sobre su pecho, encima del frasco que guardaba los fragmentos bajo su kimono. "Pero no puedo. Tengo otros deberes. Cuando me ayude a volver a casa, no podré volver. No puedo volver y no puedo quedarme aquí."
"¿Así que este rechazo es por el bien el corazón de mi hijo?"
"Y el mío," murmuró Kagome.
Él suspiró con pesadez. "Así que ambos rechazáis por cumplir otras obligaciones."
"No es tan sorprendente," dijo la chica. "Las sacerdotisas suelen morir solas. Éste es el porqué. Por favor, entiende que todo sería muy diferente si fuese otra persona."
"Si fueras otra persona, Sesshoumaru no te desearía tanto," replicó Toga con una sonrisa sombría. Respiró hondo mientras ella bajaba la mirada. "Muy bien. Lo comprendo, aunque no estoy del todo seguro que esté de acuerdo. ¿Pero qué puedo saber yo? Simplemente soy un demonio."
"Gracias," respondió mientras el taiyoukai se ponía de pie.
Toga sonrió. "No he hecho nada más que meterme en los asuntos amorosos de mi hijo en los últimos días, y me estás dando las gracias. Me siento menos como demonio y más como la cotilla del pueblo."
"Adora a su hijo. Es merecedor de agradecimiento," dijo Kagome. Suspiró y miró fijamente a la pared blanca.
Volviendo a ponerse serio, el taiyoukai le tendió la mano a la chica. "Vamos, mi querida joven. Cena conmigo y mis invitados. Alejará tu mente de estas cosas. No es saludable tener que sufrir así."
Kagome pausó un momento antes de tomar su mano.
A alguien más le recuerda el mensajero de Ryukotsusei al escriba aquel de Mulán que asignan a vigilar al general Shang? La autora no comenta nada de eso, pero estoy casi segura que pensaba en ello cuando escribió al personaje.
