Capítulo 4: Encuentros, desencuentros y descubrimientos

Previously (En inglés queda más cheto, jajaja): Bossun, con el corazón resuelto, sale en busca de Himeko, pero la encuentra conversando… ¿con Katou Kiri?

—Es ella… Y ése es Katou —murmuró Bossun para sí.

La chica hablaba de forma relajada y sonriente mientras el ninja escuchaba, en apariencia, sin darle importancia. Aun así, la escena era bastante sobrecogedora para Bossun. Sabía que Himeko y Katou no tenían en absoluto algo parecido a una amistad… lo que significaba que, si se habían reunido de noche, en un parque, era porque algo pasaba.

—Bossun.

Himeko había divisado al muchacho, y pronunció su nombre en voz alta. Él, con expresión vacía, y simplemente manteniéndose a esa distancia, simplemente le espetó—Vi a tu mamá recién. Quiere que vuelvas a casa.

—¿El Sket-Dan está llevando ayuda a la comunidad? Siempre mejorando, ¿no? Bossun —dijo la rubia, recién percatándose que su móvil estaba sin carga al abrirlo.

—Ten cuidado al regresar a casa – aconsejó el aludido mientras miraba al ninja a los ojos de forma desafiante.

—No dudes de mi capacidad de protección – intervino Katou.

Bossun se dio media vuelta, caminó unos pasos y luego se detuvo un momento. Giró la cabeza hacia ellos, sonrió y dijo—Tienes razón, Katou. Himeko, estando con él no tienes nada que temer —

finalizó, y siguió caminando.

Cuando él se alejó, fue Katou quien tomó la palabra.

— Fujisaki puede haberse hecho una idea equivocada.

Pero ella permanecía con los ojos vacíos, mirando alejarse la espalda de Bossun.

—Oye, Onihime. Oye que-…—fue interrumpido.

—Lo siento – dijo ella, saliendo de su ensimismamiento.

Dicho esto, la chica reanudó el monólogo. Por su parte, Yuusuke caminaba más bien sin rumbo. Su mente aún estaba absorta en la imagen de Himeko con Katou Kiri. Después de más de media hora de camino, terminó en el frente de una pequeña tienda. Las luces lo sacaron del letargo. Luego de un amigable sonido digital de una campanita, la puerta automática de la puerta se abrió. Tsubaki Sasuke salía del local cargando una bolsa.

—… ¿Fujisaki? —se quedó mirándolo—¿Qué haces a esta hora en un lugar tan apartado de tu residencia?

—Tsubaki…

Bossun acompañó a su hermano hasta su casa.

—No era necesario que me acompañaras, Fujisaki. Este trayecto es algo bastante cotidiano para mí.

El hermano mayor permanecía silente.

—Fujisaki…—trató de llamar la atención de su hermano. — Oye, Fujisaki.

Tsubaki guardó silencio por unos momentos. Luego, respiró lentamente, y de la mejor forma que pudo, organizó las palabras.

—Esta clase de cosas son incómodas, Fujisaki – dijo Sasuke finalmente, tras observar con un desconcierto calmo las lágrimas que corrían por las mejillas de su hermano. No había rastro alguno de sensaciones en el rostro de Yuusuke. Sus ojos vertían lágrimas, pero lucían profundos y huecos.

—No soy bueno en estas cosas, – confesó Tsubaki, tratando de buscar empatía – Sería bueno que entres un momento. —mencionó apuntando a la puerta de su casa. Los padres de Tsubaki recibieron afectuosamente a Bossun. Pero siendo lo más breve posible, Sasuke condujo a Yuusuke a su habitación. Ambos se sentaron en la cama y el afectado narró la historia hasta ahora.

—Aunque lamentablemente los temas del corazón escapan a mi sapiencia, puedo imaginar cómo te sientes – dijo el dueño de casa, tras oír la historia de su hermano mayor. – Pero aunque estés triste, no olvides que el mundo es amplio ante nosotros. Podría decirte que ocuparas tu mente en otras cosas, pero imagino que no lo harás. En cualquier caso, Fujisaki, espero tengas el valor para solucionar esto—

—… ¿Cómo…? ¿Cómo solucionar algo así? – preguntó Bossun, con los ojos rojos y entornados en un punto cualquiera.

—No soy el genio que ayuda a la gente, pero creo que este es el momento de ayudarse a sí mismo.

Bossun abrió los ojos.

—Es tiempo de que hagas algo bueno por ti mismo. Lo mereces – aseguró Tsubaki, poniéndose de pie. – Mi padre está terminando de auscultar al hermano de Misora-sensei. Le pediré personalmente que te lleve en su vehículo hasta tu casa.

—Gracias, Tsubaki.

—Apenas llegues a tu domicilio, por favor extiende mis más cordiales saludos a Akane-san.

—Lo haré.

Tras agradecer al hermano de Remi-sensei, Bossun subió hasta su casa. Quería evitar a toda costa cualquier interrogatorio por su estado abatido. Pero apenas entró…

—Fiu fiu… ¿llegando a estas horas? – dijo su madre, simpáticamente giñandole un ojo—¿Estabas con una chica?

—Me quedé conversando con Tsubaki—respondió monótonamente.

—¿Por fin socializando con tu hermano? Me parece bien.

—Estoy cansado, mamá—suspiró profundamente—Me iré a la cama sin cenar.

—¿Qué pasó con Himeko-chan?

El chico se detuvo en seco, y de la forma más natural que pudo, respondió:

—Nada, ¿por qué? —Llamó preguntando si habías llegado.

El joven revisó su teléfono. No tenía llamadas perdidas ni mensajes. Era evidente que ella lo estaba evitando. Akane agregó :

—Quisiera creer que no has estado llorando por algo que haya pasado con ella.

—Tan sólo vi una película un poco triste con Tsubak-quiero decir, Sasuke.

Dicha esta mentira, Bossun se encerró en su cuarto. Por suerte logró dormir en paz. Pero con el transcurso de los días, el sueño no estuvo con él. A las semanas, el club se percibía más vacío: Himeko por su lado, hablando con distintos chicos, y Bossun, con ojeras, deprimido y con la mirada perdida. Hasta que cierto día se encontró con una sorpresa. Switch, Dante, Shinzou y Tsubaki estaban reunidos y parecían planear algo.

—¿Qué hace este grupo tan bizarro conversando? — comentó Bossun al acercarse a ellos.

—Llegas en buen momento, Fujisaki— dijo Tsubaki.

—Nada mejor que recorrer el exterior para meditar, Bossun-dono—agregó Shinzou.

—/Era momento de retomar nuestra idea original de… ¡acampar! (x_X) /—hablo Switch.

—Reencuentro… Destinado —murmuró Dante.

Tras procesar lo que acababa de oír, sintió que aquello era…

- Buena idea. ¡Qué bien! Es perfecto – declaró Bossun.

Le parecía perfecto. Eso era lo que necesitaba: ocupar su mente en alguna actividad aparte del Sket-Dan.

—/He derivado todos los trabajos al Pocket-Dan/—comunicó Switch.

—Eeeeh, aquello no me gusta mucho… pero está bien por esta vez.

—La fecha tentativa es el próximo sábado —informó Tsubaki.

Pero mientras tanto, en el patio...

—¿Qué te parece si vamos a acampar este fin de semana, Yabasawa-san?

—¡Suena yabas! – respondió Yabasawa, puño en alto—Cuenta conmigo.

—Hay que hablar con Himeko-chan y además creo que sería bueno invitar a más chicas.

—¿Me puedo sumar? ¡Te-he! – dijo Roman, apareciendo de repente—¡Quiero salir más seguido en el fanfic!

—¿Eh? —nadie entendió que quiso decir la mangaka.

¿Podría ser que los chicos y las chicas se encuentren en el mismo lugar para acampar?

El día antes del paseo, Tsubaki, Shinzou, Switch, Dante y Bossun, se reunieron en un minimarket para comprar insumos.

—¿Trajeron todos, su cuota? – con su usual tono de mando, habló Tsubaki Sasuke.

—¡Seeeeeehh! – respondieron todos, excepto Dante, claro, que masculló una de sus frases haciendo una pose.

Los muchachos compraron carne, salchichas, algunas verduras, pan, té, café, muchas sodas y una gran cantidad de latas de un tipo de trago en versión no alcohólica supuestamente nuevo en el mercado y que estaba más barato como oferta de lanzamiento. Trasladaron todo lo que habían comprado hasta la casa de Tsubaki.

—Guardaremos estas cosas en mi casa. Mañana, quiero que se presenten aquí puntualmente a las 4:30pm, para partir en el mejor de los escenarios antes de las 5. El hermano de Misora-sensei ha accedido amablemente a transportarnos en un vehículo más amplio al que tiene acceso por ahora.

Todos asintieron. El día siguiente iba a ser un gran día. Apenas llegó a casa, Bossun comenzó a hablarle a su madre sobre su hermano.

—No puedo creer el increíble don de mando que tiene Sasuke-kun – dijo Akane, al oír de parte de su hijo que al otro día asistiría a un fin de semana de campamento.

—La verdad es que sin su organización no lograríamos nada – afirmó Bossun, sonriendo tontamente mientras se rascaba la cabeza.

—Eres un chico inteligente, también podrías organizar algo si te lo propones.

—Nah, esas cosas mejor se las dejo a él.

—¿Y dé qué cosas se supone que te encargas tú, eh? – preguntó la madre, con acento de desafío.

—Ya sabes, cuando la gente se encuentra en problemas... ahí entro yo.

Akane se sonrojó, al ver en el gesto de su hijo un aire similar al del padre, y le alivió comprobar, en las palabras recién pronunciadas por el adolescente, que estaba recuperando su ánimo y su ego con límites delineados.

Al día siguiente, puntualmente los muchachos se reunieron en la casa de Tsubaki. Partieron luego de cargar las cosas en la parte trasera del furgón. Tsubaki, en el asiento de copiloto, se giró y se dirigió a sus compañeros.

—El sitio queda a media hora en vehículo. Unos agricultores que están muy agradecidos con mi padre por ciertas atenciones médicas, nos han otorgado amablemente la posibilidad de quedarnos de forma gratuita en sus terrenos. Hay algo un pequeño bosque, hay acceso a un riachuelo y además se tiene una gran vista de la ciudad y las montañas. El pronóstico del tiempo indica bastante calor nocturno en los próximos días, aunque no está de más—lo interrumpieron.

—¡Ya, suficiente! – gritaron todos al unísono. Tsubaki puso cara de disgusto y se cruzó de brazos al volverse a su posición.

A las 5:35pm, una vez llegados a la casa del dueño del terreno donde acamparían, éste les dio una noticia:

—Hay otro grupo de personas que también vendrán a quedarse a acampar. —rio—Espero que no les moleste.

Todos se miraron entre sí al oír aquello, y asintieron.

—No tenemos inconveniente alguno – dijo Tsubaki, sonriendo. –De hecho, esperamos no ser molestia nosotros mismos.

Los muchachos conversaron con el amable caballero por un rato, preguntando por precauciones, como alguna clínica cercana, o los animales de cuidado. De repente, el señor dijo:

—Entonces, muchachos, suban la colina, y diviértanse – finalizó el viejo, con tono feliz, limpiando su frente con la toalla gris que colgaba de sus hombros.

Cuando subieron la colina, los muchachos encontraron un claro a una distancia prudente del riachuelo, y decidieron establecerse allí, ya que contaba con un quincho y una gran mesa de madera con sus respectivas bancas.

—/Parece un buen lugar/ – dijo Switch, usando la diestra de visera para contemplar la vista.

—Me estoy emocionando. La verdad es que no había realizado actividad similar antes – comentó Tsubaki, con una amplia y sincera sonrisa, casi riendo.

—Bossun-dono, ¿habremos de erigir los refugios en este instante? – preguntó Shinzou.

—Creo que es mejor hacerlo ahora, y no después cuando falte luz. —habló— Switch, ¿qué tal si vas a buscar algo de leña o ramas secas? Shinzou, Dante y yo nos quedaremos para levantar las carpas y ordenar todo – pidió Bossun

—Buena idea, Fujisaki. Quiero hacer circular mi sangre un poco. Iremos a buscar ramas y de paso traeremos agua – dijo Tsubaki.

—/Nos encargaremos \(^o^)_/ - agregó Switch.

Pasadas las 7 de la tarde, ya estaban completamente instalados, atardecía y la temperatura estaba agradable.

—¿Será hora de que encendamos el carbón y la leña? – preguntó Tsubaki.

—Sí, es buena idea. Ya estamos perdiendo la luz natural – respondió Bossun.

Los hermanos se avocaron a la labor de prender fuego, Switch revisaba el clima en internet mientras twitteaba sobre el campamento, Shinzou con Dante estaban en la mesa de madera abriendo los paquetes de carne y salchichas y preparando algunas sencillas salsas y demás aliños. De vez en cuando escuchaban risas a lo lejos que sin duda debían provenir del otro grupo en campamento. Pero sin darle mucha importancia, seguían en sus labores.

—¿Alguno de los camaradas quiere probar las bebidas nuevas? —preguntó Shinzou en voz alta.

A todos se les antojó, así que el samurai distribuyó las latas entre sus compañeros. Las bebidas tenían un sabor bastante bizarro.

—Es extraño; burbujeante, con un sabor agridulce —comentó Bossun, que acto seguido, virtió un poco del contenido en la palma de su mano, y la contrapuso a la escasa luz natural que iba quedando— Es…dorado – murmuró.

Todos parecían curiosos, pero parecía que a nadie le desagradaba. Al correr de los minutos, el fuego adquirió la temperatura precisa para asar la carne y las salchicas.

—Necesito un poco de sal por aquí – dijo Shinzou, que se encargaba de la carne. – Y si es posible, alcancen sus utensilios ya que saldrá la primera ronda.

Cuando todos tuvieron un trozo de carne, salchicas, se acercaron a la mesa para ver lo que había en las ensaladeras. Teniendo sumo cuidado, Dante había preparado papas cocidas con toques de cilantro y aceite de oliva, tomatines con cebolla, un mix de lechugas, zanahorias, elotes y otras

hierbas, acompañados de unas exquisitas salsas.

- /Guau, sí que te luciste, Dante /– tecleó Switch, mientras se ajustaba las gafas.

- Delicia... salvaje - respondió el aludido en su tono habitual.

Después de dar las gracias los muchachos procedieron al ataque.

- Debo decir que el cerdo, más la salsa de Dante, más esta extraña bebida, han abierto un nuevo mundo de sabores para mí – confesó Tsubaki.

- /Sin duda, esta bebida parece que será la protagonista de la noche, junto con la maravillosa salsa de Dante/ – agregó Switch.

Todos comieron en abundancia, y terminada la comilona, se aproximaron al quincho, con una pala extrajeron trozos de carbón encendidos, hicieron una pequeña cama de piedras, cerca del arroyo, y se sentaron en unos troncos para disfrutar del fresco de la noche y de la calidez de su improvisada fogata. Nuevamente escuchaban difusas conversaciones y carcajadas a lo lejos. Dante había desaparecido, y cuando volvió traía consigo una delgada guitarra, y más de los refrescos extraños.

- Delirio... post Banquete.

- Tenía ganas de otra de esas latas nuevas, gracias, Date – dijo Tsubaki.

Los chicos se repartieron las latas y Dante empezó a ejecutar, para sorpresa de sus amigos, canciones más conocidas y menos oscuras. Todos cantaban aguantando las carcajadas, ya que Switch modulaba su voz de las formas más hilarantes para cantar. Pero todo se vio interrumpido por el sonido de ramas que crujían, como si hubieran sido pisadas. Las carcajadas pararon, pero no así las sonrisas. Aún con algo de antojo risueño, Bossun hizo un gesto de silencio. Esta alegría curiosa no desaparecía de los rostros de los muchachos, mientras con ansias esperaban saber quién saldría de entre el follaje, ya que era obvio que alguien se acercaba hacia ellos atraídos por la música.

Para su sorpresa, la Capitana, Yabasawa, Unyuu, Daisy, Roman y Himeko aparecieron tras el riachuelo, la primera con una linterna, y el resto de ella con vasos plásticos y curiosamente, packs de las mismas latas extrañas que ellos habían comprado. Todas vestían coloridas prendas veraniegas. Naturalmente, a Himeko y a Bossun se les paró el corazón.

—¡Ustedes! ¡E-es una gran coincidencia! – exclamó Tsubaki.

Las chicas saltaron con cuidado el riachuelo, y con sorpresa y risas se juntaron con los muchachos. Luego de las explicaciones correspondientes, todos se sentaron en la pequeña fogata.

—/Esto ha resultado una feliz coincidencia/ – dijo Switch, que había vuelto de su tienda por una de las muchas baterías de repuesto cargadas que tenía para su laptop.

Furtivamente, miró tanto a Bossun como Himeko. Ambos lucían avergonzados.

—Parece que ambos grupos compramos en el mismo minimarket – comentó Shinzou.

— ¿Por qué lo dices, samurai-kun? – preguntó Roman.

— Porque también tienen las latas mismas extrañas que nosotros.

— Es una bebida bastante particular, me imagino que ya lo notaron –agregó Unyuu. —¿Puedo teorizar? Sostengo que puede ser una bebida energética, digo por el gusto.

—Lamentablemente, estos extraños caracteres nos impiden saber algo de su contenido– intervino Daisy— esas palabras en Inlgés son demasiado avanzadas para que nosotros sepamos…

—¡Es terrible! – suspiró Yabasawa—Al parecer son importadas…—miró la lata.

—Podemos hacer algo al respecto – dijo Switch. – Si fotografío una de las latas, puedo compartirla en alguna red social y preguntar si alguien ha visto el logo o conoce los caracteres.

—¡Ése es nuestro Switch! – exclamaron todos.

Apoyados con la luz de algunos teléfonos celulares, ya que era peligroso exponer la laptop cerca del fuego, los muchachos usaron la webcam de la mencionada máquina para fotografiar una lata y subir el resultado a algunas de las redes sociales en las que Switch contaba con perfil. Himeko y Bossun permanecían en sus respectivos lugares, pero no intercambiaban mirada alguna. Ya con el transcurso de los minutos, aparecieron respuestas. Cuando Switch empezó a leerlas, empezó a sudar.

—¿Qué pasa, Switch? – preguntó Bossun, acercándosele. Tras apreciar la pantalla, el líder del Sket-Dan también palideció un poco. Todos, al ver al dúo con cara de sorpresa, se acercaron a ver lo que

estaban mirando, incluso Himeko.

—¡¿Tiene vodka?! – gritaron en conjunto.

—/En efecto, esta es un trago semi-artesanal producido en algún país latinoamericano, el logo contiene letras parecidas a las usadas en el lenguaje inglés, pero está en español, una lengua que no domino. Lamentablemente, me era imposible dar con los caracteres apropiados para acceder a alguna fuente/ – informó Switch.

Por reflejo, todos miraron a Tsubaki. Esperaban una reacción lapidaria por parte de él.

—/Por lo que puedo leer, es un trago de gradaje bajo. Aun así, me temo que hemos estado bebiendo esto desde hace un rato, lo que explica muchas de mis ganas de divertirme como loco y de coquetear con chicas/ – agregó Switch.

—¡Mal, mal, mal, mal, mal...! ¡Se supone que debemos esperar un año antes de poder beber! ¡Y no te pongas a hacer chistes ahora, animal!¡Cuatro ojos pervertido! – gritó Himeko.

—Madurez... alcanzada.

—Parece que Date-kun ya tiene 18 años – tradujo la Capitana – Vaya, parece que se me ha ido a las mejillas.

—Es mi primera vez con el alcohol... ¡Que emoción! El corazón me hace doki doki... ¡Te-he! Ahora entiendo este calor dentro de mí... –chillaba Roman.

—De hecho, a todos nos falta bastante poco para la mayoría de edad –dijo Shinzou.

—Entonces… ¿Están todos ok con esto...? – inquirió Bossun.

El lote volvió a mirar a Tsubaki, que parecía haber estado acumulando energía con la cabeza gacha... ¿cómo se pronunciaría al enterarse que habían estado bebiendo alcohol todo lo que iba del paseo?

—¡No me interesa! – gritó Tsubaki.

— ¡¿Eeeeeeh?! - gritaron todos.

—¡Ya que lo hemos llevado tan lejos, no me importa dejar las cosas así-nya! – agregó el chico "serio".

—¡¿Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhh?! – volvieron a gritar todos, ahora más confundidos.

—¡El que quiera seguir bebiendo, que sea bajo su responsabilidad-nya! –finalizó él, el alcohol se le había subido a la cabeza y terminó hablando como gato, otra vez.

Hasta Daisy no pudo disimular su cara de asombro. Sasuke fue a sentarse en frente de la fogata, y dejó de lado su lata. Parecía decepcionado de sí mismo. Tras mirarse unos a otros, decidieron volver a sentarse a la fogata a aprovechar la noche. Dante volvió a tocar, y las chicas hicieron su

intervención cantando. De repente...

—Ara, Tsubaki-kun luce tan adorable hoy – comentó Unyuu.

—En efecto, no puedo apartar la vista de sus malditas pestañas –confesó Daisy con algo de envidia.

— ¿Será esto ocasionado por este brebaje? – dijo Roman casi a modo de soliloquio –Encuentro especialmente atractivas las figuras de los hermanos mellizos…—

—Aunque me parece un trago delicioso, hay que moderar el consumo, ¿ok? —sugirió la Capitana.

—¡Terrible! – se quejó Yabasawa.

Himeko levantó la vista hacia Roman. Incluso si era una broma, le perturbó oír eso. Luego miró hacia Bossun. El chico estaba sentado en el tronco, con una mirada concentrada en los extraños caracteres de su lata. Él vestía unas bermudas, zapatillas, un polerón con capucha de color negro y una polera roja. "Maldición, está jodidamente buenazo hoy. ¿O será por la cerveza? Rayos, me le quiero tirar encima ahora... No, mejor... quiero que él se me tire encima. Además, hay cosas que quiero hablar con él." pensaba Himeko.

Repentinamente, Bossun levantó la vista. Se encontró con Himeko mirándolo embobada. Naturalmente, ella desvió la mirada rápidamente. La chica vestía una blusa celeste, con algo de escote. Llevaba una falda amplia, hasta las rodillas, y unas bonitas sandalias de cuero. Además, estaba sentada en una pose especialmente sexy en el tronco del frente. "Auch, Himeko luce guapa hoy... demonios, por qué ha estado tan distante conmigo... que ganas de… No, no, sería mucho mejor que ella se me tirara encima." Se interrumpió así mismo. "Además, quiero preguntarle por qué me ha evitado este último tiempo..."

—Voy por otro trago —dijo el líder del Sket-Dan, poniéndose de pie luego de abandonar aquellos pensamientos sobre su compañera de club.

Todas las chicas miraron fijamente a Bossun mientras se desplazaba.

—Ara, ara, Fujisaki-kun ha hablado en un tono muy varonil…— dijo Unyuu.

—Me cuesta declarar que en efecto eso sonó adulto – aportó Daisy, raramente afectada.

—Quizás es porque todos creemos que es confiable... O quizás es el alcohol – rió la Capitana.

Todos conversaban y reían, excepto Dante, que de forma reservada repasaba algunos acordes, tratando de no interrumpir el diálogo. En un momento, la rubia extrañó la presencia de Bossun.

"¿Dónde se metió?" pensó ella. Bossun salía de detrás de un árbol lejano, subiéndose la cremallera. "Fue a evacuar, ya." Siguió hablándose mentalmente Himeko. Pero, el sentido de la sobriedad volvió a ella cuando, con terror, vió que Bossun se acercaba a la carpa donde estaba segura de haber visto a Roman entrar, para descansar, como imaginó en un primer momento.

"Mal, mal, mal... ¡Bossun está entrando a la carpa donde está Roman...! ¡¿Qué hago... me paro, voy con ellos?! ¿Cómo disimulo? No quiero parecer evidente... ¡¿Qué hago?! ¡¿qué hago?!" pensaba Onihime, alarmada, pero lo siguió igualmente.

Bossun caminaba hacía la entrada de la carpa, cuando, al desplazar la vista en la íntima oscuridad, descubrió unas finas piernas y unos hermosos pies. Dando una ojeada más allá, se encontró con el rostro de Roman. Ella, que vestía unos ajustados shorts de mezclilla, con voz coqueta, usando su

encanto característico, pero con algo más de sinceridad y seriad, murmuró:

—¿Te estás divirtiendo, O-u-j-i?

"Dios, tengo que admitir que Roman está re buena" pensó medio embriagado el chico. "¡Que piernas lindas!"

—Si-si—le falló el habla—¿Y vos? — se acercó a ella y procedió a sentarse.

—Me estoy divirtiendo, pero…—titubeó—veo que Onizuka-san te dijo sus sentimientos…

—¡¿Cómo es que sabes?!—dijo atónito.

—Solo lo sé—rió—Te-he…—bajo la vista— pero… yo la comprendo ouji, es difícil sincerarse con quién amas—

—No-no sé qué decir…

—Entiendo por qué te ama, después de todo yo soy igual—dudó un poco en lo próximo que le diría a su amado. ¿A caso pedirle aquello era demasiado? —Ouji—lo miró decidida a los ojos.

—¿Eh? — él estaba un poco confundido, después de la declaración de la castaña.

—¿Puedo…? —carraspeó—¿Puedo besarte? Como último deseo, no te molestaré más… —murmuro decidida—Quiero comprobar mis sentimientos.

Bossun estaba sorprendido, siempre supo sobre los sentimientos de Roman, pero nunca los tomó en cuenta realmente, después de todo, habían surgido de una forma tan bizarra que le costaba creerlo. Pensó un momento: "Si la beso, podrá superarlo, debo ayudar a Roman a aceptar que no me gusta" Asintiendo con la cabeza, acercó su cuerpo al suyo. Él era más alto que ella, tomó su rostro suavemente y lentamente juntó sus labios.