Advertencia: Narrado desde la perspectiva de Akane y tuve que dividirlo en dos partes y esta es solo la primera.

Capítulo II

Las piernas le temblaban y también las manos, incluso la que no había utilizado para golpear: la falta de practicaba se hacía notar, aunque no estaba complementa segura de que realmente fuera eso o una reacción completamente incontrolable producto de la ira.

Sintió las miradas de todos sobre ella, incomodándose y sin mediar palabra, se fue a su habitación sin explicar nada.

Escuchó murmullos y los pasos de las personas yendo y viniendo, hasta que unos derechamente se detuvieron frente a su puerta, e impetuosamente Nabiki entró sin tocar, seguida de Kasumi.

—¿Hasta cuándo te comportarás de esa manera? —interpeló su hermana —. ¿Serás feliz cuando él realmente se canse de tu carácter de mierda y se largue?

En el fondo lo sabía. Ella misma comprendía que a nadie le podía gustar ser tratado así. Se sentía mal de haber reaccionado tan bruscamente, pero era tarde para dar pie atrás: ya lo había hecho.

—¡Nabiki! —la detuvo Kasumi.

Escucharla fue impactante, no obstante, sentía que no podía rebatirlo. Usualmente ella no se inmiscuía si no sacaba algún tipo de beneficio, pero si intervenía en ese momento, que no tenía como sacar provecho, era porque de verdad no había estado bien actuar de esa manera tan impulsiva.

—¿Qué debería decir entonces? —contestó —. ¿Que está bien que ignore que mi hermana sigue comportándose igual que cuando era una niña y nos parecían simpáticas sus demostraciones de fuerza?

Kasumi bajó la cabeza con un notorio gesto de preocupación en su rostro. Ni ella iba a intentar justificarla. Había encontrado que el argumento expuesto era innegable.

—Como sea yo o no, no es problema tuyo —se defendió.

—Lo es —corrigió —. Es asunto mío que mi tan inteligente hermanita no demuestre que lo es porque es taan celosa que no piensa siquiera que es una posibilidad que esté siendo víctima de una treta antes de mandar a volar a su novio.

Hubo unos segundos de silencio que pensó que significaban que no tenía ya nada más que decir, sin embargo, estaba equivocada, porque su hermana prosiguió.

—Akane, tienes que entender que ya no puedes seguir reaccionando de esa manera. Ya no me causa ninguna gracia. Ni a nadie.

Ella la miraba directamente a los ojos y empuño sus manos con rabia, enterrándose las uñas en las palmas. Era una forma de lidiar con lo que oía, porque nadie nunca se lo había dicho de esa manera, porque la verdad dolía y no podía negar que lo que en ese momento parecía obvio por como ella lo indicaba, poco tiempo antes no lo había sopesado, enceguecida por el enojo había actuado antes de pensar y que efectivamente no era la primera vez que sucedía.

—Así eres altamente manipulable —recalcó —. Y eso es una debilidad que ella nunca va a dejar de explotar…

Una palabra que no le gustaba en definitiva era la palabra "débil". Había entrenado desde pequeña para batallar con el prejuicio de que las niñas no eran aptas para las artes marciales, para llevar con honor su apellido y hacerse cargo de un dojo, y lo había conseguido, hasta el día que Ranma había aparecido en su vida. Ese día había descubierto que existía un nuevo nivel, y era que simplemente su talento era extraordinario, y el de ella en realidad bastante "ordinario". Apenas superior al promedio.

—Si tanto te importa Ranma, ¿por qué entonces no te casas tú con él? —respondió con tozudez alzando la voz.

Aquello no lo sentía de verdad, pero había salido tan rápido de su boca que ni siquiera lo había pensado. Otra muestra de impulsividad.

—Porque él no tiene lo que a mí me parece más atractivo en un hombre —contestó con tranquilidad —. Con el tiempo lo he aprendido a apreciar y es guapo… sin embargo, él no tiene dinero.

No era una respuesta políticamente correcta, y sin embargo no le sorprendió, aunque de inmediato tomó distancia y aseguró para sí misma que esa no sería nunca su elección. El dinero y el lujo no debían ser más importantes que el amor, a su modo de ver.

—Ya es suficiente —la detuvo Kasumi con un tono firme —. Dejemos a Akane que de seguro tiene algunas cosas en las cuales reflexionar…

Nabiki asintió accediendo a dejarla sola, aunque no sin antes agregar un último comentario:

—Él siempre ha vuelto aquí contigo, ¿no? —interpeló —. Deberías intentar ponerte en su lugar y pensar en por qué sigue prefiriendo discutir contigo que estar con alguna de las ofrecidas que no tendrían ningún problema en darle las tres C.

Aparentemente Kasumi y ella la miraron extrañadas dando a conocer que no habían llegado a enterarse de qué hablaba, porque ella rápidamente se apresuró a aclarar lo que acababa de decir:

—Casa, comida y cama —reveló como si fuera lo más obvio.

No pudo evitar sentirse sorprendida con lo que acababa de oír, porque era algo que continuamente le inquietaba; aunque era la prometida de Ranma, no era algo que hubiesen acordado voluntariamente y lo que él hiciese o no, al final del día oficialmente no era su problema. Él era un hombre popular con las mujeres y era un hecho de que sin esfuerzo las atraía y esa característica tan peculiar no le agradaba ni un poco y concluyentemente, ella era solo una más de las prometidas. No podía interferir…

—Ranma es un buen chico…—añadió sonriente Kasumi antes de irse a la cocina—. Y tú también... Todo estará bien…

La tranquilizadora frase de su hermana mayor trajo consigo que su estómago se encogiera y tensara y las lágrimas se arrimasen en sus ojos, aunque luchó por no dejarlas caer, las sintió acumularse e intentó que no se rebalsaran, finalmente sucumbió y dejó de retenerlas cuando oyó que la puerta había sido cerrada y se encontró en la soledad de su habitación.

Sus hermanas se marcharon, y ella quedó pensativa, sintiéndose vulnerable y algo ridícula por haber armado semejante alboroto y haber caído en el juego de Xian-pu.

Había cometido un error y no se sentía bien consigo misma. Lo había lastimado y también avergonzado, y si había algo en lo que ambos se parecían era que eran orgullosos, así que asumía que él debía estar muy enojado.

Y de seguro ella había corrido detrás de él con una gran sonrisa…

De todas las autoproclamadas prometidas, era con quien más problemas tenía porque era la más insistente, osada y la más tramposa...

Ella representaba muchas de las cosas que ella misma no era o poseía, así como la libertad con lo que expresaba lo que sentía y sin ninguna vergüenza –y más de alguna vez tampoco escrúpulos- demostraba su interés en la persona que le atraía.

Además... era la más bonita.

Se sentía insegura, porque le hacía sentir es desventaja en todos los aspectos: amoroso, físico e inclusive en el deportivo y en las ocasiones que había casi logrado vencerla, ella hacía trampa y no dejaba que eso sucediera…

Nabiki había mencionado que era manipulable y la razón era que Xian-pu había descubierto sus sentimientos por Ranma, por lo que sabía que era cierto. En más de alguna ocasión la había provocado y se había burlado mirándola fijamente a los ojos mientras se aferraba a él, mirando su reacción con una sonrisa de superioridad que no podía malinterpretarse: le causaba gracia su molestia.

No la odiaba y realmente no le deseaba nada malo, pero no podía negar que cuando no estaba en las cercanías todo era mucho más tranquilo. Había sido de hecho durante su última ida a China que Ranma y ella habían mejorado la convivencia y se habían acercado hasta incluso para hablar de sus expectativas del futuro y más de alguna otra infidencia sobre la vida misma…

Recostada en su cama, mirando el techo y ya habiendo asumido que había actuado mal, entendió lo que su hermana le había querido explicar. No se sentía mejor consigo misma después de reaccionar así. Más de alguna vez –como esa- se había avergonzado de su comportamiento y más de las que había admitido, arrepentido.

Debía disculparse, aunque pensarlo y hacerlo, eran dos cosas completamente distintas. Había tenido la intensión de hacerlo en más de alguna oportunidad, pero no lo había conseguido. Era difícil cuando intentaba admitir algo, que él siempre recalcara todos sus defectos y se burlara diciendo que tenía la razón…

—Es realmente agotador que me gustes… —se quejó abatida —. Es como si me gustara un niño pequeño…

Era realmente extenuante su relación con él, y desde que había aparecido en su casa, literalmente nunca más fueron las cosas iguales. Había cosas que habían cambiado para bien. Era agradable volver a ver a su padre sonriendo y jugando con su amigo de la vida, que mirando el horizonte silencioso y quieto pensando en esa persona que anhelaba que ya no estaba y que en realidad nunca jamás estaría nuevamente...

No podía decir que le faltó amor, porque su padre se desvivió tratando de compensar lo que su madre no había podido entregarle, Nabiki la protegió a su manera y Kasumi se había preocupado de darle todas las atenciones que se esperaban que otorgara una mamá, no obstante siempre pudo percibir que en su casa había un ambiente un tanto sombrío y sabía que se debía a la muerte de su progenitora, aunque nadie lo dijera en voz alta…

Era muy pequeña para recordar a su madre con claridad, por lo que casi todo lo que sabía de ella venía de los recuerdos de alguien más, y aunque amaba y respetaba su memoria no sentía de algún modo el apego que su padre y sus hermanas sí. No era algo que le agradara aceptar y tampoco algo que fuera a decir en voz alta porque se podía malinterpretar, y de hecho no le gustaba que fuera así porque ella también anhelaba haber podido compartir con ella, pero la llegada de Ranma y su padre trajo un ambiente distinto y por qué no reconocer, más alegre. Fue como si todos los problemas que ellos trajeron consigo distrajeron a la familia que había estado por años añorando aquellos tiempos mejores y aletargada y comenzaran a vivir en el presente…

Les estaba agradecida por su presencia en la casa, aunque a veces le pareciera también que estaba demasiado llena a ratos, los consideraba parte de su familia…

Había empezado odiándolo por haberla avergonzado y día a día él le demostró que era alguien en quién podía confiar. Había encontrado en él una persona para admirar, porque era impresionantemente hábil en cada una de las cosas en las que se proponía y lo podía conseguir todo…

Incluso enamorar sin siquiera proponérselo…

Ranma no había sido su primer amor, pero era el primero que le había hecho sentir cosas y sensaciones que se le hacían poco a poco más adictivas, como aquella primera vez que sintió su respiración en la nuca y el aire cálido de su aliento cuando dijo su nombre generó una sacudida en su cuerpo, y terminando con una erección en sus pezones y un hormigueo en estos, sensación que se extendió luego desde sus brazos hasta sus manos. La intención de él había sido asustarla, pero en ella desencadenó algo que para su desgracia no se detuvo solo ahí, porque a partir de ese momento solo fue en ascenso…

Se había sentido posesiva con él, y aunque lo negaba, se apreciaba así misma como la "verdadera prometida", y en oportunidades él también así lo había manifestado, haciendo que se ilusionara incluso contra su voluntad imaginando un futuro juntos. Uno que poco después se desvanecía tal como aparecía, porque algo ocurría y la hacía aterrizar.

Experimentó los verdaderos celos cuando él no marcaba un límite con quienes lo pretendían, pero también llegó a empatizar porque no lo dejaban tranquilo. En algún punto se había transformado en el anhelado novio trofeo al que no veían, sino que solo exigían como suyo. Habían llegado a valerse de métodos que no incluía precisamente su consentimiento y no le gustaba que jugaran de esa forma con él, porque no correspondía.

¿Cómo podían ellas pasar a llevar a quién decían querer de esa manera? Ellas no lo respetaban como ser humano, porque había escuchado por ahí que decían que "a la fuerza no hay cariño…" y realmente lo sentía así, porque forzar a alguien a permanecer a su lado si él no lo elegía, era abusar...

Ranma le gustaba mucho más de lo que le agradaba a si misma admitir. No había querido, pero así había pasado, era la persona en la que más confiaba y admiraba, y luego de un momento a otro pasó a ser el objeto de su afecto.

También no mucho después objeto de su deseo…

Luchaba contra esos instintos primarios que se manifestaban cuando observaba en movimiento sus tonificados músculos, pero no era difícil cuando él no conocía muy bien el concepto de espacio personal, y aun así el espacio personal no tenía mucha cabida en las prácticas de artes marciales en las que él insistía en asistir y que también ella disfrutaba en el fondo, porque ser entrenada por el mejor por supuesto que le agradaba y era un privilegio que no tenía nadie más, sin embargo el contacto corporal era inevitable y estaba particularmente sensible a su masculinidad e incluso a su "femineidad", porque no importaba como luciera, su toque le afectaba y también a su vez lo anhelaba lo que también le asustaba.

Había estado tan expuesta a miradas lascivas en la escuela, a la forzada cercanía de Kuno y del pervertido y asqueroso maestro, que cuando algún hombre la miraba más segundos de los que se consideran educados, ella tendía a reaccionar defendiéndose, porque bajar la guardia le costaba trabajo, desconfiaba por naturaleza; pero las veces que lo había conseguido dejarse llevar el hormigueo que quedaba en su piel la había aturdido y la había hecho querer más, anhelar que no fuera un roce casual sino uno que se prolongara, y el notar que Ranma últimamente la miraba detenidamente la hacía sentir halagada, y no asqueada como con los demás que lo habían precedido y que ocurriera con cierta recurrencia la tenía en un constante modo templado, imaginando y deseando… y trabajando consigo misma para no reaccionar de manera negativa cuando él se acercaba, porque quería seguir descubriéndose a sí misma y esas exquisitas sensaciones que solo emergían cuando él estaba involucrado, ya fuera en sus pensamientos o su presencia, y por otra parte sabía que ese problema era algo que tenía que esforzarse por superar si quería una relación sana…

Comenzó a sentirse adormilada y al cerrar de los ojos su sentido del oído se agudizó, escuchaba pasos, voces y de un momento a otro, simplemente dejó de escuchar con precisión, todo comenzó oírse lejano y sin ni notarlo se durmió.

.

Salió de la habitación y notó como todos sus cohabitantes estaban en distintos sectores de la casa y la saludaban como si nada hubiese ocurrido. Eso la tranquilizó, aunque ella bien sabía que la memoria de todos ahí era algo frágil, así que eso no indicaba mucho en realidad.

Estaban todos, a excepción de un integrante.

Se dirigió a la cocina para saber si había algo en lo que pudiera ayudar, aunque su hermana mayor amablemente declinó su ofrecimiento.

Intentó desviar la conversación con comentarios sin mayor relevancia, hasta que finalmente obtuvo el valor de hacer la pregunta que la había llevado a la cocina en primer lugar.

—¿Y Ranma? —consultó a Kasumi.

Kasumi la miró con algo de preocupación.

—Fue a entrenar —le explicó —. No creo que regrese esta noche...

No era algo que no ocurriese cada cierto tiempo, pero él solía planear sus salidas con anticipación y siempre se las comentaba…

—¿Estaba enojado…? —consultó con timidez.

—No creo que haya que lo haya estado realmente… —respondió.

Tuvo la impresión de que no le dijo algo, no obstante, no indagó y luego de comer se fue a su habitación a estudiar, aunque no lograba concentrarse, porque luego de leer una línea se daba cuenta que no había en realidad leído cosa alguna. No podía grabar nada en su memoria, el desayuno se había sentido solitario, y aunque era el sabor de siempre, sin él le parecía que había sido menos satisfactorio.

Él siempre ha vuelto aquí contigo, ¿no?

La voz de Nabiki resonaba en su cabeza como un mantra.

La ausencia de Ranma en la casa la sentía y estaba deseando poder verlo nuevamente.

¿Serás feliz cuando él realmente se canse de tu carácter de mierda y se largue?

¿Y si él llegara de verdad a irse…? Lo extrañaba, y tan solo habían pasado horas…

No le causaba mayor gracia admitir que se había sentido en múltiples ocasiones celosa, y solo habían sido circunstancias… ¿y si él de verdad escogiera a otra persona y decidiera establecer una relación con ella?

La sensación de molestia y angustia la sintió justo a la altura de su garganta, y fue como si le faltara el aire e incluso tragar saliva se le dificultó.

Ella no era como las demás, sabía que en el momento que eso sucediera ella no correría detrás de él. No exigiría explicaciones, ni le preguntaría razones, simplemente lo dejaría ir. Cual heroína trágica que no lucharía por traerlo de regreso.

No quería que aquello sucediera, y con cualquier otro objetivo le hubiese plantado la cara y enfrentado, pero cuando se trataba de él, ser sincera era algo dificultoso.

Quería decirle muchas, pero no se atrevía…

—¡Que rayos! – maldijo —. Quisiera que volvieras…

Cuando habían tenido problemas antes, ella siempre tenía la intención de que aquello no ocurriese nuevamente, pero no lo conseguían.

¿Cómo podía romper ese eterno ciclo de querer hacer una cosa y terminar haciendo inevitablemente otra?

¿De querer decir algo y terminar expresando exactamente lo contrario…?

De manera excepcional en esa oportunidad, se prometió nuevamente que si él volvía intentaría actuar distinto, comenzando por disculparse y quien sabía, tal vez expresando de una vez lo que por tanto tiempo llevaba guardado y avanzar hacia donde fuera que se dirigiera todo luego de eso…

Y fuera de lo que imaginó, Ranma llegó un poco después de almuerzo y el verlo le hizo tomar la decisión de hablar seriamente con él, invitándolo a su habitación, aunque insistía mentalmente que era solo para poder tener un poco de privacidad, ninguna otra cosa esperaba de llevar al hombre que le gustaba directo a su territorio, aunque por alguna razón su corazón se aceleró...

.

Lo ocurrido en Ryugenzawa ciertamente había dejado su huella en ambos. Aunque no imaginaba que él siguiera dándole vueltas al asunto, y recordar su expresión mientras de algún modo se sentía reprochada por haber escogido a otro, le dibujaba en el rostro una sonrisa que insistía en permanecer y mostrarse acompañada de una sensación de estar satisfecha sin siquiera haber comido. Era una si todo ello hubiese tenido un efecto de plenitud que desconocía que pudiera alcanzarse, y no sabía si podía esconderlo, aunque trató, y aparentemente le había funcionado porque nadie hizo ningún comentario.

Después de un rato, tras la cena, él anunció que iría a entrenar, y no era algo que soliera manifestar, por lo general solo iba sin avisar y todos asumían que ahí podía ser encontrado, por lo que pudo leer claramente el mensaje entrelineas: "te voy a estar esperando".

Finalmente había llegado el momento de aclarar las cosas entre ellos, y la mirada penetrante de Ranma durante todo el tiempo que duró la cena, le indicó que ya no podía seguir eludiendo lo inevitable, tampoco era como que lo quisiera, pero el nerviosismo y la posibilidad de que todo cambiara para siempre la inquietaba.

Subió a su habitación, y luego de colocarse la ropa de entrenamiento, se detuvo a inhalar y exhalar uno segundos, con el ánimo de relajarse, y mientras lo hacía decidió no seguir pensando en lo que vendría a continuación. No solo sería una conversación que determinaría su relación, sino que aquellas ilusiones creadas en el tiempo podrían bien materializarse o esfumarse. Enfrentar la realidad.

Lo quería, pero aun así no estaba dispuesta a dejar sus sueños, y ya se había hecho la idea de que para cumplirlos iba a tener que dejar la ciudad en la que había crecido.

Eso significaba alejarse, y no por poco tiempo, de su familia y de él…

Inhaló y exhaló por última vez y se dirigió al dojo, donde podía escuchar a Ranma a lo lejos y sin avisarle, se incorporó al ejercicio y lo atacó.

—¿No sabes que está mal hacer ejercicio sin un precalentamiento? —reclamó él.

—¿Qué te hace asumir que no lo hice? —contestó.

—Tus mejillas se vuelven de un tenue rosa cuando te acaloras y unos pocos cabellos se te pegan en el rostro —confesó.

Habló con tal propiedad que seguramente en ese momento sus mejillas no tenían nada de "tenues", porque las sintió arder al darse cuenta de que él la había observado con ese nivel de detalle…

—Comencemos —dijo ella omitiendo el comentario.

Él sonrió y aceptó y comenzó a enfrentarlo y a los pocos movimientos pudo notar cuan en desventaja estaba, porque su rapidez y agilidad la superaban por mucho, al punto de ser frustrante, aunque eso no la iba a detener de intentar hacer su mejor esfuerzo. Él insistía en estar presente en sus prácticas para "ayudarla a mejorar", aunque lamentablemente la actitud de él le hacía que titubeara a ratos de si era esa realmente su intención…

—Pero, ¿cómo voy a mejorar si solo me evades…? —se quejó molesta —. Siempre me ha molestado que no me tomes en serio como contrincante.

Eso le ofendía al nivel de herirla, no podía negar que lo sentía como una gran falta de respeto y aunque ya no participaba ni entrenaba a nivel competitivo, seguía siendo importante para ella; realmente creía que eso él lo entendía mejor que nadie...

Se detuvo y lo miró esperando obtener una respuesta. Él se paró derecho y cruzó sus brazos y le pareció que estaba meditando una respuesta, lo que no hacía más que confirmar lo que ella pensaba que creía de ella como contrincante.

Que no era oponente para él; ni siquiera para practicar…

—Siempre te he tomado muy en serio —aclaró.

Parecía una respuesta algo ambigua y muy adecuada. Poco sincera.

—¿Y cuál es la razón por la que solo me esquivas? —indagó —. ¿Cómo voy a mejorar si no practico también mi defensa?

Ranma se movió nervioso, y abandonó la rígida posición que había adoptado antes y colocó una expresión de seriedad poco habitual en él.

—¿De verdad quieres saberlo? —intentó huir de la respuesta.

Independiente de lo que sentía por él, su habilidad la fascinaba. Lo admiraba, y lo que él pensara acerca de ella a nivel deportivo no podía dejar de importarle. Necesitaba saberlo.

—Sí —confirmó.

Comenzó a rascarse la nuca, se aclaró la garganta y finalmente habló.

—Porque no podría soportar lastimarte ni siquiera por accidente —confesó.

Era extraño que él teniendo a ratos un increíble problema de comunicación, en las ocasiones necesarias siempre decía lo que necesitaba escuchar y sin ni siquiera notarlo le hacía mantener sus expectativas altas, y a volver a dejarse encantar por él. Siempre le ocurría, aun cuando había estado muy saturada y más que dispuesta a olvidarse de todo lo que concerniera a su persona, y se sintió conmovida, porque a diferencia de la anterior contestación, esa sí le pareció honesta y la dejó sin palabras, porque había estado equivocada pensando cosas que no eran y que no había ni sospechado. Se avergonzó de haber creído lo peor.

—¿Y cuándo me responderás tú a mí? —preguntó curioso —. Eres tú la que realmente evita el enfrentamiento.

Había llegado el momento de responder. Él la miró con interés y ya no podía seguir postergándolo; era el momento.

—Creo que esa respuesta ya la conoces —dijo evasiva y tontamente.

—Oye, eso no es jugar limpio —se molestó él.

Él tenía razón.

—No es algo fácil de decir…—admitió con vergüenza.

Asintió de manera comprensiva y luego de aparentemente meditar al respecto desistió de su pregunta.

—No tienes que decirlo, tampoco quiero forzarte a exponer algo que no deseas —respondió él cabizbajo —. Deberíamos dejar esto hasta acá…

Le dio la espalda y ella supo que, si en ese momento no tenía el valor de decirlo, tal vez nunca lo tendría. Su timidez se estaba fusionando con la cobardía, cosa que ella no era, ni sería, así que antes de que él dijera o hiciera otra cosa, finalmente se decidió.

—Me gustas —reconoció —. Desde hace mucho tiempo…

Ranma, que se había notado previamente decepcionado, había pasado a un aparente estado de incredulidad.

—¿No es una broma? —interrogó inseguro —. ¿Es una apuesta con Nabiki?

Una vez ya dicho, ya el temor se había difuminado. No había más que perder al ver su sonrisa al no desdecirse mientras negaba con la cabeza a sus cuestionamientos, y cualquier atisbo de duda que tuviera de que sus sentimientos no fueran correspondidos se desvaneció… era tan evidente que él no tenía que decírselo.

Se aproximó con cierta seguridad a él y con suavidad hizo que se inclinara hacia ella y armándose de un valor que no sabía que tenía hasta ese momento, habló:

—¿Te parece que estoy bromeando? —objetó renuente.

Lo miró inquieta y sin saber muy bien qué más decir, optó mejor por hacer algo.

—Voy a intentar besarte, y si no te alejas de mi voy a entender que tú también lo quieres.

Quiso sonar segura de sí misma, pero lo cierto es que estaba aterrada de no hacerlo bien o que él decidiera evadirla, porque ese era un progreso considerablemente rápido; le temblaban las manos, las piernas y la voz, pero cuando él cerró los ojos y acabó con la distancia entre sus rostros simplemente decidió aferrarse a él y disfrutar de esa sensación cálida y tranquilizadora de sentirse finalmente correspondida.

Recorrió con sus manos su cuello y sus orejas y su cabello, mientras intentaba no ahogarse por la falta de aire ante su proximidad tan íntima. No era un beso completamente adulto, sus labios estaban apenas reconociéndose, no obstante, su cuerpo reaccionaba a su cercanía reclamando obtener más.

Lo tocaba, pero él a ella no, y en ese momento, quería que lo hiciera. Su respiración estaba alterada igual que la de ella, por lo que podía estar segura de que no le era indiferente, y como si todo se hubiese aclarado y ya no hubiesen cabida para pensamientos negativos, entendió la razón rápidamente.

—Puedes tocarme, Ranma –susurró con suavidad —. Si es que quieres…

La invitación estaba hecha y los ojos de él se abrieron ante la sorpresa, y sonrió, aceptando la sugerencia, reanudando el beso interrumpido, y con sus manos en su cintura y espalda la rodeó y fue todo lo que esperó cuando se atrevió antes a soñar con ello.

En una conversación que habían sostenido en el pasado ella le había confesado que no se sentía cómoda cuando la gente, y en particular varones la tocaban. Él no iba a ponerle un dedo encima sin su consentimiento expreso y era porque él era en realidad muy respetuoso con las mujeres, y además ella en particular podía ser bastante abrasiva, y él lo sabía, y le gustaba mucho que fuera cuidadoso con esas cosas, habiendo estado expuesta a situaciones desagradables con sus congéneres, su delicadeza hacia que le gustará más…

Había comenzado a hacer calor, y apenas se había acostumbrado a sus labios, cuando él abrió la boca un poco titubeante, y ella sabiendo lo que seguía, aceptó su invitación. Se había sentido extraña cuando sintió su lengua, le había provocado cosquillas y una sensación electrizante, y cuando entrelazó su lengua con la de él sintió como arder su cuerpo, como si quisiera más.

Escuchaba el sonido húmedo de sus besos, sin poder pensar en otra cosa que incluso se oían hasta obscenos, estimulándola y haciendo por segundos olvidar dónde se encontraba, hasta que incluso en ese estado de beatitud oyó que alguien se encontraba cerca y que venía en esa dirección. Rápidamente se alejó, y él comprendiendo nervioso que no podían ser avistados por nadie, no reanudó ninguna clase de contacto.

—¿Quieres sentarte? —preguntó él.

A ella le pareció una buena idea. Estaba apenas pudiendo lidiar con todas las emociones surgidas y las piernas temblorosas, y él la lideró hacia la pared más cercana para que ambos se apoyaran en esta, y también tener una escasa sensación de intimidad al no poder ser vistos desde fuera.

Habían dejado de besarse, y aunque ambos se miraban y se sonreían, seguía la excitación de lo ocurrido demasiado presente. Era una situación tan novedosa que no sabía cómo comportarse o qué decir, pero se encontraba tranquila y contenta y contrariamente de lo que se pudiese imaginar, muy cómoda.

—Entonces era yo… —dijo él con torpeza.

Fue divertido como trajo el tema a colación y ella le siguió el juego.

—Eso parece… -respondió ella —. Es lamentable…

Él la miró ya no con una sonrisa, sino con una expresión severa.

—¿Lamentable? —quiso corroborar.

—Sí —ratificó —. Muy lamentable…

No pareció conforme con su respuesta, y se le podía apreciar tan solo con mirarlo y quiso aclarar lo que había dicho.

—Es que es posible que lo que tengamos no vaya a ser una relación normal… —explicó ella con rapidez.

Miró hacia la pared de en frente y pensó en Ukyo, Kodashi, Xian-pú, en Kuno y en todas las personas a las que podría no parecerles si ellos decidían estar juntos, y eso y sin contar en sus padres, que de enterarse querrían casarlos esa misma noche.

—¿Porque yo no soy normal y a esta altura jamás lo seré? —soltó molesto y con un tono resignado.

Eso la trastocó. Ella ni siquiera había pensado en ello.

—¿Es por eso? —volvió a preguntar.

Así como ella pensaba cosas que no eran, él también, eso era algo que le faltaba tener en consideración porque aquello estaba alterando la previamente relajada atmósfera entre ambos, por lo que se apresuró a desestimar aquel pensamiento tan errado y dañino.

—Voy a ser muy clara con esto y espero que no vuelvas a pensar algo así —habló con seguridad y hasta con enojo—. Cuando te conocí tú ya tenías ese "inconveniente" y para mí nunca ha sido un problema. Como sea que te veas, al único al que le afecta es a ti, ¡eres tú el que hace algo grande de eso!

Ella también tenía inseguridades, por lo que empatizó y trató de no ofenderse. Él siempre había querido volver a ser "normal" y era la mayor de sus convicciones, a él le importaba mucho, pero para ella nunca había sido impedimento alguno para comenzar a apreciarlo.

Su mano acarició su mejilla, pero también sus labios, sorprendiéndola, aunque despertando su curiosidad de saber hacia dónde se dirigía, porque él hasta ese momento había respondido, más no iniciado algún avance.

La posición en la que estaban era un poco incómoda, y la pared se sentía fría y dura. Apreciaba las atenciones que su mentón y cuello estaban recibiendo y que, aunque solo con la yema de sus dedos tanteaba, el cosquilleo en su entrepierna se manifestaba haciéndole olvidar por segundos que en cualquier momento podía entrar alguien y verlos, y él notó que no estaba del todo agradada y se apartó.

—Discúlpame —murmuró —. Me sobrepasé.

Él realmente era la persona decente que siempre pensó que era. Aunque eso le resultaba una desventaja irritante a ratos… ¿qué parte de que cuando era él no había posibilidad de que le resultara de alguna forma desagradable no comprendía?

—No es eso –corrigió con rapidez —. Es que estamos un poco expuestos aquí…

Le indicó la puerta abierta y él comprendió sin otra explicación, y a su vez observó que sus hombros se relajaron y le sonrió de regreso cuando ella lo hizo. Habían sido tantos los años de discusiones y malos entendidos que era difícil saber cuándo se trazaba la línea…

Se alejó un poco, y apoyó sus manos en el suelo. Había sido difícil llegar a ese punto, pero ya estando ahí las cosas parecían ir muy rápido y antes de avanzar, necesitaba decirle algo más. Callarlo se sentía como mentirle.

—Ranma… —habló voz más apagada, y apartando su mirada de la de él.

Él cambió su posición y adoptó una en la que estaba en guardia en dirección hacia donde estaba la entrada, vigilando y muy dispuesto a oír lo que ella le quería decir.

—Voy a estudiar en la universidad —confesó —. He sido admitida con una beca completa y ya la he aceptado .

Dejó de mirar hacia ese lugar y con sinceridad la felicitó cuando volvió a mirarla.

—Eso es excelente —se alegró —. Pero… ¿Por qué no te ves como si realmente fuera algo bueno?

Si bien tenía buenas calificaciones, pero no las suficientemente altas como para haber podido optar a una universidad cercana con ese tipo de beca, por lo que aplicó a una más lejana, donde no acostumbraban a tener alumnos de ese nivel porque elegían otras más prestigiosas y cercanas a la capital. Habían estado encantados de aceptarla y de ayudarla en la manutención y en algunos otros gastos que implicaban el vivir en otro lugar.

—Sabes… —miró hacia el cielo —. Realmente no está cerca y no sé si podré viajar con frecuencia, por el costo de tiempo y dinero…

Escuchó lo que le dijo y con calma se tomó un momento para reflexionar, y volvió a llevar sus ojos hacia ella luego de meditar una respuesta.

—Tu familia estará bien con lo que sea que decidas, y puedes estar tranquila que ya a esta altura ya saben cuidarse —la confortó.

Sí, estaba segura de ello. Tenía la seguridad de que su familia siempre había estado para apoyarla, no obstante, existía un lazo de sangre con ellos que no podía ser roto, escogieran el camino que eligieran siempre podrían reencontrarse, pasara el tiempo que pasara. No obstante, con él no era de ese modo… aparte del compromiso impuesto y aunque se gustasen, no era algo que fuera necesariamente perpetuo en el tiempo.

—¿Y tú? —preguntó con timidez.

—Tú sabes que lo académico no es lo mío, y no tengo intención de continuar luego de graduarme —sonrió él —. No podría soportar estar más tiempo encerrado…

Ella lo sabía, Ranma no estaba interesado en las clases y a ratos podía notar como estar quieto en el salón le parecía una tortura. Sonrió, pero no era esa la respuesta que quería oír y no pudo evitar soltar un suspiro de desánimo, que al parecer le había transmitido su frustración, porque sin pedirlo dio una respuesta más sincera.

—No quisiera que te fueras… —verbalizó luego de un momento de silencio —. Pero eres la mujer más decidida y obstinada que he conocido y nada va a detenerte de alcanzar lo que te propongas, y si ya lo tienes pensado es lo que harás no importa qué.

Tomar la decisión había sido difícil, pero una relación no era lo que quería que la definiera, sino sus propios logros. Quería estudiar, llegar tan lejos como pudiera, no podía evitarlo, era una competidora en esencia y tenía la necesidad de satisfacer esa sed de triunfo.

—Si me lo permites —murmuró —. Quisiera ser testigo de tus logros.

Una calidez recorrió su cuerpo y realmente deseó estar en un lugar distinto, en uno donde no tuvieran que preocuparse de que alguien los viera o escuchara, donde no pudieran ser interrumpidos o ridiculizados o en el peor de los casos, ambas.

—Gracias… —dijo finalmente —. A mí también me gustaría.

Él sonrió e hizo que se sintiera apoyada. Sus temores habían sido infundados. Ya no estaban conversando, simplemente disfrutando el momento, acomodándose a esa nueva situación, porque de seguro al igual que ella tenía mucho en qué pensar.

Quiso preguntarle sobre lo que esperaba para sí mismo en un futuro no tan próximo, pero se vio completamente impedida de profundizar sobre ello.

—Aquí están chicos —dijo entrando impetuosamente su padre.

No pudo evitar la reacción de su cuerpo sobresaltándose cuando de pronto, de un segundo a otro, se vieron en enfrente de quienes precisamente no debían verlos a menos de un metro y medio de distancia.

—El señor Saotome y yo hemos decidido tener una batalla —explicó su padre su presencia en el lugar.

Al igual que ella Ranma se veía perturbado con la repentina presencia de sus progenitores en la escena. Se percató de que tampoco había estado atento a lo que sucedía en el exterior, porque era difícil que lo tomaran por sorpresa generalmente.

—Esto solo puede resolverse de la manera que los hombres lo hacen —justificó el papá de Ranma, colocándose en posición de ataque.

No entendía a qué se refería, pero seguro se trataba de algún panecillo hurtado, un juego perdido, o alguna diferencia de opinión. Siempre era lo mismo con ellos, hablando de lo que era "ser un hombre" y lo importante que era para su género el honor. Si ser hombre era resolver las cosas con violencia, se alegraba de no serlo. Rodó los ojos algo cansada de esa actitud tan infantil y cotidiana, pero por sobretodo deslucida por haber sido interrumpidos en medio de algo importante – por algo tan estúpido- se retiró del lugar, sin desperdiciar otro segundo en escuchar o ver más de esa más que patética contienda.

Ranma la siguió porque pudo escucharlo caminar detrás de ella y asegurándose de que nadie los pudiera ver u oír, susurró:

—No te molestes por lo que dijo mi padre —requirió.

Él sabía que le incomodaban esos comentarios sexistas, y que él mismo a veces caía en el prejuicio, pero lo notaba y se disculpaba. Se daba cuenta y apreciaba que, aunque no le fuera algo natural, trabajara en ello para enmendarlo e interiorizarlo.

—Soy muy diferente a él… —aseguró avergonzado.

Su progenitor también tenía talento en el arte de avergonzar a sus hijas, pero no se le acercaba a todo lo que había tenido que lidiar Ranma en su vida a causa del hecho irremediable que era el descendiente del suyo.

—Lo sé —aseguró.

Respetaba al señor Saotome por ser el padre de Ranma y un amigo de su padre, pero en realidad no tenía la mejor de las opiniones de él. No consideraba que fuera una mala persona intrínsecamente, pero podía ser muy desconsiderado si eso significaba el beneficio propio, y sin titubear podía pasar por sobre el bienestar de su propio hijo para alcanzar su objetivo.

Si hubiese observado esa misma actitud, nunca hubiese podido fijarse en Ranma, porque repudiaba ese tipo de conductas. No le parecían nada atractivas.

Ella se aproximó y tomo su mano, porque él se quedó callado de seguro recordando alguna humillación vivida por culpa de su padre. Acarició sus dedos con delicadeza, con ganas de memorizar todo lo que pudiera a través de aquella simple acción y ascendió con suavidad hasta su palma, para luego simplemente encontrarse perdida en su mirada en sus ojos cuando estos coincidieron. Todavía le costaba trabajo asimilar que pudieran estar teniendo esa clase de cercanía.

—¿Está mal pensar en que tener mi propio lugar podría ser lo mejor? —le preguntó él.

Unas pocas palabras la aterrizaron un poco hacia lo cruda que puede llegar a ser la realidad, porque de inmediato pensó en que aquello significaba alguna clase de proyecto que no necesariamente la incluía y debatía entre querer o no saber más, pero se decidió por la primera opción.

—¿No te interesa el dojo…? —interrogó.

Desde hacía tiempo que en realidad no era un negocio rentable, aunque significara mucho para ella y su familia, para él no tenía que ser necesariamente importante, sino más bien podía ser una carga.

—No tengo mayor apego a los bienes materiales —respondió con sequedad.

Era factible, podía ver interés en su "suegro" con aquel acuerdo matrimonial, pero en él simplemente que apreciaba tener un techo y comida.

—Sin embargo, nunca ambicioné tanto el no tener que estar susurrando y un poco de privacidad —explicó.

Lo que decía tenía mucho de cierto. Cada vez que se acercaban un poco, ahí estaba alguno de los integrantes de la casa para arruinar el momento, haciéndolos retroceder más de lo que habían avanzado. Si se enteraban que ellos finalmente habían admitido como se sentían, iban a ridiculizarlos de algún modo y no tenía ganas de pasar por ello, por lo que, aunque no deseando hacerlo, se replegó y se aseguró de que la distancia fuera la suficiente como para no alcanzarlo si estiraba el brazo.

—Tienes razón… —contestó —. Salgamos a algún lado, nosotros solos…

No le dio tiempo de contestar y se fue hacia la cocina luego de que escuchara a Kasumi llamarla, y porque además si seguían estando juntos comenzarían a sospechar.

Mientras lavaba mecánicamente el arroz que su hermana le pidió, pensaba en lo que él había dicho sobre "un lugar propio".

¿Ranma también tenía pensado marcharse…?

Eso si que no lo había visto venir...

Continuará...


Lamento mucho la tardanza y que realmente no pudiera darles el final. Gracias por los reviews y por agregarme a favoritos...
Pretendía escribirlo completo pero iba a ser muy largo... y si además no paraba de editar lo ya escrito así que me costaba avanzar, por lo que opté por dividirlo.
Espero que les resulte agradable, hasta pronto.