Ranma 1/2

Ranma/Akane

Advertencia: de momento, ninguna


Capítulo I

Usualmente era ella la que se molestaba, pero en ese momento era él el que se encontraba realmente irritado.

¿Por qué siempre tenía que creer lo peor de él? ¿No merecía siquiera un poco de su confianza? A su modo de ver en muchas oportunidades le había demostrado que circunstancias lo habían arrastrado a infinidad de malos entendidos y que él era alguien en quien podía confiar, no obstante, ella seguía culpándolo y enfadándose por cualquier cosa y sin siquiera darle la oportunidad de explicar.

—¡Estoy harto! —masculló.

Luego de la discusión sintió una imperiosa necesidad de alejarse y tomando la excusa de un entrenamiento, pudo marcharse sin que le hicieran más preguntas que si acaso quería llevar comida, a la que por supuesto, molesto o no, no iba a negarse. La aceptó muy agradecido y emprendió rumbo hacia no estaba del todo seguro donde, pero uno que le otorgara distancia y tranquilidad...

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Sin darse cuenta por estar metido en sus cavilaciones, había llegado mucho más arriba de lo que había pensado que ascendería esa medianamente lejana montaña a la que en más de alguna oportunidad había ido cuando necesitaba entrenar, aunque no reconocía ese punto en específico, porque no ocupó la ruta acostumbrada para llegar ahí.

—Creo que aquí estaré bien… —concluyó.

Había una pequeña cueva en la que podría refugiarse para pasar la noche y no había una posibilidad de incendio si prendía una fogata en el frente, por lo que rápidamente en los alrededores consiguió piedras de buen tamaño y leños secos y no pudo evitar lamentar que de haber conocido ese paraje se habría resguardado de tanto frío que había padecido en similares circunstancias con anterioridad.

Hacía mucho tiempo que no experimentaba esa tranquilidad, había conseguido llegar sin que nadie lo hubiese seguido y realmente le alegraba, porque no estaba de ánimos para lidiar con otras personas. En contadas oportunidades había tenido la oportunidad de escuchar el crepitar de los leños siendo consumidos por el abrasador fuego, consiguiendo en poco rato un efecto casi hipnótico, que lo dejó sin posibilidad de escapar de los pensamientos que usualmente prefería ignorar. Flexionó sus rodillas y apoyó su cabeza en estas, cubriendo sus piernas con sus brazos, y el sonido del fuego volvió a llevarlo hasta justo antes de darse cuenta de había estado en una posición realmente incomoda, tanto emocional como físicamente.

Había llegado molesto, no obstante, después de sopesarlo por un largo rato, fue capaz de admitir para sí mismo que estaba más dolido que enojado. Él no era un "pervertido" como solía llamarlo sin ningún cuidado o un "degenerado". Si por algún motivo la había pasado a llevar, mirar o tocar de manera indebida, no había sido por iniciativa personal.

Excepto por esa vez…

—¡Ni quien quiera verte! —exclamó alzando la voz.

Sabía en el fondo que si quería, no obstante el grito le sirvió para aliviar lo molesto que ella lo hacía sentir con su escasa confianza. Estiró las piernas, apoyó sus manos en el suelo y miró al cielo, encontrando que se encontraba despejado y realmente estrellado. Era un panorama bonito de mirar y que, aunque era capaz de ver, en realidad no era algo que le llamara la atención. Sus pensamientos estaban mucho más a ras del suelo…

No lograba entenderla, había ocasiones en la que ella se arriesgaba para ayudarlo, aunque nadie se lo solicitase, y cuándo él le pedía que escuchara una explicación no le daba un solo segundo sin simplemente esperar lo peor de él. Siempre reaccionaba de manera visceral y violenta y aquello le tenía bastante superado.

El fuego poco a poco comenzó a perder su vigor, transformándose en rojas y furiosas brasas y recordó la comida que había traído preparada con alegría, dado que su estómago comenzó a exigir alimentos con poco elegantes sonidos.

La comida casera le sabía a lujo. Había pasado por innumerables miserias durante su entrenamiento, por lo que realmente apreciaba tener tres comidas al día, un techo y un baño. Cosas que la mayoría daba por sentado y a las que él ya se había acostumbrado también, dado que no había tenido la oportunidad de vivir así y admitía que la comodidad era algo a lo que era fácil habituarse, como el tener acceso garantizado a alimentos calientes y deliciosos –si no era Akane la encargada-, o como la cena que se estaba perdiendo en ese momento por estar ahí tan lejos.

Cerró el contenedor de la comida, lo envolvió con una bolsa plástica y lo guardó en lo más profundo de su mochila; no quería atraer animales hambrientos, y decidió echar un par de leños más al fuego, porque esa iba a ser una larga noche. Se sentía inquieto y enérgico, usualmente entrenaba, no obstante una reciente molestia en hombro le afectaba y le habían recomendado que no forzara su cuerpo por un tiempo, aunque aquella dolencia no le afectaba como la que sentía más punzante en su pecho al pensar que si no fuera por Xian-pu podría estar justo donde realmente quería y no estaba, porque ella se había infiltrado y metido en su cama, sin su consentimiento por supuesto, porque ciertamente con todos esos años que llevaban en esa clase de relación, podría haberla convencido de ir a cualquier otro lugar más cómodo, sin su padre durmiendo ruidosamente justamente al lado… ¿por qué iba a querer llevar a una mujer a ese lugar…? Cualquier persona se hubiese dado cuenta de que era una trampa; había todo un historial de triquiñuelas que lo respaldaban, pero ella no pensó en la posibilidad siquiera...

También estaba harto de que todos le faltaran el respeto: su padre para empezar, su asqueroso y libidinoso maestro, Xian-pu, los hermanos Tatewaki y tantos otros que a él le molestaba que se tomaban atribuciones que no les correspondía, pero Xian-pu se había pasado de la raya, aunque ella en particular no parecía ser capaz de notar que existían límites.

Aunque algo no le calzaba, y era que como había sido posible que Akane descubriera a Xian-pu ahí en ese momento. Viviendo con su padre toda su vida, desarrolló la habilidad de ignorar los ruidos o el descanso le hubiese sido denegado; solo se enteró de la presencia de las dos mujeres en la habitación en el mismo segundo en el que le comenzaron a arrojar objetos y a gritar. Akane tuvo que haberse dirigido a esa habitación en específico, porque esa estancia quedaba al fondo del pasillo…

¿Por qué había ido hacia allá?

¿Acaso había ido a buscarlo…?

Desde el incidente del dojo que ambos evitaban entrenar juntos o estar solos en la misma habitación…no habían compartido más que monosílabos o diálogos muy superficiales, como casi en un acuerdo para que los demás no notaran que algo ocurría y no se inmiscuyeran como siempre.

Sus pensamientos lo distrajeron lo suficiente como para que pasara el tiempo dilucidando supuestos motivos de su presencia en su habitación, y comenzara a sentir sueño. Se acomodó dentro de la pequeña cueva y se quedó dormido con el pensamiento de que regresaría a la casa tan pronto abriera los ojos, ya que había cumplido con su objetivo de tomar un respiro y de relajarse y el suelo le estaba haciendo daño en la espalda y extrañó su futón mullido.

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Después de una inesperada tranquila noche, limpió todo y asegurándose de extinguir por completo el fuego, se dirigió a casa. Se había enojado con ella y se había terminado castigando a sí mismo, porque le dolía la espalda un poco más de lo que lo hacía el día anterior así que deseó llegar pronto para tomar un buen baño. El agua caliente conseguía aliviar su cuerpo maltratado.

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Tardó más de lo esperado en regresar, ya que había terminado ayudando a una anciana a buscar a su perro y se había perdido el desayuno al que había tenía esperanzas de tomar antes de verse enredado en eso. Todos estaban en sus asuntos cuando arribó, y al verlo lo saludaron como si no se hubiesen enterado que él no había estado. Dejó las cosas en su cuarto y se dirigió a la sala y se sentó resignado en la mesa lamentando el no haber podido ignorar a la anciana, y tener que conformarse con lo pudiera encontrar en la nevera hasta el almuerzo. Prendió la televisión y sin sintonizar ningún canal en particular, sus lamentos por la mala programación se vieron interrumpidos, porque unos minutos después llegó Akane con lo que parecía un bol con sopa hirviendo.

Su estómago se sentía débil. Nunca era un buen día para la comida de ella, pero ese en particular tuvo la certeza de que obtendría incluso peores resultados que los obtenidos antes en similares circunstancias cuando había aceptado su amabilidad.

—Solo lo calenté —aclaró al leer la expresión de su rostro—. No lo preparé yo.

No había tenido intención de ofenderla, pero saber aquello le alegró y lo recibió gustoso. Le venía bien algo caliente y aunque no era un gesto habitual en ella, no hizo ningún comentario al respecto, ya que poco tardo en distinguir a Nabiki más allá. De seguro ella estaba involucrada de alguna manera.

Akane le hizo una seña y luego abandonó el lugar, y no tardó en notar un papel cuidadosamente doblado en el lugar donde ella había indicado. Lo desdobló y leyó el mensaje escrito con una perfecta y clara caligrafía:

"Ven a mi habitación"

Se puso nervioso, y la comida que segundos antes le había parecido apetitosa, había dejado de tener sabor porque no pudo concentrarse en otra cosa más que en ese mensaje.

Terminó de comer y luego de llevar el tazón a la cocina y lavarlo. Se dirigió al baño, se lavó los dientes y luego se dio una ducha reponedora que la sintió casi como curativa.

Volvió a leer el mensaje que había guardado en su pantalón para cerciorase que no era aquello algo que hubiese imaginado, y confirmando luego de releerlo tres veces, se dirigió al hacia ese lugar que indicaba el mensaje, vigilando que nadie estuviera viendo hacia donde iba, porque era evidente que ella no había querido ser explícita al respecto…

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Golpeó con suavidad con uno de sus nudillos, y ella rápidamente le abrió la puerta y le indicó que pasara.

—Creí que entrarías por la ventana —rompió el silencio ella, sonriendo.

Las ocasiones que había entrado a ese lugar esa había sido la forma la mayor parte de las veces, no obstante creyó que por las circunstancias aquello no era lo más indicado.

—Puedo entrar por ahí si quieres —respondió con una sonrisa.

Ella le regresó el gesto y observó que caminó hacia la ventana y luego volvió hacia él en un paso que demostraba evidente nerviosismo, porque repitió dos veces más la misma acción.

—Lamento mucho haberte gritado de esa forma —reconoció ella —. No debí arrojarte cosas tampoco…

Creyó que no iría de inmediato al grano, pero así había resultado. Apreciaba que hubiese recapacitado y asintió. Su expresión le decía que realmente lo sentía. Él también había sobrereaccionado yéndose, y pensó en que tampoco a él le gustaría ver la escena que ella atestiguó, fueran cuales fueran las circunstancias.

—Es increíble lo que puede llegar a hacer esa mujer… —masculló molesta.

Le gustaba verla celosa, y no era tan extraño, no obstante, no había tiempo para más malos entendidos. Quería despejar cualquier clase de duda que tuviera al respecto, aunque también quería investigar cómo había sido que había terminado frente a su habitación.

—Akane… —tanteó el terreno para saber si tenía su atención —. ¿Cómo supiste que ella estaba ahí?

Ella se sonrojó y simplemente no respondió. Entonces le pareció evidente la razón.

—¿Fuiste a verme? —interrogó.

El que no lo negara fervorosamente era que aceptaba la aseveración. Sintió que tenía que aclararle lo que a él le parecía obvio y que a ella a esa altura debería parecerle también.

—Yo no la traje –aseguró apresuradamente él —. No haría algo así…

Esperaba que le creyera y podía enumerar las razones de por qué jamás haría tal cosa, las había pensado bien, por lo que la respuesta de ella lo sorprendió.

—Lo sé —admitió.

Estaba asombrado, no había imaginado esa variante. Akane no era buena admitiendo que se equivocaba, al menos no con él, por lo que surgió la necesidad de responder otra duda.

—¿Por qué fuiste a mi habitación? —preguntó curioso.

Ella no respondió, así que de prontamente llegó a la conclusión de que no estaba agradada con el cuestionamiento. Era demasiado frontal esa pregunta, y no estaban acostumbrados a eso, así que no la presionaría, aunque tenía ganas de conocer la respuesta, porque era cuando menos poco usual que ella se presentara en su habitación si no era para despertarlo en las mañanas, y eso solo si Kasumi se lo pedía.

—No podía dormir —contestó finalmente —. Me preguntaba si acaso estabas despierto… quizás para entrenar…

Un calor lo invadió súbitamente y a partir de ese momento estuvo muy consciente del lugar en el que estaba, y de quién lo acompañaba… miró de reojo la cama y la ventana ligeramente entreabierta que hacía que la cortina oscilara, y aunque trató de ocupar ese punto como para enfocarse, su cabeza no podía evitar pensar en las posibilidades que podían estar ocultas en esa respuesta.

La última vez que habían entrenado juntos en el dojo a ella se le había soltado el vendaje que le cubría los pechos y él se los había mirado sin ocultar lo interesado que estaba realmente en hacerlo. Ella lo había descubierto, pero no reaccionó como siempre lo hacía y no hizo un comentario al respecto. Recordó cómo le había latido el corazón cuando acercó su mano para cerrarle el traje y como la respiración de ella se había alterado cuando por intentarlo su mano tocó un poco la piel desnuda de su pecho, aunque de eso no podía estar del todo seguro, porque ella se volteó y salió corriendo sin regresar.

Ella ya no practicaba como disciplina si no como terapia y entrenamiento, se dedicaba a estudiar y había resultado que sus esfuerzos habían dado frutos. Sus calificaciones habían mejorado para ser una de las mejores de la clase, pero junto con ello gradualmente habían descendido sus aptitudes físicas y algunas cosas más técnicas como colocarse los vendajes o cerrar bien el kimono. Ella ya no era muy activa, ni mucho menos competitiva.

—¿Todavía te preocupa el que vaya a decir tu padre sobre tu retiro? —quiso saber.

Ella había decidido optar por una carrera universitaria. Se lo había confiado una noche en la que la encontró mirando fijamente el estanque y había seguido ahí aun cuando había empezado a llover, y él se le había acercado con un paraguas para evitar que se resfriara y preguntarle si acaso no había notado que no era el mejor lugar para estar justo en ese momento.

—Un poco —reconoció —. Pero creo que me apoyará…

Estaba de acuerdo. Ella era una hija muy apreciada por su padre y sus hermanas y si ella no podía hacerse cargo del dojo, él podía hacerlo, ella no tenía que angustiarse por eso…

Sentía que lo mejor sería abandonar la habitación, porque Akane movió sus manos inquietamente y había pasado un rato desde su última respuesta, era como si estuviera debatiendo en su interior y algo se lo impidiera. Hasta que finalmente vocalizó lo que parecía costarle tanto decir.

—¿Te gusta ella…? —preguntó con una voz apenas audible, pero muy clara.

Se tensó y sintió su rostro arder. Sabía a quién se refería sin siquiera preguntarle de quién se trataba. Negarlo era mentirle e insultar su inteligencia. De algún modo u otro ella no le era completamente indiferente, en oportunidades cuando ella aparentemente perdía su interés en él, había hecho de todo por volver a llamar su –obsesiva- atención…

Aunque una cosa era gustar y otra distinta era querer y sabía que, si bien le tenía cierto aprecio, simplemente no era lo suficiente.

—No me respondas —se retractó —. No debería haber preguntado eso.

Ella se retractó y entendió. Él no era ni por asomo la persona más sensible a los sentimientos de las personas o tampoco tenía el tacto para notar que en ciertas ocasiones podía ser imprudente, sin embargo casi pudo palpar la incomodidad en ella, que se movió notoriamente desagradada y arrepentida de su pregunta e hizo el además de alejarse, pero con un gesto él le pidió que no se moviera, y al dirigir sus ojos a su rostro observó una sombría expresión y fue como si de pronto lo tuviera escrito en su rostro: ella estaba creyendo cosas que no eran.

No lo iba a permitir, lo veía tan claro en ese momento, porque al final había aprendido que cuando intentaba lastimarla, luego le pesaba más a él mismo.

—No estoy enamorado de ella —aseguró mirándola directamente a los ojos.

Inquieta ella desvió la mirada y luego se volteó y pudo haber sido o no su imaginación, pero vio por un breve segundo una sonrisa en sus labios.

No sabía exactamente en qué momento, sin embargo en cierto punto ambos habían comenzado a aceptar que se gustaban. Eran escasos los momentos en los que como ese estaban realmente comunicándose, pero había quedado en claro en cierto punto que lo que ella hacía le importaba, y sabía que era mutuo, porque nunca se sintió peor que cuando ella había escogido a otro por sobre él.

Se cruzó de brazos. Había algo que tenía que lo carcomía desde hacía un tiempo y no estaba seguro de cuándo podría tener una oportunidad como esa para liquidar sus dudas, por lo que se armó de valor y le preguntó...

—En cambio tú... tú estuviste a punto de romper nuestro compromiso por otra persona —le recordó cabizbajo.

No había querido que sonara a reproche lastimero, no obstante incluso a él mismo le sonó así. La miró y a ella le hizo falta un momento para entender a lo que él se refería, pero captó la indirecta.

—¡Eso no fue así! —replicó —. Nunca me dejaste explicarte…

Era verdad. No se había sentido capaz de oírle decir en ese momento que ya no regresaría a casa junto a su familia; junto a él, y había huido. No había podido hacerle frente y aunque después se enteró por Ryōga de los motivos reales, no lo conversaron jamás.

—Él quedó muy herido luego de salvarme… yo debía hacer algo… —explicó mirando hacia abajo —. Se lo debía…

Lo sabía, ella era ese tipo de persona que no descansaba hasta sentir que había pagado su deuda. Era una de las razones por las que se había enamorado de ella, porque, aunque no era la persona más hábil, aún con toda esa torpeza intentaba con determinación superar los obstáculos, con todo lo que tenía –incluso a veces exagerando y exponiéndose-.

Akane se acercó y se sentó a su lado, cerca pero no lo suficiente como para tocarlo, pero tanto como para que ella se moviera unos centímetros y sus brazos se rozaran, haciendo que esa pequeña fricción provocara que una sensación excitante lo recorriera entero, hasta la punta de los pies…

—Entiendo —respondió finalmente —. No te enamoraste de él, pero te sentías en deuda.

Ella movió su cabeza de forma afirmativa y aunque sintió que lo miraba, él no pudo regresarle el gesto. Estaba sumido en sus pensamientos y esas sensaciones que hacían que le hormiguearan las manos con tan solo estar con ella.

Había sentido celos antes, más en esa oportunidad pensó que iba a tener que olvidarla.

—¿Todavía tienes dudas sobre eso? —le tembló un poco la voz a ella.

Tenía pleno conocimiento que era difícil para ella preguntarle, sin embargo, aprovecharía la oportunidad para saber algo que realmente le atemorizaba aclarar pero que sentía que ya no podía seguir postergándose.

—No —negó —. Ya no.

Le creía, después cuando todo se solucionó, ella regresó con él sin tener que pedirle que reconsiderara el que se quedase; era la evidencia más clara de que no mentía.

—Akane… —comenzó —. ¿Te gusta alguien…?

No podía creer que lo hubiese dicho, y no pasó mucho tiempo después de haber verbalizado esa pregunta que toda la excitación que había sentido previamente se esfumó para transformarse en intranquilidad y nerviosismo. Empuño sus manos con la férrea idea de que podría concentrar la tensión ahí y comprendió porque ella se desdijo cuando le preguntó, al hacerse la pausa tan prolongada en espera de aquella respuesta, deseó desdecirse.

—¡Akane!, ¡Ranma! —escuchó a lo lejos —. ¿Puede alguno ir a comprar a cebollas por favor?

Ambos se sobresaltaron al escuchar a Kasumi llamarlos. Habían estado absortos en un ambiente algo hermético. Desde hacía un rato que había dejado de estar consciente de que no eran los únicos en la casa.

—¿Me acompañas? —preguntó ella con una sonrisa.

¿Acaso no lo había oído? Se desesperó un poco, reunir el valor para preguntarle le había costado.

—¿Y para qué necesitamos ir los dos? —la interpeló enojado.

Había querido agregar que era más rápido si iba él solo porque ella solo lo retrasaría, pero se calló. La miró y notó que fuera de molestarse por haberle respondido así, ella lo miró burlonamente.

—Saldré primero, puedes alcanzarme en el camino —contestó.

—¡No iré! —negó determinado.

Observo que ella se acomodó la ropa, buscaba su dinero y se miró en el espejo, alistándose para salir, ignorándolo.

—Está bien —concordó ella.

Se levantó completamente irritado y cuando se asomó por la venta escuchó:

—Pero, si no vienes, ¿cómo voy a responder...? —curioseó.

Le sacó la lengua y seguidamente salió de la habitación, dejándolo ahí perplejo.

¿Ella estaba jugando con él?

Un día su padre le había dicho que en el momento que una mujer sabía que tenía el interés de un hombre éste era altamente manipulable. Él no era alguien a quien pudiera manejar a su antojo. ¡No lo iba a permitir…!

Salió por la ventana y observó como ella se dirigió hacia el mercado y aunque habiéndose jurado a si mismo que nadie lo iba a manipular, terminó alcanzándola a los pocos minutos.

—Al final si viniste —recalcó ella.

—No tenía nada más que hacer —replicó.

Ella se rio abiertamente, aunque él no le veía la gracia, sin hacer ningún amago de retomar la conversación donde había quedado antes, junto antes de atravesar el umbral de la entrada, ella lo retuvo.

—Retomemos la conversación en el dojo, más tarde, después de la cena —indicó Akane.

Se quedó estático, porque la suave voz con la que le habló le sonó a promesa. Miró como ella conversaba animadamente con Kasumi las novedades del mercado y supo que se le haría eterna la tarde...

Continuará...


Hola, ¿qué tal? Hace tanto tiempo que no escribo que espero no se aburran con esta pequeña historia que se me ocurrió. Deseo de verdad que estén llevando la situación que tenemos con la pandemia de la mejor manera posible...

Esta historia viene a raíz que me han estado llegando constantes reviews y notificaciones de este fandom, por lo que me entusiasme y lo intenté de nuevo.
¿Lemon o no para el próximo capítulo? Mmm... ¡lo voy a pensar! (sólo son dos capítulos en todo caso)
¡Hasta pronto!