Hordak caminaba entre los pasillos del castillo mientras las miradas de algunos guardias se detenían sobre él. Los ojos curiosos se clavaban en el pequeño bulto que llevaba en sus brazos cargando. De aquella manta sobresalían unos pequeños brazos que se estiraban en dirección a él mientras dulces balbuceos escapaban de los labios de la pequeña criatura.

El camino fue tedioso. Debía de decir que al volver fue todo más complicado por el hecho de traer en brazos a una criatura tan frágil como lo era un bebé, quien siempre es dependiente de otros al ser tan pequeño e indefenso.

Pronto llegó hasta su habitación, dónde dejó su tableta y cerró el mini-computador, claramente aún se encontraba algo frustrado por su expedición nada exitosa.

Un balbuceo lo sacó de sus pensamientos y bajó la mirada de inmediato a la pequeña de ojos azules, quien le miraba con curiosidad. El de cabellos negros, por alguna extraña razón aquel gesto le pareció interesante, los niños solían asustarse con él habitualmente por su rostro serio y su imponente presencia, los únicos niños con los que llegó a tratar fue con los del linaje real, así que era nuevo que una pequeña bebé estuviera tan tranquila con su presencia... Y más teniendola en brazos. En un gesto inconsciente, uno de sus brazos dejo su labor de cargarla, acercando su mano al rostro de la pequeña y tocando suavemente su mejilla, provocando una risilla en ella.

—¡Hordak! —llamó Mireia con preocupación mientras se abría paso a la habitación de él junto a su esposa, Astrid. Hordak de inmediato alejó su mano de la infante y dirigió su atención a las princesas.

—Escuchamos que traías a alguien contigo y como Mireia dijo que habías salido a prisa... —dijo la de cabellos negros de forma atropellada, demostrando la preocupación que había sentido al haber sido informada de aquello.

—Trid... —le susurró Mireia colocando su mano en el hombro de su esposa, mientras su mirada se mantenía fija en la bebé que el clon llevaba en sus brazos. La pelinegra pronto bajo la mirada notando enseguida la presencia de la criatura —.Hola, muñeca —le llamó con dulzura mientras una tenue sonrisa se dibujaba en sus labios y acercaba su dedo índice a la mejilla de la bebé de cabellos rubios y ojos azulados, en un amistoso gesto.

—Hordak, ¿de dónde salió está preciosura? —preguntó Astrid con una emocionada sonrisa mientras la pequeña miraba con curiosidad a ambas figuras.

—Fue traída por ese portal que apareció —respondió con la mirada fija en la infante, quien comenzaba a sonreír conforme la extraña mujer de cabellos blancos le hacía mimos acariciándole la mejilla.

—¿Un portal la trajo aquí? —preguntó Mireia sorprendida. Le parecía algo descabellada la idea de que una pequeña criatura viajará por un portal. Más cuando los portales no eran posibles en Etheria.

—Y alguien más —agregó con seriedad ganándose la mirada confundida de la pareja —. Fue abandonada por alguien que la dejó y volvió al portal el cual desapareció —explicó rápidamente. Ambas no pudieron evitar intercambiar una mirada apenada para después devolverla a la pequeña, quien inclinó su cabeza un poco ante la confusión por el repentino cambio de humor en aquellas amables desconocidas.

—Así que es huérfana y de un lugar desconocido, ¿eh? —susurró Mireia con aflicción. Su mano por reflejo se deslizó a su vientre, acariciándolo. La idea de que una pequeña bebé hubiera sido abandonada a su suerte era algo que le erizaba la piel, haciéndole sentir triste ante las diversas circunstancias en las que aquella persona pudo haber estado como para dejar a una indefensa criatura en un lugar desconocido y solo esperar lo mejor.

—Sabes, Hordak —Astrid rompió el tenso silencio que se había formado en el ambiente ante aquel desolador dato y pronto mostró una sonrisa —¿No crees que significa algo? —preguntó.

—¿Significar que? —le cuestionó Hordak frunciendo el entrecejo. Él no entendía a qué se refería la de cabellos negros.

—Vamos, Hordak —Astrid rodó los ojos sonriendo animosamente, para después acercar sus brazos al clon y tomar a la bebé en brazos, quien de inmediato giró su cabecita un tanto confundida por el repentino cambio de brazos que le cargaban. Los de aquel desconocido le habían resultado muy reconfortantes y se sentía extraño cambiar de pronto —¿Acaso no piensas que quizás ella se cruzó en tu camino por el hecho de que sea una señal? —le preguntó con una sonrisa sugerente, mientras se encargaba de balancear en sus brazos a la pequeña quien mantenía sus ojos puestos en el de ojos rojos.

—Las "señales", "coincidencias" o "destino", son simples términos que los seres usan para encontrar una explicación a simples situaciones planteadas que suceden en uno determinado momento —respondió Hordak de forma automática y sin titubear.

Mireia evitó reír ante la respuesta de su amigo y la notoria insatisfacción que su esposa mostraba por lo reacio que era el clon.

—Oh, vamos, ¿no me digas que no te parece interesante que está pequeña no te ha quitado los ojos de encima en todo este tiempo? —inquirió Astrid con convicción, intercambiando una mirada rápida con su esposa, quien sonrió en complicidad.

Hordak bajó la mirada hacía la frágil criatura, la cual inclinó un poco su cabeza observándolo. Él no entendía como Astrid podía estar diciendo todo aquello, era ilógico que aquella bebé estuviera interesada en él o quisiera estar a su lado, según su información, los bebés eran diminutas y frágiles criaturas que tendían a olvidar cosas, a llorar por todo y a ser mimados por quién sea, y esas criaturas simplemente se aferraban a personas que les sonreían o los consentían, ¿cómo entonces ella podría haberse interesado en él si ni siquiera le había sonreído o algo así? Esa niña si que era extraña y... diferente.

La pequeña de pronto emitió un balbuceo que logró sacar a Hordak de sus pensamientos y él notó que ella estiraba sus brazos hacia el como si intentara alcanzarlo.

—Solo debe ser curiosidad, todos los bebés son así —respondió a la pregunta que Astrid había hecho hacia un minuto, apartando de inmediato la mirada de la bebé. Astrid bufó rodando los ojos mientras su esposa simplemente suspiró mientras movía su cabeza de un lado a otro en señal de desaprobación.

Un quejido salió desde los labios de la pequeña, captando la atención de los tres. El entrecejo de la bebé se frunció notoriamente y sus ojos se tornaron llorosos mientras sus diminutas manos las empuñaba con fuerza. Obviamente estaba enojada y el llanto comenzaría pronto.

—Creo que ella quiere que la tomes en brazos —murmuró Mireia algo preocupada de que la pequeña comenzará a llorar a mares, solo por haberse sentido rechazada por la persona a la que le pedía que le cargara.

—Eso es... Ridículo —murmuró Hordak, intentando ignorar la rabieta de la bebé desviando su mirada de ella. La pequeña apretó sus labios, claramente disgustada por la terquedad del sujeto y lanzó el primer sollozo, cambiando su expresión rápidamente a una de tristeza. Y comenzó a llorar sonoramente.

—¡Hordak! —le regañó Astrid frunciendo el entrecejo, mientras se movía de un lado a otro intentando apaciguar el llanto de la criatura, que parecía aumentar más sus sollozos. El mencionado cerró sus ojos y se cruzó de brazos, intentando ignorar aquel llamado de la terca bebé que quería ser tomada en brazos por él. No lo entendía, ¿cómo ella podría aferrarse tanto a querer que él la cargara?, no tenía la respuesta, pero una ligera incomodidad por el llanto de la pequeña le hizo abrir uno de sus ojos para observarla, notando, como la pequeña estiraba sus brazos a su dirección mientras abría y cerraba sus diminutas manos en un gesto suplicante. Una extraña sensación invadió su estómago, era ¿molesto? ¿irritante? presenciar como aquella niña tranquila y sonriente de pronto comenzara a llorar tan sentimentalmente.

Hordak gruñó —. Dámela —ordenó girándose a Astrid y estirando sus brazos, cediendo al llamado de la bebé. La de cabellos negros sonrió de manera tenue y depositó a la niña en brazos del ojirojo, acomodándola en sus brazos —. Ya está bien, ya te tomé —le dijo a la pequeña, quien comenzó a cesar su llanto y elevó la mirada hacia Hordak, notando que aquello era verdad y pronto una sonrisa se dibujo en sus pequeño labios mientras las lágrimas en sus mejillas comenzaban a secarse.

—Creo que alguien es un poco manipuladora —bromeó Astrid cruzándose de brazos, mientras veía como Hordak de forma inconsciente comenzaba a balancearse para arrullar a la bebé.

Mireia notó algo en la manta que envolvía a la niña y se acercó de inmediato a Hordak para revisar la suave tela. Al dar con lo que había visto, una triste sonrisa se dibujó en sus labios, pera después elevar la mirada para hacer contacto con el clon.

—Su nombre es Adora —dijo Mireia con total dulzura, acariciando la mejilla de la pequeña con cuidado. Astrid se acercó para observar lo que su esposa había encontrado, localizando enseguida en aquella tela, el nombre de "Adora" bordado en ella.

—Así que Adora... —susurró Hordak mirando a los ojos a la pequeña, quien le sonreía enérgica y rebosante de felicidad.

—Hordak, ¿qué harás a partir de este momento? —le preguntó Astrid, adquiriendo un tono más serio en su voz. Hordak decidió hacer contacto visual con la de cabellos negros quien mantenía su mirada fija en él —. Ella se ha encariñado contigo, pero tú la encontraste y es tu responsabilidad decidir que pasará con ella de ahora en adelante —Hordak volvió la mirada a la pequeña, quien hizo un tierno movimiento con su cabeza, restregando su carita contra el pecho de él para después volverlo a ver —. Ella puede cambiar muchas cosas, tus días podrían ser diferentes a partir de ahora. Notamos como la miras, el ligero interés que tienes pero a la vez quieres apartarte y no involucrarte, y créeme, eso es comprensible. Ella es una bebé desconocida que acabas de encontrar, pero, ¿no crees que quizás, ella se cruzó en tu camino por una razón? —sus suaves y maduras palabras fueron escuchadas con suma atención por él, quien por algún motivo, su interés en la pequeña comenzaba a crecer. Quizás Astrid tenía razón, las cosas podían ser diferentes. Podía tener un propósito. Tenía la oportunidad de plasmar algo, de dejar algo, de tener algo más que solo los residuos de su pasado o de los días que transcurrían igual en su vida desde que llegó a ese planeta.

—Nosotras respetaremos lo que decidas, eres un amigo muy importante para la familia. La mano derecha de los Scorpions y el mejor consejero e inventor que tenemos —dijo Mireia con una tenue sonrisa, logrando que Hordak volviera la mirada a ella —, y te ayudaremos con lo que decidas —agregó con seguridad, mientras su mano acariciaba su vientre en un tierno gesto hacia el bebé que esperaban.

La pequeña Adora emitió unos balbuceos, arrastrando sus manitas contra el ropaje del clon, parecía muy entretenida en ello mientras los adultos discutían... Y también parecía muy cómoda.

—Creo que puedo... —dijo Hordak en voz baja, mirando detenidamente cada acción que la pequeña hacia, cosa que se detuvo de hacer para elevar su mirada al de cabellos negros al escuchar su voz. Una sonrisa emocionada se dibujó en los labios de Astrid quien se posicionó a la derecha de él, mientras del otro lado se colocaba Mireia mirando las dos de forma sugerente al clon, que lanzó un suspiro cansado —. Creo que puede quedarse conmigo —completo un poco de mala gana, por las sonrisas de ambas quienes soltaron un chillido de emoción.

—¿Escuchaste eso, Adora? —le preguntó Astrid a la pequeña quien inclinó su cabecita mirando a la pelinegra con curiosidad —, te quedas con nosotros —le informó. Cómo si la pequeña hubiera entendido sus palabras, unas risillas salieron de sus labios derrochando felicidad, derritiendo al instante a Astrid y Mireia, las cuales no podían dejar de lanzar mimos a la pequeña.

Hordak suspiró cerrando sus ojos unos segundos, sin duda ambas podían ser demasiado enérgicas para su gusto. Pronto su mirada bajó a la pequeña niña que reía ante la emoción que derrochaban las dos mujeres. Sin saberlo, una tenue sonrisa se dibujó en los labios del clon, quizás, aquello sería algo mucho más grande de lo que podría imaginar y los días que transcurrían siempre igual... Cambiarían con una pequeña persona tan rebosante de vida y de luz, quizás... Ella era el motivo que podía estar faltandole a su vida después de todo lo que había pasado... El tiempo confirmaría o no aquello, por ahora solo sabía, que aquella niña era demasiado interesante y... tierna.

[...]

N/a: ¡Hola bellas personitas! Espero estén bien y que hayan disfrutado del capítulo, nos leemos después