La luz del día hacia relucir al cielo con sus hermosos colores. Los pasillos del castillo Garnet se encontraban silenciosos y tranquilos mientras las primeras personas pasaban por ellos realizando sus labores.

En uno de los salones del castillo, una reunión se llevaba a cabo con el gobernante del reino Scorpion, de sus princesas y su mano derecha, discutiendo asuntos importantes respecto a las cosechas y recolecciones de bienes.

Mientras esta reunión se llevaba a cabo, dos pequeñas niñas recorrían los pasillos cercanos al salón, la de cabellos rubios llevaba en sus manos lo que parecía el dibujo de un mapa, mientras su compañera de cabellos blancos señalaba con su tenaza la puerta del salón, susurrándole algo que no se podía descifrar de primera mano.

La duda pareció cruzar por la cabeza de la niña de cabellera rubia, pero eso no duró demasiado ya que con sumo cuidado, abrió la puerta del salón, abriéndose camino junto su cómplice al interior del lugar, donde los adultos parecían conversar sobre cosas que claramente ellas no entendían... Ni entenderían —¿Dónde es?—decidió susurrarle a la peliblanca, quien señaló el buró al lado de uno de los ventanales. La rubia asintió y ambas caminaron hacia el lugar lo mas silenciosamente posible.

Astrid de pronto había mirado hacia la dirección que estaban tomando las niñas, notando la presencia de ellas de inmediato y abriendo sus ojos con sorpresa... Claramente había olvidado que les entregó un "mapa del tesoro" que ella misma les hizo la noche anterior.

—¡He encontrado el tesoro!—exclamó la pequeña de cabellos rubios, mientras alzaba en su mano aquellos caramelos que sacó del buró, y mirando a la de cabellos blancos.

—¡Hurra!—celebró la menor castañeando sus pequeñas tenazas, ambas orgullosas de su descubrimiento. El carraspear de una garganta captó la atención de las menores, quienes dirigieron su mirada al hombre sentado en su trono mirándolas con seriedad. Mireia suspiró para después desviar la mirada hacia su esposa con desaprobación, la cual simplemente sonrió con nerviosismo ante el posible regaño que recibiría de su parte por haber escondido los dulces justo en la sala del trono para las niñas—. Hola, abuelito—saludó la infante con una sonrisa igual de nerviosa que la de su madre.

—Adora...—le llamó Hordak con seriedad a la pequeña, quien infló sus mejillas haciendo un puchero porque sabia bien que había interrumpido algo importante y muy seguramente había molestado a su tutor.

—Lamento la interrupción, no volverá a pasar —se disculpó la mayor de las dos niñas, mirando al imponente abuelo de su amiga y haciendo una leve reverencia.

—Padre, una disculpa—intercedió Astrid de inmediato levantándose de su asiento—, yo realice la actividad para las niñas, fue error mío—admitió la mujer en un intento de que su padre no regañara a las infantes. Mireia solo suspiró, sintiendo una ligera angustia por la situación.

—¡No!—objetó la pequeña rubia preocupada por la mamá de su amiga, la cual tenía sus ojos llorosos debido al ambiente tenso en el lugar. Los adultos inmediatamente volvieron su atención a ella ante la repentina forma en que intervino —, yo no debí venir aquí y traer a Scorpia cuando ustedes estaban ocupados—susurró mientras sus ojos se volvían acuosos por el temor de que el hombre se enojara con Astrid.

—Perdón...—susurró la pequeña Scorpia emitiendo sollozos, que pronto contagiaron a su amiga. Hordak suspiró, conocía tan bien a Adora que defendió de inmediato a Astrid porque era la clase de niña que se responsabilizaba de las cosas, una naturaleza extraña y que a pesar de tener solo 5 años salía a relucir, algo interesante para el clon, ya que los niños suelen no querer ser castigados y por ende evitan a toda costa decir sus errores, pero aquella niña era peculiar.

—Scorpia, Adora, acérquense—les indicó el gobernante de los Scorpions, sacando de sus pensamientos a Hordak quien dirigió su mirada al hombre, por otro lado, ambas niñas intercambiaron una mirada, solo para después acercarse en silencio hacia el trono—. Han entendido que estuvo mal interrumpir una reunión, ¿verdad?—preguntó mirándoles detenidamente, las niñas asintieron—, y supongo que no se volverá a repetir, ¿cierto?—otro asentimiento fue proporcionado por ambas y pronto una tenue sonrisa apareció en la comisura de sus labios—. Bien, entonces hemos resuelto el problema—aseguró logrando tranquilizar a las infantes.

—¡Gracias, abuelito!—exclamó Scorpia lanzándose a los brazos del adulto quien suspiro para después corresponder al gesto de su nieta. Adora deslizó el dorso de su mano por las mejillas, secando lo restante de sus lágrimas, la situación había mejorado, así que decidió que ya no era necesario sentirse angustiada. El gobernante dirigió su mirada a ella y extendiendo una de sus manos la deposito en la coronilla de la cabellera rubia, captando la atención de la niña elevando su mirada a él.

—Creo que ha sido todo por hoy, será mejor que vayan a tomar el desayuno, ya que seguro no planeaban comerse esos caramelos sin haber desayunado, ¿no?—preguntó el gobernante sonriéndole a Adora, quien correspondió de igual manera.

—¡Por supuesto que no!—aseguró la de cabellos rubios, con total ánimo y seguridad.

—Con su permiso, alteza—habló Hordak captando la atención de los presentes—,nos retiraremos—agregó mirando a Adora, quien con energía asintió para después alejarse del gobernante y dirigirse corriendo hacia con su tutor.

—Scorpia, cariño, venga que iremos a desayunar—le llamó Mireia con dulzura a su hija, quien decidió regalarle un beso en la mejilla a su abuelo, solo para luego bajar de sus brazos y correr los de su madre peliblanca, quien la cargó en sus brazos solo para caminar hacia la puerta junto a Hordak quien llevaba de la mano a Adora.

—De nuevo una disculpa, padre, no volverá a pasar—dijo Astrid haciendo una leve reverencia para después dirigirse a su esposa y salir del lugar. Una vez caminando por los pasillos en dirección al comedor, la pelinegra se detuvo en seco, haciendo que el resto igual lo hiciera, entonces su mirada se dirigió a Adora la cual inclinó su cabeza hacia el lado derecho, curiosa por el repentino parar de la mujer, quien se colocó de cuclillas a su altura —. Cariño, ¿sabes que no era necesario hacer lo de hace un momento?—le preguntó con dulzura. Mireia y Hordak simplemente observaron en silencio la situación, esperando la respuesta de la menor.

—¿Qué cosa?—preguntó la menor confundida, ignorando lo que había pasado en la sala del trono y enfocándose en el desayuno. Hordak lanzó un sonoro suspiro mientras Mireia simplemente rió silenciosamente, claramente Adora ya había ignorado lo ocurrido.

—Sobre lo que hiciste adentro... Defenderme—le aclaró Astrid con dulzura, la pequeña le sonrió.

—Porque eso era lo correcto, tía Astrid—respondió con convicción, Astrid movió su cabeza de un lado a otro sonriendo, y después cargó a la rubia en sus brazos—, en serio, Hordak, ¿Cómo puedes tener a una niña tan buena?—

—Suelo preguntarme lo mismo—susurró Hordak mirando con el entrecejo fruncido a la menor, quien le sonrió animosamente.

—¡Hay que ir a desayunar, papá!—inquirió la niña rubia sin perder su sonrisa, todo por que sabía que les esperaban los postres después de este, y eran obviamente lo mas importante del día. Adora le regaló un beso en la mejilla a Astrid, para después estirar los brazos hacia su tutor, quien sin pensárselo dos veces la tomó.

—¡Desayuno!—secundó Scorpia apoyando a su amiga. Mireia solamente rio, para después comenzar a caminar por el pasillo, siendo alcanzada por su esposa y teniendo detrás a Hordak.

—Oye, papá—le susurró la pequeña al clon, quien bajo su mirada hacia ella, indicándole que le estaba prestando atención—, ¿puedo ayudarte hoy en tu laboratorio?—preguntó con curiosidad.

—Adora, ¿no jugaras con la princesa?—cuestionó con curiosidad, usualmente la menor solía preferir jugar con su amiga y más últimamente porque comenzaría a tomar clases en el pueblo junto a otros niños.

—Quiero estar contigo hoy—aseguró la pequeña con una sonrisa radiante, que después borró inclinando un poco su cabeza y mirándole con aquellos ojos de "cachorro" que solía hacerle últimamente... Para salirse con la suya—¿No quieres?—preguntó en un tono bajo y haciendo un pequeño puchero.

— Esta bien, pero si rompes algo no vuelves al laboratorio en una semana —accedió suspirando, Adora sonrió con emoción solo para rodear su cuello abrazándole con fuerza rebosando de felicidad.

Hordak no lo entendía, siempre terminaba cediendo a ese lado de la pequeña, un lado muy manipulador debía decirlo, pero... eso solía sacarle una tenue sonrisa, ¿Cómo es que le llaman a eso...? ¿Felicidad? Probablemente era eso, después de todo, desde que había comenzado a cuidar de ella a cruzado un camino lleno de experiencias nuevas... y de emociones.

[...]

N/A: ¡Hola pequeñines! Sigo viva después de meses asquerosos, horribles y todo como se le puedan llamar, ya estoy casi por terminar el semestre así que ando mas alivianada xd y pues tuve una pequeña inspiración de escribir en esta historia 3 Gracias por su comprensión y espera, la verdad es que la universidad en línea solo me ha generado mas estrés de lo que puedo soportar, así que anduve bien desaparecida este semestre por lo mismo :( pero espero estas vacaciones comenzar a actualizar todo lo que pueda :3 igual los quiero mucho y de nuevo gracias por la paciencia 3