Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo Dieciséis
Bella se sintió aliviada de que Edward estuviera ahora de su lado, debido al hecho de que tenía acceso a recursos que a Bella nunca se le hubiese ocurrido consultar. Por ejemplo, los registros de nacimiento y defunción en la iglesia local.
No había misa, así que Bella y Edward esperaron en la entrada de la pequeña iglesia de piedra a que el sacerdote regresara con los registros de la parroquia.
—Tenemos suerte. En las parroquias más modernas, tendríamos que pasar por el consejo para acceder a estos. Por suerte para nosotros, el padre Quil es un tradicionalista —comentó Edward. Bella miró por el pasillo hacia el altar. Edward le contó que todos los miembros de la familia Cullen se habían casado, bautizado y tenido funerales en esta iglesia, por lo tanto, se conservaban todos los registros. Tanta historia en un solo lugar, ¿podrían encontrar respuestas aquí?
—Gracias por esperar, señor Cullen —dijo el anciano sacerdote mientras se giraban. Llevaba una carpeta grande y Edward sonrió, tomándola.
—Gracias, padre Quil.
—Hay una mesa en el presbiterio. Necesito hacer algunas visitas, si no le importa cerrar la puerta cuando se vayan. —El padre Quil señaló la casita cerca de la iglesia.
Una vez que se sentaron en la sala de estar horriblemente decorada, Bella y Edward abrieron el libro, leyendo la escritura antigua y caligráfica que detallaba las vidas y muertes de cada persona que pasaba por la iglesia. Se enumeraron nombres desconocidos, páginas de ellos. Los ojos de Bella comenzaron a nublarse un poco y se alegró cuando Edward finalmente tarareó de placer.
—Aquí está él. Edward Cullen... murió el 20 de junio de 1874... se ahogó en el lago Cullen.
El corazón de Bella dio un vuelco y apretó los puños.
—¿El lago? ¿Se ahogó en el lago? —susurró y un escalofrío recorrió su espalda. Edward la volteó a ver.
—¿Estás bien?
—Se ahogó —murmuró—. ¿Cuántas veces hemos estado cerca de ese lago? ¿Por qué estaba incluso en el lago?
Edward guardó silencio.
—Él no se suicidó —dijo Bella tercamente y Edward volvió a la página.
—No veo a Marie aquí en absoluto.
—Yo tampoco —admitió Bella y se puso de pie, caminando hacia la ventana y observando hacia el cementerio. Edward negó con la cabeza.
—Aquí no hay nadie que se llame Tanner. Regresemos. Le enviaré un correo electrónico a Jasper y veré si puede encontrar algo sobre ella.
—Esa es una buena idea —secundó Bella, mirando a lo largo de la línea de lápidas y preguntándose si Edward estaba entre ellos una vez más.
Para: J. Hale
De: Edward Cullen
RE: ¿Favor?
Hola, Jasper
Estoy investigando un poco la historia de la casa con nuestra inquilina, Bella. Esperábamos encontrar alguna información sobre una sirvienta que trabajó en la casa. Todo lo que sabemos es que se llamaba Marie Tanner y estuvo trabajando ahí en algún momento entre 1870 y 1874.
Gracias por adelantado. Dale mi amor a Alice. ¿Cuándo van a venir?
Edward
Edward levantó la vista, queriendo preguntarle a Bella si podía pensar en algo más para agregar a la carta, pero ella estaba parada en la puerta trasera donde acababa de dejar salir a Sam y estaba observando. Edward no tuvo que voltear a ver para saber qué le había llamado la atención.
Ella estaba mirando hacia el lago. Tal vez sin darse cuenta de que su mano estaba apretada en su garganta, su respiración un poco irregular.
—¿Bella? —llamó Edward en voz baja y ella se giró, atrayendo su mirada. Sacudió la cabeza y se acercó a la tetera.
Edward apartó la computadora portátil y miró hacia arriba mientras Bella colocaba una taza de té frente a él. Un largo mechón de cabello oscuro colgaba de su cola de caballo y él inconscientemente se lo llevó detrás de la oreja.
Bella se congeló y sus ojos se cruzaron con los de él. Edward sintió que la sangre le subía a la cara y tomó su taza.
—Gracias —murmuró y Bella se mordió el labio, sentándose a la mesa con él.
—De nada —respondió suavemente, calentando sus manos contra la taza. Edward observó sus manos, notando que no tenía la marca donde alguna vez estuvo su anillo de bodas.
—¿Cuánto tiempo estuviste casada? —preguntó en voz baja, y ella suspiró suavemente.
—Estuvimos juntos seis años.
—Eso es un largo tiempo.
—Sí.
Él dudó.
—¿Por qué te divorciaste?
—Es un cliché, pero nos distanciamos. De cualquier manera no éramos la mejor pareja. —Ella tomó un sorbo de su té—. Perdimos un hijo y cuando me di cuenta de que amaba a ese niño por nacer mil veces más de lo que nunca lo había amado a él... fue que me di cuenta de que había terminado.
—Lo siento —habló Edward en voz baja. Bella negó con la cabeza, sus ojos fijos en la mesa.
—Intento pensar que todo pasa por una razón. Odiaba escucharlo en ese entonces, pero ahora estoy aquí.
—¿Crees que estás aquí para averiguar qué le pasó a Edward?
—Se me apareció. Quiero decir, creo que ha estado esperando a que alguien lo ayude. —Bella no sabía cómo explicarlo. Edward la miró fijamente por un momento.
—Pero… no puedes salvarlo. Ya está muerto, Bella.
—Lo sé. Pero si podemos averiguar qué le sucedió, qué sucedió realmente, tal vez deje de venir a mí —respondió con vehemencia—. No puede ser una coincidencia que haya venido aquí y me parezca a Marie, ¿o sí? O que ella vino a ti cuando te pareces tanto a Edward.
Edward no sabía qué decir. Se consideraba un hombre bastante lógico. Que ahora creía en fantasmas. Y Marie sí se le apareció, ¿no? ¿Podría eso tener algo de lógica?
Bella estaba mirando su taza con una expresión melancólica y Edward golpeó sus dedos con los suyos.
—Supongamos que estamos aquí para ayudar a Edward y Marie… ¿cómo sabremos qué hacer? —preguntó él y ella se encogió de hombros.
—No lo sé. Quizás una vez que Jasper responda, encontraremos una pista. O tal vez la próxima vez que aparezca pueda intentar averiguarlo… —Se quedó en silencio, un escalofrío recorrió su espalda ante la idea de entablar una conversación con Edward.
Edward bebió su taza de té y se puso de pie.
—Será mejor que vuelva. Se está haciendo de noche.
—Está bien... llámame si... ¿la ves? —pidió Bella y él asintió. Ella lo acompañó hasta la puerta principal y él se detuvo para escudriñar a Bella. Ella cruzó los brazos sobre el pecho, bajó la vista sus pies y Edward tamborileó nervioso con los dedos su pierna. Su cabeza se sacudió con incertidumbre y ella levantó la mirada rápidamente, pero él pareció perder la confianza y le ofreció una leve sonrisa antes de salir por la puerta principal.
Sam olisqueó a su alrededor casualmente mientras Bella caminaba por el sendero junto al lago, el que había recorrido el día que encontró el relicario. Mientras miraba la suave superficie del lago, se estremeció. Edward había muerto aquí. En algún lugar, de alguna manera, entró en este lago y murió.
Parecía más real, de alguna manera, conocer la causa de su muerte.
Bella miró por encima del hombro en busca de Sam y lo vio alejarse al trote, de regreso a la casa. Respiró hondo el aire fresco de la noche, parada sola junto a la orilla del lago. El aire se sentía limpio contra su piel, tranquilizándola. Cerró los ojos, absorbiendo la paz de la noche y cuando los abrió, ya no estaba sola.
Arrodillado junto a la orilla del lago, con la cabeza entre las manos, estaba un hombre, y por un momento Bella se desconcertó, sin saber si era Edward o Edward.
Ella dio un paso adelante y él levantó la cabeza, el corazón de Bella dio un vuelco por el dolor en su rostro. Las lágrimas llenaban sus ojos oscuros y se agrandaron al verla, pero no se puso de pie. Bella vaciló a unos metros de distancia y él negó con la cabeza.
—Te he fallado, Marie —susurró con voz ronca, y el corazón de Bella se aceleró. Tragó saliva y dio otro paso hacia el hombre arrodillado.
—¿Cómo? ¿Cómo has fallado? —preguntó ella en voz baja y él volvió a negar con la cabeza.
—Se acabó. ¿Qué podemos hacer ahora?
—No entiendo… Edward. —Era la primera vez que ella decía su nombre y él levantó la mirada, sus ojos húmedos se encontraron con los de ella. Se levantó, acercándola y Bella cerró los ojos mientras sus brazos la envolvían con fuerza.
—Les he fallado —volvió a decir—, les he fallado a ambos.
Bella abrió los ojos, observándolo con confusión. Él la contempló fijamente y ella abrió la boca para preguntarle a qué se refería, pero él desvió la mirada bruscamente, viendo por encima del hombro y sus ojos se abrieron con horror.
—¡Huye, Marie! —Él soltó un grito ahogado, su mano agarrando su brazo con fuerza.
Bella se dio la vuelta pero no vio nada y cuando miró detrás de ella, estaba sola una vez más.
Empezó a caminar de regreso a la casa, su mente zumbando. ¿Acababa de presenciar los últimos momentos de Edward en la tierra? ¿Qué había detrás de ella?
Llegó a la puerta de la cocina de la cabaña y encontró a Sam sentado pacientemente, esperándola. Bella abrió la puerta y continuó, sin darse cuenta de que Sam tenía la vista fija en dirección al lago. Sus ojos moviéndose de un lado a otro, como si estuviera viendo una conversación entre personas invisibles antes de fruncir el hocico, dar un gruñido bajo y entrar en la casa para proteger a su dueña.
Por lo visto Sam sí pudo presenciar esos momentos entre Edward y lo que fuera que lo asustó... ¿cuáles son sus teorías?
Gracias por todo el apoyo que le están dando a la historia, son lo máximo, y como llegamos a los 400 rr, aquí les dejo el capi de regalo.
No se olviden de decirme qué les pareció el capítulo y nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
