Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo Dos

El camino que conducía a Cullen Hall le recordó a Bella la descripción del camino a Manderley*. Un camino lleno de curvas y giros que partía desde la carretera que conducía al pequeño pueblo cercano. Los árboles sobresalían del camino, muy poca luz de sol podía atravesar las hojas y arrojar brillo sobre la grava. Durante más de media milla, el camino giró y dobló, como para evitar obstáculos que ya no estaban allí, o que tal vez nunca existieron.

Bella condujo lentamente, aún sin saber dónde aparecería la siguiente bifurcación en el camino y giró las curvas lentamente, avanzando a través de la tenue luz hasta que, de repente, los árboles abrieron paso y quedó deslumbrada por la luz del sol. Seis metros más adelante, giró a la derecha y aparcó junto a la cabaña que ahora llamaba su hogar, una encantadora cabaña de piedra gris. Apagó el motor y recogió las dos bolsas de víveres, deslizándose fuera del Chevy de segunda mano que compró de improviso unos meses atrás.

Abriendo la puerta, caminó por el corto pasillo hacia la bonita cocina que había sido remodelada hacía solo unos años, pero que parecía auténticamente envejecida para mantenerse en armonía con la atmósfera del lugar. Alacenas de roble, pisos de losa y una hermosa mesa antigua tallada que probablemente era tan antigua como la casa misma, se sumaban al carácter del que se había enamorado. Bella dejó sus compras en la mesa y se estiró, empujando sus manos frente a ella mientras su columna vertebral crujía.

Algo duro y cálido chocó contra la parte posterior de sus piernas y Bella sonrió, mirando al emocionado y enérgico perro que la miraba con ojos grandes y felices, orejas cortas erguidas de modo que el pelaje alrededor de su rostro formaba un halo. Él dejó escapar un suave gemido y le tocó con la nariz la mano para que ella acariciara el suave pelaje de su cabeza.

—Hola, chico. ¿Quieres salir? —arrulló Bella y él saltó emocionado, corriendo hacia la puerta trasera. Ella luchó por un momento con la llave, masajeándola con ambos dedos hasta que finalmente abrió la puerta y él salió disparado, desapareciendo entre los arbustos, corriendo rápidamente de árbol en árbol.

Bella sonrió, viendo cómo Sam se detuvo junto a una hierba de olor particularmente interesante y la bautizó. Sam era un saluki al que había adoptado dos años atrás. Su mejor amigo y compañero constante en esos dos años y, lamentablemente, lo que la había hecho levantarse por las mañanas.


Isabella Swan conoció a James Brooks hacía siete años en un bar de Seattle. Alto y rubio, ella se dejó llevar por su acento inglés que rezumaba colinas onduladas, calles adoquinadas y pueblos pintorescos. Hablaba suavemente, murmurando en su oído, y era el caballero de los libros de Austen y Bronte que ella soñaba conocer.

Después de un año de salir juntos, le pidió que se mudara a Inglaterra con él. Inmediatamente se transfirió de la Universidad de Washington a la Universidad Christ Church de Canterbury y continuó sus estudios de Literatura mientras James comenzaba su carrera como arquitecto de diseño en el centro de Londres. Su sueño creció mientras estudiaba en la hermosa y antigua ciudad de Canterbury, pasando sus fines de semana vagando por Londres del brazo de James y viviendo en un prístino apartamento blanco y moderno.

Al día siguiente de graduarse (con el título de nivel más alto), James le pidió que se casara con él. Ella aceptó de inmediato y se casaron menos de seis meses después. Los padres de Bella volaron, su madre trayendo a su nuevo esposo, Phil, con ella. Fue una ceremonia hermosa y simple, y parecía que Bella había encontrado ese elusivo feliz para siempre.

Y luego vino el después del para siempre.

La carrera de James despegó. Lo ascendieron dos veces en dos años y ambos estaban encantados, celebrando con alegría y amor. Obviamente, eso significó que James tenía que pasar más tiempo en la oficina y lo enviaban a viajes de negocios. Bella se encargó de la casa y comenzó a jugar con la escritura. Antes de que se diera cuenta, tenía media novela escrita y James estaba preguntándole por qué no había aplicado para su maestría en la universidad.

Seis meses después de eso, tenía una novela completa (una novela romántica y cursi), un agente y un contrato. James tenía una expresión amarga.

La destrucción comenzó lentamente y apenas se notó al principio. Una cena perdida de ambas partes, un viaje de fin de semana donde Bella ni se dio cuenta de que él no estaba, un viaje de un día a Oxford cuando James no se dio cuenta de que ella estaba fuera hasta que la cena no estaba en la mesa.

Una menstruación que nunca llegó.

James estaba complacido, de una manera extraña y engreída, y Bella estaba asombrada de cómo la cantidad de amor que tenía por James se veía eclipsada por la intensidad hacia el pequeño bulto en su estómago, el pequeño aleteo de vida que florecía, que cambiaba su cuerpo en belleza y forma. Adoraba cada minuto (incluso las náuseas matutinas que la dejaban desplomada en el suelo del baño durante horas, todos los días en su primer trimestre) y pasaba días decorando cuidadosamente el dormitorio de invitados de su apartamento con delicados tonos de amarillo y verde, persuadiendo a James de ayudarla a construir una cuna y un cochecito y leyendo todos los libros sobre el embarazo y recién nacidos que pudo encontrar.

James estaba orgulloso y cariñoso, presumiéndola ante sus colegas y amigos. Estaba tan ansioso por la llegada de su bebé como ella y, fue de la mano, que se sometieron a un ultrasonido a las veinticinco semanas, ansiosos por ver que su pequeño ser se movía, posiblemente agitando una mano diminuta en preparación para conocer a sus padres en tan solo unas pocas semanas.

El bebé no saludó y no hubo latidos del corazón. James y Bella habían mirado la pantalla, esperando que el técnico ajustara el equipo y les mostrara a su bebé.

En cambio, apagó la pantalla, limpió el estómago de Bella y se disculpó. Bella no entendió las explicaciones científicas y eventualmente el doctor usó la horrible frase "Es solo una de esas cosas que pasan".

La operaron y removieron el… A Bella no le gustaba llamarlo bebé. Había sido su bebé y ahora se había ido, borrado como si nunca hubiese existido.

La oscuridad se apoderó de su mundo y se fue a casa, se subió a la cama y lloró y gritó por los latidos perdidos. James no se unió a ella, en su lugar durmiendo en el sofá.

Bella no escribió. No pudo encontrar palabras. En cambio, pasaba sus días paseando por los parques de Londres, tratando de recordar cómo había sido su vida antes, qué significado había tenido.

Estaba perdida sin respuestas.

Fue cuando el metro de la línea central se descompuso y se vio obligada a redirigirse a través de la estación Victoria que vio un anuncio del refugio de perros Battersea. Algo la atrajo hasta que se encontró fuera de ese edificio, y fue invitada por una sonriente recepcionista a pasear por las perreras.

Fue allí donde vio a Sam. Enormes ojos marrones la habían mirado fijamente y cuando ella entró en su perrera, él se acercó tentativamente antes de apoyarse entre sus piernas, recostando la cabeza debajo de su mano. Bella cayó de rodillas y envolvió sus brazos alrededor de él, presionando su rostro contra el cálido y suave pelaje negro. Él movió la cola alegremente por un momento antes de acostarse a su lado, acurrucándose más cerca.

Lo llevó a casa dos días después. James le dedicó una mirada fría a la criatura que había usurpado el afecto de su esposa y le dijo a Bella que ella era responsable del perro.

La destrucción aumentó a una velocidad imposible de ignorar. James dejó de llegar a casa para cenar, finalmente metiéndose en la cama alrededor de la medianoche. Bella fingía estar durmiendo para evitar hablar con él, fingía ignorancia ante sus vagos intentos de intimidad. Finalmente dejó de intentarlo y, poco después, comenzó a meterse en la cama oliendo ligeramente a alcohol y perfume.

Bella ya había tenido suficiente a ese punto. Fue a la hora del almuerzo al edificio de James y tomó el ascensor hasta su piso. Ella no tocó antes de entrar en su oficina y así fue como lo encontró con su secretaria, una glamorosa pelirroja de nombre Victoria, inclinada sobre el escritorio. Ella desvió la mirada cuando la notaron y se apresuraron a recoger sus ropas. No hizo ningún comentario, pero colocó los papeles del divorcio en el escritorio de James, murmuró que recogería sus cosas cuando tuviera una nueva dirección definida y lo dejó, desconcertado y horrorizado, con una mancha de lápiz labial coloreando la comisura de su boca.

Bella nunca usaba lápiz labial.

No podía sentirse enojada con James. Parecía que cualquier sentimiento que tuvo por él se había desvanecido después de la pérdida de su bebé. Él se enojó por eso cuando ella lo admitió, mientras recogía sus últimas pertenencias porque se mudaba a un pequeño apartamento cerca de Covent Garden, pero su enojo ya no significaba nada. Bella se había prometido a sí misma que no tendría nada más que ver con él. La culpó, dijo que ella lo había empujado hacia Victoria, que era frígida y nunca lo había amado de la forma en que debería haberlo hecho, que amaba a Sam más de lo que lo amaba a él. Bella ignoró sus gritos, su rabieta, el vidrio roto cuando arrojó un vaso medio vacío de whisky contra la pared. Ignoró a Victoria cuando se cruzaron en el pasillo, Bella se dirigía al ascensor, Victoria al apartamento. La pelirroja la miró con desprecio. Bella le ofreció una leve sonrisa y un silencioso deseo de que fueran felices juntos. A ella ya no le importaba. Y así terminaron seis años de una relación que le había enseñado a que no le importara.


Bella iba al jardín conmemorativo todas las semanas y dejaba un ramo de flores en la pequeña losa que estaba grabada como "Bebé Swan-Brooks". James nunca visitó el monumento, por lo que nunca tuvo motivos para quejarse del nombre.

Intentó escribir de nuevo. Su agente, Angela, le suplicó/amenazó/lloró para que volviera a escribir mientras su primera y última novela todavía estuviera en la mente del público. Bella estaba sentada en su pequeño apartamento, con un documento abierto de Word, en blanco, regodeándose y burlándose mientras mostraba sus páginas blancas.

Fue a una papelería y compró los cuadernos más bonitos y extravagantes que pudo encontrar y se sentó en el parque St. James, Sam se sentó lealmente a su lado hasta que una ardilla pasó velozmente y él desapareció en la distancia hasta que perdió el interés, regresó y colapsó jadeando a sus pies. Bella escribió oraciones, palabras al azar, garabateó en los márgenes de su cuaderno y suspiró profundamente cuando los personajes e historias se le escaparon.

Un día a principios de invierno, cuando estaba soleado pero hacía frío y Bella estaba acurrucada en el banco con un abrigo ajustado y un gorro de lana, Sam con su abrigo de lana sobre su piel, una pareja pasó, tomados del brazo, riendo de nada. Bella los miró y se alarmó levemente por la falta de envidia que sentía por ellos. Ella siempre había anhelado ese amor, era algo de lo que estaba segura desde su adolescencia.

¿Cómo pudo haberse desilusionado tanto a los veinticinco?

Su bolígrafo empezó a garabatear sobre una chica que quería enamorarse, que siempre lo buscaba y se preguntaba por qué nunca le ocurría. La chica cometió errores y conoció a los hombres equivocados y sufrió angustia y miseria. Al público le encantó y voló de los estantes. Angela se apaciguó una vez más y Bella buscó una forma de esconderse de toda esa publicidad. Fue esa búsqueda la que la llevó al pequeño anuncio en la esquina de un periódico que pedía a un inquilino que viviera en una propiedad en el sureste de Inglaterra para vigilar una gran casa privada.

Bella aplicó y la señora Cope se puso en contacto con ella en tres días. La señora Cope había aceptado su explicación de que quería privacidad para trabajar y ningún interés en traer amigos o familiares a la propiedad de los Cullen. Al final de la semana, Bella estaba moviendo sus cosas a la cabaña.


Sam regresó a la cocina mientras Bella terminaba de desempacar los comestibles y olfateó el suelo con esperanza. Bella puso los ojos en blanco y le ofreció un juguete masticable de cuero crudo con el que se escabulló hacia la sala de estar, sus garras golpeando los pisos de madera, antes de acostarse frente a la chimenea, donde masticó la golosina ruidosamente. Bella dejó la puerta trasera abierta. Hacía frío afuera, pero el sol brillaba sobre los árboles desnudos, dando esperanza, aunque no un signo de primavera. Bella se apoyó contra el marco de la puerta, envolviendo sus dedos alrededor de una taza de té caliente. Su aliento formó suaves y breves nubes de aire blanco mientras miraba hacia el pequeño jardín, con una cerca baja antes de encontrarse con la orilla del lago. El agua era brillante, deslumbrándola con el reflejo del sol y ondeando con los peces que nadaban justo debajo de la superficie y los pájaros que volaban para aterrizar en las suaves olas.

La escena irradiaba paz y Bella cerró los ojos, inhalando el aire dulce y limpio. Este era un buen lugar, este era el lugar para encontrar calma, felicidad y recuperarse del dolor desgarrador.

Bella abrió los ojos y se dirigieron a la casa que estaba al otro lado del agua. Cualquier consuelo en esa escena desapareció, dejando sus pulmones ahogados en aire helado. Era imponente e intimidante; ella frunció el ceño en su dirección, sorbiendo su té desafiante antes de darse la vuelta con la vaga idea de terminar un capítulo.


*Manderley: El Castillo Manderley es una gran mansión fortificada de estilo victoriano neogótico ubicada en Dublín, Irlanda.


Ahora ya conocemos la historia de Bella y qué la llevó a Cullen Hall. Este capi fue para ponernos al corriente en la vida de Bella, en los siguientes ya avanza la historia.

Gracias por los comentarios, alertas y favoritos. Para seguir con la tradición que teníamos hace unos años, capi extra cada vez que superemos 100 rr, así que ya saben ;)

En el grupo de Facebook estaremos compartiendo imágenes relacionadas con las traducciones, adelantos y cosas por el estilo, los esperamos.

No olviden decirme qué les parece la historia. Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai