Los días pasaban siempre igual. La misma rutina, el mismo ambiente, las mismas personas. Llendo de un lado a otro, buscando ocuparse de todo y nada a la vez.
No presentaba quejas, después de todo, era entretenido realizar mejoras a las instalaciones del lugar. Era interesante cuando alguno de los Scorpions le pedía consejos respecto a la ampliación de las instalaciones o respecto a tácticas de combate para los soldados que comenzaban a ser entrenados.
No había quejas. Quizás habían pasado bastantes años desde que había puesto un pie en ese planeta. Si, quizás había sido simplemente desechado y no contaba ni con una mínima posibilidad de que a quien había servido por mucho tiempo fuera a por él y le dejara estar a su lado. Era un defecto. Era una imperfección y por ello sabía bien que había sido abandonado por su hermano, el supremo.
Tenía una vida larga, ya que al final de cuentas, él no era como los habitantes del planeta de Etheria. Él no se comparaba en nada a ningún ser vivo que habitaba en ese esplendoroso planeta y por tanto, había visto pasar a varias generaciones de la línea real del reino que le recibió, los Scorpions.
Hasta el día de hoy, él nunca entendió como es que le recibieron siendo un total desconocido que había aparecido a orillas de la entrada de su reino. Mostrando una condición deplorable debido a sus imperfecciones y a la brusca transportación de aquel inusual portal que lo terminó arrojando a ese planeta.
Cuando llegó, por un tiempo se planteó la idea de que quizás, debía iniciar una conquista por sus propios medios para así, cuando su hermano llegará a por él, notara que valía más de lo que pudo haber pensado. Pero después desecho aquella idea tan rápido como la tuvo, no lo valía. Si su hermano lo había enviado a una misión en un planeta ya muerto, no dudaba que su intención habría sido deshacerse de él, y seguro con su desaparición en ese portal le había resultado muy beneficioso a su hermano, por lo que simplemente se dejó llevar por aquella extraña hospitalidad y trato que recibió de los Scorpions, una familia con demasiada presencia frente al pueblo, pero con buenos corazones.
La rutina casi siempre era la misma, y no estaba nada incómodo por como la llevaba. Y ahora mismo, se dirigía al laboratorio personal que tenía en aquel enorme castillo que obtuvo por cortesía del rey de hacia tres generaciones, el cual, había quedado complacido cuando comenzó a elaborar mejoras en la infraestructura del reino.
—¡Hordak! —él detuvo sus pasos entre aquellos pasillos y volteó en dirección de dónde había venido aquella voz, respondiendo al llamado. Pronto frente a él, se encontraba una mujer de complextura fuerte, de cabellos negros y tenazas rojas las cuales suplantaban a sus manos.
—Buen día, su alteza Astrid —le saludó con notorio respeto mientras hacía una leve reverencia.
—Vamos, ¿por que siempre tienes que ser tan serio? —le preguntó ella con una enorme sonrisa, para después acercarse a él y abrazarlo —. Dime, ¿cómo van tus investigaciones? ¿ya has descubierto algo nuevo respecto a los portales? —le preguntó con curiosidad. Él, algo incómodo intento mantener su mirada en el otro lado del pasillo, no podía acostumbrarse para nada aún a los gestos emotivos de la gobernante del reino Garnet.
—Aún sigo trabajando en ello, princesa —le respondió Hordak con voz apacible mientras la pelinegra le dejaba en el suelo de una buena vez —. Pero respecto al problema con el acueducto del castillo, he resuelto ya el enigma y le entregaré los datos a los que se encargarán de ello —agregó mientras le daba una ligera sacudida con sus manos a su ropaje negro, simulando planchar unas arrugas inexistentes en las prendas.
—Como siempre, podemos contar contigo, Hordak —expresó animosamente Astrid, transmitiendo la enorme energía y vividez que poseía como gobernante.
—Amor, creo que estás retrasando a Hordak, seguro va a su laboratorio —dijo de pronto otra voz femenina apareciendo en el lugar. Ambos voltearon encontrándose con la figura de una mujer de cabellos blancos y una dulce sonrisa, mientras su vientre se encontraba un poco abultado.
—Mireia, cariño —Astrid se acercó a ella enseguida y entrelazó su brazo al suyo —, se supone que deberías estar descansando —expresó con notoria preocupación.
—Vamos, estoy embarazada, no enferma —refunfuño la de dulces rasgos, intentando mostrar cierto descontento por la exagerada reacción de su esposa.
—Oh, vamos, cielo —musitó la de cabellos oscuros haciendo un puchero. Era lógico que quería cuidar de ella, y no se lo estaba dejando fácil para hacerlo.
—Si me disculpan —Hordak elevó un poco su voz para hacerse notar entre ellas y su discusión en la que para nada pintaba —, debo irme a mi recinto, con su permiso —anunció comenzando su camino por el pasillo.
—Nos vemos luego, recuerda almorzar algo y no te quedes tan absorto en tus investigaciones —le indicó Mireia con tono sutil mientras sonreía.
—Tengan buen día, princesas —les deseó Hordak alejándose de ellas. Astrid pronto volvió a su esposa a quien llevó del brazo en una dirección contraria a la de él.
[...]
Las horas habían pasado y él aún se encontraba absorto en su laboratorio. Un pizarrón rayado por doquier, una mesa con un extraño artefacto en forma de aro sobre ella y un mini-computador al lado de aquel objeto que emitía una linea plana. Todo eso le hacía compañía junto a un montón de libretas tiradas en el suelo junto a hojas desparramadas al azar en el suelo.
En esos mismos momentos, el silencio que le rodeaba era algo gratificante, le regalaba momentos en los que podía pensar sin perturbar sus ideas que plasmaba fácilmente sobre las hojas de papel. Las constelaciones que recordaba de hace muchos años atrás incluso las tenía plasmadas en aquellas paredes, después de todo, aún si en Etheria las estrellas no existieran, él las recordaba perfectamente y haberlas colocado como decoración en su laboratorio le habían proporcionado aún más paz a la hora de trabajar, y siempre las cambiaba, los detalles, sus posiciones... Conforme recuerdos del pasado de ese cielo estrellado llegaban él volvía a retocar aquellas paredes, volviendolo un pasatiempo de inmediato.
De pronto un sonido agudo captó su atención, haciéndole mirar hacia el pequeño computador en la mesa, el cual, había cambiado a ondas alteradas que cada vez emitían un chillido rítmico. Hordak de un movimiento rápido llegó hasta aquella mesa con algunos tropezones debido a las cosas en el suelo.
—Esas lecturas... —susurró con algo de sorpresa y shock. Aquella señal solo tenía una procedencia y la conocía demasiado bien —. Son lecturas de un portal —dijo con seguridad comenzando a teclear en el artefacto, todo con el objetivo de poder obtener las coordenadas del área de donde esas lecturas estaban siendo arrojadas.
Sin pensarlo dos veces, él traspasó las coordenadas a una pequeña tableta y después salió de su laboratorio en un santiamén, aventurandose por los pasillos mientras corría a gran velocidad.
De pronto pasó por un lado de la princesa de cabellos blancos que había decidido dar una caminata entre los pasillos antes de que el sol cayera y llegara la hora de la cena.
—¡Hordak! ¿Que sucede? —le preguntó Mireia con preocupación debido a la rapidez con la que corría la mano derecha del reino.
—He logrado triangular una frecuencia de un portal —explicó tomando aire ante la agitación —, voy hacia ahí —informó cortante para después seguir corriendo hacia la parte trasera del castillo.
—¡Ten cuidado! —le gritó Mireia sin poder hacer más. Ella no podía ir tras de él debido a su condición y solo podía desearle suerte con lo que sea que pudiera encontrar en el lugar al que se dirigía.
Hordak llegó hasta las bodegas del castillo, tomando uno de los esquifes que estaban aún en proceso de prueba para usar. Por ahora, era lo único que se le venía a la cabeza de que podía usar para llegar a su destino y tenía que arriesgarse a probarlo. Así que sin mucho revuelo, arrancó el transporte acelerando a una velocidad increíble el artefacto mientras se aventuraba a salir del reino Garnet para ir al desolado lugar que las coordenadas le habían indicado.
Por fin logro llegar al lugar, dejando el transporte de un lado y mirando la tableta en sus manos mientras caminaba por aquel prado. Debía dar con el portal. Estaba seguro que era un portal. Esas lecturas lo decían.
De pronto su mirada se centró a la lejanía donde vio aquellos destellos alocados y ese negro remolino que giraba mostrando cierta inestabilidad. Por unos segundos, quedó en shock mientras observaba aquel fenómeno. No podía creer que después de muchos años había visto por fin un portal, pero pronto su shock fue reemplazado por confusión, al notar la figura encapuchada que estaba a escasos centímetros del portal y como depositaba un bulto en el suelo.
Él comenzó a acercarse a pasos apresurados son apartar la mirada de aquella figuras y el portal, simplemente no lo pensó y comenzó a avanzar con rapidez hacia él.
La figura extraña notó su presencia, sobresaltandose al notar como aquel desconocido se acercaba a paso veloz hasta donde estaba. Entonces un estruendo detrás de la figura le hizo voltear, notando como aquel portal comenzaba a hacerse pequeño. La figura volvió su mirada a Hordak quien intentaba llegar rápidamente hasta ahí y después bajo de inmediato su mirada al suelo.
—Lo siento —susurró la figura desconocida que ahora se podía identificar como una mujer. Ésta saltó al interior del portal, el cual con mayor rapidez se cerró hasta desaparecer.
—¡No! —exclamó Hordak con frustración, reduciendo su paso en aquel lugar donde vio el portal desaparecer —. Llegué tarde —susurró con dureza, crispando los puños mientras mantenía la mirada justo en el punto en el que antes el portal estuvo —. Fui un idiota... Aún sigo pensando que él vendría por mi, cuando claramente no será así —aquella pizca de lo que muchos llamaban esperanza se desvaneció por fin. Quizás había desechado la idea de que su hermano algún día volvería por él, pero no pudo evitar tener una pizca de esperanza, como los Scorpions le habían enseñado. Un llanto lo sacó de sus pensamientos, provocando que mirara hacia el suelo, localizando de inmediato el bulto que aquella figura había dejado en el suelo, y notando, que se trataba de un bebé el cual comenzaba a llorar con desesperación al sentir el frío que era estar en aquel duro suelo —. Así que te han abandonado, ¿eh? —le miró con seriedad, mientras la pequeña criatura seguía su llanto descontrolado. Hordak no sabía que más hacer, salvo tomarla y cargarla en sus brazos, tampoco era como si fuera a dejarla ahí —, tú y yo nos parecemos —comentó mientras el llanto del bebé comenzaba a cesar y abría sus ojos los cuales eran de un azul grisáceo que contrastaba con su piel clara y sus cabellos rubios cenizas —, ambos abandonados, dejados a la deriva en un planeta olvidado —siguió hablando, mientras su mano se acomodaba en la cabeza de la pequeña, quien abrió y cerró sus ojos, como si prestara suma atención a cada palabra del desconocido que la había recogido y le había brindado calor —. No puedo asegurarte que te guste la idea de haber sido abandonada, pero es algo con lo que aprendes a vivir —explicó elevando su mirada hacia el cielo colorido, solo para volver su mirada a la infante—. Hola, desconocida, bienvenida a Etheria —le susurró mirándole con gesto apacible mientras la pequeña inclinaba su cabeza un poco mirando con notoria curiosidad a la persona que la cargaba y pronto una dulce sonrisa se dibujó en sus labios. Un suave aire recorrió aquel solitario prado, mientras la luz del día comenzaba a retirarse para abrirle paso a la tranquila noche.
[...]
N/A: No tengo ni idea de cómo termine escribiendo esto -recuerdos de fanarts cute aparecen en su cabeza- ah si, por eso xD
Bueno, espero hayan disfrutado del capítulo y que disfruten de toda la historia en sí con esta nueva perspectiva que va a tener con cierta pequeña a manos de un no-conquistador. ¿Qué tal con eso? Todo será softsoftsoft porque la idea en sí me pareció muy tierna (y más involucrando a las mamis de Scorpia, kyaaaa uwu). Aunque... Puede que de pronto me pegue la loquera y les meta drama, pero quién sabe, yo digo que se queden y lo averiguen :3
¡Muchos besos y abrazos, nos leemos pronto!
