He vuelto! Sé que he tardado 6 meses, pero como dije en el anterior capítulo, había empezado el nuevo curso y me absorbe la vida. Además tengo muchos proyectos comenzados y sigo empezando otros, y no me da la vida.

Lamento la demora y gracias por todos los comentarios, favoritos y demás. Me animan a seguir este proyecto que ya lleva 5 años.

¡Gracias!


El Taiyoukai del Pasado y del Futuro.

Capítulo 10: Lobos a las puertas.

"Mi lady, está usted preciosa."

Kagome alzó una mano hacia su cabello, el cual estaba adornado con una peineta dorada. Estaba segura de que estaba vestida con ropas dignas de una princesa. Estaba sorprendida de lo mucho que un buen baño y un kimono delicado eran capaces de hacer con su aspecto. Nadie sabría que había estado llorando como una magdalena un par de horas atrás. Se preguntó qué diría Sesshoumaru si la viese. Suspiró.

"¿Sucede algo, mi lady?" preguntó la joven sirvienta.

"No, estoy bien," respondió Kagome. No quería hacer esto. No le interesaba cenar con los invitados de Toga. Pero a su vez sabía que probablemente la animaría tener compañía y buena comida. "¿Sabes cuándo estará lista la cena?" hubo un ruido en el pasillo y se giró. Sesshoumaru en teoría debería estar en la cama. ¿Se sentiría mejor? Toga dijo que no estaría presente en la cena.

"Pronto, mi lady."

Kagome volvió a mirarla. "¿Hmm?"

La mujer demonio alzó una ceja. "Estaba respondiendo su pregunta, mi lady. He dicho que la cena estará lista pronto."

"Oh, lo siento. Perdí toda la concentración por un momento."

La sirviente presionó sus labios rosados en una final línea. "Sí, mi lady. Sin ánimo de ofender, pero ha estado distraída toda la tarde. ¿Está usted bien? ¿Está segura de que quiere ir a cenar esta noche?"

"Estoy bien." Estaba distraída. Cenar era lo último en su mente ahora mismo. Lo que realmente quería hacer era ir a donde Sesshoumaru, llenar su rostro de besos y prometerle de que se quedaría con él, si se lo permitía.

Kagome suspiró con suavidad. Cada vez que peleaba con Inuyasha, echaban humos por separado hasta que uno de ellos se sintiese culpable y se disculpase. Bueno, hasta que ella se disculpase. El modo de Inuyasha de hacer las paces era decir algo estúpido y de mala gana, lo que normalmente la ponía de mal humor otra vez. Pero pelearse con Sesshoumaru…. Todo lo que sentía era un profundo dolor en la punta del estómago, a pesar de las palabras de Toga de esa tarde, y a pesar de saber que Sesshoumaru dijo esas cosas para protegerla. Todavía sentía litros de lágrimas por llorar detrás de los ojos.

Se parecía mucho a cuando huyó de Inuyasha, aquella vez que lo encontró en los brazos de Kikyo. Fue hace mucho tiempo, bastante cerca de cuando llegó a la Era Feudal, pero recordaba el dolor. Y recordaba las palabras que le había dicho su madre bajo el Árbol Sagrado.

Había simplemente aceptado la situación entonces. Había un competidor por las atenciones de Inuyasha con el que Kagome no podía competir. Lo había entendido. Mientras pudiese estar junto a Inuyasha, lo había aceptado y entendido.

Pero este no era el mismo caso. Pronto tendría que irse. No podía aceptar las cosas tal y como eran. Con Inuyasha, había esperanza. Con Sesshoumaru, sólo recuerdos.

Quería ir con él, a perdonar y pedir perdón, pero resistió la tentación. Sólo acabaría con lágrimas. Podría esperar a después de la cena. Aun así, debería alejarse de la tentación.

"Voy a bajar al comedor antes."

La sirviente inclinó la cabeza mientras Kagome se dirigía a la puerta y salía de la habitación. Al otro lado del pasillo, unos guardias estaban de pie a ambos lados de las puertas de la habitación de Sesshoumaru. La miraron fijamente con expresiones sombrías. Kagome sonrió tristemente. Si Sesshoumaru realmente quisiera escapar de su habitación de nuevo, esos guardias no presentarían un reto. Un batallón entero tampoco lo haría. Toga probablemente estaba minimizando las pérdidas al poner sólo dos.

Pero por ahora, el lado de Sesshoumaru del pasillo estaba tranquilo y ella se dirigió escaleras abajo hacia el comedor. Los sirvientes ponían la mesa, mirándola con sorpresa cuando hubo llegado a la habitación.

Se dirigió al otro lado de la habitación y abrió las puertas, revelando un pequeño patio interior. "Oh, lo siento," murmuró al ver que ya había alguien sentado en el pequeño banco.

Una mujer alzó la cabeza y la miró. "Está bien. Sólo estaba esperando que empezase la cena." Se levantó e inclinó ligeramente la cabeza. "Debes de ser Kagome, la invitada de Toga-sama."

"Sí, lo soy." Sonrió sintiéndose incómoda. "Me temo que Toga-sama no me dijo los nombres de sus otros invitados."

"Yo soy Gen," dijo la mujer dando un paso hacia la luz de la luna para enseñar su rostro. Era morena y de ojos oscuros, con la piel tostada, como si pasase sus días bajo el sol. Pero fue su cola y las pieles sobre sus hombros en lo que Kagome se fijó.

"¿Eres… un youkai lobo?" preguntó.

Gen asintió pareciendo un poco perpleja. "Estoy aquí con mi compañero, el príncipe del clan lobo del Oeste, Hotaka."

Kagome inspiró hondo. "¿Tenéis hijos?"

"Uno. Un hijo. Ha venido con nosotros así que lo conocerás pronto."

Su corazón latía rápidamente dentro de su pecho. "¿Cuántos años tiene? ¿Cuál es su nombre?"

Gen sonrió suavemente, contenta de hablar de su hijo. "Tiene treinta años. Más o menos tres en años humanos. Y su nombre es Koga."

Kagome se sintió repentinamente débil, aunque sabía ya de antemano lo que Gen iba a decir. Koga. Un niño. El mero pensamiento pasó por su mente a toda velocidad haciéndole sentirse mareada. Necesitaba sentarse un momento, pero en vez de eso sonrió. "Es un nombre encantador."

"Hotaka lo eligió. Era el nombre de su padre." La mujer salió del patio y se adentró en el pasillo que lo rodeaba. "Mi compañero está deseoso de conocerte. Nunca ha visto de cerca a una miko que no quisiera…" se detuvo y se sonrojó.

"¿Matarle?" sugirió Kagome. Rió con suavidad. "Está bien. Estoy acostumbrada a ello."

Gen asintió. "Me alegro. Hotaka probablemente saque el tema. Tiene miedo de las miko."

Las mujeres rieron juntas y Kagome decidió que le gustaba esta mujer. ¿Cómo se había convertido Koga en una criatura tan descarada? Gen era bastante tímida. Sólo había otra posibilidad.

"¡Gen! ¿Dónde estás?"

"Aquí, querido," dijo de vuelta la demonio.

Otra puerta se abrió y un demonio lobo ancho y fornido apareció por ella con una pequeña criatura tambaleándose alrededor de sus pies. Era Koga, la perfecta versión en miniatura del futuro amigo y pretendiente, incluida la sonrisita en su rostro infantil. "El crío me está poniendo de los nervios. ¿Qué diantres le das de comer?" preguntó el padre mirando hacia el niño mientras Koga corría hacia su madre.

"Le doy lo que un niño en crecimiento necesita," respondió Gen con una sonrisa indulgente. "Mi lord y compañero, te presento a Lady Kagome, la invitada de Toga-sama."

Hotaka se dio la vuelta, sus ojos abiertos como platos. "Mierda."

"¡Hotaka!" lo regañó Gen cubriendo las orejas de su hijo.

El príncipe lobo sonrió avergonzado, frotándose la nuca. "Lo siento, cariño."

Kagome observó a la pareja mirarse mutuamente con ojos llenos de entendimiento y cariño, haciendo que el corazón de la miko se encogiese de forma dolorosa. "Encantada de conocerle, Príncipe Hotaka," dijo ella con suavidad.

Él la miró fijamente y sonrió. "No utilices "príncipe". Eso solamente lo usan dentro de mi clan. Para el resto soy Lord Hotaka y ni siquiera tienes que usar ese título, mi lady."

"Sólo si tampoco me llamas por el mío," respondió.

Él asintió. "De acuerdo. Kagome. ¿Cómo has conocido al bastardo de mi amigo?" preguntó con una risita.

"En realidad, me encontré con el hijo de Toga-sama cuando tuve unos problemas y él me ayudó. Y nuestro camino nos ha guiado hasta aquí," dijo.

Gen y Hotaka alzaron una ceja. "¿El lord Sesshoumaru te ayudó?" preguntó el demonio. "Bueno, quién lo habría adivinado; el mocoso tiene un corazón después de todo. Aunque claro, ¿quién no ayudaría a una chica tan bonita, humana o no?"

"Aun así," intervino Gen, "nunca he escuchado nada de que Sesshoumaru-sama haya ayudado a nadie antes. Debes de haber dejado una gran impresión en él."

Hotaka soltó una carcajada estruendosa. "Gen, estás avergonzando a la niña."

Kagome intentó que el color dejase de venir a sus mejillas. ¿No debería tenerle miedo? Bueno, al menos había acertado de dónde venía la descarada personalidad de Koga.

Gen le dio un ligero empujón a su hijo. "Ve a saludar a Kagome."

La chica observó cómo su amigo andaba hacia ella, alzando la cabeza para poder mirarla a la cara. "Hola, Kagome. Soy Koga." Dijo en su vocecita infantil con una pequeña inclinación. Kagome casi se echa a reír.

"Hola, Koga. ¿Vas a cenar con nosotros?"

Él asintió. "Hueles raro."

Gen se tapó el rostro mientras Hotaka parecía algo enfadado. Pero en cambio Kagome sonrió. "Soy humana. ¿Nunca antes habías conocido a uno?"

"Nuestros lobos se los comen de vez en cuando."

Kagome hizo una pausa. Sabía eso, por supuesto. Koga un día amenazaría con dejar que esos mismos lobos se la comiesen en el futuro. Supuso que las cosas tampoco eran muy diferentes para él. "Oh."

Koga abrió la boca de nuevo, pero fue interrumpido por su padre. "Crío, si vuelves a decir algo estúpido te voy a dar un golpe en la cabeza. Sé que tu madre te ha enseñado modales, así que no tienes excusa." Le dio a la chica una sonrisa sin mucho entusiasmo. "Gen es muy buena con él, pero quizás no debería dejarle tanto por su cuenta, ¿no crees?"

Kagome sonrió de nuevo. "Está bien. Es bastante mono." Y salvaje, añadió mentalmente mientras miraba a Koga sonreírle. Sus colmillos ya eran bastante afilados.

Una sombra se cernió sobre su hombro y se giró para encontrar a Toga en la puerta. "Veo que ya os habéis conocido. ¿Listos para cenar?"

"¿Es un humano?" preguntó Koga lamiéndose los labios. Soltó un chillido cuando su padre lo agarró por las orejas.

Toga arqueó una ceja, pero sonrió de todos modos. "Me aseguré personalmente de que tu comida estuviese casi cruda, pequeño príncipe," dijo.

"No le des alas," dijo Gen con una risita mientras volvían dentro.

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La cena fue bien, aunque Kagome pronto se dio cuenta de que Gen era demasiado tímida para ella. Estaba acostumbrada a Sango y a los chicos, y la suavidad del comportamiento de Gen era agotador. Hotaka, por otro lado, contaba con suficientes chistes desagradables and personalidad burda y tosca como para suplir por ambos. Le recordaba vagamente a Inuyasha, si el hanyou tuviese mejor sentido del humor.

Cuando acabaron el primer plato, Koga se pegó a ella, preguntando cuántos demonios había matado e informándole de sus planes para ser el lord lobo más grande de la historia. Incluso le habló de sus dos amigos, dos hermanos llamados Ginta y Hakkaku. Kagome sonrió cuando escuchó sobre ellos, quienes ahora sabía que eran dos años más jóvenes que Koga. Era algo de lo que el chico estaba muy orgulloso.

La mantenía riéndose. Kagome decidió que Koga era mucho más divertido cuando no estaba obsesionado con ella. Quizás algún día le recordaría este primer encuentro. Sonrió al pensar en su reacción.

Pero pronto Koga comenzó a bostezar y Gen lo colocó en sus brazos, dando buenas noches, y llevándose a su hijo a la cama. Kagome se quedó con los dos hombres. Toga ya no sonreía.

"Mi hijo y Kagome se encontraron con unos lobos algo al norte de aquí," dijo con suavidad, pero con un deje peligroso. "Tuvieron que matarlos después de ser atacados. ¿Echas a alguien de menos?"

La mandíbula se Hotaka se encajó. "No. ¿Por qué demonios irían a por tu hijo y una miko?"

"No lo sé, y has estado muy callado esta noche, Hotaka. Solamente me preguntaba si hay algo mal, amigo mío."

Kagome alzó una ceja. ¿Esto era Hotaka cuando estaba muy callado? Con razón Gen estaba tan contenta de hablar con ella. Su compañero nunca cerraba la boca.

"No pasa nada malo con mi tribu," dijo Hotaka a la defensiva.

Toga tamborileó la mesa con sus garras y esperó pacientemente.

El lobo se removió en su asiento sintiéndose incómodo. "De acuerdo, quizás haya habido ciertos problemas en el norte. Ninguno de los míos, que lo sepas. Pero está poniendo a todo el mundo jodidamente nervioso. Las tribus del Norte han perdido al menos diez de sus mejores guerreros. Ya sabes, los grandes y enormes brutos y los listos y veloces. Los mejores. Nos hace preguntarnos qué está pasando. Pero yo no lo sé. He intentado averiguar algo, pero están todos muy a la defensiva. No van a hablar."

Toga frunció el ceño. "Ya veo." Los golpecitos pararon y se echó hacia atrás. "Supongo que no es problema mío. Las tribus del norte no son mías. Pero estos lobos estaban en el borde de mi territorio y atacaron a mi hijo."

"Ni se me habría ocurrido que incluso los más estúpidos fuesen suficientemente estúpidos como para intentarlo," murmuró Hotaka. "Lo siento, Toga, pero no sé nada sobre ello. Me gustaría que fuese al contrario."

El taiyoukai lo estudió unos momentos, asintió y se levantó. "Está bien, amigo. Lo comprendo. Hablaremos mañana."

El lobo sonrió. "Eso espero." Hizo una inclinación hacia la miko. "Buenas noches, Kagome. Encantado de conocerte."

"Igualmente," respondió mientras se despedía a su vez.

El taiyoukai lo observó marcharse. "Algo no está bien," murmuró.

La chica alzó la vista hacia él. "¿Sobre qué? ¿Crees que estaba mintiendo?"

"No. No pienso eso. Hablaré con él mañana otra vez, sólo para asegurarme." Toga bostezó, sorprendido consigo mismo. "No me extraña que me esté quedando dormido. Parece ser bastante tarde."

Kagome sentía la pesadez en sus miembros de igual modo y asintió. "Lo es." Se mordió el labio. "Iba a hablar con Sesshoumaru esta noche, pero creo que puede esperar."

El general perro frunció ligeramente el ceño. "Sí, definitivamente. Sesshoumaru está más desagradable cuanto más tarde lo molestes."

La chica estiró su cuello rígido y sonrió. "Entonces puede esperar. Buenas noches, Toga."

"Buenas noches."

Se dirigió lentamente hacia su habitación, arrastrando los pies con cada paso. Se horrorizaba ante la perspectiva de lo que iba a tardar en quitarse toda la ropa y soltarse el pelo, y se prometió una buena noche de descanso hasta la mañana siguiente. ¿No sería genial? Para alguien que no iba a clases, rara vez se levantaba tarde y quería aprovechar la oportunidad.

Justo cuando llegó a lo alto de las escaleras, escuchó pasos a su espalda. Se giró y vio a un guardia enorme con la armadura completa cargando escaleras arriba, obligándola a aplastarse contra la pared para evitar ser atropellada. Pasó de lago de ella sin dirigirle la mirada y corrió hacia los guardias vigilando la puerta de Sesshoumaru al fondo del pasillo. Después de unos susurros apresurados, los tres guardias se giraron y se fueron en la otra dirección, pasillo abajo.

Kagome frunció el ceño. "Qué raro," murmuró, pero estaba demasiado dormida como para importarle.

Se arrastró hasta su habitación, encendió la lámpara de aceite junto a su cama y comenzó a quitarse las joyas que Toga tan amablemente le había dejado. Sospechaba que habían pertenecido a la madre de Sesshoumaru. Eran antiguas y delicadas, añadiendo detalles de oro y jade a su kimono de seda. Además, el kimono probablemente era también de la madre de Sesshoumaru. No lo había pensado antes, ¿pero de qué otro modo tendría entonces Toga ropa de mujer? Era raro.

Igualmente, podría pertenecer a alguna de las amantes de Toga. Kagome sintió un escalofrío. Prefería la primera opción, muchas gracias. Toga era un demonio bien parecido, pero era el padre Sesshoumaru, después de todo. Y de Inuyasha. Y no podía dejar de pensar en él como si estuviese muerto en el fondo de su mente, incluso cuando estaba sentado justo frente a ella. Era bastante traumático, saber que este gran demonio pronto estaría muerto. Estaba deseosa de salir de este sitio. Por muy maravilloso que fuese, hablar con Toga le pesaba en el corazón. No podía ayudarle y quería hacerlo con muchísimas ganas.

Suspiró y alzó una mano hacia su cabello, tratando de quitarse la peineta de oro. "Auch, hijo de…" Metió los dedos entre sus cabellos sedosos, frotando en las raíces donde los dientes de la peineta habían arañado la piel. Los sirvientes la habían clavado bien.

Su lámpara de aceite se apagó, sumiéndola en la oscuridad.

Kagome frunció el ceño y se dirigió a su puerta, abriéndola para que alguna luz del pasillo entrase. Pero afuera también estaba oscuro. Dio un paso hacia afuera, pero sus ojos no eran capaces de distinguir nada en la oscuridad, incluso después de dejar que se ajustasen a ella.

Se encogió de hombros, pensando que quizás una brisa muy fuerte habría pasado por el pasillo, y se giró hacia su habitación. Solamente tenía que encenderla en la oscuridad. No era tan difícil.

Unas pisadas resonaron por el pasillo de nuevo y se metió en su habitación justo a tiempo para evitar ser arrollada. "¿Lady Kagome?"

"¿Sí?" Preguntó, pero todavía era incapaz de ver nada.

Hubo un suspiro de alivio. "Oh, bien, mi lady, está aquí. Por favor permanezca en su habitación. El castillo entero está a oscuras. No queremos que se haga daño."

Kagome frunció el ceño ante el deje tembloroso en la voz del guardia. "De acuerdo," dijo sorprendida ante la idea de un apagón en la era feudal, pero no tenía ganas de salir de la habitación de todos modos. "Esperaré aquí."

"Gracias, mi lady," dijo el guardia y entonces se fue pasillo abajo junto a los que habían pasado de largo. Escuchó con atención mientras el sonido desaparecía en la oscuridad. Volvió a su habitación.

"Kagome."

El susurro mandó un escalofrío por su espalda. Sonaba lejano, pero, aun así, juraría que podía sentir la respiración de alguien en la nuca. Observó la oscuridad fijamente, no estando segura de en qué dirección estaba mirando. "¿Hola?" dijo. "¿Hola?"

Nada se movió y nada hizo ningún ruido. Kagome se giró otra vez hacia su habitación, sintiéndose algo asustada y lista para meterse bajo las sábanas. Pero primero, tenía que encender una luz. Alargó la mano y encontró la mesita junto a la cama con la lámpara, pero esta no se encendía por más que lo intentase. Gruñó en frustración.

Una luz se encendió a su espalda. Observó por encima del hombro encontrándose una luz solitaria suspendida en el pasillo, casi exactamente en paralelo a su puerta. Se tragó el miedo y decidió que era mejor tener esta luz que ninguna, por lo que volvió al pasillo y dentro del haz de luz que ofrecía la lámpara.

Alguien la agarró y la giró, sujetándola contra la pared bajo la luz. Ella chilló e intentó soltarse.

"¡Kagome!"

La chica abrió los ojos, no recordando cuándo los había cerrado. Gen estaba delante de ella, apretando sus brazos con tanta fuerza que Kagome sabía que dejaría marcas. Su rostro estaba frío y pálido, una vasta diferencia a esa misma tarde. "¿Gen?" preguntó. "¿Estás bien?"

La demonio lobo negó furiosamente con la cabeza, sus ojos mirando hacia todas partes. "Debería habértelo dicho. ¡Lo siento mucho, Kagome! ¡Lo siento!"

"¿Decirme qué?" preguntó Kagome asustándose al sentir las garras de la loba a través del kimono. "¿Por qué lo sientes?"

"Es culpa mía," susurró Gen. "Yo era la que quería venir. ¡Y no debería haberlo hecho!" comenzó a llorar, gotas gordas cayendo desde su nariz y goteando hacia la oscuridad alrededor de sus pies. "¿Qué será de él? ¡Oh, mi pequeño! ¿Qué será de Koga?"

"¡Gen!" gritó Kagome. "¿Qué ocurre?"

La otra dejó de sacudirse por un momento y miró fijamente a Kagome a los ojos. "Lo he visto. Estaba fuera haciendo la ronda, mucho tiempo antes de unirme con Hotaka. Y él necesitaba ayuda. Estaba cubierto de lo que parecía alquitrán negro y exhalaba humo oscuro. ¡Humo que se removía en el suelo, pero nunca se disipaba en el aire! Me pidió ayuda y yo tenía tanto miedo. ¡Siempre tengo miedo! ¡Lo siento! ¡No pretendía que pasara esto!"

"¿De qué estás hablando? ¿Gen?"

Gen gimió cerrando los ojos. "Oh. Oh. Oh… está aquí. Por fin ha venido a por mí. Dijo que lo haría. Dijo que mi tribu estaba maldita porque me negué a ayudarle. Cometí un grave error… ahora todos están desapareciendo. Yendo hacia él. Y ahora es mi turno."

Kagome frunció el ceño. "¿Tu tribu? Gen, ¿eres de la tribu del Norte?"

Ella miró hacia la miko, sus ojos bien abiertos en terror, y soltó sus brazos. "Soy la única que lo sabe," murmuró. "Es por eso."

Hubo un sonido apresurado, como el de cientos de pájaros echando a volar al mismo tiempo. Gen gritó y de repente estaba desapareciendo en la oscuridad, sus brazos alargados hacia Kagome. Gritaba y gritaba y aunque Kagome intentó sujetarla, no logró tocar nada más que aire.

"¡Gen!¡Gen!" chilló.

La loba soltó un último quejido mientras la luz reflejada en sus ojos desaparecía en la oscuridad. Kagome soltó un quejido propio y se apretó contra la pared bajo la única luz que alumbraba el pasillo. No podía moverse, aunque el sonido había parado tan pronto como Gen se había ido.

Kagome quiso gritar pero estaba petrificada del miedo. Se deslizó pared abajo y se mantuvo ahí unos segundos, minutos, horas. No sabía cuánto y tampoco le importaba. Y cuando manos fuertes la tomaron por los brazos y la pusieron de nuevo de pie, apenas pudo quejarse en protesta.

"¿Kagome? ¿Estás bien?" Ojos dorados aparecieron en la oscuridad.

"¿Sesshoumaru?"

Ella se sintió apretada contra su pecho. "No, es Toga. Kagome, ¿qué has visto?"

"¿Dónde está Sesshoumaru?" preguntó mirando a todas partes. Sólo había dos guardias y parecían cansados y derrotados.

Toga negó con la cabeza. "Está bien. Está en el patio esperando por nosotros." Frunció el ceño y se acercó a ella. "¿Qué has visto, Kagome?" preguntó de nuevo.

"Gen… ha desaparecido. Se la llevó la oscuridad. Estaba gritando." La miko presionó sus manos contra sus oídos. "Estaba diciendo muchas cosas aleatorias. No me podía creer que fuese ella. Y no pude ayudarla, por más que intentase…"

"¿Viste lo que se la ha llevado?" Color rojo comenzaba a pintar el dorado de sus ojos.

La miko soltó un quejido y el rojo desapareció. "No. No vi a nadie con ella. ¡Parecía tan asustada!" lloriqueó, aunque no pudo derramar ninguna lágrima. Seguían congeladas dentro de ella.

El ceño de Toga se profundizó. "Debería haberme dado cuenta de que era ella."

Kagome se sorbió la nariz y lo miró. "¿A qué te refieres? ¿Crees que estaban en problemas?"

"Sólo puedo hacer conjeturas, Kagome. Estaban ambos muy callados. Pensé que era Hotaka, pero no me mintió cuando dijo que no sabía nada. No pensé que era Gen la que tenía problemas." Suspiró. "¿Qué dijo?"

"Dijo que era su culpa. Habló de un demonio que conoció antes de unirse a Hotaka. Pero eso debe de haber sido hace mucho tiempo."

El taiyoukai frunció el ceño. "Sí, lo es. Probablemente estaba confundida por el miedo." Alargó el brazo y cogió la lámpara de aceite que estaba sobre su cabeza y la puso en sus manos. "Vamos, tenemos que sacarte de aquí, Kagome."

Ya habían empezado a correr pasillo abajo cuando algo en el cerebro de Kagome hizo la conexión. "¿Estás haciendo que me vaya? ¿Ahora?"

"No es solamente tú. Koga también tiene que irse."

"¿Volveré algún día?" Antes la idea de dejar el palacio la había calmado y ahora la aterrorizaba. No quería irse. No de este modo.

Él presionó los labios en una fina línea. "Ya veremos," murmuró después de un momento.

"No comprendo, ¿dónde está Hotaka?"

Toga titubeó. "Kagome, él también ha desaparecido. Lo oí gritar. Y después sólo había sangre. Por eso he venido a buscarte, sabía que estarías en peligro."

"¿Ha muerto?" chilló. "Pero eso es imposible."

El taiyoukai respiró hondo y se estabilizó. "Era un buen amigo. Ambos lo eran. Me gustaría que no fuese cierto, pero ni siquiera Hotaka podría sobrevivir habiendo perdido tanta sangre."

"Lo siento muchísimo, Toga," murmuró. Koga se había quedado huérfano. Su corazón lloraba por el niño. Había visto en la cena cuánto adoraba a su madre y a su padre.

"Desafortunadamente, estoy acostumbrado a perder tanto amigos como subordinados," dijo con voz sombría. Le dio una mirada rápida. "Debes darte prisa, Kagome. Aunque esté acostumbrado a ello no estoy dispuesto a perder otro amigo."

Sus ojos se giraron hacia él. "¿Qué? ¿Crees que esa cosa va a por mí?" ella preguntó.

El perro en general sacudió la cabeza. "No sé. Pero pienso que hay una conexión con tantos lobos por todas partes. Creo que Gen vino aquí para verte a tí." Vio su expresión de perplejidad a la luz de la lámpara y suspiró. "Espero que me equivoque. Es sólo un sentimiento, pero un perro confía siempre en sus instintos y yo confío en éste. Tienes que salir de aquí."

"Pero me siento más segura aquí", protestó. "¿Y qué pasa con mis cosas?" Ella trató de girarse, esperando que se calmara y repensar todo esto.

La agarró con firmeza, impidiéndole avanzar. "Sesshoumaru va a ir contigo. Un sirviente está empacando tus cosas y nos esperará en el patio. Por lo menos, Kagome, eres es la única persona en quien confío para llevar a Koga de vuelta a su tribu. Alguien tiene que hacer eso. Es el príncipe ahora y necesita protección. Si estoy equivocado acerca de que estés en peligro, te daré la bienvenida con los brazos abiertos de nuevo. Pero hasta entonces, este castillo es sólo una trampa donde el enemigo puede encontrarte con facilidad ".

"¿Y quién es este enemigo?" Gritó Kagome. "¡Me estás enviando lejos y no sabemos nada todavía!"

Toga asintió. "Lo sé, Kagome. Pero tienes en tus manos la única luz en el castillo. Y estaba encendida a tu lado." Se detuvo y frunció el ceño. "Eres es una miko poderosa con un poderoso artefacto colgando alrededor de tu cuello. Nada es casualidad si tiene que ver contigo. Tal vez no era Gen quien te estaba buscando, sino la criatura que la mató. No me gusta en absoluto. Estarás más segura cuando estés fuera de este lugar ".

Kagome vio el miedo en sus ojos y cedió. A Toga, al igual que sus hijos, no le gustaba estar en la oscuridad. El enemigo - fuera lo que fuera - podía verlos mientras ellos no podían verle. "Está bien," murmuró, tratando de calmarse.

"Bien. Escucha, cuando llegues a la tribu de los lobos diles que eres mi mensajero. No te harán daño." Él frunció el ceño ligeramente. "Y si lo intentan, Sesshoumaru estará allí."

"¿Por qué querrían hacerme daño?" ella preguntó.

El taiyoukai suspiró. "Los lobos son notoriamente superiores. Por eso me gustaba tanto Hotaka. De hecho, era uno de los lobos menos egoístas con los que he tratado." Soltó una leve sonrisa llena de ironía, pero se desvaneció rápidamente. "A pesar de que el liderazgo se supone que pasa de padres a hijos, no es desconocido para los lobos matar a un líder que es considerado débil o incompetente."

Kagome se lo quedó mirando. "Pero eso es horrible. ¿Matarían Koga solo porque es un niño?"

"Es un instinto de manada. Un lord débil sólo conducirá la manada al hambre, la guerra y la muerte. Espero que le den la oportunidad de probarse a sí mismo a medida que crece. Hotaka tenía varios hermanos que liderarán hasta que Koga tenga edad suficiente para tomar el relevo. Sólo espero que el hermano que tome el poder esté dispuesto a devolverlo cuando llegue el momento". Suspiró de nuevo y la miró. "Pero eso es un largo camino por recorrer. Tu único trabajo es entregar al niño y dejar claro que voy a apoyar posición de Koga en el liderazgo de la manada. Cualquier cosa después de eso ya depende de ellos."

La Miko trató de calmarse sabiendo el hecho de que Koga algún día lideraría la tribu, sin embargo, el temor de su muerte comenzó a pesarle en la boca del estómago. Una vez más se preguntó si este era el destino, o si ella estaba cambiando el tiempo mismo. Se sintió enferma. "¿Cuánto tiempo debo quedarme para asegurarme de que está a salvo?" preguntó.

"No te sorprendas si toman al niño y luego te piden que te marches. Querrán llevar a cabo los ritos funerarios para Hotaka y Gen. No les gusta que haya extraños presente. La tribu del oeste ha sido uno de mis aliados más cercanos durante todos los problemas que he tenido en mis tierras, y nunca he visto el funeral de un lobo. No lo tomes como algo personal".

Kagome asintió. No tenía ningún deseo de entrometerse en una ceremonia privada.

"Dudo que el niño entienda," dijo en voz baja Toga al doblar una esquina. "Sólo entrégalo sano y salvo a alguien de la tribu del Oeste. Llevan pieles marrones. Cualquier persona con pieles blancas o grises es de otra tribu y no es de fiar. Esos sólo le alían entre sí cuando es necesario. Estarían contentos de hacerse con el príncipe como moneda de cambio. Recuerda eso". Puso una mano en la puerta, pero no se movió y esperó su respuesta.

"De acuerdo. Estará a salvo."

Toga asintió. "Sí, lo sé."

Abrieron las puertas al patio delantero y Kagome se echó hacia atrás, los ojos muy abiertos.

El taiyoukai le dio una triste pero orgullosa sonrisa. "Nunca habías visto algo así, ¿verdad?"

Ella negó con la cabeza a pesar de que era una mentira. Pero su corazón latía con fuerza, a pesar de que esta era la segunda vez que lo había visto así. "Hermoso," susurró ella sin poder evitarlo. Por un momento, los horrores vividos esa noche se esfumaron de su mente.

Sesshomaru se puso de pie en el patio, en su forma de demonio completo, moviendo la cabeza y gruñendo. Oh, era aterrador. Sus ojos rojos recorrieron el borde del patio y se posaron sobre ella cuando finalmente salió del castillo. Su rugido se hizo más fuerte y ella no estaba segura de si estaba saludándola o si seguía enfadado por la pelea de esa mañana. Aunque esta se sentía como si hubiese sido hace un millón de años ahora que contemplaba su forma blanca como la nieve.

La última vez que lo había visto así él había infundido tal miedo en ella que no podía dejar de temblar incluso ahora. Era un poco más pequeño de lo que sería en el futuro, pero aún así mucho más alto que el techo del castillo y sus gruñidos hacían temblar de tierra. No por primera vez, Kagome lamentó el que Inuyasha tuviese que herir a su hermano tan gravemente. Aunque era hermoso en su forma usual, era magnífico con esta. Magnífico y peligroso. No pudo evitar sonreírle.

"No puede hablar en esta forma", dijo Toga. "Al menos no en un idioma que puedas entender. Pero él entenderá todo lo que dices."

Kagome finalmente apartó la mirada del demonio perro más joven. "¿Nos va a llevar?"

Toga asintió. "Por supuesto. Es la manera más rápida. Estarás allí antes de la mañana."

"¿Se siente suficientemente bien?"

El taiyoukai tomó una bocanada de aire. "Debe estarlo. El niño tiene que ser llevado a casa. Pero si empieza a jadear, dile que vaya más lento. Dile que se detenga. Su mente sigue aquí, pero sus instintos animales son más fuertes en esta forma y se intentará resistir ".

Dos criados se acercaron a ellos. Uno de ellos llevaba el cuerpo durmiente de Koga. El otro portaba la mochila amarilla de Kagome, hasta arriba de ropa que no era suya. Quiso protestar, pero la verdad era que no tenía nada más que ponerse además del kimono formal que tenía en este momento. Tendría que aceptar su caridad, aunque murmuró un gracias de corazón mientras deslizaba la bolsa sobre los hombros.

"No va a despertar en un buen rato, mi lady," susurró el otro sirviente mientras le pasaba el chico a los brazos de Kagome. "La noche ha sido un poco mucho para él."

Kagome asintió, metiendo la cabeza del niño bajo la barbilla. Se sentía extraño estar así. Habría pensado que era imposible sentirse maternal con un niño que crecería para declarar su amor por ella. Tal vez por eso ella nunca podría amarlo, pensó irónicamente. Tal vez podría explicárselo a él algún día. Sólo esperaba que no le echase la culpa de todo lo que había sucedido esta noche. "¿Sabe lo de sus padres?" ella preguntó.

"Sí", respondió Toga. "Pero como he dicho, no creo que lo entienda. Su tribu será capaz de explicarlo mejor. La mejor opción es dejárselo a ellos."

Ella asintió de nuevo y se giró hacia su anfitrión sin saber qué decir.

"Gracias", él habló primero. "Tu presencia ha sido un verdadero regalo en lo que se está convirtiendo en los más oscuros días, Kagome."

Ella sonrió suavemente. "Usted ha sido muy amable conmigo, Toga-sama." Apoyó a Koga en una cadera y se inclinó hacia delante con su brazo libre, dando al taiyoukai un breve abrazo. La peineta de oro en su pelo rozó la barbilla de él y ella se apartó, su mano volando hasta la cabeza. "¡Oh, esto! Se me olvidaba. Aquí tienes," dijo mientras se dirigía a quitarlo.

"Quédatelo", dijo en voz baja Toga. Sus ojos estaban tristes a pesar de que sonreía. "Eres la criatura más bella que lo ha llevado puesto. Se ha convertido en tuyo."

Kagome dejó caer la mano. "Gracias." Ella le dio una mirada seria. "Vas a tener cuidado, ¿verdad? Trate... Trate de no meterse en demasiados problemas."

Su sonrisa se amplió ligeramente. "Oh, herirme es más difícil de lo que parece. Espero estar por aquí por mucho más tiempo todavía."

Las palabras quemaban su lengua. ¡Cuidado con Ryūkotsusei! ¡Cuide de sus hijos, quienes lo echan de menos desesperadamente! ¡Inténtelo! !Inténtelo! Intente estar ahí para ellos. Pero en vez de eso, se dio la vuelta y cruzó el patio hasta las patas de Sesshoumaru, lágrimas picándole en los ojos. Si no se iba ahora mismo, le diría todo.

Sesshoumaru miró hacia abajo desde las alturas, pero al final se echó sobre su barriga para que un par de guardias pudiesen ayudarla a subirse. Ella se sentí en donde se unían la espalda y el cuello, justo entre los hombros. Su denso pelaje la rodeaba y cubría hasta la cintura.

"¿Cómoda?" preguntó Toga desde el suelo.

"Bastante," respondió ella sintiendo el pelaje suave y sedoso a su alrededor.

Él le dio otra pequeña sonrisa y Kagome deseó que pudiese ver su usual sonrisita fácil y divertida. Pero acababa de perder dos amigos cercanos, y eso lo podía entender. Aún así era difícil pensar en los dos demonios con los que acababa de cenar como fallecidos. "Cuídate mucho, Lady Kagome. Espero verte pronto."

"Y yo también," dijo sabiendo que no lo haría. "Adiós."

"Adiós," le dijo mientras Sesshoumaru se ponía en pie. Y entonces ella se elevó con él.

Kagome se agarró al pelaje tratando de mantenerse erguida a la vez que sujeta mientras Sesshoumaru ya estaba saliendo del patio y fuera del castillo. Ella se giró, pero el edificio estaba rápidamente siendo dejado atrás y ya no podía ver los cabellos plateados del inuyoukai. Se había ido.