Para Llamar a un Compañero
Esta historia no es mía, es de Penthesileia la cual fue muy amable en dejarme traducir su fic, el cual originalmente está escrito en inglés. Espero que les guste tanto como a mí. Si quieren leer la historia en su idioma original les dejo el link:
w w w . fanfiction s / 4627810 / 1 / To - Summon - a –Mate
solo tienen que quitar los espacios.
Tiene contenido fuerte, lean bajo su propia responsabilidad.
Aviso-Yo no soy dueña de Inuyasha y no estoy haciendo dinero con este fic.
Noviembre 3
Kikyo molió las hierbas hasta convertirlas en polvo, tratando de no mancharse la piel ni su traje de nuevo. Una pequeña nube púrpura se elevó por sobre el la copa cuando vertió el polvo en su contenido, tornando el agua negra. Haciendo una mueca, tapó su nariz y tomó la bebida de una vez. 500 años y esa poción sólo se volvía cada vez más desagradable. . .
Se recargó y se quedó quieta, dejando que la magia hiciera su trabajo. Su piel se suavizó y tensó, su estómago se contrajo y los mechones grises se desvanecieron de su cabellera.
Kikyo guardó rápidamente las hierbas, frascos, el mortero y el pilón, rociando Febreeze en el cuarto para ocultar el olor. No estaba de humor para crear una historia para sus compañeros de trabajo.
Se paró de su silla y se paró en frente de la ventana, sus dedos tocaban ligeramente el cristal, preguntándose cuánto tiempo más pasaría.
Ella no podía esperar mucho más. Dos semanas a lo mucho. Todo estaba empezando a desarrollarse, tal y como lo había planeado.
Su espera casi terminaba. Un pequeño toque sonó en la puerta y su recepcionista asó su cabeza.
-Disculpe señorita, su cita de las diez está aquí.
-Déjelo entrar.- Kikyo le ordenó, ansiosa por el día en que esto ya no sería necesario.
El nuevo despertador sonó y Kagome se lanzó por él antes de que Inuyasha lo hiciera con sus puños. Inuyasha gruñó y la atrajo de regreso.
-No eres divertida.- murmuró mientras enterraba su cabeza en su pelo.
Kagome se retorció con su abrazo, deseando que ella pudiera quedarse pero necesitaba levantarse.
-Si me dejas ir ahora tal vez tenga tiempo de traer el desayuno.-ella dijo tratando de sonar tentadora. Inuyasha mordisqueó su oreja.
-¿Qué comida podría querer cuando te tengo a ti para el desayuno?- murmuró contra su piel.
-Tal vez no te sientas de esa manera cuando mi vejiga explote mientras tu estás dándote un banquete.- Kagome le contestó dulcemente. Inuyasha rió y la acercó de nuevo a sus brazos.
-Ganaste esta vez amor.-se puso boca abajo, la sábana deslizándose por la mitad de su espalda.
Kagome tragó duro ante sus ondulantes músculos, sintiendo que iba a sudar en la pijama de franela que ella insistía tanto en usar. El traje de nieve aún estaba empacado. . .
Se forzó a si misma a levantarse y tomar sus ropas. Ella tenia mucho más tiempo hoy desde que ella no tenía que levantar a Souta porque su cita con Dr. Saito era después, pero ella aún quería dejar algo de desayunar para su abuelo. Él aún estaba en casa, si los sonidos de la cocina eran ciertos. Era tan extraño que él estuviera en las mañanas antes de que ella preparara el desayuno para su madre, ella quería tomar ventaja sobre eso. Especialmente cuando significaba una oportunidad para cambiar la idea de su abuelo de enviar lejos a su madre.
Dejó su ropa en la repisa del baño, negándose a cambiarse en su propia estando Inuyasha presente. Deslizó la blusa de franela de la pijama sobre su cabeza, sentía un poco de culpa por sentirse molesta por su abuelo. Ella sabía que su madre necesitaba ayuda y atención extra que un lugar así podría darle. Pero aún así, ella era parte de la familia. ¿Cómo podría ella enviar fuera a su propia madre como si ella fuera una invalida no deseada?
Sacudió su cabeza. Cavilaría sobre eso más tarde. Ella tenía que hacer el desayuno y a un caliente cosa-demonio que alimentar.
Clic.
-Yo creía que ibas a volverte a dormir.-Kagome dijo en voz alta, empezando a acostumbrarse a el sonido del clic cada vez que sus mentes se fusionaban.
Me prometiste el desayuno. Quería asegurarme que lo recordaras. Inuyasha rozó sus dedos perezosamente por su brazo. Kagome se subió los jeans, pensando acerca de que a él le gustaría.
-¿Qué te gustaría?-le preguntó, genuinamente interesada.
Había algo que he querido probar. Inuyasha admitió. Escuché a alguien hablar de ello una vez.
-¿Sí?- Kagome se deslizó la camiseta.
Miel de maple.
-Eso es solo una cubierta. Te puedo hacer algo que pueda ir con eso, como panqueques, wafles, tostadas francesas. . .
Lo quisiera encima tuyo compañera. Ronroneó Inuyasha. Quiero verterlo en tu cuello, pechos, vientre. . .
-¡FUERA!-le ordenó Kagome, sonrojándose furiosamente.
-¿Está todo bien Kagome?-su abuelo llamó a la puerta.
-Estoy bien, solo le grité a una araña.- Kagome se cubrió rápidamente, pegándole a la repisa para darle más credibilidad.
-Muy bien, te veré abajo para el desayuno.-su abuelo le dijo, su tono sin permitir argumentos.
Kagome cepilló su cabello y salió del baño, temerosa de unirse a su abuelo en el desayuno. Su voz no sonaba particularmente alegre, y ella podía oír ollas y sartenes golpeándose en la cocina mientras él trataba de cocinar. Él nunca cocinaba. La última vez que lo había echo fue cuando les dijo sobre la muerte de su padre.
Ella bajó las escaleras vacilantemente, su abuelo de daba la espalda mientras luchaba con algo en la estufa. Su nariz se arrugó por el olor a quemado y el humo negro se estaba alzando de la sartén que su abuelo estaba pinchando violentamente con un tenedor.
-Buenos días Kagome.-le dijo.
¡BIP! ¡BIP!¡BIP!
-Ups.-él murmuró.-cosa irritante.
-Buenos días abuelito.- Kagome corrió a apagar la alarma de incendios. -¿Necesitas ayuda?- le preguntó viendo los masacrados restos de pan y pedazos de huevos rotos tristemente puestos en la encimera. Su abuelo movió una mano hacia la mesa.
-Vamos siéntate Kagome, puedo hacerme cargo de esto.-dijo por sobre el chisporroteo de lo que sea que estaba en la sartén.
Kagome se sentó tensa en su asiento, lista para correr por el extinguidor al minuto en el que viera fuego. Su abuelo apagó la estufa y azotó la comida en un plato y tomó la miel de maple de la encimera.
-Listo Kagome. . .¿estás bien Kagome? Tus mejillas están muy sonrojadas.
Kagome apartó su mirada de la miel y lo sonrió a su abuelo.
-Oh, estoy bien.- le aseguró antes de mirar la. . .¿comida?
una negra, retorcida pieza de algo estaba en el plato, aún echando humo, su nariz se arrugó por el olor a quemado del wafle carbonizado. Su abuelo lo dejó enfrente de ella después de darle una dosis de miel.
Kagome lo miró, sabiendo que ni toda la miel del mundo podría servir.
-Gracias abuelito.-le fijo, tratando de cortarlo.
Su abuelo se sentó con un suspiro mientras veía el suelo, Kagome tomó la oportunidad de ahogar la comida con la mitad de la botella, esperando que se suavizara un poco.
-Kagome, se que no estás de acuerdo con la idea de que tu madre se valla al hospital por su enfermedad-empezó, sus ojos trazando las líneas en el suelo. Kagome paró de ver su desayuno.
-No es eso abuelito, es solo que pienso que ella necesita más tiempo.
-Han sido ocho meses Kagome, ¿cuánto más quieres esperar?- le preguntó impacientemente. Kagome apuñaló la cáscara negra.
-Cuatro meses más, solo para que sea un año completo.
Él se froto la sien, aún mirando el suelo.
-Kagome- él dudó, como si no quisiera decirlo.-Kagome, ya he firmado el formulario para que entre al hospital. Ella se irá en dos semanas.
Kagome se congeló, su tenedor a medio camino.
-Ella necesita el tratamiento adecuado que nosotros no podemos darle Kagome.- continuó rápidamente, queriendo llenar el silencio.- Ellos podrán observarla constantemente, ellos tienen doctores y psiquiatras a la mano las veinticuatro horas del día y terapias individuales y grupales.
Kagome se levantó lentamente, llevando su plato al fregadero, dejándolo silenciosamente en el fondo antes de tomar la caja de cereal fuera del gabinete arribe de ella.
-¡Tiene más probabilidades de mejorar ahí de lo que hace aquí!- su abuelo dijo, frustrado con que ella no lo mirara o que no dijera ni una palabra.
Ella lo ignoró, sabiendo que el en momento en el que abriera la boca se rompería.
Caminó lentamente en las escaleras, necesitando alejarse de su abuelo. Se reusó a dejarse a sí misma ver la puerta de la habitación de se madre entonces la pasó y abrió la puerta de su cuarto, Inuyasha aún estaba tumbado en la cama.
Inuyasha levantó la cabeza de la almohada donde estaba enterrada, con una sonrisa de satisfacción.
-¿Trajiste la miel de-?¿Qué pasó?-sus cejas se fruncieron mientras miraba su cara torcida.
Kagome sacudió su cabeza, dejando la caja en su escritorio.
-Nada, estoy bien.-consiguió decirlo. Inuyasha se sentó, su sonrisa transformada en un frunce.
-No lo estás. ¿A quién le doy una paliza?- le preguntó, tronándose los nudillos. Kagome no sonrió como lo esperaba.
-A nadie, estoy bien.- ella cantó como un mantra. Inuyasha frunció el seño y se levantó, posando gentilmente sus manos en sus hombros.
-Soy tu compañero, tu no tienes que esconderte y actuar conmigo.- le dijo mirando sus ojos.
Kagome lo miró por un momento antes de arrojarse a sus brazos.
Inuyasha gruñó mientras sus brazos la abrazaban automáticamente, sosteniéndola en su pecho. Kagome presionó su cara en la hendidura de su cuello, sus dedos enterrándose en sus hombros.
-Estoy bien.-ella le dijo sobre su piel.-Estoy bien.
Inuyasha bufó enojado, abrazándola más cerca.
-¿A quién tratas de convencer, a mí o a ti?
Kagome se sostuvo más fuerte de él en respuesta, respirando profundamente.
-Sólo dame un minuto.-le rogó.
-Compañera, te daría más si lo pidieras.-Inuyasha enredó sus garras en su cabello acariciándolo suavemente.
Kagome respiró lentamente, tratando de calmar su alocado corazón. Dos semanas. Dos semanas, oh Dios.
-¿Qué hora es?-ella murmuró, sin alzar su cabeza de su cuerpo.
-No importa.- Inuyasha empezó a balancearse de atrás para adelante, decidiendo que no era un buen momento para de decirle que no estaba muy seguro de cómo leer su reloj.
-Pronto tendré escuela.-protestó, pero no había un enojo real en su voz.
-Tienes tiempo.-él asumió, caminando de regreso a la cama y llevándosela con él. Se sentó en la orilla y arregló su costado en su regazo, preocupado cuando ella se sentó contra su pecho dócilmente, su cara aún oculta.
-¿Entonces que-?
-No ahora.- Kagome lo detuvo.-No quiero hablar, solo necesito. . .esto.
Inuyasha volvió a acariciar su cabello silenciosamente tratando de confortarla tan bien como ella le permitiera.
Pero ambos sabían que él no lo dejaría pasar tan fácilmente.
Kagome miró el pizarrón sin comprender, esperando que su boca no estuviera abierta pero estaba demasiado asustada para preocuparse.
Ella no entendía lo que estaba escrito en él.
¿Cuándo pasó esto? No era genial en mate, pero esto parecía haber sido escrito por alienígenas.
Ella no estrelló su cabeza en su mesa y quejarse como ella realmente quería. Pero ella estaba realmente muy tentada
Clic
Kagome cerró sus ojos y se tensó, casi temiendo saber donde las burlonas caricias serían.
¿Qué haces? Él preguntó curiosamente, dejando sus manos para sí mismo.
Kagome lo ignoró, esperando que él no pensara que ella le hablara estando rodeaba de personas. Inuyasha suspiró, sonando sorprendido.
Compañera, puedes hablar mentalmente conmigo.
¿Así? Kagome preguntó cautelosa.
Justo así. Inuyasha le respondió, sonando satisfecho.
Estoy en la clase de mate. Le contestó, tratando de acostumbrarse. Pero el problema es malditamente imposible.
Mmmm. Oh esto es fácil amor. Te dan el valor del lad tu conoces el ángulo C del triángulo. Entonces dibuja una línea perpendicular del vértice A a la línea BC, la cual la llamarás h.
Kagome siguió sus instrucciones dudosa, sin estar segura como un demonio de 620 años pudiera entenderlo antes que ella.
Ahora tenemos un triángulo recto en ACD entonces el seno de C es igual a h/b. Por lo tanto h=b seno de C. Entonces el área del triángulo es la mitad de la base de A por h, puedes ponerlo simplemente como; área igual ab seno de C dividido entre dos, y esa es la formula. Entonces tu ahora solo tienes que escribir los números.
Kagome hiso como le había dicho y lo encontró sorprendentemente fácil mientras calculaba el problema y. . .
Y la respuesta es dos, Inuyasha dijo justo cuando ella presionó enter en la calculadora. La respuesta brillaba en la pantalla.
¿Cómo puedes entender esto? Kagome presentía que él se había encogido de hombros.
Soy bastante inteligente.
¿Podrías explicarme el siguiente?
Feh. Aún más fácil.
Kagome escuchó la explicación de la respuesta, más asombrada con cada segundo que pasaba, elle de hecho le entendía. No tenía idea de que Inuyasha fuera inteligente.
¡Feh! Aún aquí amor. Y no, no soy estúpido. Ahora por atención. Le ordenó, llevándola de vuelta al problema.
Entonces, ¿quieres hablar sobre lo que pasó esta mañana? Le preguntó casualmente mientras ella escribía la respuesta.
No. Estaba firmemente fuera de su mente gracias a la clase de mate y afuera se quedaría.
. . .muchacha testaruda. Me lo dirás tarde o temprano. Le advirtió.
Escojo después.
Feh
Kagome dudó afuera de la capilla, preguntándose si era un buen momento. Ella acababa de sacar a Inuyasha de su cabeza y por experiencia ella tenía unos buenos quince minutos a media hora antes de que él la molestara de nuevo. No estaba segura porque, por lo que era otra muy buena razón para ver al chico monje.
Suspiró, su mano rondando por el pomo. ¿Pero podría ella confiar realmente en él más que en Inuyasha?
Pero de nuevo una segunda opinión era siempre buena, ¿verdad?
Pero Inuyasha la estaba esperando y ella aún necesitaba encontrarle ropa. . .
La decisión estaba tomada de sus manos cuando la puerta repentinamente se abrió de un tirón, el chico monje parado al otro lado sonriente.
-¡Me alegra que hayas regresado! Entra, entra.- se acercó y tomó su brazo, deslizándola dentro.
-¿Cómo sabías que estaba ahí?- Kagome le preguntó mientras ella era jalada dentro de la capilla.
-Una campaña suena cuando alguien está cerca de la iglesia. Detectores de movimiento y todo eso.-El chico monje le explicó, mirando alrededor de la iglesia vacía.-Ven por aquí, no podemos dejar que escuchen.
Murmuró jalándola. pasaron por el mismo pasillo que el otro día pero en ves de ir al cálido y acogedora oficina, la llevó a un frío y oscuro cuarto que solo tenía una mesa, una silla y una gruesa Biblia.
Miroku se sentó en el escritorio dejando la silla para Kagome.
-No seremos molestados aquí.-le aseguró, cruzando sus piernas debajo de él mirándola expectante.
Kagome miró atrás, insegura de qué era lo que él quería que le dijera ahora que estaba finalmente ahí. Miroku suspiró.
-Los nombres serían útiles.-señaló secamente.-Soy Miroku.
-Kagome.-se movió en su asiento, sintiéndose incómoda. Miroku sonrió tranquilizadoramente y tendió la mano hacia ella, con la palma hacia arriba.
-No te preocupes, yo estoy en el mismo barco que tú.- le dijo mientras se inclinaba hacia delante para estudiar su marca. Por lo que ella podía decir que era un montón de garabatos rojos, pero aún algo bonitos.
-¿Cuánto tiempo? -preguntó, empezando a relajarse. Él tomó su mano y miró hacia abajo, los ojos estudiando la marca.
-Algunos años, por lo menos.
-El mío es un demonio, ¿la suya también es una?
Miroku sonrió.
-Sí, son muy divertidos, ¿no?- él negó con la cabeza, -Pero dudo que querías hablar sobre mí y mi pareja. Aquí, hay algo que quiero darte ...- se interrumpió cuando abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un grueso tomo encuadernado en piel con extraños símbolos en la parte frontal en la parte superior de ella. -Considéralo un manual para compañeros de demonios para los humanos- explicó mientras tomaba el libro. -¿Había algo que quisieras saber específicamente acerca de su pareja o de su unión, o algo en absoluto?
Kagome trazó los símbolos de oro en el libro, pensando.
-Yo creo que mi compañero utilizó ese término antes. ¿Cómo puedo unirme oficialmente con él?"
-Se refiere a la primera vez que un demonio tiene relaciones sexuales con su pareja, mientras que la mente esté unida. La primera vez que está conectado físicamente, mentalmente y espiritualmente es cuando sus fuerzas de la vida se combinan. También muestra la hembra está lista para comprometerse con su demonio.
Kagome levantó la vista del libro.
-¿Cómo?
-La primera marca se coloca en el ser humano por lo general sin su consentimiento. Es justo que tengan algo que decir en la final, uno absoluto vinculante.-Explicó Miroku. -Si ellos no están listos para ese paso, que pueden empujar al demonio fuera de la fusión mental. ¿Algo más?
-¿Tendra ropa?- soltó ella, sus mejillas ruborizándose. -En realidad no vino con ninguna. . .
Miroku asintió.
-Tenemos un par de fondos de comercio que puedo darle,- él se puso de pie. -Sígueme. Usted ya ha estado aquí diez minutos, su propio demonio debe comprobar en breve, así que vamos a prisa.
Kagome entró en su casa, la bolsa de papel marrón con la ropa que Miroku había dado, balanceaba en su agarre, el manual de compañero de demonio guardado en su mochila a salvo para verlo después.
-¿Hay alguien en casa?-dijo en voz alta.
-Solo yo encanto.-Inuyasha ronroneó desde donde estaba sentado en la mesa de la cocina, elegantemente inclinado en una silla.
-¡Inuyasha!-chilló, arrojándole la bolsa.-No andes por aquí desnudo ¡ yo como allí!
Su lengua se movió sobre un colmillo, haciendo caso omiso de la bolsa mientras él la miraba de pies a cabeza.
-Me gustaría comer también, compañera.-dijo, demasiado inocente.
Kagome frunció los labios, deslizando su abrigo y guantes mientras caminaba hacia la nevera.
-Aún no voy a comenzar la cena, pero podría hacerte un bocadillo- fue interrumpida por un grito ahogado mientras se encontró sobre la mesa, Inuyasha tirando arriba su camisa y acariciando su vientre con su nariz.
-Esto va a ser más que suficiente, gracias.-Inuyasha murmuró contra su piel, sus manos se arrastran hacia abajo -tengo la intención de saciar mi hambre ahora-
-¡SIENTATE!- Kagome ordenó con la cara roja. Inuyasha se estrelló en el suelo de la cocina y ella saltó de la mesa, tratando de poner distancia entre él y sus hormonas. Maldita sea, ¿por qué estaba siempre tratando de presionarla?
Kagome tragó saliva y tiró abajo la camisa, rezando que Inuyasha estuviera en lo cierto y que tenían la casa para ellos solos, sin contar a su madre ya que ella se negó a salir de su habitación y que no tiene idea de lo que estaba pasando.
-Deja de hacer eso. ¡Aún no voy a confiar en ti con mi cuerpo!
Inuyasha levantó la vista y el corazón de Kagome se tensó. Él normalmente la fulmina con la mirada después de que ella lo rechaza, pero esta vez la mirada en sus ojos se veía tan. . . oscura. Y un poco vil.
Algo parecía. . . mal.
Casi tan pronto como la noto, la mirada se había ido y la frustración juguetona la sustituyó.
-Maldita sea compañera, ¡deja de hacer eso!
Ella sonrió con inquietud, preguntándose si había sido demasiado confiada.
-Tengo que empezar a cenar pronto, ¿te importaría ponerte algo de ropa antes de que mi familia venga a casa?-preguntó ella. Inuyasha suspiró, levantándose y cogiendo la bolsa.
-Si tengo que hacerlo.- dijo con tristeza. Volcó la bolsa sobre la mesa, pasando por la ropa que estaba allí. Tomó un par de pantalones vaqueros rasgados. -¿Se supone que tienen que tener agujeros?- se preguntó, examinando las rodillas de cerca.
Kagome puso los ojos mientras él metió un dedo en la camisa de franela.
-La ropa es un poco usada, pero esos pantalones están diseñados para parecerse a eso.-explicó con paciencia.
-Feh.-Inuyasha empujó sus brazos en las mangas y estudió los botones. -¿Qué son éstos?
-Ponte primero los pantalones vaqueros. . .no a la inversa.- Kagome ordenó, no confiando en sus hormonas a comportarse cuando aún estaba medio desnudo.
Se quedó allí, los jeans azules desteñidos aferrándose a él perfectamente, mientras que el color rojo a cuadros cubriéndolo, destacando su paquete de seis. Echó un vistazo a los botones, hurgando en uno con su garra.
Kagome cerró la nevera y se acercó.
-Aquí.- se sacudió las manos a un lado y empujó a los botones a través de los agujeros, sonrojándose cuando sus dedos rozaron su piel, sintiéndose más íntima ahora con él que cuando estaba sobre la mesa. -Así-le dijo, enderezando el cuello.
-Mi cremallera aún no está arriba compañera.- Inuyasha envió una expresión angelical hacia ella.
-Puedes arreglártelas tu mismo.- resopló, retrocediendo. -Ten cuidado.
Miró a través de los gabinetes, necesitando algo ocupado sus manos mientras Inuyasha juega con su cremallera.
Oyó el crujido silla de madera mientras Inuyasha se recostó en ella, los pelos de la nuca se le levantando cuando lo sintió mirándola
-Entonces, ¿qué le pasa a tu madre?- Él preguntó, tratando de ser casual en ello, un pequeño golpe sonó cuando él lanzó su pie sobre la mesa. Ella sintió su mirada en la parte posterior de su cuello, y supo que no era tan indiferente como pretendía.
Kagome se paralizó.
-¿Fuiste a su habitación?
-No tenía que hacerlo. Su olor persistente alrededor dice que ella es su familia. Y no he oído su movimiento alrededor de la casa todavía.
Kagome lentamente se relajó y puso el agua en la estufa a hervir, la necesidad de hacer algo. Ella jugueteó con la perilla de horno, preguntándose si debía decirle.
-Mi padre murió hace unos ocho meses.- dijo con cuidado, forzando las palabras a través del nudo en su garganta. -Hubo un accidente de camino a casa. Mamá no ha sido la misma desde entonces.- le explicó, sus ojos firmemente en pico de la tetera.
Había un pequeño susurro de tela e Inuyasha estaba sentado en el mostrador al lado de la estufa, mirándola a través de su pelo plateado.
-Entonces, ¿qué pasó hoy?
El silbido del té rompió el silencio entre ellos. Kagome fue a buscar las tazas de té, sólo para ver el cuerpo de Inuyasha estaba bloqueando el gabinete en el que se guardan.
-¿Compañera?- Inuyasha volvió a preguntar.
Kagome suspiró, reconociendo la derrota.
-Mi madre es ...- hizo una pausa, preguntándose cuánto tiempo haría falta para explicar la depresión a un demonio 620 años de edad. -Se ha vuelto en muy deprimida por la pérdida de su marido.- dijo finalmente, la decisión de abandonar las explicaciones sobre las hormonas y los desequilibrios químicos en el cerebro fuera de la discusión por ahora.
-Se ha vuelto tan deprimida que no puede funcionar o cuidar de sí misma. Mi abuelo decidió enviarla a un hospital especial que podría ser capaz de ayudarla a más de lo que nosotros podemos.
Inuyasha ladeó la cabeza hacia ella.
-¿Así que voy a matar a su abuelo o toda la gente en este hospital?
Kagome le golpeó el hombro con una cuchara de madera que se encontraba convenientemente en el mostrador.
-¡No vas a matar a alguien!- le espetó ella. -Sólo ... sólo me molestó cuando lo escuché por primera vez, pero en realidad, es lo mejor.-Kagome dijo, volviéndose hacia su té.
Dedos fuertes entrelazaron su barbilla y suavemente volvió la cabeza, los ojos de Inuyasha estudiaban los suyos con atención. Finalmente resopló.
-Podrías estar diciendo que es "lo mejor", pero todavía estás enojada por ello. ¿Por qué no simplemente dijiste eso?
Kagome frunció el ceño y trató de tirar de la barbilla de su agarre.
-Debido a que es la mejor opción para mí, mi madre, mi abuelo y mi hermano. Estoy bien.
-¡No lo estás!-ladró. -No me importa lo fuerte que piensas que estás actuando, no puedes esconderte de mí. Estás jodidamente herida.
Kagome frunció el ceño
-Estoy bien.
-Um Kag ... ¿qué estás haciendo?-Preguntó Souta, su abuelo justo detrás de él.
Kagome se recuperó, y saltó a tres metros de Inuyasha.
-¡Hey! ¡Este es mi amigo Inuyasha!-dijo rápidamente, Inuyasha todavía sentado en el mostrador, ceñudo. -Había una pestaña en mi ojo y él la me la estaba quitando.
-Aja.- Souta dijo con incredulidad. Su abuelo escudriñó a Inuyasha, sus arrugas crecimiento más profundamente como arrugó los ojos.
-Se ve como un matón.-Decidió suficientemente alto para que Kagome e Inuyasha lo oyeran. Kagome se inclinó más cerca.
-Abuelito, esto es en realidad un programa que estoy haciendo para la escuela. Tomamos un compañero de clase sin hogar para ayudarlo a inspirarlos a hacer bien en la escuela. Esta es la única ropa que posee.- Kagome le dijo con tristeza, sus ojos brillaban de alegría. Los ojos de Souta se agrandaron.
-Wow hermana, eso es muy amable de tu parte.- dijo con admiración. -Usted sabe, en la víspera de todo lo santificado en Inglaterra, los ricos dan a los pobres éstos panes y mermelada llamada" tortas de alma ". A cambio de la comida, la gente pobre se ora por las almas de los muertos de los antepasados de la familia rica. -Souta explicó con entusiasmo. Su abuelo resopló.
-Si mira a los cubiertos divertido, él está de aquí.- advirtió.
-¿Puedo mostrarle Inuyasha cómo hacer tortas de alma? ¡Entonces él puede orar por papá!-Souta dijo, ambos ignorando su abuelo.
Kagome asintió, esperando que Souta hablaría sobre Halloween y Samhein hasta que las orejas de Inuyasha se le cayeran.
Inuyasha miró confundido como Souta corrió y comenzó a tirar harina y hablar sobre el Día de Guy Fawkes en Inglaterra.
Kagome se permitió una pequeña sonrisa. ¿Ves? Ella estaba tan bien.
Lamento la tardanza estos últimos meses no había podido trabajar en la traducción por proyectos y exámenes finales. Prometo que durante los siguientes meses será más rápido (a menos que esté saturada con proyectos y exámenes). Disfruten la lectura y muchísimas gracias por sus reviews.
