Capítulo 3: Lento pero con astucia

Previamente: ¡Himeko se sale con la suya y acorrala a Bossun! ¿Qué pasará?

En la cabina oscura la chica se acercó valientemente, buscando un lugar donde posar sus labios.

—Himeko…tu boca huele a limón—notó él.

—Dejé los Pelocan especialmente para este momento.

Esta conversación se llevaba a cabo entre susurros. En la cabina de peticiones, la temperatura subía lentamente, y el aire se enrarecía con una esencia dulce.

—El aroma entre tus labios y tu nariz es… como cálido, pesado.

—¿Te molesta? Sé honesto, Bossun.

—No, para nada. Es agradable.

El líder del Sket-Dan había detenido el acercamiento labial de la chica con una simple conversación. Pero ella era muy astuta, y le preguntó:

—¿Voy muy rápido, cierto?

—N-no, no no, p-para nada.

—Bossun, no puedo creer que seas tan nena para estas cosas. No me lo imaginaba.

—¿S-sa- sabes lo que se siente que dos chicas anden tras tus pasos? Esto no es un manga, es la vida real…

—Debiera estar comprobado científicamente que eres un estúpido. Voy rápido porque vivo el momento.

—Eso suena a frase de libro de autoayuda.

—Qué me importa…

—Además si nos pillan en esta situación, puede que—lo interrumpió, usó sus labios rosados para recorrer los contornos de la boca del chico, luego su barbilla y finalmente sus mejillas. Todo como si fuera una gata. Pero no lo besó.

—Voy a ir más lento – susurró ella.

—No dije que ibas rápido.

—Bueno, maldición, iré más lento. Cosa mía.

Dicho esto, la rubia inició una nueva ofensiva, depositando unos breves pero cálidos besos en el cuello del muchacho. Siempre le había gustado mirar el cuello descubierto de Bossun tras su camisa desabotonada. Lo encontraba muy varonil. Además del recorrido que realizaban sus labios en el cuello del muchacho, la chica cargó su cuerpo contra el de su querido líder abrazándolo. Bossun finalmente sucumbió al roce de sus cuerpos y abrazó fuertemente a la chica, casi como deseando unirse.

—Himeko, por favor no me hagas esto–susurró él.

—B- Bossun… —tartamudeó ella, al ver que se había puesto demasiado serio.

—Yo… soy un chico normal—tragó y continúo hablando—así que no puedo evitar sentir cosas si te pegas a mí de esa forma. —la abrazó con toda su fuerza al mismo tiempo que temblaba.

Himeko se separó lentamente de él. Lo había comprendido en un instante. "Lo estoy… dañando. No es un idiota. Simplemente es tímido. No puedo forzarlo" pensó. Bossun se veía excitado naturalmente con sus mejillas rojas y sus manos sudorosas, pero sus ojos mostraban desconcierto.

—Quisiera que—ella lo interrumpió.

—¿Actúe como yo misma?

Él se quedó mudo de la impresión al verse interrumpido por Onihime.

—E- ¡Exacto!- dijo él en voz alta.

—Sshh! Sin gritar.

—Lo siento. Pues… sí. Creo que—

—Mejor seamos nosotros mismos.

—Claro.

—Entiendo.

Himeko sonreía.

—Siempre te tengo a mi lado, pero nunca tuve el valor de decirte nada. De hecho, ni siquiera quería reconocer que me gustabas. Eso se lo concedo a Saaya, tuvo el valor de acercarse.

—No me hagan esto más difícil, ¿ok? Y ya salgamos de aquí antes de que llegue alguien a hacer una petición.

—Bien. Ah, por cierto, Bossun…

—¿Qué? —Onizuka respiró hondo antes de preguntar.

—¿En serio querías que me detuviera?

Temblando luego de reflexionar un poco, Bossun dijo con seguridad:

—Claro que no.

—Eso cuenta como una victoria para mí por hoy – finalizó ella, sonriendo–Definitivamente voy a hacer que me veas como una mujer.

Ambos salieron de la cabina, y por suerte no había nadie cerca.

—Hey, suéltame – dijo él.

Himeko sostenía la mano de Bossun al salir, y al parecer pretendía permanecer así.

—No podemos ir de la mano por los pasillos.

—Pero, ¿voy ganando, no?

—Pero quedamos en que seríamos nosotros mismos.

—Oh…

La chica tuvo que acceder. Conquistarlo siendo ella misma, como la Himeko de todos los días, iba a ser una misión difícil.

—Vaya, vaya, en qué estaba pensando. Como se me pudo haber ocurrido andar de la mano contigo. ¿Qué pensaría la gente si me anduviera paseando con una plasta como tú? Bossun estúpido.

—¿Por qué plasta?! ¡Eso fue un giro muy repentino!

—Aish, no sé de qué te sorprendes. Solo estoy siendo yo misma, ¿no?

—Ah, cierto.

—Mira que eres idiota.

—Pues tú eres idiota y pervertida. Mira que llevarme a la cabina para hacer esas cosas.

—¡No vayas diciendo eso en voz alta, estúpido!

—¿De qué te avergüenzas? Estabas dispuesta a llevarme de la mano por los pasillos.

—¡Pero… atracar en una cabina e ir de la mano son dos cosas distintas!

En cosa de segundos, el par reía de lo lindo, a carcajadas. Parecía que aquello era lo mejor.

—Pero qué ganas de besarte… - dijo ella de repente, mientras salían al patio.

—¿Mh? ¿Dijiste algo?

—No, nada.

Y Himeko hablaba con completa honestidad. Sin haberse besado oficialmente (porque ese rápido beso robado del día anterior en realidad no contaba), se sentía en ventaja en la carrera por obtener el corazón de Bossun. Sin embargo, ocurrió algo con lo que no contaban. La cámara hacia la cabina estaba encendida. Y por esas casualidades de la vida, Switch había vuelto al salón del club para recoger unos dvd's de Jojo's Bizarre Adventure que había olvidado. Una vez que los encontró, instintivamente encendió la PC de escritorio para monitorear la cámara y ver si estaba todo en orden. Y se encontró con cierta señorita empujando a cierto joven adentro de la cabina. Tras ver las inquietantes imágenes, pensó "Ya estaba esperando que ocurriera".

A pesar de lo bueno que podía lucir el panorama para la parejita del Sket-Dan, con el correr de los días y semanas, y por alguna extraña razón, Bossun y Himeko empezaron a hablar cada vez menos. Por su parte, la rubia iba menos al salón, y Bossun pasaba sus ratos libres en la sala de música después de clases. Saaya notó esto, y quiso entrar en acción. Para aquello, visitó el salón del Consejo Estudiantil, pero sólo encontró a Tsubaki.

—Tsubaki-kun, quiero ver los nombres de turno para guardar los implementos de la clase de Educación Física hoy en la tarde.

—Hoy es el turno de Fujisaki y Omaeda – dijo Sasuke, facilitándole una hoja con una cuadrilla de nombres para los turnos de varias semanas—¿Por qué preguntas?

—P-por nada…

La chica salió rápidamente del salón del Consejo mientras murmuraba para sí.

—Lo sabía. Hoy era el turno de Bossun. Hoy es mi oportunidad.

En la tarde, la clase de Bossun tenía sus actividades de educación física. En cada sesión había dos designados para guardar implementos, pero el chico de nombre Omaeda no asistió, así que Bossun tuvo que ocuparse de todo, aunque por suerte, era poco. Cuando hubo guardado el último saco con pelotas de volleyball, Saaya apareció sorpresivamente, cerrando con llave la puerta tras de sí, y

apoyando la espalda en la misma. Fujisaki estaba sorpendido. "No otra vez" pensó.

—Saaya…

—Bossun…

Naturalmente, la atmósfera entre los dos se tornó cálida al instante, dados los recientes acontecimientos.

—Supongo que quedarse encerrados así es muy cliché, pero fue lo mejor que se me ocurrió – dijo ella, casi como una disculpa, sonriendo.

—¿Por qué tienes que ir tan en serio…? – suspiró él, sonriendo también.

—Esta es la clase de cosas que se hacen cuando te gusta alguien, ¿no?

—Je Je…—rió.

—Sentémonos en las colchonetas. Conversemos un rato.

Con el correr de los minutos, la conversación se volvió muy amena. Reían.

—Supongo que "ella" te abordó en algún momento, ¿cierto? – preguntó ella de repente.

El silencio y la expresión de Bossun fueron todas las respuestas que ella requería.

—Lo sabía. Jeh. Creo que me demoré bastante…

—Pensé que te me ibas a tirar encima.

—No, no lo haré.

—¿Por qué no?

—Voy a ser honesta con mi mente y mi cuerpo. En estos momentos no siento deseos, sólo quiero conversar. Además, no debo obligarte a hacer cosas que no quieres. Los besos que nos dimos aquella vez en la estación fueron suficientes para llenarme por dentro.

Sonrojándose al oír eso, Bossun miró hacia abajo. Saaya, sin tener que presionar a Bossun, había llegado a la misma conclusión que Himeko.

—No soy el único chico en la escuela. ¿Por qué yo?

—Aunque no lo creas, eres popular.

—¿Con las chicas? – pregunto él, muy extrañado.

—Pues, no exactamente.

—¿A qué te refieres entonces?

—Vamos, sabes que eres una personalidad en la escuela. Todos saben que eres el gemelo de Tsubaki. Las chicas creen que eso es adorable. Además, también está la gente a la que has ayudado. Con todo esto quiero decirte que eres una persona valiosa, como compañero de clase, como líder del Sket-Dan, como amigo y naturalmente serías valioso como novio.

—Ser popular significa que le importas a la gente ¿cierto? Entonces tú también eres algo popular.

—Quizás…

—Pero tampoco soy la gran cosa – afirmó el, mostrando una boba sonrisa mientras se rascaba la cabeza. —Hay otros chicos más interesantes, como Katou Kiri, Eni, hasta Switch o el mismo Tsubaki…

El clima de entendimiento mutuo hizo que Saaya se sintiera con la suficiente confianza de preguntar más cosas.

—En el viaje escolar me dijiste que Himeko-chan era una amiga. ¿Aún ves a Himeko-chan como una amiga?

—No lo sé.

—¿Te gusta?

—No sé.

—Chiquillo indeciso.

Yuusuke estaba muy confundido.

—Si te soy honesto, preferiría que las cosas volvieran a la normalidad– dijo él de repente.

—¿Eh…?

—Ninguna de las dos me ha presionado a elegirlas, pero aun así siento una carga.

—Bossun…

—Además, ya te lo dije, ¿por qué yo? Hay otros chicos mucho mejores que yo.

—No digas eso…

—Sólo me recuesto sobre el tatami a engullir bocadillos y a leer mangas, ¿por qué querrías a un chico así…?

—Bossun, ¿qué pasa con tu autoestima? —le reprochó.

—¡¿Eh?!

Saaya dió una mirada de reprimenda a Bossun.

—Si no te valoras a ti mismo, quizás nunca una chica te valore…

Cuando salieron de la bodega de implementos, ya había anochecido. Instintivamente, la chica abrazó al líder del Sket-Dan.

—Hace frío – dijo ella, sonriendo.

—Bastante.

Ella empezó a frotar levemente su rostro contra el hombro de su querido Bossun.

—Estar así para siempre estaría bien para mí – agregó, después de un breve lapso.

Después de dejar la escuela, Bossun acompañó a Saaya hasta la estación. Antes de abordar el tren, abrazándolo y asegurándose de presionar su busto contra él, le dijo al oído:

—Nunca te voy a presionar a algo que no quieras—se despidió—Nos vemos, guapo.

Cuando el tren se alejó, el chico emprendió camino a casa con la cabeza llena de pensamientos.

—Ambas llegaron a la conclusión de no presionarme. ¿Qué debo hacer? —Se preguntaba mientras daba un paso delante de otro—En este punto, y según lo que me han afirmado, podría elegir a cualquiera…— "Sin herir a Saaya…" terminó de decir su mente.

Bossun se detuvo en seco. Su corazón se aceleró. Por primera vez sintió mariposas en el estómago.

—¿Elegir a cualquiera sin herir a Saaya? ¿Pero qué estoy diciendo? Eso no tiene coherencia.

Parecía que inconscientemente su corazón ya había decidido. Quería a Himeko y la extrañaba. La extrañaba mucho. A menudo se sorprendía a sí mismo recordando por horas sus frases y gestos. Por todo lo que habían vivido juntos, era obvio que había lago de apego, mezclado con costumbre, mezclado con sentimientos hasta ahora, confusos. Pero ya no eran sentimientos confusos. Su corazón parecía haber llegado a una resolución.

—Necesito hablar con ella—fue lo primero que dijo.

Pero no contestaba el celular. Con el arrebato de quien ha descubierto el amor, volvió a la estación para tomar un tren que lo dejara cerca de la casa de su compañera. Luego de un rato se encontró en la puerta de la casa de la familia Onizuka. Tras el timbrazo, apareció la madre de Himeko, quién lo miró intensamente con un rostro interrogador.

—Bossun-kun, ¿buscas a mi hija?—acotó—Hime todavía no ha vuelto—Lo vio como una madre sabionda de las andanzas de su hijo.

—¡¿Por qué me miró así?! ¡Ya me esperaba un discurso sobre no molestar en casas ajenas a esta hora!

—¡Para nada!

—¿Himeko llevó su teléfono? —observó la pantalla del suyo—no contesta, —en la pantalla había varias llamadas perdidas a la chica—¿Debería buscarla por aquí cerca?

—De hecho, me harías un favor si la buscaras por mí. Salió hace rato y no contesta su celular.

—Entiendo… Daré una vuelta.

—Si la encuentras, habla lo que tengas que hablar con ella —le guiño un ojo con picardía— y luego…

—¡Señora…!—la miró escandalizado.

—Como decía: luego de que hablen vengan para cenar, ¿ok? —sonrió—Pero si no la encuentras, no te preocupes.

—Gracias por su invitación, señora.

—Bossun, —habló seriamente mientras lo observaba—Eres lo mejor que le pasó a mi hija, tienes toda mi aprobación para salir con ella—tomó aire—Quiero que ella sea feliz y sos un chico bueno, logras sacar lo mejor de ella.

—Gra-gracias-as…—tartamudeo mientras se sonrojaba.

—Bien, en marcha, galán—rió.

Bossun dio un par de vueltas por las manzanas cercanas, hasta que terminó en un pequeño parque. Allí, se encontró con la escena que menos esperaba: Katou Kiri, de brazos cruzados, y Onizuka Hime estaban sentados en una banca. Se le heló el corazón y tenía un nudo en la garganta.