Para Llamar a un Compañero

Esta historia no es mía, es de Penthesileia la cual fue muy amable en dejarme traducir su fic, el cual originalmente está escrito en inglés, y también quiero darle las gracias a Sara Croft por ofrecerse a ser mi editora y ayudarme a corregir errores. Espero que les guste tanto como a mí. Si quieren leer la historia en su idioma original les dejo el link:

w w w . fanfiction s / 4627810 / 1 / To - Summon - a –Mate

solo tienen que quitar los espacios.

Tiene contenido fuerte, lean bajo su propia responsabilidad.


Noviembre 2

Nada más abrir los ojos, Kagome notó su cuello entumecido y adolorido. Parpadeó, insegura del por qué su sala estaba al revés.

En algún momento de la noche, la azabache puso una pierna en el sofá, la otra sobre el reposabrazos y su cabeza acabó colgando de un
lado. La levantó cuidadosamente y la posó sobre la almohada, gimiendo cuando la sangre acumulada en su cabeza comenzó a
desplazarse hacia abajo. ¿Por qué estaba de nuevo en el sofá?

Oh, cierto. Estaba tan asustada para enfrentar a Inuyasha que acampó en el sofá.

Hizo una mueca por el dolor de su espalda. Esto era patético. ¿Estaba asustada de su propio cuarto, sólo porque había un demonio en
él?

... Está bien, tal vez no era tan patético.

Miró sus arrugadas ropas y suspiró, sabiendo que de todos modos no importaba. Ella necesitaba ropa nueva y ya no quedaba ninguna
prenda en el cuarto de lavado.

Además, necesitaba desesperadamente sus duces de Halloween, los cuales seguían en su cuarto. Asomó la mirada y vio a Sôta
extendido frente a su altar, de nuevo. Su garganta se estrechó, aún sin tener idea de lo que podría decirle, o de cómo enfrentarlo una
vez despertase. Miró el reloj en la pared, temiendo el momento en que tendría que despertarlo para ir a la escuela.

La chica se levantó lentamente, sintiendo todo su cuerpo sensible.

-¡Kagome!- Dijo Sôta emocionado.

Kagome giró su cabeza hacia él, lo que hizo que casi sufriera un doloroso tirón en el cuello. ¿Cuando despertó? ¿Y por qué estaba tan
feliz?

-Kagome, Kagome, ¡Adivina qué!- Saltaba de arriba a abajo, con sus ojos brillándole ilusionados.

-¿Trasero de gallina?- (NT: Esto es un juego inglés. Alguien dice ''Guess What?'' Y el otro responde ''Chicken Butt'', que, literalmente, es
trasero de gallina.) Preguntó Kagome curiosa, intentando contagiarse de su buen humor.

-¡Papá vino! ¡Lo vi en sueños!- Sôta ignoró su mala broma y la abrazó con una sonrisa iluminando su cara- ¡Él me habló anoche y me
dijo toda clase de cosas! Pero tú no puedes enterarte. Papá dice que aún no puedo decirte.- Sôta le sacó la lengua. Miró el reloj.- Iré a
cambiarme para la escuela, limpiaré esto luego- Brincó afuera de la habitación sin mirar atrás, con más energía de la que Kagome
había visto en él desde hacía meses. Estaba más emocionado ahora que en Halloween, cuando él creía que vería a papá otra vez.

Ella había odiado el hecho de jugar con la obsesión de Sôta hacia los rituales sobre la muerte. Pero tal vez el Dr. Saíto había estado en
lo cierto al animarlo, esperando a que Sôta pudiera cerrar el tema respecto a la muerte de papá.

Aún así, no le agradaba tener que darle las gracias al Dr. Saíto por el cambio en Sôta. Odiaba a ese psiquiatra.

Se levantó con cuidado, con su cuerpo tembloroso. Tal vez en vez de enviar a su madre a un hospital psiquiátrico podría convencer a su
abuelo para que comprara un nuevo sofá.

Se paró en frente de los escalones y respiró hondo. Ahora o nunca.

... Bueno, ella prefería nunca, pero eso ya no era una buena opción.

Subió los escalones y caminó por el pasillo, acercándose a su cuarto con cada paso. Paró en frente de su puerta, con el odafu intacto.
Sin pensarlo lo arrancó de la madera y abrió la puerta.

Nada más abrirse, Inuyasha la agarró y la jaló fuertemente contra su pecho. La miró con sus dorados ojos furiosos mientras la forzaba
a entrar al cuarto y azotó la puerta, cerrándola. La chica estaba consciente de que él seguía desnudo, sin embargo, su enfurecida cara
era lo que captaba su interés.

-Me dejaste solo- La acusó, con una mano en su espalda y la otra en su cuello.- He estado en ese jodido espejo por 500 años y mi
propia compañera no puede pasar una hora de su tiempo conmigo.- Siseó antes de besarla.

Kagome gimió, con ese calor familiar instalándose en ella. Su lengua y sus dientes jugaban con sus labios antes de adentrarse en ella.
Su cabeza nadó y cualquier dolor causado por dormir en el incómodo sofá desapareció.

-No me encierres aquí de nuevo- Le ordenó, dejándola respirar mientras él juntaba sus labios en su cuello- O mejor aún, quédate
conmigo.

Kagome jadeó, con la respiración alterada.

-Yo tengo que... tengo escuela. No puedo... Oh Dios- Gimió cuando él tocó un punto sensible. Y él sonrió satisfecho contra su piel.

-Casi lo soy, pero supongo que mi compañera puede llamarme Inuyasha.

La chica tragó duro, tratando de concentrarse en sus pensamientos.

-¡No puedo dejar que mi familia te vea!- Ahogó un grito- O cualquiera hasta que me asegure de que no eres peligroso. Y tengo que...
tengo que hablar contigo.

-¿No estamos hablando ahora?-Murmuró, mientras su mano se deslizaba debajo de su blusa.

La azabache siseó, quemándose casi por todo el calor que sentía.

-Hay cosas que necesito saber. Como ¿por qué...?-

-No te preocupes por eso- La acalló él, antes de sacarle bruscamente la blusa por su cabeza.

La azabache se sonrojó, avergonzada, y encorvando los hombros para esconder su sostén. ¡Él estaba yendo demasiado rápido!-
Inuyasha espera- Tartamudeó, tratando de alejarlo. Él gruño, sin dejarla ir.

-Eres jodidamente suave y hermosa.-

La mano de él se deslizó de nuevo por su cadera, jugando con el dobladillo. Sus dedos rozaron el bolsillo que contenía las cuentas que
había obtenido del chico monje.

Antes de que pudiera pestañear, las cuentas estaban fuera de su bolsillo y viajaban por encima de su brazo. Inuyasha se alejó y
observó cómo se desplazaban sobre su pecho y formaban un círculo alrededor de su cuello.

-¿Qué demonios es esto?- Demandó, mientras las cuentas descansaban en su cuello, brillando débilmente.

Ella se encogió de hombros inocentemente mientras observaba las cuentas que el chico monje/Sacerdote le había dado antes,
apartándose del camino de Inuyasha en el momento que él arremetía contra ella.

-¡Para! ¡Alto! ¡Cielos, siéntate o algo!- Dijo Kagome con desesperación y enojo... Y luego miró sorprendida como la cara de Inuyasha se
aplastaba contra el suelo.

-Kagome- gruño él, ahogándose un poco con las pelusas de la alfombra. -¿Qué demonios fue eso?

Oh-oh. La los nervios sustituían la vergüenza mientras Inuyasha se levantaba, no estando muy feliz.

-¿Qué demonios son estas cosas? ¿Es un collar de dominación?- Inuyasha intentó quitárselo sin éxito- ¡¿Dónde demonios lo
conseguiste?!

-Eh... no lo sé.- Mintió con un sonrojo de arrepentimiento- Las encontré. No estoy segura de lo que es. ¿Tal vez funcionan a mi
voluntad?- Se preguntó en voz alta- me refiero a que te aplastaste contra el suelo después de que dijera siéntate.

¡PUM!

Kagome vio, con los ojos como platos, como Inuyasha caía en picado al suelo... otra vez.

-Uh, bueno, ¡Creo que ya sé cómo funcionan!- Dijo alegremente antes de correr al otro lado del cuarto, dejando a un tanto mareado
Inuyasha detrás.

-Lo siento, pero tengo que ponerle el seguro a la puerta de nuevo, mi abuelito tal vez trata de herirte si te ve- Le dijo la chica mientras
iba rápidamente a sus cajones a por ropa, evadiéndolo fácilmente mientras él trataba de levantarse- Sin embargo, vendré directa a
casa y hablaremos incluso si eso signifique que tengas que estar toda la charla pegado a la alfombra- Le hizo saber antes de escapar.


El viento frío empujó y jaló el pelo de Sango, amenazando en convertir en un desastre su coleta. Se paró en el borde del rascacielos,
mirando a las personas debajo de ella. Su mano tironeaba constantemente, y se forzaba a sí misma a no buscar la espada que ya no
se encontraba en su cadera.

Se controló, no muy segura de por qué estaba tan malditamente agitada. La inquietud la atormentaba desde hacía dos noches y no la
dejaba descansar, ni siquiera cuando estaba en casa. Era casi tan malo como cuando estaba atrapada en su infierno personal.

Se permitió sentarse, con las piernas colgando. Respiró profundo, tomando todo el olor de la ciudad en sus pulmones. Humo,
contaminación y perritos calientes entremezclados con los olores que eran inadvertidos para los humanos. Las cosas que antes habían
sido inadvertidas para Sango.

Respiró de nuevo, cerrando los ojos y clasificando los olores. Había... magia, había mucha en el aire, y...

Sus ojos se ensancharon. Inuyasha había sido liberado.

Su mano se cerró donde debería de estar su empuñadura.

Era ligero, débil. Inadvertido para aquellos que no tenían el cometido de esperarlo.

No solo estaba libre, sino que había sido encontrado por ella.

Kagome quitó el odafu de la puerta después de tantear su bolsillo para asegurarse de que la lista se encontraba ahí. Se acomodó el
casco para que cubriera bien su cabeza y abrió la puerta.

-Siéntate- Ordenó tan pronto como vio las manos de Inuyasha dirigirse hacia ella, y se paró sobre su cuerpo. Se sentó en la silla junto
a su escritorio mientras esperaba a que él se levantara. Sentarse en la cama sería demasiada tentación.

Sacó su lista y la abrió con un movimiento rápido de su muñeca, leyéndola rápidamente y asegurándose de que estuviera todo lo que
quería preguntar. Estaba determinada a hacer esto racionalmente, incluso aunque acabara muerta.

—Hay algunas cosas sobre las que quiero hablar contigo. — empezó Kagome mientras Inuyasha levantaba lentamente su cabeza, con
sus enfadados ojos oscuros mientras la miraba.

Él se levantó rápidamente, y extendió la mano hacia ella.

—Siéntate

La azabache miró el suelo, preguntándose si la estructura de la casa sería lo suficientemente fuerte como para soportar esa clase de
abuso.

—Kagome— Gruño— Deja de hacer eso, cojones.

—Deja de atosigarme— Respondió ella, impaciente— Necesito hablar contigo antes... de que esto continúe.

Él se levantó lentamente y se sentó contra la pared en el lado opuesto al de ella, su enfado no se apaciguó al ver el sonrojo de
Kagome. El bastardo seguía sin ponerse nada, y no parecía que le importase. Ella mantenía su vista enfocada en su frente. Él
parpadeó hasta que finalmente la miró bien.

— ¿Qué estás usando?—

La chica dejó de jalar el cuello de su suéter, tantas capas de tela le hacían acalorarse. La ropa interior larga tal vez había sido algo
demasiado, pero al menos no fue tan lejos como para usar un cinturón de castidad. Aunque su abrigo era tan largo que rozaba sus
piernas. El casco de aluminio también estaba ligado para darle un mal peinado...

—Ropa. Tal vez deberías probarlo. —Dijo ella, obviamente esperando que todas sus locuras fueran ciertas y el aluminio bloqueara sus
ondas cerebrales al interceptar las de ella. ¿O sólo servía con los alienígenas?

Él se estiró.

—Nah, las ropas son demasiado... limitadoras— Agitó la mano— Adelante, terminemos con esto para que podamos hacer cosas más
importantes.

Kagome destapó su bolígrafo para poder tachar las cosas mientras avanzaba. ¿Lo veis? Iba a acabar con esto racionalmente.

—Antes que nada, ¿Quién eres? — Él alzó una ceja.

— ¿Inuyasha? —Adivinó, sin contestar realmente a su pregunta. Suspiró—Yo era un príncipe. Mi hermano mayor era el Señor del Oeste.
Ahora que sabes que soy de la realeza, ¿Podemos continuar?

— ¡Siéntate idiota! — Gritó la colegiala, ofendida— No voy a acostarme contigo sólo porque seas alguna clase de príncipe. ¿Qué clase
de chica crees que soy?

—Como cualquier mujer que conocí antes de ser encerrado— Masculló contra la alfombra.

La adolescente rechinó sus dientes con los pelos en punta.

—Bueno, pues no soy esa clase de chicas, imbécil— Dibujó una media palomita cerca de la pregunta. Sentía que había algo ahí, pero no
quería presionarlo. —Entonces, ¿Qué eres?

—Demonio— él roló los ojos cuando la vio congelarse— No uno malvado, come bebés y habitante del infierno. Los demonios están
modernizados, son fuertes, rápidos y mejores que los humanos— Trató de explicar— Nosotros vivimos mucho más que los humanos,
somos parcialmente inmortales. Una vez que estamos oficialmente ligados, tú te pegarás a mi línea de vida y vivirás tanto como yo lo
haga.

Bueno, al menos no era un vampiro u hombre lobo. Esos estaban empezando a convertirse en cliché. Palomita.

— ¿Cómo es que entraste al espejo?

Inuyasha se volvió a acomodar contra la pared, apoyando sus manos detrás de su cabeza.

—Había una poderosa sacerdotisa que me odiaba, Midoriko. Ella me quería, pero yo sabía que no era mi compañera, así que la
rechacé. Me engañó y me selló en el espejo, y no saldría hasta que mi compañera llegara y me liberara— La miró con una pequeña
sonrisa jugando en sus labios— Y lo hiciste.

Palomita.

— ¿Sabes cómo es que llegaste con el Dr. Saíto?

Inuyasha se encogió de hombros.

— ¿Suerte? ¿Destino? —Supuso.

Mmm, palomita con el chico monje.

— ¿Por qué estás tan seguro de que yo soy tu... uhm... compañera?

El chico cerró sus ojos y respiró profundo.

—Puedo olerlo— ronroneó— Hueles a vainilla y flores de cerezos, como a primavera— gruñó— es jodidamente delicioso.

— ¿Entonces soy tu compañera porque huelo bien? — Preguntó escéptica.

Inuyasha abrió los ojos y clavó su dorada mirada en ella, pegándola a la silla.

— Claro que no. Es más profundo que el aroma, compañera. Cada vez que te veo, mi instinto grita ''ella es mía''. De nadie más sino
mía. — Su mirada se reusaba a dejar la suya mientras se levantaba lentamente, acechándola— Hace que quiera tomarte, tocarte, y
volverte loca hasta que la última cosa que hagas sea gritar mi nombre. Y luego empezar todo una y otra y otra vez hasta que no
puedas respirar sin sentir mi cuerpo contra el tuyo. —

Él se arrodilló a sus pies, y descansó sus manos en las rodillas de ella. Kagome sentía su calor aún a través de las capas de tela
separándolos.

— ¿Alguna otra pregunta, cariño?

La joven tragó duro, mientras que escalofríos recorrían todo su cuerpo y su corazón palpitaba locamente.

— Solo algunas— Chilló cuando sus pulgares comenzaron a acariciar sus rodillas— ¿Hay una...?

—Primero mi turno. — La interrumpió. Levantó la mano y pasó sus dedos gentilmente por debajo del sombrero de papel de aluminio—
¿Qué es esta cosa plateada?

— Se llama papel de aluminio — Se estremeció cuando los dedos masculinos comenzaron a acariciar su pelo— He oído que si cubres tu
cabeza con él, mantendrá a otras personas fuera— Confesó.

Inuyasha se rió entre dientes, y una sonrisa sombría se esparció en su cara.

—Ah, compañera— Dijo cariñosamente.

Clic

—En mis tiempos tal vez no tuviéramos este ''papel de aluminio''.

Pero no hay manera de que te escondas de mí.

Sus manos se deslizaron por sus muslos, sus ojos dorados se sentían más calientes que la lava

¿No lo entiendes? No hay nadie más para mí, para nosotros.

Sus garras jugaban con el borde de su abrigo, no muy seguro de cómo funcionaba el cierre.

Nunca podré dejarte ir. Si tú alguna vez te fueras, yo te perseguiría...

Kagome sacudió su cabeza fuertemente, tratando de recuperar la razón. ¡Pensar racionalmente, demonios! ¡Esto no era inteligente!

...te tumbaría en la superficie privada más cercana...

Ella trató de alejar su silla, trataba de mantenerse bajo control. Pero ¿Cómo podía estarlo cuando él estaba tan cerca?

... y te tomaría tantas veces que olvidarías el por qué alguna vez quisiste dejarme en primer lugar.

La azabache frunció el ceño, algo de lucidez entraba finalmente en su nublada mente mientras Inuyasha se daba cuenta de que la
lengüeta servía para abrir el cierre del abrigo, pero estaba tirando hacia el lado contrario. Ella no era así. No era el tipo de chica que
se calentaba y se preocupaba por algunas palabras bonitas y conmovedoras. ¿Había algo mal en ella o era que Inuyasha era un súper
semental?

—Nada está mal contigo, compañera— Le informó el joven.

Tú eres mi compañera. No puedes controlar tu reacción hacia mí. Cuando me tocas, yo me siento igual.

Inuyasha se sentó sobre sus tobillos, frustrado con el cierre, y en lugar de intentar abrirlo, se pasó las manos por su propio pecho.

Kagome dio un brinco hacia atrás, prácticamente encogiéndose en la mesa.

— ¡Suficiente! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

Rip

Inuyasha se sentó con una hosca mirada, molesto de nuevo.

— Si ya acabaste, yo tengo algunas preguntas propias.

La chica revisó su lista, tratando de recuperar el aliento.

— Tengo algunas más. — Miró sin comprender su propia escritura, tratando de recordar cómo leer— Uhm...

El joven se estiró y de un tirón le arrebató la lista de sus manos.

— ¿Qué es exactamente el sentimiento de leída de mente? — Leyó él de la lista — Los demonios se refieren a ella como una fusión de
mentes. Los compañeros pueden hacerlo entre ellos. Los alcanzas y eres capaz de hablarles y tocarles— Le explicó, volviendo a revisar
la lista. — ¿qué es exactamente una compañera? — Leyó rápidamente. Le dedicó una sonrisa— Estaría más que feliz de mostrarte qué
es una compañera, cariño. —

Ella lo contuvo colocando su pie en su pecho.

—No me hagas decir siéntate... ¡Ups! Lo siento, no era mi intención esta vez.

—El destino les da a todos los demonios un compañero o compañera, la persona con la que están destinados a estar. — Gruñó contra la
alfombra— Los demonios tienen compañeros como una manera de controlar la población demoníaca. Es imposible para un demonio
dejar a una mujer embarazada a menos de que sea su compañera.

Él le lanzó una mirada contenida.

— Los demonios tenemos grandes impulsos sexuales. Sin los compañeros, los demonios podrían superar la población humana. — Le
regaló otra sonrisa de satisfacción mientras se levantaba del suelo gruñendo.

— ¿Qué pasa si no encuentras a tu compañero? — Preguntó la chica, curiosa a pesar de preguntarse de sí debería asustarse por estar
hablando con un demonio. Él se encogió de hombros.

—No estoy muy seguro, nunca he escuchado de algún demonio que no haya encontrado a su compañero. El destino los junta tarde o
temprano. — Alzó una de sus cejas al leer la lista— ¿Cuantos años tienes? — Pensó por un momento. —Estaba alrededor de los 120,
125 antes de ser encerrado, más los 500 años que pasé en el espejo, debo de tener alrededor de 620, supongo.

Kagome se quedó con la boca abierta

— ¡Yo sólo tengo dieciséis! ¿La frase asalta cunas* no significa nada para ti?

—Los demonios crecen lentamente. Tengo alrededor de 18 o 19 años humanos— Inuyasha dedicó una sombría mirada a la lista,
preguntándose cuánto tiempo más duraría esto.

Una sonrisa engreída apareció en su cara mientras leía la última pregunta.

— ¿A él le gusta...?

— ¡No quería escribir eso! — La azabache soltó un grito ahogado, tratando de alcanzar la lista maldiciéndose a sí misma. Inuyasha la
alejó de su alcance.

— Creo que esta es una pregunta válida, compañera. — Dijo inocentemente soltando unas risitas. Él sujetó el brazo que trataba
desesperadamente arrebatarle la lista y mordisqueó su dedo. Le sonrío tan encantador como sólo él lo hacía— No sólo me gusta— Le
besó la palma— Lo adoro. — Ronroneó, succionando el dedo con su boca. Lanzo la lista sobre su hombro, mientras su lengua jugaba
con el dedo. — Yo también tengo algunas cosas que quiero preguntarle a mi compañera— Dijo oscuramente antes de tirarla de la silla y
tumbarla en el suelo, agarrándola rápidamente.

Su cuerpo se cernió sobre el de ella, con las manos sujetas a ambos lados de los hombros. Su cabello plateado colgaba sobre su cuello,
haciéndole cosquillas a ella en el pecho. Él se asomó, la luz de la habitación hacía que sus ojos se vieran como oro fundido.

—Solo, ¿Dónde demonios encontraste este collar de dominación, compañera? — Le gruño. Kagome inclinó la cabeza, distraída
ligeramente por la cercanía de Inuyasha.

— ¿Qué es un collar de dominación? — Preguntó inocentemente, a pesar de tener una buena idea de lo que era. Inuyasha le enseñó los
dientes.

— Este maldito collar que me manda a estrellarme contra el suelo cada vez que lo ordenas.

—Oh— Exclamó elocuentemente, preguntándose cuanto contarle. ¿Quería que supiera acerca del chico monje? Tal vez fuera su única
fuente fiable de información. Él levantó una ceja. Ella se encogió de hombros. —Lo vi en la tienda de regalos de mi abuelo en el templo,
pensé que era bonito y lo tomé. —Dijo casualmente. —No tenía idea de que te haría eso.

—Ajá— Exclamó incrédulo. Ella parpadeó.

— Si, eh, supongo que debería sugerirle a mi abuelo que agregara etiquetas de advertencia a sus productos— Finalizó con lo que ella
esperaba que fuera una voz convincente, rezando por que él le creyera.

La chica dejó que sus ojos pasearan por su rostro, mientras que él fruncía el ceño. Realmente era guapísimo. Miró su cabello, notando
algo en la masa plateada. ¿Algo blanco?

Alzó su mano justo cuando él abrió la boca, y se congeló cuando ella enterró la mano en su cabello. La azabache enterró sus dedos en
él, suspirando por lo suave que era. Buscó con las puntas de sus dedos por su cabellera hasta que encontró algo pequeño y peludo.

Casi inmediatamente, dos pequeñas y blancas orejas de perro saltaron

Inuyasha gimió, arqueando su cabeza hacia su mano. Luego se detuvo, sus ojos se ensancharon y la miró, observándola como si
temiera su reacción.

— ¡Son adorables! — La chica respiró profundo, y levantó ambas manos hacia sus orejas.

Inuyasha parecía sorprendido, y luego... ¿Conmovido? Después cerró sus ojos y suspiró placenteramente.

— Esto se siente jodidamente bien— Gimió mientras ella las acariciaba. Kagome sonrió ante su ronroneo.

— Me encantan tus orejas. ¿Por qué no las había visto antes?

— No sabía si te gustarían— Él suspiró, empujando su cabeza entre sus manos. — Sigue haciendo eso y haré que te vengas tan fuerte
que te desmayes.

Kagome soltó sus orejas como si quemaran y se escabulló de debajo de su cuerpo.

— Entonces, si ya acabamos, iré a hacer la cena y algunas tareas— Dijo mientras se levantaba rápidamente. Inuyasha se quedó en el
suelo, sus orejas recién levantadas se movían nerviosamente con sus ojos fijos en los de ella— Uhm, estoy muy feliz de que
tuviéramos esta charla...

Más rápido de lo que ella pudo reaccionar, Inuyasha la sentó en su escritorio y mantuvo sus manos en sus caderas para que ella no
pudiera escaparse de nuevo. Se inclinó lo suficientemente cerca de ella para que pudiera sentir su aliento en sus labios.

— Tengo hambre, compañera— La chica se sonrojó.

— Mira Inuyasha, aún no estoy totalmente cómoda con... —

Gruñido

Él sonrió burlonamente cuando ella se sonrojó.

— Déjame ir abajo contigo— Rozó levemente su nariz con la suya— te ayudaré a cocinar— ofreció. La azabache se mordió el labio, e
Inuyasha siguió el movimiento con los ojos.

— Mira, no sé cómo explicarle a mi familia sobre ti. Y vas a necesitar ropa.

Inuyasha frunció el ceño, alejándose ligeramente

—Entonces encuéntrame algunas. E inventa alguna historia que ellos puedan creerse. No pretendo intercambiar una prisión por otra —
Le dejó ir, haciéndose para atrás— Regresa pronto con comida. Y quítate ese aluminio— Se volteó y se sentó en su cama, estirándose
— Y para tu información, dormirás aquí esta noche. Conmigo.

Kagome tragó duro, preguntándose dónde estaba su traje para la nieve. Incluso eso no sería suficiente barrera contra él. Dudó al
llegar a la puerta.

— Hay una cosa más que quería preguntarte— Ella levantó la mano, con la palma hacia arriba— ¿Qué significa esto? — Inuyasha miró
la marca, y se tensó completamente.

— Kagome— gruñó— Significa que eres mía. Y si no quieres que te informe con detalles— Miró la marca y lamió sus labios— vete.

Kagome no sólo se fue, corrió.


NT: En la frase ''asalta cunas'' la traducción literal sería ''asalta ganado'', no tiene mucho sentido en español, ya que al fin y al cabo es
un dicho, así que decidí cambiarlo por uno que decimos los mexicanos cuando un miembro de la pareja es mayor, o en este caso
demasiado mayor, a su pareja.