Para Llamar a un Compañero

Esta historia no es mía, es de Penthesileia la cual fue muy amable en dejarme traducir su fic, el cual originalmente está escrito en inglés. Espero que les guste tanto como a mí. Si quieren leer la historia en su idioma original les dejo el link:

w w w . fanfiction s / 4627810 / 1 / To - Summon - a –Mate

solo tienen que quitar los espacios.

Tiene contenido fuerte, lean bajo su propia responsabilidad.

Aviso-Yo no soy dueña de Inuyasha y no estoy haciendo dinero con este fic.


Nov 8

3:00 am

La última cosa que Kagome esperó, además de convertirse en la compañera de un demonio, era ser atacada por una mujer loca dos veces en la semana o descubrir que era una miko, era tener una razón para agradecer a su sádica entrenadora.

Los zapatos de Kagome golpeaban el suelo, su cabello volaba detrás de él mientras ella ofrecía todo tipo de oraciones que podía recordar para la mujer que había hecho que su vida fuera un infierno en vida mientras estaba en el equipo.

Sus pies se movieron más rápido cuando el bumerang de Sango atrapó la parte trasera de su playera, desgarró un gran hoyo en ella mientras el bumerang regresaba a su dueño. Nunca habría llegado a pensar que gracias a su diabólica entrenadora y todas las noches de tortura serían la razón por la que su columna seguía completa.

Gracias a Dios esa mujer le había enseñado cómo correr. Kagome no miró atrás mientras zigzagueaba entre las cabañas y los habitantes, poniendo de lado los pensamientos de su diabólica entrenadora para idear un plan para salir de este desastre.

Giroooooooo

Kagome soltó un gritito y se tiró sobre su estómago mientras el bumerang giraba donde su cabeza estaba originalmente, antes que chocar contra la cabaña en llamas, las astillas sobresalían de la pared de forma cómica.

-Piensa, piensa, piensa.-Cantó para ella mientras trataba de ponerse de pie, su corazón latía a un millón por hora mientras se forzaba a seguir corriendo. Estaba tan tentada sólo irse, de escapar y abandonar a Sango en su destino, pero ella sabía que la perseguiría por siempre si dejaba morir a Sango.

. . .aún si Sango estaba más que feliz de atacarla.

Kagome ahogó un grito cuando una daga pasó justo por su mejilla, dejando una leve línea de dolor y se enterraba dentro de la cabaña. Kagome frunció el ceño, empezaba a sentir que era una presa con la que estaban jugando.

Pero enserio, ¿cuáles eran sus opciones? Sango era una de las cazadores de demonios más fuertes de toda la historia y ella era una chica de dieciséis años que ha sido una miko por menos de una hora. La suerte no estaba exactamente de su lado.

Chilló cuando la daga dirigida a su talón hizo que cayera al suelo, su barrera suavizó el golpe de manera que sólo dejaría un feo moretón. Miró sobre su hombro, tobillo en mano, mientras Sango avanzaba lentamente, acercandose, tenía el bumerang de nuevo en sus manos.

-Por favor, estoy tratando de ayudar.-Jadeó Kagome, su hueso punzaba.

Sango no dijo nada, sus botas negras daban pasos cuidadosos, medidos, que la llevaban más cerca de Kagome.

Kagome cerró sus ojos por un momento, tratando de recuperar el aliento. Su poder corría caliente por sus venas, sacudiendo su centro como si le recordara que seguía ahí.

Llámalo

Las instrucciones de Miroku hacían eco en su cabeza cuando Sango dejó de caminar, su mirada era fría.

El poder el tuyo.

Sango balanceó el bumerang en el suelo contra su lado mientras lentamente, casi sádicamente, le mostraba a Kagome más mini dagas en su mano. Las hojas brillaban fuertemente a pesar de la inexistente luz solar, y Kagome podía apostar cualquier cosa a que eran tan filosas como para cortar un cabello a la mitad.

Su piel tembló y el brillo rosa a su alrededor se oscureció cuando Kagome respiró profundo.

-Ven.-Ordenó suavemente, oía un leve rugido en su cabeza mientras su corazón desbocado empezó a calmarse.-Ven y ayudame. Pero por favor, no la lastimes.

Con júbilo, su poder aumentó y surgió de su piel, la rodeaba como pétalos rosas flotando. Suspiró, parte de su poder descansó sobre sus hombros, reconfortándola mientras el recordatorio giraba rápidamente hasta que Kagome estaba en medio de un remolino de pétalos rosas. Su poder rió, el sonido vibraba por Kagome de manera placentera antes de dispararse en diferentes direcciones.

Su poder golpeó a Sango directamente en el pecho, los pétalos la forzaron a caer sobre la tierra, sosteniendola de forma segura en el suelo.

- Apaga el incendio.-s poder se movía sobre ella reconfortantemente, los pétalos se posaban sobre las altas llamas, naranjas y rojas, que se comían las cabañas de madera.

Las llamas chisporrotearon y Sango permanecía acostada, silenciosa, los pétalos se dejaron caer en su pecho mientras ella giraba su cabeza y estudiaba a Kagome, tenía una mirada imposible de leer en sus ojos.
Había fuego que todavía estaba ardiendo cuando la aldea vacilaba, las cabañas, personas y animales parpadeaban de repente. Kagome miró mientras su poder la abrazaba, recordándole a Inuyasha por un momento mientras el pueblo desaparecía, dejando solo a Sango, Kagome y el fuego en un paisaje rápidamente borroso.

-No me hiciste daño.- Sango de repente habló, el poder de Kagome todavía la inmovilizaba sobre un fondo de colores apresurados, sonidos y movimientos mientras la demonio la seguía mirándo fijamente.- Pudiste haberme lastimado, pero no lo hiciste.- Sango sonaba un poco perpleja.

Kagome suspiró, se reclinó contra su poder. -No tenía una razón para hacerlo.

-Tampoco yo realmente, pero todavía te ataqué.- Sango notó, frunciendo el ceño pensativamente. Ella negó con la cabeza, su largo cabello siguió con el movimiento. -Necesitas ver algo.

Los colores brumosos y las imágenes finalmente se detuvieron y se desvanecieron lentamente hasta que Sango y Kagome se encontraron en una gran habitación de piedra, oro, joyas y otros tesoros derramados en grandes montones de los que el fuego se alimentaba, los poderes de Kagome aún luchaban por apagarlos.

Sango asintió con la cabeza un poco, -Mira.

Kagome estiró su cuello hacia atrás, su poder agitándose suavemente alrededor de ella como olas rompiendo contra su piel en la playa.


Inuyasha se arrodilló junto a la forma expuesta de Kagome, su cara se arrugó en concentración, y sus ojos se cerraron mientras sus puños se abrían y se cerraban sobre sus rodillas en frustración, deseando romper algo.

Sus ojos se abrieron repentinamente, clavando a Miroku a la cama con su mirada. -¡Dios, carajo! ¡No me importa mezclarme con ella!- Maldijo, su ira apenas se aplacó con su puño golpeando el suelo de madera.

Miroku hizo una mueca cuando los tablones cedieron bajo los nudillos de Inuyasha y se desplomaron. -Hay mucha interferencia de la propia mente de Sango.- Suavemente apoyó sus dedos en la frente de Sango por un momento antes de que el calor lo obligara a alejarse. -Estoy seguro de que Kagome casi ha terminado, Sango se está volviendo mucho más fresca.

Inuyasha le gruñó, sus blancos dientes brillaron amenazadoramente. -Esto es tu culpa imbécil. Kagome no estaría lidiando con esto si no fueras tan mal compañero.

Miroku guardó silencio mientras reemplazaba el paño frío que yacía sobre la frente de Sango, evitando constantemente la mirada de Inuyasha. -Tienes razón.- finalmente admitió, sin dejar de mirar a Sango.

Los labios de Inuyasha se torcieron mientras se acomodaba más cerca de donde había dejado a Kagome en el piso duro, deseando tener otro lugar donde ponerla. -¿Qué diablos le hiciste a ella de todos modos? ¿Está enojada porque la convertiste en un demonio?

Los ojos de Miroku se volvieron a los suyos, pareciendo sorprendidos. -No, por supuesto que no. ¿Quieres decir que ella no siempre ha sido un demonio?-

-La última vez que la vi, ella era tan humana como tú. Solo que más dura.- Inuyasha agregó como un pensamiento posterior.

Miroku puso su mano sobre la cama tan cerca de los pálidos dedos de Sango tanto como pudo soportar. -No, eso no es lo que le hice a ella.- Su meñique se contrajo, hasta que solo tocaba la piel de Sango. -Vengo de una familia muy religiosa. Mi abuelo todavía cree en la antigua religión, pero mi padre se convirtió al cristianismo antes de que yo naciera. De él, llegué a creer que los demonios eran seres totalmente malvados. Así que cuando encontré a Sango ... - Él dudó. -Fui cruel e ignorante. Pensé que Dios me estaba castigando, y la traté horriblemente.

Inuyasha bajó la mirada para ver que su agarre en la mano de Kagome se tensaba, inseguro de cuándo la había tomado en primer lugar. -Bastardo.- Gruñó, sabiendo muy bien cuán afortunado era de tener a Kagome ahora.

Sus entrañas se torcieron, sabiendo que debería estar agradecido por tener a Kikyo ahora, antes de que él forzara la incomodidad que se fuera.

-Te juro Inuyasha, se lo compensaré.- prometió, esa mirada muerta en sus ojos finalmente se desvaneció con su juramento.

-Feh.- Inuyasha se burló. -Ya veremos.


Los pétalos rosas volaron por la habitación en una ráfaga de color, llamas que no habían sido vistas por las dos mujeres, su boca se abría vergonzosamente.

Una mujer estaba arrodillada a los pies de la otra, sollozando en silencio, con el hombro temblando bajo la camisa blanca sin forma que llevaba. Su largo cabello negro estaba revuelto y ligeramente gruñó cuando bajó la cabeza, incapaz de mirar a la otra. Tembló cuando las lágrimas brotaron casi en silencio de sus ojos, el líquido atrapando la luz de las llamas.

-¡Kikyo! ¿Cuál es el significado de esto?- Midoriko preguntó enojada, con los brazos cruzados sobre el pecho con tanta fuerza que también estaba temblando. Una ligera aura púrpura irradiaba de ella, un remolino violeta giraba alrededor de ella violentamente.

Kikyo mantuvo la cabeza baja, pero se apartó un poco el cabello para que no se quedara atrapada en el camino de sus lágrimas. -Lo siento, señora Midoriko, lo siento, por favor, perdóname.- suplicó, finalmente mirándola para mostrar las huellas mojadas que surcaban el hematoma morado y amarillo en su blanca mandíbula.

Midoriko jadeó y sus manos se desenredaron alrededor de sí mismas para besar tiernamente la cara de Kikyo. -Dime, niña, ¿qué ha pasado?- preguntó ella, su enojado poder se aquietó con la preocupación de su ama.

Kikyo hizo una pausa mientras Kagome miraba con creciente asombro, reuniéndose para hablar. -Verdaderamente, lady Midoriko, no quería hacer esto.- susurró, y Kagome tuvo que esforzarse para escucharla por el silbido de las llamas. -Sé qué tipo de mal podría desencadenar, pero ... ¡pero el Señor Inuyasha no quiso escuchar!- Kikyo lloró, temblando más fuerte. -Él ... quería el poder de la joya, pero no sabe cuán malévolo es, o le importa.

Midoriko limpió suavemente sus lágrimas, los dedos se detenían sobre el colorido lío que manchaba la cara blanca de Kikyo. -Oh, mi pobre niña.

-Él sabe que no podía soportarlo, así que me usó. ¡Ese bastardo nunca me amó en absoluto!- Kikyo calló, lágrimas frescas cubrían su rostro. -Inuyasha me amenazó, mi Señora. Dijo que si no tomaba la joya por él, él me mataría.

Los labios de Midoriko se tensaron. -Lo siento niña.- ella cuidadosamente alisó su cabello, enderezando el desastre que se había convertido. -Tu primera experiencia con el amor no terminó bien.

Kikyo se quedó en silencio mientras miraba a Midoriko con ojos húmedos y parecidos a los de una cierva, haciendo que a Kagome se le revolviera el estómago. Incluso en tal angustia, Kikyo era encantadora. Su piel era de un blanco puro, sus ojos oscuros estaban inclinados y su postura era una dama japonesa de gran clase. Podía ver lo que había atraído a Inuyasha hacia ella, incluso si lo que se derramaba de su bonita boca era pura mierda. Inuyasha nunca haría daño a alguien que amaba. Ella lo sabía incluso sin sus instintos gritándole que era así.

Midoriko dio unas palmaditas en la cabeza de Kikyo, como un niño. -No te preocupes, haré esto bien.- su rostro se endureció. -Inuyasha será ejecutado de inmediato por este crimen.

Kikyo y Kagome observaron con asombro como Midoriko se alejaba de ella, su poder se elevaba de su piel mientras murmuraba palabras en voz baja. Caminó entre las pilas de oro y tesoros, estudiándolos cuidadosamente hasta que se detuvo y extendió la mano.

-Esto funcionará, ¿estás de acuerdo Kikyo?- Preguntó Midoriko antes de sacar un pequeño espejo del montón de riquezas. -Lo encerraré en el espejo y lo convertiré en un ejemplo.- musitó sin corazón.

Kagome jadeó. -Perra.- ella murmuró.

Kikyo asintió con la cabeza, su rostro cuidadosamente en blanco y sus mejillas brillantes y húmedas que le daban el aspecto de una muñeca de porcelana pura. -Sí, Lady Midoriko.

Midoriko puso sus manos sobre el espejo mientras Kagome observaba, horrorizada. Ella cerró serenamente los ojos y cintas moradas volaron fuera de su aura, girando y girando en el aire alrededor de su dueña.

Las llamas crepitaron más cuando Midoriko trazó un patrón de estrellas sobre la superficie del espejo.

-¡Lady Midoriko!- Gritó la voz de Sango, aunque Kagome no podía verla, pero estaba lista para animar a pesar de todo. -¡No hagas esto! Conozco a Inuyasha, podría ser un imbécil, terco y temerario, pero es honorable. ¡Nunca haría lo que Kikyo está sugiriendo!

Los ojos de Midoriko se abrieron fríamente cuando las cintas bailaron sobre ellas, mirando a una figura invisible. -¿Estás diciendo que Kikyo está mintiendo, entonces Sango? ¿Que ella es la que está tratando de robar la joya?

Si Kagome se esforzaba, casi podía oír los dientes de Sango rechinar juntos por la frustración. -Estoy diciendo que deberíamos preguntarle primero a Inuyasha. ¡No podemos aceptar la palabra de Kikyo a ciegas!

-Kikyo es una miko confiable que ha ayudado a innumerables personas, humanos y demonios. Ella nunca me ha mentido antes, y ahora no me está mintiendo.- Midoriko estalló, sus dedos reanudaron su camino en el espejo. -Eres mi sucesora, harás bien en recordar eso.

-¿Recuerdas que las mikos son lo primero?- Sango cuestionó sarcásticamente. -¿Recuerdas considerar la palabra de tus amigos más alta que la de los demás?-

-¡Silencio!- Ordenó Midoriko, sus cintas estaban quietas, casi temblando en el aire mientras flotaban. -Muy bien, no lo mataré. Simplemente será encarcelado hasta que alguien de mi linaje lo libere. Eso es lo mejor que obtendrá de mí.- Añadió Midoriko cuando el chasquido de Sango hizo eco en la cueva.

Cerró los ojos mientras las cintas comenzaban a moverse nuevamente, deslizándose como serpientes por el aire.

-¡Midoriko, esto no está bien!-

-¿Cómo pudiste decir eso Sango?- Kikyo estalló. -¡Esta es la única manera! ¡No podemos dejar que Inuyasha obtenga la joya!

-Ahórratelo, la única persona de quien la joya está en peligro es de ti.- Sango respondió. -Midoriko, por favor, al menos consigue una segunda opinión. Si me equivoco, ¡me ocuparé yo misma!- ella ofreció en desesperación.

-Este tesoro está bajo mi gobierno, Sango.- Midoriko chasqueó, las cintas cada vez más grandes. -Soy la segunda, tercera, cuarta y quinta opinión en estos muros y la única que se 'encargará' de algo. ¡Recuerda tu lugar!

Midoriko golpeó el espejo firmemente. -Inuyasha de la Casa gobernante de Occidente será encarcelado en este espejo hasta que mi línea lo libere.- ella declaró antes de que Sango pudiera discutir, las cintas girando y girando.

-¡No!- Sango gritó, pero fue ahogado por el rugido inhumano que sacudió el tesoro. Kagome jadeó, las lágrimas brotaban por un dolor tan crudo en sus ojos.

-¡KIKYO!- Inuyasha gritó desde algún lugar profundo en el tesoro, su grito hizo eco a través de las cuevas incluso cuando el espejo ardía con luz violeta.

Midoriko frunció el ceño pensativamente, pero se encogió de hombros mientras le entregaba el espejo a Kikyo. -Lo coloco a tu cuidado, niña. Cuidate.

Kikyo se inclinó, su frente tocó el suelo antes de levantarse. -Gracias Lady Midoriko.

-Esto es un error.- Sango siseó mientras Kikyo se marchaba tranquilamente, con el espejo pegado a su pecho.

Midoriko gimió.-Suficiente Sango.

Casi al instante, la escena se volvió borrosa, y todo se volvió un desastre de colores cuando Kagome se volvió para mirar a Sango. -¿Dónde estabas?

-Este es mi recuerdo. Lo estás viendo desde mis ojos. ¿Cómo podría saber cómo me veía sin un espejo?- Ella preguntó en breve cuando los matices se moldearon y cambiaron a algo nuevo.

Ahora Midoriko estaba acostada en un futón en una habitación oscura, el sudor cubría su rostro pálido. Las mantas se subieron a los hombros de Midoriko, metidas alrededor de ella suavemente, como una sábana ensangrentada empapada en el suelo en la esquina. Un bebé en el fondo lloró fuertemente, y su mirada cansada miró a la puerta con nostalgia antes de endurecerse.

-Sango- ella gritó, su tono extraño. -Gracias por venir.

-Llamas, yo vengo. ¿No es ese el trato aquí?- Sango preguntó asperamente.

Midoriko suspiró, las sombras se movían sobre su rostro dibujado. -Sé que nunca dejaste de estar enojada conmigo, Sango, por eso te he convocado. Me estoy muriendo.

Se detuvo cuando los gemidos del bebé se hicieron más fuertes, exigiendo a su madre. -Tuve una visión durante el nacimiento de mi hija. Vi a Kikyo ... y Naraku con el mundo debajo de sus pies.- sus ojos se cerraron cansadamente, tratando de recuperar el aliento. -Tenías razón, Sango, nunca debí haber confiado en Kikyo.- Ella admitió. -Me temo que nos hemos puesto a todos en grave peligro sin ninguna forma de solucionarlo.

Kagome escuchó las botas de Sango golpearse contra el suelo mientras el recuerdo se acercaba a Midoriko. -¿Así que estoy aquí para una confesión en el lecho de muerte?- ella preguntó, sin ser desagradablemente.

Midoriko extendió una mano, y Kagome asumió que Sango la había tomado cuando Midoriko cerró sus dedos débilmente. -Más de un pedido en el lecho de muerte. Necesito que cumplas esa promesa que me hiciste, aunque no estuviste equivocada. Debes arreglar esto para mí, para el mundo. Tú eres la única en quien confío para detener a Kikyo y a Naraku. Ya es tarde para mí, depende de ti .

-Estaría más que feliz de matar a Kikyo por ti, Midoriko, pero no puedo prometer la muerte de Naraku.- Sango advirtió.

Midoriko levantó su otro brazo y lo dejó caer pesadamente sobre la mano de Sango para que la sostuviera entre sus dos palmas. -Eres un fuerte cazadora de demonios Sango, pero no hay rival para Naraku en tu estado actual.- Sus manos apretaron los dedos de Sango con una fuerza que una mujer que se estaba muriendo de trabajo no debería tener. -No, hija mía, este no es el momento ni el lugar para que los derrotes.

-No te atrevas a hablar en acertijos ahora Midoriko.- Sango advirtió oscuramente.

Cintas descoloridas y deshilachadas comenzaron a derretirse en la piel de Midoriko, moviéndose flojamente alrededor de las dos mujeres. -Kikyo tiene muchos devotos seguidores en todo Japón, se volverían contra ti cuando la mataras y ellos no lo entenderían. Naraku mató al gran Inu no Tashio y alentó la rebelión del demonio, tú como humana no serías de rival para él. Oh hija mía, las cosas que podrías hacer con los regalos que estoy a punto de darte.- Midoriko vaciló, su voz cada vez más débil.

-¿Regalos?- Preguntó Sango cautelosamente. -¿Qué quieres decir?

-Por favor, solo perdóname.- dijo Midoriko, mientras sus cintas cobraban vida, las bandas de color púrpura brillante apretaban a Sango.

Kagome vio que las cintas se sacudían cuando la memoria de Sango trató de luchar contra ellas. -¿Qué está pasando Midoriko?

Midoriko la ignoró cuando las líneas de violeta comenzaron a brillar. -Sango de los Cazadores de demonios, hasta que mates a Naraku y Kikyo, serás un demonio y quedarás sellada en tu espada. Serás libre una vez que su sangre esté seca sobre tu acero.

Las llamas casi desaparecieron cuando los angustiados gritos de Sango hicieron que los oídos de Kagome resonaran. -¡Midoriko! ¡Maldita sea, no!

Las cintas vibraron y se sacudieron, un arco iris de colores brillando sobre ellas antes de un último grito, había oscuridad total.

El fuego parpadeante arrojó luz sobre la cara en blanco de Sango cuando Kagome se giró para mirarla boquiabierta.

-Ahora ves por qué traté de hacerte daño.- Sango suspiró ante el silencio de Kagome. -Si ustedes son los que matan a Kikyo y Naraku, seré un demonio para siempre.

Kagome negó con la cabeza, confundida de nuevo. -¿Pero no has perdido ya tu oportunidad? Kikyo era humana, ella murió hace siglos.

Sango sacudió lentamente la cabeza, -Nunca podría haber sido liberada de mi katana si fuera imposible para mí terminar con mi maldición. Ella ... y él ... están por ahí en alguna parte.

El terror golpeó a Kagome como un puño en el estómago. ¿Cómo se suponía que debía contarle esto a Inuyasha? ¿Cómo podría decirle que Kikyo todavía estaba viva? Sería aún más difícil con el conocimiento de que ella lo vendió. Quién podría haber imaginado que un interior tan retorcido hubiera estado debajo de una persona tan hermosa ...

Celosamente retorció sus tripas y Kagome inmediatamente se sintió culpable. Había amado a esta mujer por más de 500 años, al menos merecía el cierre. Y si quería más ... bueno, Kagome no estaba segura de lo que haría entonces.

El poder de Kagome saltó a la fogata restante mientras se miraban la una a la otra, ambas inseguras de qué decir.

El fuego murió con un siseo, el poder de Kagome proyectaba un extraño brillo rosado en sus rostros en la oscuridad de la mente de Sango.

-¿Así que supongo que estás salvado ahora?- Kagome preguntó torpemente.

Sango se estiró debajo de los pétalos todavía posados en su pecho. -Creo que sí. Aunque las dos estarémos débiles durante el próximo día más o menos.

Kagome se levantó y se balanceó sobre sus talones, sin estar segura de cómo actuar en torno a una mujer que había intentado matarla y a la que acababa de salvar. -¿Supongo que te veré por allí entonces?

Sango asintió. -Lo harás.

Kagome se estremeció nerviosamente cuando cerró los ojos e intentó imaginarse volando como lo habían sugerido las instrucciones. Ella jadeó cuando su poder la agarró y la lanzó directamente al aire.

Cuando abrió los ojos otra vez, se encontró con la mirada enojada/preocupada de Inuyasha.

-Compañera.- él gruñó. -Juro por Dios que si alguna vez vuelves a hacerlo, te perseguiré y te arrastraré para sacarte aún si pateas y gritas.

Kagome rodó los ojos y se sentó, estirando su columna vertebral cuando la boca de Inuyasha cayó. -Mientras Miroku no sea estúpido otra vez, no creo que sea necesario.- Kagome suspiró de placer cuando algo volvió a su lugar con su largo estiramiento. ¿Cuánto tiempo había estado tendida en el piso duro?

-No te preocupes, nunca más.

-¿Qué diablos estás haciendo?- Preguntó Inuyasha frenéticamente, interrumpiendo a Miroku. -¡Te arruinarás las costillas moviéndote así! ¡Abajo!-

Inuyasha la tomó por los hombros y la empujó hacia abajo antes de que Kagome apartara sus manos. -¡Inuyasha, lunático, estoy bien!- ella se quebró antes de que sus ojos se abrieran al darse cuenta, sus manos se clavaron en sus costillas. -Dios mío, estoy bien.

Se tiró de la camisa por encima del estómago, extrañando el gruñido de Inuyasha hacia Miroku para que no la mirara mientras examinaba su piel pálida y completa. -Mis costillas ... están completamente bien.- ella respiró con asombro.

-Tu poder debe haber sanado tu lesión cuando la liberaste.- Miroku le dijo, sus ojos se mantuvieron firmemente en Sango. -Dependiendo de lo que esté haciendo, su poder reparará cualquier herida que adquiera.

Inuyasha ronroneó de satisfacción cuando su mano se unió lentamente a la suya acariciando su piel intacta. -¿Así que estás completamente curada?

Kagome bostezó, su mandíbula casi desgarradora, -Supongo que sí.- ella dijo, repentinamente cansada de entender la intención de Inuyasha. -¿Cómo está Sango?

Miroku apenas levantó la vista desde donde estaba agarrando la mano de Sango con la suya. -Su fiebre ha desaparecido por completo, ya no está tan blanca. Creo que la has salvado.

-Feh. No lo hagas de nuevo.- Inuyasha advirtió mientras reunía a Kagome en sus brazos. Se detuvo al lado de Miroku, debatiendose.

-¡Ay!- Miroku hizo una mueca cuando la pesada mano de Inuyasha le cruzó la cabeza.

-Inuyasha.- Kagome advirtió somnolienta en su cuello.

-Sí, sí, nos vamos. Tiene suerte de que tenga que levantar a tu hermano en una hora.- Y sin otra mirada a Miroku, Inuyasha salió caminando con Kagome acunada en sus brazos.


Holaaaaaa

Aquí les dejo la continuación. A pesar de que me comprometí a subir los capítulos en verano, la universidad no me ha dejado trabajar en ellos para tener más contenido para subir -.-u

Les recuerdo, no importa cuanto me tarde, no pienso abandonar ésta traducción. Es una de las historias que más me ha gustado en fanfiction. Así que no se preocupen. Además de eso, espero subir dos o tres capítulos más antes de que termine el verano! ya estoy mejorando mi tiempo para traducir, aún así, siéntanse libres de opinar sobre los capítulos dudas de contenido o si por ahí la traducción es confusa/mal escrita. Para así subir la corrección, la verdad si duelen ver esos tipos de errores, aunque inicialmente uno no se de cuenta.

Muchas gracias a todos los que han seguido ésta historia desde el primer día, y han sufrido igual que yo con mis publicaciones tan espaciadas. Y también gracias a los nuevos lectores que me mandan esos mensajitos de ánimo para subir pronto los capítulos para ustedes. Nos vemos en el siguiente capítulo ;)