Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Thank you so much Kat for allowing me to translate this story, I hope I did it justice!
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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La última noche en Cullen Hall
Me recosté en mi pequeña cama, el armazón duro hizo poco para aliviar mi cuerpo dolorido. Cerré los ojos, deseando que el sueño viniera a mí, pero mi mente estaba demasiado inquieta.
Mi mano pasó por mi estómago y me dolió el corazón. Podía sentirlo creciendo, una nueva vida dentro de mí. Mi barriga ya se estaba notando y no podía esconderla mucho más.
Mi hijo estaba creciendo.
Las lágrimas se asomaron a mis ojos, pero no levanté la mano para secarlas. No debo llorar, no debo... Edward lo prometió...
Él lo prometió. Sus palabras calentaban mi alma.
—Nos sacaré de aquí. Nos iremos y estaremos juntos, mi amor.
Sonreí levemente, abriendo los ojos para ver las vigas oscuras sobre mí. Edward… oh, cuánto lo amaba. Verlo hizo que mi estómago se encogiera y palpitara de adoración. Era tan guapo y amable y me amaba. Era una idea ridícula, tan imposible y, sin embargo, cierta. Él me amaba.
Daría todo por estar conmigo. Daría su herencia, su hogar, su fortuna...
Sin embargo, cuando lo vi en la cena, sus ojos estaban cargados de tristeza, incapaz de compartir la alegría de su hermano, el amo Marcus y su futura esposa, la señorita Didyme. Ella fue muy amable conmigo cuando me habló de pasada. No tenía idea de lo cerca que estábamos de ser familia...
Confiaba en Edward. Él me mantendría a salvo.
Su plan era tan simple. Llevarme con él cuando fuera a Londres mañana con el amo Marcus y la señorita Didyme. Seguirlos a América con la mayor parte de su fortuna que pudiera reunir en tan poco tiempo y comenzar una nueva vida juntos, dejando atrás Cullen Hall para siempre.
No sé si confiaba en ese plan, pero confiaba en Edward sin lugar a dudas. ¿Cómo no iba a hacerlo? No era una chica tonta, una que se dejaba engañar por falsas promesas de amor. Realmente creía en todo lo que Edward ofrecía.
Fue convocado por su tío, el amo Aro, después de la cena, y yo sospechaba que eso era lo que lo tenía lleno de tanta tristeza. Me había confiado que su tío creía en la santidad de su herencia y nada más.
El amo Aro me enviaría lejos de Cullen Hall si tuviera alguna idea de lo que Edward y yo habíamos compartido juntos.
Escuché una puerta cerrarse debajo de mi ventana y mi corazón latió más rápido. Crucé hasta el diminuto cristal y miré hacia afuera.
Edward marchaba desde la casa hacia el lago. Su mano estaba apretada en su cabello y podía sentir su angustia.
Debía ir con él.
Rápidamente me quité la gorra y el delantal y busqué un abrigo. Los otros sirvientes ya estarían durmiendo, solo teníamos unas pocas horas antes de que todos tuviéramos que levantarnos y comenzar a preparar la casa para un nuevo día.
Salí por la puerta de la cocina, las brasas se apagaban en la chimenea. La noche era cálida y caminé rápido, esperando que nadie estuviera mirando desde la casa.
El sendero al lado del lago estaba oscuro, pero la luna brillaba con suficiente luz para ver el camino. Caminé con cautela, buscando todo el tiempo a Edward.
Me detuve cuando lo vi, agachado junto a la orilla del lago. Su respiración era pesada y acelerada y no hablé, no deseaba alarmarlo, pero debió haber sentido mi presencia porque miró por encima del hombro y me dolió el corazón al verlo. Nunca había visto tanta angustia en su rostro y me dieron ganas de llorar.
—¿Edward? —susurré su nombre y él se enderezó, aún de espaldas a mí.
—Te he fallado, Marie. —Su voz era áspera y sus palabras hicieron que mi sangre se congelara.
—No entiendo…
—Se acabó. ¿Qué podemos hacer ahora? —La desesperación me hizo llorar y di un paso adelante, lanzando mis brazos alrededor de él, presionando mi rostro contra su espalda.
—Edward, por favor… por favor, cuéntame qué ha pasado —le rogué y él se volvió, tomándome en sus brazos.
—Les he fallado a ambos. —Él inclinó la cabeza, su aliento cálido contra mi mejilla y puse mis brazos alrededor de su cuello, aferrándome a él. Mi amor por él se expandió dentro de mí.
—No lo entiendo —repetí y él negó con la cabeza, besándome en la boca. Sus labios eran cálidos y desesperados y me acercó tanto que temí que mi piel se lastimara.
—Aro… el dinero, se ha ido, lo ha escondido… —La explicación fue interrumpida por sus besos frenéticos y jadeé en su frenético abrazo—. ¿Qué voy a hacer, Marie? ¿Cómo puedo mantenernos?
—Vamos a encontrar la manera. Mi amor, sé que saldremos de esto —susurré, pero Edward se quedó quieto, su frente descansando contra la mía.
Estuvimos en silencio y cerré los ojos cuando sentí la mano de Edward contra mi estómago, acariciando mi vestido.
—Te amo, Marie. Te amo —habló como si quisiera convencerme, desesperado por si no le creía.
Hubiese creído cualquier cosa que dijera.
Abrió los ojos y se enderezó rápidamente, frunciendo un poco el ceño. Entonces sus ojos se abrieron y sus dedos se hundieron en mis hombros. Jadeé de dolor pero él no se dio cuenta.
—¡Huye, Marie! ¡Corre y mantente a salvo, a ambos! —La voz de Edward era ahogada y normalmente habría cuestionado tal demanda, pero me empujó en dirección a los árboles, no hacia la casa. Tropecé, corriendo hacia la línea de árboles, pero cuando los alcancé y caí en las sombras, me di cuenta de que Edward no estaba detrás de mí.
Me volví, buscándolo y me di cuenta de que todavía estaba al borde del lago.
No estaba solo.
Mi corazón latía de miedo en mi pecho cuando vi a Aro caminar hacia Edward.
—Esto se acaba aquí, Edward. —La voz de Aro estaba llena de ira y casi di un paso adelante pero las palabras de Edward todavía estaban en mi mente.
Mantente a salvo.
—Esto es suficiente. Has mancillado el apellido Cullen. Has arrastrado nuestra herencia por el lodo y ya no lo permitiré —habló Aro de nuevo y Edward permaneció en silencio, con la cabeza vuelta para que yo no pudiera ver su expresión. Envolví mi mano alrededor de la rama de un árbol, mirando a través de las hojas.
—Aro, no tengo ningún deseo de seguir hablando de esto. Has dejado perfectamente clara la situación. No tendré acceso a mi fortuna hasta que ocupe mi lugar como el señor de Cullen Hall. —La voz de Edward era clara y apreté mi mano, finalmente entendiendo su angustia. La corteza del árbol era áspera contra mi piel, pero no solté mi agarre mientras observaba a los dos hombres.
Aro soltó una risa severa, acercándose a Edward, quien no se inmutó.
—¿Pensaste que no lo sabía? ¿Sobre esa perra sirvienta? Ella será la siguiente, te lo prometo y, a diferencia de ti, Edward, ¡cumplo mis promesas! —gruñó y jadeé suavemente.
Envolví mi brazo libre alrededor de mi cintura, alrededor de nuestro hijo mientras la mandíbula de Edward se apretaba. Dio un paso hacia Aro como para golpearlo, pero la mano de Aro voló hacia adelante y lo vi arremeter contra el vientre de Edward. No fue un golpe fuerte, pero Edward se dobló y cayó al suelo. Casi grité, la corteza del árbol me desgarró la mano mientras luchaba por permanecer en silencio.
Y luego vi la sangre.
Vi el cuchillo brillando a la luz de la luna y una lágrima se deslizó por mi mejilla mientras me tapaba la boca con la mano, ahogando un grito.
Escuché el grito ahogado de Edward cuando las manos de Aro se envolvieron alrededor de su garganta.
Oh Dios en el cielo...
Sollocé en mi mano, demasiado asustada para moverme, demasiado desesperada para ayudarlo y recordando sus últimas palabras.
Corre y mantente a salvo, a ambos.
Tenía que proteger a nuestro hijo, caí de rodillas, las lágrimas corrían por mi rostro y mi pecho se desgarraba mientras veía a Aro ahogar la vida de mi amor. Edward luchó débilmente pero no tenía aire y la sangre fluía libremente por su pecho. Sus gruñidos y gritos dieron paso a un silencio sofocante.
Me di la vuelta cuando Aro rodó su cuerpo, todavía luchando, hacia el lago.
Lloré mientras él se lavaba las manos, pateando el cuerpo de Edward al agua.
Me agaché, arrastrándome por la oscura línea de árboles mientras Aro continuaba con su malvado trabajo. Solo me quedaba un pensamiento en la mente.
Mantener a nuestro hijo a salvo.
La fortuna estaba conmigo, ya que pude entrar a la casa sin hacerme notar y subí las escaleras desesperadamente. Solo había una persona a la que podía acudir ahora y llamé con fuerza a la puerta de la habitación de la señorita Didyme. Era casi medianoche y la casa estaba en silencio y temía que alguien más se cruzara conmigo en este estado.
La puerta se abrió y vi a la señorita Didyme, envolviéndose en una bata mientras sostenía una vela. Su hermoso rostro frunció el ceño al verme.
—¿Hay algún tipo de alarma? —preguntó, su voz acentuada suave en el silencio de la noche pero no hizo más preguntas al notar mis lágrimas, la sangre en mi mano, la suciedad en mi vestido y la desesperación en mi postura.
Ella dio un paso atrás y caí en la habitación. Dejó la vela en una mesa y se volvió hacia mí mientras yo sollozaba pesadamente.
—¿Cuál es tu nombre?
—M-Marie, señorita —jadeé—. ¡Necesito desesperadamente su ayuda! ¡Dios mío, necesito su ayuda!
Sus brazos me rodearon, guiándome hasta una silla junto a la chimenea. Me temblaban las manos y ella tomó un paño y secó la sangre de mi mano. Sus ojos buscaron los míos y me tocó la mejilla.
—¿Qué ha pasado, Marie?
No podía hablar, mi dolor era tan grande. Lloré en voz alta, enterrando mi rostro entre mis manos y ella me tranquilizó suavemente.
—Por favor… oh, por favor… debo hablar con el amo Marcus —logré jadear y ella se giró de inmediato, dejándome sola en la habitación.
¿Dónde estará Aro ahora?, me pregunté. ¿Habría terminado su malvado trabajo junto al lago? ¿Estará durmiendo ahora, sin ningún remordimiento por sus acciones?
Unos minutos más tarde, Didyme regresó con el amo Marcus tras ella, luciendo adormilado y desconcertado.
—Didyme, ¿qué diablos me estás pidiendo a esta hora tan tardía? —preguntó divertido antes de que sus ojos se posaran en mí. Frunció el ceño al ver mi angustia—. ¿Marie?
—Ella no puede decirme lo que ha sucedido pero dijo que debe hablar contigo —aconsejó Didyme.
Marcus vino y se sentó en la silla frente a la mía. Su rostro estaba bien afeitado y compartía los ojos oscuros de Edward, pero su rostro era más estrecho y su barbilla más puntiaguda. Poseía un semblante amistoso y aunque no se parecía mucho a Edward, sabía que podía depositar mi confianza en él, como Edward lo había hecho.
—¿Te importaría decirme qué te ha traído a este estado de angustia? —preguntó amablemente y yo tragué, usando el dorso de mi mano para secar mis lágrimas. ¿Me creería? ¿Me echaría? ¿Me declararía loca?
—Amo… le ruego que escuche mi relato. No puedo… debe creerme… —Las lágrimas se renovaron y Marcus me ofreció un pañuelo que estaba metido en el bolsillo de su bata. Lo tomé, limpiándome los ojos con el paño fino.
Didyme se acercó y se paró junto a su prometido mientras esperaban a que empezara.
Mientras contaba mi historia, la mano de Didyme se apretó sobre el hombro de Marcus. Me miró fijamente, su propio rostro se llenó de dolor hasta que debió reflejar el mío. Les conté todo, del amor entre Edward y yo, de los planes que habíamos hecho para dejar Cullen Hall y del brutal asesinato que acababa de presenciar.
Marcus se puso de pie mientras le contaba lo que había visto y se dirigió hacia la puerta, con una rabia que me hizo creer que mataría a Aro donde estaba. Solo Didyme tuvo el sentido común de detenerlo, arrojándose tras él para que no pudiera moverse, empujándose entre él y la puerta.
—¡Marcus, detente y considera tus acciones! —suplicó—. Piensa en Edward.
—¡Lo hago, Didyme, y no descansaré hasta que Aro haya pagado por su maldad! ¡Lo veré arder en las profundidades del infierno! —escupió y Didyme se aferró a su brazo.
—¿Y dejarnos indefensas si sospecha de tu llegada? Aro ha demostrado que no está por encima del asesinato, y Marie y yo estaríamos aquí sin protección. Piensa, Marcus… El hijo de Edward está en esta habitación y es nuestro deber protegerlo, y a su madre —rogó.
Marcus me miró. Me senté, incapaz de moverme y se acercó a mí, arrodillándose junto a mi silla mientras sus ojos se posaban en mi estómago. Después de respirar profundamente, se levantó de nuevo y se inclinó para besarme la frente con tal cariño que sentí las lágrimas picar mis ojos una vez más.
—¿Tienes alguna pertenencia de valor?
Mi mente fue al pequeño relicario de plata, mi única posesión de valor hasta que recordé su paradero… en el bolsillo de Edward. ¿Dónde estaba ahora? No podía soportar pensar en eso.
Negué con la cabeza y Marcus asintió.
—Ayuda a Didyme a hacer las maletas. Llamaré al señor Newton para que prepare el carruaje —ordenó—. Saldremos antes del amanecer. Aro no sabrá de nuestra partida hasta que estemos en Londres.
—Cullen Hall es tu legítimo hogar, Marcus —susurró Didyme y él le acarició la mejilla suavemente.
—No tiene sentido sin ti, cariño. Nuestro hogar será de nuestra creación, de la familia que creemos. —Sus ojos se posaron en mí una vez más y me tragué el nudo en la garganta.
Y así fue que en la oscuridad de la noche, me encontré metida en un carruaje, con una manta alrededor de mis hombros mientras yacía con mi cabeza en el regazo de la señorita Didyme y ella me calmaba como a una niña. Las luces de Cullen Hall hacía tiempo que se habían desvanecido en la distancia y nunca regresaría allí.
Nunca volvería a ver a Edward Cullen, el único hombre al que amaría.
Bueno, ahora sí llegamos al final de esta historia. Ya tenemos la versión de los hechos contada por Marie, y cómo fue que se salvó el pequeño Alistair. Espero que les haya gustado tanto como a mí y que el final no fuera una decepción.
Gracias por todo su apoyo, por las alertas, favoritos, por sus comentarios, mil gracias. Quisiera pedirles favor de dejarle un rr a la autora para agradecerle por autorizar la traducción, pueden hacerlo en español, o en el grupo dejé unas opciones, solo agreguen su nombre para que FF no les dé problema por repetir el comentario.
Nos leemos en la siguiente historia, aquí les dejo la sinopsis:
When Bella met Edward (Cuando Bella conoció a Edward):
"Cuando te vi me enamoré, y sonreíste porque lo supiste".
Sarai
