Disclaimer: Nah de nah es mío aquí. Ni siquiera el caballo mágico de juguete, que se lo he tomado prestado a Fenix Errante.

El pasado 3 de noviembre fue el cumpleaños de Nicangel03, que es una apasionada del ship Bellatrix/Sirius. Me enteré con muy muy poquito tiempo de maniobra y justo me pilló inmerso en el NaNoWriMo, así que tuve que dejar pasar el tiempo hasta poder sacar un hueco de escribir esto. Lo he tenido almacenado varios días, porque pensé que, puestos a llegar con retraso, tanto daba una semana más que una menos.

Nicangel03, una escena de Sirius y Bellatrix de niños. Espero que te guste, felicidades de nuevo y cumplas muchos más.


Ideas idiotas

—No puedes jugar con nosotros.

—Si no me dejas hacerlo, iré a quejarme a mamá.

—Ve.

Sirius se encogió de hombros. La pequeña, de pelo oscuro, abundante y rizado, apretó los puños frustrada.

—Ven a jugar con nosotras, Bella —la llamó su hermana Narcissa, que estaba con Andromeda sentada en una mesa, realizando una figura con pergamino mágico. Las ya terminadas aleteaban o caminaban por el lugar—. Esto también es divertido.

Sirius volvió a tumbarse en el suelo, pensando que las niñas eran unas pesadas. Fastidiado porque su madre hubiese decidido visitar ese día a tía Druella y llevarlos con ellos.

«Es importantísimo conocer a la familia, en unos años seréis el futuro de los Black», había dicho cuando había protestado.

Cogió el caballito de madera, también encantado, haciéndolo galopar por las baldosas del suelo, repiqueteando por toda la habitación debido a la resonancia de esta.

—¿Dónde vas? —preguntó cuando vio que Regulus, más pequeño que él, cansado de esperar su turno para jugar con el caballo, soltaba el muñeco que tenía en la mano y se levantaba, acercándose a la mesa donde estaban las tres hermanas—. ¡No hemos terminado de jugar, Reg!

—¿Puedo jugar con vosotras? —preguntó tímidamente el niño.

Bellatrix le dirigió una mirada llena de rencor, pero Andromeda ya había contestado afirmativamente, tendiéndole una de las hojas, marcadas en los sitios donde había que doblarlas para formar la figura de una mariposa, la más sencilla que tenían. A regañadientes, le hizo sitio en la mesa y el niño se sentó.

Él se sentó, con el caballo en las manos, frustrado. Jugar al caballo y el mago siempre era más interesante cuando su hermano participaba en él. Observando a las chicas, se dio cuenta que su prima Bellatrix lo observaba de reojo. Estaba a punto de levantarse para ofrecerle tomar el puesto de Regulus, pero ella lo hizo primero, acercándose de nuevo.

—Quiero jugar a lo mismo que tú.

—Madre dice que las chicas no juegan igual que los chicos —objetó, a pesar de estar deseando que alguien jugase con él ahora que Regulus se había marchado—. Por eso tenéis vuestros papeles.

—Eso son tonterías. Yo tengo un caballo como ese en mi habitación.

—No me lo creo.

—Me da igual que no te lo creas.

—Vale, puedes jugar. Tú serás el mago.

—Seré el caballo —le desafió Bellatrix, cruzándose de brazos.

—Los juguetes son míos, yo mando.

—Perfecto.

Bellatrix se dio media vuelta, volviendo hacia la mesa con sus hermanas y Regulus.

—¡Está bien! —cedió, apretando los dientes—. Nos turnaremos un rato cada uno.

—Pero yo empiezo.

—Sí, tú empiezas —gruñó exasperado, tendiéndole el caballo de madera, que la chica aceptó con petulancia.

Cuando Walburga pasó a recogerles por el salón, se escandalizó de ver a Bellatrix tirada por el suelo, las faldas del vestido por los hombros, moviendo el caballo a toda prisa mientras Sirius se reía a carcajadas. A Sirius no le importó, porque Regulus no era tan divertido cuando jugaban juntos. Sólo pensó que su madre tenía ideas idiotas.


NdA. Me pareció interesante que Sirius se diese cuenta de que las ideas de su madre no le molaban desde bien pequeño, no necesariamente sólo las relacionadas con las ideas mortífagas.