Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo Tres

Bella tenía previsto encontrarse con el jardinero, Jacob, el martes. El lunes por la noche, se fue a la cama de mal humor. Durante cuatro días había estado viviendo en una burbuja, completa y maravillosamente sola en el mundo. Ahora este hombre estaría invadiendo su mundo y se vería obligada a aceptar que otras personas conocían este lugar, su pequeño pedazo de paz idílica.

Se despertó el martes por la mañana cuando Sam saltó sobre la cama, gimiendo ruidosamente mientras frotaba su cabeza contra su hombro, suplicante.

Sam… —gimió, rodando lejos de él. Sam no se rindió, sus grandes patas arañaron el edredón. Con otro gran gemido, se arrastró sobre ella, clavándole sus huesudas patas. Bella soltó una risita, gimiendo mientras él la acariciaba con cariño.

—Está bien, está bien… ya me levanto. Perro exigente —murmuró, envolviendo sus brazos alrededor de él mientras se sentaba. Sam saltó de la cama y se lanzó a la puerta, moviendo la cola con entusiasmo mientras Bella se ponía unos pantalones cortos, una camiseta y zapatillas deportivas. Después de agarrar algunas bolsas de plástico pequeñas (en caso de que Sam sintiera la necesidad), guardó la llave de la puerta en sus pantalones cortos y se puso a trotar lentamente a lo largo del borde del lago, Sam corriendo adelante, deteniéndose para examinar árboles o arbustos y luego alcanzándola antes de que ella se perdiera de vista.

La sangre bombeó en todo su cuerpo y Bella sintió una sonrisa cruzar su rostro mientras sus pies golpeaban el suelo una y otra vez. Comenzó a correr después de la pérdida de su bebé, en parte como una forma de recuperar la salud y en parte para salir del apartamento mientras James se preparaba para ir al trabajo. Era una situación que les acomodó a ambos.

Era una carrera de veinte minutos hasta el otro lado del lago. La otra mitad estaba cubierta por árboles y habría sido de difícil acceso, incluso con el rudimentario camino que conducía a la carretera que accedía a los terrenos. Bella se detuvo en el punto medio y se inclinó para estirar las piernas y recuperar el aliento. Sam jadeó pesadamente a su lado y luego se volvió, vagando de regreso en la dirección por la que habían venido. Bella no se preocupó; volvería a la casa en su debido tiempo, después de que terminara de cavar con curiosidad en algún lugar a la orilla del lago; ella comenzó a correr de nuevo. Sin embargo, corrió solo unos pocos metros cuando su pie se atascó y tropezó con el camino, y extendió las manos para frenar la caída. Con un grito ahogado de dolor, hizo una mueca cuando sus manos se rasparon, pequeñas piedras se incrustaron en sus palmas y rodillas.

Bella gruñó, sacudiendo sus manos y rodillas mientras pequeñas gotas de sangre corrían por sus piernas. Pronto se formarían costras, pero quería desinfectarlas en la casa. Suspiró y vacilante intentó correr, pero se detuvo cuando el dolor le atravesó la piel. Suspirando de nuevo con frustración, se resignó a caminar de vuelta, mirando brevemente hacia atrás para ver qué la había hecho tropezar. Una pequeña piedra sobresalía de la grava, pero a la izquierda de ella, en la hierba, había algo más, cubierto de tierra donde Sam había escarbado.

Bella se inclinó, no queriendo arrodillarse en la tierra fresca cuando Sam olfateó su camino hacia ella. Recogiendo el curioso terrón de tierra, sacudió hasta que descubrió un pequeño relicario de plata, sin la cadena. Obligándose a ser paciente, le silbó a Sam y se dirigieron hacia la casa.

Al menos, Bella lo hizo. Sam se detuvo y sus orejas se aguzaron, sus ojos oscuros se volvieron hacia el bosque que separaba el otro extremo del lago de la casa. Un gruñido bajo resonó y luego, como si algo lo hubiera asustado, gimió y corrió detrás de Bella, con las orejas bajas contra su cabeza por el miedo.


Bella estaba bebiendo su té matutino y untando mermelada de frambuesa sobre una tostada de la panadería del pueblo cuando sonó el timbre. Mordió su tostada, empujando el plato hacia el centro de la mesa para que Sam no pudiera alcanzar la otra rebanada, antes de ir a la puerta principal. Abriéndola, se encontró cara a cara con posiblemente el hombre más alto que hubiese conocido. De hecho, era menos cara a cara y más cara a pecho, y Bella miró con asombro, su tostada colgando sin fuerzas de una mano.

—Hola, debes ser Isabella —saludó con una amplia sonrisa. La sonrisa se adaptaba a su rostro, que tenía cálidos ojos oscuros y pómulos altos con piel rojiza sobre ellos. El pelo negro y desgreñado colgaba sobre su rostro y rápidamente le recordó a Bella a las tribus nativas americanas, una vista extraña entre las verdes colinas de Kent.

—Bella, por favor. ¿Tú eres Jacob?

—Lo soy

—Entra —ofreció, moviéndose a un lado para que él pudiera encorvarse y entrar por la puerta. Fácilmente medía dos metros de altura, vestido con vaqueros holgados y una camiseta negra sin mangas.

Fueron a la cocina y Bella le ofreció té, que Jacob aceptó cálidamente.

—Con ese acento, no eres local —comentó él y ella sonrió brevemente.

—Soy originaria del estado de Washington, aunque crecí en Arizona. ¿Tú?

—Por extraño que parezca, soy descendiente de una tribu en Washington. —Jacob sonrió—. Mi bisabuela se casó con un inglés y se mudó aquí, trayendo a mi abuelo con ella. He vuelto un par de veces para visitar, pero he vivido en Inglaterra toda mi vida.

Bella preparó una nueva tetera de té mientras él hablaba y le entregó una taza a Jacob, invitándolo a servirse.

—¿Lo tomas con azúcar?

—No, gracias. —Le agregó unas gotas de leche a su infusión y lo sorbió con apreciación.

—Entonces, ¿qué haces exactamente? —preguntó Bella, esperando evitar más preguntas sobre sí misma.

—Mantengo los jardines en forma.

—No es un trabajo fácil para una persona —comentó ella a la ligera, y él se rio entre dientes.

—No, pero me mantiene ocupado. Hay cuatro secciones en los jardines; el césped principal, el jardín de rosas, el laberinto y los huertos. Solo es necesario cortar el césped una vez cada quince días, y los jardines de rosas no estarán en temporada hasta dentro de un par de meses.

—¿Hay un laberinto? —preguntó Bella con asombro, no se había dado cuenta de eso. Jacob asintió.

—Un laberinto de setos. Necesita recortarse cada pocas semanas para mantener los setos espesos. Ha estado en el terreno desde que se construyó la casa, a principios del siglo XVIII. Te llevaré allí y te mostraré.

—Eso suena bien —respondió Bella, observando cómo bebía profundamente de la taza, sin molestarle la temperatura.

Conversaron un poco más, discutiendo el cuidado de los jardines y la casa. Jacob era amable e ingenioso, su sonrisa iluminaba la habitación. Bella se encontró riendo de sus agudos comentarios, y después de otra taza de té, lo acompañó a la puerta trasera, haciendo una pausa cuando la casa de los Cullen apareció en su línea de visión.

—Es todo un espectáculo, ¿no? —inquirió Jacob, mirando el imponente edificio. Bella descubrió que se había abrazado a sí misma, helada al verlo.

—Claro que lo es... es un poco... —Luchó por encontrar la palabra adecuada—. Ártico.

—¿Eso crees? Creo que es hermoso. —Él le sonrió—. Aprenderás a amarlo, Bella.


Después de que él se fue, Bella miró la casa mientras las nubes sofocaban el sol. La profunda sensación de incomodidad no la había abandonado y cerró los ojos, respirando profundamente, habiéndose olvidado por completo del relicario de plata que arrojó descuidadamente sobre su mesita de noche.

Nunca debes dejarme.

Él estaba sobre la cama y Bella lo miró fijamente, extrañamente, sin alarmarse por este hombre en su habitación.

Él no se movió; los pensamientos de Bella eran con curiosidad sobre qué había provocado un sueño tan extraño y sin motivo, pero fueron interrumpidos por un movimiento abrupto de él, girando su cabeza alarmado para echar un vistazo por la ventana antes de girarse hacia ella nuevamente.

Sus ojos oscuros observaron los de ella con un extraño anhelo, y ella no se atrevió a parpadear cuando su boca se movió nuevamente, sus palabras resonando en su cabeza.

No pueden separarnos, Marie. No debemos separarnos.


Bueno, espero sus teorías... ¿quién es ese hombre misterioso? ¿Será bueno, malo?

Gracias por todos sus comentarios, por las alertas y favoritos, me alegra saber que les está gustando la traducción.

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No olviden decirme qué les parece la historia. Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai