Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo Cuatro
Cuando Bella dejó salir a Sam a la mañana siguiente, notó dos cosas. La primera, que las dos puertas de su casa estaban cerradas. Nadie ni nada había estado dentro o fuera en toda la noche, lo que la llevó a creer aún más firmemente que el hermoso hombre no fue más que un sueño. Después de todo, ¿cuál era más creíble? ¿Que un hombre con el rostro de un dios se había infiltrado en su dormitorio solo para confundirla con otra persona, o que lo había soñado?
Lo segundo que notó fue un narciso en el umbral de la puerta trasera. Sam lo olió brevemente antes de que sus orejas se aplastaran contra su cabeza y se escabullera, sin nada más que una triste mirada hacia la puerta trasera.
Bella se inclinó para recoger el narciso, con curiosidad. Los primeros bulbos apenas comenzaban a mostrar sus brotes verde pálido en la tierra. Había visto algunos comenzar a crecer en el extremo más alejado de la tierra, cerca del bosque, sin embargo, aquí tenía un espécimen completamente florecido, de color amarillo con un tallo verde delgado. Miró a Sam, que estaba correteando feliz por el jardín, antes de volver a la cocina y poner la flor en un vaso de agua limpia.
Después del desayuno, se sentó frente a su computadora portátil y se quedó mirando el último párrafo que había escrito, instando a que fluyeran las palabras. Su tercera novela, sobre un hombre que había perdido todo en su vida sin darse cuenta, tenía solo diez capítulos hasta ahora, pero descubrió que al protagonista le faltaba algo. Como Angela insistía en decirle, la gente quería leer sobre personajes con cualidades redentoras; el héroe actual de Bella no tenía ninguna.
Miró por la ventana de la cocina, sus ojos atraídos por las flores en el alféizar. La luz iluminaba los pétalos, dándoles un bonito brillo, y se encontró sonriendo levemente.
No recordaba la última vez que le regalaron flores. ¿Cómo terminó ésta en su puerta? ¿Apareció allí? ¿La colocaron? Y si era así, ¿por quién?
Bella se contuvo y suspiró interiormente ante su propia estupidez. ¿Quién diablos le estaría regalando flores? Volvió a la pantalla de la computadora, su mente en la historia una vez más.
Innumerables tazas de té después, Bella estuvo a punto de arrojar la computadora portátil al lago. Frustración recorría sus extremidades, y cerró la pantalla de la computadora con enojo, haciendo que Sam saltara cuando levantó la vista de su lugar en la alfombra. Bella lo miró con irritación y él bajó la cabeza, los ojos marrones fijos en ella.
—Esta historia no tiene un final —dijo con severidad, y él se puso de pie, estirándose tranquilamente antes de caminar hacia ella, restregando su fría y húmeda nariz contra la palma de su mano. Ella sonrió, frotando su mano sobre su suave cabeza antes de que él se dirigiera hacia la puerta trasera.
Bella se puso de pie y lo siguió, dejándolo salir, la historia persistente en los rincones de su mente. Su personaje había perdido a su familia, su fortuna, su carrera a causa de su propio egoísmo y las convenciones dictaban que ahora trabajara duro y se convirtiera en un mejor hombre para recuperar lo perdido, pero la idea le revolvió el estómago. ¿Qué suceso creíble podría acontecer para persuadir al lector de que él realmente había cambiado?
¿Por qué deberían aceptar que la gente cambia para mejor con tanta frecuencia? No lo hacen, no en la vida real. Las personas no tienen revelaciones que les hacen cambiar su visión del mundo con la frecuencia con que las historias de ficción le hacen creer al lector.
Bella se apoyó contra el marco de la puerta mientras Sam exploraba el jardín, reflexionando sobre este pensamiento. Quizás ella no continuaría con esa convención. Quizás este personaje se desvanecería en la oscuridad, exactamente como debería en la vida real. Angela lo odiaría, pero así era la vida.
Así es la vida.
Esa noche hubo una tormenta de primavera, que no podría haber previsto. El cielo estaba gris con un extraño tinte amarillo, y el aire desagradablemente húmedo. Bella yacía acurrucada en su cómoda cama, Sam sobre sus piernas, mientras leía tranquilamente. El viento aullando alrededor de la cabaña no la molestaba. De hecho, se sentía segura, cálida en la seguridad de la cabaña. Un relámpago y el siniestro estruendo que siguió hicieron que Sam se sentara nerviosamente. Bella lo acarició, pero él se bajó de la cama con ansiedad. Ella lo dejó ir; había descubierto que lo mejor durante una tormenta eléctrica era dejarlo ir. Se escondería en un rincón oscuro, en algún lugar donde se sintiera seguro. En la última tormenta que tuvieron en Londres, ella fue tras él y lo encontró escondiéndose en el vestidor, donde permaneció acostado sobre sus zapatos durante el resto de la noche sin intención de moverse.
El sueño se apoderó de ella y dejó el libro, sus ojos empezaron a cerrarse mientras apagaba la lámpara de la mesita de noche. Se subió las mantas hasta el cuello, acurrucándose bajo las cálidas sábanas, sus ojos se abrieron brevemente cuando escuchó otro relámpago antes de cerrarlos de nuevo.
Abajo, Sam levantó las orejas y miró con ojos asustados en dirección a la escalera desde su escondite debajo del sofá. Con cautela, se aventuró a salir de su lugar, luego aplastó las orejas contra su cabeza, mostrando los dientes y un gruñido retumbando desde lo profundo de su pecho.
Arriba, la habitación de Bella se cerró.
Bella sintió unos dedos rozando su mejilla y abrió los ojos, despertando del borde de un sueño o tal vez cayendo en un sueño. El suave golpeteo de la lluvia contra las ventanas proporcionó un ruido de fondo mientras se concentraba en lo que había llamado su atención.
El hermoso hombre estaba arrodillado junto a la cama, su sonrisa era tan hermosa que ella se encontró extendiendo la mano para tocarlo. Él tomó sus dedos entre los suyos y ella se estremeció ante la frialdad de ellos.
—Soy tuyo, Marie —dijo en voz baja, y Bella frunció levemente el ceño—. No nos separarán. Encontraremos una manera.
Bella quería hablar, pero él se inclinaba hacia ella, su cabello oscuro y sus ojos estaban tan cerca de los suyos. Su aliento era frío contra su mejilla y sus dedos se entrelazaron en su cabello, acercándola, la punta de su nariz trazando la de ella. No podía pensar, no podía resistirse, tan indefensa como una brizna de hierba contra la tormenta que azotaba afuera.
Escuchó un ladrido agudo y Bella giró la cabeza hacia la puerta, las garras de Sam arañando la madera. El hombre echó la mano hacia atrás, luciendo herido, con una pizca de ira en sus ojos oscuros.
—Cree en mí, Marie. Por favor cree en mí. Nos salvaré. —Sus palabras fueron fuertes, llenas de emoción mientras le suplicaba.
Hubo un sorprendente relámpago y Bella se sentó de golpe. Sam todavía estaba arañando la puerta, sus ladridos y gemidos ahora eran más claros. Un trueno retumbó en la habitación y Bella se volvió hacia el hombre.
Él no estaba allí.
Los dedos de Bella se apretaron alrededor de las mantas mientras sus ojos buscaban por la habitación. Estaba completamente sola. Su corazón comenzó a latir incómodamente mientras sus ojos observaban alrededor, buscando una explicación. Otro ladrido la hizo sobresaltarse y se tambaleó fuera de la cama, cayendo hacia la puerta. Sam entró, gruñendo mientras corría hacia la cama, mirando a su alrededor.
—Sam —susurró Bella y él se volvió, medio dando un paso hacia ella antes de que algo llamara su atención.
Saltó hacia la ventana, con las patas delanteras en el alféizar. Bella caminó detrás de él, agarrándolo por el cuello y jalándolo.
—¡Abajo, Sam! —ordenó con firmeza pero él la ignoró, con las orejas paradas mientras miraba por la ventana.
Hacia Cullen Hall.
Antes que nada, permítanme asegurarles que Jacob no es una amenaza en esta historia, así que no tienen que preocuparse por él.
Ahora... el misterioso hombre que apareció de nuevo, ¿será razón de preocupación?
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Sarai
